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FERNANDO MONTESINOS. MEMORIAS ANTIGUAS HISTORIALES Y POLÍTICAS DEL PERÚ


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orque no se tornasen á
levantar contra él; y asi tiránicamente su-
jetó y puso debajo de su obediencia todo
lo que está dicho.
Pruébase que este Topa Inga Yupanqui
fué el primero que instituyó la manera de
gobierno que agora tienen, proveyendo
los curacas, caciques y principales que los
mandan y gobiernan y tienen señorío
sobrellos, porque de antes del no los ha-
bia, como está dicho, porque eran behe-
trías; y que ponía en los dichos cargos á
quien quería, así de sus capitanes y cría-
dos, como de los indios que le servían en
la guerra y á otros naturales, buscando
siempre los que le parecía de mejor en-
tendimiento para gobernar y mandar los
indios que les encargaba, y que proveía á
unos de una provincia en otra.
Ansimismo se prueba que quitaba los
dichos cargos á los que quería y ponía á

ACEMA. DE LOS INGAS. 189

otros en su lugar que le parecia que te-
nían más habilidad para gobernar; y cuan-
do se moría alguno destos curacas, caci-
ques ó principales, cuando no dejaban hi-
jos que tuviesen habilidad para gobernar,
y aún dicen muchos testigos que aunque
los tuviesen, proveía el dicho Inga á otro
indio, cual le parecia de más buen enten-
dimiento, en este cargo, y éste se quedaba
en él y mandaba como el pasado, hasta
que al Inga le pareciese otra cosa, sin que
ningún hijo ni pariente del muerto lo
contradijese.
Pruébase ansimismo, que cuando habia
algún hijo del tal curaca, ó cacique ó
principal muerto que tuviese habilidad
y entendimiento para gobernar, el dicho
Inga le proveía en el dicho cargo sin te-
ner consideración á que fuese el mayor ó
el menor, sino á el que tuviese más habi-
lidad; y que siempre estuvo en costumbre
de quitar y poner estos curacas y caci-
ques como le parecia y en quien quería,
sin tener respeto á decendencias ni suce-
siones, ni á otra cosa, y no habia ninguna
contradicion en ello.
Todo esto dicen los testigos que oye-
ron á sus padres y pasados y á viejos, y
quellos se lo contaban y decían, para que
tuviesen memoria deilo y lo dijesen así

INFORMACIONES

á sus hijos, como aún agora se hace en-
trellos.
Pruébase que Huaina Capac, hijo de
Topa Inga Yupanqui, que fué el que su-
cedió [en todo lo] que su padre sujetó y
tuvotiránicamente, guardó la misma orden
en el tiempo que señoreó esta tierra, acer-
ca del proveer los dichos oficios y cargos,
sin que adquiriesen en ellos otro señorío;
y que este Huaina Capac murió ocho ó
diez años antes que los españoles entrasen
en esta tierra y la conquistasen.
Huáscar Inga y Atagualpa, hijos de
Huaina Capac, tuvieron guerras entre sí
cerca del señorío desta tierra. El Huáscar
Inga estaba en esta ciudad, y el Atagual-
pa en Quito, donde dicen que murió Huai-
na Capac, su padre. Los capitanes de
Atahualpa prendieron á Huáscar. Y dicen
los testigos, que tuvieron la misma orden
de gobierno, y que el dicho Atahualpa,
después de preso Huáscar, hizo matar
toda su generación para quedarse él con
la tierra; y teniéndolo preso, entraron los
españoles en ella.
Otra información se hizo, S. M., por
mi mandado, en esta visita general que
voy haciendo, de otros hechos que, á mi
parecer, son muy importantes al servicio
de V. M. y acrecentamiento de Vuestra

ACERCA DR L08 INGAS. JQI

Real Hacienda, con otros cien testigos di-
ferentes de los primeros, para saber y
averiguar la orden y costumbre que los
Ingas y curacas y otros indios tenian en
tiempo de su gentilidad é idolatrías de
enterrarse, y qué riquezas llevaban consi-
go á sus sepulturas, é para qué efecto, é á
qué dioses é ídolos adoraban, y qué les
ofrecían á ellos y á los Ingas muertos, y qué
orden y recaudo se tenia en la guarda
desto, y qué cosas tenian dedicadas para
ello y los sacriñcios que les hacían de ni-
ños y niñas; y ansimismo sobre las cos-
tumbres que los naturales tenian destos»
reinos antes que entrasen los españoles en
ellos, y qué modo tenian los Ingas para
los gobernar, aplicándolos al trabajo por-
que no se hiciesen ociosos, y si comían
carne humana y en qué provincia, y cómo*
eran castigados en los delitos que hacían;>
y parece que con el dicho número de cien
testigos, que algunos dellos son de la cas-
ta y decendencia de los Ingas, y otros
caciques y principales, y los demás indios-
todos viejos y ancianos, que se buscaron
de los que pareció que podrían tener más
noticia de las cosas pasadas en tiempo que
fueron gobernados por los Ingas, se pro-
veyó y averiguó lo siguiente:
Pruébase, que antes que los españoles.

