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Хосе Кардьель. Миссии в Парагвае. José Cardiel. LAS MISIONES DE PARAGUAY.


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La abundante cría de materias con que hacer un cambio ventajoso con las manufacturas de Europa, es el objeto que debe llevarse la primera atención de nuestro Ministerio; y para obtener esta rica granjería no necesitamos otra cosa que favorecer la agricultura donde se encierran los frutos que nos toman los extranjeros. Toda la nación española aplicada a la labranza y a las fábricas, no es capaz de criar todas las materias de que necesita, ni fabricar todos los géneros que la América consume; porque en primer lugar es limitado su término, y no es a propósito su clima para toda especie de crías. Estos dos obstáculos son invencibles por naturaleza, y han de traer siempre a la España dependiente del extranjero. Tampoco puede la España imitar idénticamente las manufacturas de ciertas provincias extranjeras, como por ejemplo, los lienzos de la Normandía, los tejidos de pelo, las obras de punto, y otros muchos que son de necesidad indispensable. Aunque dentro de la Francia no se puede fabricar lo mismo en un lugar que en otro; y cada uno se reduce a fabricar lo que le es más proporcionado a la calidad y situación de su suelo y cielo. Las fábricas de medias de España nos suministran otro desengaño semejante. Véase lo que se ha trabajado en este ramo por igualarlo con el estado que tiene en Francia, y cotéjense las obras de Nîmes con las nuestras.
Ningún ramo se ha fomentado más que éste de 20 años a esta fecha. E1 es uno de los más fáciles, menos costosos, el más protegido, y el menos dependiente del clima y del terreno. Para empeñar a los fabricantes en su profesión se prohibió la extracción de medias de Francia para el Perú con lo que se aseguró a los fabricantes el pronto y buen despacho de cuanto trabajasen aunque llegasen a hacer 20 docenas cada año. La seda de que usan ambas naciones en sus medias es de una misma cosecha y los telares son iguales. En medio de esto, es infinita la diferencia en el precio, en el lustre y en la duración. En todas tres cosas aventaja la media de Nimes a la de España; la más rica que va alas Indias se compra por tres y medio o cuatro pesos y estas mismo vale dentro de Barcelona la media de primera; en el lustre no hay qué decir porque no hay cotejo, y el más patriota español solicita un par de medias de Francia para el día que pretende ir más decente; y en cuanto a duración todos saben que la media francesa sufre muchos lavados sin perder de su buena vista cuando las catalanas no se mojan una vez sin quedar deslucidas e inservibles. Lo mismo sucede entre los reinos: la Francia jamás ha podido igualar las bayetas, las sargas, los duraix y los demás géneros de pelo y lana, ni las mercerías y quincallerías de Inglaterra. Tampoco esta nación con ser tan émula de la Francia ha podido imitar los géneros de seda ni los de plata tirada en blanco y dorado; y se distinguen notablemente los que se maniobran en una parte de los de otra, aunque se labren en una misma materia y forma. Los sombreros de Marsella se distinguen notablemente de los de Lión; y los de París aventajan considerablemente a los de estas dos fábricas; pero con esta especialidad que los castores de París exceden a los de Lión, y los medios castores y los de tres cuartas de castor de fábrica de Lión exceden en mucho a los de París; de forma que fabricando ambas ciudades un mismo género, cada una excede y es excedida respectivamente en una de las especies de su comercio; y ambas exceden a Marsella en lo mismo en que aquellas son inferiores entre sí; y París, Lión, y Marsella exceden en sus sombreros a los mejores que se fabrican en España.
Habiéndose conducido a España de Inglaterra, Holanda y Francia a expensas del real erario, fabricantes de paños y tejidos de seda, ni unos, ni otros pudieron lograr que se equivocasen con los de sus respectivas provincias, ni que hubiesen adelantado más que de lo que habían adelantado los españoles siendo auxiliados en la misma forma; de donde parece probarse que no sólo está ligada al talento la perfección de ciertas obras, sino que lo está igualmente al clima, o al terreno.
