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ado.
No se halló superstición alguna en S. Bartolomé de Sociliacancha, ny en Santiago de Tumna, en este pueblo está enterrado el Indio, de quien se dixo en el capítulo primero. En el pueblo de S. Hierónymo uvo bien que hazer, por ser muy dados a la embriaguez. Treinta Cruzes que avía mandado poner el dotor Diego Ramírez, donde avía sacado treinta Huacas, estavan quitadas, mandáronse poner, descubriéronse treinta Malquis, y vna Huaca principal llamada Yaromarca. Auían tornado a hazer algunas fiestas de su gentilidad. Quando avía yelos llamavan a los que nacieron de pies, y a los que tienen partidos los labios, y a los que nacieron dos de vn vientre, y a éstos riñen los sacerdotes diziéndoles, que por no aver ayunado a sal, y agí, avía yelos, y luego les mandavan, q’ por diez días ayunassen al modo ordinario, y que se abtuviessen de sus mugeres, mandávanles también que se confesassen de sus pecados a solas, y dávanles por penitencia que se lavassen, y guardavan las demás ceremonias de sus confessiones.
En vn pueblo estava vna India, que por la mala vida que su marido le dava, se avía hechado tres vezes en el raudal del río, desesperada, y el agua la echava siempre a la orilla, viéndose en ella, y pensando qué deliberación tomarla, pues el agua no la quería ahogar, ny ella pasar tan mala vida como tenía, passaron de repente dos Indias, y le dixeron cómo vendrían presto los Padres, con lo qual se animó y dio qüenta de todo a los Padres, y se hizieron las amistades entre ella, y su marido.
En S. Iuan de Matucama, uvo gran número de confessiones descubriéronse, y quemáronse cinco Malquis.
—184→
Si en alguna parte se puede dezir parecía semana santa por la frequencia de las confessiones fue en S. Matheo de Huánchor, por aver en este pueblo gran número de gente, y toda dócil, y de buenos naturales. Descubrió aquí el Visitador vna Huaca llamada Huánchorvilca, que era de piedra muy grande, debaxo de la qual estava el cuerpo de vn Indio llamado Huánchor con dos hijos suyos. Reverenciavan este Indio, porque dezían era de quien procedía el pueblo, quemáronse, y echáronse las cenizas al río. También reverenciavan por Huaca vna piedra muy alta, que está en medio del río, porque desde allí mandava el Inga despeñar a sus Monjas, quando se descuidavan en materia de castidad. También reverenciavan otra Huaca llamada Huanchura, para la buena cosecha de las sementeras.
En Santiago de Carampoma se halló que a la Huaca Carampoma (todos los nombres antiguos, de los pueblos son los de la Huaca principal) que por ser grande no se avía desecho, aunque tenía Cruz encima, le avían ofrecido sacrificios, y se hallaron los rastros junto a ella. Fuera del pueblo avía vna capilla, y no pareciéndole bien al Visitador, aunque tenía por nombre la Magdalena, la mandó derribar, y en ella se hallaron quatro Zaramamas.
Hallaron en casa de vn Indio deste pueblo vna piedra con algunos sacrificios que todo estava puesto en vna capilla, que tenía hecha; no a avido remedio para que diga cómo se llamaba la piedra, ny para qué efetos la tenía, va condenado a la casa de santa Cruz donde quiçá lo dirá. También se averiguó en este pueblo, que quando moría algún Indio llevaban la ropa de que avía vsado detrás del difunto, quando le llevavan a enterrar en la Iglesia, y si no la podían echar en la sepultura con el cuerpo, la quemavan luego. Quitavan los cabellos a los defuntos, y al cabo del año les sacrificavan, y lo mismo —185→ hazían con los muchachos quando llegan a tal edad. Halláronse, y quemáronse diez Malquis.
En la dotrina de Casta, se descubrieron algunas cosas, que ocultaron al dotor Hernando de Avendaño, que fue el primero que la visitó. Entre lo demás fueron dos Huacas que eran marido, y muger, Ananllauto, y Quican llauto, adorávanlos para que no faltasse el agua. Otra llamada Carvallacolla, q’ le tenían para el fruto de las Chácaras de Papas. Otra llamada Namocoya, y junto a ella enterrado un Indio llamado Námoc, con dos hijos suyos, y se quemaron.
