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Генерал Эмилиано Сапата. Манифесты. Manifiestos del General Emiliano Zapata


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En cada región del país se hacen sentir necesidades especiales y para cada una de ellas hay y debe habe soluciones adaptables a las condiciones propias del medio. Por eso no intentamos el absurdo de imponer un criterio fijo y uni-forme, sino que al pretender la mejoría de condición para el indio y para el proletario -aspiración suprema de la revolución-, queremos que los jefes que representen los diversos Estados o comarcas de la República, se hagan intér-pretes de los deseos, de las necesidades y de las aspiraciones de la colectivi-dad respectiva, y de esta suerte, mediante una mutua y fraternal comunica-ción de ideas, se elabore el programa de la revolución, en el que estén conden-sados los anhelos de todos, previstas y satisfechas las necesidades locales y sentado sólidamente el cimiento para la reconstrucción de nuestra nacionali-dad.
A la inversa de Carranza, que ha impuesto su arbitrariedad y su personalidad mezquina sobre la conciencia revolucionaria, nosotros pretendemos que ésta sea la que haga valer, la que impere, la que regule y domine los destinos de la patria ante la cual desaparezcan las pequeñas ambiciones y los bastardos in-tereses.
Y para evitar que una nueva facción exclusivista o nuevos personajes absor-bentes ejerzan preponderancia o influencia excesiva sobre el resto de la revo-lución, hemos acordado adoptar el siguiente procedimiento, de aplicación fácil y sencilla: al ocupar las fuerzas revolucionarias la capital de la República se
celebrará una junta a la que concurrirán los jefes revolucionarios de todo el país, sin distinción de facciones o banderías. En esa junta se cambiarán im-presiones, harán valer su opinión todos los revolucionarios, y cada cual mani-festará cuáles son sus especiales aspiraciones, y cuáles las necesidades pro-pias en la región en que opere.
En esa junta, por lo tanto, se dejará oír la voz nacional, la voz del pueblo re-presentado de pronto por sus hijos levantados en armas; en tanto que estable-cido el gobierno provisional revolucionario, puede el Congreso de la Unión, como órgano auténtico y genuino de la voluntad general, resolver concienzu-damente los problemas nacionales.
Los jefes que asistan a la junta, expresarán los puntos o principios que cada cual quiera ver convertidos en leyes o elevados al rango de preceptos constitu-cionales, una vez constituido el gobierno emanado de la revolución. Allí tam-bién, por acuerdo de todos (y no por la voluntad de un solo hombre o de un solo grupo, como ha pretendido el carrancismo), se formará el gobierno provi-sional, compuesto de hombres conscientes y honrados que satisfagan las aspi-raciones revolucionarias, y al frente de los cuales deberá funcionar como jefe de Estado, un civil, designado y apoyado sinceramente por todos los elementos militares.
Reforma agraria, reivindicaciones obreras, purificación y mejoramiento de la administración de justicia, constitución de las libertades municipales, implan-tación del parlamentarismo como sistema salvador del gobierno, abolición del caudillaje en todas sus formas, perfeccionamiento de los diversos ramos de la legislación para que responda a las necesidades de la época y a las exigencias crecientes del proletariado de la ciudad y del campo; todo esto seriamente me-ditado, y discutido amplia y libremente por todos, formará la médula y el alma del programa revolucionario, la base y el punto de partida para la reconstruc-ción nacional.
A esta obra de patriotismo y de concordia, de fraternidad y de progreso, sólo los ambiciosos podrán eximirse de colaborar, sólo podrán negarse los que pre-tendan imponer su voluntad sobre la de los demás, los que quieran valerse de la revolución para satisfacer miras personales, o para realizar propósitos de medro, de lucro o de venganza.
Pero los que vemos por encima de nuestras pasiones el bien de la causa, y más alto que cualquiera ambición el interés supremo de la República, com-prendemos muy bien que ya es tiempo de unirnos y de entendernos. Ha llega-do la hora de que surja la paz de la victoria, la paz que sigue al triunfo; ya hace falta que vuelva la tranquilidad a los hogares, se cultiven los campos, se trabajen las minas, abran sus puertas los talleres, nazca el crédito nacional y francamente se encarrilen las actividades del país por las vías del progreso.
