males en que abunda la campaña y de su origen y medio
de precaverlos; de la negociación de sus cueros y de las
ventajas que sacaría de esta reforma el Estado, la iglesia,
comercio etc.
Desde el año de 1508 en que a consecuencia de la bula de Alejandro sexto de 4 de mayo de 539, y de la concordia firmada en Tordesillas en 7 de junio de 94 por los reyes católicos y por don Juan el segundo de Portugal, tomaron solemne posesión de todas las tierras que baña el Río de la Plata Juan Díaz de Solís y Vicente Yañez Pinzón por la corona de Castilla estuvo sin poblarse la ciudad hasta el año 1535 en que pasó con este encargo al adelantado don Pedro de Mendoza. Muy desde los principios de esta empresa se echó de ver que faltaban en su continente los precisos utensilios de leña, carbón, maderas y ganados, y éste los hizo escoger para proveerle en lo primero y para la cría en lo segundo. La banda septentrional del Río de la Plata. Abstuviéronse con este objeto de formar allí poblaciones extendidas que pudiesen ahuyentar la cría del ganado, y emprendieron en el año de 1554 hacer conducir de España ganado vacuno que alimentándose de aquellos copiosos pastos, y vagando con libertad y quietud por tan inmensos terrenos se propagase hasta dar abasto con sus pieles al comercio de cueros de toda la Europa, y levantar un ramo de comercio activo que diese de donde subsistir a aquellos nuevos pobladores.
El ganado navegó con efectos a Montevideo; y habiéndosele agregado otra porción que se condujo de la provincia de los Charcas vieron logrados su proyectos los vecinos de Buenos Aires: Fueron tan abundantes las crías de aquellos animales, sobre un espacio de tierra inmensurable cubierta de pastos, y penetrada de agua por todas partes, que en breve se vió habitada de vecinos la ribera del río, inducidos del interés de los cueros y de las faenas de salazón, grasa y sebo, con que entablaron otros tantos ramos de comercio. El cabildo de Buenos Aires fundó una renta a favor de sus propios en las licencias que concedía a sus vecinos para pasar a la otra banda a hacer matanzas de ganado; siendo ésta en aquellos tiempos más sencillos la única formalidad con que se entraba a la campaña a disfrutar de su riqueza; pero ya fuese porque en una época tan coetánea al descubrimiento de la América, no había suficiente número de embarcaciones a que dar salida a todos los cueros posibles de faenar, o ya porque si se verificaban, o supercrecían las porciones del ganado a su mortandad, o ya más bien porque las matanzas se hiciesen con discreción y con medida reservando a las vacas, y el terneraje para que no se aniquilase la especie, era tanta su abundancia que llenó el campo de animales, inundaban hasta las mismas orillas del mar hacia los puertos de Montevideo, Maldonado, los Castillos y costas fronteras a la laguna Merín.
La fama de este tesoro sugirió a las potencias extranjeras la codicia de una cosecha tan abundante en su especie, como lucrativa en su comercio; y sin respetos a tratados ni a leyes se dejaron ver hacia aquellas partes embarcaciones llenas de ingleses y holandeses con la mira de saquear el campo, valiéndose para este arreglo de la distancia de Buenos Aires, donde residía el gobernador, y de la falta de naves para seguir y castigar unos ejércitos ladrones. Sin embargo luego que tenía noticias de alguno de estos desembarcos el gobernador de Buenos Aires despachaba tropa por tierra, y obligaba con las armas a que se retirasen los piratas, y dejaba limpio el campo.
No podían ser los que más durmiesen los vasallos de la corona de Portugal, que dominaban el Brasil, y veían desde sus posesiones la abundante producción de las nuestras; y aunque se contentaron al principio con algunas correrías a la ligera, de que salieron escarmentados siempre, la misma indefensión de las riberas de aquellos campos, y la inmediación del Brasil, los determinó de tentar nuestras fuerzas, situándose de improviso en la costa septentrional de Buenos Aires en frente de la isla de San Gabriel, con no menor proyecto que el de tomar posesión de aquel continente y guarnecerlo a satisfacción levantando una especie de fortaleza, que denominaron colina del Sacramento.
Con efecto salió por mar del Río [de] Janeiro en fines del año de 679 el gobernador de aquella plaza Manuel Lobo, comboyado de diferentes embarcaciones, cargadas de tropas, artillería, municiones de guerra, y de artífices, y operarios, que llenase el objeto de la expedición, y desembarcando en la orilla opuesta a Buenos Aires, se establecieron en ella furtivamente en principio del año de 680, turbando de este modo inaudito y clandestino, la quieta posesión de un príncipe amigo, que la tenía desde el año de 496, y habitada de sus vasallos, de más de siglo y medio antes de aquella invasión.
