Agustin de ZARATE. Historia del descubrimiento y conquista de la provincia del Peru 1555 (1968)

Agustin de ZARATE. Historia del descubrimiento y conquista de la provincia del Peru 1555 (1968).

ZARATE, Agustin de
1555/1968 Historia del descubrimiento y conquista de la provincia del Peru.
Biblioteca Peruana, tomo 2, pp. 105-413.
Lima: Editores Tecnicos Asociados S.A.
107001 HISTORIA DEL
DESCUBRIMIENTO Y CONQUISTA
DE LA PROVINCIA DEL PERU
Y DE LAS GUERRAS Y COSAS SENALADAS EN ELLA,
ACAECIDAS HASTA EL VENCIMIENTO DE GONZALO PIZARRO
Y DE SUS SECUACES, QUE EN ELLA SE REBELARON
CONTRA SU MAJESTAD
107008 POR
107009 AGUSTIN DE ZARATE
107010 Contador de mercedes de la majestad cesarea
107011 A LA MAJESTAD DEL REY DE INGLATERRA,
PRINCIPE NUESTRO SENOR, DON FELIPE II
107013 SACRA CATOLICA REAL MAJESTAD: Sirviendo yo el cargo
de secretario en el real consejo de Castilla, donde habia quince anos
que residia, en fin del ano pasado de 1543 me fue mandado por la
majestad del Emperador Rey nuestro senor, y por los del su consejo
de las Indias, que fuese a las provincias del Peru y Tierra-Firme
a tomar cuenta a los oficiales de la Hacienda real del cargo de sus
oficinas y a traer los alcances que della resultasen. Y asi, me embarque en la flota
donde fue proveido por visorey del Peru Blasco
Nunez Vela. Llegados alla, vi tantas revueltas y novedades en
aquella tierra, que me parecio cosa digna de ponerse por memoria,
aunque, despues de escrito lo de mi tiempo, conosci que no se podia
bien entender si no se declaraban algunos presupuestos, de donde
aquello toma su origen; y asi, de grado en grado fui subiendo hasta
hallarme en el descubrimiento de la tierra; porque van los negocios
tan dependientes unos de otros, que por cualquiera que falte no tienen
los que se siguen la claridad necesaria; lo cual me compelio a
comenzar (como dicen) del huevo trojano. No pude en el Peru
escrebii ordenadamente esta relacion (que no importara poco para
su perfeccion), porque solo haberla alla comenzado me hubiera de
poner en peligro de la vida con un maestre de campo de Gonzalo
Pizarro, que amenazaba de matar a cualquiera que escrebiese sus
hechos, porque entendio que eran mas dignos de la ley de olvido
(que los atenienses llamaban amnistia) que no de memoria ni perpetuidad. Necesitome
a cesar alla en la escriptura, y a traer aca
para acabarla los memoriales y diarios que pude haber, por medio
de los cuales escrebi una relacion que no lleva la prolijidad y cumplimiento que
requiere el nombre de historia, aunque no va tan
breve ni sumaria, que se pueda llamar comentarios, mayormente
yendo dividida por libros y capitulos, que es muy diferente de
aquella manera de escrebir. No me atreviera a emprender el un
estilo ni el otro si no confiara en lo que dice Tulio, y despues de
el Cayo Plinio, que, aunque la poesia y la oratoria no
tienen gracia sin mucha elocuencia, la historia, de cualquiera
manera que se escriba, deleita y agrada, porque por medio della
se alcanzan a saber nuevos acontecimientos, a que los hombres tienen natural
inclinacion, y aun muchas veces se huelgan en oirlos
contar a un rustico por palabras groseras y mal ordenadas. Y asi,
no siendo el estilo de esta escriptura tan elocuente como se requeria, servira de saberse
por el la verdad del hecho, quedando licencia y aun facilidad a quien quisiere tomar este
trabajo para escrebir la historia de nuevo con mejores palabras y orden, como vemos
que acontescio muchas veces en las historias griegas y latinas, y aun en las de nuestros
tiempos. Lo que toca a la verdad,
que es donde consiste el anima de la historia, he procurado que no
se pueda enmendar, escribiendo las cosas naturales y accidentales
que yo vi sin ninguna falta ni disimulacion, y tomando relacion
de lo que paso en mi ausencia, de personas fidedignas y no apasionadas; lo cual se halla
con gran dificultad en aquella provincia,
donde hay pocos que no esten mas aficionados a una de las dos parcialidades de Pizarro
o de Almagro que en Roma estuvieron por
Cesar o Pompeyo, o poco antes por Sila o Mario. Pues entre los
vivos o los muertos que en el Peru vivieron, no se hallara quien no
haya recebido buenas o malas obras de una de las dos cabezas o
de los que dellas dependen. Si hubiere alguno que cuente diferentemente este negocio,
sera cuanto a la primera de las tres partes
en que las historias se dividen, que es de los intentos o consejos,
en lo cual no es cosa nueva diferir los historiadores; pero cuanto
a las otras dos partes, que contienen hechos y sucesos, he trabajado lo que pude por no
errar. Cuando acabe esta relacion sali de la
opinion, en que hasta entonces estuve, de culpar a los historiadores
porque en acabando sus obras no las sacan a luz, creyendo yo que
su pretension era que el tiempo encubriese sus defectos, consumiendo los testigos del
hecho; pero agora entiendo la razon que
tienen para lo que hacen en esperar que se mueran las personas de
quien tratan, y aun algunas veces les venia bien que peresciesen
sus descendientes y linaje; porque en recontar cosas modernas
hay peligro de hacer graves ofensas, y no hay esperanzas de ganar
algunas gracias, pues el que hizo cosa indebida, por livianamente que
se toque, siempre quedara quejoso de haber sido el autor demasiado en la culpa de que
le infama, y corto en la desculpa que el alega. Y por el contrario, el que merece ser
alabado sobre alguna hazana, por perfectamente que el historiador la cuente, nunca
dejara de culparle de corto, porque no refirio mas copiosamente su hecho hasta hinchir
un gran volumen de solas sus alabanzas. De lo
cual procede necesitarse el que escribe a traer pleito, o con el que
reprende, por lo mucho que se alargo, o con el que alaba, por la
brevedad de que uso. Y asi, seria muy sano consejo a los historiadores entretener sus
historias, no solamente los nueve anos que
Horacio manda en otras cualesquier obras, pero aun noventa, para que los que proceden
de los culpados tengan color de negar su
descendencia, y los nietos de los virtuosos queden satisfechos con
cualquier loor que vieren escrito dellos. El temor deste peligro me
habia quitado el atrevimiento de publicar por agora este libro, hasta que vuestra
majestad me hizo a mi tanta merced, y a el tan gran
favor, de leerle en el viaje y navegacion que prosperamente hizo
de la Coruna a Inglaterra; y recebirle por suyo y mandarme que le
publicase y hiciese imprimir. Lo cual cumpli en llegando a esta
villa de Amberes, los ratos que tuve desocupados de la labor de la
moneda de vuestra majestad, que es mi principal negocio. A vuestra majestad suplico
reciba en servico mi trabajo, y tenga por
suyo este libro, como lo es el autor del, porque desta manera estara seguro de las
mormuraciones, que pocas veces faltan en semejantes obras. En lo cual rescebire
senalada merced de vuestra majestad, cuya real persona nuestro Senor guarde, con
acrescentamiento de mas reinos y senorios, como por sus criados es
deseado. De Amberes, 30 de marzo de 1555.
110014 DECLARACION
DE LA DIFICULTAD QUE ALGUNOS TIENEN EN AVERIGUAR
POR DONDE PUDIERON PASAR AL PERU LAS GENTES QUE
PRIMERAMENTE LE POBLARON
110018 Este asunto generalmente, segun la dignidad que le corresponde, trato con
elegante erudicion el padre presentado fray Gregorio Garcia, del orden de Santo
Domingo, que con muchas adiciones y reflexiones se acabo de imprimer el ano de 1729.
110022 La duda que suelen tener sobre averiguar por donde podrian
pasar a las provincias del Peru las gentes que desde los tiempos
antiguos en ella habitan, parece que esta satisfecha por una historia que recuenta el
divino Platon algo sumariamente en el libro que
intula Timeo o De Natura, y despues muy a la larga y copiosamente en otro libro o
dialogo que se sigue inmediatamente despues del
Timeo, llamado Atlantico, donde trata una historia que los egipcios recontaban en loor
de los atenienses, los cuales dicen que fueron partes para vencer y desbaratar ciertos
reyes y gran numero
de gente de guerra, que vino por la mar desde una grande isla llamada Atlantica, que
comenzaba desde las columnas de Hercules;
la cual isla dicen que era mayor que toda Asia y Africa. Contenia
diez reinos, los cuales dividio Neptuno entre diez hijos suyos, y
al mayor, que se llamaba Atlas, dio el mayor y mejor. Cuenta otras
muchas y muy memorables cosas de las costumbres y riquezas
desta isla, especialmente de un templo que estaba en la ciudad principal, las paredes y
techumbres, cubiertas con planchas de oro y
plata y laton, y otras muchas particularidades que serian largas
para referir, y se pueden ver en el original, donde se tratan copiosamente; muchas de las
cuales costumbres y ceremonias vemos
que se guardan el dia de hoy en la provincia del Peru. Desde esta
isla se navegaba a otras islas grandes que estaban de la otra parte
della, vecinas a la tierra continente, allende la cual se seguia el
verdadero mar. Las palabras formales de Platon en el principio del
Timeo son estas, hablando Socrates con los atenienses: “Tienese
por cierto que vuestra ciudad resistio en los tiempos pasados a innumerable numero de
enemigos que, saliendo del mar Atlantico,
habian tomado y ocupado casi toda Europa y Asia, porque entonces aquel estrecho era
navegable, teniendo a la boca del y casi a
su puerta una insula que comenzaba desde cerca de las columnas
de Hercules, que dicen haber sido mayor que Asia y Africa juntamente, desde la cual
habia contratacion y comercio a otras islas,
y de aquellas islas se comunicaba con la tierra firme y continente
que estaba frontero dellas, vecina del verdadero mar, y aquel
mar se puede con razon llamar verdadero mar y aquella tierra se puede justamente
llamar tierra firme y continente”. Hasta
aqui Platon, aunque poco mas abajo dice que nueve mil anos antes que aquello se
escribiese sucedio tan gran pujanza de aguas en
la mar de aquel paraje, que en un dia y una noche anego toda esta isla, hundiendo las
tierras y gentes, y que despues aquel mar
quedo con tantas cienagas y bajios, que nunca mas por ella habian
podido navegar, ni pasar a las otras islas ni a la tierra firme de
que alli se hace mencion. Esta historia dicen todos los que escriben sobre Platon que
fue cierta y verdadera, en tal manera que los
mas dellos, especialmente Marsilio Ficino y Plotino, no quieren
admitir que tenga sentido alegorico, aunque algunos se lo dan, como lo refiere el
mismo Marsilio en las Anotaciones sobre el Timeo,
y no es argumento para ser fabuloso lo que alli dice de los nueve
mil anos; porque, segun Eudoxo, aquellos anos se entendian, segun la cuenta de los
egipcios, lunares, y no solares; por manera que eran nueve mil meses, que son
setecientos y cincuenta anos. Tambien es casi demostracion para creer
lo desta isla, saber que todos los historiadores y cosmografos antiguos y modernos
llaman al mar que anego esta isla Atlantico,
reteniendo el nombre de cuando era tierra. Pues sobre presupuesto
de ser historia verdadera, |Cquien podra negar que esta isla Atlantica comenzaba desde
el estrecho de Gibraltar, o poco despues de
pasado Cadiz, y llegaba y se extendia por ese gran golfo, donde, asi
norte sur como leste ueste, tiene espacio para poder ser mayor
que Asia y Africa? Las islas que dice el texto que se contrataban
desde alli, paresce claro que serian la Espanola, Cuba y San Juan
y Jamaica, y las demas que estan en aquella comarca. La tierra
firme que se dice estar frontero desta islas, consta por razon que
era la misma Tierra-Firme que agora se llama asi, y todas las provincias con quien es
continente, que, comenzando desde el estrecho de Magallanes, contiene corriendo hacia
el norte la tierra del
Peru y la Provincia de Popayan y Castilla del Oro, y Veragua, Nicaragua, Guatemala,
Nueva-Espana, las Siete-Ciudades, la Florida, los Bacallaos, y corre desde alli para el
septentrion hasta juntar con las Noruegas; en lo cual sin ninguna duda hay mucha mas
tierra que en todo lo poblado del mundo que conosciamos antes
que aquello se descubriese y no causa mucha dificultad en este negocio el no haberse
descubierto antes de agora por los romanos
ni por las otras naciones que en diversos tiempos ocuparon a Espana; porque es de
creer que duraba la maleza de la mar para impedir la navegacion, y yo he oido, y lo
creo, que comprendio el descubrimiento de aquellas partes debajo de esta autoridad de
Platon; y asi, aquella tierra se puede claramente llamar la tierra continente de que trata
Platon, pues quedaron en ella todas las senas
que el da de la otra, mayormente aquella en que dice que es vecina al verdadero mar,
que es el que verdaderamente llamamos del
Sur, pues por lo que del se ha navegado hasta nuestros tiempos consta claro que,
respecto de su anchura y grandeza, todo el mar Mediterraneo y lo sabido del Oceano,
que llaman vulgarmente del
Norte, son rios. Pues si todo esto es verdad, y concuerdan tambien las senas dello con
las palabras de Platon, no se porque se
tenga dificultad entender que por esta via hayan podido pasar
al Peru muchas gentes, asi desde esta gran isla Atlantica como desde las otras islas para
donde desde aquella isla se navegaba, y aun
desde la misma tierra firme podian pasar por tierra al Peru, y si
en aquella habia dificultad, por la misma mar del Sur, pues es
de creer que tenian noticia y uso de la navegacion, aprendida del
comercio que tenian con esta gran isla, donde dice el texto que tenia grande abundancia
de navios, y aun puertos hechos a mano para conservacion dellos, donde faltaban
naturales. Esto es lo que
se puede sacar por rastro cerca desta materia, que no es poco para cosa tan antigua y sin
luz, mayormente teniendo respecto a que
en el Peru no hay letras con que conservar memoria de los hechos
pasados, ni aun pinturas, que sirven por letras en la Nueva-Espana, sino unas ciertas
cuerdas de diversas colores, anudadas. De
forma que por aquellos nudos, y por las distancias dellos se entienden, pero muy
confusamente, como se declara mas largo en la historia que yo tengo hecha en las cosas
del Peru. Puedo decir lo que
Horacio en una carta:
113017 Si quid novisti rectius istis,
Candidus imperti, si non vis, utere mecum.
