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Хосе Кардьель. Миссии в Парагвае. José Cardiel. LAS MISIONES DE PARAGUAY.


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Este pensamiento de la población de la campaña tiene la prerrogativa de haber de donde se costee sin gravamen por mucho que sea su gasto. ¡Qué pocas veces se presenta a la imaginación de un Ministro de Estado un proyecto interesante y fácil al mismo tiempo; una empresa posible, pero sin costo ni gravamen! Quizás sólo el de la población del Campo de Montevideo reúne estas calidades. Acaso la sabiduría infinita del creador mantuvo oculto este pensamiento hasta nuestros días para enriquecer y dilatar la monarquía española bajo el poder del señor Don Carlos IV. Acaso la incuria con que se ha mirado este punto por tantos años ha podido consistir en estar reservado para confiarse a la diestra mano del Excelentísimo señor Ministro actual del Estado.
El Rey tiene un tesoro inagotable de ganado silvestre que posee en los campos de Montevideo para costear su población y hacer otras empresas. Este ganado alzado o cimarrón de que todos se consideran dueños, sólo pertenece al Rey en propiedad. Todo él es procedido de aquellas 12 cabezas que quedaron por flacas en el año de 55, en la expedición que hizo el marqués de Valdelirios en tiempo que no había ganado en aquellos campos, ni aún para dar de comer al ejército. Es asimismo procedente del que se tomó a los portugueses en el año de 60, cuando fueron arrojados de sus estancias por don Pedro Cevallos, y viene igualmente del que fue de los jesuitas hasta el año de 67, en que fueron expulsados. Este ganado recuperado de su debilidad con el descanso y nutrido de excelentes pastos debió propagarse como es natural, y debió sucesivamente ir creciendo por terceras partes en cada año. De este mismo ganado se poblaron las estancias que se fundaron después de aquella época, y de sus pieles ha salido la cantidad de millones que han navegado a España y han pasado al Brasil y alas estancias portuguesas.
El conocimiento de esta verdad ha obligado en todos tiempos al Cabildo de Montevideo a no pretender otro derecho, a estos ganados que la tercera parte de los que pastasen entre los ríos Yi y Negro; afirmando que la otra tercera parte correspondía a los indios de las misiones, y la otra restante a Su Majestad.
Ya por esta confesión de aquel Cabildo (hecha en acta Capitular de 23 de agosto de 1781 que hemos visto), tiene S.M. una tercera parte indisputable en el ganado cimarrón vagante entre el río Yi y el Negro; y no habiendo usado de ella S.M., ni cesado de extraer ganado los indios y los hacendados, resulta cierto que todo el que se encuentra en el día dentro de aquel ámbito, corresponde a S.M. enteramente por razón de su tercera parte y los procreos de ella.
A los ganados de la sierra y de los demás terrenos realengos de aquel campo, no se atreven a pretender acción los hacendados ni los indios, conque aún cuando no procediesen del que fue de S.M. y se abandonó en los años de 59, 60, y 67, correspondía al fisco real por dos títulos, a saber por dueño del terreno y pastos en que ha nacido y engordado, y por el de bienes mostrencos desamparados y sin dueño.
Fundado así el dominio de S.M. (por unas demostraciones ajenas de contestación, y reconocidas por el Cabildo de Montevideo), nos hallamos con el fondo de caudal que nos da costeada la población y cuantas empresas se quieran levantar; porque aunque se reparta toda la campaña entre cien pobladores, y se den a cada uno 4000 cabezas, restan muchas más en la sierra para gastar en cuanto se quiera; y en matándose con proporción y con medida, nunca puede agotarse, como no se ha agotado en los muchos años que con tanta indolencia y codicia se ha estado sacando a millones.
De dos modos muy sencillos puede aprovecharse S.M. de estos ganados: o reduciéndolos a cueros y haciéndolos vender en Montevideo, o dando por cierto precio licencias de matar a los particulares que las soliciten.
El primer arbitrio es más proficuo al Erario, pero necesita de ministros y operarios que lleven cuenta y que practiquen la faena. E1 segundo, excusa estos gastos, pero no es tan útil; y de uno y de otro modo hay de donde formar un fondo que sufrague todos los gastos de población y erección, fuera de otros muchos ramos de que hablaremos a la oportunidad. Bien entendido, que en cualquiera de aquellos dos casos debe ponerse un Veedor que evite los destrozos del ganado haciendo separar para el cuchillo el toro de edad que no necesita para casta, salvando siempre las crías y las madres.
Que para todas estas grandes incumbencias debe destinarse un Gobernador intendente, tan capaz como pide la materia con residencia fija en la campaña en paraje donde pueda atender a todo, es cosa indispensable; como el que ha de llevar un contador, un tesorero, un secretario, un asesor (que sirva de teniente del Gobernador) y los amanuenses necesarios porque fiar esta obra a ministro que tenga otra ocupación es hacerla inexpedible, y ha de ser también preciso que se le destine un oficial ingeniero que delinee las poblaciones, levante los planos de las iglesias y cabildos, y corra con el gasto de estas obras.
Pero aun cuando hubiesen de costar mucho dinero y no tuviésemos de donde costearlas, es tal la empresa que después de plantificada produce un nuevo caudal para el erario en el crecimiento de las alcabalas, almojarifazgos y reales novenos; caudal de tanto bulto y seguridad, que en solo él se podían librar los primeros gastos de la obra sin ningún riesgo. Ambos fondos tienen la excelencia de ser de perpetua progresión y muy ricos sin tener nada de imaginarios. El del ganado vacuno crece un tercio cada año. El de las alcabalas, almojarifazgos y novenos rinde a proporción de lo que se comercia y siembra. Uno y otro son infalibles en el rédito; y si el ganado admite composición, el otro es incalculable, porque aumentando el comercio con una nueva república de tan dilatada extensión, se criarán nuevos frutos, se incrementarán las extracciones, y dará consumo el campo a un millón de pesos en mercaderías, que o no se embarcan hoy o se malbaratan por sobrantes.
Como el privilegio exclusivo de abastecer las Indias y el de extraer sus frutos en cambio, son dos manantiales perennes de riquezas nada es más útil al Estado que fomentar en aquellas regiones el consumo de los efectos de más comercio y la cría de lo que necesitamos para el nuestro; porque con tal que los españoles sean los únicos que transportan mercaderías a Indias, y que conduzcan sus frutos a España para cambiarlos por las manufacturas extranjeras poco importa que no se aumenten nuestras fábricas.
Un comercio activo y pacífico que nadie venga a fuera a disfrutarlo, debe consistir en que trayéndonos los diez y nueve millones de pesos que necesitamos todos los años para proveer las Indias, y siete para surtir a España de ropas, especería, bacalao, salmón, brea, alquitrán, maderas, mástiles, jarcias, cáñamo, lona, suelas, pipería y nos alcancen las ganancias de aquellos 19 millones negociados en Indias a satisfacer esta deuda sin tener que tocar el capital atesorado.
De los 26 millones de pesos sencillos, sólo paga España tres en los frutos de su cosecha; esto es en vino, aguardiente, lana y sedas; y de los 23 restantes los ha de buscar en indias.
Estas se labran todos los años de 24 a 26 millones de pesos fuertes en esta forma:

