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De estos hombres se dice que los de la cuenca del río Salado murieron por no
resistir la presencia del sol; y los del sector socaireño, debido a la intensidad de
las lluvias, acompañadas con sus truenos y relámpagos.
De ellos sólo perduran sus pueblos destruidos y sus tumbas saqueadas. También,
a medio camino entre Toconce y Linzor, sus grandes pies quedaron marcados
sobre las blandas rocas de aquella época. Hoy es posible ver esos rastros allí
donde quedaron definitivamente grabados por ejemplo en Patillón.
En Socaire, cuentan algunos vecinos, cuando “los abuelos” habían hecho los
terrenos y las eras, llovió durante cuarenta días y cuarenta noches, y el agua
corrió y corrió, después, quizás cuántos años, demoró en terminarse el agua.
La gente en ese entonces era muy tímida, vivían en los graneros. No tenían casas,
tampoco tenían nombres porque no eran cristianos. Aunque no eran gente
educada eran personas muy buenas que vivían inocentemente. Trabajaban la
tierra, sin herramientas porque no conocían la picota, ni la pala ni el chuzo; sólo
usaban una rama de árbol y la pura mano. Sin embargo, ¡fue tanto terreno el que
trabajaron!…
Ellos le cantaban al agua y el agua les ayudaba en sus trabajos, corriendo de
piedra en piedra para hacer los muros de esos largos canales que aún se ven. Sin
embargo, después de la larga lluvia lo perdieron todo: los terrenos, los sembrados,
la vida. Por eso ahora, nadie sabe cantarle al agua para que vuelva a brotar como
antes, para que haya tantos sembríos como antes, para que la gente sea buena e
inocente, como antes.
Fuente: Del libro “Monitores Culturas Originarias”. Área Culturas Originarias. División de Cultura. Mineduc.
- 11 -
Leyendas de Tierra del Fuego
LOS ONAS Y LA LUNA
(Mito Selk’nam )
Los Onas suponen que en las variadas fases de la luna hay seres ocultos
enemigos de los hombres que les causan mayor pavor.
El engrosamiento gradual de la luna KRE les inspira gran miedo, porque creen que
para engrosarse se alimenta de criaturas humanas, a las cuales les chupa la
sangre que les causa la muerte.
De aquí que cuando llega el plenilunio hagan fiestas alrededor de grandes fogatas
y bailan y gritan en algazara infernal durante toda la noche, celebrando él haber
librado del peligro de muerte a sus hijos, que aman con mucha ternura.
KAMSHOUT Y EL OTOÑO
(Leyenda Selk’nam - Tierra del Fuego, -)
Hubo un tiempo en que las hojas del bosque eran siempre verdes. En ese
entonces el joven selk’nam Kamshout partió en un largo viaje para cumplir con los
ritos de iniciación de los klóketens.
El joven iniciado tardó tanto en volver que el resto del grupo lo dio por muerto.
Cuando nadie lo esperaba, Kamshout volvió completamente alterado y empezó a
relatar su sorprendente incursión en un país de maravillas, más allá en el lejano
norte.
En ese país los bosques eran interminables y los árboles perdían sus hojas en
otoño hasta parecer completamente muertos. Sin embargo, con los primeros
calores de la primavera las hojas verdes volvían a salir y los árboles volvían a
revivir. Nadie creyó la y la gente se rió de Kamshout quien, completamente
enojado, se marchó al bosque y volvió a desaparecer.
Luego de una corta incursión por el bosque, Kamshout reapareció convertido en
un gran loro, con plumas verdes en su espalda y rojas en su pecho. Era otoño y
Kamshout -a partir de entonces llamado Kerrhprrh por el ruido que emitía, volando
de árbol en árbol fue tiñiendo todas las hojas con sus plumas rojas. Así
coloreadas, las hojas empezaron a caer y todo el mundo temió la muerte de los
árboles. Esta vez la risa fue de Kamshout.
En la primavera las hojas volvieron a lucir su verdor, demostrando la veracidad de
la aventura vivida por Kamshout. Desde entonces los loros se reúnen en las ramas
de los árboles para reírse de los seres humanos y así vengar a Kamshout, su
antepasado mítico.
Fuente: Cuentos y Leyendas Americanas.
- 12 -
EL ORIGEN DEL CALAFATE
(Leyenda Selk’nam )
Cuando los Selk’nam habitaban Tierra de Fuego se agrupaban en
diversas tribus, dos de ellas se encontraban en gran conflicto, los jefes
de ambas comunidades se odiaban hasta la muerte. Uno de ellos tenía
un joven hijo, que gustaba de recorrer los campos. En una ocasión se
encontró con una bella niña de ojos negros intensos y se enamoró de
ella.
