Франсиско Лопес де Гомара. Общая история Индий. Francisco López de Gómara. Historia General de las Indias
Uncategorized October 22nd, 2005
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En dos cosas se deleitan mucho estos hombres: en bailar y beber; suelen gastar ocho días arreo en bailes y banquetes. Dejo las danzas y corros que hacen ordinariamente, y digo que para hacer un areito a bodas, o coronación del rey o señor alguno, en fiestas públicas y alegrías se juntan muchos y muy galanes; unos con coronas, otros con penachos, otros con patenas al [125] pecho, y todos con caracoles y conchas a las piernas, para que suenen como cascabeles y hagan ruido. Tíznanse de veinte colores y figuras; quien más feo va, les parece mejor. Danzan sueltos y trabados de la mano, en arco, en muela, adelante, atrás; pasean, saltan, voltean; callan unos, cantan otros, gritan todos. El tono, el compás, el meneo es muy conforme y a un tiempo, aunque sean muchos. Su cantar y el son tiran a tristeza cuando comienzan, y paran en locura. Bailan seis horas sin descansar; algunos pierden el aliento; el que baila más es más estimado. Otro baile usan harto de ver, y que parece un ensayo de guerra. Alléganse muchos mancebos para festejar a su cacique, limpian el camino, sin dejar una paja ni yerba. Antes un rato que lleguen al pueblo o a palacio comienzan a cantar bajo, y a tirar los arcos al paso de la ordenanza que traen. Suben poco a poco la voz hasta gañir; canta uno y responden todos; truecan las palabras, diciendo: “Buen señor tenemos; tenemos buen señor, señor tenemos bueno”. Adelántase quien guía la danza, y camina de espaldas hasta la puerta. Entran luego todos haciendo seiscientas momerías: unos hacen del ciego, otros del cojo; cuál pesca, cuál teje, quién ríe, quién llora, y uno ora muy en seso las proezas de aquel señor y de sus antepasados, Tras esto siéntanse todos como sastres o en cuclillas. Comen callando y beben hasta eniborrachar. Quien más bebe es más valiente y más honrado del señor que les da la cena. En otras fiestas, como de Baco, que acostumbran emborracharse todos, están las mujeres y aun las hijas para llevar borrachos a casa sus maridos, padres y hermanos, y para escanciar; aunque muchas veces se dan uno a otro de beber por la orden que asentados están, que casi es “yo bebo a vos” de Francia; empero siempre al primero da vino una mujer. Riñen después de beodos. Apuñéanse, desafíanse, trátanse de hijos de putas, cornudos, cobardes y semejantes afrentas. No es hombre el que no se embriaga, ni alcanza lo venidero, como piaches dicen. Muchos vomitan para beber de nuevo; beben vinos de palma, yerba, grano y frutas. Para más abundancia toman humo por las narices, de una yerba que mucho encalabria y quita el sentido; cantan las mujeres cantares tristes cuando los llevan a casa, y tañen unos sones que provocan llorar. Idolatran reciamente los de Cumaná. Adoran Sol y Luna; tiénenlos por marido y mujer y por grandes dioses. Temen mucho al Sol cuando truena y relampaguea, diciendo que está de ellos airado. Ayunan los eclipses, en especial mujeres, que las casadas se mesan y arañan y las doncellas se sangran de los brazos con espinas de peces; piensan que la Luna está del Sol herida por algún enojo. En tiempo de algún cometa hacen grandísimo ruido con bocinas y atabales y grita, creyendo que así huye o se consume; creen que las cometas denotan grandes males. Entre los muchos ídolos y figuras que adoran por dioses tienen una aspa como la de San Andrés, y un signo como de escribano, cuadrado, cerrado y atravesado en cruz de esquina a esquina, y muchos frailes y otros españoles decían ser cruz, y que con él se defendían de los fantasmas de noche, y lo ponían a los niños en naciendo. [126]
- LXXXIII -
Sacerdotes, médicos y nigrománticos
A los sacerdotes llaman piaches: en ellos está la honra de las novias, la ciencia de curar y la de adivinar; invocan al diablo, y, en fin, son magos y nigrománticos. Curan con yerbas y raíces crudas, cocidas y molidas, con saín de aves y peces y animales, con palo, y otras cosas que el vulgo no conoce, y con palabras muy revesadas y que aun el mismo médico no las entiende, que usanza es de encantadores. Lamen y chupan donde hay dolor, para sacar el mal humor que lo causa; no escupen aquello donde el enfermo está, sino fuera de casa. Si el dolor crece, o la calentura y mal del doliente, dicen los piaches que tiene espíritus, y pasan la mano por todo el cuerpo. Dicen palabras de encante, lamen algunas coyunturas, chupan recio y menudo, dando a entender que llaman y sacan espíritu. Toman