Este continuo fraude y aquella concurrencia de dos compradores de un mismo efecto en unos hombres que los han estancado en sus manos, desterró la baratura de este género; y de ocho a nueve reales a que se compran ahora veinte años los que llegasen a cuarenta libras sin hacer cuenta del aumento de éste, pero ha venido a ponerse sobre el pie de otro tanto de su valor; de manera que en tiempo de paz no se puede poner en ningún puerto de España por menos de cuatro pesos la pesada de treinta y cinco libras. Porque el cuero de este peso vale dentro de Buenos Aires dieciseis reales de plata y dos del ramo de guerra, que hacen dieciocho. La alcabala de salida, el embarque, los apaleos, las marcas, el desgarro, y el almacenaje suben de un real, y ya son diecinueve de plata los gastos del cuero hasta dejarlo a bordo. E1 flete rara vez se logra por menos de diecisiete reales y lo común es a veinte, que hacen ocho de plata. Y añadido el costo del alijo, apaleo, separación, almacenaje, seguro, corretaje y comisión de venta, hace subir el cuero a treinta y dos, y este es el precio corriente a que se venden en España a tiempo de paz. Y si alguna vez sube o baja esta balanza siempre corre el fiel en el espacio de veintiocho a treinta y dos reales de plata, que es entre setenta y ocho reales de vellón con muy corta diferencia. Por esta regla de comerciantes que compra cueros en América, con buena conciencia, no gana otra cosa, las más veces, que trasladar su plata a España libre de derechos.
La causa verdadera de este mal es el desorden de los campos de nuestra pertenencia, porque el abandono con que hemos mirado su riqueza a la frente de unos extranjeros vigilantísimos que se han sabido aprovechar de nuestro descuido, ha dado lugar a la perjudicial introducción de los changadores, y ala extracción de nuestros cueros por el Brasil que les ha subido el precio. Este perjuicio ha sido de tanta consideración que (aunque no sería mayor si se ataja en adelante) el daño causado ya no lo enmendará ninguna providencia, porque la abundancia del ganado transmigrado a los portugueses y los procreos de ella es tanta, que pueden ya pasar y negociar cueros en Europa sin que les entre más ganado nuestro; y aunque no conduzcan más que la cuarta parte del que sacamos nosotros todos los años, ya hacen un perjuicio perpetuo a nuestro comercio; perjuicio de tanto mayor tamaño, cuanto es menor el costo que tiene a un portugués poner sus cueros en Europa que a un español los suyos, y sobre todo porque hemos partido con éste uno de los mejores mayorazgos que posee en Indias la nación y disminuido así de las mejores rentas de la corona.
Esta renta es, seguramente, una de las más lucidas y provechosas que disfruta el patrimonio real: ella está libre de pensiones y es toda útil y de efectivo embolso sin cesar de producir hasta que se aniquile el cuero. Este rinde en América un cuatro por ciento de alcabala de entrada; otro cuatro de alcabala de salida; cuatro maravedís por libra en los puestos de España al tiempo del desembarco; nueve reales por cuero a su embarco para el norte; otro tanto o más cuando vuelve a entrar reducido a suela; la alcabala de reventa de esta misma suela; y finalmente la que adeuda en manos del zapatero o talabartero que le da la última forma. De manera que sobre cada cuero que se faena en las provincias del Río de la Plata tiene el erario real siete acciones o derechos siempre que el cuero se reduzca a suela y vuelva a consumirse en España.
