Desde aquella fecha se debe contar la antigüedad de la población de la campaña sobre el territorio de la jurisdicción de Montevideo, que principia en el arroyo de Cofré y corre por la costa del Río de la Plata hasta el cerro Pan de Azúcar, volviendo para el norte por la falda de la cuchilla grande a buscar las aguas del río Yi hasta regresar al arroyo de Cofré, de donde arranca su origen.
Este territorio, cuyo frente es de casi cincuenta leguas, y su fondo de treinta y cinco hacen mil setecientas cincuenta superficiales, o cuadradas, está poblado de estancias desde aquella fecha, y sus dueños marcan y crian a rodeo la mayor parte de sus ganados especialmente los que son menos ricos; y del mismo modo están poblados los campos de la costa meridional del río Negro, y la oriental del Paraná desde San Salvador hasta el arroyo Cofré, que es el término de la jurisdicción de Montevideo por el oeste.
E1 restante territorio que corre a la parte ulterior del río Yi hacia el Grande de San Pedro ha estado considerado como de los indios de Misiones; pero ni lo han poblado jamás, ni les ha sido hecha formal adjudicación; y además de ser un terreno dilatadísimo, dista más de ciento veinte leguas de los pueblos de Misiones, tomado desde el Yi; y por falta de población por esta parte ha sido siempre el teatro de la guerra entre españoles, indios, y portugueses a causa de que casi todo el ganado que se cría en este campo, entre los ríos Uruguay y San Pedro, es silvestre, o cimarrón, sin marca ni rodeo, y el que tiene más dueños con todo de no pertenecer a ningún particular.
Por este orden y por estos medios vino a repoblarse la campaña de Montevideo hasta ponerse sobre el pie de cuatro millones de cabezas de ganado vacuno que se computa por los inteligentes existen en ello todos los años, reemplazando el millón y medio de mortandad con otro tanto que se cría cada año, y si el abuso que hicieron los vecinos de Montevideo de la franquicia de tomar tierras que les concedió la cédula del año de 54 no se hubiera corregido o evitado, es bien cierto que habían duplicado las crías de su ganado y los portugueses del río Grande habrían hallado cerradas las puertas a los latrocinios; pero este ramo de patrimonio nacional se ha gobernado desde sus principios bajo una buena fe, ajena de la prudencia que a fuerza de males de años y de guerras nos han dado a conocer nuestro error. La misma inmensidad del terreno que poseemos, su imponderable feracidad, la fecundidad de nuestro ganado, la mediación del Río de la Plata entre el gobernador y las tierras repartidas, las graves atenciones de estos ministros contra los portugueses, la falta de salida a los cueros por defecto de buques, y las sugestiones maliciosas de los que teniendo mayores luces en la materia, tenían demasiado interés en conservarla en su oscuridad, fueron entonces y han sido hasta nuestros días las causas del abuso que se ha hecho de este tesoro que depositó Dios en la nación.
La inmensidad de los terrenos ha sido siempre un estorbo a los gobernadores de Buenos Aires para recorrerlo personalmente y saber por los ojos lo que era, y lo que valía aquella campaña. E1 poco provecho que se saca de aquel suelo por su nimia fertilidad, y por no tener salida, hacía mirar con menos aprecio del que era justo un manantial de riqueza como el de la cría del ganado; y las resultas de esta mal formada idea fueron y son hasta el día el desprenderse de este terreno por un pequeño interés en favor del primero que lo pretende.
Esta facilidad convidó a los particulares a hacerse dueños de la comarca partiéndola en trozos de ciento, doscientas, trescientas y hasta quinientas leguas cuadradas porque, consiguiéndose un terreno de este tamaño por un puñado de pesos, ninguno se acortaba en pedir leguas en el país donde no tienen más estimación que los palmos en España; y como los gobernadores no sabían apreciar aquel mineral, ni conocían el daño que hacían estas desmesuradas concesiones, nada ha sido más fácil en todo tiempo que hacerse los particulares de un terreno mayor que una provincia.
Esto ha sido, y es tan común en Montevideo que no necesita pruebas; pero citaremos tres ejemplares de otros tantos sujetos, los más conocidos de aquella provincia.
Desde el arroyo de Solís Chico, en la costa del mar, hasta el cerro de Pan de Azúcar posee don Juan Antonio Aedo un terreno de sobresaliente calidad de ciento cincuenta leguas cuadradas, cuya población consiste en un solo rancho.
Don Fernando Martínez compró a Su Majestad en solos setecientos pesos un terreno de doscientas cincuenta leguas superficiales.
