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Хосе Кардьель. Миссии в Парагвае. José Cardiel. LAS MISIONES DE PARAGUAY.


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Para el logro de esta importante idea hay muchos recursos, pero dejando los que hacen menos a nuestro intento, es uno de aquellos el dar fomento a la cría de frutos de indias, y al aumento de su vecindario. Una nueva colonia de numerosa población, ocupada en la cría de diferentes producciones y obligada a consumir las del suelo de Europa, ofrece dos granjerías del mayor provecho. Ella aumenta con seguridad el despacho de nuestras mercaderías; y nos proporciona con abundancia y comodidad la extracción de lo que necesita la Europa de la cría de aquel terreno. Todo es ganancia para España; todo cede en beneficio de la nación. Mientras más salida tengan las cargazones de sus naves, más compras al extranjero, y esto más se mejora el comercio de encomienda o factoría y el de corretaje en las plazas de nuestra Península. Duplica el erario Real, la renta de las alcabalas y almojarifazgo de entrada. Da mayor fomento a la navegación, a la marina mercantil, al comercio de fletes; al de seguros, y al de cambio marítimo. Crece el ingreso del fisco en indias a proporción de lo que sube el valor de lo que se transporta. Suben las alcabalas de todo lo que se vende allí en cambio de las mercaderías, y vuelto a retirar para España el producto de lo vendido o cambiado, vuelven a disfrutar sus porciones, respectivas los ramos, de fletes, seguros, premios, corretajes, factorías, etc. Y lo más apreciable de todo es que se logra sacarle a la América todo su sobrante y amortizarlo en España en plata física, sin que la nación esté gastando de su fondo atesorado no dependa la Metrópoli de sus colonias, como está sucediendo, no sin peligro inmediato de que la señora de las provincias llegue a ser tributaria de la que debe ser su vasalla.
Pero no lo hemos dicho todo. El levantar una república de hombres labradores que se dediquen a criar todos los frutos posibles para darlos a los extranjeros en cambio de sus manufacturas, y que quede en la Península la mayor parte del producido de nuestras seis casas de moneda, es un provecho de más importancia que lo que sabemos explicar.
Un solo millón de pesos que se registre de más para las Indias y que se retorne uno y medio de frutos que ahorra la extracción de otro tanto en plata; y ésta que queda en el seno de la nación, da un vigor exquisito a su comercio y aumenta la agricultura en Indias. Y cuando de esto pueda resultar que los extranjeros suban de precio sus manufacturas, más crecerán las alcabalas, más valdrán aquéllas en América y esa más plata le sacaremos.
Los americanos se verán precisados a vendernos más baratos sus frutos desde que estos sean copiosos; y los españoles seremos árbitros en venderles con nuestras ventajas, siendo ellos más a consumir; ellos no sólo se multiplicarán en el número así que sean congregados por familias, sino que se uniformarán en el traje con el común de los americanos españoles y se avergonzarán de andar desnudos. Del vestido honesto y llano, pararán al vistoso y al de moda, y en el discurso de veinte años, vendrán los nuevos colonos de la campaña a equivocarse en el exterior y en las costumbres con el resto de sus compatriotas.
Estos no se diferencian de nosotros en otra cosa que en gastar un lujo más fino o más brillante; y el menos aseo o limpieza a que obliga allí la servidumbre de los esclavos, hace preciso un doble repuesto de ropa, y muebles para sostener la decencia respectiva. Luego que los campestres se civilicen y tornen gusto al provecho de la agricultura, admitirán el traje, y los estilos de las capitales, y así que se identifiquen todos en el vestuario, nacerá la emulación entre unos y otros, y será igual en ambos el buen porte en las personas y el ornato de las casos; al paso en que en el día ni andan vestidos, ni duermen bajo de techado.
Para el logro de esta idea está negociada la mitad con ser de color blanca toda la población que habita en estas campañas y libres de condición. Estas dos calidades le dan reputación de españoles, aunque no lo sean todos; y esta opinión los tiene en la de poder ser iguales a nosotros en todo lo que se alcanza por dinero. Así se ve que el que lo tiene de esta gente viste con aseo y que aspira a presumir de español rancio desde que se ve vestido al uso.
Si la nueva república de que tratamos se hubiese de componer de menos indios, o de las castas serviles, de negros mulatos, zambos y chinos, quizás sería imposible hacerlos vestir a nuestro estilo; porque ellos adoran sus costumbres y gustan poco de imitar a una nación a que no aman. Los segundos caminan por sendas opuestas, como antípodas que son de los primeros; pero como personas miserables, y de la extracción más baja del mundo, nunca pueden remontarse sobre su esfera, y siempre piensan como lo que son. Unos y otros se parecen en el desaseo, y el desaliño en que viven desde que nacen, cierra las puertas al lujo que es el imán del comercio.
Pero una república de gente española brevemente hará un honor de parecerlo. Principiarán por el traje, pasarán al uso de la comida condimentada, levantarán casas y concluirán adornándolas según las fuerzas de sus posibles. E1 comercio aumentará con estas gentes todos sus objetos de negociación. La comida a la española aumentará el consumo de muchos renglones de que no hay noticia en la campaña, o de que sólo se hace un corto uso; tales son los vinos de España, el recoli, el aceite, el vinagre, el azúcar, las menestras, las frutas secas, los medicinales, etc. y al mismo tiempo introducirá el uso del pan, que como no lo gastan no lo siembran, y cosechado en abundancia podría pasar a España en harina para un año escaso, con ahorro de la plata que nos extrae el África en este renglón. Se edificaría la vivienda necesaria en la campaña con respecto a su población; y a la construcción se seguiría el mueblarlas con el menaje que se llevase de España.
Una nación uniformada en el vestido, alimentada a nuestra moda, recogida en casas de ladrillo, instruida en doctrina cristiana, dividida en familias, propagada para el matrimonio, regida por sus jefes, poseedora de un terreno inmenso bueno para criar ganado, excelente para siembra, y a propósito de plantíos, bajo un clima templado a la altura del polo en que está España, y capaz de sus mismas producciones con la ventaja de tener mucha mas cantidad de aguas y abundantísima boyada y caballada para facilitar los transportes, precisamente habría de incitar a aquellos habitantes a labrar sus tierras, a rodear su ganado, a poner ingenios, a salar carnes, a hacer pesca de ballenas, a levantar carretería, a beneficiar el algodón, a criar lanas, y a aprovecharse del tesoro común que brinda aquel terreno.

