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Сборник документов по истории Мексики. Том первый. Часть первая. Colección de documentos para la historia de México.Tomo Primero


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Consejo.
El año de 1552 había entrado, y nada indicaba que aquella augusta corporación se dispusiera a pronunciar su fallo, a la vez que, según se ha dicho, la controversia se proseguía con el mismo ardor y con sus mismas fatales trascendencias. El obispo se decidió entonces a imprimir sus opúsculos, ya para provocar con ellos la resolución definitiva del Consejo, ya, si no la daba, para autorizar con su silencio la doctrina establecida en aquellos. Firme, como en todas sus resoluciones, y sin desalentarse por la mala suerte con que había caminado el doctor Sepúlveda, imprimió y circuló los tratados que hoy corren en un volumen, tan estimado como [CXIII] escaso, aunque sin formar cuerpo o colección. Como en cuatro de ellos falta la indicación del mes y día de la impresión, es difícil saber cuál fue el primero que salió a luz; mas por los otros cuatro que se encuentran en el ejemplar que yo poseo, se puede reconocer que el obispo quiso publicarlos simultáneamente, pues las fechas de su impresión son 17 de Agosto, 10, 12 y 20 de Setiembre de 1552, con la circunstancia de haberse encargado la del penúltimo a otro impresor, probablemente para abreviar y para facilitar la circulación simultánea, por la suma lentitud con que entonces se ejecutaban las operaciones tipográficas. En esa colección figuraba la famosa Brevísima relación de la destrucción de las Indias, que desde entonces se tradujo en las lenguas principales de Europa; la Disputa o Controversia con el doctor Sepúlveda, de que se ha dado ya razón; una Memoria que presentó al Consejo, por su orden, sobre la esclavitud de los Indios, papel más espantable por sus horribles revelaciones, que la misma Brevísima relación (177); y en fin, el execrado Confesionario, materia de tanta turbación y escándalo, con las Adiciones y las Treinta proposiciones, que le servían de comentario y defensorio.
Ninguna pluma alcanzaría a describir, ni todos podrán comprender la irritación y terrible sacudimiento que debió producir en esa época la lectura de estas piezas, que se anunciaban como el grito de la victoria obtenida por un fraile anciano, desde el fondo de su claustro, sobre los inmensos y poderosos intereses de los potentados de dos mundos, y después de una lucha largamente sostenida y empapada en sangre y lágrimas. Podemos juzgar de esa impresión por la que hizo en el espíritu del Padre Motolinía, pues que esos opúsculos, y muy particularmente el Confesionario, fueron los que dieron ocasión y materia a la filípica tantas veces citada, y que en forma de dirigió a Carlos V el 2 de Enero de 1555. Si quisiéramos reconocer la medida de su irritación, la tendríamos en el arrojo con que se desliza hasta darse por ofendido del Consejo (178), y lo que es más, hasta manifestar su enojo al Emperador mismo.
De las palabras con que Fray Toribio formulaba su queja, combinadas con otro pasaje que se encuentra en la pág. 256, surgen dos dudas que no será inútil esclarecer, por su congruencia con nuestro asunto. -1ª ¿Don Fray Bartolomé imprimió sus opúsculos a la manera del doctor Sepúlveda, esto es, a excusas del Consejo y atropellando sus prohibiciones? 2ª ¿En qué fecha llegaron a México los primeros ejemplares? -Si diéramos asenso [CXIV] a Fray Toribio, la respuesta a la cuestión sería afirmativa, pues consolándose a sí propio y dándote satisfacción de su queja contra el Consejo que había tolerado la impresión, dice en seguida: «mas después bien mirado, vi que la impresión era hecha en Sevilla al tiempo que los navíos se querían partir, como cosa de hurto y mal hecho». «Contra esta aserción obran varias consideraciones, y la autoridad del propio Padre Motolinía, que resuelve nuestra duda 2ª en aquellas palabras de la pág. 256: «agora en los postreros navíos que aportaron a esta Nueva España han venido los ya dichos confisionarios IMPRESOS, que no pequeño alboroto y escándalo han puesto &c». -Analicemos las especies, harto contradictorias, contenidas en estos pasajes.
