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Пабло Хосе де Арриага. Pablo José de Arriaga (1564-1622). La extirpación de la idolatría en el Perú.


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ra.
Ante todas cosas, dando como se deve dar, la congrua sustentación a los Visitadores, deven procurar, como lo hazen dar a entender en dichos, y en hechos, que no buscan ny pretenden en esta visita, sino la gloria de Dios —120→ nuestro Señor, y el bien de las almas, et quaerunt non quae sua sunt sed quae Iesu Christi. Entendiendo a la letra, lo que se dixo en otro sentido, daemini animas caetera to lleribi. No sirviéndose de los Indios en cosa, que huela a interés, aunque parezca que ello lo hazen con mucho gusto, ni tomando de ellos cosa alguna, aunque lo ofrezcan liberalmente. Lo mismo an de procurar, que hagan los oficiales, y criados que llevaren, no consintiendo, que ni en poco, ni en mucho sean cargosos a los indios, ni los agravien en cosa alguna, y castigando exemplarmente, quando hallaren que se a hecho. Y assí parecía muy bien lo que a este fin hazía vn Visitador, que en llegando al pueblo, mandava dar vn pregón, que ningún Indio diesse cosa alguna a ninguno de sus criados, hora se lo pidiesen, hora no, y castigava al que hallava aver faltado en ello.
Para ser, como digo, menos cargoso, y más provechoso a los Indios, a de llevar el Visitador, aunque los caminos sean tan trabajosos, y peligrosos, como vemos, el menor aparato, y los menos criados que ser pudiere. No excusa vn Notario, que le a menester para muchas cosas, aunque lo más escrive el mismo Visitador de su mano, ni menos vn Fiscal que es necessario para todo, y conviene que no sea Indio, porque se an experimentado muchos inconvenientes, y yo e visto algunos muy graves, sino que sea persona diligente, y de mucha confiança.
No consentirá que se alleguen, ni peguen con achaques de vrbanidad, ni cortesía, y que vienen a acompañar a los Religiosos, ni al Visitador algunos Españoles, que nunca faltan entre los Indios. Y lo que es el todo en este negocio tan importante, y sin lo qual no se a de hazer nada, no conviene que el Visitador vaya sin Religiosos, que catequizen, prediquen, y confiessen a los Indios. Porque como esta visita es más de coraçones, que de cuerpos, y más de industria que de fuerça, y más de misericordia que de Iusticia, —121→ se a de cercenar, quanto ser pudiere del aparato, y estrépito judicial, y añadirse de dotrina, sermones y confesiones. De suerte que assí el Visitador como los Padres, que van con él, muestren lo que en efeto deven ser Padres, y Maestros, y no Fiscales, ni Iueces.
Algunos Padres de nuestra Compañía, an dudado en el modo de visita, que se a tenido, y practicado hasta aquí, y hallan inconvenientes112 en que los Padres vayan con los visitadores de qualquier modo que sea. Porque dizen que los Indios como son tan tímidos, y pusilánimes, no temerán como temen al Visitador, y se retraherán de confesarse con nosotros o se confesarán mal, y que sería mejor que el Visitador fuesse de por sí haziendo su oficio, y descubriendo, y sacando sus Huacas; y después los Religiosos entrassen haziendo el suyo, sin depender el Visitador de los Padres, ni los Padres del Visitador.
Bastante respuesta de esta duda puede ser la experiencia, pues todo se a experimentado, y an llegado Padres alguna vez a pueblos de Indios, sin visitador, y no an sido bastante para juntar la gente a sermón, vn día, quanto más muchos, que son menester para enseñallos despacio, y menos para hazelles confesar tan de propósito, como la necesidad lo pide esta primera vez. Aunque es verdad, que visitado vna vez el pueblo, quedan los Indios tan afetos, y gustosos del bien que recibieron en la visita, que quando buelven a sus pueblos, reciben a los Padres con extraordinarias muestras de alegría, y quando se an de yr los despiden113 con no menores de pena, y sentimiento. A pueblo llegamos seys Padres juntos que nos avíamos juntado a la buelta de la visita, y no nos dexaron passar en dos días los Indios, ocupándonos desde la mañana hasta la noche en confesarse por su devoción en vna fiesta entreaño; lo que antes en tiempo de Quaresma que era de obligación, lo hazían con no pequeña dificultad.
—122→
Pues sacalles los Padres a fuerça de predicación, y dotrina las Huacas, bien puede ser, pero pocas vezes a sido, y muchas se an hecho missiones, y assí como es bien que a los pueblos ya visitados, donde se entiende que no ay Huacas, vayan los Padres sin Visitadores, a los que no lo están para sacalles las Huacas, no es bien, que vayan sin ellos.
Los Visitadores por otra parte, de ninguna manera quieren yr sin los Padres; porque fuera de que para ellos es de mayor autoridad para con Indios, y Españoles, la asistencia de los Padres; los an menester para consejo, y dirección de muchas cosas, en que se hallan muy perplexos, y dudosos, y con su presencia se defienden de muchas calumnias, que les suelen poner. Y de todo pudiera traer algunos exemplos. Y para el intento de las visitas, que es descubrir sus Idolatrías, y quitalles sus Huacas, la mayor ayuda es la de los Padres; que ellos hablan a los Indios, muchas vezes, y les quitan los temores, y les mueven con sus sermones; y los Indios acuden a ellos como a Padres, que les quieren bien, y hazen oficios de intercessores con el Visitador; y de el Visitador para con los Indios. Y el principal intento, que es enseñalles (aunque muchas vezes predica el Visitador) toca a los Padres con la continuación de sermones, y catecismos ordinarios. Y lo que es confesalles es sólo de los Padres, y a los Indios se les da a entender la diferencia, que ay de la confessión al examen que les a hecho antes el Visitador, y no se a experimentado (quantum humana fragilitas nosse potest) ni rebeldía, ni dificultad, ni doblez en confessarse. Antes algunas cosas, que avían encubierto en el examen al Visitador tocantes a las Huacas; las descubren en las confessiones.
Assí que ni los Padres solo por sí, ni el Visitador solo, según a enseñado la experiencia, conseguirán el intento que se pretende, de que los Indios descubran, y den sus —123→ Huacas, Malquis, y Conopas, y las demás cosas semejantes, de que queden desengañados de sus errores, instruidos en los misterios de nuestra Fe, y absueltos de los pecados en que an estado toda la vida, por medio de la confessión, que es lo principal; sino es concurriendo como dos causas parciales a vn mismo efeto.

