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Франсиско Лопес де Гомара. Общая история Индий. Francisco López de Gómara. Historia General de las Indias


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Residían los señores incas en el Cuzco, cabeza de su imperio. Guaynapaca, empero, continuó mucho su vivienda en el Quito, tierra muy apacible, por haberla él conquistado. Traía siempre consigo muchos orejones, gente de guerra y armada, por guarda y reputación, los cuales andaban con zapatos y plumajes y otras señales de hombres nobles y privilegiados por el arte militar. Servíase de los hijos mayores o herederos de todos los señores de su imperio, que muy muchos eran, y cada uno se vestía a fuer de su tierra, porque todos supiesen de dónde eran; y así había tanta diversidad de trajes y [180] colores, que a maravilla honraban y engrandecían su corte. Tenía también muchos señores grandes y ancianos en su corte para consejo y estado; éstos, aunque traían gran casa y servicio, no eran iguales en los asientos y honras, ca unos precedían a otros; unos andaban en andas, otros en hamacas, y algunos a pie. Unos se sentaban en banquillos altos y grandes, otros en bajos y otros en el suelo. Empero, siempre que cualquiera de todos ellos venía de fuera a la corte, se descalzaba para entrar en el palacio y se cargaba algo a los hombros para hablar con Guaynapaca, que pareciese vasallaje. Llegaban a él con mucha humildad, y hablábanle teniendo los ojos bajos, por no mirarlo a la cara; tanto acatamiento le tenían. Él estaba con mucha gravedad, y respondía en pocas palabras; escupía, cuando en casa estaba, en la mano de una señora, por majestad. Comía con grandísimo aparato y bullicio de gente; todo el servicio de su casa, mesa y cocinera era de oro y de plata, y cuando menos de plata y cobre, por más recio. Tenía en su recámara estatuas huecas de oro, que parecían gigantes, y las figuras al propio y tamaño de cuantos animales, aves, árboles, y yerbas produce la tierra, y de cuantos peces cría la mar y agua de sus reinos. Tenía asimismo sogas, costales, cestas y trojes de oro y plata, rimeros de palos de oro que pareciesen leña rajada para quemar; en fin, no había cosa en su tierra que no la tuviese de oro contrahecha, y aun dicen que tenían los incas un vergel en una isla cerca de la Puna, donde se iban a holgar cuando querían mar, que tenía la hortaliza, las flores y árboles de oro y plata; invención y grandeza hasta entonces nunca vista. Allende de todo esto, tenía infinitísima cantidad de plata y oro por labrar en el Cuzco, que se perdió por la muerte de Guaxcar, ca los indios lo escondieron, viendo que los españoles se lo tomaban y enviaban a España. Muchos lo han buscado después acá y no le hallan: por ventura sería mayor la fama que la cuantía, aunque le llamaban mozo rico, que tal quiere decir Guaynacapa. Todas estas riquezas heredó Guaxcar juntamente con el imperio, y no se habla de él tanto como de Atabaliba, no sin agravio suyo; debe ser porque no vino a poder de nuestros españoles.