La comunicación entre la América y la España no se hizo durante el siglo XVI, y aun mucho tiempo después, sino por medio de las Flotas que venían y retornaban en épocas fijas. Una cédula expedida en 1564 (179) regularizó este tráfico, ordenando que las destinadas a la Nueva España (México) se hicieran precisamente a la vela el 1º de Abril, «aun cuando estuvieran a media carga». Disposiciones posteriores (180) hicieron una pequeña alteración, designando el mes de Mayo para las de México, y el de Agosto para las de Tierra-Firme. -El retorno estaba igualmente regulado por la mencionada cédula (181), señalándose para las que partían de Tierra-Firme el lº de Febrero, y para las de Veracruz el 15, de manera que ambas se juntaran en la Habana el 1º de Marzo, para continuar unidas. No tenemos, o yo no conozco, ninguna noticia de las fechas en que vinieran las Flotas de España, desde el descubrimiento de México hasta fines del siglo XVI; pero sí la hay de los envíos de caudales que los gobernadores y virreyes de México hicieron desde el año de 1522 al de 1587 (182); y como éstos han debido hacerse, necesariamente, por las Flotas y en las épocas prescritas por la ley, podemos también fijar con bastante certidumbre las de su partida de los puertos de España. Ahora bien; en la mencionada noticia del envío de caudales, encontramos que no lo hubo en el año de 1552 (183); pero sí en los de 1533, 1554 y 1555; por consiguiente las Flotas respectivas que los condujeron, salieron de España en Abril o Mayo de 1552, 1553 y 1554, arribando a México, probablemente, hacia [CXV] Octubre (184) de su año respectivo. De estos precedentes y de la aserción del mismo Padre Motolinía, que decía el 2 de Enero de 1555, que los opúsculos IMPRESOS del V. Casas habían llegado a México por la última Flota (185), se deduce necesariamente, que la que trajo aquellos fue la que salió de los puertos de España en Abril o Mayo, y arribó a Veracruz hacia el mes de Octubre del año anterior de 1554. De esta deducción son también forzosos consectarios, que el V. Casas ni imprimió furtivamente sus mencionados opúsculos, ni menos aguardó la ocasión de la salida de la Flota para imprimirlos y despacharlos a América, según insinúa y pretende persuadir el Padre Motolinía. La prueba y fundamento de esta aserción nos la da incontrastable un simple cotejo de las fechas. La impresión del famoso Confesionario, el último de los publicados, se acabó el 20 de Setiembre de 1552, y de esta fecha a la de la salida de la Flota que los trajo, mediaron diez y nueve meses, cuando menos; tiempo muy sobrado para destruir la sospecha de clandestinidad, y para que el gobierno hubiera recogido la edición e impedido su circulación en América, como lo hizo con la Apología del doctor Sepúlveda. -Obra todavía una última consideración que parece decisiva, y es que la Brevísima relación, esa tremenda invectiva contra los conquistadores y encomenderos, que causó el mayor escándalo, la DEDICÓ su autor a Felipe II, -«y la puse en molde (dice en el prólogo) porque su alteza la leyese con más facilidad». -Dedicatorias de obras de tal carácter, y a tan altos personajes, no se hacían antes, ni aun hoy, sin captar previamente su consentimiento.
La del Padre Motolinía al Emperador, que tanto nos ha dado en que entender, es el último documento que conozcamos de este misionero, y también el último suceso de fecha cierta: los otros constan únicamente de las narraciones generales y vagas, características de las antiguas crónicas y biografías; bien que tampoco nos hayan conservado sucesos de grande interés. Los más notables son la singular distinción con que lo honró la Silla Apostólica, concediéndole la facultad de administrar el sacramento de la confirmación (186); su ministerio de guardián de Tezcoco y la fundación de Atlixco, cuya primera iglesia construyó. El MS. en lengua mexicana, de que se habló en otra parte, insinúa que fue guardián de Tecamachalco durante año y medio.
Los monumentos históricos y la tradición son uniformes en encomiar las [CXVI] grandes virtudes, trabajos e infatigable diligencia y perseverancia de nuestro misionero, diciéndose de él que fue el que anduvo más tierra». -Pruébanlo en efecto sus dilatadas y repetidas expediciones. Ellas igualmente dan testimonio de su genio observador, en las variadas noticias que nos ha conservado de las curiosidades de la naturaleza en todos sus ramos, lo mismo que de los usos y costumbres de los indígen

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