Генерал Эмилиано Сапата. Манифесты. Manifiestos del General Emiliano Zapata
Uncategorized August 4th, 2006
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Aunque nuestra situación era sumamente desventajosa porque nuestros ad-versarios contaban con todo el elemento oficial, en el que se apoyaban sin es-crúpulos, creímos de nuestro deber, para servir la causa del pueblo, aceptar tan honrosa designación. Imitando las sabias costumbres de los países repu-blicanos, recorrí parte de la República haciendo un llamamiento a mis compa-triotas. Mis giras fueron verdaderas marchas triunfales, pues por dondequiera el pueblo, electrizado por las palabras mágicas de Sufragio efectivo y no re-elección, daba pruebas evidentes de su inquebrantable resolución de obtener el triunfo de tan salvadores principios. Al fin, llegó un momento en que el Ge-neral Díaz se dió cuenta de la verdadera situación de la República, y com-prendió que no podía luchar ventajosamente conmigo en el campo de la demo-cracia, y me mandó reducir a prisión antes de las elecciones, las que se lleva-ron a cabo excluyendo al pueblo de los comicios por medio de la violencia, lle-nando las prisiones de ciudadanos independientes y cometiendo los fraudes más desvergonzados.
En México, como República democrática, el poder político no puede tener otro origen ni otra base que la voluntad nacional, y ésta no puede ser supeditada a fórmulas llevadas a cabo de un modo fraudulento.
Por este motivo el pueblo mexicano ha protestado contra la ilegalidad de las últimas elecciones; y queriendo emplear sucesivamente todos los recursos que ofrecen las leyes de la República, en la debida forma, pidió la nulidad de las elecciones ante la Cámara de Diputados, a pesar de que no reconocía a dicho cuerpo un origen legítimo y de que sabía de antemano que no siendo sus miembros representantes del pueblo, sólo acatarían la voluntad del General Díaz, a quien exclusivamente deben su investidura.
En tal estado de cosas, el pueblo que es el único soberano, también protestó de un modo enérgico contra las elecciones en imponentes manifestaciones lle-vadas a cabo en diversos puntos de la República, y si éstas no se generaliza-ron en todo el territorio nacional, fue debido a la terrible presión ejercida por el gobierno que siempre ahoga en sangre cualquier manifestación democrática, como pasó en Puebla, Veracruz, Tlaxcala, México y otras partes.
Pero esta situación violenta e ilegal no puede subsistir más.
Yo he comprendido muy bien que si el pueblo me ha designado como un can-didato para la presidencia, no es porque yo haya tenido la oportunidad de des-cubrir en mí las dotes del estadista o del gobernante, sino la virilidad del pa-triota resuelto a sacrificarse si es preciso, con tal de conquistar la libertad y ayudar al pueblo a librarse de la odiosa tiranía que lo oprime.
Desde que me lancé a la lucha democrática sabía muy bien que el General Dí-az no acataría la voluntad de la nación, y el noble pueblo mexicano, al seguir-me a los comicios, sabía también perfectamente el ultraje que le esperaba; pe-ro a pesar de ello, el pueblo dió para la causa de la libertad un numeroso con-tingente de mártires cuando éstos eran necesarios, y con admirable estoicismo concurrió a las casillas a recibir toda clase de vejaciones.
Pero tal conducta era indispensable para demostrar al mundo entero que el pueblo mexicano está apto para la democracia, que está sediento de libertad, y que sus actuales gobernantes no responden a sus aspiraciones.
Además, la actitud del pueblo antes y durante las elecciones, así como des-pués de ellas, demuestra claramente que rechaza con energía al gobierno del General Díaz y que si se hubieran respetado esos derechos electorales, hubie-se sido yo electo para la presidencia de la República.
En tal virtud y haciéndome eco de la voluntad nacional, declaro ilegales las pasadas elecciones y quedando por tal motivo la República sin gobernantes legítimos, asumo provisionalmente la presidencia de la República, mientras el pueblo designa conforme a la ley sus gobernantes. Para lograr este objeto es preciso arrojar del poder a los audaces usurpadores que por todo título de le-galidad ostentan un fraude escandaloso e inmoral.
Con toda honradez declaro que consideraría una debilidad de mi parte y una traición al pueblo que en mi ha depositado su confianza, no ponerme al frente de mis conciudadanos, quienes ansiosamente me llaman, de todas partes del país, para obligar al General Díaz, por medio de las armas, a que respete la voluntad nacional.