113019 Cerca del descubrimiento desta nueva tierra, parece que le cuadra un dicho a
manera de profecia, que hace Seneca en la tragegia Medea, por estas palabras:
113022 Venient annis saecula seris,
Quibus Occeanus vincula rerum
Latex, novosque typhis detegat orbes,
Atque ingens pateat tellus.
Nec sit terris ultima Thyle.
113027 La principal relacion deste libro, cuanto al descubrimiento
de la tierra, se tomo de Rodrigo Lozano, vecino de Trujillo, que es
en el Peru, y de otros que lo vieron.
114001 LIBRO PRIMERO
114002 CAPITULO I
114003 De la noticia que se tuvo del Peru, y como se comenzo a descubrir
114004 En el ano del nacimiento de nuestro Senor Jesucristo de 1525
anos, tres vecinos de la ciudad de Panama (que es puerto de la mar
del Sur), en la provincia de Tierra-Firme, llamada Castilla del Oro,
se juntaron en compania universal de todas sus haciendas, que
fueron don Francisco Pizarro, natural de la ciudad de Trujillo, y
don Diego de Almagro, natural de la villa Malagon, cuyo linaje nunca se pudo
averiguar, porque algunos dicen que fue echado a la
puerta de la iglesia, y que un clerigo llamado Hernando de Luque
le crio. Y como estos fuesen los mas cautelosos de aquella tierra,
pensando ser acrecentados y servir a su majestad del emperador
don Carlos, nuestro senor, propusieron descubrir por la mar del
Sur la costa de levante de la Tierra-Firme, hacia aquella parte que
despues se llamo Peru; y tomando licencia don Francisco Pizarro
de Pedro Arias de Avila, que a la sazon gobernaba aquella tierra
por su majestad, aderezo un navio con harta dificultad, y se metio
en el con ciento y catorce hombres; y descubrio una pequena y pobre provincia,
cincuenta leguas de Panama, que se llama Peru, de
donde despues impropriamente toda la tierra que por aquella costa se descubrio, por
espacio de mil y doscientas leguas, por luengo
de costa se llamo Peru; y pasando adelante, hallo otra tierra que
los espanoles llamaron el Pueblo-Quemado, donde los indios le daban tan continua
guerra y le mataron tanta gente, que le fue forzado volverse mal herido a la tierra de
Chinchama, que era cerca de
Panama; y en este medio tiempo don Diego de Almagro, que alli
habia quedado hizo otro navio, y en el se embarco con setenta espanoles, y fue en busca
de don Francisco Pizarro por la costa hasta el rio que llamo de San Juan, que era cien
leguas de Panama; y como no le hallo, se torno buscando, hasta que por el rastro
conocio
haber estado en el Pueblo-Quemado, donde desembarco; y como
los indios quedaran victoriosos por haber echado de la tierra a
don Francisco Pizarro, se le defendian animosamente, y aun le hacian harto dano, hasta
que un dia los indios le entraron un fuerte
donde se defendian, por descuido de aquellos a quien tocaba la
defensa por aquella parte, y desbarataron a los espanoles, y a don
Diego le quebraron un ojo, y le trajeron a terminos, que le fue forzado acogerse a la
mar, y se volvio costeando hacia Tierra-Firme,
y llegando a Chinchama, hallo alli a don Francisco Pizarro, y se
vio con el, y juntando los ejercitos y enviando por mas gente, se
rehicieron de hasta doscientos espanoles, y tornaron a navegar la
costa arriba en los dos navios y en tres canoas que habian hecho;
en la cual navegacion pasaron muchos y muy grandes trabajos,
porque toda la costa es anegada de los esteros de muchos rios
que en ella entran en la mar, con abundancia de lagartos, que los
naturales laman caimanes, que son unas bestias que se crian en
las bocas de aquellos rios, tan grandes, que comunmente tienen a
veinte y a veinte y cinco pies de largo, y en sitiendo en el agua
cualquier persona o bestia, le muerden y llevan debajo del agua,
donde le comen, y especialmente huelen mucho los perros. Salen
a desovar en la arena, donde entierran gran cantidad de huevos,
y los crian en seco, y ellos andan por la arena no muy ligeros, y
despues se acogen al agua; en lo cual, y en otras particularidades
que en ellos se hallan, parescen muy semejantes a los cocodrilos
del Nilo. Y asimesmo padecian mucha hambre, porque no hallaban comida sino la fruta
de unos arboles llamados mangles, de
que hay abundancia en aquella ribera, que son muy recios y altos
y derechos, y por criarse en el agua salada, la fruta es tambien salada y amarga; pero la
necesidad les hacia que se sustentasen con
ella y con algun pescado que tomaban, y con mariscos y cangrejos, porque en toda
aquella costa no se cria maiz; y asi, andaban
remando en las canoas contra la gran corriente del mar, que siempre corre hacia el
norte, y ellos iban al sur. Por toda la costa salian a ellos indios de guerra, dandoles gritas
y llamandolos desterrados, y que tenian cabellos en las caras, y que eran criados del
espuma de la mar, sin tener otro linaje, pues por ella habian venido, y que para que
andaban vagando el mundo; que debian ser
grades holgazanes, pues en ninguna parte paraban a labrar ni sembrar la tierra. Y por
haberseles muerto a estos capitanes mucha
gente, asi de hambre como en las refriegas de los indios, se acordo que don Diego
volviese a Panama por gente, donde trajo ochenta hombres, y con ellos y con los que
habian quedado vivos pudieron
llegar hasta la tierra que se llamaba Catamez, que era ya fuera de
aquellos manglares; tierra de mucha comida y medianamente poblada, donde todos los
indios que salian de guerra traian sembradas las caras con clavos de oro en agujeros que
para ello tenian
hechos; y por ser la tierra tan poblada, no pasaron adelante hasta
que don Diego de Almagro torno a Panama por mas gente; y entre tanto se volvio don
Francisco Pizarro a le esperar a una pequena isla que estaba junto a la tierra, que
llamaron la isla del Gallo,
donde quedo padesciendo harta necesidad de todo lo necesario.
116027 CAPITULO II
116028 Como quedo don Francisco Pizarro aislado en la Gorgona, y como
con la poca gente navego, pasando la linea Equinocial
116030 Cuando don Diego de Almagro volvio a Panama por socorro,
hallo que su majestad habia proveido por gobernador della un caballero de Cordoba
llamado Pedro de los Rios, el cual le impidio
la vuelta, porque los que quedaron con don Francisco Pizarro en la
isla del Gallo le enviaron secretamente a pedir que no permitiese
que fuese mas gente a morir en aquella peligrosa jornada, sin ningun provecho, como
habian muerto los pasados; y a ellos les mandase volver. Por lo cual Pedro de los Rios
envio un teniente con
su mandamiento para que todos los que quisiesen se pudiesen
volver a Panama libremente, sin que forzasen a ninguno a quedarse. Pues como la gente
supo este mandato, se embarcaron luego
con gran alegria, como si escaparan de tierra de moros; de forma que solos doce
hombres se quisieron quedar con don Francisco Pizarro, con los cuales, por ser tan
pocos, no oso quedar alli, y
se fue a una isla despoblada, seis leguas dentro de la mar, que, por
ser toda llena de fuentes y arroyos, la llamaron la Gorgona, donde se sostuvieron
comiendo cangrejos, exaibas y grandes culebras, de que alli hay abundancia, hasta que
el navio volvio de Panama, y en llegando sin traer mas gente, salvo comida, se metio
en el con solo sus doce companeros, cuya constancia y virtud fue causa del
descubrimiento de la tierra del Peru; uno de los cuales se
llamaba Nicolas de Ribera, natural de Olvera; y Pedro de Candia,
natural de la isla de Candia, en Grecia; y Juan de Torre, y Alonso
Briceno, natural de Benavente; y Cristobal de Peralta, natural de
Baeza; y Alonso de Trujillo, natural de Trujillo; y Francisco de
Cuellar, natural de Cuellar; y Alonso de Molina, natural de Ubeda.
Y guiandolos un piloto, llamado Bartolome Ruiz, natural de Moguer, navegaron con
harto trabajo y peligro contra la fuerza de
los vientos y corrientes, hasta que llegaron a una provincia llamada Motupe, que esta en
medio de dos pueblos que los cristianos
piblaron, y nombraron al uno Trujillo y al otro San Miguel; y no
osando pasar adelante por la poca gente que tenia, a la vuelta, en
el rio que llaman de Puechos o de la Chira, tomo cierto ganado de
las ovejas de la tierra y algunos indios que sirvieron de lenguas,
y volviendo a la mar, hizo saltar en el puerto de Tumbez, de donde se trajo noticia de
una casa muy principal que el senor del
Peru alli tenia, con una poblacion de indios ricos, que era una de
las cosas senaladas del Peru hasta que los indios de la isla de la
Puna lo destruyeron, como adelante se dira; y alli se quedaron
tres espanoles huidos, que despues se supo haber sido muertos
por los indios, y con esta noticia se torno a Panama, habiendo
andado tres anos en el descubrimiento, padesciendo grandes trabajos y peligros, asi con
la falta de comida como con las guerras
y resistencia de los indios, y con los motines que entre su mesma
gente habia, desconfiando los mas dellos de poder hallar cosa de
provecho. Lo cual todo apaciguaba y proveia don Francisco con
mucha prudencia y buen animo, confiado en la gran diligencia con
que don Diego de Almagro le iria siempre proveyendo de mantenimientos y gente y
caballos y armas. De manera que, con ser los
mas ricos de la tierra, no solamente quedaron pobres, pero adeudados en mucha suma.
118013 CAPITULO III
118014 De como don Francisco Pizarro vino a Espana a dar noticia a su
majestad del descubrimiento del Peru, y de algunas costumbres de los naturales del.
118017 Hecho el descubrimiento, como arriba esta dicho, don Francisco Pizarro se
vino a Espana y dio noticia a su majestad de todo
lo acaescido, y le suplico que en remuneracion de sus trabajos le
hiciese merced de la gobernacion de aquella tierra, que el queria
tornar a descubrir y poblar; lo cual su majestad hizo, capitulando
con el lo que se acostumbraba con los otros capitanes a quien se
habia encomendado el descubrimiento de otras provincias; y con
tanto, se volvio a Panama, llevando consigo a Hernando Pizarro y
a Juan Pizarro y Gonzalo Pizarro y a Francisco Martin de Alcantara, sus hermanos;
entre los cuales solos Hernando Pizarro y Juan
Pizarro eran legitimos y hermanos de padre y madre, hijos de
Gonzalo Pizarro el Largo, vecino de Trujillo, que fue capitan de
infanteria en el reino de Navarra; don Francisco era su hijo natural y Gonzalo Pizarro lo
mesmo, aunque de diferentes madres, y
Francisco Martin era hermano de don Francisco, de madre solamente; y demas destos,
llevo consigo otra mucha gente para el
descubrimiento, que los mas dellos eran naturales de Trujillo y
Caceres y de otros lugares de Extremadura. Y asi, llegado a Panama, comenzaron a
aderezar las cosas necesarias para el descubrimiento debajo de la mesma compania,
caso que hubo algunas disenciones entre don Francisco y don Diego; porque habia
sentido mucho don Diego que don Francisco hubiese negociado en
Espana con su majestad todo lo que a el tocaba, trayendo titulo
de gobernador y adelantado mayor del Peru, sin hacer mencion
de cosa que a el tocase, como quier que en todos los trabajos y
costas del descubrimiento habia puesto la mayor parte. De todo
esto le consolo don Francisco, diciendo que su majestad no habia
sido servido por entonces de darle para el cosa ninguna, caso que
se lo habia pedido; pero que el le prometia y daba palabra de renunciar en el el
adelantamiento, y le enviaria a suplicar que le pasase en el. Y con esto quedo algo
satisfecho don Diego; y asi, los
dejaremos poniendo en orden la armada y las otras cosas necesarias al descubrimiento,
por contar el sitio de la provincia del
Peru y las cosas senaladas y costumbres de las gentes.
119016 CAPITULO IV
119017 De la gente que habita debajo de la linea Equinocial, y otras cosas
senaladas que alli hay
119019 La tierra del Peru, de que se ha de tratar en esta historia, comienza desde la
linea Equinocial adelante hacia el mediodia. La
gente que habita debajo de la linea y en las faldas della tienen
los gestos adjudiados, hablan de pap, andaban tresquilados y sin
vestidos, mas que unos pequenos refajos, con que cubrian sus verg-|ruenzas. Y las
indias siembran y amasan y muelen el pan que en
toda aquela provincia se come, que en la lengua de las islas se llama maiz, aunque en la
del Peru se llama zara. Los hombres traen
unas camisas cortas hasta el ombligo y sus verg-|ruenzas defuera.
