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FERNANDO MONTESINOS. MEMORIAS ANTIGUAS HISTORIALES Y POLÍTICAS DEL PERÚ


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n-
ta , y los della determinaron que se guar-
dasen las leyes antiguas, que mandaban
que muriesen quemados con los instru-
mentos de sus hechizos, no solo los hechi-
ceros, pero los que les mandaban matar á
otros, y puntualmente se ejecutó la pena
contra los culpados, que fueron muchos.
Con el maleficio amatorio tenian los
hechiceros azonzados á muchas personas
principales; el cual maleficio consistía en
que eran unas pedrezuelas y ciertas yer-
bas con que perdían el juicio y se rendían
con amor vehemente á otras personas
más humildes. Tenian éstos sus ídolos á
quien consultaban; entre otros era una
guaca ó ídolo de los amores, que es una
piedra blanca ó negra, y alguna parda,
pequeña y muy lisa; y algunas destas
piedras tienen apariencia de dos personas
que se abrazan, y esta pedrezuela es así

DIL PESÓ.

117

de su naturaleza. Buscan la los hechiceros
(ó dicen que la hallan) cuando el relám-
pago se despide de las nubes con gran
trueno y cae el rayo, y allí la buscan en el
lugar donde cayó; y estas piedras son de
más estima que otras artificiales sacadas
destas; llaman se estos ídolos kuacanqui
ó cuyancarumi; véndense en gran precio
estos ídolos, especialmente entre mujeres,
y el uso dellos dura hasta hoy; no faltan
compradores, y véndense con la instruc-
ción que han de guardar. Usan deste ídolo
las que pretenden ser dichosas y queridas,
y hales hecho el Demonio creer que todas
las lunas nuevas ayunen dos ó tres dias,
que no coman sino solo maíz blanco,
absteniéndose de la conversación de va-
ron, ó el varón de mujer. Ponen este
ídolo en una cestilla nueva con muchas
plumas azules y verdes de unos pájaros
que llaman Tunqui, y otros llamados
Pilco (1), harina de maíz y ciertas yerbas
olorosas y hojas de coca. Esta cestilla
guardan entre la ropa limpia, y cada mes

(1) De pilleo, colorado; puede referirse á mochos
géneros. Los Tunhi, son generalmente especies de
Rupicola, aunque aquí parece más bien tratarse del
género Trogon y aún del Tanagra y sus afines. En
estos amuletos entraban, y aún entran hoy, principal-
mente, plumas de quintit (tominejos 6 picaflores.)

Il8 «EVOBIAJ IHTOTAS

renuevan la harina de maíz con diversas
ceremonias, y se limpian el rostro con
ella y ayunan algunos dias.
También usaban para el mismo efecto
de otra invención diabólica: tomaban al-
gunas preseas, como cabellos, unos vesti-
dos que hubiesen sido muy sudados,—por-
que en este sudor dicen que hace más
efecto, -saliva, y finalmente otra cualquier
cosa de la persona que quieren ligar con
amores diabólicos, á quien hacen padecer
dolores terribles de corazón, y privándoles
del entendimiento, haciéndolos tontos,
que aunque ven, no ven, ó, por mejor
decir, no atienden. Para esto, el modo del
hechicero era tomar gran cantidad de
coca después de media noche, tabaco
verde, canela de los Andes, con que se
preserva del sueño; luego cantaba en voz
baja llamando á los espíritus ó ánimas de
las personas cuyas preseas tienen delante.
Luego que parecen en ilusión del Demonio,
hace examen el hechicero de la causa
por qué no se aficionan y aman recípro-
camente, y oídas algunas excusas ó te-
mores, reprende ó manda, al que se excu-
sa , que sin embargo de lo que dice, haga
lo que él manda, ligándole con una cuerda
de lana; y tomando maíz negro y otras
cosas, limpian las preseas que tienen de-

DEL VKltf.

"9

iante diciendo: «con esto limpio y quito
de todos vuestros actos y amores la ad-
versa fortuna», que llaman chiqui. Toman
luego todo lo dicho, y con la coca mas-
cada y otras cosas que han ofrecido á la
guaca de los amores, y alguna chaquira,
lo ponen en una olla nueva, y entiérranla
en un lugar secreto y apartado, de ordi-
nario en la junta de dos ríos, á que los
indios llaman tincuc. Este modo de hechi-
cería dicen los indios que es de tanto
efecto, que no puede ninguna persona
ligada apartarse del que ama, y casi han
querido decir que les fuerza el libre al-
vedrío; como me dijo cierto amigo cura,
harto afligido de no poder darles á enten-
der lo contrario á algunos que usaban
desto; y di jome que habia hecho toda
diligencia, y que hallaba, por su cuenta,
que estos males de corazón y abreviarse la
vida^ lo causaban unas yerbezuelas que los
hechiceros dan en los manjares después
del entierro de la olla, de las cuales di-
cen los herbolarios desta tierra que crian
cierto humor sobre el corazón que causa
estos accidentes, y corrómpese por tiem-
po , convirtiéndose en humor hipocóndri-
co, de que se les sigue á los que han to-
mado estas yerbas mal de corazón y
muertes repentinas.

