FERNANDO MONTESINOS. MEMORIAS ANTIGUAS HISTORIALES Y POLÍTICAS DEL PERÚ


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FERNANDO MONTESINOS. MEMORIAS ANTIGUAS HISTORIALES Y POLÍTICAS DEL PERÚ.

MEMORIAS
ANTIGUAS HISTORIALES Y POLÍTICAS
DEL PERÚ,
POR EL LICENCIADO
D. FERNANDO MONTESINOS,
hechas por mandado de
D. FRANCISCO DE TOLEDO,
VIREY DEL PERÚ.

MADRID
IMPRENTA DE MIGUEL GINESTA
calle de Campomanes, 8
1882

ADVERTENCIA.

Por segunda ve% figura en esta
Colección el nombre del entendido bi-
bliófilo y sabio americanista, Don
Marcos Jimenej de la Espada, quien
da á luf en el presente volumen dos
curiosísimas obras sobre el Perú: las
MEMORIAS ANTIGUAS DEL LICENCIADO MON-
TESINOS,^ las INFORMACIONES ACERCA DEL
SEÑORÍO Y GOBIERNO DE LOS INCAS, hechas
por mandado del Virey D. Francisco
de Toledo en los años de iSyo al i5?2;
ambas muy importantes para el estu-
dio de la historia antigua de aquella
parte de América.
Esperamos pues, 6, mejor dicho, te-

VI

ADVERTENCIA.

netnos la casi seguridad9 de que nues-
tros constantes favorecedores agrade*
cerón tanto, por lo menos, este tomo,
como el publicado anteriormente por
nuestro querido amigo, de las Andanzas
c viajes de Pero Tafur, cuya edición
se agotó hace ya tiempo.

F. DEL V.

J. S. R.

Al Btno. Sr. D. Cesáreo Fernandez
Duro.

H ÓNREME Vd., amigo mió, admitiendo
la dedicatoria de este trabajo.
No es una gran cosa, como Vd. verá.
En limpio, y descartadas las» Informa-
ciones con que finaliza y se completa
el volumen—, viene á reducirse á la
primera edición castellana de el Libro
segundo de las Memorias antiguas
historiales^ políticas del Pirú, escrito
por el licenciado don Fernando Monte-
sinos, y que, vertido al francés, publicó
en el año de 1840 M. Ternaux-Com-
pans, con el título de Mémoires histo-
riques sur Vanclen Pérou; obra curio-
sísima, verdaderamente singular,—y
muy sospechosa también en aquella
parte que la constituye en una especie
de Antiguo Testamento peruano.

VIII

DEDICATORIA.

Pero á pesar de esta grave circuns-
tancia, no hay americanista que al en-
trarse por las oscuras y remotas edades
anteriores al imperio de Tahuantin-
suyu, no la cite ó comente ó aduzca al-
guno de sus conceptos ó pasajes con tan-
ta seguridad como si se tratara de las de
Cieza, Garcilaso ó el licenciado Polo.
Y puesto que, por unánime acuerdo
y común parecer, la encontramos en
tan autorizada compañía,—de la cual
no seria enteramente justo divorciarla,
pues, en h«ior de la verdad, Montesinos
discurre sobre las cosas de los Incas por
el estilo de los otros autores—, conven-
drá Vd. conmigo en que vale más, si es
posible, conocerla y tenerla cual es y se
hizo, que no seguir ateniéndonos á un
texto impreso en lengua extraña á la
del autor, donde, ya por esa facilidad
característica de los paisanos de Mr. Ter-
naux, ya porque éste no conociera sufi-
cientemente nuestra habla del siglo xvn,
han podido deslizarse errores que aña-
dan tal vez á un aserto estupendo de los
que Montesinos acostumbra, algo más
estupendo y raro todavía; como de

DEDICATORIA •

IX

cierto así es y resulta del cotejo de la
edición francesa con su original caste-
llano, hoy existente en la Academia de
la Historia, tomo A—155 de la copiosa
colección de D. Juan Bautista Muñoz.
Parece que á mi propósito bastaba
reproducir fielmente dicho original;
mas, luego que conozca Vd. su histo-
ria,—ignorada del editor francés—opi-
nará como yo: que acaso no lo hubiera
conseguido.
Registrando Muñoz las bibliotecas
de Sevilla en busca de documentos para
su Historia del Nuevo Mundo, tropezó
en la del convento de San José de Mer-
cedarios Descalzos con tres volúmenes
manuscritos en folio de la grande obra
del licenciado Montesinos, compren-
diendo uno de ellos los libros i.° y 2/ de
las Memorias antiguas del Perú y los
otros dos los libros 1/ y 2.0 de los Ana-
les del Perú. Ignoro los motivos que
tuvo para no mandarlos copiar—según
su costumbre,—á alguno de sus escri-
bientes;—por ventura se brindaron los
frailes á esta tarea; quizás les estaba
prohibido facilitar los códices sin orden

X

DEDICATORIA.