Hacense las coronas casi a manera de frailes, aunque adelante ni
atras no traen ningun cabello, sino a los lados. Precianse de traer
muchas joyas de oro en las orejas y en las narices, mayormente esmeraldas, que se
hallan solamente en aquel paraje, aunque los indios no han querido mostrar los veneros
dellas; creese que nascen
alli, porque se han hallado algunas mezcladas y pegadas con guijarros, que es senal de
cuajarse dellos. Atanse los brazos y piernas con muchas vueltas de cuentas de oro y de
plata, y de turquesas menudas, y de contezuelas blancas y coloradas, y caracoles, sin
consentir traer a las mujeres ninguna cosa destas. Es tierra muy
caliente y enferma, especialmente de unas berrugas muy enconadas que nacen en el
rostro y otros miembros, que tienen muy
hondas las raices, de peor calidad que las bubas. Tienen en esta
provincia las puertas de los templos hacia el oriente, tapadas con
unos paramentos de algodon, y en cada templo hay dos figuras
de bulto de cabrones negros, ante las cuales siempre queman lena de arboles que huelen
muy bjen, que alli se crian, y en rompiendoles la corteza, destila dellos un licor, cuyo
olor trasciende
tanto, que da fastidio, y si con el untan algun cuerpo muerto y se
lo echan por la garganta, jamas se corrompe. Tambien hay en los
templos figuras de grandes sierpes, en que adoran; y demas de
los generales, tenia cada uno otros particulares, segun su trato y
oficio, en que adoraban: los pescadores en figuras de tiburones, y
los cazadores segun la caza que ejercitaban, y asi todos los demas;
y en algunos templos, especialmente en los pueblos que llaman de
Pasao, en todos los pilares dellos tenian hombres y ninos, crucificados los cuerpos, y
los cueros tan bien curados, que no olian mal,
y clavadas muchas cabezas de indios, que con cierto cocimiento las
consumen, hasta quedar como un puno. La tierra es muy seca,
aunque llueve a menudo; es de pocas aguas dulces, que corren, y
todos beben de pozos o de aguas rebalsadas, que llaman jag-|rueyes;
hacen las casas de unas gruesas canas que alli se crian; el oro que
alli nasce es de baja ley; hay pocas frutas; navegan la mar con
canoas falcadas, que son cavadas en troncos de arboles, y con
balsa. Es costa de gran pesqueria y muchas ballenas. En unos
pueblos desta provincia, que llamaban Caraque, tenian sobre las
puertas de los templos unas figuras de hombres con una vestidura de la mesma hechura
de almatica de diacono.
121001 CAPITULO V
121002 De los veneros de pez que hay en la punta de Santa Elena, y de los
gigantes que alli hubo
121004 Cerca desta provincia, en una punta que los espanoles llamaron Santa Elena,
que se mete en la mar, hay ciertos veneros donde mana un betun que paresce pez o
alquitran, y suple por ello.
Junto a esta punta, dicen los indios de la tierra que habitaron unos
gigantes, cuya estatura era tan grande como cuatro estados de
un hombre mediano. No declaran de que parte vinieron; mantenianse de las mesmas
viandas de los indios, especialmente pescado, porque eran grandes pescadores; a lo cual
iban en balsas, cada uno en la suya, porque no podian llevar mas, como navegar tres
caballos en una balsa; apeaban la mar en dos brazas y media;
holgaban muchos de topar tiburones o bufeos, o otros peces muy
grandes, porque tenian mas que comer; comia cada uno mas que
treinta indios; andaban desnudos por la dificultad de hacer los
vestidos; eran tan crueles, que sin causa ninguna mataban muchos
indios, de quien eran muy temidos. Vieron los espanoles en Puerto-Viejo dos figuras de
bulto destos gigantes, una de hombre y
otra de mujer. Hay memoria entre los indios, descendiendo de padres en hijos, de
muchas particularidades destos gigantes, especialmente del fin dellos; porque dicen que
bajo del cielo un mancebo
resplandeciente como el sol, y peleo con ellos, tirandoles llamas
de fuego, que se metian por las penas donde daban y hasta hoy estan alli los agujeros
senalados; y asi, se fueron retrayendo a un
valle, donde los acabo de matar todos. Y con todo esto, nunca se
dio entero credito a lo que los indios decian cerca destos gigantes,
hasta que siendo teniente de gobernador en Puerto-Viejo el capitan Juan Olmos, natural
de Trujillo, en el ano de 1543 y oyendo todas estas cosas, hizo cavar en aquel valle,
donde hallaron
tan grandes costillas y otros huesos, que si no parescieran juntas
las cabezas, no era creible ser de personas humanas; y asi, hecha
la averiguacion y vistas las senales de los rayos en las pena, se
tuvo por cieto lo que los indios decian; y se enviaron a diversas
partes del Peru algunos dientes de los que alli se hallaron, que tenia cada uno tres dedos
de ancho y cuatro de largo. Tienese por
cosa cierta entre los espanoles, vistas estas senales, que por ser,
como dicen que era esta gente, muy dados al vicio contra natura,
la Justicia divina los quito de la tierra, enviando algun angel para
ello, como se hizo en Sodoma y otras partes; y asi para estos como
para todas las otras antig-|ruedades que en el Peru se saben, se ha de
presuponer la dificultad que hay en la averiguacion; porque los
naturales ningun genero de letra ni escritura saben ni usan, ni
aun las pinturas, que sirven en lugar de libros en la Nueva-Espana,
sino solamente la memoria que se conserva de unos en otros; y las
cosas de cuenta se perpetuan por medio de unas cuerdas de algodon, que llaman los
indios quipos, denotando los numeros por
nudos de diversas hechuras, subiendo por el espacio de la cuerda
desde las unidades a decenas, y asi dende arriba, y poniendo la
cuerda del color que es la cosa que quieren mostrar; y en cada provincia hay personas
que tienen cargo de poner en memoria por
estas cuerdas las cosas generales, que llaman quippo camaios; y
asi, se hallan casas publicas llenas destas cuerdas, las cuales con
gran facilidad da a entender el que las tiene a cargo, aunque sean
de muchas edades antes del.
122019 CAPITULO VI
122020 De las gentes y cosas que hay pasada la linea Equinocial hacia el
mediodia, por la costa de la mar
122022 Pasada la linea Equinocial, hacia el mediodia hay una isla de
doce leguas de bojo, muy cerca de la tierra-firme, la cual isla llaman la Puna, abundante
de mucha caza de venados y pesquerias
y de muchas aguas dulces. Solia estar poblada de mucha gente,
y tenian guerras con todos los pueblos comarcanos, especialmente
con los de Tumbez, que estan doce leguas de alli. Vestian camisas y panicos; eran
senores de muchas balsas, con que navegaban.
Estas balsas son hechas de unos palos largos y livianos, atados sobre otros dos palos, y
siempre los de encima son nones, y comunmente cinco, y algunas veces siete o nueve, y
el de en medio es
mas largo que los otros, como piertego de carreta, donde va sentado el que rema; de
manera que la balsa es hechura de la mano
tendida, que van menguandose los dedos, y encima hacen unos tablados por no
mojarse. Hay balsas en que caben cincuenta hombres y tres caballos; navegan con la
vela y con remos, porque los
indios son grandes marineros dellas, aunque algunas veces ha
acaescido, yendo espanoles en las balsas, desatar los indios muy sotilmente los palos, y
apartarse cada uno por su cabo, y asi perecer los cristianos y salvarse los indios sobre
los palos, y aun sin
ningun arrimo, por ser grandes nadadores. Peleaban los desta isla con tiraderas y
hondas, y con porras y hachas de plata y cobre.
Tenian muchas lanzas con hierros de oro bajo, y hombres y mujeres traian muchas
joyas y anillos de oro. Servianse con vasijas de
oro y plata, y el senor de aquella isla era muy temido de sus vasallos, y tan celoso, que
todos los servidores de su casa y guardas
de sus mujeres traian cortadas las narices y miembros genitales.
Y en otra pequena isla, junto a ella, se hallo en una casa el retrato de una huerta con los
arbolicos y plantas de plata y oro. Frontero desta isla, y en la tierra-firme, habia unos
pueblos que, por
cierto enojo que hicieron al senor del Peru, les dio por pena que
se sacasen los dientes de la mejilla alta; y asi hasta el dia de hoy
hombres y mujeres andan desdentados.
123021 En pasando de Tumbez hacia el mediodia, en espacio de quinientas leguas por
luengo de costa, ni en diez leguas la tierra
adentro, no llueve ni truena jamas, ni cae rayo, caso que pasadas
las diez leguas o algo mas o menos, como la sierra dista de la
mar, llueve y truena, y hay invierno y verano a los tiempos y de la manera que en
Castilla; y al tiempo que en la sierra es
invierno en la costa es verano, y asi por el contrario; y por todo
el espacio descubierto de la tierra del Peru, que es desde la ciudad
de Pasto, donde comienza, hasta la provincia de Chili, que agora
esta descubierta, hay mas de mil y ochocientas leguas, mas largas
que las de Castilla; y en todas ellas va a la larga una cordillera
de sierras muy asperas, que unas veces distan de la mar quince y
veinte leguas, y otras se meten los ramos de la sierra por la tierra
y hacen menor la distancia; por manera que todo lo descubierto
del Peru se entiende por dos nombres, que toda la distancia que
hay desde las montanas a la mar, agora diste poco o mucho, se
llaman los Llanos, y todo lo demas se llama la Sierra. Estos llanos son muy secos y de
muy grandes arenales, porque no llueve
jamas en ellos, ni se halla fuente ni pozo ni otro ningun manantial,
sino cuatro o cinco jag-|rueyes que, por estar junto a la mar, el agua
es muy salobre. Mantienense del agua de los rios que descienden
de la sierra, y se juntan de las nieves y lluvias que alli caen; porque tampoco en la sierra
se hallan sino muy pocas fuentes. Estos
rios estan apartados unos de otros algunas veces doce y quince y
veinte leguas, pero lo mas ordinario es a siete y a ocho leguas; y
asi, los caminantes hacen comunmente jornada en ellos, porque
no tienen otra agua que beber. Por las orillas destos rios, una
legua en ancho, y a veces mas o menos, como lo sufre la disposicion de la tierra, hay
muy grandes frescuras de arboledas y frutales y maizales, que los indios siembran; y
despues que los espanoles fueron a aquella tierra, tambien siembran trigo, lo cual todo
riegan con las acequias que sacan destos rios, en que tienen muy grande experiencia e
industria; porque algunas veces,
para desmentir los valles que se ofrescen en medio, acontesce rodear con la acequia
siete y ocho leguas, con no tener el tal valle
media legua de distancia de punta a punta. La frescura destos
valles dura de largo, como viene el rio desde la mar a la sierra; corren los rios con tanto
impetu por venir de tan alto, que muchos
dellos, como son el de Santa y el de la Barranca y otros semejantes,
no los podrian pasar los espanoles a caballo sin ayuda de los indios, que les defienden
la corriente, poniendose hacia la parte baja asidos con varales y otros palos: aun con
todo esto, pasando los
rios, no es seguro detenerse a dar agua ni otra cosa, porque la furia del agua desbarata
al caballo y al que va encima, y le hace perder los sentidos, y el principal peligro
consiste en que si cae el
caballo o el hombre, la gran corriente los lleva abajo sin dejarlos
levantar, porque es tan furiosa, que ordinariamente lleva tras si
piedras bien grandes. Los que caminan por los llanos van siempre por la orilla de la
mar, que casi no se apartan del agua, o a lo
menos pocas veces la pierden de vista, y en los inviernos es peligroso camino, porque
vienen los rios tan crescidos, que no se puedan pasar sino en las balsas que arriba estan
dichas, o en otra que
hacen hinchiendo unas redes de calabazas, y sobre ellas va tendido de pechos el que ha
de pasar, y un indio va delante, asida la
balsa, a nado con una cuerda, y otro detras echandola hacia adelante. Y asi mesmo en
las riberas destos rios hay frutales de diversas maneras y algodonales y salces y canas y
carrizos y juncos y
juncia y espadanas y otros generos de yerbas. Es tierra muy fertil, y en todo el ano se
siembra, y se coge el trigo y el maiz sin esperar tiempo cierto para ello.
125004 Los indios no viven en casas, sino debajo de los arboles o de
ramadas. Las mujeres visten unos habitos de algodon hasta los
pies, a manera de lobas; los hombres traen panetes y unas camisetas hasta la rodilla, y
encima unas mantas; y aunque la manera
de vestir es comun a todos, difieren en lo que traen en las cabezas, segun el uso de cada
tierra; porque unos traen trenzas de lana,
y otros un solo cordon de lana y otros muchos cordones de diversas colores; y no hay
ninguno que no traiga
algo en la cabeza, y en cada provincia es diferentemente.
Dividense en tres generos todos los indios destos llanos, porque a
unos llaman yungas y a otros tallanes y a otros mochicas; en cada provincia hay
diferente lenguaje, caso que los caciques y principales y gente noble, demas de la lengua
propia de su tierra, saben y hablan entre si todos una misma lengua, que es la del Cuzco,
por causa que el rey del Peru, llamado Guaynacaba padre de Atabaliba, paresciendole
que era poco acatamiento de sus vasallos,
especialmente de los caciques y gente principal, que mas de ordinario con el trataban,
haber de negociar por interprete, mando
que todos los caciques de la tierra y sus hermanos y parientes enviasen sus hijos a
servirle en su corte, so color que aprendiesen la
lengua, aunque principalmente su intento era asegurar la tierra
de todos los principales con tenerles sus hijos en rehenes. Como
quier que sea, por esta forma consiguio que toda la gente noble
de su reino supiese y hablase la lengua de su corte, de la manera
que en Flandes se introdujo que los caballeros y nobles hablasen
la lengua francesa; de manera que el espanol que supiere la lengua
del Cuzco puede pasar por todo el Peru, en los llanos y en la sierra, entendiendo y
siendo entendido de los principales.
126001 CAPITULO VII
126002 Del viento que corre en los llanos del Peru, y la razon de la sequedad dellos
126004 Con razon podrian dudar los que leyeren esta historia de la
causa por que no llueve en todos los llanos del Peru, como arriba
esta dicho, habiendo razones de que en ellos hubiese de haber
grandes lluvias, pues tienen tan cerca de la una parte la mar, que
comunmente engendra humedades y vapores, y de la otra las altas sierras, de que
hemos hecho relacion, donde nunca faltan nieves y aguas; y la razon natural que hallan
los que con diligencia
lo han inquirido es que en todos estos llanos y costa de la mar
corre todo el ano un solo viento, que los marineros llaman sudueste, que viene
prolongando la costa, tan impetuoso, que no deja parar ni levantar las nub es o vapores
de la tierra ni de la mar a que
lleguen a congelarse a la region del aire; y de las altas sierras que
exceden estos vapores o nubes se ven abajo, que paresce que son
otro cielo, y sobre ellos esta muy claro, sin ningun nublado; y este
viento causa tambien correr las aguas de aquella mar hacia la parte del norte, como
corren, aunque algunos dan para ello otra causa, que como la mar del Sur va a embocar
por el estrecho de Magallanes, y por ser tan angosto, que no tiene mas de dos leguas,
no puede caber por el tan gran pujanza de agua, especialmente encontrandose alli con
las aguas del mar del Norte, que le estorban
la entrada; y asi, no pudiendo caber toda el agua por alli, necesariamente tiene de hacer
refluxion y retraerse hacia atras; y asi, es
causa de que las corrientes vuelvan atras contra el norte; de donde nace otro
inconveniente, que es ser por esta razon tan dificultosa la navegacion de Panama para el
Peru, porque siempre tienen
el viento contrario, y mucha parte del ano tambien las corrientes,
que si no van a la bolina y forcejando contra el viento, no es posible navegar.