El gobierno actual, aunque tiene por origen la violencia y el fraude, desde el momento en que ha sido tolerado por el pueblo, puede tener para las naciones extranjeras ciertos títulos de legalidad hasta el 30 del mes entrante en que expiran sus poderes; pero como es necesario que el nuevo gobierno dimanado del último fraude no pueda rcibirse ya del poder, o por lo menos se encuentre con la mayor parte de la nación protestando con las armas en la mano, contra esa usurpación, he designado el domingo 20 del entrante noviembre, para que de las seis de la tarde en adelante, en todas las poblaciones de la República se levanten en armas bajo el siguiente
Plan
1° Se declaran nulas las elecciones para presidente y vicepresidente de la Re-pública, Magistrados a la Suprema Corte de la nación y diputados y senado-res, celebradas en junio y julio del corriente año.
2° Se desconoce al actual gobierno del General Díaz, así como a todas las au-toridades cuyo poder debe dimanar del voto popular, porque además de no haber sido electas por el pueblo, han perdido los pocos títulos que podían te-ner de legalidad, cometiendo y apoyando con los elementos que el pueblo puso a su disposición para la defensa de sus intereses, el fraude electoral más es-candaloso que registra la historia de México.
3° Para evitar, hasta donde sea posible, los trastornos inherentes a todo mo-vimiento revolucionario, se declaran vigentes, a reserva de reformar oportu-
namente por los medios constitucionales, aquellas que requieran reformas, todas las leyes promulgadas por la actual administración y sus reglamentos respectivos, a excepción de aquellas que manifiestamente se hallen en pugna con los principios proclamados en este Plan.
Igualmente se exceptúan las leyes, fallos de tribunales y decretos que hayan sancionado las cuentas y manejos de fondos de todos los funcionarios de la administración porfirista en todos los ramos; pues tan pronto como la revolu-ción triunfe, se iniciará la formación de comisiones de investigación para dic-taminar acerca de las responsabilidades en que hayan podido incurrir los fun-cionarios de la federación, de los Estados y de los municipios.
En todo caso serán respetados los compromisos contraídos por la administra-ción porfirista con gobiernos y corporaciones extranjeras antes del 20 del en-trante.
Abusando de la Ley de Terrenos Baldíos, numerosos propietarios en su mayo-ría indígenas, han sido despojados de sus terrenos, por acuerdo de la Secreta-ría de Fomento, o por fallos de los tribunales de la República. Siendo en toda justicia restituir a sus antiguos poseedores los terrenos de que se les despojó de un modo tan arbitrario, se declaran sujetas a revisión tales disposiciones y fallos y se les exigirá a los que los adquirieron de un modo tan inmoral, o a sus herederos, que los restituyan a sus primitivos propietarios, a quienes pa-garán también una indemnización por los perjuicios sufridos. Sólo en el caso de que esos terrenos hayan pasado a tercera persona antes de la promulga-ción de este Plan, los antiguos propietarios recibirán indemnización de aque-llos en cuyo beneficio se verificó el despojo.
4° Además de la Constitución y leyes, se declara Ley Suprema de la República el principio de no reelección del presidente y vicepresidente de la República, de los gobernadores de los Estados y de los presidentes municipales, mientras se hagan las reformas constitucionales respectivas.
5° Asumo el caracter de presidente provisional de los Estados Unidos Mexica-nos con las facultades necesarias para hacer la guerra al gobierno usurpador del General Díaz.
Tan pronto como la capital de la República y más de la mitad de los Estados de la federación, estén en poder de las fuerzas del pueblo, el presidente provi-sional convocará a elecciones generales extraordinarias para un mes después y entregará el poder al presidente que resulte electo, tan luego como sea cono-cido el resultado de la elección.
6° El presidente provisional, antes de entregar el poder, dará cuenta al Con-greso de la Unión, del uso que haya hecho de las facultades que le confiere el presente Plan.
7° El día 20 de noviembre, desde las seis de la tarde en adelante, todos los ciudadanos de la República tomarán las armas para arrojar del poder a las autoridades que actualmente gobiernan. Los pueblos que estén retirados de las vías de comunicación, lo harán desde la víspera.
8° Cuando las autoridades presenten resistencia armada, se les obligará por la fuerza de las armas a respetar la voluntad popular, pero en este caso la










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