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Хосе Кардьель. Миссии в Парагвае. José Cardiel. LAS MISIONES DE PARAGUAY.


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Este desorden continúa en su misma fuerza, y habiéndose publicado después el comercio libre, mejoró tanto esta providencia la causa del changador y el estanciero que no pudieron acertar a desear una conveniencia igual a la que les trajo este estable de comercio. El extraordinario aumento que recibió la negociación de cueros por virtud de aquella libertad presentó al changador y al estanciero la importante comodidad de relevarlos del trabajo de enviar sus cueros a la capital y de rogar al comprador, porque la concurrencia de embarcaciones que llegaban a Montevideo de todos los puestos de España, necesitadas a retornar con cueros, como único ramo de comercio activo que tiene en giro esta provincia, trocó de tal suerte la condición del hacendado, que se vieron solicitados para vender los que en otro tiempo rogaban para que se les comprase. Fue creciendo este comercio, y vino a tal altura con la extremada libertad de despachar registros a Montevideo, que hoy se ocupan muchos hombres en recorrer la campaña, buscando cueros con plata en mano de estancia [en estancia]; y de cien mil que salían para España en cada año (cuando había buques que los condujesen) hoy salen un millón. Poblose el campo con toda clase de gente bandida, y brindándose por un corto interés a traer cueros a millares, conocieron los estancieros hacendados que ya no les era útil criar ganado a rodeo para hacer cueros, y que la mejor estancia era la sierra y el monte por medio de un changador que faene cuantos se les pidan por tres o cuatro reales cada uno; y puesta en este estado la campaña se abandonó la hierra y el rodeo, y todos aspiraron a poseer un buen terreno donde apresar el ganado y hacerse de un título para carnear y meter cueros en Buenos Aires y Montevideo
El gobierno continuó admitiendo las denuncias de tierras y otorgando sus ventas aún a bajo precio, con lo que creciendo más y más el despacho de los cueros creció también el número y el provecho de los changadores.
Hoy son innumerables y acostumbrados a un ejercicio lucrativo y una vida libertina nada es más difícil que el reducirlos a civilidad si no se varían los medios que se han empleado hasta ahora tan inútilmente.
Considérese en primer lugar aquella independencia absoluta en que viven estas gentes de toda humana potestad. E1 changador es un hombre en cuya sola persona está cifrada toda su familia y todas sus obligaciones. Regularmente hablando son solteros y proceden de un regimiento de donde desertaron, de un navío en que navegaron de marineros, o polizones, de una cárcel que quebrantaron, de una partida de contrabandistas, de algún pueblo portugués vayano, o finalmente de los mismos naturales de esta campaña, que vinieron al mundo viendo hacer esta vida a sus padres y vecinos y que no les enseñaron otras.
El changador de este último origen tiene la desgracia sobre las demás que son comunes a sus compañeros de que o conserva todavía el original como que nació o que si por derecha lo lavó en el bautismo, en este único sacramento que ha visto administrar habiendo [sido] para él aquella regeneración sagrada una ceremonia puramente exterior, de cuya virtud no tiene la más remota idea ni más fe sobrenatural que una simple aquiescencia a los misterios de nuestra religión, si los ha oído referir por casualidad o para servirse de ellos en alguna blasfemia.
Este y todos los de la campaña viven sin dar ni recibir un signo de religión como no sea por accidente; lo que produce que unos por sus malas conciencias y otros porque no tienen ninguna todos piensan sobre las leyes espirituales y no observan sus preceptos.
Los temporales miran a la campaña como a un país extranjero a donde no alcanza su potestad, no porque las justicias dejen de castigar al delincuente que aprehenden, sino porque no hay jueces en el campo que celen y persigan a sus habitantes. Esta falta es una de las mayores conveniencias que tiene para semejantes hombres la vida de la campaña, porque viene a convertirse aquel terreno en un asilo de la iniquidad donde cada uno profesa la que más acomoda a su pasión, y todos están seguros del castigo, y viven a salvo de la persecución de las justicias, siendo por lo mismo verosímil que si estos hombres se agavillasen alguna vez con propósito de resistirse sostendrían una defensa vigorosa y costaría mucho llegar a sujetarlos, porque es un linaje de gente que no ha visto la cara al miedo, que tiene por oficio lidiar con fieras bravas, y burlarse de ellas con facilidad, y que estiman sus vidas en muy poco, y quitan las de sus prójimos con la misma serenidad que la de un novillo. Y unos hombres aguerridos en esta clase de combates, y familiarizados con toda especie de efusión de sangre, tienen más de fieros que de valientes, y son más atrevidos que esforzados. Y no habiendo en ellos idea de la eternidad que sea suficiente a hacerles mirar la muerte con otro género de miedo que el carnal y natural a todo viviente, no necesitan los estímulos del honor, ni el apetito de la ambición para sacudir la cobardía.
Libres, pues, e independientes de toda clase de potestad, acomodados a vivir sin casa ni arraigo, acostumbrados a mudar de albergue cada día, surtidos de unos caballos velocísimos, dueños de un terreno que hace horizonte, provistos de carne regalada, vestidos de lo necesario con estar casi desnudos, y sobre todo manejando a su discreción de un tesoro inagotable como es el de los cueros, fácil es de conocer el contento que dará esta vida a los que la disfrutan sin temor de pena alguna. Y propagándose allí la especie humana en abundancia poco inferior a la del ganado, no sería difícil calcular el número de almas que habitarán en estos campos sin conocer a Dios ni servir al rey, y sin amar al prójimo. Este es el origen, la vida y el ejercicio de los changadores. No hay otra [autoridad] que la den [a] éstos los caporales de aquellos; los unos emprenden las faenas, y los otros las ejecutan en calidad de ayudantes. Los changadores faenan para hacer comercio de los cueros con los españoles, o con los portugueses, y el peón trabaja por su jornal.
Y ve aquí Vuestra Excelencia el método con que usan de la campaña las cuatro clases de gente española que la habitan.

