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Хосе Кардьель. Миссии в Парагвае. José Cardiel. LAS MISIONES DE PARAGUAY.


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Siguióse a la pérdida del Río Grande la publicación del comercio libre; y estas dos novedades mudaron enteramente la faz y la constitución de aquel comercio. Con la entrada de los portugueses en el Río Grande, emprendieron plantar estancias en nuestro terreno poblándolas del ganado que nos robaban y saliendo al mismo tiempo providencia del señor Vertiz a favor de los indios guaraníes, se vieron caer sobre el campo tres especies de ladrones a saber portugueses del Río Grande, indios guaraníes y españoles changadores.
Luego que los vecinos de Montevideo abrieron los ojos y vieron que el portugués, el indio y el changador se iban arrebatando una heredad que ellos habían estado en posesión de saquearla por sí solos, pusieron pleito a los indios, y se acordaron que eran estancieros unos hombres que acaso no sabían adónde moraba su Estancia.
Progresaba entretanto el comercio libre con increíble rapidez, y esto que era un estímulo a la codicia para acopiar más y más cueros, apuraba a los portugueses para trasplantar a sus campos a aquella simiente antes que se extinguiese, con lo que mejorado tanto más para el partido de los changadores, consiguieron verse sobre un campo abundantísimo de mies, cercado de dos compradores que a porfía les quitaban el fruto de las manos.
Encarecióse el cuero como era regular, incrementáronse los jornales de la faena, retiróse el ganado de las inmediaciones de Montevideo, creció el valor de los fletes, y sólo se vió envilecerse el delito en aquella revuelta de cosas.
Nació en esta misma época el impuesto del ramo de guerra en Montevideo, donde no se había conocido jamás; se concedieron leguas de tierras por centenares a los denunciantes; hicieron éstos el estanco que hemos dicho de los cueros, y con este monopolio con el gravamen de los dos reales, con el ahínco de los portugueses en poblar estancia con las atroces mortandades de los changadores, con el crecimiento de buques y compradores, con las baquerías de los indios, y con tanta mezcla y confusión de males y desórdenes, subió el valor del cuero hasta 18 y 19 reales, y llegó el del flete a 20 en tiempo de paz y sin cargo de averías. Bajó entretanto el precio de los cueros en España, y debiendo crecer a proporción las ganancias que dejasen las mercaderías en Buenos Aires sucedió tan al contrario que se vieron obligados los cargadores a desprenderse de sus facturas por un 10 y por un 12 por ciento menos del principal con lo que ha sido preciso dar de mano al comercio de Buenos Aires para no ir disminuyendo el fondo atesorado. Cual haya sido el origen de este trastorno, no parece, que no podría negar el que lo examine imparcialmente haber dimanado de la absoluta libertad conque se hace el comercio de Indias desde el año de 78. E1 abuso que ha hecho el comercio de esta libertad, lo ha reducido a la más miserable esclavitud. Esta libertad de comercio sin límite de todas partes, y sin balancear la extracción con el consumo, ha inducido la abundancia de los efectos de, la Europa con vilipendio de su estimación, y ha llevado a las Indias el excesivo precio de sus frutos. Esta libertad ha alterado la balanza en tales términos que en vez de salir para España toda o la mayor cantidad de plata que se labra en sus casas de moneda, se queda rezagada una mitad o dos tercios que no aprovecha para nadie.
Publicóse la paz con Inglaterra en el año de 82 y a los dos años de esta época en que cogió el comercio sus primeros frutos, creció tanto el número de las expediciones, y de los nuevos comerciantes que consiguieron extinguir las utilidades y no escarmentando todavía con la pena de ver sin fruto su trabajo, continuaron sus expediciones hasta encontrar con la pérdida de sus capitales.
