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edo?
MACEDO.-Y eso, ¿qué importa? Un náufrago. . . , uno que ha echado
la mar a esta isla. . . , un hombre nuevo que empieza a vivir
ahora. . . uno sin . . . ¿Qué importa quién es Julio
Macedo? Este que está aquí y que le habla ahora y le mira y arde
por dentro. ¿Le he preguntado yo acaso quién es EIvira Solórzano?
Para mí es como si hubiéramos nacido ahora y sin .
El pasado no cuenta. No tengo pasado;no quiero tenerlo; ahora no
quiero sino tener porvenir. Y en esta isla. . .
ELVIRA.-¿En esta isla? ¿Aislado? ¿Sabe usted lo que es vivir
aislados?
MACEDO.- ¡Sí, aislado quiero vivir,aislado. . . , con usted,
Elvira! Usted mi isla. . . , y el mar ciñéndonos.
ELVIRA.- ¡Señor Macedo!
MACEDO-¡Ah!, ¿qué voy de prisa? Ya empecé diciéndole que es mi
modo. Además, va más de prisa la juventud. Conque ¿podré
visitarla?
ELVIRA .-¿Y para qué?
MACEDO.-¿Para qué? ¿Para qué?¡Para vivir! Y usted irá
conociéndome;usted irá sintiendo quién es, o mejor quién va a ser
Julio Macedo; usted me irá haciendo. . .
ELVIRA.-Pero su . . .
MACEDO.-¡Yo no tengo ,Elvira! (Silencio.)
ELVIRA.-Bueno, señor Macedo, hablaré con mi padre.
MACEDO.-¡Y yo también!
ELVIRA.-¿Qué quiere decir eso?
MACEDO.-Nada; que espero ganar la confianza de don Juan Manuel,
y de usted. . ., el corazón.
ELVIRA .-¿Y habla? con qué seguridad
MACEDO.-Es también mi modo,Elvira.
ELVIRA.-Ni que se tratara de un Don Juan Tenorio, de un
conquistador de raza. . . Llegar, ver y vencer, ¿no es así?
MACEDO.-¡No es así, no, Elvira,sino llegar, ver y ser vencido! Yo
no soy conquistador, sino conquistado. Un náufrago de la vida…
ELVIRA.-¿Y con qué derecho. . .?
MACEDO.-No es cuestión de derecho,Elvira.
ELVIRA .-¡Y dale con Elvira!
ITESM Sombras De Sueño
Campus Eugenio Garza Sada Miguel De Unamuno
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MACEDO.¿No me será permitido ni siquiera darle ese nombre dulce
como la leche de la madre en la boca del niño enfermo? Que así es
mi boca, como la de un niño y de un niño enfermo. ¡Ser niño!
ELVIRA .-¿ES que le gustaría volver a la niñez?
MACEDO.-¿A la niñez? ¡Más allá,mucho más allá!
ELVIRA .-¿Cómo más allá?
MACEDO.-¡Sí, más allá de la niñez,más allá del nacimiento!
ELVIRA .-¡No lo comprendo!
MACEDO.-Sí, me gustaría volver al seno materno, a su oscuridad y
su silencio y su quietud. . .
ELVIRA.-¡Diga, pues, que a la muerte!
MACEDO.-NO, a la muerte, no; eso no es la muerte. Me gustaría
“desnacer”, no morir. . .
ELVIRA.-Y por eso…
MACEDO.-¡Sí, por eso! ¡Un amor así, como el que busco, me valdría
Lo mismo! ¡Volver a la niñez!
ELVIRA .-¿Y no le parece, señor Macedo. . . ?
MACEDO.-Llámeme Julio, se lo suplico. . .
ELVIRA.-¿Y no le parece Tulio…?
MACEDO.-(Sobresaltado al oírs llamar Tulio.) ¿Eh? ¿Qué?
ELVIRA.-Digo, Julio. . . ; ¿no le parece, Julio, que la mar es
como la niñez, una niñez eterna? ¿No siente junto a ella,
hundiendo en ella con la mirada el alma, que se hace niño, que
nos hacemos niños? ¿No siente.. .?
MACEDO.-Siga, Elvira, siga. . .
ELVIRA.-De aquí salimos. Nuestro primer padre no fué Adán, fué
Noé. ¡Y la humanidad acabará en un arca, los que queden, la
última familia, y hundiéndose en la mar. . . !
Y la mar es la .
MACEDO.-No, no; la contrahistoria.En ella se hunde la .
¿No conoce aquellas estrofas de Lord Byron, el poeta de la mar?
ELVIRA.- ¡No las he de conocer . . . ! “Los siglos han pasado sin
dejar una arruga sobre tu frente azul; despliegas tus olas con la
misma serenidad que en la primera aurora…”
MACEDo.-¡Poeta. . . también!
ELVIRA .-¿Querrá decir poetisa?
MACEDO.-No, sino poeta, mujer poeta, no poetisa. . , No me gusta
eso de poetisa. . . Hombre poeta,mujer poeta. . .
ELVIRA.-¿Y es que no hay en los hombres algo que corresponda a
eso que usted llama, con tanto desdén,poetisa?
MACEDO.-Sí, los machos que yo llamaría. . . , “poetos”.
ELVIRA .-¿Cómo?
MACEDO.-”Poetos”.
ELVIRA.-Tiene gracia. . .
MACEDO.-Ellos son los que no la tienen. Y, como le digo, poeta
es común de dos. . .
ELVIRA .-¿Quiere decir que el poeta y la poeta no tienen sexo?
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MACEDO.-¡Están sobre él! ¡Y usted es para mí mi poeta, es decir,
creadora, madre! La madre no tiene sexo. Me está creando y
recreando como la mar… ¡Y nada de poetisa!