126032 En toda esta costa del Peru hay grandes pesquerias de todos
generos de peces y muchos lobos marinos. Desde el rio de Tumbez
arriba no se hallan lagartos; algunos dicen que lo causa ser la tierra mas templada,
porque ellos son amigos de calor; pero por mas
cierto se tiene causarlo la furia con que corren los rios, que no
los dejan criar, porque ellos ordinariamente crian en las rebalsas
de los rios. En toda la largura de los llanos hay pobladas de cristianos cinco ciudades.
La primera se llama Puerto-Viejo, que esta
muy cerca de la linea Equinocial. Esta tiene pocos vecinos, porque es tierra pobre y
enferma, aunque hay algunas esmeraldas,
como arriba esta dicho. Cincuenta leguas mas arriba, quince leguas la tierra adentro,
esta otra ciudad que se llama San Miguel,
y en lengua de los indios se llamaba Piura; lugar fresco y bien
proveido, aunque sin minas de oro ni de plata. Alli hay una enfermedad natural de la
tierra, que da en los ojos a los mas que
por alli pasan. Sesenta leguas adelante, la costa arriba, esta una
ciudad en un valle que llaman Chimo, y la ciudad se llama Trujillo; esta dos leguas de
la mar, aunque el puerto es peligroso; esta
asentada en un llano a la orilla de un rio; es muy abundante de
aguas, y fertil de trigo, maiz y ganado. Esta la poblacion hecha
por mucha orden y razon, y en ella hasta trescientas casas de espanoles. Ochenta leguas
mas arriba hay otra ciudad, dos leguas
de un puerto de mar muy bueno y seguro, asentada en un valle
que se dice Lima, y la ciudad se dice los Reyes, porque se poblo
dia de la Epifania. Esta en un llano junto a un rio caudaloso;
la tierra es muy abundante de pan y de todo genero de frutas y
ganados. Esta la ciudad poblada de suerte que todas las calles
van a dar a la plaza a cordel, y por cualquiera se paresce el campo
por dos partes. Es de muy apacible vivienda por causa de su templanza, que todo el ano
no hay frio ni calor que de pesadumbre; los
cuatro meses del estio de Espana hace en ella alguna mas diferencia de frio que en el
otro tiempo. Estos cuatro meses cae en ella
hasta el mediodia un rocio menudo como las nieblas de Valladolid,
salvo que no es danoso para la salud; antes los que tienen enfermedad de cabeza la
lavan con este rocio. Dase muy bien toda fruta de Castilla, especialmente naranjas,
cidras, limones, toronjas,
dulce y agro, y higos y granadas, y aun de uvas hubiera abundancia si las alteraciones
de la tierra hubieran dado lugar, porque algunas hay nascidas que se pusieron de granos
de pasas. Tambien
hay grande abundancia de verduras y legumbres de Castilla y gran
aparejo para criallas, porque en cada casa hay una acequia de agua
sacada del rio, que podria hacer moler un molino. Hay en el rio
muchas paradas de molinos de Castilla, donde los espanoles
muelen su trigo; por manera que esta ciudad se tiene por la mas
sana y apacible vivienda de la tierra, por ser el puerto de gran
comercio y contratacion, y que para proveerse de lo necesario
acuden a el de todas las ciudades que estan la tierra arriba, en cuyas minas se halla tanta
abundancia de oro y plata como de aquella provincia se trae; y tambien por estar en
medio de la tierra, y
haber su majestad mandado por esa razon que resida alli la audiencia real, a cuya causa
acuden todos los vecinos de la tierra a
pedir alli justicia; y es de creer que cada dia se ira aumentando
mas en vecindad. Terna agora quinientas casas, aunque toma muy
mayor sitio que una ciudad de Espana que tenga mil y quinientas,
asi por ser las calles muy anchas y la plaza, como porque cada casa ocupa un solar de
ochenta pies de delantera, y doblado el largo. Los edificios no se pueden hacer de mas
de un suelo, porque
no hay madera en la tierra que sufra hollarse, y a tres anos se
come de carcoma; y con todo esto, las casas son muy suntuosas y
de grande autoridad y muchos aposentos; los cuales edifican haciendo las paredes de
los cuartos de adobes, con cinco pies de ancho, y en medio lo hinchen de tierra todo lo
necesario para subir el aposento, hasta que las ventanas que salen a la calle queden bien
altas del suelo. Las escaleras estan descubiertas en los
patios, y van a dar en unos terrados que sirven de corredor o antecuarto para entrar
desde alli a los aposentos. Las techedumbres
se hacen y cubren con unos tirantes toscos, y encima dellos se pone un cielo de unas
esteras pintadas coma las de Almeria, que cubren tambien las mesmas tirantes, o de
unos lienzos pintados; y
encima de todos se hacen ramadas, y asi quedan los aposentos
muy altos y frescos y defendidos del sol, porque del agua no hay
necesidad defenderlos, pues, como esta dicho, nunca llueve. Ciento y treinta leguas
desta ciudad, la costa arriba, esta otra villa que
se intitula la villa hermosa de Arequipa, que sera pueblo de hasta
trescientas casas, muy sano, y abundante de todo genero de comida. Esta doce leguas
de la mar, de cuya causa se espera que se
poblara mucho, porque suben a el los navios con ropa y vino y
otros mantenimientos, de donde se provee la ciudad del Cuzco y
la provincia de los Charcas, adonde acude la mayor parte de la
gente de la tierra por causa de la contratacion de las minas de Potosi y Porco; y tambien
se trae dellas a esta villa gran abundancia
de plata para embarcar en los mesmos navios, y llevarlo por mar
a la ciudad de los Reyes o a Panama, con que se excusa llevallo por
tierra, con gran peligro y riesgo y trabajo, despues que, en ejecucion de la ordenanza
real, no se cargan los indios. Desde esta ciudad puedan ir por tierra junto a la costa de la
mar, por espacio
de cuatrocientas leguas, a la provincia que descubrio y poblo el
gobernador Pedro de Valdivia, que se llama Chili, que en lengua
de indios quiere decir frio, por causa de los grandes frios que para llegar a ellos se
pasan, como la historia lo declarara adelante,
cuando tratare de la jornada que hizo el adelantado don Diego de
Almagro. Este es el sitio y poblacion de la parte del Peru en los
llanos del; con que se debe pr esuponer que la mar es tan bonanza y limpia en toda
aquella costa, por tanto espacio de tierra como
hemos dicho, que jamas hay tormenta ni maleza ni bajio, ni otro
impedimento para que las naos no puedan surgir seguramente con
sola una ancora en toda la costa.
129015 CAPITULO VIII
129016 De la calidad de la sierra del Peru, y de la poblacion della de indios y cristianos
129018 Los indios que habitan en la sierra son muy diferentes de los
de los llanos en fuerzas y esfuerzo y razon, y viven mas politicamente, en casas
cubiertas de tierra, y visten camisas y mantas de
lana de las ovejas que alli se crian; andan en cabello con unas
vendas atadas a las cabezas; las mujeres visten unos habitos sin
mangas, muy fajadas con unas cintas de lana por todo el cuerpo,
con que se hacen los talles largos; traen cobijadas unas mantellinas de lana prendidas al
cuello con unos grandes alfileres de oro o
plata, como cada una alcanza, los cuales, en su lengua se llaman
topos, que tienen las cabezas grandes y llanas, y tan agudas, que
les sirven de cuchillos. Ayudan mucho a sus maridos en las labores y trabajos del
campo y en los caseros, y aun casi lo trabajan
ellas todo. Son comunmente blancas y de muy buenos gestos y facciones, mucho mas
que las de los llanos. Y asimesmo la tierra es
muy diferente de los llanos, porque toda esta cubierta de yerba, y
con gran abundancia de arroyos y aguas muy frias; de las cuales,
juntandose, se hacen los rios que van por los llanos. Hay muchas
flores por los campos, y verduras como las de Castilla. Hay por todas partes berros y
mastuerzos y almirones y verbena y zarzamoras y hacederas, y hay otras yerbas que
echan unas flores amarillas, y las hojas como apio, que en poniendola en cualquier
llaga,
aunque este corrompida, luego la limpia, y si la ponen sobre la
carne sana, la come hasta el hueso. Hay muchos gene ros de arboles de la tierra, con
gran diversidad de frutas, y tan sabrosas
como las de Castilla. Hay alisos y nogales silvestres. Tienen los
indios muchas ovejas silvestres y otras domesticas. Hay venados
y corzos, y otros generos de animales menores, y abundancia de raposos. De todos
estos animales hacen los indios una caza de gran
regocijo, que ellos llaman chaco, desta manera: que se juntan cuatro o cinco mil indios,
mas o menos, como lo sufre la poblacion
de la tierra, y ponense apartados uno de otro en corro; tanto que
ocupan dos o tres leguas de tierra; y despues se van juntando
paso a paso al son de ciertos cantares que ellos saben para aquel
proposito, y vienense a juntar hasta trabarse de las manos, y aun
hasta cruzar los brazos unos con otros, y asi vienen a juntar gran
numero de caza, como en corral, de todos generos de animales, y
alli toman y mat an lo que les parece; y son tan grandes las voces
que dan, que, no solamente espantan los animales, mas hacen caer
entre ellos aturdidas muchas perdices y neblis y otras aves, que
embarazadas con la mucha gente y grandes gritos, se dejan tomar
a manos, y algunas dellas con redes. Hay por los montes leones y
osos negros y gatos, y monos de diversas maneras, y otros muchos
generos de salvajinas, y las aves que hay en los llanos y en la sierra son aguilas y
palomas, tortolas, pitos, codornices, papagayos,
alcaudones, mo huelos, patos y gallaretas, garzas blancas y pardas, ruisenores, y otras
dive rsidades de hermosas aves; y entre
ellas hay unas tan pequenitas, que un cigarron es mayor, y tienen
unas plumas largas como un tornasol verde. Hay por las costas
tan grandes buitres, que tendidas las alas, tienen quince o diez y
seis palmos de punta a punta; estos se mantienen de lobos marinos, y cuando los ven en
tierra, uno dellos hace presa en los pies
o cola, y otro le saca los ojos, y asi otros le pican hasta matarle y
cebarse en el. Hay otras aves, que llaman alcatraces, que son de
hechura de gallinas, aunque muy mayores, porque les puede caber
en el papo tres celemines de trigo, y son tan generales en toda la
costa de la mar del Sur, que por espacio de mas de dos mil leguas nunca faltan;
mantienense de marisco, y cuando sienten hombre muerto entran a buscarle la tierra
adentro treinta y cuarenta
leguas. Es la carne dellas tan hedionda y mala, que algunos que
con necesidad la han comido mueren como con ponzona. Ya esta
dicho que en toda esta sierra llueve y graniza y nieva y hace gran
frio, aunque hay en ella valles tan hondos, que no se sienten por
la mucha calor; y alli se puede criar una yerba, que los indios tienen en mas que oro ni
plata, llamada coca, cuya hoja es casi de
hechura de la del zumaque; y tienese experiencia que el que trae
esta hoja en la boca no hay sed ni hambre. En algunas partes
desta sierra no hay ningunos arboles, y los que caminan por ellas
hacen lumbres de unos cespedes que por alli se crian. Hay
veneros de tierra de diversas colores, y venas de oro y plata, las
cuales los indios conoscian y fundian muy mejor y con menos
trabajo y costa que los cristianos; porque en las sierras mas altas
hacian unos hornillos con las puertas hacia el mediodia, de donde
hemos dicho que siempre sopla el viento, y alli echan el metal con
estiercol de ovejas; y encendiendo el viento el carbon, se derrite y
cendra la plata y oro; y aun agora se ha visto en la gran abundancia de plata que se saca
en las minas de Potosi que no se puede
fundir con fuelles, sino que los indios lo funden en estos hornillos,
que ellos llaman guairas, que quiere decir viento, porque se enciende con el. Es tan
abundante y fertil esta tierra de cualquier cosa
que en ella se siembra, que de una hanega de trigo salen ciento y
cinquenta, y a veces doscientas, y lo ordinario es ciento, con no
haber arados con que labrar la tierra, sino unas palas agudas con
que los indios la revuelven; y siembran los granos de trigo haciendo un agujero con un
palo y metiendolos alli, como hacen en Espana cuando siembran habas. Danse las
verduras y legumbres en
tanta abundancia, que se vio en la ciudad de Trujillo nascer rabanos tan gruesos como
un hombre, muy tiernos y macizos y que las
hojas ocupaban dos pasos al derredor, y lo mesmo las lechugas y
coles y otras hortalizas que se sembraron de la simiente que se
llevo de Castilla; pero la que nacio despues en la tierra no crescio tanto. Las viandas
que en aquella tierra comen los indios son
maiz cocido y tostado en lugar de pan, y carne de venados cecinada, a manera de
moxama, y pescado seco, y unas raices de diversos generos, que ellos llaman yuca, y
ajies y zamotes y papas, y
otras de otras maneras, y altramuces, y otras legumbres. Beben un
brebaje en lugar de vino, que hacen echando maiz con agua en
unas tinajas que guardan debajo de tierra, y alli hierve; y demas
del maiz crudo, le echan en cada tinaja cierta cantidad de maiz
mascado, para lo cual hay hombres y mujeres que se alquilan, y
sirven como levadura. Tienese por mejor y mas recio lo que se
hace con agua embalsada que con la que corre. Este brebaje se
llama comunmente chicha en lenguaje de las islas, porque en lenguas del Peru se llama
azua: es blanco o tinto, como la color del
maiz que le echan, y emborracha mas facilmente que vino de Castilla, aunque si los
indios lo pudiesen haber, segun son aficionados
a ello, dejarian lo de su tierra. Tambien hacen otra bebida de
una frutilla que nasce en unos arboles, que llaman molles, aunque no es tan presciada
como la chicha.