I20 MIM0IIA8 ANTIGüáS

CAPÍTULO XXI.
Dicense algunas cosas tocantes á las ante-
cedentes, y sucesos del Inga Sinchi
Roca.
Muy en su punto estaban las hechice-
rías en tiempo de Sinchi Roca, ocasiona-
das de la sodomía, como hemos visto.
También usaban los hechiceros para el
efecto dicho y para adivinar las cosas fu-
turas, y saber algunos sucesos y secreto
desto, poner al fuego un tiesto grande y
llano, que llaman callana, y en él cierto
número de granos de maíz, de diversos
colores, que cada uno representaba el per-
sonaje conforme al nombre que le ponían.
El aríolo, después de haber tomado mu-
cha coca y tabaco verde en la boca, ha-
blando entre dientes le preguntaba y
apremiaba á que responda por demostra-
ción , haciendo muestra con los meneos de
lo que se les pregunta. Al punto los gra-
nos comienzan á menearse, apartándose
los unos de los otros ó llegándose, y si al-
gún grano no hace lo que el aríolo le
manda, es reprendido y castigado de él
con una varilla, como si fuese persona.

DEL PERÚ.

121

Desta manera, junta los dos granos de los
amantes, cuando esto se hace para el ma-
léfico amatorio, y el hechicero echa los
granos después en el fuego.
Si pretendía el rey saber algún suceso
de guerra, ó batalla, ó de otro suceso, po-
nían los granos con orden, nombrando los
capitanes y diciendo algunas palabras. Los
granos unos con otros hacian gran pelea,
hasta echar á los venidos fuera del tiesto,
y luego el hechicero decía el suceso como
si le hubiera visto. Otras veces, en lugar
de los granos, ponían en el tiesto unas
candelillas de sebo, y sin darle fuego, por
la llama dellos, hace el hechicero demos-
tración de lo que pretende; y dicen que
esto es de más efecto que lo de los granos.
Diéronse tanto á este vicio, que ya las he-
chiceras traían á los maridos á los merca-
dos á vender muchos hechizos compues-
tos, y algunos simples, como eran las yer-
bas del bien querer y del olvido; acerca de
lo cual referiré un caso extraño que suce-
dió en el año de...(i), todo para que
cuiden los prelados lo que importa extir-
par estas hechicerías, que aún hoy du-
ran (2).

(i) Claro en el original.
— (1) Falta el ca»o.

122 MEMORIAS ANTIGUAS

El Inga Sinchi Roca hizo castigo gene-
ral de todos los hechiceros, y sólo reservó
con vida los que adivinaban los sucesos de
las guerras y declaraban los secretos. Con-
sultó á éstos sobre el rey de Andaguáilas,
de quien tenia grandes sospechas, y des-
pués de haber hecho sus ceremonias, le
respondieron: que los de Andaguáilas es-
taban rebelados, y que así era bien hacer-
les guerra y obligarles con ella á que es-
tuviesen en sujeción, porque los pronósti-
cos señalaban buenos sucesos en las bata-
llas, aunque á lo largo las victorias. Con
esto el Inga envió á hacer gente, y juntó
un grueso ejército, y bien proveído de ar-
mas y sustento, lo encaminó con un ge-
neral de toda satisfacción hacia Anda-
guáilas. Antes envió sus espías, y éstas di-
jeron que la causa de estar mal contentos
los deste valle, no era tanto la sujeción
como el haberla hecho al Inga, á quien
sus ídolos decian no deberse obediencia,
por no ser legítimos Señores. Entendido
esto por Sinchi Roca, envió á su general
que hiciese alto donde le cogiese aquel
chasqui, y que no pasase de allí hasta te-
ner nueva orden suya. Despachó luego
mensajeros al Señor de Andaguáilas, di-
ciéndole cómo se espantaba mucho que-
brase la fe que habian guardado sus ma-

DEL PERÚ.

I23

yores á los Ingas por respuestas de falsos
dioses; que reconociese por verdadero
dios al sol y á la luna, y echaría de ver
como era cierto descender dellos y ser
verdaderos Señores del mundo; que no
diese lugar á derramamiento de sangre,
pues todos los daños corrían por él como
perturbador de la paz; y que determinán-
dose á obedecerle, le perdonaba lo pasado.
Respondió el de Andaguáilas que ya tenia
su gente junta y el gasto hecho, y que así
no podía menos que resistir á quien le
quisiese quitar su libertad.
Visto la resolución, mandó el Inga &#

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