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Мигель де Унамуно. Собрание сочинений. Miguel de Unamuno. Seleccion de textos


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señor
Solórzano.-¡Llámela !
E LVIRA.-De ella vive mi padre.
SOLÓRZANO.-ES más, me dijeron que al solicitar usted ser
Recibido en esta pobre casa -¡pobre,pero rica de !
-ha sido para conocer la de esta isla.
MACEDO.-Su inmortalidad. . .
SOLÓRZANO.-Para empaparse en ella.
MACEDO.-Cabal, pero. . .
SOLÓRZANO.-Sí, ya lo sé. Y ahora me permitirá que le deje algún
tiempo con mi hija, necesito anotar ciertas ideas que acaban de
ocurrírseme…Usted sabe lo que es esto..Cuando de repente le
hiere a uno una idea, hay que ponerla por escrito al punto, en
caliente… No hay que detenerse. . .
MACEDO.-¡Lo sé, lo sé, señor de Solórzano, lo sé! ¡No hay que
detenerse,cabal! ¡Y por mí no se detenga usted!
SOLÓRZANO.-Le dejo, pues, con mi hija.
MACEDO.-Gracias. (Se va Solórzano.)
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ESCENA V
MACEDO y ELVIRA.
MACEDO.-Ya sé, Elvira, que ese libro le tiene sorbido el seso.
ELVIRA .-¿Hay en ello mal?
MACEDO.-Siempre hay mal en enamorarse de un ente de ficción,
de un fantasma. . .
ELVIRA -¿Ente de ficción? ¿Fantasma?
¿Es que no fué real Tulio Montalbán?
MACEDO.-No lo sé…; pero creo que no es real ningún tipo que
anda en libros, sean de o novelas.
ELVIRA .-¿Ninguno?
MACEDO.-¡Ninguno! Sólo son reales los hombres de carne y hueso
y sangre.
ELVIRA.-¿Cómo…?
MACEDO.-¡Como yo! Y por eso le dije, Elvira, que no importaba
cuál es mi . Mi vida, mi verdadera vida ha empezado hace
poco, y en cuanto a . . . , ¡no quiero tenerla!
ELVIRA.-Pero ¿es que no ha vivido usted antes? ¿No tiene pasado?
MACEDO.-¿Yo? ¡No…, no! (Señalando por el balcón a la mar.)
Mi pasado es ése. . . , la niñez eterna …
ELVIRA.-(Levantándose y yendo a mirar la mar.) La niñez eterna…
(Volviéndose.) Dejemos a la mar y.. .
MACEDO.-¡A la !, ¿no es eso?
ELVIRA .-¡A la ! Y bien,¿quién es usted? Otra vez, ¿quién
es?. . .
MACEDO.-El que estoy aquí, el que la está sorbiendo con los ojos
y el corazón. . .
ELVIRA.-¿Puedo preguntarle algo de su vida, de su
pasada?
MACEDo.-Ya le tengo dicho que no tengo pasado; soy un nuevo. . .
Noé. Acabo de nacer. ¿Y qué importa mi pasado? ¿No tiene aquí mi
presente? Si un rey es hombre, verdadero
hombre, hombre natural, ¿sabe cuál ha de ser su supremo anhelo?
ELVIRA.-¿Cuál?
MACEDO.-Poder de cuando en cuando retirarse a un rincón remoto,
acaso a una choza de pastor serrano y encontrar allí una pobre
pastora que le quiera sin saber quién es, sin saber que es rey,
ignorando que haya reyes en el mundo.
ELVIRA.-Pero usted en ese pasado de que reniega, vivió. . .
MACEDO.-Soñe que vivía…
ELVIRA.-Soñó que vivía y conoció a otras personas. . .
MACEDO.-Soñé que las conocía.. .
ELVIRA.-Soñó que las conocía. . .
¿Y puedo preguntarle, ya que no por usted mismo, por alguno de
los que soñó conocer?
MACEDO.-Pregunte y yo sabré responder. . . o silencio o verdad.
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ELVIRA .-¿Conoció usted a Tulio
Montalbán? (Silencio.) ¿Le conoció
usted? (Silencio.) ¿Le conoció usted?,
diga. . .
MACEDO.-¡ Sí, le conocí!
ELVIRA.-¿Mucho?
MACEDO.-Mucho. Éramos del
mismo lugar. Del mismo tiempo, nos criamos juntos; juntos hicimos
la campaña por libertar a la patria. . .
ELVIRA.-Y bien (Se incorpora,apoyando la mano temblorosa en el
libro.), ¿murió Montalbán?
MACEDO.-Sí, murió.
ELVIRA.-¿Cómo? ¿Se ahogó? ¿Se suicidó?
MACEDO.-Fué muerto.
ELVIRA.-¿Quien le mató? (Silencio.) ¿Quién le mató? La verdad, la
verdad que me ha prometido, ¿quién le mató? (Silencio.) ¡Ah,
usted le mató, Macedo, usted le mató. . . ,usted!
MACEDO.-¡Sí, yo le maté; yo, Julio Macedo, maté a Tulio
Montalbán!
ELVIRA.-¡Caín! ¡Caín! ¡Vete! ¡Vete y no vuelvas. . . , vete! Por
algo me aterraba tu presencia. . . ,por algo no me sentía
tranquila a tu lado.. ., por algo. . . (Elvira retrocede.)
MACEDO.-(Cogiéndole de un brazo.)
