Мигель де Унамуно. Собрание сочинений. Miguel de Unamuno. Seleccion de textos
Uncategorized August 4th, 2006
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s verdad que
muchas veces le oí hablar la mi pobre hija Elvira del fondo
melancólico y aun misantrópico de su marido y de cómo le había
oído decir que si aquel temprano amor no le salva, apegándole
a la vida, habría acabado, sin saber por qué, suicidándose.”
SOLÓRZANO.-Pero, ¡ cómo manejas tu libro! Ni un pastor
protestante su Biblia. . . Diríase que te lo sabes de memoria…
ELVIRA.-Casi y haz cuenta. . .
SOLÓRZANO.-Muy hermoso todo ello, muy romántico, pero ni un solo
documento, ni un parte de combate,ni una carta. . .
ELVIRA.-Pero deja que acabe. . . Lo que le salvó del suicidio,
por desesperación al viudo de Elvira Jacquetot,fué el amor de
patria. Buscando alimento al fuego que le consumía el corazón,
paró mientes en la postración civil de su patria, de la pequeña
República en que quiso crear una familia, y se lanzo a redimirla,
a emanciparla. Levantó bandera contra los opresores, declaró
la guerra a los gobernantes mediatizados,abyectos servidores de
la vecina potencia opresora, y se propuso hacer a su patria,
patria de verdad y no sólo ficción de ello, de hecho y no de
derecho solamente,independiente. La campaña fue una sucesión de
heroicos hechos de armas. Aquí tienes, padre, aquí tienes
la historia. ¿Por qué no la vuelves a leer, padre?
SOLÓRZANO.-No tengo tiempo, te he dicho.
ELVIRA.-¿Que no tienes tiempo?
SOLÓRZANO.-NO, porque en ese libro no se habla nada de nuestra
isla ni se la menciona ni de paso. . .
ELVIRA.-Quién sabe. . .
SOLÓRZANO.-¿Cómo que quién sabe.. .?
ELVIRA .-Es cierto que ni se la menciona siquiera; pero a mí se
me figura estarla sintiendo, a esta isla, a nuestra isla, a mi
isla. . . , ¿te lo digo?
SOLÓRZANO.-Dilo, hija.
ELVIRA.-¡Mi ínsula Barataria!
SOLÓRZANO.-A hora, Quijotesa,pasas a Sancha. . .
ELVIRA.-Todo es uno. El hombre podrá ser Quijote o Sancho; la
mujer, papaíto, es Quijotesca y Sancha en uno.. . Nuestro ideal
es la realidad. . .
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SÓLÓRZANO.-¡Filósofa estás!
ELVIRA.-Es que. . .
SOLÓRZANo.-Calla hija mía, calla…
ELVIRA-Y aquí, en este libro, se cuenta cómo Tulio llevó siempre
sobre su pecho, con un escapulario, un retrato de su Elvira y la
primera y casi la última carta de amor que le escribiera; cómo
era el nombre de Elvira el que invocaba al entrar en los
combates; cómo parecía que más que libertar a su patria buscaba
libertarse de la vida e ir a juntarse con la que fué su compañera
en breve y fugitivo trecho de ella. Oye, padre. (Leyendo:)
“Quiero libertar la tierra en que mi Elvira descansa, y cuando
sobre ella ondee un pabellón de hombres libres, ya no me quedará
sino descansar a mi vez a su lado, mezclados mis huesos con los
suyos y hechos un mismo polvo nuestras carnes.” Pero no fué así.
Porque cuando ya Tulio Montalbán había logrado echar de su patria
a los que la tiranizaban, una noche al cruzar un río, se hubo de
ahogar en él.
Los soldados que le acompañaban dijeron que le enterraron allí
cerca; mas el caso es que no ha vuelto a saberse de él. . .
SOLÓRZANO.-Pues te lo repito, hija, ni un documento, ni un solo
documento en toda esa historia. . .
ELVIRA.-¿Y esas proclamas, papá,esas proclamas tan vibrantes y
tan hermosas?
SOLÓRZANO.-¡Eso es literatura!
ELVIRA.-¡Pero son documentos!
SOLÓRZANO.-Sí, literarios. Mira tú que aquella proclama en que
les habla a sus soldados de su Elvira, en que dice: “la patria de
mi Elvira” y que hay que libertar la tierra que guarda las
cenizas de aquella llama de amor de hogar…
ELVIRA.-¡Hermosisima, papá, hermosísima! ¡Llama de amor de hogar!
SOLÓZANO.-Pero eso no es documento.
ELVIRA.-¿Y si le escribió así?, . .
(Mirando al retrato que encabeza el libro.) Si yo hubiese
encontrado en mi vida un hombre así. . . ¿Hombre? ¡No, más que un
hombre! Si esta pobre isla fuese una republiqueta vejada y
oprimida; si aquí pudiese haber una guerra libertadora; si una
tempestad siquiera hubiese echado a estas castas al hombre, así
de fuego y de sacrificio, ¡que llama de amor de hogar habría
encontrado en mí! Pero hombres así son de otro mundo y acaso en
este mismo…
SOLÓRZANO.-Ficción de poetas,suegros o no. Que así no se aprende
a vivir, hija mía, que así no se hace sino soñar en vano. .
ELVIRA.-Y ¿qué otra cosa quieres que haga, padre? ¿Quieres que me
ponga a buscar novio entre los acomodados de esta pequeña villa
o de la isla toda?