- CXXI -
Religión y dioses de los incas y otras gentes
Hay en esta tierra tantos ídolos como oficios, no quiero decir hombres, porque cada uno adora lo que se le antoja. Empero es ordinario al pescador adorar un tiburón o algún otro pez; al cazador, un león, o un oso o una raposa, y tales animales, con otras muchas aves y sabandijas; el labrador adora el agua y tierra; todos, en fin, tienen por dioses principalísimos al Sol y Luna [181] y Tierra, creyendo ser ésta la madre de todas las cosas, y el Sol, juntamente con la Luna, su mujer, criador de todo; y así, cuando juran tocan la tierra y miran al Sol. Entre sus muchas guacas (así llaman los ídolos) había muchas con báculos y mitras de obispos; mas la causa de ello aún no se sabe; y los indios, cuando vieron obispo con mitra, preguntaban si era guaca de los cristianos. Los templos, especialmente del Sol, son grandes y suntuosos y muy ricos; el de Pachacama, el del Collao y del Cuzco y otros estaban forrados por dentro de tablas de oro y plata, y todo su servicio era de lo mismo, que no fue poca riqueza para los conquistadores. Ofrecían a los ídolos, muchas flores, yerbas, frutas, pan, vino y humo, y la figura de lo que pedían hecha de oro y plata; y a esta causa estaban tan ricos los templos. Eran eso mismo los ídolos de oro y plata, aunque muchos había de piedra, barro y palo. Los sacerdotes visten de blanco; andan poco entre la gente; no se casan; ayunan mucho, aunque ningún ayuno pasa de ocho días, y es al tiempo de sembrar y segar y de coger oro y hacer guerra o hablar con el diablo, y aun algunos se quiebran los ojos para semejante habla, y creo que lo hacían de miedo, porque todos ellos se tapan los ojos cuando hablan con él, y hablábanle muchas veces para responder a las preguntas que los señores y otras personas hacen. Entran en los templos llorando y guayando, que guaca eso quiere decir. Van de bruces por tierra hasta el ídolo, y hablan con él en lenguaje que los seglares no entienden. No le tocan con las manos sin tener en ellas unas toallas muy blancas y limpias; sotierran dentro el templo las ofrendas de oro y plata. Sacrifican hombres, niños, ovejas, aves y animales bravos y silvestres, que ofrecen cazadores. Catan los corazones, que son muy agoreros, para ver las buenas o malas señales del sacrificio, y cobrar reputación de santos adivinos, engañando la gente. Vocean reciamente a los tales sacrificios, y no callan todo aquel día y noche, especial si es en el campo, invocando los demonios; untan con la sangre los rostros del diablo y puertas del templo, y aun rocían las sepulturas. Si el corazón y livianos muestran alegre señal, bailan y cantan alegremente, y si triste, tristemente; mas tal cual fuere la señal, no dejan de emborracharse muy bien los que se hallan en la fiesta. Muchas veces sacrifican sus propios hijos, que pocos indios lo hacen, por más crueles y bestiales que son todos ellos en su religión; mas no los comen, sino sécanlos y guárdanlos en grandes tinajones de plata. Tienen casas de mujeres, cerradas como monasterios, de donde jamás salen; capan y aun castran los hombres que las guardan, y aun les cortan narices y bezos, porque no los codiciasen ellas; matan a la que se empreña y peca con hombre; mas si jura que la empreñó Pachacama, que es el Sol, castíganla de otra manera por amor de la casta; al hombre que a ellas entra cuelgan de los pies. Algunos españoles dicen que ni eran vírgenes ni aun castas; y es cierto que corrompe la guerra muchas buenas costumbres. Hilaban y tejían estas mujeres ropa de algodón y lana para los ídolos, y quemaban la que sobraba con huesos de ovejas blancas, y aventaban los polvos hacia el Sol. [182]

- CXXII -
La opinión que tienen acerca del diluvio y primeros hombres
Dicen que al principio del mundo vino por la parte septentrional un hombre que se llamó Con, el cual no tenía huesos. Andaba mucho y ligero; acortaba el camino abajando las sierras y alzando los valles con la voluntad solamente y palabra, como hijo del Sol que decía ser. Hinchó la tierra de hombres y mujeres que crió y dióles mucha fruta y pan, con lo demás a la vida necesario. Mas empero, por enojo que algunos le hicieron, volvió la buena tierra que les había dado en arenales secos y estériles, como son los de la costa, y les quitó la lluvia, ca nunca después acá llovió allí. Dejóles solamente los ríos, de piadoso, para que se mantuviesen con regadío y trabajo. Sobrevino Pachacama, hijo también del Sol y de la Luna, que significa criador, y desterró a Con y convirtió sus hombres en los gatos, gesto de negros que hay; tras lo cual crió él de nuevo los hombres y mujeres como son ahora, y proveyóles de cuantas cosas tienen. Por gratificación de tales mercedes tomáronle por dios, y por tal lo tuvieron y honraron en Pachacama, hasta que los cristianos lo echaron de allí, de que muy mucho se maravillaban. Era el templo de Pachacama que cerca de Lima estaba famosísimo en aquellas tierras y muy visitado de todos por su devoción y oráculos, ca el diablo aparecía y hablaba con los sacerdotes que allí moraban. Los españoles que fueron allá con Fernando Pizarro, tras la prisión de Atabaliba, lo despojaron del oro y plata, que fue mucha, y después de sus oráculos y visiones, que cesaron con la cruz y sacramento, cosa para los indios nueva y espantosa. Dicen asimismo que llovió tanto un tiempo, que anegó todas las tierras bajas y todos los hombres, sino los que cupieron en ciertas cuevas de unas muy altas sierras, cuyas chiquitas puertas taparon de manera que agua no les entrase; metieron dentro muchos bastimentos y animales. Cuando llover no sintieron, echaron fuera dos perros; y como tornaron limpios, aunque mojados, conocieron no haber menguado las aguas. Echaron después más perros, y tornando enlodados y enjutos, entendieron que habían cesado, y salieron a poblar la tierra, y el mayor trabajo que para ellos tuvieron y estorbo, fueron las muchas y grandes culebras que de la humedad y cieno del diluvio se criaron, y ahora las hay tales; mas al fin las mataron y pudieron vivir seguros. También creen en el fin del mundo; empero, que precederá primero grandísima seca, y se perderán el Sol y Luna, que adoran; y por aquello dan grandes alaridos y lloran cuando hay eclipses, mayormente del Sol, temiendo que se van a perder él y ellos y todo el mundo. [183]

- CXXIII -
La toma del Cuzco, ciudad riquísima

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