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Хосе Кардьель. Миссии в Парагвае. José Cardiel. LAS MISIONES DE PARAGUAY.


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En este mismo período hemos sostenido tres guerras formidables. La del sito de Gibraltar declarada en el año de 79. La de los indios alzados en Arequipa, Tinta, Azangaro, el Cuzco, Puno, La Paz, Sicasica, la Plata, Oruro, Paxia, Cochabamba, la que actualmente está encendida con la Francia, tres años antes de la primera tuvimos la desgracia de perder en el desembarco sobre Argel, el número de hombres que es bien notorio. En el Puerto de Santa María perecieron muchas almas. Sobre Orán acabamos de sufrir una mortandad horrorosa; y las epidemias, los terremotos, los incendios, las inundaciones y los naufragios nos están disminuyendo la población continuamente. Con que añadiendo a los muertos el número de 30 emigrados a la América en estos quince años, ¿quién se persuadirá que difícil será el probar que esta falta no ha sido capaz de influir mucho en el atraso de nuestras fábricas?
La espantosa mortandad que causaron los indios de Perú en sus diferentes rebeliones fue todo daño para nuestra Península; porque todo el furor de aquella gente tenía por blanco al europeo. De ellos fueron las casas que incendiaron, los bienes que robaron, y la sangre que corrió en arroyos en los pueblos y ciudades de Oruro, Sicasica, Paxia, Tinta y el Cuzco. Los regimientos de Infantería veterana que pasaron de España a Lima y Buenos Aires a sosegar a los rebeldes se quedaron allá tan así enteros que restituidas a España sus banderas, especialmente la de Burgos, Saboya, Soria y Extremadura, fue preciso levantarlos de nuevo con nuevos labradores y artesanos.
Todo ha sido pérdida para la Nación en la última y penúltima década de este siglo. Ninguno ciertamente ha contado tanta mortandad de españoles desde la toma de Granada; y como estas pérdidas no tienen más que reemplazo que por los matrimonios, y éstos se han dificultado por el establecimiento que se ha establecido en la Pragmática Sanción de 23 de marzo del año de 76, ni igualan las entradas a la salida debiendo ser al contrario.
Conocemos desde luego que el comercio libre no sería un establecimiento indiferente al beneficio, o al progreso de la industrias, si esta misma libertad estuviese exenta de inconvenientes; pero la absoluta libertad con que ha corrido, es el mayor obstáculo que se ha opuesto a nuestras fábricas. E1 comercio libre les da vigor, y el mismo comercio se lo quita, y las destruye. Un comercio franco y abierto desde nuestros puertos a los de indias, ofrece dos ventajas al fabricante; preséntale mayor número de compradores a sus manufacturas, a menos costa, y ofrecerle de primera mano el añil, la grana, los palos de tintes, el algodón, la lana, etc. y haciendo de estos dos comercios dos ganancias puede adelantar, y mejorar su giro. El fabricante y el artesano, a diferencia del labrador, habitan las ciudades principales que siempre lo son las de los puertos de mar, y proporcionándoles esta vecindad, amigos y valedores, les da mayor facilidad para hallar quien los habilite, para acercarse a las aduanas para civilizarse interior y exteriormente, para hacer una compañía, y para desprenderse de una porción de sus manufacturas y echarlas a que corran su riesgo por el agua. Pueden cambiar aquéllas por las primeras materias que lleguen de América a sus puertos, y pueden comprarlas al fiado, o al contado, y siempre con alguna conveniencia. Todo esto puede ser así y por lo mismo creemos que si nuestro comercio con las Indias conservase su opulencia y su verdor sería muy útil al fabricante tener cerca de su telar puertos habilitados para el comercio que le condujesen a Indias sus tejidos y les presentasen los materiales en primera mano. Pero si los comerciantes de la mejor práctica, si los más acaudalados, si los que han navegan personalmente con sus efectos, si los que se han criado con este ejercicio y tienen medido el terreno apenas se costean en el día, ¿qué quedará al sencillo fabricante que sin dejar su telar de vista pretende negociar por un factor? Hará una remesa, y ésta será la última. Perderá su capital y no volverá a levantar cabeza. Ganará acaso un tanto por ciento pero tan corto que al pie de fábrica lo habría ganado igual. Un comerciante de profesión, tomará de este mismo fabricante una cantidad de tejidos, y conduciéndolos a Indias de su propia cuenta podrá ganar un 3% donde el fabricante que haga este mismo trato pierda un seis. El comerciante inteligente a diferencia del simple fabricante surte una factura de 50 piezas de principal con efectos de muchas clases y con distintas especies: si pierde en unos, gana en otros; si en una apenas se costea, en otro dobla el capital: si a uno, no encuentra salida lo cambia por otro: si no puede esto le da en pago de una dependencia: y con estas industrias y economías compensa uno u otro quebranto, y trae su balanza al fiel. El fabricante que sólo hace remesa de los efectos de su telar, y que no sale de su casa, carece de todos estos arbitrios, si no consigue hallar la plaza desproveída y necesitada de sus manufacturas, tiene que malbaratarlas; si gana alguna cosa, se le va el provecho en los gastos y desperdicios a que lo sujeta la mano ajena: y para venir al caso de hacer un embarque necesita traer su caudal por las Indias dos o tres años, correr el riesgo de una quiebra, de un naufragio, y buscar dinero a interés mientras le llega su socorro.
Todas estas pensiones tienen que sobrellevar el que negocia en Indias; y si son tolerables a un comerciante, que o las compensa con sus adelantamientos, o sabe el modo de sortearlas para un artista, o un fabricante que sólo entiende de lo que maneja, todo esto es un caos de confusión, y un quebranto irreparable. Por regla general el salir los hombres de su esfera y remontarse a una región no conocida siempre da materia para el arrepentimiento: y como tampoco son iguales los talentos de los hombres, es común que prosperen unos donde otros peligran, por no ser dado a todos el hilo de oro que halla la salida a los laberintos.
Esto es puntualmente lo que sucede en la práctica. Las especulaciones hechas sobre el bufete y delineadas al antojo engañan con facilidad y cuando vamos a tocarlas con la mano para ajustarlas a sus quicios nos damos con el desengaño en los ojos.
Acerquémonos a la prueba, examinemos a nuestros fabricantes, y sepamos de sus bocas por qué no hacen el comercio directo con las indias, y ellos nos repetirán lo que acabamos de escribir. Ellos nos dirán que les bastaría intentarlo para empezar a sentir quebrantos. Dirán que esto es propio de los comerciantes que lo entienden, y que a ellos está bien no salir con sus deseos, fuera de las paredes de sus casas. Quedemos pues de acuerdo en que siendo verdad que el comercio libre podría ser de momento a nuestras fábricas, le es muy perjudicial en su actual constitución, en fuerza de la excesiva confluencia de mercaderes y mercaderías que ha hecho desaparecer toda ganancia, y conozcamos por la verdad que un comercio limitado y restringido como e1 antiguo que dejaba un tercio de ganancia al mercader, es el arbitrio cierto de que florezca la industria y la agricultura; pero debemos creer al mismo tiempo que si las fábricas no han florecido lo que se desea, no es por falta que haya tenido, del libre comercio, sino por embarazos propios del país que no admiten remedio, ni conviene (acaso) que lo tengan. Expondremos con brevedad lo que sepamos decir en esta materia, sometiendo nuestro juicio al que sea más acertado.

