Франсиско Лопес де Гомара. Общая история Индий. Francisco López de Gómara. Historia General de las Indias
Uncategorized October 22nd, 2005
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Dicho he cómo se andan desnudos con el calor y buena templanza de la tierra, aunque hace frío en las sierras. Casa cada uno con cuantas quiere o puede; y el cacique Behechio, tenía treinta mujeres; una empero es la principal y legítima para las herencias: todas duermen con el marido, como hacen muchas gallinas con un gallo, en una pieza; no guardan más parentesco que con madre, hija y hermana, y esto por temor, ca tenían por cierto que quien las tomaba moría mala muerte. Lavan las criaturas en agua fría por que se les endurezca el cuero, y aun ellas se bañan también en fría recién paridas, y no les hace mal. Estando parida y criando es pecado dormir con ella. Heredan los sobrinos, hijos de hermanas, cuando no tienen hijos, diciendo que aquéllos son más ciertos parientes suyos. Poca confianza y castidad debe haber en las mujeres, pues esto dicen y hacen. Facilísimamente se juntan con las mujeres, y aun como cuervos o víboras, y peor; dejando aparte que son grandísimos sodomíticos, holgazanes, mentirosos, ingratos, mudables y ruines. De todas sus leyes esta es la [48] más notable: que por cualquiera hurto empalaban al ladrón. También aborrecían mucho a los avarientos. Entierran con los hombres, especial con señores, algunas de sus más queridas mujeres o las más hermosas, ca es gran honra y favor; otras se quieren enterrar con ellos por amor. El enterramiento de estos tales es pomposo. Asiéntanlos en la sepultura y pónenles alrededor pan, agua, sal, fruta y armas. Pocas veces tenían guerra sino era sobre los términos o por las pesquerías, o con extranjeros, y entonces no sin respuesta de los ídolos o sin la de los sacerdotes que adivinan. Sus armas eran piedras y palos, que sirven de lanza y espada, a quien llaman macanas. Átanse a la frente ídolos chiquitos cuando quieren pelear. Tíñense para la guerra con jagua, que es zumo de cierta fruta, como dormideras, sin coronilla, que los para más negros que azabache, y con bija, que también es fruta de árbol, cuyos granos se pegan como cera y tiñen como bermellón. Las mujeres se untan con estas colores para danzar sus areitos y porque aprietan las carnes. Areito es como la zambra de moros, que bailan cantando romances en alabanza de sus ídolos y de sus reyes y en memoria de victorias y acaecimientos notables y antiguos, que no tienen otras historias. Bailan muchos y mucho en estos areitos, y alguna vez todo un día con su noche. Acaban borrachos de cierto vino de allá que les dan en el corro. Son muy obedientes a sus caciques, y así no siembran sin su voluntad ni cazan ni pescan, que es su principal ejercicio, y la pesca es su ordinario manjar, y por eso vivían orillas de lagunas, que tienen muchas, y riberas de ríos, y de aquí venían a ser grandísimos nadadores ellos y ellas. En lugar de trigo comen maíz, que parece algo al panizo. También hacen pan de yuca, que es una raíz grande y blanca como nabo, la cual rayan y estrujan, porque su zumo es ponzoña. No conocían el licor de las uvas, aunque había vides; y así, hacían vino del maíz, de frutas y de otras yerbas muy buenas, que acá no las hay, como son caimitos, yayaguas higueros, auzubas, guanábanos, guayabos, yarumas y guazumas. La fruta de cuesco son hobos, hicacos, macaguas, guiabaras y mameis, que es la mejor de todas. No tienen letras, ni pesos, ni moneda, aunque había mucho oro y plata y otros metales, ni conocían el hierro, que con pedernal cortaban. Por no ser prolijo, quiero concluir este capítulo de costumbres y decir que todas sus cosas son tan diferentes de las nuestras cuanto la tierra es nueva para nosotros.
- XXIX -
Que las bubas vinieron de las Indias
Los de aquesta isla Española son todos bubosos, y como los españoles dormían con las indias, hinchiéronse luego de bubas, enfermedad pegajosísima [49] y que atormenta con recios dolores. Sintiéndose atormentar y no mejorando, se volvieron muchos de ellos a España por sanar, y otros a negocios, los cuales pegaron su encubierta dolencia a muchas mujeres cortesanas, y ellas a muchos hombres que pasaron a Italia a la guerra de Nápoles en favor del rey don Fernando el Segundo contra franceses, y pegaron allá aquel su mal. En fin, que se les pegó a los franceses; y como fue a un mismo tiempo, pensaron ellos que se les pegó de italianos, y llamáronle mal napolitano. Los otros llamáronle mal francés, creyendo habérselo pegado franceses. Empero también hubo quien le llamó sarna española. Hacen mención de este mal Joanes de Vigo, médico, y Antonio Sabelico, historiador, y otros, diciendo que se comenzó a sentir y divulgar en Italia el año de 1494 y 95, y Luis Bertomán, que en Calicut por entonces pegaron a los indios este mal de bubas en viruelas, dolencia que no tenían ellos y que mató infinitos. Así como vino el mal de las Indias, vino el remedio, que también es otra razón para creer que trajo de allá origen, el cual es el palo y árbol dicho guayacán, de cuyo género hay grandísimos montes. También curan la misma dolencia con palo de la China, que debe ser el mismo guayacán o palo santo, que todo es uno. Era este mal a los principios muy recio, hediondo e infame; ahora no tiene tanto rigor ni tanta infamia.