132015 CAPITULO IX
132016 De las ciudades de cristianos que hay en la sierra del Peru
132017 En la sierra del Peru hay algunas poblaciones de cristianos,
que comienzan desde la ciudad de Quito, la cual esta en cuatro
grados, poco mas o menos, allende de la linea Equinocial. Solia
ser lugar muy apacible y abundante de pan y ganados, y mucho
mas por los anos de 44 y 45, que se descubrieron muy ricas minas
de oro, y iba poblandose y acrescentandose el lugar de mucha gente, hasta que la furia
de la guerra acudio alli, que fue causa que
muriesen casi todos los vecinos de aquella ciudad a manos de Gonzalo Pizarro y de sus
capitanes, porque habian servido y favorecido al Visorey Blasco Nunez Vela el tiempo
que alli residio, como adelante mas particularmente se dira. Desde esta ciudad no
hay poblacion de cristianos por la sierra hasta un descubrimiento de la provincia de los
Bracamoros, que el capitan Juan Porcel
por una parte y el capitan Vergara por la otra descubrieron, y hicieron en ellas unas
pequenas poblaciones para desde alli entrar a
descubrir mas adelante, conquistando y descubriendo la tierra, y
aun estas poblaciones se desh icieron, porque Gonzalo Pizarro trajo consigo estos
capitanes con su gente, para ayudarse dellos en
sus guerras; y este descubrimiento se hizo por orden del licenciado Vaca de Castro,
siendo gobernador de aquella provincia; que
por la parte de San Miguel envio al capitan Porcel, y mucho mas
arriba, por la provincia de los Chachapoyas, envio a Vergara, creyendo que iban por
diversas entradas, caso que ellos despues se
toparon, y aun tuvieron diferencia sobre a quien pertene scia; y viniendo llamados por
Vaca de Castro para dar entre ellos asiento,
se hallaron al principio de la guerra en la ciudad de los Reyes, en
servicio del Visorey; y despues de el preso se quedaron con Gonzalo Pizarro, y ceso el
negocio de la entrada. Esta este descubrimiento a ciento y sesenta leguas de la ciudad de
Quito, por la sierra. Mas adelante otras ochenta leguas hay una provincia que se
dice de los Chachapoyas, donde hay una poblacion de cristianos
que se intitula Levanto, tierra fertil de comida y de razonables minas; es la provincia
muy fuerte y segura, porque esta cercada casi por todas partes de un muy hondo valle,
por el cual va un rio
que le cerca por la mayor parte, que cortando las puentes del habria mucha dificultad de
conquistarla; esta provincia poblo de
cristianos el mariscal Alonso de Albarado, a quien estaba encomendada. Mas adelante
por espacio de sesenta leguas hay otra poblacion de cristianos que se llama Guanuco,
hecha por mandado del
licenciado Vaca de Castro, que la llamo Leon, por ser natural de
la ciudad de Leon, en Espana. Es tierra de mucha comida, y creese
que hay en ella abundancia de minas, especialmente hacia la parte que tiene ocupada el
Inga, que esta alzado y de guerra en la provincia de los Andes, como adelante se
declarara; y desde esta
ciudad no hay en la sierra lugar de cristianos hasta la villa de Guamanga, que por los
cristianos se nombra San Juan
de la Victoria que hay distancia de sesenta leguas; esta villa es de
poca poblacion de cristianos, aunque se cree que se acrescentaria
mucho si el Inga viniese de paz, porque esta muy cerca della, y
les tiene ocupada a los vecinos la mejor tierra, donde hay muchas
minas y abundancia de coca, que es una yerba de mucho provecho, como arriba esta
dicho. Desta villa de Guamanga al Cuzco
hay distancia de ochenta leguas, en las cuales hay grande aspereza
de caminos, por las muchas sierras y quebradas, que son causa de
grandes peligros. La ciudad del Cuzco antes de los cristianos era
el asiento y corte de los reyes de aquella provincia, y desde ella se
gobernada tanta distancia de tierra como esta declarado y se declarara. Y alli acudian
los caciques de todas partes, asi a traer los
tributos del senor como a tratar sus negocios y a pedir su justicia
unos contra otros; y en toda la provincia no habia otro lugar poblado de indios ni que
tuviese forma de ciudad, sino esta, donde
hay una muy buena fortaleza, labrada de piedras cuadradas tan
grandes, que causa admiracion haberse podido traer alli a fuerza
de indios, sin ayuda de bueyes ni mulas ni otros animales; porque
hay muchas piedras que no las moveran diez pares de bueyes cada una dellas. Las casas
y edificios en que hoy viven los cristianos
son las mesmas que los indios tenian, aunque algunas reparadas y
otras acrescentadas; la ciudad se divide en cuatro estancias, en
cada una de las cuales tenia mandado el Rey, que en lengua de los
indios se llama Inga, que viviesen y se aposentasen los indios de
hacia la parte que correspondia a aquel cuartel desta manera que
el que tira hacia el mediodia: se llamaba Collasuyo, por una provincia que esta hacia
aquella parte, llamada Collao; y el que esta
hacia la parte del norte, contrario de este, se llama Chinchasuyo,
por causa de una provincia muy nombrada que cae en aquel derecho, llamada Chincha,
que agora es de su majestad, harto pobre y
despoblada segun lo que solia; y asi, desta manera se nombran
los otros dos cuarteles de oriente y poniente, Andesuyo y Condesuyo; y ningun indio
podia vivir en el aposento diferente del que
estaba senalado a su tierra, sin gran pena. La tierra comarcana a
esta ciudad es muy abundante de toda comida, y es tan sana, que
en entrando en ella un hombre sin enfermedad, pocas o ninguna
vez adolesce. Esta cercada de muchas y ricas minas de oro, en las
cuales se ha sacado tanto como a Espana ha venido; aunque agora,
despues que se descubrieron las minas de Potosi, se han despoblado las del oro, asi
porque se halla muy mayor ganancia en la plata,
como porque es con muy menor peligro de los indios y aun de los
cristianos que tratan en ello. Desde esta ciudad del Cuzco a la villa de Plata, que es en
la provincia de los Charcas, hay ciento y
cincuenta leguas, y mas, y en medio hay una provincia muy grande y llana, que se
llama el Collao, que dura mas de cincuenta leguas, y la principal parte, que se llama
Chiquito es de su majestad;
y por haber tan gran distancia despoblada de cristianos, el licenciado de la Gasca el ano
de 49 mando poblar un lugar en esta provincia del Collao, que se nombra Nuestra
Senora de la Paz. La
villa de Plata es lugar de mucho frio, mas que ninguna otra de la
sierra; hay en ella pocos vecinos, pero muy ricos; y aun estos que
hay, la mayor parte del ano residen en el asiento de las minas que
hay en el cerro de Porco, y despues en el de Potosi, cuando se descubrio, como adelante
se dira. Desde esta villa de Plata, entrando
la tierra adentro, la mano izquierda, hacia la parte del oriente, se
descubrio por mandado del licenciado Vaca de Castro, que envio
a ello al Capitan Diego de Rojas y a Felipe Gutierrez, una provincia que se llama de
Diego de Rojas, que dicen ser muy buena y sana
tierra, y abundante de comida, aunque no se ha hallado en ella
tanta riqueza como se tenia creido que hubiera; y por ella han venido al Peru el capitan
Domingo de Irala y sus companeros en el
ano de 49, por manera que han andado toda la tierra que hay entre la mar del Sur y la
del Norte, cuando subieron por el rio de
la Plata, descubriendo la tierra por el mar del Norte. Este es el sitio de todo lo que esta
descubierto y poblado en toda la provincia
del Peru, hacia la mar del Sur, imaginando la tierra por luengo de
costa, sin haber entrado a descubrir la tierra adentro, porque hallan en ello gran
dificultad, a causa de la aspereza de las sierras,
que son tan dobladas, que no se pueden pasar sin gran dificultad
y frios y falta de comida; y a todo esto venciera la industria y
buen animo de los espanoles, si no desconfiasen ser delante la tierra rica.
135024 CAPITULO X
135025 Del origen de los reyes del Peru, que llaman ingas
135026 En todas las provincias del Peru habia senores principales,
que llamaban en su lengua curacas, que es lo mismo que en las islas solian llamar
caciques; porque los espanoles que fueron a conquistar el Peru, como en todas las
palabras y cosas generales y
mas comunes iban amostrados de los nombres en que las llamaban de las islas de Santo
Domingo y San Juan y Cuba y TierraFirme, donde habian vivido, y ellos no sabian los
nombres en la
lengua del Peru, nombrabanlas con los vocablos que de las tales
cosas traian aprendidos, y esto se ha conservado de tal manera,
que los mismos indios del Peru cuando hablan con los cristianos
nombran estas cosas generales por los vocablos que han oido
dellos, como al Cacique, que ellos llaman curaca, nunca le nombran sino cacicua, y
aquel su pan de que esta dicho, le llaman maiz,
con nombrarse en su lengua zara, y al brebaje llaman chicha,
y en su lengua azua, y asi de otras muchas cosas. Estos
senores mantenian en paz sus indios, y eran sus capitanes
en las guerras que tenian con sus comarcanos, sin tener senor general de toda la tierra,
hasta que de la parte del Collao, por una
gran laguna que alli hay, llamada Titicaca, que tiene ochenta
leguas de bojo, vino una gente muy belicosa, que llamaron ingas;
los cuales andan tresquilados y las orejas horadadas y metidos
en los agujeros unos pedazos de oro redondo con que los van ensanchando. Estos tales
se llaman ringrim, que quiere decir oreja. Y al principal dellos llamaron Zapalla inga,
que es solo senor,
aunque algunos quieren decir que le llamaron inga Viracocha que
es tanto como espuma o grasa de la mar; porque, como no sabian
el origen de la tierra donde vino, creian que se habia criado de
aquella laguna, que desagua por un gran rio que corre hacia la parte del occidente, que
tiene en parte media legua de ancho, el cual
entra en otra pequena laguna que esta cuarenta leguas de la grande; asi se consume sin
que haya otro desaguadero, con gran admiracion de los que consideran como en tan
pequeno sumidero desaparesce tan gran cantidad de agua; aunque en esta pequena
nunca se hallo suelo, creese que va por debajo a la mar, como lo hace el rio Alfeo en
Grecia. Estos ingas comenzaron a poblar la ciudad del Cuzco, y desde alli fueron
sojuzgando toda la tierra y la
hicieron tributaria; y de ahi adelante iba sucediendo en este senorio el que mas poder y
fuerzas tenia, sin guardar orden legitima de
succesion, sino por via de tirania y violencia; de manera que su
derecho estaba en las armas. La insignia o corona que estos ingas traian para mostrar su
senorio era una borla de lana colorada que les tomaba desde una sien hasta la otra, y casi
les cubria
los ojos, y con un hilo de esta borla entregado a uno de aquellos
orejones gobernaban la tierra y proveian lo que querian, con mayor obediencia que en
ninguna provincia del mundo se ha visto
tener a las provisiones de su rey; tanto, que acontescia enviar a
asolar una provincia entera y matar cuantos hombres y mujeres
en ella habia, por mano de uno solo destos orejones, sin que llevase otro poder de gente
ni de comision mas de uno de aquellos hilos de la borla, y en viendole, ofrescerse todos
de muy buena gana
a la muerte. Por la succesion destos ingas vino el senorio a uno
dellos que se llamo Guaynacaba (que quiere decir mancebo rico),
que fue el que mas tierras gano y acrescento su senorio, y el que
mas justicia y razon tuvo en la tierra, y la redujo a policia y cultura; tanto, que parescia
cosa imposible una gente barbara y sin letras regirse con tanto concierto y orden, y
tenerle tanta obediencia
y amor sus vasallos, que en servicio suyo hicieron dos caminos en
el Peru tan senalados, que no es justo que se queden en olvido;
porque ninguna de aquellas que los autores antiguos contaron por
las siete obras mas senaladas del mundo se hizo con tanta dificultad y trabajo y costa
como estas. Cuando Guaynacaba fue desde la ciudad del Cuzco con su ejercito a
conquistar la provincia de
Quito, que hay cerca de quinientas leguas de distancia, como iba
por la sierra, tuvo grande dificultad en el pasaje por causa de los
malos caminos y grandes quebradas y despenaderos que habia en
la sierra por do iba. Y asi, paresciendoles a los indios que era justo hacerle camino
nuevo por donde volviese vitorioso de la conquista, porque habia sujetado la provincia,
hicieron un camino
por toda la cordillera de la sierra, muy ancho y llano, rompiendo e igualando las penas
donde era menester, y igualando y subiendo las quebradas de mamposteria; tanto, que
algunas veces
subian la labor desde quince y veinte estados de hondo; y asi
dura este camino por espacio de las quinientas leguas. Y dicen
que era tan llano cuando se acabo, que podia ir una carreta por
el, aunque despues aca, con las guerras de los indios y de los cristianos, en muchas
partes se han quebrado las mamposterias destos pasos por detener a los que vienen por
ellos, que no puedan
pasar. Y vera la dificultad desta obra quien considerase el trabajo y costa que se ha
empleado en Espana en allanar dos leguas de
sierra que hay entre el Espinar de Segovia y Guadarrama, y como
nunca se ha acabado perfectamente, con ser paso ordinario, por
donde tan continuamente los reyes de Castilla pasan con sus casas
y corte todas las veces que van o vienen del Andalucia o del reino
de Toledo a esta parte de los puertos. Y no contentos con haber
hecho tan insigne obra, cuando otra vez el mismo Guaynacaba quiso volver a visitar la
provincia de Quito, a que era muy aficionado
por haberla el conquistado, torno por los llanos, y los indios le hicieron en ellos otro
camino de casi tanta dificultad como el de la
sierra, porque en todos los valles donde alcanza la frescura de
los rios y arboledas, que, como arriba esta dicho, comunmente ocupan una legua,
hicieron un camino que casi tiene cuarenta pies
de ancho, con muy gruesas tapias del un cabo y del otro, y cuatro
o cinco tapias en alto, y en saliendo de los valles, continuaban el
mismo camino por los arenales, hincando palos y estacas por
cordel, para que no se pudiese perder el camino ni torcer a un cabo ni a otro; el cual
dura las mismas quinientas leguas que el de
la sierra; y aunque los palos de los arenales estan rompidos en
muchas partes, porque los espanoles en tiempo de guerra y de paz
hacian con ellos lumbre, pero las paredes de los valles se estan el
dia de hoy en las mas partes enteras, por donde se puede juzgar la
grandeza del edificio; y asi, fue por el uno y vino por el otro Guaynacaba, teniendosele
siempre por donde habia de pasar, cubierto
y sembrado con ramos y flores de muy suave olor.
