y a la tarde , si no había función de la iglesia y el tiempo
estaba bueno , daban una vuelta por Begoña , donde rezaban una
salve y admiraban siempre las mismas cosas , siempre nuevas
para aquél bendito de Dios . Volvía repitiendo ¡ que hermosos
aires se respiran desde allí !
Subían las escaleras de Begoña , y un ciego, con tono
lacrimoso y solemne :
–Considere , noble caballero, la triste oscuridad en que me
veo… La Virgen Santísima de Begoña os acompañe, noble
caballero…
Solitaña sacaba dos cuartos y le pedía tres ochavos de
vuelta. Más adelante:
–Cuando comparezcamos ante el tribunal supremo de la gloria
…
Solitaña le daba un ochavo . Luego una mejercita viva :
–Una limosna piadoso caballero…
Otro ochavo. Más allá, un viejo de larga barba, gafas azules,
acurrucado en un rincón ,con un perro, y con la mano extendida
.Otro, más adelante , enseñando una pierna delgada, negra,
untuosa y torcida, donde posaban las moscas. Dos ochavos más
.Un joven cojo pedía en vascuence , y a éste Solitaña le daba
un cuarto . Aquellos acentos sacudían en el alma de don Roque
su fondo yacente , y sentía en ella, olor a campo , verde como
sus paños para sayas , brisas de aldea , vaho de humo del
caserío, gusto a borona. Era una evocación que le hacía oir en
el fondo de sí mismo , y como salidos de un fonógrafo , cantos
de mozas , chirridos de carros , mugidos de buey , cacareos de
gallina , piar de pájaros , algo que reposaba formando légamo
en el fondo del caracol humano , como polvo amasado con la
humedad de la calle y de la casa .
Solitaña y el mostradorde la tienda se entendían y se
querían. Apoyando sus brazos cruzados sobre él , contemplaba a
los chiquillos que jugaban en el regatón para desagüe ,
chapuzando los pies en el arroyuelo sucio . De cuando en
cuando, el chinel, adelantando alternativamente las piernas ,
cruzaba el campo visual del hombre del mostrador , que le veía
sin mirarle y sacudía la cabeza para espantar alguna mosca .
Fué en cierta ocasión como padrino a la boda de una sobrina
–” a refrescar un poco la cabeza” –decía su mujer — a
estirar el cuerpo , siempre metido aquí como un oso. Yo ya le
digo : Roque, vete a dar un paseo , toma el sol , hombre ,
toma el sol , y él, nada–. A los tres días volvió diciendo
que se aburría fuera de su tienda . El lo que quería es
encojerse y no estirarse ; los estirones le causaban dolor de
cabeza y hacían que circulara por todas sus venas la humedad y
la sombra que reposaban en el findo de su alma angelical, eran
como los movimientos para el rehumático . — ” Mamarro , más
que mamarro — le decía doña Rufina — pareces un topo–.”
Solitaña sonreía . Otro de sus goces , además del de medir
telas y los orá por nobis , era oir a su mujer que le reñía ¡
Qué buena era Rufina !
Los domingos, a la mañana , abría la tienda, hasta las doce ,
y a la tarde , si no había función de la iglesia y el tiempo
estaba bueno , daban una vuelta por Begoña , donde rezaban una
salve y admiraban siempre las mismas cosas , siempre nuevas
para aquél bendito de Dios . Volvía repitiendo ¡ que hermosos
aires se respiran desde allí !
Subían las escaleras de Begoña , y un ciego, con tono
lacrimoso y solemne :
–Considere , noble caballero, la triste oscuridad en que me
veo… La Virgen Santísima de Begoña os acompañe, noble
caballero…
Solitaña sacaba dos cuartos y le pedía tres ochavos de
vuelta. Más adelante:
–Cuando comparezcamos ante el tribunal supremo de la gloria
…
Solitaña le daba un ochavo . Luego una mejercita viva :
–Una limosna piadoso caballero…
Otro ochavo. Más allá, un viejo de larga barba, gafas azules,
acurrucado en un rincón ,con un perro, y con la mano extendida
.Otro, más adelante , enseñando una pierna delgada, negra,
untuosa y torcida, donde posaban las moscas. Dos ochavos más
.Un joven cojo pedía en vascuence , y a éste Solitaña le daba
un cuarto . Aquellos acentos sacudían en el alma de don Roque
su fondo yacente , y sentía en ella, olor a campo , verde como
sus paños para sayas , brisas de aldea , vaho de humo del
caserío, gusto a borona. Era una evocación que le hacía oir en
el fondo de sí mismo , y como salidos de un fonógrafo , cantos
de mozas , chirridos de carros , mugidos de buey , cacareos de
gallina , piar de pájaros , algo que reposaba formando légamo
en el fondo del caracol humano , como polvo amasado con la
humedad de la calle y de la casa .
