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Хосе Кардьель. Миссии в Парагвае. José Cardiel. LAS MISIONES DE PARAGUAY.


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Al fin las dio la junta por libres; y si no había de arruinar el comercio de España y Lima era forzoso absolver y consultar a S.M. aún cuando tuviese certeza legal de que eran extranjeros porque en las circunstancias de pasar de dos millones de pesos el valor de las medias y facturas que debían confiscarse, y de llegar a 80 o más individuos los comprendidos en esta negociación, a quienes según la ordenanza se debía condenar a presidio por cinco años, y privar para siempre del comercio, era conforme a derecho que no se podía extender la ley a un caso original no previsto por el legislador y en que este mismo venía a sentir parte de la pena.
Por éste y otros que propuso el fiscal en su citada respuesta tuvo la junta por indispensable la consulta al Soberano, entregando en el ínterin los cargamentos a sus respectivos consignatarios bajo de las fianzas, pagos y gravámenes propuestos al comercio honrado que negocia por el camino de las aduanas, es preciso que deje el comercio, o que haga lo que hacen los demás; con lo que hecho el delito trato común entre los negociantes, pocos o quizás, ninguno hacen reflexión al pecado que envuelve el fraude de usurpar al Rey lo que es del Rey; y por esta regla ni se teme a la pena temporal que no se ejecuta, ni a la espiritual que no se conoce.
Si hemos probado estos asertos, será innegable a todo buen político, que conviene variar la administración de nuestro comercio y que esta variación debe consistir no en aumentar de guardas o celadores ni en darles premio o castigo, sino en aniquilar la materia del contrabando.
Traídos al comercio los efectos extranjeros de actual prohibición, puede aminorarse el número infinito de guardas y ministros que se emplean en los puertos de España y América en que se desperdicia mucho dinero, y se pueden acrecentar los derechos a los géneros de nueva permisión hasta la suma que pagaban antes del comercio libre, dado caso que éste subsista, y no se reviva el Real Proyecto del año de 20; y en vez de un solo 3 por ciento que satisfacen hoy las medias extranjeras que se introducen con nombre de españolas, pagarán un 18; y extrayéndose más plata y más frutos de indias adeudarán mayores derechos y más cantidad de fletes con que el Rey perderá menos y ganará más, entrará más metal en España, vendrán más frutos con que hacer el cambio, y apenas habrá noticia del contrabando.
Dadas estas providencias era necesario remover un inconveniente para que los efectos de fábrica de América no quedasen sin salida por falta de buque, como sucede con frecuencia en Montevideo; porque con ocasión de la abundante carga de cueros que se acopia en aquel puerto, que es la de mejor flete y menos perjudicial a la embarcación, se excusan los capitanes de traer los efectos de cría de aquel suelo, con lo que aplicados los comerciantes y los labradores a sólo el ramo de los cueros, tienen inundada la España de este efecto, y abandonados enteramente los de harina, carne, sebo, etc.
Esto lo hemos visto muchas veces, y más de una hemos oído a los mismos vecinos que dejan de embarcar harinas para España porque los capitanes o no quieren llevarlas o les piden precios excesivos; y como prohibidos de comerciar los efectos extranjeros que hemos citado, era indispensable desatar las trabas a su navegación para que corriesen por todas partes, sería preciso dar disposición para que los frutos de Montevideo tuviesen buque pronto en que navegar a España. Destinar a este flete los correos en vez de el de cueros que conducen a su regreso, sería buena providencia; pero porque los correos fenecen sus viajes en La Coruña, y las ciudades de Cádiz y Málaga son más frecuentadas de buques extranjeros, convendría que hubiese comercio directo con estos dos puertos. Para esto se podría tomar el expediente de que cada embarcación de comercio reservase un cierto número de toneladas para cargar de frutos de fábrica o cría de América, que no fuesen cueros con calidad de que para no traer aquéllos había de tener expreso permiso del juez de arribadas de Montevideo, hecha averiguación de no haber en aquel puerto carga alguna de aquella especia. Lo mismo se conseguiría prohibiendo más extracción de cueros que la de medio millón cada año pues congregándose en Montevideo buques suficientes para más de un millón todos los años, los mismos capitanes serían agentes de los cosecheros, y fabricantes para que les cargasen frutos. De ambos modos se lograría la extracción de éstos, y se adelantaría darle más estimación a los cueros, que a causa de su extremada y nunca vista abundancia.

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Tags: Brasil, Chile, conquista, cuzco, Ecuador, el imperio, historia, inca, las provincias, memorias, paraguay

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