En México de 11 a 13: uno en oro y los restantes en plata…………………….12″
En Guatemala de uno a uno y medio de plata ……………………………………….1″
En Santa Fe de uno y medio a dos, y medio oro ……………………………………2″
En Potosí de 4 a… (medio en oro)………………………………………………………..4″
En Lima de 4 a 5 (medio en oro) …………………………………………………………4″
En Chile de 1 a 1 1/2 (oro) ………………………………………………………………….1″

Vienen de América de 9 a 10 millones en frutos de su cosecha, a saber en granos, cochinilla, añil, cacao, azúcar, cueros, tabaco, palos tintes y de construcción, algodón y lanas, conchas hierbas y cáscaras (tintes y medicinales), cobres, piedras preciosas, gomas y vainillas, y en oro y plata se traen a nuestros puertos doce millones de nuestra moneda, o 9 de la América, y en ambos renglones; esto es, en oro, plata y frutos vienen de ellas a la Península de 21 a 22 millones de pesos de 128 cuentas y tres que producen en nuestras cosechas hacen de 24 a 25 con que hasta 26 que entran de afuera nos faltan dos, que han de salir del capital o fondo del comercio.
El extraer de Indias y trasladar a España por la carrera de comercio le da cuanta plata, oro y frutos, produzcan aquellas colonias, para que sobrante de sus ganancias y el valor de los derechos reales se amortice en España; es el blanco del interés a que deben encaminarse las máximas del Estado.

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Tags: Brasil, Chile, conquista, cuzco, Ecuador, el imperio, historia, inca, las provincias, memorias, paraguay

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