No, tú no me has huido; tú me has buscado, pero no a mí. Yo maté,
sí, a Tulio Montalbán, o al menos creí dejarle muerto, pero fué
cara a cara, noblemente, a orilla de uno de los ríos sagrados de
la patria, en una noche de luna llena. . . Luchamos
como luchan dos hermanos que sirven causas contrarias, noble,
pero sañudamente, como acaso lucharon,diga lo que quiera la
Biblia, Caín y Abel, y le dejé por muerto como pudo él haberme
dejado a mí. . .
ELVIRA.-¿Y por qué? ¿Por envidia también?
MACEDO.-No, sino porque él, el libertador de la patria, iba a
convertirse fatalmente en su tirano. Que allí es así. . .
ELVIRA .-¿Y qué más podía apetecer aquella patria que tener
Semejante tirano, un amo así?
MACEDO.-¡Tú acaso, mi patria no! Mi patria no debe aceptar
tiranos. ¡La que se ha dejado tiranizar por él, luego de muerto,
por un Fantasma,por un tipo de libro, eres tú!
(La suelta del brazo.)
ELVIRA.-Ah, ¿sientes celos?
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MACEDO.- ¡Sí, siento celos! ¡Me devoran los celos! No puedo
soportar que lo que debió ser mío, lo que sería mi paz, mi vida,
algo como un dulce seno materno en vida, me lo robe. . . , ese. .
., ese del libro. . . ,ese que creí dejar muerto. Vine
acá, a esta isla, buscando la muerte o algo peor que ella; te
conocí, sentíme resucitar a nueva vida, a una Vida de santo
aislamiento; soñé en un hogar que hubiese de ser, te lo
repito, como un claustro materno -“y bendito el fruto de tu
vientre… “-, cerrado al mundo, y he vuelto a encontrarme con
él. . .,con él…
ELVIRA.-Es que no le dejó bien muerto, acaso?
MACEDO.-Puede ser. ¿Y ahora?
ELVIRA.-Ahora vete, vete y no vuelvas. Si no eres Tulio
Montalbán, mi Tulio, eres por lo menos algo tan grande como él…
MACEDO.-¿Entonces?
ELVIRA.-No basta la grandeza.
MACEDO,.-¿Y ése. . . qué más tiene?
ELVIRA.- ¡Ah, con él.. .!
MACEDO.-Se hace , ¿no es eso?
ELVIRA.-¡Vete, he dicho, vete!Que grito si no; que llamo. . . Que
va a oírrne.
MACEDO.-¿Hasta la mar?
ELVIRA.-¡Hasta la mar! ¡Váyase!
(Macedo se retira lentamente;queda mirando a la mar y se enjuga
una lágrima.)
ELVIRA.-¿Llora?
MACEDO.-¡De rabia!
ELVIRA.-Váyase. . . , le perdono,pero váyase. . . Le perdono. . .
MACEDO.-Pero yo no me perdono… ¡ Adiós! Mas tú me llamarás,
tú tendrás que llamarme, estoy seguro de ello; tú tendrás que
llamar al matador de Tulio Montalbán. . . , a que te desencante,
a que te haga Ver…, a que despierte a tu corazón amodorrado por
esa cabecita loca…
ELVIRA.-¿Y si no le llamo?
MACEDO.-Si no me llamas. . .
ELVIRA.-¿Qué?
MACEDO.-Me llamaré yo. ¡ Adiós, Elvira!
ELVIRA.-¡Adiós!
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ESCENA VI
ELVIRA sola.
Me decía el corazón que si éste no era Tulio, mi Tulio, mi ángel,
era algo tan grande como él, aunque en el mal. . . Y es mi
demonio… (Contemplando el retrato del libro.)
¡No, no es él. . . , ha dicho verdad! “Me quiere. . . , no me
quiere..; me quiere, no me quiere. . .”
Pero (Escuchando.) ha encontrado a mi padre. Se despiden. ¿Qué se
dirán? Veamos.
ESCENA VII
SOLÓRZANO y ELVIRA.
SOLÓRZANO.-(Entrando.) Pero ¿qué ha pasado, hija? ¿Qué ha sido
ello? Porque sacaba una cara. . .¿Qué ha sido?
ELVIRA.-Que he tenido que despedirle, padre, que despacharle. . .
SOLÓRZANO.-¿Pues? ¿Se ha propasado?
ELVIRA.-No, no se propasó; no habría podido propasarse. Es,
a pesar de todo, un caballero. . .
SOLÓRZANO.-A pesar de todo…¿Entonces?
ELVIRA.-Que le he arrancado su secreto, padre, que le he
arrancado su secreto.
SOLÓRZANO.-¿Es él?
ELVIRA.-(Pausa.) No; pero es algo tan grande como él. Y no me
preguntes más, no quiero saber más. . .
SOLÓRZANO.-¿Cómo? ¿Yo? ¿Un historiador?
ELVIRA.-Y padre.
SOLÓRZANO.-Como historiador y como padre.
ELVIRA.-No puedo verle, no debo verle, no quiero verle. . . Es,a
lo menos, un renegado. . . Me da miedo. . .
SOLÓRZANO.-Me parece que estás ya enamorada. . .
ELVIRA.-¿Yo? ¿De él? ¿De ese renegado?
SOLÓRZANO.-Sí, tú, de él, de Julio Macedo. . .
ELVIRA.-Quién sabe. . . Pero no, no puedo, no debo, no quiero ser
suya. Hay en su vída un terrible secreto, un misterio, que
amargaría los nuestros. No puedo llegar a ser de Julio Macedo.
SOLÓRZANO .-Pero como amigos…
ELVIDA.-¡No; o todo o nada!
SOLÓRZANO.-¿Y te lo reveló?
ELVIRA.-Sí, me lo reveló. Y ese secreto fatídico ha abierto un
abismo entre los dos. . . para siempre.

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