138020 CAPITULO XI
138021 De las cosas senaladas que Guaynacaba hizo en el Peru
138022 Demas de la obra y gasto destos caminos, mando Guaynacaba
que en el de la sierra, de jornada a jornada, se hiciesen unos palacios de muy grandes
anchuras y aposentos, donde pudiese caber su
persona y casa, con todo su ejercito, y en el de los llanos otros semejantes, aunque no
se podian hacer tan menudos y espesos como los de la sierra, sino a la orilla de los rios,
que, como tenemos
dicho, estan apartados ocho o diez leguas, y en partes quince y
veinte. Estos aposentos se llaman tambos, donde los indios en cuya jurisdiccion caian,
tenian hecha provision y depositos de todas
las cosas que en el habia menester para proveimiento de su ejercito, no solamente de
mantenimiento, mas aun de armas, vestidos
y todas las otras cosas necesarias; tanto, que si en cada uno de estos tambos queria
renovar de armas o vestidos a veinte o treinta
mil hombres en su campo, lo podia hacer sin salir de casa. Traia
consigo gran numero de gente de guerra con picas y alabardas y
porras y hachas de armas, de plata y cobre, y algunas de oro,
y con hondas, tiraderas de palma, tostadas las puntas. En los rios
tenian hechas puentes de madera donde alcanzaban, y donde no,
echando maromas gruesas de una yerba que llaman maguey, que
es mas recio que canamo, de un cabo a otro del rio, entretejiendolas con unos tamujos,
que es cosa de admiracion ver la orden con
que hacen tan altos edificios, que en parte hay mas de quince estados de alto y mas de
doscientos pasos de largo; y donde no se podian hacer puentes pasaban poniendo una
maroma larga de un
cabo al otro, y tirando por ella una gran canasta con las asas de
madera, porque no se rozase, tirando la tal canasta desde la otra
parte con una soga. Y estas puentes sustentaban a su costa los
indios en cuyos terminos caian. El Rey andaba siempre en una litera de planchas de
oro. Traia mas de mil senores principales para solo llevarlo en los hombros, y estos eran
de su consejo y los
mas privados. Tambien los caciques andaban en literas que traian
en los hombros sus vasallos. Tenian gran subjecion al senor; tanto, que ninguno, por
principal que fuese, el entraba a hablar sino
descalzo y llevando a cuestas una manta, envuelta en ella alguna cosa, que presentaba
al senor en reconocimiento; lo cual se guardaba tan estrechamente, que si cien veces al
dia le iban a hablar,
tantas habia de ser como nuevo servicio. Tenian por muy gran
desacato mirar al rostro del senor, y si cuando llevaban la litera
alguno tropezaba de forma que cayese, le cortaban luego la cabeza. Tenia puestas
postas por toda la tierra, de media a media
legua, las cuales corrian los indios muy mas ligeramente que los
caballos de las postas. En conquistando alguna provincia, la primera cosa que hacia era
pasar todos los vasallos, o los mas principales, a otra poblacion antigua, a poblar aquella
tierra de los indios ya sujetos, y desta manera lo aseguraba todo. Y esta tal gente que
remudaba de unas tierras en otras llamaban mitimaes. De
todas las provincias de su senorio le traian cada ano tributo de lo
que en la tierra nascia; tanto, que en algunas tierras tan esteriles,
que no se criaba ningun fruto, le enviaban cada ano ciertas cargas de largatijas, con
estar mas de trescientas leguas del Cuzco.
Este Guaynacaba reedifico el templo del sol que en el Cuzco habia y aforro las paredes
y techumbres de tablones de oro y plata
que hizo. Y porque un senor que habia en los llanos, que se llamo
Chimocappa, que tenia mas de cien leguas de tierra, se le rebelo,
fue sobre el y le vencio y mato y mando que, en pena del delito,
ningun indio de los llanos trajese armas; lo cual guardan hasta
el dia de hoy; caso que al sucesor deste rebelado le dejo en que
viviese la provincia de Chimo, donde agora es Trujillo. Guaynacaba y su padre dieron
orden para tener abundancia de ganados en
su tierra, como de aquellas ovejas de la tierra se echasen en los
campos cada ano cierta cantidad dedicada al sol por via de diezmo; y de estas
multiplicaban en gran numero; porque, si no era el
mismo Guaynacaba para su ejercito, tenian por sacrilegio llegar
ninguno a ellas, y cuando el las habia menester, con mandar hacer
una caza de las que arriba tenemos dicho que llaman chacos, en
un dia podia tomar veinte y treinta mil dellas. Tenian en gran
estima el oro, porque dello hacia el Rey y los principales vasijas
para su servicio y joyas para su atavio, y lo ofrecian en los templos. Y traia el Rey un
tablon en que se sentaba, de oro de diez y
seis quilates, que valio de buen oro mas de veinte y cinco mil ducados, que es el que
don Francisco Pizarro escogio por su joya
al tiempo de la conquista; porque, conforme a su capitulacion, le
habian de dar una joya que el escogiese, fuera de la cuenta comun.
Al tiempo que le nacio el primer hijo mando hacer Guaynacaba
una maroma de oro tan gruesa (segun hay muchos indios vivos
que lo dicen), que asidos a ella mas de seiscientos indios orejones,
no la levantaban muy facilmente. Y en memoria desta tan senalada joya llamaron al
hijo Guascar (que en su lengua quiere
decir soga), con el sobrenombre de inga, que era de todos los
reyes, como los emperadores romanos se llamaban augustos. Esto se ha traido aqui por
desarraigar una opinion que comunmente
se ha tenido en Castilla entre la gente que no tiene platica en las
cosas de las Indias, de que los indios no tenian en nada el oro ni
conoscian su valor. Tambien tenia muchos graneros y trojes hechos de oro y plata, y
grandes figuras de hombres y mujeres y de
ovejas y de todos los otros animales, y de todos los generos de yerbas que nacian en
aquella tierra, con sus espigas y bastigas y nudos hechos al natural, y gran suma de
mantas y hondas entretejidas con oro tirado, y aun cierto numero de lenos, como los que
habia de quemar, hechos de oro y plata.
141001 CAPITULO XII
141002 Del estado en que estaban las guerras del Peru al tiempo que los
espanoles llegaron a ella
141004 Aunque el intento principal desta historia sea contar las cosas en ella sucedidas
a los espanoles que la conquistaron, entonces y despues aca del descubrimiento; pero,
porque esto no se podria bien entender sin tocar algo del estado en que los negocios de
los indios que la gobernaban estaban en aquella sazon, y tambien
para que se vea claramente como fue permision divina que los espanoles llegasen a esta
conquista al tiempo que la tierra estaba
dividida en dos parcialidades, y que era imposible, o a lo menos muy dificultoso,
poderla ganar de otra manera, dire en suma
los terminos en que hallaron la tierra en aquella coyuntura, para que haya mas claridad
en la historia.
141015 Guaynacaba, despues de haber sujetado a su imperio gran
numero de provincias por espacio de quinientas leguas, contando
desde el Cuzco hacia el occidente, determino ir en persona a conquistar la provincia de
Quito, en cuyas entradas se acababa su
senorio; y asi, saco su ejercito y fue, y hizo la conquista, y por ser
la calidad de la tierra muy apacible a su condicion, residio alli mucho tiempo, dejando
en el Cuzco algunos hijos y hijas suyos, especialmente a su hijo mayor, llamado
Guascar inga, y a Magno inga
y Paulo inga, y otros muchos; y en Quito tomo nueva mujer, hija
del senor de la tierra, y della hubo un hijo, que se llamo Atabaliba, a quien el quiso
mucho; y dejandole debajo de tutores en
Quito, torno a visitar la tierra del Cuzco, y en esta vuelta le hicieron el camino tan
trabajoso de la sierra, de que esta hecha relacion; despues de haber estado en el Cuzco
algunos anos, determino volverse a Quito, asi porque le era mas agradable aquella tierra
como por el deseo de ver a Atabaliba, su hijo, a quien el queria mas que a los otros; y
asi, volvio a Quito por el camino que
hemos dicho de los llanos, donde vivio y tuvo su asiento lo restante de la vida hasta que
murio; y mando que aquella provincia
de Quito, que el habia conquistado, quedase para Atabaliba, pues
habia sido de sus abuelos. Muerto Guaynacaba, Atabaliba se apodero de su ejercito y
de las riquezas que consigo traia, aunque las
principales, como mas pesadas, las habia dejado en su recamara
en el Cuzco, en poder de su hijo mayor, al cual Atabaliba envio
embajadores haciendole saber la muerte de su padre, y dandole la
obediencia, suplicandole que le dejase aquella provincia de Quito,
pues su padre la habia ganado y era fuera de su estado y mayoraggo; y sobre todo, que
habia sido de su madre y abuelo. Guascar le
respondio que el se viniese al Cuzco y le entregase el ejercito, y
que el le daria tierra donde se mantuviese muy honradamente; pero que a Quito no se lo
podia dar por ser el fin de su reino, y que
de alli habia de hacer sus entradas contra los enemigos y tener
gente como en frontera; y que si no venia, que iria sobre el y ternia por enemigo.
Atabaliba hubo su consejo con dos capitanes de
su padre muy esforzados y cursados en la guerra, el uno llamado
Quizquiz y el otro Cilicuchima; los cuales le aconsejaron que no
esperase a que su hermano viniese sobre el, sino que el fuese primero, pues con el
ejercito que tenia era parte para ensenorearse
de todas las provincias por do pasase, y ir cada dia acrecentandole; de manera que su
hermano tuviese por bien de confederarse
con el. Tomando su consejo, saliose de Quito, y fuese apoderando
de la tierra poco a poco, y tambien Guascar envio un gobernador
o capitan suyo con cierta gente a la ligera; y llegando a gran priesa a una provincia que
se dice Tumibamba, que es mas de cien
leguas de Quito, y sabido como Atabaliba habia ya salido con su
ejercito, despacho una posta al Cuzco haciendo saber lo que pasaba a Guascar, para que
le enviase dos mil hombres de los capitanes y gente practica en la guerra, porque con
ellos juntaria treinta
mil hombres de una provincia que se llama los Canares, gente muy
belicosa, que estaba por el; y el lo hizo asi; y despachados los dos
mil hombres a gran priesa, se juntaron con ellos los caciques de
Tumibamba, y los chaparras y paltas y canares que estaban en
aquella comarca. Y sabido por Atabaliba, salio contra ellos y pelearon tres dias,
muriendo mucha gente de ambas partes; hasta
que, desbaratados los de Quito, Atabaliba fue preso sobre la puente del rio de
Tumibamba. Y estando haciendo la gente de Guascar grandes fiestas y borracheras por
la victoria, Atabaliba, con
una barra de cobre que una mujer le dio, rompio una gruesa pared del tambo de
Tumibamba, y se fue huyendo a Quito, que es
veinte y cinco leguas de alli, y torno a juntar su gente, y haciendoles entender que su
padre le habia convertido en culebra y hechole salir por un pequeno agujero, y le habia
prometido la victoria si tornase a pelear, los animo tanto, que volvio sobre sus enemigos
y peleo con ellos, y los vencio y desbarato, habiendo muerto mucha gente de ambas
partes en estas dos batallas; tanto, que
hasta hoy duran los corrales y montones que alli estan llenos de
huesos de hombres. Continuando y siguiendo Atabaliba la victoria, determino ir sobre
su hermano, y llegando a la provincia de
los Canares, mato sesenta mil hombres dellos porque le habian sido contrarios, y metio
a fuego y a sangre y asolo la poblacion de
Tumibamba, situada en un llano ribera de tres grandes rios; la
cual era muy grande; y de alli fue conquistando la tierra, y de
los que se le defendian no dejaba hombre vivo, y a los que salian
de paz los juntaba consigo, y desta manera iba multiplicando su
ejercito; y ido a Tumbez, quiso conquistar por mar la isla de Puna,
que arriba esta dicha; mas el Cacique salio con muchas balsas y se
le defendio; y porque Atabaliba parecio que aquella conquista requeria mas espacio, y
supo que su hermano Guascar venia sobre
el con su ejercito, continuo su camino hacia el Cuzco; y quedandose el en Caxamalca,
envio delante sus dos capitanes, con hasta
tres o cuatro mil hombres, que fuesen a descubrir el campo a la
ligera; y llegando cerca del ejercito de Guascar, por no ser sentidos se desviaron del
camino por un atajo, por el cual acaso se habia tambien apartado el mismo Guascar con
sietecientos hombres
de sus principales, por salir del ruido del ejercito; y topandole,
pelearon con el y le desbarataron la gente y le prendieron; y teniendole preso, venia ya
todo el ejercito sobre ellos y los cercaron por todas partes, donde no dejaran ninguno
vivo, porque habia mas de treinta para uno, si los capitanes de Atabaliba no dijeran a
Guascar, viendo venir su gente, que los mandase volver; si
no, que luego le cortarian la cabeza. Y Guascar, con temor de la
muerte, y con lo que le dijeron, que su hermano no queria del otra
cosa sino que le dejase en la tierra de Quito, reconosciendole por
senor, mando a su gente que no pasase de alli, sino que luego se
volviese al Cuzco, y ellos lo hicieron. Y sabida tan buena ventura
como acaso sucedio por Atabaliba, envio a mandar a sus capitanes
que le trajasen a su hermano preso alli a Caxamalca, donde les esperaba. Y en esta
coyuntura llego el gobernador don Francisco
Pizarro con los espanoles que llevaba a la tierra del Peru, y tuvo
lugar de hacer la conquista que en el libro siguiente se dira; porque el ejercito de
Guascar era desbaratado y huido, y el de Atabaliba estaba la mayor parte despedido por
la nueva victoria.
