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NOMBRE ADJETIVO es el que se junta al sustantivo para denotar
su calidad, como: bueno, malo, blanco, negro. El adjetivo no puede
estar en la oracion sin sustantivo expreso, ó suplido. Está expreso
quando decimos: hombre bueno; y suplido quando decimos: el bueno
ama la virtud: ó el azul de este paño es muy subido; porque se suplen
los sustantivos hombre, y color. En estos casos se dice que los adjetivos
están sustantivados, ó que se usan como sustantivos.
Hay adjetivos de dos terminaciones, la una en o para el sustantivo
masculino, y la otra en a para el femenino, como: hombre blanco,
muger blanca. La terminacion del masculino sirve tambien para el
lo, y para algunos pronombres neutros acabados en o, como se
dirá en su lugar.
Otros adjetivos hay de una sola terminacion, como grande, que sirve
para todos los sustantivos sean masculinos, ó femeninos expresos, ó
suplidos; y para el y pronombres neutros, y así se dice: hombre
grande, muger grande, lo grande, esto, eso, ó aquello es grande.
De estos adjetivos de una sola terminacion los mas acaban en e,
como: grande, grave, triste, alegre, dulce, suave, insigne, solemne,
sublime.
Otros en l, como: paternal, maternal, filial, igual, fiel, vil, varonil,
femenil, sutil, fácil, difícil, débil, azul.
Otros en r, como: secular, familiar, particular, mayor, menor,
mejor, peor.
Otros en z, como: capaz, tenaz, loquaz, veraz, soez, feroz, atroz,
veloz.
Pocos acaban en n, como: ruin, comun; y muy raros en i, como:
baladí.
Así los adjetivos de dos terminaciones, como los de una, tienen en
ellas las excepciones siguientes.
Los adjetivos bueno, malo, uno, alguno, ninguno, primero, postrero,
pierden siempre la última vocal guando se ponen ántes de sustantivo,
como: buen señor, mal hombre, un Rey, algun reyno, ningun reynado,
al primer sueño, al primer encuentro, el postrer Rey de los Godos, el
postrer duelo de España.
El adjetivo Santo pierde la última sílaba quando se pone ántes de los
nombres propios de los Santos, como: San Pedro, San Pablo, San Juan.
Exceptúanse Santo Tomas, Santo Toribio, y Santo Domingo. Tambien
la pierde el adjetivo ciento ántes de sustantivo, como: cien ducados.
El adjetivo grande unas veces pierde la última sílaba ántes de
sustantivo, y otras no la pierde. Dícese: un gran caballo: un gran
caballero; y tambien se dice: un grande hombre.
El adjetivo tercero unas veces pierde la última vocal ántes de
sustantivo, y otras no, pues se dice: al tercer dia, y al tercero dia.
Para que tengan lugar estas excepciones, no es preciso que precedan
inmediatamente los adjetivos á los sustantivos, pues suele interponerse
otro adjetivo, y así se dice: un hombre, y un buen hombre.
Dividido ya el nombre en sustantivo y adjetivo: el sustantivo en
comun y propio; y declaradas las terminaciones del adjetivo, y sus
excepciones, conviene tratar del género, número, y declinacion de los
nombres, ántes que de otras especies, y diferencias de sustantivos, y
adjetivos.
IV
Del género de los nombres.
Nuestra lengua solo conoce dos géneros en los nombres, el uno
masculino, y el otro femenino. El primero conviene á los hombres, y
animales machos; y el segundo á las mugeres, y animales hembras.
Estos son los primitivos, y verdaderos nombres de género masculino, y
femenino, porque su significacion distingue los dos sexôs. Exceptúanse
algunos que convienen á hombre, y muger, como: vírgen, mártir,
testigo, pues se dice: el vírgen, y la vírgen: el mártir, y la mártir: el
testigo, y la testigo. Entre los nombres de animales hay algunos que por
su significacion son comunes á macho y hembra, pero por el uso son
masculinos ó femeninos. Son, por exemplo, masculinos por el uso,
raton, milano, cuervo, aunque comunes por significacion á macho, y
hembra; y son por el uso femeninos, águila, grulla, perdiz, aunque
comunes por significacion á hembra, y macho. A estos nombres llaman
los Griegos, y Latinos, epicenos; pero entre nosotros son de aquel
género que señalan los artículos, y adjetivos con que se juntan. Quando
se dice: el raton chico, la perdiz mediana, no se puede dudar que raton
es masculino, y perdiz femenino, porque así lo denotan los artículos, y
adjetivos: ni se ganaria nada en llamar epicenos á estos nombres, no
consiguiéndose con ello distinguir los machos de las hembras. Si
queremos distinguirlos tenemos otro medio fácil, usado, y verdadero,
diciendo: milano hembra, ó perdiz macho.
