El capitán Juan de Avellaneda, conquistador de La Plata, que fue vecino de Ibagué; pobló después a San Juan de los Llanos.
Cristóbal Gómez, encomendero de Tabio y Chitasugá, casó con doña Leonor de Silva, hija segunda de don Juan Muñoz de Collantes; tuvo muchos hijos.
Hernando de Alcocer, encomendero de Bojacá y Panches, casó con la Sotomayor y, por muerte de ésta, casó con la hija de Isabel Galiano, y vivieron juntos muchos años, estando esta señora siempre doncella. Las de ogaño no aguardan tanto a poner divorcio. No tuvo hijos, y heredóle su sobrino Andrés de Piedrola; y mandóle que se casase con esta segunda mujer, como lo hizo. Llamólo la Santa Inquisición de Lima por otro negocio al Piedrola, y volviendo de ella murió en el camino. Casó esta señora tercera vez con Alonso González, receptor de la Real Audiencia, y con la misma encomienda; son muertos todos.
Pedro de Miranda, encomendero de Síquina y Tocarema, casó con María de Ávila; no tuvo hijos; sucedióle la mujer, que casó después con Pedro de Aristoito.
El capitán Juan Fuertes, valiente soldado, que en la conquista de Paria, de una sola batalla sacó trece heridas, y después tuvo otras muchas entre caribes. Fue suyo Facatativá; dejólo por ser gobernador de los moquiguas y valle de La Plata. Fue casado con la Palla (india principal del Pirú) y tuvo hijos. Murió año de 1585.
Cristóbal de Toro, encomendero de Chinga.
Melchor Ramírez Figueredo, encomendero de Vélez.
Juan de Contreras; no hay memoria de él.
Hernando de Santa; no hay memoria de él.
Juan Trujillo; no hay memoria de él.
Sebastián de Porras; no hay memoria de él.
Alonso Martín; no hay memoria de él.
Alonso Moreno; no hay memoria de él.
Miguel Solguín, conquistador de Parias, encomendero en Tunja, dejó unos hijos.
El capitán Luis Lanchero, noble de linaje, valeroso soldado, vino de España año de 1533, con Jerónimo Ortal, segundo gobernador de Parias en este Reino. Fue encomendero de Susa, y con comisión de la Real Audiencia conquistó y pobló a Muzo, a costa de muchos hombres, por ser los naturales flecheros de hierba mortífera.
El capitán Domingo Lozano, soldado de Italia de los del saco de Roma, vecino de Ibagué, pobló la ciudad de Buga en la gobernación de Popayán. Su hijo, Domingo Lozano, pobló a Páez; sus naturales, que son valientes, le mataron en la mesa que llaman Taboima, y a treinta soldados, en el mes de julio y 1572 años.
Miguel de la Puerta, encomendero de panches en Tocaima.
Zamora, encomendero en Tocaima.
Villaspasas, encomendero en Tocaima.
Antón Flamenco, vecino de Santa Fe.
Maestre Juan, vecino de Santa Fe.
Nicolás de Troya, vecino de Santa Fe; tuvo una hija natural.
El bachiller Juan Verdejo, capellán del ejército de Fredermán y el primer cura de esta santa iglesia, el cual trajo las primeras gallinas que hubo en este Nuevo Reino.
SOLDADOS DEL GENERAL DON SEBASTIÁN DE
BENALCÁZAR QUE QUEDARON EN ESTE REINO Y A
QUIENES SE DIO DE COMER CONFORME LO
CAPITULADO
El capitán Melchor de Valdés, su maese de campo, encomendero de Ibagué.
Francisco Arias Maldonado, encomendero de Sora y Tinjacá, en Tunja.
El capitán Juan de Avendaño, alférez de a caballo y conquistador de Cabugua y alguna parte del Pirú; fue a la conquista de Tunja con título de capitán, y tuvo en encomienda a Suta y Gámeza. Trocó después a Gámeza por Tinjacá.
Fernando de Rojas, encomendero de Tunja, con hijos.
Pedro de Arévalo, vecino de Santa Fe.
Juan Díaz, hidalgo, vecino de Tocaima, por otro nombre el Rico, que hizo la casa grande de Tocaima, con azulejos, y se la ha comido el río sin dejar piedra de ella.
Orozco, el viejo, vecino de Pamplona.
De Juan de Arévalo ni de los que se siguen no hay memoria de ellos: Orozco el mozo, Cristóbal Rodríguez, Juan Burgueño, Francisco Arias, Antón Luján, Francisco de Céspedes, otro Valdés, Juan de Cuéllar.
Los que se siguen son los que se le olvidaron al capitán Juan de Montalvo, que fueron del general don Gonzalo Jiménez de Quesada.
El capitán Martín Yáñez Tafur, primo hermano del capitán Juan Tafur, vecino de Tocaima y encomendero en ella. Dejó hijos legítimos.
El capitán Juan de Rivera, vecino de Vélez y encomendero.