Vvo nueva de que vna legua de aquí avía vna célebre Huaca llamada Atahuanca, y que la guardava vn gran Hechizero, cogieron a éste, y mandó el Visitador que fuesse luego con gente a traer la Huaca, salieron del pueblo y a poco trecho dexo descuidar la gente, y él se escondió de modo que aunque fueron más de sesenta Indios, en su busca por diversas partes, no pareció. Entiéndese que se echó al río por no descubrir la Huaca. Estavan todos los del pueblo tan espantados, turbados, y confussos, que aunque les hizieron grandes amenazas, ninguno se meneava a querer yr viendo esta confussión dixo vno de los Padres que quería yr por ella. Fueron en su compañía tres Españoles, y muchos Indios. Empeçaron su camino, que era vna cuesta muy fragosa, y sola para Vicuñas, llegaron a parage, donde no podían yr a cavallo, por ser vn peñasco alto, y empinado, apeose el Padre cogiendo la Cruz, q’ llevaban para poner donde estava la Huaca, se la echó a cuestas, y subió de este modo más de vn quarto de legua, viendo esto los Indios se animaron, y subieron contentos, y dando gritos acompañando al Padre, y assí llegaron a lo alto donde hallaron vna capilla buena, y grande echa de grandes losas, y encima de la que cubría la capilla estava vna piedra parada, de más de tres quartas —186→ de alto, y servía de guarda de lo que estava dentro, quitada ésta, y otras losas hallaron dentro de la capilla vn ídolo de piedra, no muy grande, pero vntado todo con Paria, y sangre de cuyes, y Llamas, hallaron más onze piedras pequeñas, y llanas que servían de platos para los sacrificios, y assí estavan vntados con sangre, como la Huaca. Todo se truxo al pueblo, y en mitad de la plaça se quemó, y hizo pedaços, y éstos se echaron al río desde vna grande profundidad, más de vna legua del pueblo sin que los Indios lo supiesen donde estará en perpetuo olvido. Yendo el Padre este viaje halló en el camino vna laguna, y en medio de ella vna figura de piedra delgada, y demás de dos varas de alto puesta a mano. No le pareció bien, y habló de suerte a los Indios, que le vinieron a dizir era Huaca, y se llamaba Quepacocha, y servía para que la laguna no se secase, porque con su agua regavan a tiempo sus chácaras. Al mismo tiempo avía averiguado lo mismo el Visitador en el pueblo. En otro pueblo de esta dotrina estavan dos Huacas, vna en la plaça en la pared del cementerio de la Iglesia, y la otra enfrente de ésta, adorávanlas los Indios, porque dezían era la guarda del pueblo. Hízose de ella lo q’ de las demás, y pusiéronse en su lugar Cruzes.
Esto, y otras muchas cosas más contiene la carta, y por ella se puede conocer la importancia, y necesidad de las Misiones, Visita, y Revisita entre los Indios. Como la tiene entendida el Señor Príncipe de Esquilache Virrey de estos Reynos, que no contento con aver dado todo el avío necessario desde el principio de la Visita, como se dixo en el capítulo primero para los seys Padres, que de ordinario andan en missión en este Arçobispado, tiene mandado que en los Obispados de este Reyno, que tocan más a su Govierno, que serán Guamanga, Cuzco, Arequipa, Chuquiabo, los Charcas, santa Cruz, y Quito, sede todo el avío necessario de mulas, y de todo lo demás, y —187→ se conserven en adelante para que puedan andar en missión tres Padres, que acompañen al Visitador. Para que por falta de avío como muchas vezes sucede, no se dexe la missión, y estar siempre aprestado, no sólo facilite, pero incite a continuar, por mucho tiempo las missiones. Al Obispado de Trujillo que a pocos años que se desmenbró de éste de Lima, porque hasta aora, no ay casa de la Compañía en él, aviéndola en todos los demás de las Indias, se acudirá desde aquí, acabada la visita primera deste Arçobispado.
Ni faltan personas que movidas del deseo de servir a nuestro Señor, quieran tener parte en esta obra, que tienen, y estiman por cosa que tanta gloria suya, ayudando para ella con sus limosnas. El dotor Hernando de Avendaño Cura que al presente es de la Cathedral de esta Ciudad, por lo que a experimentado en las misiones y visitas q’a hecho pareciéndole que será accepto a Dios nuestro Señor, da quatrocientos Reales cada año de limosna para ayuda a los gastos de las missiones, con intento de acrecentalla, y perpetualla para adelante. El racionero Miguel de Bovadilla con el mismo efeto, y voluntad, y por el grande concepto que tiene del gran servicio que se haze a nuestro Señor en las missiones a ofrecido más de quatro mil pesos de ocho Reales, para que se hechen en renta para ayuda a sus gastos. Y aunque me pidieron los dos que no lo publicasse, deseando que sólo lo supiese Dios nuestro Señor, por cuyo amor lo hazen, me pareció más conveniente que se supiese, para que se vea el concepto, y estima que tienen de la importancia de las missiones. Como se verá en el capítulo siguiente, y último de este tratado.

—188→
Capítulo XX
De la importancia de las mission

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