Estas altísimas e inescrutables disposiciones del Hacedor de los hombres encaminadas a vincularlos y apoyarlos mutuamente vuelven inútiles todos los conatos que empleemos en vivir independientes. Pero con sólo suponer que nos son precisos 20 millones de pesos sencillos anualmente para abastecer la América de manufacturas y frutos de las tres partes del mundo hemos de conocer que ni se pueden criar ni maniobrar en este reino, si no se dilatan los términos de su territorio, y se multiplican los obreros y después que tuviésemos uno y otro nos faltaría clima aparente para algunas de las crías y maniobras por no ser el nuestro a propósito para todas.
A esta empresa si llegásemos a intentarla se seguiría necesariamente el abandono de la agricultura, por cuyo medio logramos surtir a los extranjeros de las materias, primeras que ningún otro suelo de Europa puede producirlas semejantes; y por hacernos fabricantes olvidaríamos la labranza, y este olvido nos obligaría a buscar fuera lo que tenemos dentro del reino en más abundancia y valor que ninguna otra nación, y no pudiendo al fin ni imitar exactamente las maniobras, ni criar lo necesario para ellas vendríamos a perder lo que tenemos y poseemos, por quererlo abarcar todo.
Convengamos, pues, en que es una verdad demostrada que no basta la población actual de la Península para la fábrica de 20 millones de efectos; que no es capaz el terreno que ocupamos de criar toda la materia precisa para aquellas labores; que no es posible contrahacer todo lo que se trabaja en las tres partes del mundo y que dejaríamos sin surtimento a estas mismas de lo que necesitan de España y de América si lo consumiésemos nosotros todo; y en esta virtud nos será preciso concluir que el proyecto de independencia en que se quiere poner a la España, es absolutamente impracticable en nuestra constitución actual, y principio capaz de unas revoluciones en toda la Europa que nos obligase a tener siempre las armas en la mano.
Si no tuviésemos otro modo de vivir más seguro que el de la pura maniobra, como sucede a las naciones del Norte, sería bien que nos empeñásemos en ir venciendo las dificultades que arroja aquel proyecto (si es que son superables) y que por buscar nuestro provecho, desatendiésemos sin ofensa el extraño. Pero cuando la sabiduría del todopoderoso, repartiendo entre sus criaturas los bienes de la tierra, hizo a la España el mayorazgo del mundo, y dio a sus habitantes una posesión que hace dependientes de sus producciones a los demás herederos de esta común madre, no vemos a la verdad qué razón justa puede movernos a desear lo que no tenemos con pérdida de lo que poseemos exclusivamente. Sin contar con las Américas que es un segundo mayorazgo que agregó Dios al primero, con sólo nuestro terreno actual, tuvimos lo bastante hasta el siglo XVI para vivir y para costear la conquista de aquel medio globo y las formidables guerras que le precedieron. En el día sin tener que recurrir al arbitrio de las fábricas, con sólo el manejo privativo del comercio de las Indias, nos sobra todo; y seremos los más ricos del mundo si queremos fomentar las crías de que son capaces estos dos reinos. Críese en uno y otro, todo lo que es posible a ambos. Júntense a las lanas de España, los linos, los cáñamos, y el algodón que puede venir de América, límpiese, cárdese, hílese, y désele en España la primera forma (sin que pueda extraerse en otra) y no nos apuremos por las fábricas. E1 fomento de estos dos ramos de cría nos pueden dar unas ganancias indefectibles, y una ocupación continua a todos los vasallos de esta monarquía, sin quitar a otras el útil de la manufactura. Nosotros poseemos el terreno que ha de dar lo que aquellas han de labrar; y nosotros no podemos criar y fabricar a un tiempo. Tenemos asegurada una venta lucrativa de todo cuanto críe la América y la España, aún cuando se acerque a 15 millones de pesos y nosotros poseemos privativamente el derecho de revender con grandes ganancias estas mismas manufacturas extranjeras. Vendiendo nosotros a los extranjeros todo el sobrante de la cría de España y de América, hacemos una ganancia considerable, y podemos dar ocupación a todos nuestros obreros; comprando, o permutando después estas mismas producciones ya labradas, logramos una segunda ganancia; y revendiéndolas en indias conseguimos la tercera. Demás de esto es también de nuestra particular propiedad el ramo de los fletes, el de los seguros, el de la comisión, y el de los premios marítimos, o de gruesa ¿pues qué más necesitamos?

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Tags: Brasil, Chile, conquista, cuzco, Ecuador, el imperio, historia, inca, las provincias, memorias, paraguay

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