Пабло Хосе де Арриага. Pablo José de Arriaga (1564-1622). La extirpación de la idolatría en el Perú.
nota May 14th, 2008
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No tienen menores engaños ni errores en su último fin, que en su primer principio, aunque ponen menos términos, y paraderos en aquél que en éste. Común error es de todos los pueblos de la Sierra que se an visitado, que todas las almas de los que mueren van a una tierra que llaman Upamarca, que podemos explicar a la tierra muda, —70→ o de los mudos90, como dize la frase Poética Latina, Regia silentum dizen y que antes de llegar, a un grande río, que an de pasar por una puente de cabellos, muy estrecha, otros dizen que los an de pasar vnos perros negros, y en algunas partes los criavan, y tenían de propósito con esta supersticiosa aprehensión, y se mataron todos91. Otros tiene por tradición que las almas de los defuntos van donde están sus Huacas. Los del pueblo de Huacho y los otros de la costa, dizen, que van a la Isla del Huano y que los llevan los lobos marinos, que ellos llaman tumi.
No conocen en esta vida, ni en la otra más bienaventuranza que tener buena chácara, de que puedan comer, y bever. Y assí dizen, que van a hazer allá sus Chácaras, y sementeras, y no distinguen de que allá aya de aver ni penas para los malos, ni gloria para los buenos. Están persuadidos, que los cuerpos muertos sienten, comen y beven, y que están con mucha pena enterrados, y apretados con la tierra, y con más descanso en sus Machays, y sepulturas en los campos donde no está enterrados, sino en vnas bevedillas, y cuevas, o casitas pequeñas, y ésta es la razón que dan para sacar de las Iglesias todos los cuerpos muertos. Engañados con estos errores no tienen conocimiento de la resurrección de los cuerpos.
Tan poco tienen conocimiento, ni estima de los Sacramentos especialmente de la Penitencia, y Eucharistía. Y assí son muy raros los q’examinados del Visitador no digan, que siempre an callado en la confessión sacramental el adorar las Huacas, y el consultar los Hechizeros, y los demás pecados de Idolatría. Admirándome yo de esto al principio de la visita, y queriendo enterarme, si el callar —71→ semejantes pecados era pura, y mera ignorancia, o también malicia, te pregunté a un Indio delante del Visitador, aviendo dicho las Huacas que adorava. Estos pecados confesávalos92 al Padre, díxome, que no, preguntele más, con ésta que frase de su lengua: Qué te dezía tu coraçón cuando callavas estos pecados? la respuesta fue llorar de repente con grandes gemidos, y zollozos, y ya que pudo hablar dixo: Dezíame mi coraçón que engañaba a Dios, y al Padre, y esto con tanto sentimiento, que en un buen rato no quiso salir de la Iglesia al cementerio, donde estavan los demás Indios, sino que se estuvo llorando en vn rincón, después que se apartó de nosotros.
No ha sido pequeña causa de no tener el conocimiento, y estima debida de la confesión, la poca que algunos de sus Curas les an puesto, no sólo no exortándoles a la confesión entre año, pero juzgando por impertinencia el admitilles a ella, quando por devoción quieren confesarse algunos.
Mayor es el olvido, y ignorancia que tienen del santísimo Sacramento del Altar, porque aunque en algunas partes algunos sacerdotes cuidadosos del bien de sus Indios, an puesto diligencia en disponellos, para que comulguen la Pascua, pero lo común es q’ no comulgan, ni por Pascua, ni por modo de viático quando están enfermos porque por evitar el trabaxo de disponelles los Curas, dizen, que son incapaces. Y como éste es misterio de Fe, entiendo que vna de las causas, de que no están tan arraigados, y fundados en ella, es no recebille. Y para esto no quiero más razón, que el oráculo, y testimonio del Sumo Pontífice y Vicario de Christo nuestro Señor. Porque preguntando Clemente VIII de felice recordación, en cuyo tiempo fui yo a Roma dende estas partes, por estas palabras, Quomodo se habent indi Peruani circa religionem Christianam, y respondiéndole a su Santidad, que en —72→ muchas partes todavía adoravan, y retenían sus Huacas, y Ídolos, dixo su Santidad a esto. Communicant in Pascate? se le respondió, que pocos, y que comúnmente no comulgavan a lo que añadió el sumo Pontífice: Non erunt vere Christiani, donec communicent in Pasihate.