Estorba Carranza el ambicioso, y hay que derribarlo. Perjudican los antiguos rencores, las torpes desconfianzas, las pasiones vulgares, y hay que suprimir-las, hay que borrarlas.
Sobre la unión de todos los revolucionarios, militares o civiles (siempre que unos y otros sean honrados), sobre el cordial acercamiento de todas las volun-tades, sobre el mutuo y libre acuerdo de todas las inteligencias, debemos ba-sar el triunfo de nuestros ideales y la reconstrucción de la patria mexicana.
Al emprender esta obra unificadora, no podemos ni debemos olvidar a los compañeros descarriados, a los que, víctimas del engaño de Carranza, perma-necen aún a su lado, defendiendo tendencias que no son las suyas y soste-niendo a una personalidad que los vende y los traiciona.
Invitamos, pues, a la concordia y a la unión a todos los luchadores de buena fe, que desengañados ya de Carranza y convencidos de su falsía, estén dis-puestos a volver al campo de la lucha y a unirse a los que combatimos porque sean una verdad las promesas de redención hechas al pueblo y que es preciso cumplir, aunque sea a costa de nuestra vida.
Y para que haya un documento en que conste nuestro solemne compromiso de cumplir y hacer cumplir las bases anteriores, estampamos al pie del presente nuestras firmas, con las que empeñamos nuestra dignidad de hombres y nuestro honor de revolucionarios.
Reforma, Libertad, Justicia y Ley
Tlaltizapán, Morelos, 23 de abril de 1918
El General en Jefe del Ejército Libertador, Emiliano Zapata
Llamamiento patriótico a todos los pueblos engañados por el llamado go-bierno de Carranza
Ejército Libertador de la República Mexicana
Cuartel General
El Cuartel General a mi cargo, siempre deseoso de encarrilar a los pueblos por el sendero de la libertad, del bienestar y del progreso y procurando siempre arrancarles la venda del obscurantismo y del error que pudiera extraviarlos y hacerlos caer una vez más entre las férreas cadenas de la esclavitud y de la más degradante miseria, hoy a estimado de su deber dirigirse a todos los habi-tantes de todas las poblaciones que actualmente asumen una actitud hostil a la revolución, con el fin de persuadirlos a que depongan esa conducta y fran-camente se unan a la causa popular, desligándose en absoluto del vandálico y nefasto bando carrancista.
El movimiento revolucionario se ha iniciado y ha sostenídose, a no dudar, pa-ra bien de la clase humilde del país, y ésta ya ha saboreado los frutos que trae consigo la revolución. El Cuartel General que me honro en dirigir, consecuente con los altos fines que se persiguen, en todo tiempo se ha preocupado porque los pueblos y demás comunidades comprendidas en la zona dominada por el Ejército Libertador, goce de todas clase de garantías en sus personas e inter-eses, y al efecto, ha expedido las disposiciones conducentes, entre las cuales se encuentra la circular del 31 de mayo de 1916, que permite a los vecinos de cada lugar armarse y organizarse para defenderse de los malhechores y de los malos revolucionarios.
Los pueblos, correspondiendo a los nobles y benéficos procedimientos del Cuartel General, lejos de volver sus armas en contra de la gran revolución agraria, deben por su propia conveniencia secundarla, uniéndose a ella, pro-curando a lo menos ayudarla con elementos de vida, pues que los soldados libertadores para su subsistencia necesitan el auxilio de los pacíficos o no combatientes. La circular antes citada, a la vez que se propone otorgar am-plias y cumplidas garantías, a toda persona, le crea obligaciones imprescindi-bles, sólo mientras dure el estado de guerra; estas leves cargas son perfecta-mente soportables, puesto que los pueblos hoy por hoy, están relevados de toda contribución, lo mismo que exentos de pagar toda renta por el cultivo de tierras.
Por otra parte, las autoridades municipales y el vecindario de cada localidad, están en la obligación de no confundir la mala conducta de algún falso revolu-cionario con la del Cuartel General, transformando un asunto personal en cuestión relacionada con los intereses de la revolución; porque si es cierto que hay jefes desordenados e intemperantes, el Cuartel General en nada interviene a su favor, procediendo, al contrario, incontinenti, a reprimir cualquier aten-tado contra personas o intereses, estimando que un pueblo está en su derecho para obrar con energía respecto de algún militar abusivo, pero no así a opo-nerse al curso de la propia revolución.

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