FERNANDO MONTESINOS. MEMORIAS ANTIGUAS HISTORIALES Y POLÍTICAS DEL PERÚ


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de los nombres de personas y lugares,
mal leidos por el buen reverendo, no
muy ducho, á mi juicio, en materia de
antiguallas peruanas; mérito precioso si
consideramos las deducciones á que

DEDICATORIA.

XXIII

suelen entregarse y los sistemas que se
atreven á levantar sobre aquella clase
de nombres algunos filólogos y etimo-
logistas extranjeros, sin cerciorarse an-
tes de la autenticidad del vocablo, á ve-
ces sabiendo menos castellano que de
lenguas americanas, y con frecuencia
conociendo apenas nuestra antigua or-
tografía.
Vaya por ejemplo:
Trátase en el capítulo XV de un rey
llamado Arantial, cuyos subditos, afli-
gidos de continuas pestes y reducidos á
escasísimo número, huyeron á los An-
des y á Xauxa, dejándole poco menos
que solo en sus Estados. Y dice con
este motivo Montesinos: «Comenzó á
reinar Arantial cassi sin vasallos, etc.»
(pág. 88). Pues bien, el P. José, creyen-
do que cassi (6 casi) era apellido, se lo
endosó á su majestad peruana, sin ad-
vertir que por ello le colocaha en la di-
ficilísima situación de reinar en despo-
blado y sobre nadie (i).

(i) Mr. Ternaux-Compans repite la especie, si bien
procurando atenuarla con un pour ainsi diré.

XXIV

DEDICATORIA.

Por cierto que el tal adverbio está
de mala suerte en las historias del an-
tiguo Perú. Arantial Casi me recuerda
que Mr. Markham, en el índice de vo-
ces quichuas de su Narratives of the
rites and laws of the Incas ( Hakluyt
society, 1873), traduce Caci Caci, po-
niendo un guión enmedio, que no exis-
te en el original, por Commandments,
precepts. Also afast, acor din to Gar-
rí laso de la Vega. Y añade debajo:
Cacicta.—Acusative form of the abo-
ve. Y sabe Vd. lo que es aquel caci
caci y radical supuesta de cacicta?
Pues simplemente la duplicación del
mismo casi escrito á la criolla ó á la
indiana, en cuya pronunciación y or-
tografía con frecuencia se emplean la
c, c 6 % por la s, ó viceversa. El texto
donde se halla corresponde á la Rela-
ción de antigüedades deste reyno del
Pirú (An account of the antiquities of
Perú, de Markham), escrita por el in-
dio don Juan de Santa Cruz Pachacuti,
y dice así: «Este barón [Tonapa] dizen
que llegó al pueblo de vn cacique lla-
mado Apotampo, cuyo sujeto fué el