Gregorio de Vega, encomendero en Vélez.
Francisco Maldonado del Hierro, encomendero de indios panches en Santa Fe; tuvo un hijo que lo heredó.
Domingo Guevara, encomendero de Fúquene; tuvo hijos legítimos.
Diego Sánchez Castilblanco; vecino de Tunja.
Juan de Castro, vecino de Tunja.
Juan de Villanueva, vecino de Tunja.
Antonio de Dijarte, en Tunja.
Antonio García, en Tunja.
Francisco Alderete, en Tunja.
Pedro de Porras, en Tunja.
Pedro Hernández, en Tunja.
Gaspar de Santa Fe, en Tunja.
Hernán Gallegos, Juan Gascón, Juan Peronegro, Juan Mateos.
Cristóbal de Angulo, en Vélez.
Diego Ortiz, en Vélez.
Diego de Guete, en Vélez.
Juan Hincapié, en Vélez.
Jerónimo Hetes, herrero, en Vélez.
Diego de Espinosa, en Vélez.
Diego Franco, en Vélez.
Cristóbal de Oro, en Vélez.
Francisco Álvarez, vecino de Santa Fe.
García Calvete de Haro, vecino de Vélez, encomendero.
Francisco de Aranda, conquistador de Vélez.
Francisco de Murcia, conquistador de Vélez.
Juan Cabezón, vecino de Santa Fe.
Francisco Ortiz, encomendero en Tocaima, con hijos legítimos.
Antón Núñez; no hay memoria de él.
Algunos de los soldados descubridores del general Quesada se fueron con él a Castilla, contentos con el oro que llevaban, por haber dejado en ella sus mujeres e hijos, cuyos nombres no se acordó el capitán Juan de Montalvo que fue el que dio la descripción de los referidos, por mandato de la real justicia ante Juan de Castañeda, escribano del Cabildo. Otra parte de ellos se volvieron a Santa Marta. Otros, juntamente con los Fredermán y Benalcázar, se fueron al Pirú y gobernación de Popayán. Y con esto, y mientras los generales aderezaban el viaje de Castilla volvamos al Cacique de Guatavita, que, vencido, se queja de su descuido por andarme, como dicen, a viva el que vence.
En que se trata cómo Guatavita escondió sus tesoros, y se prueba cómo él fue el mayor señor de estos naturales, y como el sucesor de Bogotá, ayudado de los españoles, cobró de los panches las gentes que se habían llevado de la sabana durante la guerra dicha. Cuéntase cómo los tres generales se embarcaron para Castilla, y lo que les sucedió. La venida del licenciado Jerónimo Lebrón por gobernador de este Reino y ciudad de Santa María
Desde los balcones del Valle de Gachetá miraba Guatavita los golpes y vaivenes que la fortuna daba a su contrario y competidor Bogotá. Prosperidad humana congojosa, pues nunca hubo ninguna sin caída. Sin embargo que había hecho llamamiento de gentes; díjome don Juan, su sobrino y sucesor, para ayudar a los españoles contra el Bogotá, que todo se puede creer del enemigo, si aspira a la venganza. De las espías, asechanzas y corredores que traía, sabía lo sucedido a Bogotá, aunque no de su muerte, porque fue como tengo dicho, y no se supo en mucho tiempo.
Dijéronle a Guatavita cómo los españoles habían sacado el santuario grande del Cacique de Bogotá, que tenía en su cercado junto a la siera, y que eran muy amigos de oro, que andaban por los pueblos buscándolo y lo sacaban de donde lo hallaban, con lo cual el Guatavita dio orden de guardar su tesoro. Llamó a su contador, que era el Cacique de Pauso, y diole cien indios cargados de oro, con orden que los llevase a las últimas cordilleras de los Chíos, que dan vista a los llanos, y que entre aquellos peñascos y montañas lo escondiesen y que hecho esto se viniese con toda la gente al cerro de la Guadua y que no pasase de allí hasta que él le diese el orden.
El contador Pauso partió luego con toda esta gente y oro la vuelta de la última cordillera, que desde el pueblo de Guatavita, de donde salió, a ella hay tres días de camino. Escondió su oro él; ¿dónde? No lo sé. Volvióse con toda la gente al cerro de La Guadua, guardando el orden de su señor, a donde halló al tesorero Sueva, Cacique de Zaque, con quinientos indios armados, el cual pasó a cuchillo a todos los que habían llevado el oro a esconder, y al contador Pauso con ellos. Parece que éste fue consejo del diablo por llevarse todos aquellos y quitarnos el oro; que aunque algunas personas han gastado tiempo y dineros en buscarlo, no lo han podido hallar. Contóme esto don Juan de Guatavita, cacique y señor de aquellos pueblos y sobrino del que mandó esconder el oro; y antes que pase de aquí quiero probar como Guatavita era el señor más principal de este Reino, a quien todos reconocían vasallaje y daban la sujeción.















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