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en.
Tiene vn Español hombre honrado, y de confianza cuidado con lo temporal de esta casa de repartilles la comida, y lana que an de hilar, y cobrar lo que an hilado, y que los enfermos sean curados, y que los sanos no se huyan, que algunos, y no pocos lo an hecho con ser las paredes bien altas, intentando muchas vezes romper las paredes con ser bien anchas. Los que vienen aquí por tiempo limitado, salen quando se cumple, los demás, quando se entienden, que están escarmentados, emendados, y enseñados. Pero como los más son tan viejos, que pasan de ochenta años an muerto muchos, después de aver recebido los —169→ sacramentos, que no es pequeña señal de su predestinación. Algunos de éstos estando en esta reclusión tocados de Dios nuestro Señor manifestaron las Huacas, que avían dexado encubiertas en sus pueblos, y las declaraciones tengo en mi poder. Otros an sido citados desde sus tierras, para que dixessen dónde las avían dexado, como fueron dos de quien escrivió el Licenciado Rodrigo Hernández Príncipe, para que acá les hablassen, y desengañasen, y pusiessen en camino de salvación, porque los de su pueblo les acusaron que avían dado vnas Huacas, y dexado de manifestar las principales. Y ayer cinco de Febrero, otro Indio de estos viejos, viéndose enfermo, y desauciado, sin esperança de vida llamó vn Padre de los nuestros, y le dixo, que tomasee por escrito, todo lo que avía dexado encubierto, que pertenecía a sus Huacas, porque quería morir como buen Christiano, etc. Y entre otras cosas dize, que la casa donde estavan los Ídolos, y la plata q’ tenían, fuesen para el Santíssimo Sacramento, y que de vna piedra que está allí muy labrada se hiziese vna pila de agua bendita, y esta memoria la tengo yo en mi poder, para dar aviso a quien la a de executar. Y e dicho estas cosas particulares, porque se vea quán arraygado tienen estos viejos el amor de sus Huacas, y quánto importa sacallos de donde hazen tanto daño.
Antes que acabe este capítulo me parece, que hiziera agravio a la razón, y a la verdad si se callaran. Que quien da color131 como se tocó al principio a todo lo que pertenece al augmento132 de la Christiandad de estos Indios, y quien fomenta133 todos los medios sobredichos, que se endereçan para ello, es el Dotor Alberto de Acuña Oydor de esta Real Audiencia. A quien como a tan zeloso del bien de los Naturales, y intilligente del gobierno deste Reyno, le remite su Excellencia las más de las cosas, que a esto tocan. Él propone los medios, que parecen convenientes, allana las dificultades, que se ofrecen, satisfacen a las dudas —170→ que personas graves por no estar enteradas de la verdad, le representan, responde a las objeciones, y aun calumnias que contra ello se levantan. Suya es la ordinata de las constituciones, y fundaciones de los Collegios sobredichos, y la de muchas y varias provisiones, que se an despachado en diversos tiempos, y la de muchas cartas, que se an escrito a todos los Prelados destos Reynos, a los Corregidores, y Caciques, y a otras personas. Visita muy de ordinario el Collegio de los Caciques, cuidando con mucho amor de lo que an menester descendiendo a cosas muy particulares, y menudas como si cada vno de ellos fuera su hijo. Y no es mucho, que haga esto con los Caciques, quien lo haze con los Hechizeros, visitándoles también a menudo con el mismo cuidado, y solicitud, inquiriendo si se les acude con lo que an menester, y preguntándoles con mucha humanidad si les falta algo. Atropellando muchas vezes negocios muy graves, y ocupaciones de importancia de su casa, y de su oficio para acudir a estas cosas por trabajosas, y enfadosas que sean, siendo como son del servicio de Nuestro Señor, de quien sólo se deve esperar el premio, que merecen.
Éste es el estado en que están las cosas de la Christiandad, de los Indios en este Arçobispado veamos, cómo están las de otras partes fuera dél, y en lo restante del Pirú.