ELVIRA.-Quijotesa me llama mi padre.
MACEDO.-Más bien quijote. . . ,mujer poeta y mujer quijote. . .
Pero prefiero a Sancha. . .
ELVIRA.-Así me llama otras veces mi padre.
MACEDO.- ¡Sancha, Sancha, Sancha de hogar!. . .
ELVIRA.-, ..marino.
MACEDO.-¡Sea! ¡De hogar infantil y antihistórico!
ELVIRA.-Bueno, caballero. Dejemos ahora esto, que ahí viene mi
ama.
MACEDO.-¿Rita?
ELVIRA .-¿La conoce usted?
MACEDO.-Conozco ya a toda su familia. . . , empezando por su
padre.
ESCENA III
Dichos y RITA.
RITA.-Buenos días, caballero; buenos, hija. . .
MACEDO.-Buenos. ¿Viene usted a quitármela?
RITA.-¿Quitársela? ¿Es que la ha conquistado ya? ¡Vaya con el
caballerete!
ELVIRA.- ¡Es una broma de este caballero, ama!
MACEDO.-¡Yo no gasto bromas!
RITA.-Bien, sea, lo que fuere, vengo a decirte, hija, que tu
padre te llama.
MACEDO.-Eso es despedirme. Pero yo iré a verlos, porque necesito
verlos. . . , lo necesito.
RITA.-Y yo no veo inconveniente en que usted venga a casa del
señor.Aunque aquí, en la isla, nadie le conozca, su sola
presencia le abona.
MACEDO.-(Emocionado.) Usted ha sido madre, señora. . .
RITA.-Y haga cuenta que lo soy.
MACEDO.-Claro, cuando una mujer se hace madre de verdad es para
siempre.
RITA.-Pues sí, se le ve la dignidad y la hombría de bien en el
porte.
MACEDO.-Gracias, madre, gracias.
ELVIRA.-¡Y aquí, en esta isla,la hospitalidad es religión!
MACEDO.-Es que yo busco otra cosa que hospitalidad. . . , digo,
no;hospitalidad, sí, hospitalidad. . . , que viene de hospital…
RITA.-¿Es que se Siente enfermo?
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MACEDO.-Y no otra cosa, señora Enfermo de vida. . . , enfermo de
ensueño. . .
RITA.-(Aparte.) ¡Buena pareja!
ELVIRA.-Pues ahí tiene la mar. . .
MACEDO.-Cierto; es su arrullo un canto brizador para el último
sueño de la pobre humanidad doliente. Aquí vendrá a dormirse para
siempre el linaje de Noé. . .
RITA.-¡Y qué bien habla este señor,Elvira! Si parece un libro. ..
MACEDO.-No, no señora no soy un libro, soy un hombre. . . Y no
hablo yo. . , es que habla en mí. . .(Silencio. A Elvira.) Decía
usted. . .
ELVIRA.-Oía a la mar. . .
MACEDO.-¡Oír a la mar. . . ! Pero pecho a pecho…, mi corazón en
ella.. . (Al oído de Elvira.) ¡En ti.. ., corazón de la Tierra!
¿Volveré a oírla?
ELVIRA.-¿A quién? ¿A mí? (Silencio.)
Puede venir a nuestra casa cuando guste. . . (Silencio.)
MACEDO .-¿Decía usted más. ..?
ELVIRA-NO decía más. . . , miraba esa concha. . .
MACEDO.-(Se adelanta y la recoje.)Es una casa vacía. . ., vacía y
sin puerta. El pobre animalito que la habitó se ha fundido en la
mar donde naciera. Queda aquí, en la arena, su casa, o mejor este
cadáver de casa. . . ¿Sabe, Elvira, lo que es un cadáver de casa?
RITA.-(Aparte.) ¡La de los Solórzano!
MACEDO.-¿Sabe lo que es?
ELVIRA.-Sé tantas cosas que no quisiera. . .
MACEDO.-Y yo quiero tantas cosas que no sé. ¡Un cadáver de casa!
Y este cadáver de casa, esta pobre .-mírela, mírela, han quedado
en ella, en franjas, como huellas de encendidas oleadas!-, esta
pobre conchita, aquí, en la arena, se hará arena.. . Esta pequeña
playa es un cementerio de casas vacías….
RITA .-¿No le oyes, ,Elvira?
ELVIRA.-¡Sí, le oigo y . . . me Vigo?
MACEDO.-Y oímos a la mar, que arrulla el sueño de las disueltas
casas vacías. . . . Porque las casas, como los que las habitaron
sueñan. . .¿Sueña su casa Elvira? Sueña la casona de los
Solórzano?
ELVIRA.-¡ Sueña y . . . duerme!
MACEDO.-¡Pues yo iré a despertarla!
RITA.-¡ Dios le bendiga, hijo!
MACEDO.-¡Usted, como madre,bendita siempre?
ELVIRA.-Ya le he dicho que venga cuando guste.
MACEDO.-Iré. (Se guarda la concha.)
ELVIRA.-Qué,¿se la guarda?
MACEDO.-Es mi amuleto ya. . .
ELVIRA.-Venga, le repito, cuando le plazca.. .
MACEDO.-Iré, pues. Adiós. (señalundo a la mar.) A Dios. (Vase.)
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ESCENA IV
ELVIRA y RITA.
RITA.-¡Qué hombre! ¡Parece un hombre de libro! ¡Como ese tuyo?
ELVIRA-NO digas esas cosas, ama. ¡Pues no hay diferencia de uno
a otro! Éste (señala al libro.), el hombre de esta . . .
RITA.-¿Y sabes si este otro la tiene?
ELVIRA.-¡Qui&

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