145001 LIBRO SEGUNDO
145002 CAPITULO I
145003 De la conquista que hicieron en la provincia del Peru
don Francisco Pizarro y su gente
145005 Ya tenemos dicho en el libro precedente como don Francisco Pizarro estaba en
Panama, habiendo vuelto de Espana, aderezando las cosas necesarias para la conquista
del Peru, aunque don
Diego de Almagro no proveia con tanto calor como solia de lo
que era necesario, porque la hacienda principal y el credito estaba en el; y la causa de
su tibieza fue el descontento que tenia de
que don Francisco Pizarro no le habia traido ninguna merced de
su majestad; pero en fin, dandole sus disculpas, se redujeron en
amistad, aunque nunca los hermanos de don Francisco quedaron
en gracia de don Diego, especialmente Fernando Pizarro, de quien
el tenia la principal queja. En fin, Hernando Ponce de Leon fleto un navio que alli tenia
a don Francisco Pizarro, en el cual se
metio el con sus cuatro hermanos y la mas gente de pie y de caballo que pudo allegar,
con harta dificultad, por la mucha desconfianza que tenian las gentes desta conquista, a
causa de los
grandes reveses que en ella habia habido los anos pasados; y el
se hizo a la vela en principio del ano de 31, y por ser los vientos
contrarios tomo la costa de la tierra del Peru mas de cien leguas
mas atras de donde la habia de tomar; y asi, le fue forzado desembarcar la gente y
caballos, yendo su camino por la costa arriba,
pasando grandes trabajos y falta de comida, por causa de los esteros que habia en las
entradas de los rios, tan grandes, que les era
forzado pasarlos a nado los hombres y los caballos: en lo cual
valia mucho la industria y animo con que don Francisco los regia,
y los peligros en que ponia su persona, pasando muchas veces el
mismo a cuestas los que no sabian nadar, hasta que llegaron a un
pueblo que estaba junto a la mar, que se llama Coaque, asaz rico
de mercaderias, bien poblado y bastecido de comida, donde pudo
reformar su gente, que muy flaca la traia, y de alli envio a Panama
y a Nicaragua dos navios, y en ellos mas de treinta mil castellanos
de oro, que habia tomado en Coaque, para acreditar la tierra y poner codicia a la gente
que pasase a ella. En este pueblo de Coaque se hallaron algunas esmeraldas, y muy
buenas, porque estan
debajo de la linea, y muchas se perdieron y quebraron, porque los
que alli iban eran tan poco practicos en este genero de piedras,
que les parecio que para ser finas las esmeraldas no se habian
de quebrar con martillo, como los diamantes; y asi, creyendo que
los indios los enganaban con algunas piedras falsas, las daban con
una piedra; y asi destruyeron grandisimo valor destas esmeraldas;
y luego les sobrevino una enfermedad de berrugas, de que arriba
tenemos hecha mencion, tan general en todo el ejercito, que pocos se libraron della; no
embargante lo cual, el Gobernador, persuadiendo la gente que lo causaba la mala
constelacion de la tierra, paso delante con ellos hasta la provincia que llamaron
PuertoViejo, conquistando y pacificando toda aquella comarca; y alli
le alcanzo el capitan Benalcazar y Juan Flores, que vinieron de Nicaragua con un navio
y alguna gente de pie y de caballo.
146027 CAPITULO II
146028 De lo que al gobernador le acontescio en la isla de Puna y su
conquista
146030 Pacificada la provincia de Puerto-Viejo, el Gobernador con su
gente camino al puerto de Tumbez, y de alli determino pasar en
balsas que para ello hizo a la isla de Puna, que, como arriba hemos dicho, esta frontero
de aquel puerto, y paso los caballos y la
gente aquel brazo de mar con gran peligro, porque los indios tenian concertado entre si
de cortar las cuerdas de las balsas y anegar los cristianos que en ella llevaban. Y sabido
por el Gobernador, mando que todos fuesen muy sobre aviso y las espadas
desenvainadas, sin que perdiesen de ojo a ningun indio; y llegados a la
isla, los indios les salieron de paz y los rescibieron muy bien, aunque les tenian armada
celada para los matar todos aquella noche.
Y sabido por el Gobernador, dio sobre ellos y los desbarato y prendio al cacique
principal y otro dia el real amanecio cercado de
gente de guerra. Muy animosamente el Gobernador y sus hermanos apriesa cabalgaron,
repartiendo los espanoles a todas partes,
y envio a socorrer los navios que cerca de tierra estaban, porque
los indios daban sobre ellos por la parte del mar con balsas, y tanto los espanoles
pelearon, que los desbarataron, matando y hiriendo muchos dellos; y solos dos o tres
espanoles alli murieron, aunque otros quedaron mal heridos, especialmente Gonzalo
Pizarro, de
una peligrosa herida que le dieron en una rodilla. Y despues desto, llego el capitan
Hernando de Soto con mas gente de pie y de
caballo que de Nicaragua traia, y a causa que todos los indios de
aquella isla andaban en muchas balsas por entre los anegados
manglares, no se les podia hacer la guerra, el Gobernador acordo
pasar a Tumbez, despues que hizo repartimiento del oro que alli
le dieron, a causa que adolescia la gente en aquella isla, que es muy
enferma, porque esta cerca de la linea Equinocial.
147023 CAPITULO III
147024 De como el Gobernador paso a Tumbez y de la conquista que hizo
hasta que poblo a San Miguel
147026 En esta isla de la Puna, que hemos dicho, habia mas de seiscientos indios y
mujeres de Tumbez captivos, con un principal de
Tumbez que tambien estaba captivo, y a todos los liberto el gobernador Pizarro, y les
dio balsas para que se fuesen a sus tierras.
Y al tiempo que el se embarco en los navios para pasar a Tumbez,
envio con unos indios de aquellos de Tumbez tres cristianos en una
balsa que primero llego a Tumbez que los navios, y en llegando sacrificaron aquellos
tres espanoles a sus idolos en pago del beneficio
que del gobernador Pizarro habian rescibido en los sacar de captivos, y lo mismo
hicieran al capitan Hernando de Soto, que en
otra balsa iba con indios de aquella tierra, con un solo criado suyo,
entrando ya por el rio de Tumbez arriba, si no fuera por Diego de
Ag-|ruero y por Rodrigo Lozano, que ya habian desembarcado, y corriendo la ribera del
rio arriba, le avisaron, y dio la vuelta luego;
y por estar toda la tierra alzada no hubo balsas para ayudar a desembarcar la gente y
caballos; y a esta cuasa no salieron aquella
tarde con el Gobernador en tierra sino Hernando Pizarro y su hermano Juan Pizarro, y
el obispo don fray Vicente de Valverde y el
capitan Soto, y otros dos espanoles que en toda la noche no se
apearon de los caballos, y bien mojados, que, como la mar andaba
brava, se trastorno la balsa con ellos al salir, a causa que no la
supieron meter los espanoles sin indios, como no los habia; y quedo haciendo
desembarcar la gente Hernando Pizarro, y mas de dos
leguas el Gobernador anduvo sin poder haber habla con indio ninguno, que todos
andaban por los cerros con las armas en las manos; y ya que a la mar se volvia, toparon
con el capitan Mena y
con el capitan Juan de Salcedo, que a buscar al Gobernador venian con alguna gente de
caballo que ya habia desembarcado; y
recogida toda la gente, el Gobernador asento el real en Tumbez, y
en tanto llego el capitan Benalcazar que en la isla habia quedado
con la gente, que en los navios no pudo venir en la primera barcada, y hasta que los
navios tornaron por el, siempre los indios le
dieron guerra; y mas de veinte dias el Gobernador estuvo en Tumbez haciendo
mensajeros al senor de aquella tierra, y jamas a las
paces quiso venir; y contino hacia mucho dano en la gente servil
del real cuando por comida iban, sin que los espanoles le pudiesen
ofender porque estaban de la otra parte del rio, hasta que el gobernador hizo traer balsas
de la costa alli sin que los indios lo supiesen. Y una tarde, con sus hermanos Juan
Pizarro y Gonzalo Pizarro, y con el capitan Soto y Benalcazar, pasaron mas de
cincuenta de caballo el rio en las balsas, y dando una trasnochada muy
trabajosa, por ser el camino muy angosto y de espesos montes y
de espinos, dieron cuando amanescio sobre el real de los indios, y
haciendo cuanto dano pudieron en el, hicieron todos aquellos quince dias cruda guerra
a fuego y a sangre por los tres espanoles que
sacrificaron, hasta que el principal senor de Tumbez vino a las
paces con algun presente de oro y plata; y luego se partio el Gobernador con la mayor
parte de la gente, y con la otra dejo al contador Antonio Navarro y al tesorero Alonso
Requelme; y cuando
llego treinta leguas de Tumbez, al rio de Poechos, hizo de paz a todos los pueblos y
caciques que en la ribera de aquel rio vivian, y
hizo buscar y descubrir el puerto de Paita, que era el mejor de
aquella costa, y envio al capitan Hernando de Soto a los pueblos
y caciques que en la ribera de aquel rio vivian, donde, despues
que algun reencuentro con el hubieron, le vinieron de paz; y por
alli llegaron al Gobernador mensajeros del Cuzco, que Guascar le
enviaba, haciendole saber la rebelion de su hermano Atabaliba,
que en aquel tiempo no lo habian aun preso, como despues lo prendieron, como ya
hemos dicho, y le enviaba a decir lo socorriese y
le diese favor para se defender del. El Gobernador envio a Hernando Pizarro a Tumbez
para que trajese toda la gente que alli
habia quedado, y despues que volvio por ella poblo la ciudad de
San Miguel en un pueblo de indios, llamado Tangarara, en la ribera del rio de la Chira,
cerca de la mar; porque los navios que
viniesen de Panama hallasen puerto seguro, porque ya algunos habian venido. Y
repartido el oro y plata que alli hubieron, dejando
en la ciudad solos los vecinos, el Gobernador se partio con toda
la otra gente a la provincia de Caxamalca, porque supo que estaba alli Atabaliba.
149024 CAPITULO IV
149025 De como el Gobernador fue a Caxamalca, y de lo que acaescio alli
149026 Partido el Gobernador para Caxamalca, paso con todo su ejercito gran
necesidad de sed en un despoblado de veinte leguas, en
que no hay agua ni arboles, sino toda arena seca y muy calurosa,
que es desde donde agora esta poblada la ciudad de San Miguel
hasta la provincia de Motupe, en la cual hallo unos frescos valles
y bien poblados, donde pudo bien reformar la gente con la abundancia de comida que
alli habia; y subiendo por alli a la sierra,
topo con un mensajero de Atabaliba, que le traia unos zapatos pintados y unos punetes
de oro, y le dijo que cuando ante el llegase fuese calzado con aquellos zapatos y puesto
los punos, para que en
ellos le conociese. El Gobernador lo recibio alegremente y respondio que asi lo haria, y
que el no venia a hacerle mal, ni se le haria
si el no le daba muy notoria ocasion para ello; porque el emperador y rey de Castilla,
por cuyo mandado el iba, no permitia que
a nadie se hiciese dano contra razon. Y como el mensajero se
partio, el Gobernador fue tras el, caminando con mucho aviso, porque los indios no
viniesen al camino a dar sobre su gente, y cuando llego a Caxamalca topo otro
mensajero, que le vino a decir que
no se aposentase sin mandado de Atabaliba. Y a esto ninguna cosa respondio el
Gobernador mas que hacer su aposento, y despues
de hecho, envio al capitan Soto con hasta veinte de a caballo al
real de Atabaliba, que estaba una legua de alli, a le hacer saber su
venida; y cuando Soto llego al real, en presencia de Atabaliba arremetio el caballo, y
algunos indios, con miedo, se desviaron de la
carrera, por lo cual Atabaliba los hizo luego matar; y Atabaliba
no le habia querido dar respuesta ninguna hasta que llego Hernando Pizarro, a quien el
Gobernador habia enviado tras Hernando de Soto, con otra cierta gente de caballo, sino
que hablaba con
otro cacique, y aquel cacique con la lengua, y la lengua con Soto,
y en llegando Hernando Pizarro luego hablo con el derechamente
por medio de solo el interprete, y Hernando Pizarro le dijo como
el Gobernador, su hermano, venia a el de parte de su majestad,
que para le dar a entender su real voluntad deseaba verse con el
y ser su amigo. A lo cual respondio Atabaliba que el seria contento de su amistad con
que volviese a los indios todo el oro y plata
que en su tierra habia tomado, y se fuese luego della, y que para
dar orden en esto otro dia se iria a ver con el Gobernador al tambo
de Caxamalca. Y despues de haber visto Hernando Pizarro el real
poblado de tantas tiendas y gente de guerra, que parescia una
ciudad, se volvio con aquella respuesta al Gobernador; y dandosela, y contandole
particularmente lo que habia visto, le puso algun temor, porque para cada cristiano
habia cien indios; pero, como el Gobernador y todos los demas de su real eran de grande
animo, aquella noche se esforzaron unos a otros, considerando que no
tenian otro socorro sino el de Dios, en cuya ayuda esperaban, haciendo lo que en si era,
como hombres animosos; y en toda aquella noche estuvieron guardando el real y
aderezando sus armas,
sin dormir en toda ella.