Igualmente se pierde en la extracción de los cueros por el Brasil el derecho del ramo de guerra, que es un impuesto destinado a guarnecer los fuertes de la campaña de la costa del sur, en que se pagan de este impuesto todos los años sobre ciento cuarenta y cinco mil pesos; y se atesora en cada uno de los cueros que salen con guía de la aduana de Buenos Aires otra tanta cantidad de la que se consume y a veces mucho más, pues en el años anterior de 92 entraron en [estas] cajas reales de Buenos Aires, por cuenta de este ramo doscientos noventa y nueve mil novecientos cuarenta pesos [y] dos reales y después de satisfechas sus cargas, restaban de existencia atesorada trescientos sesenta y un mil novecientos ochenta y cinco pesos [y] cinco reales y medio; en que además de ahorrar Su Majestad estos ciento cuarenta y cinco mil y más pesos que se causan en la frontera todos los años le sirve continuamente este caudal de un recurso para sus urgencias sin necesidad de pagar interés en que gasta la corona muchos miles [de] pesos. Las cajas de Lima tenían recibido a mutuo el año de 87 dos millones diecisiete mil cuatrocientos catorce pesos, por los cuales pagó en el de 88, sesenta y nueve mil quinientos treinta y seis pesos [y] siete reales; y en fines del año pasado de 92 debía la real haciendo de Buenos Aires al ramo de guerra ciento sesenta y cinco mil treinta pesos [y] seis reales y medio en que ahorra el interés. Lo mismo sucede en Montevideo. Por esta aduana han entrado al ramo de guerra en el año inmediato de 923, ochenta y seis mil cuatrocientos ochenta y dos pesos [y] seis reales y hay atesorado en la caja de este puerto ciento ochenta y dos mil doscientos sesenta y un reales [y] seis pesos; los mismos que le debe la real hacienda sin cargo de premios.
¿Qué otro ramo de comercio rendirá más réditos a la corona ni le ofrecerá mayores socorros? ¿Qué campiña hay tan fértil o que simiente hay tan fecunda que siete veces al año venga con fruto para el labrador? Pues no hay duda que en doce meses de tiempo o poco más adeuda el cuero siete tributos a favor del señor del suelo con tal que los dos viajes que hace el pellejo por el Báltico se logren con prontitud, se consigue que en un año rinda cada uno las siete contribuciones a que está gravado; las tres sobre América en plata fuerte y las cuatro sobre España, siete pagas que juntas forman un crédito a favor del fisco de veintitrés a veinticuatro reales de vellón contra cada cuero que vuelve reducido a suela.
Este millón de cueros trasladado a España surte a la nación de un fondo de cuatro millones de pesos a que ascienden con sus gastos y derechos al tiempo de su entrada; y pagando con ellos al extranjero una parte de lo que nos trae a vender a nuestros puertos deja en el seno de España igual cantidad de plata acuñada que daríamos en su lugar al extranjero si careciésemos de este fruto.
El mismo millón de cueros extraído por Montevideo en nuestros buques de comercio ofrece carga continua a cincuenta o sesenta embarcaciones todos los años, que adeudan por razón de flete otro millón de pesos a favor del gremio de navieros, con mucho fomento de la marina mercante. Deja en Indias un diez por ciento de compra y embarque al comercio de factoría que valen cien mil pesos, haciéndose su remesa por cuenta de vecinos de España.
Finalmente el mismo millón de cueros releva al comercio del gasto de un catorce por ciento que tiene de costos y derechos la plata registrada que viene de Buenos Aires en moneda doble de cordoncillo; y si este millón de cueros se negocia con nuestros factores de primera mano con los hacendados, gana nuestro comercio un cincuenta por ciento más que embolsan hoy los comerciantes de Montevideo y Buenos Aires.
En una palabra, la negociación de cueros produce a Su Majestad un millón de pesos todos los años; otro millón todos los años al gremio de navieros; veinticinco [millones de] pesos al de corredores; más de dos millones y medio al estanciero; medio a la carretería y gastos menores de alma-cenamiento, apaleo y transporte; y provee a la nación de un caudal de cuatro millones de pesos con que paga otra tanta cantidad que recibe en mercaderías extranjeras reteniendo su equivalente en moneda.
Хосе Кардьель. Миссии в Парагвае. José Cardiel. LAS MISIONES DE PARAGUAY.
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