La dificultad de esta obra sería de grande momento si para establecerla necesitáramos de acopiar familias y transportarlas de un lugar a otro. Esto que fue de tanto embarazo como de costo en la poblaciones de Sierra Morena, haría impracticable en indias el proyecto de que hablamos. En la América escasea como todos saben la gente blanca de humilde condición y ésta vive tan apegada a sus hogares, que no hay necesidad tan extrema, ni conveniencia de tanto tamaño. Idólatras de sus costumbres hasta en lo que entra por los sentidos externos, nada les acomoda sino lo que tienen conocido; y el interés y la curiosidad que a tantos peligros ha arrojado a los hombres, no es tentación suficiente a hacerles perder la posesión de su sosiego. Los indios no reciben estas transmigraciones de lugar a lugar ni las leyes permiten que se ejerciten porque son nocivas a su salud si los temperamentos son diversos. Y el indio no es apto para poblador, no conviene distraerlos del trabajo de las minas. Nuestros españoles europeos apenas alcanzan para cubrir el suelo de la Península; y al fin puestos en Indias son raíces transplantadas que no siempre prevalecen. Así hemos visto que los proyectos de poblar sobre Maldonado y por la costa patagónica con familias europeas, no ha podido tener efecto; y después de privarse la nación del auxilio de aquellas familias han perecido allí las más al rigor de la intemperie o a las penalidades de aquel destierro.
Pero por ventura el pensamiento de poblar el territorio de Montevideo está favorecido de una muchedumbre de personas de ambos sexos de condición libres nacidas, criadas, o vecindadas en aquel continente; o sus inmediaciones, que nada van a experimentar de nuevo con todo que van a renovarse. Allí están y allí se quedan. Ni pierden su patria ni sus familias.

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Tags: Brasil, Chile, conquista, cuzco, Ecuador, el imperio, historia, inca, las provincias, memorias, paraguay

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