DEDICATORIA*

XXV

pueblo, y dicen que llegó muy cansado
en vna fiesta, quando estaban en las
bodas, y assi por el Apotampo fueron
oydos sus razonamientos con amor, y
los indios del sujetos los oyeron malas
ganas; al fin por aquel dia fué huésped
el perigrino, el cual dizen que dio vn
palo de su bordón al dicho Apotampo,
reprehendiéndoles con amor afable, y
por el dicho Apotampo les oyieron con
atención, rebebiéndole el dicho palo de
su mano, de modo que en vn palo los
recebieron lo que les predicaua, seña-
lándoles y rayándoles cada capítulo de
las razones. Los viejos modernos del
tiempo de mi padre, don Diego Felipe,
suelen decir que ca< ;i ca$i era lo man- damiento de Dios, principalmente los siete preceptos, etc.» Convengo en que el señor Pacha- cutí no se expresaba en castellano con entera propiedad, pero tampoco se ne- cesita hacer un gran esfuerzo de análi- sis para deducir de sus incorrectas fra- ses, que la predicación de Tonapa, se- ñalada y rayada por capítulos en el bordón que le entregó á Aputampu, era XXVI DEDICATORIA. casi casi (poco más ó menos, presque, almost, fastj los mandamientos de la ley de Dios. Por lo demás, ni el fast (ayuno) de Garcilaso se escribe caci- caci, sino caci ó %a%iy, sin duplicación; ni cacicta es acusativo de caci ni de nada que signifique precepto ó manda- miento, sino de ccasi, paz, tranquili- dad, sosiego. Pero no es esto lo peor. Fiado en la autoridad de Markham, un americanis- ta tan noticioso y concienzudo como el señor Bastían, ha confirmado el quid pro quo del bibliógrafo inglés al anotar en su erudito artículo Aus der Ethno- logischen Sammlung des Koniglichen Museums fu Berlin (Zeitschriff für Ethn.—1877), el pasaje donde trata de las varias clases de escrituras ó sistemas de signos representativos que usaron los antiguos pueblos del Perú y Quito. (Curiosa peregrinación de una hu- milde palabreja por idiomas y textos propios y extraños, ora con honores reales, ora semi-divinos! ¡Y cuánto hay de esto y de mucho más grave en las versiones, ilustrado- DEDICATORIA. XX VII nes, notas y comentarios de las obras y documentos castellanos sobre América! Tanto, que el espurgo é incompleta res- tauración de las Memorias antiguas del Perú, representa una mínima parte del trabajo crítico por que necesitan pasar aquellos materiales, si es que han de aprovecharse como es debido. Más que por otra cosa, por no que- brar la costumbre generalmente obser- vada entre editores de libros ajenos, he de poner aquí lo poco que se sabe del licenciado Montesinos, y aun eso poco es del tiempo que estuvo en Indias, y entresacado de sus propios escritos. Pasó al Perú en la misma flota que conducia al virey don Jerónimo Fer- nandez de Cabrera, conde de Chinchón, el cual, después de tocar en Cartagena indiana el dia 19 de junio de 1628, y en Portobello el i5 de julio inmediato, entraba solemnemente en Lima el 14 de enero de 1629. Residió en aquel virei- nato quince años, con casa en Los Re- yes, si bien el cargo de visitador que ejerció dos veces y sus aficiones favori- XXVIII DEDICATORIA. tas, le llevaban con frecuencia de un lado para otro, de Quito hasta Potosí. Mil y quinientas leguas dice que andu- vo, consultando sobre antiguallas, re- gistrando libros de Cabildo, copiando documentos históricos, y haciendo en- sayos metalúrgicos, particularmente en Potosí, donde vivió algún tiempo, asis- tiendo en la parroquia de Santa Bárba- ra. Así acopió los materiales de su Ophir de España ó Memorias antiguas y nuevas del Perú, de su Directorio de beneficiadores de metales y arte de ellos, en cuya tercera parte trató tía descripción de todos los asientos de mi- nas del Perú y sucesos particulares de aquellos tiempos,» y de su obrilla sobre la Conservación del azogue que se pierde sobreaguado entre lamas y re- laves; y así adquirió la reputación de experto y entendido metalurgista, no menos que la de muy versado en la Historia y Geografía antigua y moder- na y en las cosas naturales de aquel Imperio. En varios lugares de su Ophir habla de ensayos de metales que hizo por sí mismo, y en el cap. 16 del libro i.°, DEDICATORIA. XXIX que el año de i638 el virey le consultó acerca del viaje del rio de las Amazonas de Pedro Texeira, habiendo declarado Montesinos algunas cosas que venían en la relación de dicha jornada, á la verdad, repugnantes, y formado unas noticias, derrotero y mapa. Tengo para mí que las investigacio- nes históricas y operaciones metalúrgi- cas no era lo único que entretenía la gran actividad del licenciado osonense. El haber escrito una Historia del Pai- titi, y creído en las riquezas de Cande- rió el Dorado de los Moxos, son prue- bas de que su imaginación se hallaba harto entretenida y preocupada con ellas; pero, en mi concepto, trató ade- más de tocarlas con la mano. Al cap. 7.0 del libro i.° de su Ophir ó Memorias antiguas, dice: «El año de 1637 entró por orden mia mi primo don Francisco Montesinos por Tarama. Sacó de allí seis indios principales que hospedé en mi casa, en Lima; estuvie- ron regalados, estimados y protegidos del virey, arzobispo, Audiencia real, Tribunal del Santo Oficio y de todos XXX DEDICATORIA. los caballeros de la ciudad y lustre; vis- tióles el virey de finas sedas; diéronles otros algunas preciosidades. Volvióles por orden del virey á sus tierras don Francisco, tratándoles con el mayor cuidado que pudo poner tan cuerdo ca- ballero; mas pagáronle todo el favor con la muerte suya, de dos Padres francis- canos y de la compañía que llevaban, sin más motivo que su furor bárba- ro.» (i) Ahora es de saber que Tarama ó Tarma era una de las puertas del fan- tástico Paititi, cuyos umbrales no po- dian traspasarse en la forma que lo hizo (i) Debe referirse á esta misma entrada lo que dice Montesinos en el cap. 19 del citado libro i/>: «Tomé
informe de si el carbunclo es piedra que lleva algún
animal en la frente, de un sargento de Monterey que
entró el año 1637 por Tarama á aquellos gentiles, los
trató bien y hizo vocabulario de sus nombres más or-
dinarios en sus lenguas, y no pudo añadir otra cosa.
Aseguróme, si, que aquellos gentiles bailan todas las
noches alrededor de grandes fuegos que hacen por imi-
tar á sus vecinos de la tierra adentro, si bien destoa los
principales se visten, para bailar, las piernas de piedras
muy resplandecientes y preciosas. ¿Quién creerá que

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