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Мигель де Унамуно. Собрание сочинений. Miguel de Unamuno. Seleccion de textos


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español como aquél, y además le asiste al indio el legítimo derecho de
estar en su casa, siendo el peninsular un peregrino que, á lo mejor,
lejos de proporcionarle bienestar, lo explota?’
“Esta era, después de todo, la buena doctrina, que, naturalmente, los
filipinos en su país residentes veían con sumo gusto al enojo del
Gobernador, que había obrado (huelga decirlo) sugestionado por los
frailes, sin caer en la cuenta de que podían en España decir los indios
lo que López Jaena dijo en La Solidaridad del 15 de Octubre del mismo
año:
‘Ya los indios no son mansos corderos que se llevan al matadero; tienen
noción de su dignidad y de su derecho; son hombres como los frailes,
como el Gobernador que dictó el bando; y como hombres, han sabido que no
consiste en los saludos ni en besamanos el cumplimiento de la ley, sino
en llenar debidamente sus deberes de buen ciudadano español.’ (Síntesis
de la doctrina sustentada por RIZAL.)
“Pero todavía hubo otro Gobernador que fue más allá que Peñaranda. En La
Solidaridad del 15 de Marzo de 1894 se lee que al hacerse cargo del
mando civil de una de las provincias meridionales de Luzón un señor
teniente coronel de artillería (no el nombre), dirigió á los
Gobernadorcillos una circular que decía á la letra:
‘Al encargarme del mando de esta provincia, prevengo á ustedes que la
norma de mi conducta será ceñirme en absoluto á lo dispuesto en las
leyes y reglamentos vigentes, siendo inexorable para el que falte á
ellos, así como seguro apoyo y garantía para hacer justicia.
‘Guardarán ustedes las mayores atenciones y respetos con los reverendos
curas párrocos, UNICOS á quienes podrán ustedes enseñar y consultar en
las órdenes que reciban de este Gobierno, sin que nadie más deba
enterarse de ellas.’
“¿Quién mandaba en el país, el Ministro ó los frailes? Quién era el amo?
Pues bien: á los indios que aquí sostenían la buena doctrina, les
llamábamos filibusteros; y á las autoridades que allá cometían tales
imprudencias, se les llamaba insignes patriotas.”
Alfredo Loisy (1857-1940) “Exegeta francés que profesaba la
independencia absoluta de la crítica bíblica y de la
eclesiástica respecto a la revelación y los dogmas, concibiendo un
Cristo histórico distinto al Cristo de la fe. En 1902, con el pretexto
de refutar La esencia del Cristianismo, de A. Harnack, publicó El
Evangelio y la Iglesia, que fue condenado por el Arzobispo de París
(1903). Fue excomunicado en 1908, rompió con la Iglesia y fue luego
profesor de de las religiones en el Colegio de Francia
(1909-1933). Entre sus publicaciones destacadas son: Los misterios
paganos y el misterio cristiano (1919) y La Moral humana (1923)” (Gran
Enciclopedia Larousse, 1987).
Félix Sardá y Salvany (1844-1916) Eclesiástico español. “…Gozó de gran
fama como polemista integrista. Dirigió durante 43 años Revista popular,
semanario católico, y publicó numerosos folletos, reunidos
posteriormente en Propaganda católica (7 vols., 1803-1890). Sin embargo,
fue El Liberalismo es un pecado (1884), máximo exponente de su
integrismo, la obra que provocó mayores controversias ” (Ibidem.)
Integrismo: “Tendencia políticorreligiosa de algunos católicos que
pretenden profesar un catolicismo íntegro asociándolo a una ideología
conservadora. Desde fines del s. XIX y principios del XX, y
particularmente durante toda la crisis modernista, los católicos que
querían alardear de adhesión sin reservas al Catolicismo acostumbraban
darse el nombre de católicos íntegros. Integrismo ha venido a significar
una especie de totalitarismo religioso que pretende sacar únicamente de
la fe la respuesta a todas las cuestiones de la vida privada y pública,
y que, en consecuencia, niega la autonomía legítima de los diferentes
ámbitos de la vida, sometiéndolos a la potestad directa de la Iglesia.
El integrismo, con todo, es más un temperamento que una corriente. Sus
rasgos fundamentales son: intransigente fidelidad a las enseñanzas
pontificias; lucha abierta contra el naturalismo, el laicismo, la
revolución y el comunismo; cierto puritanismo moral” (Ibidem.).
Rizal a los 14 años había tallado de madera noble la imagen del Sagrado
corazón como regalo a uno de sus profesores que volvía a España, pero se
le había quedado. El día antes de su muerte uno de los jesuítas que
acompañaron a Rizal en capilla le trajo la imagen, quedando Rizal
profundamente conmovido. [N. del E.]
Dijo Rizal mientras caminaba al lado de la ciudad amurallada Intramuros,
al ver la torre de la iglesia de Ateneo de Manila, donde fue alumno
desde los 11 hasta los 18 años. [N. del E.]
Conocida en Filipinas como la “Aglipayan Church”. Su fundador, Gregorio
Aglipay, fue un sacerdote católico que pasó al gobierno revolucionario y
formó la iglesia filipina en Agosto de 1902. [N. del E.]
Patriota y escritor filipino. [N. del E.]