De los indios de las misiones

No son los indios guaraníes de los pueblos de Misiones los que menos perjudican la procreación de nuestro ganado. Estos hombres con todo de no tener un interés personal en la negociación de los cueros, por pertenecer a la comunidad el producto de todas sus granjerías, acosan el ganado, y tienen asolado el campo. Sus correrías se terminan a meter en sus estancias y reducir a cueros el que pueden; y como no es de igual robustez todo el ganado cometen la maldad de matar el terneraje que no es capaz de seguir a las madres, y lo mismo los toros que no pueden sujetar por bravos; y arreando para sus pueblos las vacas y los novillos, dejan tendidas por el campo las terneras y los toros . La vaca que se halla inmediata al parto la matan para sacarle el ternerillo, y comérselo de que gustan mucho; y todo el campo que se extiende desde Misiones hasta el río Negro (en que se miden ciento cincuenta leguas lineares) es anfiteatro de esta carnicería.
Consiguieron estas gentes del señor virrey Vertiz en el año de 78 a solicitud del administrador de Misiones don Juan Angel Lazcano una declaración de que todo el ganado de color osco les era perteneciente donde quiera que se hallase, y que el que pastase entre el río Negro y el arroyo del Yi de cualquiera color que fuese les era también correspondiente; y aunque sobre este punto se formó un pleito a que dió principio el cabildo de Montevideo en el año de 81, los indios han estado y están en la posesión de bajar al Yi, y arrastrar con todo el ganado que encuentran, y pasar después a la sierra y hacer lo mismo con el de color osco, y con todo el que se les pone delante.
Los efectos de esta permisión se sintieron inmediatamente en la aduana de Buenos Aires, de donde se empezó a ver salir tanto número de cueros que pone espanto a los inteligentes. En el año de 84 salieron para España un millón y cuatro mil cueros, y en el año de 92 salieron para España por la aduana de Buenos Aires ochocientos veinticinco mil seiscientos nueve cueros y por la aduana de Montevideo trescientos cuarenta y cinco mil novecientos treinta y un cueros, que hacen una partida de un millón ciento setenta y una mil quinientos cuarenta, y suponiéndole gracia que ciento setenta y uno mil quinientos cuarenta fuesen del campo de Buenos Aires, los restantes fueron de la banda de Montevideo, y la mayor parte de las cercanías de Yapeyu, primer pueblo de indios de Misiones. Todos estos cueros son orejanos o silvestres a excepción de un corto número; y aquí tiene Vuestra Excelencia un nuevo gremio de matadores capaz de competir con el de los hacendados y changadores, ocupados todo el año, en esquilmar el campo hasta agotar su riqueza interminable.

De los portugueses del río Grande: sus usurpaciones, trato
y comercio con los changadores

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Tags: Brasil, Chile, conquista, cuzco, Ecuador, el imperio, historia, inca, las provincias, memorias, paraguay

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