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entrasen en esta tierra, en tiempo de su
infidelidad, los Ingas que los gobernaban
y los curacas y caciques y otros indios ri-
cos se hacian enterrar con mucho secreto
y en partes muy escondidas, y llevaban
consigo á sus sepulturas mucha parte de
sus tesoros y riquezas de oro, plata y otras
cosas que ellos más estimaban; y para que
se hiciese con mayor secreto, no lo fiaban
sino de algún privado ó amigo suyo, ó de
las mujeres ó amigas que más querían, ó
de quien tenian más confianza, porque no
se pudiese saber ni entender dónde esta-
ban los dichos entierros y tesoros ni en-
contrarse con estas riquezas. Y dicen mu-
chos testigos, que demás de lo haber oído
decir así á sus padres y pasados, y tenerse
por cosa muy cierta y acostumbrada en-
tre ellos, y haberlo visto así en tiempo de
Huaina Capac Inga, que ellos vieron y
entendieron que antes y después que los
españoles conquistasen esta tierra, los ca-
ciques y otros indios ricos y sus padres de
los dichos testigos tenian la dicha orden
de enterrarse con sus tesoros y haciendas,
y que muchas veces los han hallado desta
manera los clérigos que están en sus do-
trinas.
Pruébase que tenian entendido todos
los Ingas é indios que habian de resucitar

ACERCA. DE LOS INGAS. IOJ

en cuerpo y en ánima, porque habia de
venir un Viracocha que revolviese la tie-
rra, y que por esta causa mandaban en-
terrar consigo los dichos tesoros escondi-
damente, para hallarlos allí cuando resu-
citasen y no vivir con pobreza; y que así
se lo decían los dichos sus padres y pasa-
dos, para que tuviesen memoria dello y
se enterrasen por la dicha orden. Y algu-
nos testigos dicen que les decían que la
dicha resurrección habia de ser para esta
vida, y otros, que ahora entienden, por lo
que les enseñan y predican en la dotrína,
que esta resurrección no ha de ser para
esta vida sino para la otra.
Pruébase que los cuerpos de los Ingas
muertos tenian servicio situado de indios,
chácaras y ganados para su comida, como
si fueran vivos, y que los sacaban y da-
ban de comer y beber á manera de cere-
monia que se usaba entre ellos, y que de
la misma manera que se lo ofrecían en
vida, se lo tenian guardado después de
muerto; y habia depósitos para esto antes
que los españoles entrasen en esta tierra;
y que ellos lo vieron y oyeron decir así á
sus padres y pasados.

i3

i98

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taquillas muy pequeñas, y que cuando los
Ingas querían hacer algún gran regalo á
los curacas grandes y criados suyos que
más querían, les daban unas bolsillas
della, y que la demás gente común no la
tenia ni la alcanzaba; y que la estimación
que tenia esta coca era porque decian los
Ingas, que entretanto que la tenian en la
boca les aplacaba la sed y la hambre; y
otros testigos dicen que no se podrían sus-
tentar con ella si no comiesen otra cosa.
Y cerca del origen que tuvo, dicen todos
que no lo saben, excepto seis testigos que
dicen que entre los naturales se trataba
que la dicha coca, antes que estuviese
como ahora está, en árboles, era mujer
muy hermosa, y que por ser mala de su
cuerpo la mataron y la partieron por
medio, y della habia nacido un árbol,
el cual llamaron Mama Coca ó Coca
Mama, y que desde allí la comenzaron á
comer; y que se decia que la traían en
una bolsa y que ésta no se podía abrir
para comerla, si no era después de haber
tenido cópula con mujer en memoria de
aquella; y que muchas/?a//¿i$ ha habido y
hay que por esta causa se llamaron Coca;
y que esto lo oyen decir á sus pasados,
los cuales contaban esta fábula y decian
que era el origen de la dicha coca.

ACEMA DE LOS INGAS. IQQ
Pruébase que los Ingas hacian labrar
todas las minas de oro y plata é ysma
\ichma], que es el llimpi del azogue, que
se descubrían en esta tierra, y enviaban
los indios de la labor de las dichas minas
donde quiera que los hubiese.
Pruébase con muchos testigos, que los
curacas y caciques daban encada un año al
Inga oro en polvo y tejuelos de oro y plata,
y algunos testigos dicen que les daban vasos
de oro, y que por obligación tenian á sus
hijos mayores en la corte del Inga, y con
ellos embajadores para dar cuenta al Inga

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