- XXX -
De los cocuyos y niguas, animalejos pequeños, uno bueno y otro malo
Cocuyos son a manera de escarabajos con alas o moscas, y son poco menores que murciélagos. Tienen cada cuatro estrellas, que relucen a maravilla; en los ojos tienen las dos, y las otras dos debajo las alas; alumbran tanto, que a su claridad, si vuelan, hilan, tejen, cosen, pintan, bailan y hacen otras cosas las noches; cazan de noche con ellos huitas, que son conejuelos o ratas, y pescan. Caminan llevándolos atados al dedo pulgar de los pies, y en las manos, como con hachas y teda; españoles leían cartas con ellos, que es más dificultoso. Sirven también estos cocuyos de matar los mosquitos, que son fastidiosísimos y no dejan dormir la gente, y aun pienso que para eso los traen a casa más que para luz. Tómanlos con tizones, y llamándolos por su propio nombre, ca vienen a la lumbre, y no al chillido, como algunos piensan. También los toman con enramadas, que les paran, ca en cayendo no se pueden levantar: tan torpes son. Quien se unta las manos o la cara con aquellas estrellas del cocuyo parece que arde y así espantan a muchos. Si las destilasen saldría de ellas agua maravillosísima. La nigua es como una pequeñita pulga, saltadera y amiga de polvo; no pica [50] sino en los pies; métese entre cuero y carne; pare luego sus liendres en mayor cantidad que cuerpo tiene, las cuales en breve engendran otras, y si las dejan, multiplican tanto, que ni las pueden agotar ni remediar sino con fuego o con hierro; pero sí de presto las sacan, como arador, es poco su daño. El remedio para que no piquen es dormir los pies calzados o bien cubiertos. Algunos españoles perdieron de esto los dedos de los pies, y otros todo el pie.
- XXXI -
Del pez que llaman en la Española manatí
Manatí es un pez que no le hay en las aguas de nuestro hemisferio; críase en mar y en ríos; es de la hechura de odre, con no más de dos pies, con que nada, y aquellos a los hombros; va estrechando de medio a la cola; la cabeza como de buey, aunque tiene la cara más sumida y más carnuda la barba; los ojos pequeñitos, el color pardillo, el cuero muy recio y con algunos pelillos; largo veinte pies, gordo los medios, y tan feo es, que más ser no puede; los pies que tiene son redondos y con cada cuatro uñas, como elefante; paren las hembras como vacas, y así tienen dos tetas con qué dar de mamar a sus hijos. Comiendo manatí parece carne más que pescado; fresco sabe a ternera; salado, a atún, pero es mejor y consérvase mucho; la manteca que sacan de él es muy buena y no se rancia; adoban con ello su mismo cuero, y sirve de zapatos y otras cosas; cría ciertas piedras en la cabeza, que aprovechan para la piedra y para la hijada; suélenlos matar paciendo yerbas orillas de los ríos, y con redes siendo pequeños, que así tomó uno bien chiquito el cacique Caramateji y lo crió veinte y seis años en una laguna que llaman Guainabo, donde moraba; salió tan sentido, aunque grande, y tan manso y amigable, que mal año para los delfines de los antiguos; comía de la mano cuanto le daban; venía llamándole Mato, que suena magnífico; salía fuera del agua a comer en casa; retozaba a la ribera con los muchachos y con los hombres; mostraba deleitarse cuando cantaban; sufría que le subiesen encima, y pasaba los hombres de un cabo a otro de la laguna sin zambullirlos, y llevaba diez de una vez sin pesadumbre ninguna; y así tenían con él grandísimo pasatiempo los indios. Quiso un español saber si tenía tan duro cuero como decían: llamó “Mato, Mato”, y en viniendo arrojóle una lanza, que, aunque no lo hirió, lo lastimó; y de allí adelante no salía del agua si había hombres vestidos y barbudos como cristianos, por más que lo llamasen. Creció mucho Hatibonico, entró por Guainabo y llevóse al buen Mato manatí a la mar donde naciera, y quedaron muy tristes Caramateji y sus vasallos. [51]
- XXXII -
De los gobernadores de la Española
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