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Грамматика испанского языка. Gramática de la Lengua Castellana


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Aunque el oficio principal de los artículos sea distinguir los géneros,
hay algunos casos en que el masculino en singular no basta para
ello, porque el uso ha querido que se dé masculino á nombres
femeninos que empiezan con la letra a para evitar el mal sonido, y
dureza que resulta de la concurrencia de una misma vocal en el fin de
una diccion, y principio de la siguiente, y así no decimos: la agua, la
alma, sino: el agua, el alma, mudando el , solo por causa de
eufonía, ó buen sonido.
No por esto se entiende que siempre que haya esta concurrencia de
una misma vocal se debe mudar el femenino en masculino,
porque el uso lo ha permitido en unas voces, y no en otras. Decimos: el
alba, el ave, el águila; y no decimos: el abeja, el aguja, el aficion, el
afrenta, el abundancia, sino la abeja, la aguja, la aficion, la afrenta, la
abundancia, dando á estos nombres femeninos su femenino,
porque el uso no ha permitido en ellos lo contrario.
Solamente los nombres comunes pueden llevar artículos, como: el
hombre, la muger, el reyno, la ciudad. Los nombres propios no los
admiten, pues no debe decirse: el Pedro, la Maria, la España, la Sevilla.
Quando, decimos: el Petrarca, el Taso, el Ebro, el Duero, la Andalucia,
la Extremadura, debe suplirse, por la figura elípsis, entre el y el
nombre propio, algun nombre comun al qual pertenezca el ,
como: el (autor ó poeta) Taso: el (rio) Ebro: la (provincia de)
Extremadura.
Los nombres comunes unas veces admiten , y otras no.
Admiten quando se usan en sentido definido, ó determinado,
como: los hombres son mortales: porque el sentido de esta proposicion
comprehende á todos los hombres; pero si se dixese: hombres hay
ambiciosos, y hombres moderados, se omite el , porque el
sustantivo comun hombres está en sentido indefinido, sin determinar
quales son los ambiciosos, ni quales los moderados.
Si decimos: dame los libros, ponemos , porque el que los
pide, y el que los ha de dar saben de qué libros determinados se trata;
pero si decimos: dame libros, no se pone ; porque el que los
pide, no habla de ciertos y sabidos libros, sino de qualesquiera que sean.
Omítense tambien los artículos con los nombres comunes quando
van inmediatamente precedidos de algun pronombre demostrativo, ó
posesivo, como: esa espada es mia: aquel es mi caballo.
Tambien se omiten con los nombres comunes de las personas á
quienes dirigimos la oracion, como: hombre, mira lo que haces: adonde
vas muger?
Quando se pone delante de adjetivos no es porque vá con
ellos, sino porque se junta con algun sustantivo comun que viene
despues, ó debe suplirse, como: la blanca nieve: la negra honrilla: el
azul de
de este paño: en cuyos exemplos va el articulo la con nieve, y honrilla;
y el el con el sustantivo comun color, que se suple entre el
, y el adjetivo azul.
Los verbos en infinitivo se usan muchas veces como nombres
comunes masculinos, y entónces admiten masculino en
singular, y así se dice: el andar, el correr, el decir &c. en cuyas
expresiones se suple entre el y el verbo algun nombre comun
con la preposicion de, v. g. modo, acto, ó exercicio de, como si se
dixese: el acto, ó exercicio de andar es conveniente: el modo de correr
de N. es arriesgado: el modo de decir de N. es gracioso.
Tambien se suele poner delante de algunos adverbios, y
conjunciones, y así se dice: el como, el quando, el si, el no, el porqué.
En estos casos se usan estas partículas como sustantivos, supliendo
entre ellas y los artículos algun nombre comun, como: el modo, el
tiempo, el dicho, el motivo.
El singular masculino pierde la primera letra siempre que le
precede inmediatamente la preposicion a, ó la preposicion de para evitar
la concurrencia de dos vocales; y formando una sola voz de la
preposicion y el decimos: servir al Rey: cumplir las órdenes del
Rey: cuyo uso es mas acertado que el de algunos que por afectacion
dicen: de el, y á el. Esta exâctitud conviene quando esta palabra el es
pronombre; y no , como: Fulano sintió, que hablasen mal de él:
porque, siendo entónces pronombre, queda mas claro el sentido,
disueltas las dos voces que con la contraccion, ó sinalefa, la qual solo
debe tener lugar en el , y no en el pronombre.
Estas dos partes de la oracion, que algunas veces parecen equívocas,
se distinguirán con facilidad, teniendo presente la advertencia que se
hizo en el II. del capítulo IV. que trata del pronombre.
Capítulo VI
Del verbo.
I
De su definicion.