Solitaña y el mostradorde la tienda se entendían y se
querían. Apoyando sus brazos cruzados sobre él , contemplaba a
los chiquillos que jugaban en el regatón para desagüe ,
chapuzando los pies en el arroyuelo sucio . De cuando en
cuando, el chinel, adelantando alternativamente las piernas ,
cruzaba el campo visual del hombre del mostrador , que le veía
sin mirarle y sacudía la cabeza para espantar alguna mosca .
Fué en cierta ocasión como padrino a la boda de una sobrina
–” a refrescar un poco la cabeza” –decía su mujer — a
estirar el cuerpo , siempre metido aquí como un oso. Yo ya le
digo : Roque, vete a dar un paseo , toma el sol , hombre ,
toma el sol , y él, nada–. A los tres días volvió diciendo
que se aburría fuera de su tienda . El lo que quería es
encojerse y no estirarse ; los estirones le causaban dolor de
cabeza y hacían que circulara por todas sus venas la humedad y
la sombra que reposaban en el findo de su alma angelical, eran
como los movimientos para el rehumático . — ” Mamarro , más
que mamarro — le decía doña Rufina — pareces un topo–.”
Solitaña sonreía . Otro de sus goces , además del de medir
telas y los orá por nobis , era oir a su mujer que le reñía ¡
Qué buena era Rufina !
Sin dejar de atender a la conversación , de interesarse en su
curso , pensando siempre en lo último que había dicho el que
había hablado el último, se dirigía a los rincones de la
tienda , servía lo que le pedían ,medía , recibía el dinero,
lo contaba , daba la vuelta , y se volvía a su puesto . En
invierno había brasero , y por nada del mundo dejaría Solitaña
la badilla , que manejaba tan bien como la vara , y con la
cuál revolvía el fuego mientras los demás charlaban , y luego,
tendiendo los pies con deleite, dormitaba muchas veces al
arrullo de la charla .
Su mujer llevaba la batuta , la emprendía contra los negros ,
lamentaba la situación del Papa , preso en Roma por culpa de
los liberales, ¡ duro con ellos ! Ella era carlista porque sus
padres lo habían sido , porque fué carlista la leche que mamó
, porque era carlista su calle, lo era la sombra del cantón
contiguo , y el aire húmedo que respiraban , y el carlismo,
apegado a los glóbulos de su sangre , rodaba por sus venas
.
El viejo, siempre tan guapo , se reía de esas cosas ; tan
alegres eran blancos como negros , y en una limonada , nadie
se acuerda de colores ; por lo demás , él bien sabía que sin
religión y palo , no hay cosa derecha .
Hablaban de una limonada :
–¡ Qué limonada !– decía el que vió los fusilamientos de
Zurbano –, ¡pedazos de hielo como puños navegaban allí
!…
–Tendríais sarbitos– interrumpió el viejo , siempre tan
guapo — en la limonada hasen falta sarbitos … Sin sarbitos,
limonada fachuda, es como tambolín sin chistu . Cuando están
aquellos cachitos helaos que hasen mal en los dientes ,
entonces …
— Unas tajaditas de lengua no vienen mal … —- Sí ,
lengua también ; pero sobre todo sarbitos , que no falten los
sarbitos…
Solitaña se sonreía , arreglando el fuego con la badilla
.
— A mí ya me gusta también un poco merlusita en
salsa…–volvió el otro .
–¿ Con la limonada ? Cállate,hombre, no digas sinsorgadas
..Tú estás tocao… ¿ Merlusa en salsa con la limonada ? A tí
solo se te ocurre …
— Tú dirás lo que quieras ; pero pa mí no hay como la
merlusa…,la de Bermeo, se entiende , nada de merlusa de
Laredo , cada cosa de su paraje : sardinas de Santurce ,
angulitas de la isla , y merlusa de Bermeo …

















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