Sea cierto enhorabuena que la despoblación de algunas provincias de España no procedía en el año 24 de este siglo del descubrimiento y posesión de las Indias, como quiere don jerónimo de Uztariz en su Libro de Comercio escrito en aquel año; pero tampoco podrá dejar de ser cierto que treinta mil hombres que se han sacado a la nación en los 15 años de comercio libre, sin contar con los que salieron desde el 24 hasta el 78, hacen una falta notable en el campo que tienen abandonados los telares y los talleres. Menos podrá negarse que otros treinta mil vasallos que podrían haber procreado éstos en dichos 15 años tienen despojado al reino de sesenta mil vivientes capaces de industria y de trabajo. Estos sesenta mil hombres trasladados y avecindados en América consumen cuatro tanto más vestuario que si se hubiesen mantenido en España, y esto más se necesita tomar al extranjero para surtir las Indias. Agréguense a estos sesenta mil habitantes de América los demás que han salido desde el año de 24 hasta el de 78 y resultará que aunque la España tuviese tanta población como la Francia le había de haber hecho falta el total de los embarcados para las Indias; y siguiéndose a esta escasez de operarios el mayor valor de los jornales basta esto para que no se aumenten las fábricas y que sus manufacturas sean siempre más costosas que las extranjeras. Ignoramos que algunas de las potencias del Norte con tener provincias y colonias en las indias y ocupar en ellas muchos miles de vasallos no están despobladas en Europa; pero es hecho constante que nunca llegan a tanto número los que pasan a sus colonias como los que van a las nuestras pues ni tienen tantos puertos de salida como nosotros, ni tantos motivos y objetos de interés a trasladarse a ellas como los españoles; más cuando ellos perdiesen tanta gente como nosotros en estas relaciones no necesitan de ella, lo que España, ni tienen tantos destinos en que repartirla. La Holanda y la Inglaterra son dos potencias mercantes y marítimas de grande nombre pero no son igualmente labradoras. La España necesita de tantos hombres para la mar como para la tierra; es una potencia navegante, y criadora; es asimismo de una fuerza militar terrestre en que ocupa muchos vasallos; es de un dilatado número de eclesiásticos y personas religiosas de uno y otro sexo, de ministros, jueces, abogados, escribanos, agentes, procuradores, guardas, visitadores, tenientes, empleados de Real Hacienda, nobles, mayorazgos, cocheros, lacayos, pajes, gentiles hombres, ayudas de cámara, mayordomos, reposteros, marmitones y otros oficios que casi no se conocen en Holanda, ni Inglaterra, y en que se comprende una mitad del alto y bajo pueblo español, que no sirve para las fábricas, ni para las artes. La Holanda saben todos que es el país más estéril, y reducido de toda la Europa, de muy pocas fuerzas terrestres y de menos estudio y estado eclesiástico: por donde le es más fácil emplear doscientos mil hombres en la navegación que veinte y cinco mil los españoles. La Inglaterra no puede criar en su suelo la mitad de los frutos que España; tampoco tiene estado eclesiástico ni tanta tropa como España, y por esta regla le hace menos falta cincuenta mil hombres que dedique a sus fábricas que diez mil que nosotros empleemos. Cuarenta mil personas calcula don jerónimo Uztariz que se ocupan en España en la cría de ganado lanar estante y trashumante; y no necesitándolos para este destino la Holanda ni la Inglaterra, puede aplicarlos a las armas o a la marinería sin dispendio de su industria: es fuera de disputa que por mucha gente que pasen de estas provincias a sus Indias Orientales y occidentales no puede compararse su número con la que va de España a sus dos Américas, Islas Filipinas y Barlovento. Hay tanta diferencia de una emigración a otra como la que hay en la extensión del suelo de nuestras Américas cotejado con el de las otras dos naciones. Si se hiciese una leva general en nuestras Indias de todos los europeos ociosos o que pasaron sin licencia sería preciso por algunos años que nuestros buques de comercio cesasen de conducir carga y se destinasen al transporte. Si se volviesen a cerrar los puertos habilitados, y viniese el comercio a uno solo, renovándose la vigilancia antigua en que no se embarcase ninguno sin licencia del Rey, o de la casa, señalando penas mayores a los transgresores y encubridores no cabría la nación dentro de sus límites en el período de diez años. En cada vasallo que navega para América pierde el Estado una generación de menestrales, ya sea que se queda allá, o ya que se restituya a España. Del que se queda no hay que tratar; y el que se va y vuelve viene olvidado de sus principios por bajos que hayan sido, y de nada está más distante que de aplicarse a un obrador, o de sentar en él a su hijo. Lo cría entre regalos y abundancias, y lo dedica al comercio, o a la iglesia, o a la profesión de alguna ciencia; sus nietos siguen con mayor empeño este camino; detestan más íntimamente los oficios y las artes liberales, aspiran al escalón de la nobleza, y ya es una injuria acordarles que su abuelo, o bisabuelo fue artesano o menesteral.