Doña María Gabriela de Alzaibar heredó de un su tío suyo las de San José que se contienen entre Santa Lucía y el río Negro, y comprenden quinientas leguas de área de la más apreciable estimación puestas en rinconadas (que es lo que más vale) y le costaron a su primitivo dueño … pesos; y toda la población de esta provincia está reducida a tres ranchos con una docena de negros o peones.
Fuera de estos tres hacendados, son bien conocidos por su grande extensión las estancias de don Juan Francisco de Zúñiga, las de don Manuel Durán, las de don José Joaquín de Viana, las de los Olimares, y otras muchas que tienen abarcada casi toda la jurisdicción del gobierno de Montevideo, a reserva de unos cortos retazos en que están acomodados los pobres, y que de ordinario son campos abiertos, donde no entra ganado de fuera como sucede en las rinconadas, que por esto son más estimadas.
Como todo este gran terreno está contenido dentro de la zona templada, desde la altura de los 35 grados hasta los 27 de latitud austral, y es copioso en lluvias, frecuentado de los vientos de la mar, sembrado de ríos y arroyos de agua dulce por todas partes, y despoblado de habitantes de fijo domicilio, encuentran los ganados todas las proporciones más adaptables a su propagación y aumento. El agua nunca puede escasearseles lejos; y aunque algunos años se padece falta de pastos por causa de las secas, ocurren a las orillas donde la humedad del terreno mantiene siempre algún pasto y en acabando uno pasan a otro, y de río en río, y de arroyo en arroyo (que nunca están más de tres leguas uno de otro) buscan el sustento mientras vienen las lluvias. El sosiego que es tan apetecido del ganado vacuno, y tan conveniente para su multiplicación abunda en la campaña, siempre que no hay correrías. E1 terreno es amplísimo, cortado a trechos por montes, lagunas, arroyos, islas, potreros, rinconadas y ríos, lo más a propósito qué se puede apetecer para el procreo del ganado; y así es que se produce todos los años un tercio del número existente, que asciende a un millón de animales por ser tres los que se consideran en la campaña; y este mismo millón es el que navega para España hechos cueros de diez años a esta fecha. Lo más particular de este terreno es que la aptitud que tiene para el procreo de ganado vacuno se le encuentra para el caballar y lanar; y lo mismo para la cría de granos y para el plantío de árboles y arbustos, con todo de que ni se cuida ni se beneficia. El ganado caballar es una producción que se da naturalmente sin obra ni auxilio de la diligencia. En la del vacuno se suele poner algún trabajo; porque hay hacendados que cuidan del suyo herrándolo, pastoreándolo, amansándolo y haciéndole tomar querencia por el interés del cuero, pero del caballar apenas se hace caso. En teniendo el preciso para las faenas de campaña, se debe matar el sobrante porque aniquila el pasto y hace falta para las toradas. Su precio es tan escaso que no pasa de dos pesos, y para que llegue a cuatro es menester que sea caballo manso, nuevo y de buen bajo. El ganado lanar procrea con la misma abundancia, y no se ven inundados de él los campos, porque no se dedican a su cría. De la carne de la oveja no se hace alimento, como ni de la cabra. De su leche no se hacen quesos. De la lana no hay más consumo que para colchones. Suele venderse la arroba hasta por diez reales. Las embarcaciones que pasan a Montevideo son pocas para conducir un millón de cueros que traen todos los años; y el flete de este efecto es de los más altos, y su cargío de los menos voluminosos; al paso que el de la lana lo es en demasía y con poca cantidad se llena una bodega dejando a la embarcación sin peso suficiente; y acostumbradas aquellas gentes a tratar en cueros, carne, sebo y grasa, toda otra industria les es extraña y repugnante a pesar de las proporciones con que les brinda para todo aquel terreno. Para el comercio de las lanas tienen dos ventajas que no las numera España entre las suyas, que son las de tener sierras y cañadas para trashumar el ganado en las estaciones del año sin tener que hacer grandes jornadas; y abundantes aguas y prados para lavar las lanas y secarlas con aseo.
La cosecha de los granos es tan propia de aquellas campiñas que ninguna de las de Andalucía les lleva ventaja. Ordinariamente se recogen… fanegas por cada una de las que se siembran; y no se le da otro beneficio a la tierra que el del arado, y su calidad no es inferior al mejor de España.
Хосе Кардьель. Миссии в Парагвае. José Cardiel. LAS MISIONES DE PARAGUAY.
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