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. .
ITESM Sombras De Sueño
Campus Eugenio Garza Sada Miguel De Unamuno
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SOLÓRZANO.- ¿Para siempre? Quién sabe. . . Porque ese abismo
te atrae.
ELVIRA.-Y porque me atrae no puedo mirarle, no debo mirarle. . .,
no debo entregarme al vahído. . . , he de seguir dueña de mí
misma. . .
SOLÓRZANO.-¡Dueña de ti misma..!No lo eres ya..más em-brujada
que antes. . . , . primero por el hombre del libro, ahora por el
de la mar. Mas como no podemos hacer que se vaya,, que se vuelva
a la mar de donde vino, como no podemos despacharle de la isla
como tú le has despachado de esta casa. . .
ELVIRA.-Él se irá.
SOLÓRZANO.-Y si no se va ¿qué le vamos a hacer?
ELVIRA .-Tú, padre, no lo sé; pero yo, si él signe aquí, en la
isla,si no se va, no podré ya salir de casa -¡de casa!-, porque
no quiero,no puedo, no debo encontrarme con él. Me quedaré aquí
enclaustrada, “encasada”. . .
SOLÓRZANO.-Más que aislada. . .
ELVIRA.-¡Y más que soltera! Isla u hogar solitario, ¿qué más da?
Me quedaré aquí, contemplando a la mar y releyendo mi ,
la de mi Montalbán. . .
SOLÓRZANO.-¿Y él?
ELVIRA .-¿Quién. . ., él?
SOLÓRZANO.-¿Macedo, él?
ELVIRA .-Es cuenta suya. Pero acá, a casa, no puede volver. Si
quieres hablar con él de ,hazlo fuera, junto a la mar, no
aquí. Dejadme en mi claustro, con mi Tulio, con nuestro don
Diego, “encasada”,te digo hasta que me entierren o… me
“enmaren”. . .
SOLÓRZANO .-¿Qué es eso?
ELVIRA.-Me hundan en la mar.
SOLÓRZANO.-Por palabras te ha dado…
ELVIRA .-Son hojas…las hojas, padre, las hojas
TELÓN
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ACTO CUARTO
ESCENA PRIMERA
SOLÓRZANO y TOMÁS.
SOLÓRZANO.-¿Y qué quiere?
TOMÁS.-Pide una segunda, una última entrevista. . .
SOLÓRZANO.-En estos días. . . ,desde aquella visita fatal . . ¡Y
cómo está mi Elvira desde entonces! Ni duerme ni descansa. Ese
hombre la persigue en sueños.
TOMÁS .-Dice Rita que no hace sino llorar.
SOLÓRZANO.-Este hombre nos ha traído a casa. . ,
TOMÁS.-¡Historias!
SOLÓRZANO.-¿Más ?
TOMÁS .-Dice mi Rita que Elvira por las noches se arrebuja en la
cama y se tapa los ojos con las sábanas,para no verle, y que cree
oír los pasos de él por la calleja.
SOLÓRZANO.-¿De veras?
TOMÁS .-¡Y es verdad! Porque de noche ese hombre ronda la
calleja. Y alguna vez ella, la pobrecita, ha llegado a asomarse
tras de los cristales y ha estado a punto de llamarle.
Pero es lo que parece que ella dice a mi Rita: “Cómo quieres que
le llame después de lo que pasó y de lo que supe?, iimposible!” Y
no dice qué es lo que pasó ni qué es lo que supo, pero está en
que no puede llamarle. Es así como punto de honra.
SOLÓRZANO.- ¡Claro, una Solórzano!
TOMÁS.-Y habla del secreto del secreto, del misterio del
misterio, y la pobre se desmedra y encanija, se aja aquí, sin
sol, y si esto sigue va a concluir mal.
SOLÓRZANO.-Sí, desde que lo despachó ese hombre me la tiene
embrujada.Y como esto debe acabar,está bien que vuelva. Ya la he
convencido de que vuelva a recibirle delante de mí, los tres
solos, y a que se expliquen.
RITA.-¿Se puede?
SOLÓRZANO.-Entra, Rita. ¿Qué hay?
RITA.-Ese hombre…
SOLÓRZANO.-Dile que entre. ¡Y vámonos!
(Queda la escena sola.)
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ESCENA II
Entra MACEDO, se queda un momento contemplando et retrato de DON
DIEGO; iiiego se va al libro de la “ de Tulio Montalbán”;
lo hojea y se queda mirando el retrato del héroe. Ahoga un
sollozo. Cierra el libro y lo deja sobre la mesilla de labor de
ELVIRA. Se dirige hacia el balcón y contempla la mar respirando
fuertemente. Repara en un caracol marino, lo toma, y
aplicándoselo al oído.
MACEDO.-¡Cómo me canta la sangre! ¡Tengo fiebre! ¡Fiebre de
vida! ¡Fiebre de muerte! ¿O será la voz de la mar, como dicen los
poetas? ¡Pero. . . oigo sus pasos! (Deja el caracol a punto que
entran Solórzano y su hija Elvira.)
ESCENA III
SOLÓRZANO, ELVIRA y MACEDO. Al entrar se hacen una profunda
reverencia muda. SOLÓRZANO cierra el balcón y luego le hace a
MACEDO, con un ademán, indicación de que se siente. MACEDO
rehúsa.