—124→
Capítulo XIII
Lo que an de hazer en llegando al pueblo el visitador, y los padres, y la distribución del tiempo, y sermones

La primera jornada es la más dificultosa, y trabajosa, y todos los principios los son, y en esta empressa, donde se començare de nuevo, lo an de ser mucho más, y assí es necessario yr muy armados de paciencia, y oración.
Donde no está començada la visita, no se comiença por pueblos grandes, ni cerca de los principales, y cabeça de la Provincia, sino por lo más remoto, y apartado, y por algún pueblo pequeño, y si puede ser cerca de lo que ya está visitado; y si por esta vía, o por otra se llevasse algún rostro de la Idolatría, que ay en aquel pueblo, avría mucho andado. Y porque quede de vna vez dicho. Prevéngasse con tiempo al Cura, y Caciques del pueblo donde an de yr, de el día que a de llegar, para que esté toda la gente junta, para recibir al Visitador como se dixo arriba; y en recibiéndole en la Yglesia, vn Padre les haga vna plática breve, quitándoles el miedo, y diziéndoles intento de la Visita, que no es a castigalles sino a enseñalles. —125→ Aquí les dirá cómo todos los días se an de juntar muy de mañana a sermón, y a la tarde a puesta del Sol, que se tocará la campana al catecismo, y que no falta nadie, por que se an de llamar por padrón.
Especialmente es menester prevenir para esto, a los Camachicos de los Ayllos, y a los Alcaldes y Fiscales, para que ellos junten la gente y hazelles cabeça de juego porque ganados éstos, los demás no tienen dificultad.
Luego, se pregunta por los enfermos del pueblo, y algún Padre los visita, y les lleva alguna cosilla, que va prevenida para este efeto; y aun quando se va camino, parece muy bien llevar a mano algunos pedaços de pan, o cosa semejante, que dar a los Indios, que se encuentran.
La distribución de cada día es ésta: que en saliendo al Sol, o antes, se dizen las Missas; y mientras que se dize la primera, o segunda se toca la campana para que se junte la gente, que vienen a oýr la segunda, o tercera Missa: y es bien que la oyan siempre, pues en ellas les encomiendan a nuestro Señor, para que alumbre, y ablande sus coraçones. Acabada la Missa les dize vn Padre la dotrina, y luego ay sermón, el qual no a de durar más que media hora, y a lo más largo tres quartos, de suerte que a las ocho ya esté acabada, Missa, dotrina, y sermón.
Quando el temple, y el tiempo dan lugar para ello, se junta aún más fácilmente la gente saliendo con vn pendón en procesión, con la campanilla, cantando la dotrina con los quatro, o cinco primeros que vinieron, que aún no se an cantado las quatro oraciones, quando ya va todo el pueblo j

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