No parece sino que se llevaba por objeto hacer mejor la suerte del americano y aniquilar al europeo. El hacendado y el vecino de América vinieron a hallar sus Indias en España, y el español se vió reducido a un sirviente del hacendado y del vecino. EI hacendado vio crecer el valor de su mercancía desde 6 reales a que vendía el cuero ahora 20 as. hasta 18 y 19 reales a que hoy se vende a porfía; y al mismo paso que ha subido la estimación de su hacienda más de un trescientos por ciento han bajado un 30 por ciento los efectos de Europa que necesitan consumir el hacendado y el vecino; de forma que es sin comparación lo que ha mejorado su causa el hacendado con lo que ha desmedrado la suya el comerciante. Este compra caro, y vende barato; aquél al contrario vende caro y compra barato; aquél es solicitado y rogado para que venda dentro de su misma casa; éste sale por la mar a 2 leguas de la suya y galantea al consumidor para que le compre. El uno se vuelve por el mismo camino y por los mismos riesgos con una escasa ganancia, o con una pérdida positiva, y el otro sin haber perdido su descanso se queda en su domicilio con un 200 por cien de ganancia. Las resultas de este trastorno han sido las de dejar de pasar a España una mitad o dos terceras partes de la plata que pasaba en tiempo del antiguo sistema. Porque esta misma cantidad empezaron a valer menos en América las manufacturas, y efectos de la Europa que conducían los vecinos españoles; y quedando rezagado este caudal en poder del vecindario americano hace falta al círculo del comercio y a la contribución de Reales derechos.
Ha resultado que se despoblase más aprisa nuestra Península por que el negociante que había malogrado su expedición o perdido de su capital no volvía más a España acaso sin detenerse en el abandono de su mujer y familia; otros halagados de los mejores arbitrios para negociar que ofrecen los frutos del país mudaron de fijo y dejaron el comercio del mar por el de tierra y se quedaron en aquella banda.
Ha resultado que con la abundancia y la baja estimación de todos los menesteres de la vida subiese el valor de la moneda porque hoy se compra por un signo de plata lo que en otro tiempo costaba dos; y este mayor aumento hace que se solicite o desee menos. La alta y baja de la moneda (que son las dos balanzas que reglan el fiel de la negociación del mineral) es la causa de que suba o baje la saca de los metales y que se disminuyan o incrementen estos importantes trabajos; cuando el comercio está floreciente arrastra para sí la plata en forma de torrente; y cuando desfallece o cae de su estimación se empoza la plata y circula más entre los beneficiadores de este metal. Por consiguiente crece su valor, y cesa la necesidad de solicitarla en las entrañas de su mar.
Ha resultado que el comercio se ha abandonado enteramente porque el abuso que se ha hecho de su libertad lo ha puesto semejante a una viña esquilmada que sólo mantienen sus cepas aquella porción de fruto que le ha dejado el descuido de los obreros, o parecida al haza de trigo recién segada que sólo conserva un corto número de espigas a quienes perdonó por flacas la hoz del segador; y únicamente pasan a negociar a las Indias cuatro pobres mancebos aburridos que o hacen el comercio sobre sus hombros o debajo de un toldo en las plazas; y esta carrera antes la más brillante, han venido a profesarla unos hombres despechados, que por caminos delincuentes y de mala fe pretenden reintegrarse de las ganancias que no les puede dar un comercio paladino. Y lo más cierto es que el comercio de indias ha venido a quedar en manos de los vecinos de América por medio de cuatro factores que nombran a España; y todo el provecho del dominio de las Indias se halla reducido en el día al comercio de fletes y a los derechos reales de aduana. Ya no vemos en el gremio del comercio aquellos hombres sólidos, honrados y económicos que se criaron a nuestros ojos desde la traslación del comercio de Cádiz hasta la extinción de las flotas. Hoy no se ven en el comercio más que jóvenes, sectarios de la vanidad, del lujo que hacen un comercio mendicante o a jornal, pujándose los unos a los otros el precio de estos pequeños acomodos, sin que ninguno adelante otra cosa que lo preciso para su sustento. Unos mozos faltos de arrimo, que se alquilan por un tanto a pasar a las indias, o expender una factura por menor o a capitanear una embarcación. Mozos que por un triste salario se ciñen a pesar y medir detrás de un mostrador. Mozos en fin que nunca pueden salir de la esfera de subalternos, ni arribar a una fortuna brillante e independiente como lo lograron sus antecesores.

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Tags: Brasil, Chile, conquista, cuzco, Ecuador, el imperio, historia, inca, las provincias, memorias, paraguay

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