SOLÓRZANO.-¡ No, eso no, no, no y no!
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ELVIRA.-¿No te he dicho que el remedio está en que nos vayamos,
en que dejemos esta isla y en ella los huesos de don Diego de
Solórzano,los que te tienen preso a ella?
SOLÓRZANO.-¡Él, no! ¡sus huesos,no!
ELVIRA.-¿Pues qué?
SOLÓRZANo.-¡Su herencia, hija,su herencia! Este mezquino
patrimonio,cargado de deudas e hipotecas,que es la muerte de
nuestra vida¡Y si no fuese por mi biblioteca. . .,Por mis libros?
ELVIRA.-¡Déjame, pues, con el mío! Con el pueblo, la soledad de
nuestro aislamiento. . . Y algún encanto tendrá éste hasta para
otros. . .¿Nos has oído hablar, padre, de ese hombre extraño que
anda por la isla?
SOLÓRZANO.-Sí, parece que desembarcó enfermo y diciendo que no
podía continuar la navegación hasta reponerse y que se quedaba
aquí.
Dicen que se llama Julio Macedo,americano al parecer, fiisimo y
culto. Sí, sé de él y quiero saber . . . (Se asoma al balcón como
a ver la mar.) Por aquí suele pasar con alguna frecuencia Mírale
allí viene. . . Trae el aire distraído. . .
ELVIRA.-(Asomándose al balcón.)Aislado. . ,
SOLÓRZANO.-Parece preocupado…
ELVIRA.-Pero mira, papá que no observe que le observamos. Ya
sabes que se dice que en esta muerta ciudadela isleña el fisgoneo
es la tarea de cada día, que cuando uno pasa por la calleja
solitaria tras de todas las celosías hay pares de ojos
atisbándole. . . Retirémonos, que no nos vea.
SOLÓRZANO.-Y que nos vea, ¿qué Es la novedad de la isla, la
Novedad histórica. Porque la historia se reduce ahora aquí a
estas pequeñas viejas novedades, a estos hechos…
ELVIRA .-¡Aislados!
SOLÓRZANO.-¡ Aislados, así es!
(Retirándose del balcón.)
ELVIRA.-(Mostrando el retrato de don Diego.) ¡Ese si que está
aislado!
SOLÓRZANO .-¡No más que el de tu libro!
TELÓN
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ACTO SEGUNDO
Un rincón de costa, con un pequeño arenal. Se ve la mar, que
ocupa todo el fondo.
ESCENA PRIMERA
ELVIRA, que llega con el libro y se sienta en una roca, frente a
la mar.
ELVIRA.-¡Decir que vivo aislada cuando tengo por compañera a la
mar! ¡Y al libro, que es otro mar! ¡O mejor a Tulio, a mi Tulio!
Mi Dulcineo que dice mi padre. ¿Por qué nací viuda? Porque yo
nací viuda,no me cabe duda de ello. En fin, mientras el libro de
la mar me arrulla, voy a releer su historia en este otro. . .
(Pónese a leer.)
ESCENA II
ELVIRA y JULIO MACEDO. Llega JuLIO mientras ella está absorta en
la lectura, y al llegar junto a ella. . .
MACEDO.-¡Elvira!
ELVIRA.-(Sobresaltada.) ¿Eh? ¿Qué? ¿Quién me llama así?
¡Caballero!
MACEDO.-No se sobresalte, Elvira.Veo que gusta usted de soñar
aquí, en esta isla, donde todos duermen…
ELVIRA.-¿Y en qué lo ha conocido usted, caballero?
MACEDO.-¡ Ah!, eso está a la vista. Basta mirarla a usted a las
ojos. Esos ojos nacieron para soñar. Y para hacer soñar. . . ,
para ser soñados…
ELVIRA.- ¡Qué de prisa va usted,caballero!
MACEDO.-Es mi marcha Necesito vivir muy de prisa. ¡He perdido
tanto tiempo…!
ELVIRA-¡Pues es usted joven!
MACEDO.-Menos que lo parezco.Mas ello importa poco. Sí, tengo
prisa. . .
ELVIRA.-¡Bah!, en cuanto usted se reponga reanudará su viaje..
MACEDO.-No llevo viaje.
ELVIRA.-¿Cómo que no?
MACEDO.-No; me quedo aquí ya para siempre. Acabo de decidirlo.
ELVIRA.-¿Aquí? ¿Y para siempre? ¿Usted?
MACEDO.-Sí, aquí, yo y para siempre. Vine con terribles
Propósitos de enterrarme en vida pero.. .¡Ahora quiero vivir!
Quiero saber qué es eso que llaman vida y de que otros gozan..
ELVIRA.-No lo comprendo…
MACEDO.-Pues me parece que hablo bien claro. . .
ELVIRA.-Y muy derecho, muy a tiro…
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MACEDO.-Me gusta acortar trámites..Y ahora, ¿me permitirá usted
que fuese alguna vez a visitarla?
ELVIRA.-Eso es cosa de mi padre,el amo de la casa.
MACEDO.- No es sólo a su padre,es a usted a quien deseo
hablar,con quien tengo que hablar. Y la verdadera
arma de la casa de los Solórzano es usted.Usted es la casa misma.
ELVIRA.-Bueno, pero y usted ¿quién es?
MACEDO.-¿Yo? Yo me lamo Julio Macedo.
ELVIRA.-¿Y quién es Julio Mac
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