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Хосе Кардьель. Миссии в Парагвае. José Cardiel. LAS MISIONES DE PARAGUAY.


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En este artículo de la población hemos inmorado más que en otro alguno porque son inútiles todas las medidas que se tomen mientras escaseen los operarios; y para el aumento de éstos, hemos propuesto seis pensamientos: 1.° restringir el comercio a la antigua forma y cerrar el paso a indias con las precauciones más escrupulosas; 2.° conferir los empleos posibles a vecinos de las Américas; 3.° favorecer la cría de frutos de ésta poblando la campaña de Montevideo; 4.° hacer una leva general en indias de casados y de solteros emigrados sin licencia; 5.° equilibrar las clases del Estado de modo que ninguno crezca ni se disminuya más de lo que conviene a su provecho; y por último poner en libertad los matrimonios de los hijos de familias. Estos seis pensamientos nos parecen los más a propósito para conseguir la repoblación de España, que es el cimiento de las fábricas; pero todavía nos ocurren otros dos, de igual eficacia para el fin que deseamos. Uno de éstos sería quitar de la Coruña las banderas de reclutas que tiene allí el Regimiento Fijo de Buenos Aires. Ya hemos dicho que esta práctica nos despoja todos los años de 60 ó 70 mozos los más robustos para el trabajo y los más idóneos para el matrimonio; pero siendo preciso reemplazar aquel regimiento ocurrimos a esta necesidad por medio de un juzgado de policía que cele continuamente los ociosos y vagamundos para destinarlos a las armas. En ninguna parte más que en Indias se debe usar de este arbitrio ni acopiará mayor número de hombres. Una gran parte del vecindario de Buenos Aires y Montevideo, se compone de vagos, de gente ociosa, o de desertores. De ellos se podría reemplazar el Regimiento Fijo y levantar dos más si fuere necesario. Para perseguir a esta gente y limpiar de semejante peste las ciudades de aquella América sería oportuno confiar esta obra al Oidor Juez de Casados, franqueándole los auxilios necesarios, y relevándolo de la asistencia al Tribunal en los días que no se lo permitiese este destino. Encargado este ministro de remitir a España los que pasaron sin licencia y de aplicar los vagos a las armas, sobrarían fabricantes, acá y regimientos allá, y al año de practicarse esta inquisición quedarían ociosos los juzgados porque dejarían de ir polizones, y se aplicarían a oficio los mal entretenidos.
Otro arbitrio de repoblar nuestra Península sería atraer los americanos por medio de regimientos y de colegios que se erigiesen para su acomodo privativamente. Acabamos de ver que la piedad del Rey ha levantado una 2.ª Compañía de Guardias Españolas de Corps y un colegio en Granada con este importante objeto. Es admirable esta providencia, y deben ampliarse los medios de convocar a la Metrópoli. Todos los criollos que apetezcan dejar su patria hasta que nos recobremos de nuestras pérdidas, y venga a su equilibrio la población de ambos hemisferios. No sería difícil en la América meridional, especialmente en Lima encontrar sujetos que se hiciesen cargo de levantar y uniformar a su costa un regimiento veterano para pasar a servir en el Ejército de España. Si se pusiesen en Indias banderas de recluta para los regimientos de la Corona y se galantease a los mozos con algún socorro, o se les ofreciese alguna distinción, no dudamos que se alistasen muchos ya criollos ya europeos. Ni hay que temer que la extracción de gente que hagamos para España perjudique a la población de aquella América, porque arreglada la campaña, excederán los entrantes a los salientes, y conferidos a los criollos los empleos posibles de su patria, y removido el impedimento de la Real Pragmática de 23 de marzo de 76, se animarán a contraer matrimonio y multiplicarán su especie sobre el número de los que salgan para España; y por muchos que vengan a la Península siempre han de quedar allá muchos más.