—171→
Capítulo XIX
Del estado en que están las cosas de la christiandad fuera deste arçobispado en las demás partes del Pirú

Qvien uviere leýdo la relación sobredicha, especialmente si fuesse fuera de estos Reynos, me parece que conseqüentemente desearía saber, el estado que tiene la Christiandad, en las demás Provincias, y Obispados fuera deste.
Aunque en vna palabra se puede dezir, que si la mejor parte, y la más cultivada es la que tenemos presente, y está visitada, o se va visitando, y está tal qual queda vista, fácilmente se dexa entender quál será todo lo demás. Pero para que mejor se entienda, haziendo la qüenta como dizen, por mayor, y tomándola vn poco atrás digo. Que esta quarta parte del mundo, que llamamos América en honra, y memoria de Américo Vespucio su descubridor, dexando aparte muchas, y muy grandes Islas, que están antes, se divide en dos partes principales de tierra firme la vna se llama Nueva España, o Reyno de México, la otra es ésta del Pirú. Cada vna de éstas contiene muchos Reynos, y Provincias, pobladas de varias, y diversas naciones, vnas más, y otras menos bárbaras, otras más, y —172→ otras menos políticas. Divídense entre sí estas dos partes por el estrecho de tierra que con nombre Griego vsado también entre los Latinos, llamamos Isthmus. En el qual de la parte del mar del Norte está la Ciudad, y Fuerte, que se llamó Puertobelo, porque lo es, y en la parte deste mar del Sur está la Ciudad de Panamá ennoblecida con Audiencia Real, y Silla Episcopal, situada en ocho grados poco más, o menos de latitud a la parte del Norte, y ochenta, y cinco de longitud.
Tiene este estrecho de Puertobelo a Panamá diez y ocho leguas, por donde se camina por tierra, y subiendo por el río de Chagre, que desagua en el mar, poco arriva de Puertobello, hasta el sitio que llamamos de Cruzes, quedan seys leguas de tierra hasta Panamá, y no interveniendo este espacio quedan hechas dos grandes Islas cercadas del mar, Nueva España, la qual dexamos al Norte, y, este gran Reyno del Pirú. El qual corre desde Panamá, ensanchándose desde cinqüenta grados de longitud por donde se estiende la costa del Brasil, y antes de este Reyno, que pertenece a la corona de Portugal, por las costas largas, que corren hasta donde desembocan dos de los mayores ríos del mundo, el de Marañón, y el de Orellana en el mar del Norte, y después del Brasil por la costa de Buenos Aires hasta el grande río de la Plata, y toda la demás costa, que va corriendo hasta el estrecho de Magallanes. Y por la costa de este otro mar se dilata hasta ochenta, y nueve grados de longitud, por la parte más ancha, que es la costa de Truxillo, en altura de ocho grados; y va corriendo por toda ésta de Lima, que está en doze grados, y medio, y es lo más poblado de todo el Pirú. Y en altura de treinta, y cuatro grados en adelante, donde cae el Reino de , se va estrechando este nuevo mundo, que se descubrió de noventa años a esta parte, hazia el estrecho de Magallanes, el medio del qual está en ochenta —173→ grados poco más, o menos de longitud, y se prolonga hasta cinqüenta, y tres, grados de latitud, o altura deste Polo Antártico. Éstos son los términos por vna parte, y por otra de este amplíssimo Reino de cuyas cosas tan varias, y extraordinarias, assí naturales como morales, aunque está escrito mucho, se podía hazer vna muy larga, y no menos gustosa historia.
Casi por medio dél van corriendo de Norte, a Sur desde su principio hasta el estrecho de Magallanes altíssimas Sierras, que acá llamamos la Cordillera, ensanchándose vnas vezes más, y otras menos, haziendo en vnas partes valles muy fértiles, y calientes, y en otras grandes llanadas muy frías, y en otras montes, de temple mas frío, que llamamos Sierras. Y en partes suben tan alto, que muchos están siempre nevados, y otros que llamamos Punas, no sirven sino para pastos de Venados, y Bicuñas, que son como cabras monteses, de cuya lana se hazen los cumbis tan finos, que pueden competir, con los damascos de Europa, y en cuyos buches se hallan las piedras Bezares. La parte que cae destas Sierras hazia la mar del Sur, que comúnmente llamamos los Llanos aunque no lo son, más que en el nombre, es la más poblada de Españoles. Y los Indios de ella son de más fuerças, y brio, que los de la Sie

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