Como la experiencia, y dotrina de los Santos, especialmente del glorioso san Agustín, enseñan, no ayuda poco, mayormente a la gente común, a tener estima de las cosas de la Christiandad, el ornato, y aparato en el culto Divino. Y siendo comúnmente los Indios inclinados a la veneración, y adoración de Dios, bien se dexa entender, quán poca ayuda tienen en algunas partes para tener estima, y conocimiento de la verdadera, por la negligencia que ay en el ornato exterior de los templos, y celebridad de los oficios Divinos. Pueblo, y bien grande pudiera nombrar, donde no se dezía jamás missa cantada, sino es la vocación de la Iglesia, y para entonces a mucha costa de los Indios, traýan de bien lexos los Cantores para oficiar la Misa, porque no avía en todo el pueblo quien supiese leer, ni ayudar a Misa sino sólo vn Indio, y éste muy mal, y diziéndole yo al Cura, porque no ponía una escuela, pues avía tanta comodidad para ella, para que aprendiessen a leer, y cantar, pues también resultaría en provecho suyo el dezir missas cantadas, me respondió que no convenía que los Indios supiesen leer, ni escrivir, porque el savello no servía, sino de poner Capítulos a sus Curas93.
—73→
Capítulo VIII
De otras causas de la idolatría de los indios
Otra causa se puede dar próxima de las Idolatrías, que se hallan entre los Indios, que es los muchos ministros, y maestros que tienen de ellas, como se ve en los que an sido descubiertos y penitenciados en todos los pueblos. Y hecha la qüenta de todos mayores, y menores, de ordinario se halla para diez Indios y para menos un ministro, y maestro. Cada Ayllo, y parcialidad tiene, sus sacerdotes particulares, y acontece no aver quedado en un Ayllo más, que tres, o cuatro casas, y ésas tienen su Huaca, y sacerdote particular, que la guarda. Y ayllo e visto, donde no avía quedado sino sólo un Indio con su muger, y en él avía quedado el sacerdocio, y el cuidado de la Huaca, de su Ayllo. Según esto bien se dexa entender que teniendo como tienen tantos maestros, que en todas ocasiones, y a todos tiempos les están repitiendo las cosas, que aprendieron con la leche, y que son conforme a su capacidad, y, inclinación, y no teniendo quién les enseñe los misterios de nuestra Fe, que son tan superiores a su entendimiento, sino como dize el refrán tarde, mal y nunca, quanta ignorancia tendrán en —74→ las cosas de la religión Christiana, y quán enseñados y actuados estarán en las cosas de su gentilidad. Pueblo pudiera yo nombrar de hasta trescientos y cinqüenta personas de confesión; donde dentro de una hora que llegamos, se vinieron de su propia voluntad a descubrir cerca de treinta de estos Hechizeros, y dentro de poco llegaron a quarenta; y en quatro ni cinco meses no vían al Cura, y quando venía allí, estava quatro, o cinco días, y luego se bolvía, a otro pueblecillo suyo, bien pequeño por ser de mejor temple. Pues qué maravilla que aya Idolatrías, donde tan pocas vezes, y tan de paso está el Cura, y donde tan de asiento ay tantos ministros, y maestros de ellas?
A esta continuación, y asistencia de los Hechizeros se junta otra causa, para conservarse la Idolatría entre los Indios, que es la libertad de los Curacas, y Caciques en hazer lo que les parece, y el cuidado, y solicitud en honrar y conservar los Hechizeros, esconder sus Huacas, hazer sus fiestas, saber las tradiciones, y fábulas de sus antepasados, y contallas, y enseñallas a los demás. Y si ellos fuesen los que devían ser, sería el único medio para desterrar la Idolatría, porque ellos hazen de los Indios; quanto quieren, y si quieren que sean Idólatras, serán Idólatras, y si Christianos, Christianos, porque no tienen más voluntad que las de sus Caciques, y ellos son el modelo de quanto hazen.
Otra causa es no averles quitado hasta aora delante de los ojos, que uviera sido motivo para quitárselas también del coraçón, las Huacas móviles que tienen, no sólo todos los pueblos, sino también todos los Ayllos, y parcialidades, por pequeños que sean, como se dixo arriva, no averles quemado sus Munaos de los llanos, que son los Malquis de la Sierra, a quien estiman más que sus Huacas no avelles destruido sus Machays, que son las sepulturas —75→ de sus agüelos, y progenitores, y adonde llevan los cuerpos hurtados de las Iglesias, no avelles quitado los Morpis, que llaman en los llanos, Chancas en el Cuzco, y Conopas en este Arçobispado, que son sus dioses Penates, heredados de Padres a hijos, como la joya más rica, y preciosa de sus pocas alajas. Y son muy raros los que no los tienen, siendo los principales herederos de sus linages, y algunos tiene dos, tres y quatro.
De un Cacique se yo, que exhibió de su voluntad, once y su muger cinco, todas con sus particulares nombres. También no se a reparado hasta aora, en que tuviesen las camisetas antiguas de cumbi, que ofrecían a sus Huacas, o vestían a sus Malquis, o que se ponían para solas las fiestas, y sacrificios de las Hu
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