Se demuestra que no es posible fabricar en España la mayor
parte de lo que necesita para su consumo y el de las
Américas. Que trae inconvenientes el extender demasiado
nuestras fábricas; y que no son necesarias absolutamente
para la opulencia del comercio y la nación, ni para el
ahorro de nuestra moneda

Los que pretenden fundar en el fomento de nuestras fábricas, la utilidad principal de toda la España parece que levantaron sus cálculos sin computar rigurosamente la porción de obras que podían hacer en cada año nuestros fabricantes artesanos, y sin cabal idea de las causas que se oponen al logro de este proyecto. No parece que tuvieron presente que si la Península fuera capaz de llenar el cargo de 26 millones de piezas que consumimos y negociamos en Indias todos los años sería necesario para sacarlos de la Nación descuidar la agricultura y salir a comprar fuera las materias primeras, que ningún otro suelo de Europa las puede producir tan apreciables ni en tanto número. Parece que no ajustaron debidamente que aunque no aspirásemos a otra cosa que a copiar la mitad de aquellos 26 millones (que es absolutamente imposible) sucedería que consumiéndolos en nuestros telares, vendría a faltarnos materia para hacer el cambio, y pagaríamos en plata los 13 millones que recibiésemos de afuera.

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Tags: Brasil, Chile, conquista, cuzco, Ecuador, el imperio, historia, inca, las provincias, memorias, paraguay

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