Desde esta fecha podemos asegurar a Vuestra Excelencia que se halla pensionada la nación española, a estar con las armas en las manos contra sus amigos y vecinos los portugueses, sin que los enlaces por sangre de estas dos coronas hayan logrado poner la paz entre ellas. Ciento y catorce años de guerra (más o menos declarada) pero siempre perjudicial a la España, contamos hasta hoy desde aquella época, sin haber adelantado otra cosa que reforzar a nuestro contrario por medio de unas cesiones muy considerables que ha sabido negociar en los apuntes y tratados a que repetidas veces hemos venido, huyendo de un rompimiento; y cuando uno solo habría sido suficiente a reconquistar nuestras posiciones usurpadas por aquellos, y a descartarnos de un vecino, muy antiguo y muy interesado de estarnos incomodando hemos estado sobrellevándolo el espacio de ciento catorce años para que la larga posesión en que los ha tolerado el sufrimiento los haya hecho entrar en presunción de señores.
Sería interminable este papel si hubiésemos de dar aquí la historia de todas las hostilidades, insultos, deprecaciones y guerras vivas que hemos sostenido a los portugueses por desposeernos de aquel territorio; y cuando nos fuese posible numerar los rompimientos a que nos han obligado, y las diferentes conferencias y tratados a que nos hemos reducido, ya en Badajoz, y Velez, ya en Paris, ya en Utrech, y ya en la misma corte de Roma, nunca podríamos calcular las invasiones hechas en nuestro campo, ni los robos ejecutados en nuestro ganado.
El tratado provisional del 7 de mayo de 681 fue el primer armisticio en que se convinieron las dos potencias, de resultas de haber demolido y tomado por asalto el gobernador de Buenos Aires, don José Garro, la colonia de Sacramento, y hecho prisioneros de guerra a los portugueses que la de-fendían el 7 de agosto del mismo año de 680 en que habían pasado a establecerla. Pero esta primera composición efectos de una guerra sangrienta sobre la colonia, fue también un título de adquisición a favor de los portugueses, que los puso en derecho de ir ganando dominio sobre nuestros campos. Una nación expulsada de esta manera y hecha prisionera en los habitantes de aquella fortaleza, logró merecer de la magnanimidad del monarca español que quedase depositada en sus manos la colonia de que fueron arrojados y que pudiesen hacer reparos de tierra para cubrir su artillería, y abrigar sus personas, sin perjuicio ni alteración de los derechos de posesión y propiedad de una y otra corona, y con calidad de que los vecinos de Buenos Aires habían de tener el uso y aprovechamiento del sitio, labores de sus ganados, madera, caza, pesca, y carbón como antes de que en él se hiciesen la población de la colonia, y conviniendo de ambas potencias en nombrar comisarios en el término de dos meses que determinasen dentro de tres la controversia suscitada, y el de hacer de ocurrirse a Su Santidad en caso de discordia dentro de un año, quedó acabada la primera guerra al año siguiente de haberse comenzado.
Veinticuatro años hicieron durar los portugueses en sus manos un depósito que según lo convenido debió durar cinco meses; porque temiéndose de la decisión del Sumo Pontífice (a quien ocurrió la corte de España) después de haber tenido sus conferencias los dos comisarios nombrados, sin haber concluido cosa alguna jamás, quiso la corona de Portugal disputar persona que representase en Roma sus derechos, y dejó pasar el año prefijado para la decisión de la discordia, frustrando sin temor la expectativa de nuestra nación, y la interposición de Su Santidad.
A1 cabo de los 24 años de aquel depósito, sin esperanzas de que la corona de Portugal descendiese a ninguna avenencia pacífica, viéndola repetir sus entradas por los campos litigiosos, y violando cubiertamente los tratados de alianza, fue preciso declararle la guerra en el año de 1704, y habiéndose verificado ésta con la felicidad acostumbrada de nación a nación, quedó luego al siguiente año del 705, conquistada de nuevo la colonia del Sacramento, siendo gobernador de Buenos Aires don Alonso Valdés.
A los once años de esta conquista, y de tener a nuestro mando la colonia, volvió tercera vez al de Portugal por el tratado de paces de Utrech celebrado entre ambas potencias el año de 715.















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