Фернандо Соррентино. Призраки матерей и дочерей после сорока семи лет. Fernando Sorrentino. Fantasmas de madres e hijas cuarenta y siete años más tarde

Фернандо Соррентино. Призраки матерей и дочерей после сорока семи лет.
Fernando Sorrentino. Fantasmas de madres e hijas cuarenta y siete años más tarde

Entre otras muchas, siento especial simpatía y debilidad por dos obras literarias argentinas. Ninguna relación parece existir entre ellas. Pertenecen a diversos géneros, a épocas distintas, a intenciones dispares, a conceptos lejanos entre sí.

La primera es un drama en cuatro actos, de estructura absolutamente tradicional y de puesta en escena “realista”. Su autor es Gregorio de Laferrère (1867-1913), se titula Las de Barranco y se estrenó en 1908. Participa del costumbrismo, de cierto moderado grotesco, del humor y de la sutil pintura psicológica del egoísmo que exorna a su protagonista.

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La segunda es una novela, muy posterior. En ella el autor-narrador prefiere callar y ceder la palabra a sus personajes. Los discursos de éstos (dos declaraciones policiales en estilo directo, un diálogo, otra declaración policial en estilo indirecto libre y una carta) forman una trama fragmentada, cuyos pedazos se unirán, con el rigor propio de un teorema, en la última línea del libro. Por la prosa magnífica del relato corren la psicología, las voces inconfundibles de los personajes (oírlos es saber cómo y quiénes son), los toques de humor y un enigma policial que funciona con precisión perfecta. Su autor es Marco Denevi (1922-1998),* la novela es Rosaura a las diez (1955) y yo —de más está decirlo— soy uno de sus más fervientes admiradores.

Aunque no parece haber nada en común entre el drama de principios del siglo y la novela de la década de 1950, los dos libros participan de ciertos detalles significativos:

Las tramas de ambas obras tienen lugar en ámbitos muy similares. En Las de Barranco se trata de una casa de familia en la que algunas de sus habitaciones son alquiladas a huéspedes; todo el conflicto tiene lugar dentro de esa casa. A su vez, la mayor parte de Rosaura a las diez se desarrolla dentro de una hospedería.
Las propietarias de una y otra casa son dos mujeres maduras (doña María en Las de Barranco y la señora Milagros en Rosaura a las diez); deben mantener a su familia y comparten los siguientes rasgos: son viudas, enérgicas, equivocadas, autoritarias, indiscretas y carentes de tacto.
Doña María tiene tres hijas, jóvenes y solteras, que viven con ella: Carmen, Pepa y Manuela. También tiene tres hijas, que son jóvenes y solteras, la señora Milagros: se llaman Matilde, Clotilde y Enilde.
Según avanzan los acontecimientos, ambas obras desembocan en un romance entre una de las hijas y uno de los huéspedes: Carmen se irá con Eduardo Linares; Matilde se casará —el lector, en prospectiva, no duda de que, una vez cerrado el libro, ocurrirá tal cosa— con Camilo Canegato. Sin embargo, en este caso se produce una divergencia: doña María no aprueba el amor de Carmen y se opone terca, egoísta e infructuosamente; en cambio, y aunque el autor no nos proporciona la información explícita, inferimos que a la señora Milagros le encantará que Camilo y Matilde unan sus vidas en matrimonio.
Es muy posible que, en algún recodo espiritual del entonces joven Marco Denevi, estuviera la lúgubre casa tiranizada por doña María. Y que el recuerdo inconsciente aflorase, para bien de nosotros los lectores, en el momento en que a “la hospedería llamada ‘La Madrileña’, de la calle Rioja, en el antiguo barrio del Once” se presentó aquel enigmático hombrecillo “que confesó ser pintor y estar solo en el mundo”.

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* Este artículo mío es de redacción anterior a la publicación del libro Marco Denevi y la sacra ceremonia de la escritura. Una biografía literaria, de Juan José Delaney (Buenos Aires, Corregidor, 2006, 244 págs.). En dicho trabajo, Delaney nos brinda, entre otras revelaciones sorprendentes, la rectificación de la verdadera fecha de nacimiento de Marco Denevi: no nació —como siempre se consignó y como yo siempre creí— el 12 de mayo de 1922 sino el 13 de mayo de 1920.

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