Esta es la raíz del mal, y no hay que achacarlo a desidia ni a ineptitud de la nación. La nuestra haría lo que hacen las demás si las imitásemos en las máximas políticas. Lejos la España de deber ser calumniada por torpe o por desaplicada, ella puede gloriarse de haber sido la maestra en los tejidos de seda y lana de quien aprendieron las demás naciones. Es una calumnia atribuirle incapacidad o inaplicación. La abundancia de su patrimonio de que tomó posesión de las Américas la hizo negligente de lo que no creyó necesitar. E1 hallazgo de las minas de plata y oro la hizo desprenderse del tesoro de la labranza y de la manufactura. El comercio con las Indias la hizo cambiar de ideas y trocar de oficio; y la libertad que se concedió a este comercio últimamente acabó de destruir sus intereses verdaderos. Este comercio debe no sólo circunscribirse dentro de sus antiguos muros sino estrecharse con un nuevo foso que lo reduzca a menos espacio que el tubo; debe volver a un solo puerto, y cerrarse todas sus puertas a los que no hagan constar las calidades necesarias para entrar a ejercerlo. Es menester que crezcan en el Estado las clases de artesanos y de obreros, y que se disminuya la de los comerciantes que ha crecido con exceso. Mientras abunden éstos faltarán aquéllos. Interin haya pase franco a las Indias han de escasear los labradores, los fabricantes, los artesanos, y los soldados, y han de sobrar caballeros, letrados y mayorazgos.
Esta misma providencia de acotar el comercio y de equilibrar las clases del Estado daría nuevo aumento a nuestra población si se uniese con el cuidado de no conferir a los españoles muchos de los subalternos que no se hacen incompatibles para su buen servicio en los oriundos de aquellas tierras; como por ejemplo, los de todas las Oficinas de Rentas, Tribunales de Cuentas y Cajas Reales en que se hallan empleados un número considerable de europeos. Lo mismo decimos por lo respectivo a prebendas eclesiásticas en conformidad con las leyes del reino que tanto recomiendan esta preferencia. Todos estos empleos se hallan servidos en el día por naturales de nuestra península, a excepción de una y otra plaza de las inferiores; y los de la primera clase todos han sido nombrados por nuestra corte y remitidos a las indias muchos de ellos con toda su familia a costa de la Real Hacienda. Este método al paso que nos despoja de hombres y de familias enteras, daña igualmente, que a nosotros a la población y al comercio de Indias, porque da ocasión a que no teniendo aquellos vasallos donde acomodarse se refugian a la Iglesia, o que quedándose solteros se arrimen al comercio con lo que crece este miembro del Estado más de lo que pide la estatura del cuerpo, o se reducen por necesidad a una vida ociosa y libertina en daño de la República y de las buenas costumbres.
Creemos del mismo modo que si hecha la leva general en indias, cerrando los puertos, renovadas las leyes prohibitorias del paso a Indias, y diferidos los empleos posibles al común de vecinos criollos, se mitigase el rigor en los matrimonios de los hijos de familia, nos sobraría gente para todo y nuestro campo y nuestra industria se restablecería todo lo que se pretende por el libre comercio. Para acopiar muchos frutos y levantar muchos obradores, son menester muchos hombres; y para tenerlos es necesario ponerlos en libertad de que se casen cuando quieran, y quitarles la libertad de que se deserten para Indias. E1 Proyecto del Comercio Libre y la Pragmática Sanción del año 76 producen efectos contrarios a estas dos máximas; el comercio libre nos quita hombres existentes; y las Pragmáticas de los matrimonios nos niegan los posibles. Treinta y mil hombres que nos figuramos haberse ausentado para Indias de quince años a esta fecha, aunque no le demos más que un hijo a cada uno nos tienen despojados de sesenta mil vivientes de ambos sexos, y de la propagación que nos vendría de estos quince mil jóvenes, si hubiesen nacido en nuestro suelo. Pero este artículo requiere particular discusión por ser de todo conocimiento y muy conexo con nuestro asunto:
Хосе Кардьель. Миссии в Парагвае. José Cardiel. LAS MISIONES DE PARAGUAY.
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