superior—; solo sé que en el expediente
que lleva el nombre de nuestro último
cosmógrafo de Indias, y acompañando
al original castellano de la versión de
Mr. Ternaux, obran las comunicacio-
nes siguientes:
«Excmo. Sr. D. Josef de Galvez (mi-
nistro que era entonces de la Corona.)
«Excmo. Señor:—Mi mucho desvelo
en examinar papeles curiosos ha llegado
á colmar los deseos que tenia de servir
á V. E., ofreciendo y poniendo en su
excelente mano la primera y segunda
parte de la Historia del Perú, que es-
cribió el licenciado don Fernando de
Montesinos. Su estilo y sus caracteres
me han añadido nuevo trabajo, que he
llevado con gusto, por el que sé tie-
ne V. E. á cargo de su excelente mérito.
Dándome V. E. su beneplácito, remitiré
dichas dos partes por ahora, y después
los Ármales de dicho licenciado Mon-
tesinos, que principian desde el año 1498
y finalizan el de 1642; obra toda que
fué formando de los escritos y testimo-
nios que halló en los archivos de aquel
vasto imperio, y por tanto, la más ver-

DEDICATORIA.

XI

dadera. Las muchas repeticiones que
tiene sobre una misma cosa, me han
hecho mudarles de estilo, sin faltar d
cuanto dice ni añadir cosas volunta*
rías, á fin de que no fastidien y se
haga más apreciable. Remitiré asimis-
mo algunas otras curiosidades á V. E.t
con las que confio en Dios tendrá algún
placer, y yo el mayor en recibir pre-
ceptos de V. E. en que ejercitarme,
mientras pido á la Divina Majestad
prospere la vida de V. E. muchos
años.—De éste del Señor San Josef de
la ciudad de Sevilla, á 19 de setiembre
de 1785.—Fr. Josef de San Antonio
Abad.»
Apresuróse el ministro Galvez á ma-
nifestar á Fr. Josef cuánto agradecia su
obsequio, y recelando sin duda, por el
estilo de Su Paternidad, que no iba á
quedar muy bien parado el del autor
que pretendía corregir, le anadia en
carta de San Ildefonso y 28 del mismo
setiembre:
«En lo que toca al estilo que dice
Vuestra Paternidad ha mudado por qui-
tar algunas repeticiones molestas, hu-

XII

DEDICATORIA.

biera sido más acertado no tocar á él;
así porque la obra estuviese como salió
de las manos del autor y pudiese for-
marse juicio de su método y modo de
escribir, como porque cualquier cosa
que necesitase reformarse poSria hacerse
después con más tiempo y premedita-
ción que el que permite la aceleración
de copiar; en caso que se pensase darle
al público.»
Desgraciadamente estas atinadas ad-
vertencias no dieron el resultado que
era de esperar. Allá al cabo de un año,
al remitir Fr. José las copias al minis-
tro, le decia:
«La retardación de la de V. E., que
acabo de recibir con fecha de 28 de se-
tiembre de 85, no ha sido bastante á
suspender el trabajo que me habia to-
mado en obsequio de V. E. Con este
motivo remito á V. E. el «Libro primero
y segundo de las Memorias antiguas
historiales del Perú,» sin quitar nada
substancial ni añadir á lo que el li-
cenciado don Fernando Montesinos es-
cribió. Va esta segunda parte ó segundo
libro ya copiado y puesto en claro, que

DEDICATORIA.

XIII

es para lo que he tenido algún lugar.—
Remito asimismo á V. E. casi todo el
primer tomo de los Anuales, é* iré tra-
bajando hasta finalizarlo y finalizar asi-
mismo el segundo tomo, que también
remitiré á V. E., y contiene hasta el año
de 1642.—Por lo que dije á V. E. en
mi antecedente, lo he puesto todo en ese
estilo; pero yo no dudo que dicho señor
licenciado fué hombre muy capaz y ver-
dadero. He hecho examen de sus citas
y las he hallado conformes. Yo deseo
á V. E. toda prosperidad y que Dios lo
prospere en su mayor grandeza. Sevi-
lla 29 de setiembre de 86.—B. L. M.
de V.' E. su capellán,—Lector Fr. Josef
de San Antonio Abad.»
En resolución, que las Memorias
antiguas historiales y políticas del
Pirú llegaron á manos del ministro
Galvez aderezadas á gusto del P. José, y
en este estado pasaron á las de Muñoz,
que agregó el manuscrito á sus papeles
históricos tal y como lo habia recibido.
Y ¿quién averigua hoy hasta dónde
trascienden las mejoras del escrupuloso
lector mercedario? Porque excuso decir

XIV

DEDICATORIA.

á Vd. que los originales que mejoró no
parecen ni se sabe más de ellos.
Así, pues, con la publicación del que
tuvo á la vista Mr. Ternaux sólo alcan-
zaba poner de manifiesto los errores y
descuidos que cometió al traducirlo, no
el texto verdadero de Montesinos; y
únicamente á falta de otro menos sos-
pechoso, me hubiera quedado con el del
P. José.
Mi necesidad, sin embargo, no ha
llegado á ese extremo, gracias al viaje
que de orden del Sr. Ministro de Fo-

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