EL VERBO es una parte tan principal de la oracion, que sin él no se
puede formar sentido, ni expresar concepto alguno. Así lo manifiesta su
mismo nombre verbo, que quiere decir palabra; pues aunque las demas
partes de la oracion se llaman palabras, esta lo es por excelencia. Sobre
su definicion hay una variedad casi infinita de opiniones, dimanadas
acaso de que unos han querido ceñirla á la exîstencia, otros á la accion,
y pasion, otros á la afirmacion. Una definicion mas extensa podria ser
mas exâcta, y de menos inconvenientes: tal es la que aquí se propone. El
verbo es una parte principal de la oracion que sirve para significar la
esencia, la exîstencia, la accion, pasion, y afirmacion de todas las cosas
animadas, é inanimadas, y el exercicio de qualquiera facultad que
tienen estas cosas, ó se les atribuye.
Esta definicion podria ocurrir á los inconvenientes que se encuentran
en las otras, porque el verbo sustantivo ser significa esencia: estar
significa exîstencia: amar significa accion: ser amado (pues que en
nuestra lengua no hay verbos pasivos) pasion: dormir significa el
exercicio de esta facultad que tienen los vivientes; y todos estos verbos
contienen tambien afirmacion, porque el que dice de sí, ó de otro: yo
soy, ó estoy, tú amas, Pedro duerme, afirma aquello que los verbos
significan.
II
De la division del verbo.
EL VERBO se divide en activo, neutro, y recíproco.
Verbos activos, ó transitivos son aquellos, cuya accion, ó
significacion pasa á otra cosa, y termina en ella, como: amar á Dios:
venerar la virtud: aborrecer los vicios.
Neutros, ó intransitivos son aquellos, cuya significacion no pasa á
otra cosa, como: nacer, vivir, morir. Llamaron así los latinos á los que
no eran activos, ni pasivos. Entre nosotros (que no tenemos verbos
pasivos) no debieran llamarse neutros, sino intransitivos, pero así lo ha
querido el uso.
Recíprocos, ó reflexîvos llaman á los verbos, cuya significacion no
solo no pasa á otra cosa, sino que retrocede por medio de algun
pronombre personal, á la que dá accion ó movimiento al verbo, como:
amañarse, arrepentirse, abroquelarse. Y así se dice: yo no me amaño:
tú te arrepientes: ellos se abroquelan. Estos verbos que nunca se usan
sin pronombres personales, no debieran llamarse recíprocos, ni
reflexîvos, sino pronominales.
Recíprocos serían los que por sí solos expresasen la accion recíproca
entre dos, ó mas personas, como si en esta oracion: ámanse los
hombres, se pudiese entender sin ambigüedad de sentido, que los
hombres se aman unos á otros; pero como el verbo amar por sí solo no
tiene este valor, y el pronombre se está en lugar de los mismos hombres
como término adonde pasa la accion del verbo, viene á quedar en esta, y
semejantes expresiones en la clase de activo.
Si se quiere expresar la reciprocacion es preciso añadir otras palabras
que la denoten, como: unos á otros: entre sí: mutuamente:
recíprocamente. Sin estas palabras es ambiguo el sentido de: ámanse,
ayúdanse, favorécense los hombres, porque se puede entender que los
hombres se aman, ayudan, ó favorecen á sí mismos, pero no entre sí
mismos mutua y recíprocamente.
De donde se infiere que no hay propios, y verdaderos verbos
recíprocos, y que han tomado para sí esta denominacion los
pronominales.
Reflexivos serian aquellos verbos que significasen la accion de dos
agentes, de los quales el uno fuese solamente movil de ella, y el otro la
recibiese, y al punto la rechazase, ó despidiese de sí, porque siendo esta
la reflexîon física y real, debe tener correspondencia con ella la
metafórica; pero no teniendo esta significacion los verbos que llaman
reflexîvos, pues no hay en ellos mas que una persona ó agente, y una
sola accion que recae sobre la misma persona agente, y esta la recibe y
padece, y no la despide de si, como: abroquelarse, arrepentirse,
abribonarse &c. resulta, que no hay verbos reflexîvos.
No siendo, pues, estos verbos ni recíprocos, ni reflexîvos, debiera
aplicárseles otra denominacion, y ninguna les convendria mas que la de
pronominales, porque no pueden usarse sin pronombres.
No obstante estas razones ha prevalecido el uso de llamarlos
recíprocos; y entendido así no hay inconveniente en usar de esta
denominacion, pues por verbos recíprocos entenderémos lo mismo que
por verbos pronominales.
En este mismo sentido decimos que algunos verbos se usan como
recíprocos, quando admiten pronombres: v. g. salir, salirse, dormir,

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