Lamentablemente, era la hija del enemigo de su padre, la única manera
de verse era a escondidas, pero el brujo de la tribu de la niña los
descubrió. Vio sin embargo, que no podría separarlos y condenó a la
niña, transformándola en una planta que conservó toda la belleza de sus
ojos negros, pero con espinas, para que el joven enamorado no pudiera
tocarla. Pero el amor era tan fuerte que el joven nunca se separó de
esta planta y murió a su lado.
Por eso cada quien que logre comer el fruto de este arbusto estará
destinado a regresar a la Patagonia, pues uno no puede separarse del
poder de amor que hay en el calafate, nos atrae a él y no nos permite
que nos marchemos por mucho tiempo.
Fuente: Cuentos y Leyendas Americanas.
- 13 -
YINCIHAUA
(Leyenda Selk’nam)
Todos los años en la primavera, las jóvenes mujeres onas se juntaban en una
choza especial, para la importante fiesta llamada “yincihaua”. Acudían desnudas,
con el cuerpo pintado y en sus rostros máscaras multicolores. Tenían gran
imaginación para hacerse hermosos dibujos geométricos, que representaban los
distintos espíritus que viven en la naturaleza. Ellos les daban los poderes que
ejercían sobre los hombres.
Ese día una de las niñas tomó con mucho cuidado un poco de tierra blanca y
empezó lentamente a trazar las cinco líneas que pensaba pintar desde su nariz
hasta las orejas. Las otras jóvenes trataron de imitarla, ya que las figuras en el
rostro eran muy importantes.
La fantasía de cada una se echó a volar y se pintaron de arriba abajo con
armoniosas figuras. Unas a otras se ayudaban, pero para no ser reconocidas, se
pusieron en sus rostros unas máscaras talladas. Blanco, negro y rojo eran los
colores preferidos. En un momento dado, cuando ya estaban todas preparadas,
salieron de la choza con grandes chillidos y mucho alboroto para asustar a los
hombres que las esperaban afuera.
La bulliciosa ceremonia se encontraba en su apogeo y todos daban gritos, cuando
sobre el tremendo ruido reinante se escuchó una fuerte discusión entre el hombresol
y su hermana, la mujer-luna.
-Yo no te necesito- insistía con altivez la luna.
-Sin mí, no puedes vivir- le contestó sarcástico el sol.
-Perdería mi brillo quizás, pero seguiría viviendo.
-Sin el brillo que yo te doy no vales nada.
-No seas tan presumido, hermano sol.
-Tú deberías ser más humilde, hermana luna.
Y así siguieron la disputa como dos niños chicos. Todos los hombres se pusieron
de parte del sol y las mujeres apoyaron a la luna. La discusión fue creciendo,
creciendo y ni siquiera el marido de la mujer luna, que era el arcoiris o “akaynic”,
pudo lograr que la armonía volviera a reinar entre la gente de la tribu.
De pronto, un gran fuego estalló en la choza del “yincihaua”, donde las mujeres
habían ido a buscar refugio cuando la pelea se hizo más fuerte. Allí estaban
encerradas cuando las alcanzaron las llamas.
Aunque el griterío fue inmenso, ninguna logro salvarse. Todas murieron en el
incendio. Pero se transformaron en animales de hermosa apariencia, según había
sido su maquillaje. Hasta hoy mantienen esas características y las podemos ver,
por ejemplo, en el cisne de cuello negro, en el cóndor o en el ñandú.
Afortunadamente ellas nunca supieron lo que había sucedido. Les habría dado
mucha pena, porque fueron los propios hombres los que prendieron el fuego. Es
que tenían envidia del poder que en el comienzo de los tiempos ostentaban las
mujeres, y querían quitárselo.
- 14 -
Después de este penoso episodio la mujer-luna se fue con su esposo “akaynic”
hasta el firmamento. Detrás de ellos, queriendo alcanzarlos, se fue corriendo el
hombre-hermano-sol, pero no pudo lograrlo.
Todos se quedaron, sin embargo, en la bóveda celestial y no volvieron a bajar a
las fiestas de los hombres.
Fuente: Del Libro “El Mundo de Amado”. Leyendas de Tierra del Fuego. Lucía Gevert.
- 15 -

Антология индейских мифов Чили.
ANTOLOGÍA LEYENDAS Y MITOS INDÍGENAS de

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