MACEDO.-No, que estoy de prisa.Lo que he de decirles por
despedida es bien poco y prefiero decirlo en pie. Es postura de
caminante y de combatiente.
ELVIRA.-¿Es que viene de combate,señor Macedo?
MACEDO.-¡Es mi trágico sino,señorita!
ELVIRA .-¡Pues al entrar le sorprendimos oyendo en ese caracol…
a la mar!
MACEDO.-¡ No; oyendo en esa casa vacía. . . a mi sangre!
SOLÓRZANO.-Discusiones entre poetas y científicos, a que los historiadores
no hacemos caso. Los historiadores queremos ,
que no es ni poesía ni ciencia.
MACEDO.-¿Está usted seguro?
SOLÓRZANO.-Segurísimo. ¡Y en todo caso usted dirá!
MACEDO.-Sí, yo diré. Y digo que yo fuí Montalbán. (Pausa.)
SOLÓRZANO.-¿No te lo decía yo, hija mía?
ELVIRA.-Y me lo decía yo misma a solas y callandito. Pero,
entonces, ¿por qué renegó de sí mismo?
¿Por qué aquella ?
MACEDO.-¿? ¡Eso es lo terrible! Aquella que te
(Apoyando el tuteo.) conté, Elvira,era y sigue siendo verdadera.
Te prometí silencio o verdad. Y era verdad lo que te dije. Por lo
menos, así lo creí.
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ELVIRA.-¿Aquello de la lucha y la muerte?
MACEDO.-Sí, en aquella noche trágica, junto al río más sagrado
de mi patria, creí haber dado muerte a Tulio Montalbán, al de la
,para poder vivir fuera de ella,sin patria alguna,
desterrado en todas partes, peregrino y vagabundo,
como un hombre oscuro, sin nombre y sin pasado. Hice jurar a mis
fieles soldados que guardarían el secreto de mi desaparición
haciendo creer en mi muerte y entierro, y huí.. . ¿Adónde?
Ni lo sé.
SOLÓRZANO. -¿No te decía yo, hija, que jamás me convenció el
de aquella muerte no documentada? ¿Lo oyes?
MACEDO.-Y erré, más muerto que vivo, huyendo de mí mismo, de
mis recuerdos, de mi . . .Todo mi pasado no era para mí
más que un sueño de madrugada, una pesadilla más bien. Sólo me
faltó el valor supremo, el de acabar del todo con Tulio
Montalbán. No quise dejar ni un retrato. Mas no pude acabas con
ellos ni que mi pobre suegro publicase. . . eso.
(Señalando el libro.) ¿Retrato? ¿Para qué? Se comprende el de ése
(Señalando al de Ron Diego), que dejó descendientes de sangre que
pueden contemplarlo. . . ¿y quien sabe si su espíritu está desde
él contemplándoles a ustedes?
SOLÓRZANO.-¿Lo cree usted?
MACEDO.- ¡Es tan extraño este mundo. . . y el otro! Los que
parecemos de carne y hueso no somos sino entes de ficción,
sombras, fantasmas,y ésos que andan por los cuadros y los libros
y los que andamos por los escenarios del teatro de la
somos los de verdad, los duraderos. Creí poder sacudirme del
personaje y encontrar bajo de él, dentro de él, al hombre
primitivo y original. No era sino el apego animal a la vida, y
una vaga esperanza… Pero ahora. . . , ahora sí que sabré acabar
con el personaje!
ELVIRA.-¡Tulio!
MACEDO.-¿Tulio? ¿Tulio o . . .Julio?
ELVIRA.-¡Es igual!
ITESM Sombras De Sueño
Campus Eugenio Garza Sada Miguel De Unamuno
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MACEDO.-¡No, no es igual! Y me has llamado; has invocado el
nombre, uno u otro, pero el nombre;no me has tomado, al hombre,
al animal si quieres. Y éste sobra. . .¡No, no te me acerques, no
me toques!Todo lo que hagas o digas ahora será mentira, nada más
que mentira! Eres una mentira, una mentira que se miente a sí
misma. . . ¡Llegué acá, a esta isla, decidido a enterrarme en
ella vivo y te vi! (Pausa.)¡Te vi. . . , te vi y sentí resucitar
al que fuí antes de mi , antes de esa fatídica
que ha contado ese hombre que hizo el libro de mi vida, que me
hizo libro; sentí revivir al oscuro mancebo que se casó a los
dieciocho años con su Elvira! ¡Volví a encontrar a mi Elvira!…
¡Cómo te pareces a ella! Pero ¡sólo de cuerpo, no de alma!
Porque aquel bendito ángel de mi hogar fugitivo apetecía el
silencio y la oscuridad y buscaba el aislamiento y jamás soñó con
que su nombre resonara en la unido al mío. Esta
resonancia posterior fue obra de su pobre padre, el que te
ha vuelto el seso. Mi pobre Elvira sólo anhelaba pasar inadvertida
y yo hacer de mi hogar un claustro materno y vivir en él como
si no viviese. ¡Porque le tengo a la vida un miedo loco!
ELVIRA.-Pues quédate, Tulio, y viviremos aquí; yo contigo. ¡Seré
tuya!
MACEDO.-¿De Tulio o de Julio,otra vez?
ELVIRA.-De quien

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