W.E. Retana. Vida y Escritos del Dr. José Rizal. Madrid: Librería General
de Victoriano Suárez, 1907. [Edición Ilustrada con fotograbados. Prólogo
de Javier Gómez de la Serna y Epílogo de Miguel de Unamuno. Edición
digital y notas de Elizabeth Medina]

Miguel de Unamuno
SAN MANUEL, MÁRTIR
PRÓLOGO
En La Nación, de Buenos Aires, y algo más tarde en El Sol, de Madrid, número del 3 de diciembre
de 1931 [...], Gregorio Marañón publicó un sobre mi SAN MANUEL BUENO, MÁRTIR,
asegurando que ella, esta novelita, publicada en La de Hoy, número 461 y último de la
publicación, correspondiente al día 13 de marzo de 1931 -estos detalles los doy para la insaciable
casta de los bibliógrafos -, ha de ser una de mis obras más leídas y gustadas en adelante como una de
las más características de mi producción toda novelesca. Y quien dice novelesca -agrego yo-, dice
filosófica y teológica. Y así como él pienso yo, que tengo la conciencia de haber puesto en ella todo
mi sentimiento trágico de la vida cotidiana.
Luego hacía Marañón unas brevísimas consideraciones sobre la desnudez de la parte puramente
material en mis relatos. Y es que creo que dando el espíritu de la carne, del hueso, de la roca, del agua,
de la nube, de todo lo demás visible, se da la verdadera e íntima realidad, dejándole al lector que la
revista en su fantasía.
Es la ventaja que lleva el teatro. Como mi Nada menos que todo un hombre, escenificada
luego por Julio de Hoyos bajo el título de Todo un hombre, la escribí ya en vista del tablado teatral,
me ahorré todas aquellas descripciones del físico de los personajes, de los aposentos y de los paisajes,
que deben quedar al cuidado de actores, escenógrafos y tramoyistas. Lo que no quiere decir, ¡claro está!,
que los personajes de la o del drama escrito no sean tan de carne y hueso como los actores
mismos, y que el ámbito de su acción no sea tan natural y tan concreto y tan real como la decoración de
un escenario.
Escenario hay en SAN MANUEL BUENO, MÁRTIR, sugerido por el maravilloso y tan sugestivo lago
de San Martín de Castañeda, en Sanabria, al pie de las ruinas de un convento de Bernardos y donde vive
la leyenda de una ciudad, Valverde de Lucerna, que yace en el fondo de las aguas del lago. Y voy a
estampar aquí dos poesías que escribí a raíz de haber visitado por primera vez ese lago el día primero de
junio de 1930. La primera dice:
San Martín de Castañeda, espejo de soledades,
el lago recoge edades
de antes del hombre y se queda
soñando en la santa calma
del cie lo de las alturas,
la que se sume en honduras
de anegarse, ¡pobre! el alma.
Men Rodríguez, aguilucho
de Sanabria, el ala rota
ya el cotarro no alborota
para cobrarse el conducho.
Campanario sumergido
de Valverde de Lucerna,
toque de agonía eterna
bajo el caudal del olvido.
La paró; al sendero
de San Bernardo la vida
retorna, y todo se olvida,
lo que no ha sido primero.
Y la segunda, ya de rima más artificiosa, decía y dice así:
Ay Valverde de Lucerna,
hez del lago de Sanabria,
no hay leyenda que dé cabria
de sacarte a luz moderna.
Se queja en vano tu bronce
en la noche de San Juan,
tus hornos dieron su pan
la se está en su gonce.
Servir de pasto a las truchas
es, aun muerto, amargo trago;
se muere Riba de Lago
orilla de nuestras luchas.
En efecto, la trágica y miserabilísima aldea de Riba de Lago, a la orilla del de San Martín de
Castañeda, agoniza y cabe decir que se está muriendo. Es de una desolación tan grande como la de las
alquerías, ya famosas, de las Hurdes. En aquellos pobrísimos tugurios, casuchas de armazón de madera
recubierto de adobes y barro, se hacina un pueblo al que ni le es permitido pescar las ricas truchas en que
abunda el lago y sobre las que una supuesta señora creía haber heredado el monopolio que tenían los
monjes Bernardos de San Martín de Castañeda.
Esta otra aldea, la de San Martín de Castañeda, con las ruinas del humilde monasterio, agoniza

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