En que se proponen las fábricas que deben fomentarse en
España con preferencia

La última providencia que se debe tomar para afianzar el entable de nuestras fábricas es la de dar fomento a aquellas que no admiten competencia en su especie, o que por experiencia consta poder labrar de igual bondad y costo que en las provincias extranjeras. Aplicar toda la atención a las manufacturas que tenemos por inimitables, y olvidarnos de las que poseemos perfectamente, es perder lo cierto por lo dudoso, o por lo imposible. Anteponer la fábrica de lo que sólo puede imitarse por medio de unos gastos que no se han de sacar en la venta, a lo que podemos labrar con ganancia conocida, es arruinar al fabricante. Y supuesto que los lienzos finos, los brocados, la galonería de oro y plata, los mues, las gasas, los antolases, los encajes, las blondas, los abanicos, las cintas, las medias, los sombreros, la pedrería, etc. son obras a cuya imitación no hemos podido arribar o que no lo conseguimos a los mismos precios que el extranjero será prudencia cargar la aplicación sobre los ramos de comercio que nos son fáciles y conocidos.
De este género son tantos los que podemos escoger para nuestros operarios que no nos han de alcanzar éstos si los queremos fomentar todos. Tales son las fábricas de lona y jarcia, las de brea y alquitrán, la de toda especie de corambre y curtidumbre, la de cristales, las armas blancas y de fuego, la de balas, municiones y pertrechos, las fornituras de nuestros regimientos, la de alfileres y peines, la de paños de segunda, la de estameñas, y las de lonas y lienzos de estopa y cáñamo, la de clavazón y el herraje, la broncería, el papel, la cera, las carnes saladas, el aceite de ballena, la sidra, la cerveza, el aguardiente, la resolis y otros semejantes que ocupan mucha gente, tienen grande consumo y nos extraen muchos millones de pesos todos los años.
En ninguno de estos ramos de comercio cabe competencia de mucha sustancia; o si cabe, podemos llegar con facilidad a la imitación de los que mejor lo ejecuten. Son también unas manufacturas que hemos citado, que no requieren grandes fondos ni portentosas máquinas para ponerse por obra y llevarse a su perfección. Sólo necesitan de fomento; y aunque para esto contribuye mucho la rebaja de derechos reales, o la absoluta libertad que les ha concedido S.M. por el Reglamento del Libre Comercio en su embarque a Indias, bien experimentado tenemos que no ha bastado este recurso para darles incremento y que tampoco ha sido suficiente a este fin la extinción de los derechos de palmeo y tonelada, ni al acercar y aumentar buques de comercio, ni el abolir la tarifa de los fletes y dejar libre este comercio; luego es una verdad indisputable que se necesita de alguna otra providencia más inmediata para el fomento de estas manufacturas.
Nosotros nos persuadimos que la más eficaz a este intento sería la de prohibir el paso a Indias a estos efectos, siendo extranjeros. Este arbitrio consta del reglamento de libre comercio, haberse tomado ya en favor de las medias y birretes de seda, los sombreros de menos que castor, las cintas de seda, oro y plata; las cotonías de hilo y algodón, pero por desgracia han recaído estas prohibiciones sobre efectos que no han podido imitarse en España, y de esto ha resultado que los que se han fabricado por nosotros no han tenido buen despacho, y los de los extranjeros han doblado su estimación y su consumo. Este desorden ha traído dos males: uno, que se nos haya extraído fuera del reino más cantidad de plata que antes de la prohibición: otro, que así la plata, como el efecto de su procedente, han salido y han entrado sin pagar derechos.
El mismo reglamento de libre comercio deja paso franco a unos renglones de manufactura extranjera que si los prohibiese no habría quien los codiciase, y tendrían salida todos los que se labrasen en España. De esta clase son la almagra, el alquitrán, la brea, el alumbre, el arroz, el atún, el azarcón, botellas vacías, las bujías, candados, cajas, cajetas y cuerdas de instrumentos, cañones de escribir, la carne salada, cera blanca, cola, drogas y medicamentos, esmeriles, espejos, espadas, espadines, espuelas, fideos, frascos, frasqueras, habichuelas, alambre, etc.
Quizás no hay un renglón en todos los de este largo catálogo que no pueda darlo la nación en toda la porción necesaria a Indias y España y tan bueno como el extranjero. Por tanto, si éstos fuesen los prohibidos de pasar a Indias siendo extranjeros habrían tenido sus fábricas mucho incremento en España porque ninguno se expondría a las penas de contrabando por comerciar arroz, cola, botellas, hojas de España, habichuelas, candados, alumbre, frascos, frasqueras, teniéndolos de fábrica española; y la necesidad de estos efectos estimularía el comercio y al artesanado a buscarlos, y a fabricarlos en la cantidad necesaria a España y las Indias. Pero siendo éstos permitidos, y los otros prohibidos, sucede que se despachan con preferencia los extranjeros de la clase de los lícitos y de la de los ilícitos; los unos porque siempre son más baratos, y más curiosos, y los otros porque son incomparablemente mejor

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Tags: Brasil, Chile, conquista, cuzco, Ecuador, el imperio, historia, inca, las provincias, memorias, paraguay

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