Los demas nombres que no significan macho, ni hembra, se han ido
agregando por el uso al uno, ó al otro género, y no se encuentra otra
razon que esta, para que roble sea masculino, y encina femenino.
Hay sin embargo algunos de estos nombres en que el uso no ha
llegado á fixarse, como son: arte, mar, puente, órden, pues unos los
hacen de un género, y otros de otro, y por eso suelen llamarlos
ambiguos; pero tampoco pueden constituir diferente género, porque
siempre son, ó masculinos, ó femeninos segun los artículos, y adjetivos
que reciben. Mar, y puente se usan mas como masculinos, pues se dice:
el mar oceano, el mar mediterraneo, el magnífico puente. Arte, y órden
suelen ser de diferente género, segun su diferente significacion. Arte,
por exemplo, es masculino quando significa la industria y habilidad del
hombre, y así se dice: el arte venció á la naturaleza; y es femenino
quando se usa en plural, para significar ciertas facultades, como: estudió
las artes, cursó las artes, las artes liberales, las nobles artes; y también
es femenino quando se dice que alguno se valió de malas artes para
conseguir alguna cosa. Órden es masculino quando significa gobierno,
método, ó colocacion, y así se dice: restableció el buen órden: el buen
órden pide que se trate ántes de lo fácil, que de lo difícil; y es femenino
quando significa precepto, ó mandato, pues se dice: ha salido una órden
del Rey contra los vagabundos: órden muy justa, y santa. Tambien es
femenino quando significa alguna profesion, ó instituto, porque aunque
se dice: el órden de Santiago, el órden de Santo Domingo, es para evitar
la concurrencia de dos vocales, y nunca se dice en plural: los órdenes
militares, ni los órdenes religiosos, sino: las órdenes militares, y las
órdenes religiosas.
Comoquiera, pues, que se encuentre esta ambigüedad en algunos
nombres, nunca los saca de la clase de masculinos, ó femeninos, y así
nuestra lengua no conoce sino estos dos géneros.
Solamente se halla una especie de género neutro en el lo, y
en algunos pronombres de número singular acabados en o: como ello,
esto, eso, aquello, porque quando decimos: lo bueno es apetecible: eso
es malo: aquello es peor; no aplicamos estos adjetivos á cosa que tenga
género cierto, y determinado.
Para conocer el género de los nombres no necesitamos recurrir á su
significacion, ni á su terminacion, como en la lengua latina que carece
de artículos. Las reglas que se estableciesen para conocer el género por
la significacion, ó por la terminacion de los nombres, serian en el
castellano largas, embarazosas, y llenas de excepciones, como lo son en
el latin.
Nosotros tenemos en los artículos, y adjetivos un medio fácil y
seguro para distinguir los géneros de los nombres. Una vez sabido que
los artículos el, y la sirven, el primero para los nombres masculinos, y
el segundo para los femeninos, pocas veces se podrá dudar del género
de los nombres, porque diciendo: el papel, la ; aquellos artículos el,
y la, declaran que papel es masculino, y femenino.
Solo puede quedar duda quando pata evitar la concurrencia de
vocales damos masculino á los nombres femeninos que
empiezan con vocal, como: el agua, el alma. En estos casos en que el
no puede servir de regla para conocer el género del nombre, se
recurre á los adjetivos buscando alguno que tenga dos terminaciones,
como: claro, clara, santo, santa. Sábese ya por el uso de la lengua que
no se puede decir el agua claro, ni el alma santo, sino, el agua clara, y
el alma santa: luego agua, y alma son de género femenino, porque
admiten adjetivos acabados en a que todos son femeninos.
Puede todavia quedar duda quando el adjetivo es de una sola
terminacion, y no se sabe fingir de pronto otro adjetivo de dos
terminaciones: v. g. oye uno decir, ó vé escrito: el agua dulce, y quiere
saber de que género es este nombre agua. El no le basta para
salir de la duda, porque como agua empieza por vocal, puede haber
recibido masculino en lugar de femenino por elegancia, y uso
de nuestra lengua para evitar la concurrencia de vocales. El adjetivo
dulce tampoco le puede enseñar el género, porque no acabando en o, ni
en a, sabe ya que dulce es adjetivo de una sola terminacion que
conviene al nombre masculino, y al femenino. No le ocurre
prontamente para salir de la duda otro adjetivo, ó adjetivos de dos
terminaciones, como: claro, clara: turbio, turbia. Que recurso
entónces? Mudar el , y el nombre de singular en plural. Verá
que no se puede decir los aguas, sino las aguas, y esto le enseñará que
agua es femenino.
Es tan cierta, y sin excepcion esta última regla, que solo con ella se

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