luego un palo de cierto árbol, que nadie sino el piache sabe su virtud, friéganse con él la boca y gaznates, hasta que lanzan cuanto en el estómago tienen, y muchas veces sangre: tanta fuerza ponen o tal propiedad es la del palo. Suspira, brama, tiembla, patea y hace mil bascas el piache; suda dos horas hilo a hilo del pecho, y en fin, echa por la boca una como flema muy espesa, y en medio de ella una pelotilla dura y negra, la cual llevan al campo los de la casa del enfermo y arrójanla diciendo: “Allá irás, demonio; demonio, allá irás”. Si acierta el doliente a sanar, dan cuanto tienen al médico; si muere dicen que era llegada su hora. Dan respuesta los piaches si les preguntan; mas en cosas importantes, como decir si habrá guerra o no, y si la hubiere, qué fin tendrá; el año si será abundante o falto, o enfermo; si habrá mucha pesca; si la venderán bien. Previenen la gente antes que vengan los eclipses; avisan de los cometas y dicen muchas otras cosas. Los españoles, estando en deseo y necesidad, les preguntaron una vez si venían presto naos, y les dijeron que para tal día vendría una carabela con tantos hombres y con tales bastimentos y mercaderías: y fue así como dijeron, que vino el mismo día que señalaron, y trajo los hombres puntualmente y cosas que dijeron. Invocan al diablo de esta manera: entra el piache en una cueva o cámara secreta una noche muy oscura; lleva consigo ciertos mancebos animosos, que hagan las preguntas sin temor. Siéntase él en un banquillo, y ellos están en pie. Llama, vocea, reza versos, tañe sonajas o caracol, y en tono lloroso dice muchas veces: “Prororure, prororure”, que son palabras de ruego. Si el diablo no viene a ellas, vuelve el son; canta versos de amenazas con gesto enojado; hace y dice grandes fieros y meneos. Cuando viene, que por el ruido se conoce, tañe muy recio y aprisa, y luego cae y muestra estar preso del demonio, según las vueltas que da y visajes que hace. Llega entonces a él uno de aquellos hombres y pregunta lo que quiere, y él responde. Fray Pedro de Córdoba, fraile dominico, quiso aclarar este negocio; y cuando el piache estuvo en el suelo arrebatado del espíritu [127] maligno, tomó una cruz, estola y agua bendita; entró con muchos indios y españoles, echó una parte de la estola al piache, santiguóle, conjuróle en latín y en romance. Respondióle el endemoniado en indio muy concertada mente. Preguntóle al cabo dónde iban las almas de los indios y dijo que al infierno, y con tanto se feneció la plática, y el fraile quedó satisfecho y espantado, y el piache atormentado y quejoso del diablo, que tanto tiempo lo tuvo así. Esta es la santidad de los piaches. Llevan precio por curar y adivinar, y así son ricos. Van a los banquetes, pero siéntanse aparte y por sí: embriáganse terriblemente, y dicen que cuanto más vino tanto más adivino. Gozan la flor de mujeres, pues les dan que prueben las novias. No curan a parientes, y nadie puede curar si no es piache; aprenden la medicina y mágica desde muchachos, y en dos años que están encerrados en bosques no comen cosa de sangre, no ven mujer, ni aun a sus madres ni padres; no salen de sus chozas o cuevas; van a ellos de noche los maestros y piaches viejos a enseñarles. Cuando acaban de aprender, o es pasado el tiempo del silencio y soledad, toman testimonio de ella, y comienzan a curar y dar respuestas como doctores. Tanto como dicho tengo, y más que callo, afirmaron en Consejo de Indias fray Tomás Ortiz y otros frailes dominicos y franciscos; y dióseles crédito, por ser cierto que los diablos entran algunas veces en hombres y dan respuestas que suelen salir verdaderas. Digamos ya de las sepulturas, donde todos iremos a parar, y concluyamos con las costumbres de Cumaná. Endechan los muertos cantando sus proezas y vida; y o los sepultan en casa, o desecados al fuego los cuelgan y guardan; lloran mucho al cuerpo fresco. Al cabo del año, si es señor el que se enterró, júntanse muchos que para esto son llamados y convidados, con tal que cada uno se traiga su comer, y en anocheciendo desentierran el muerto con muy gran llanto. Trábanse de los pies con las manos, meten las cabezas entre las piernas y dan vueltas alrededor; deshacen la rueda, patean, miran al cielo y lloran voz en grita. Queman los huesos, y dan la cabeza a la más noble o legítima mujer, que la guarde por reliquias en memoria de su marido. Creen, juntamente con esto, que la ánima es inmortal; empero que come y bebe allá en el campo donde anda, y que es el eco que responde al que habla y llama.
- LXXXIV -
Paria
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