151004 CAPITULO V
151005 Como se dio la batalla contra Atabaliba, y como fue preso
151006 Luego, otro dia de manana, el Gobernador ordeno su gente,
partiendo los sesenta de a caballo que habia en tres partes, para
que estuviesen escondidos con los capitanes Soto y Benalcazar;
y de todos dio cargo a Hernando Pizarro y a Juan Pizarro y Gonzalo Pizarro, y el se
puso en otra parte con la infanteria, prohibiendo que nadie se moviese sin su licencia o
hasta que disparase
la artilleria. Atabaliba tardo gran parte del dia en ordenar su
gente, y senalando lugar por donde cada capitan habia de entrar, y
mando que por cierta parte secreta, hacia la parte por donde habian entrado los
cristianos, se pusiese un capitan suyo, llamado
Ruminagui con cinco mil indios, para que guardase las espaldas
a los espanoles y matase a todos los que volviesen huyendo. Y luego Atabaliba movio
su gente tan despacio, que mas de cuatro horas tardo en andar una pequena legua. El
venia en una litera, sobre hombros de senores, y delante del trescientos indios vestidos
de una librea, quitando todas las piedras y embarazos del camino,
hasta las pajas, y todos los otros caciques y senores venian tras
el en andas y hamacas, teniendo en tan poco los cristianos, que los
pensaban tomar a manos; porque un gobernador indio habia enviado a decir a Atabaliba
como eran los espanoles muy pocos, y
tan torpes y para poco, que no sabian andar a pie sin cansarse; y
por eso andaban en unas ovejas grandes, que ellos llamaban caballos; y asi, entro en un
cercado que esta delante del tambo de Caxamalca; y como vio tan pocos espanoles, y
esos a pie (porque los
de a caballo estaban escondidos), penso que no osarian parecer
delante del ni le esperarian; y levantandose sobre las andas, dijo
a su gente: Estos rendidos estan”; y todos respondieron que si. Y
luego llego el obispo don fray Vicente de Valverde con un Breviario en la mano, y le
dijo como un Dios en Trinidad habia criado
el cielo y la tierra y todo cuanto habia en ello, y hecho a Adan, que
fue el primero hombre sobre la tierra, sacando a su mujer Eva de
su costilla, de dondo todos fuimos engendrados, y como por desobediencia destos
nuestros primeros padres caimos todos en pecado, y no alcanzabamos gracia para ver a
Dios ni ir al cielo,
hasta que Cristo, nuestro redentor, vino a nascer de una virgen
por salvarnos, y para este efecto rescibio muerte, pasion; y despues
de muerto, resuscito glorificado y estuvo en el mundo un poco
de tiempo, hasta que se subio al cielo dejando en el mundo en su
lugar a san Pedro y a sus sucesores, que residian en Roma, a los
cuales los cristianos llamaban Papas; y estos habian repartido
las tierras de todo el mundo entre los principes y reyes cristianos, dando a cada uno
cargo de la conquista, y que aquella provincia suya habia repartido a su majestad el
emperador y rey don
Carlos, nuestro senor, y su majestad habia enviado en su lugar al
gobernador don Francisco Pizarro para que le hiciese saber de parte de Dios y suya
todo aquello que le habia dicho; que si el queria creerlo y rescibir agua del baptismo y
obedecerle, como lo hacia la mayor parte de la cristiandad, el le defenderia y ampararia,
teniendo en paz y justicia la tierra, y guardandoles sus libertades,
como lo solia hacer a otros reyes y senores que sin riesgo de guerra se le sujetaban; y
que si lo contrario hacia, el Gobernador le
daria cruda guerra a fuego y sangre, con la lanza en la mano; y
que en lo que tocaba a la ley y creencia de Jesucristo y su ley evangelica, que si,
despues de bien informado della, el de su voluntad
la quisiese creer, que haria lo que convenia a la salvacion de su
anima; donde no, que ellos no le harian fuerza sobre ello. Y despues que Atabaliba todo
esto entendio, dijo que aquellas tierras y
todo lo que en ellas habia las habia ganado su padre y sus abuelos, los cuales las habian
dejado a su hermano Guascar inga, y que
por haberle vencido y tenerle preso a la sazon eran suyas y las poseia, y que no sabia el
como san Pedro las podia dar a nadie; y que
si las habia dado, que el no consentiria en ello ni se le daba nada;
y a lo que decia de Jesucristo, que habia criado el cielo y los hombres y todo, que el no
sabia nada de aquello ni que nadie criase
nada sino el sol, a quien ellos tenian por dios, y a la tierra por
madre, y a sus guacas; y que Pachacama lo habia criado todo lo
que alli habia, que de lo de Castilla el no sabia nada ni lo habia
visto; y pregunto al Obispo que como sabria el ser verdad todo
lo que habia dicho, o por donde se lo daria a entender. El Obispo dijo que en aquel libro
estaba escrito que era escriptura de
Dios. Y Atabaliba le pidio el Breviario o Biblia que tenia en la mano; y como se lo dio,
lo abrio, volviendo las hojas a un cabo y a
otro, y dijo que aquel libro no le decia a el nada ni le hablaba palabra, y le arrojo en el
campo. Y el Obispo volvio adonde los espanoles estaban, diciendo: “A ellos, a ellos”; y
como el Gobernador entendio que si esperaba que los indios le acometiesen primero, los
desbaratarian muy facilmente, se adelanto, y envio a decir
a Hernando Pizarro que hiciese lo que habia de hacer. Y luego
mando disparar el artilleria, y los de caballo acometieron por tres
partes en los indios, y el Gobernador acometio con la infanteria
hacia la parte donde venia Atabaliba; y llegando a las andas, comenzaron a matar los
que las llevaban, y apenas era muerto uno,
cuando en lugar del se ponian otros muchos a mucha porfia. Y
viendo el Gobernador que si se dilataba mucho la defensa los desbaratarian, porque
aunque ellos matasen muchos indios, importaba mas un cristiano, arremetio con gran
furia a la litera, y echando mano por los cabellos a Atabaliba (que los traia muy largos),
tiro recio para si y le derribo, y en este tiempo los cristianos daban tanta cuchilladas en
las andas, porque eran de oro, que hirieron en la mano al Gobernador; pero en fin el le
echo en el
suelo, y por muchos indios que cargaron, le prendio. Y como los
indios vieron a su senor en tierra y preso, y ellos acometidos por
tantas partes y con la furia de los caballos, que ellos tanto temian,
volvieron las espaldas y comenzaron a huir a toda furia, sin aprovecharse de las armas,
y era tanta la priesa, que con huir los unos
derribaban los otros; y tanta gente se arrimo hacia una esquina
del cercado donde fue la batallla, que derribaron un pedazo de la
pared, por donde pudieron salirse; y la gente de caballo continuo
fue en el alcance hasta que la noche les hizo volver. Y como Ruminagui oyo el sonido
de la artilleria y vio que un cristiano despeno de una atalaya abajo al indio que le habia
de hacer la sena para que acudiese, entendio que los espanoles habian vencido, y se
fue con toda su gente huyendo, y no paro hasta la provincia de
Quito, que es mas de doscientas y cincuenta leguas de alli, como
adelante se dira.
154006 CAPITULO VI
154007 De como Atabaliba mando matar a Guascar, y como Hernando
Pizarro fue descubriendo la tierra
154009 Preso Atabaliba, otro dia de manana fueron a coger el campo,
que era maravilla de ver tantas vasijas de plata y de oro como en
aquel real habia, y muy buenas, y muchas tiendas y otras ropas y
cosas de valor, que mas de sesenta mil pesos de oro valia sola la
vajilla de oro que Atabaliba traia, y mas de cinco mil mujeres a los
espanoles se vinieron de su buena gana de las que en el real andaban. Y despues de
todo recogido, Atabaliba dijo al Gobernador
que, pues preso lo tenia, lo tratase bien, y que por su liberacion el
le daria una cuadra que alli habia, llena de vasijas y de piezas de
oro y tanta plata que llevar no la pudiese. Y como entendio que
de aquello que decia el Gobernador se admiraba, como que no lo
creia, le torno a decir que mas que aquello le daria; y el Gobernador se lo ofrescio que
el lo trataria muy bien, y Atabaliba se lo
agradescio mucho, y luego por toda la tierra hizo mensajeros, especialmente al Cuzco,
para que se recogiese el oro y plata que
habia prometido para su rescate, que era tanto, que parescia imposible cumplirlo,
porque les habia de dar un portal muy largo
que estaba en Caxamalca, hasta donde el mismo Atabaliba estando en pie pudo
alcanzar con la mano todo el derredor lleno de vasijas de oro, segun he dicho; y para
este efecto hizo senalar esta altura con una linea colorada al derredor del portal; y
aunque despues cada dia entraba en el real gran cantidad de oro y plata, no
les parescio a los espanoles tanto, que fuese parte para solamente
comenzar a cumplir la promesa. Por lo cual mostraron andar descontentos y
murmurando, diciendo que el termino que habia senalado Atabaliba para dar su rescate
era pasado, y que no veian aparejo ellos de poderse traer; de donde inferian que esta
dilacion era a
efecto de juntarse gente para venir sobre ellos y destruirlos. Y como Atabaliba era
hombre de tan buen juicio, entendio el descontento de los cristianos, y pregunto al
Marques la causa dello, el
cual se la dijo, y el le replico que no tenia razon de quejarse de la
dilacion, pues no habia sido tanta que pudiese causar sospecha, y
que debian tener consideracion a que la principal parte de donde
se habia de traer aquel oro era la ciudad del Cuzco, y que desde
Caxamalca a ella habia cerca de doscientas leguas muy largas y
de mal camino, y que habiendose de traer sobre hombros de indios, no debian tener
aquella por tardanza larga, y que ante todas
las cosas, ellos se satisficiesen si les podia dar lo que les habia
prometido o no, y que hallando que era verdadera la posibilidad,
les hacia poco al caso que tardase un mes mas o menos; y que esto se podia hacer con
darle una o dos personas que fuesen al Cuzco a lo ver, y que les pudiesen traer nuevas.
Muchas opiniones hubo en el real sobre si se averiguaria esta determinacion que
Atabaliba pedia, porque se tenia por cosa peligrosa fiarse nadie de los
indios para meterse en su poder; de lo cual Atabaliba se rio mucho, diciendo que no
sabia el por que habia de rehusar ningun espanol de fiarse de su palabra y ir al Cuzco
debajo della, quedando
el alli atado con una cadena, con sus mujeres y hijos y hermanos
en rehenes. Y asi, con esto se determinaron a la jornada el capitan Hernando de Soto y
Pedro del Barco, a los cuales envio Atabaliba en sendas hamacas, con mucha copia de
indios que los llevaban en hombros casi por la posta, porque no es mano de los
indios ir despacio con las hamacas; y aunque no son mas de dos los
que la llevan, todo el numero de los hamaqueros (que por lo menos serian cincuenta o
sesenta para cada uno) van corriendo, y
en andando ciertos pasos se mudan otros dos, en lo cual tienen
tanta destreza, que lo hacen sin pararse. Pues desta manera caminaron Hernando de
Soto y Pedro del Barco la via del Cuzco, y a
pocas jornadas de Caxamalca toparon los capitanes y gente de Atabaliba que traian
preso a Guascar, su hermano; el cual, como
supo de los cristianos, los quiso hablar y hablo, y informado muy
bien dellos de todas las particularidades que quiso saber, como
oyo que el intento de su majestad, y del Marques en su nombre,
era tener en justicia asi a los cristianos como a los indios que conquistasen, y dar a cada
uno lo suyo, les conto la diferencia que habia entre el y su hermano, y como, no
solamente le queria quitar
el reino (que por derecha succesion le pertenecia, como al hijo
mayor de Guaynacaba), pero que para este efecto le traia preso
y le queria matar, y que les rogaba que se volviesen al Marques y
de su parte le contasen el agravio que le hacian, y le suplicasen que,
pues ambos estaban en su poder, y por esta razon el era senor de
la tierra, hiciese entre ellos justicia, adjudicando el reino a quien
pertenesciese, pues decian que este era su principal intento; y que
si el Marques lo hacia, no solamente cumpliria lo que por su hermano se habia
proferido de dar en el tambo o portal de Caxamalca un estado de hombre lleno de
vasijas de oro, pero que le hinchiria todo el tambo hasta la techumbre, que eran tres
tantos mas;
y que se informasen y supiesen si el podia hacer mas facilmente
aquello que su hermano lo otro; porque para cumplir Atabaliba lo
que habia prometido le era forzoso deshacer la casa del sol del
Cuzco, que estaba toda labrada de tablones de oro y plata igualmente, por no tener otra
parte donde haberlo; y el tenia en su poder todos los tesores y joyas de su padre, con que
facilmente podia
cumplir mucho mas que aquello; en lo cual decia verdad, aunque
los tenia enterrados en parte donde persona del mundo no lo
sabia, ni despues aca se ha podido hallar, porque los llevo a enterrar y esconder con
mucho numero de indios que lo llevaban a
cuestas, y en acabando de enterrarlos mato a todos para que no lo
dijesen ni se pudiese saber, aunque los espanoles, despues de pacificada la tierra y
agora, cada dia andan rastreando con gran diligencia y cavando hacia todas aquellas
partes donde sospechan que lo
metio; pero nunca han hallado cosa ninguna. Hernando de S oto y
Ped ro del Barco respondieron a Guascar que ellos no podian dejar
el viaje que llevaban, y a la vuelta (pues habia de ser tan presto)
entenderian en ello; y asi, continuaron su camino, lo cual fue causa de la muerte de
Guascar y de perderse todo aquel oro que les
prometia; porque los capitanes que le llevaban preso hicieron luego saber por la posta a
Atabaliba todo lo que habia pasado, y era
tan sagaz Atabaliba, que considero que si a noticia del Gobernador venia esta demanda,
que asi por tener su hermano justicia como por la abundancia de oro que prometia (a lo
cual tenia ya entendido la aficion y codicia que tenian los cristianos), le quitarian
a el el reino y le darian a su hermano, y aun podria ser que le matasen por quitar de
medio embarazos, tomando para ello ocasion
de que contra razon habia prendido a su hermano y alzadose con
el reino. Por lo cual determino de hacer matar a Guascar, aunque
le ponia temor para no lo haoer haber oido muchas veces a los
cristianos que una de las leyes que principalmente se guardaban
entre ellos era que el mataba a otro habia de morir por ello; y
asi, acordo tentar el animo del Gobernador para ver que sentiria
sobre el caso; lo cual hizo con mucha industria, que un dia fingio
estar muy triste y llorando y sollozando, sin querer comer ni hablar con nadie; y aunque
el Gobernador le importuno mucho sobre la causa de su tristeza, se hizo de rogar en
decirla; y en fin le
vino a decir que le habian traido nueva que un capitan suyo, viendole a el preso, habia
muerto a su hermano Guascar, lo cual el habia sentido mucho, porque le tenia por
hermano mayor y aun por
padre; y que si le habia hecho prender no habia sido con intencion
de hacerle dano en su persona ni reino, salvo para que le dejase en
paz la provincia de Quito, que su padre le habia mandado despues
de haberla ganado y conquistado, siendo cosa fuera de su senorio. El Gobernador le
consolo que no tuviese pena; que la muerte
era cosa natural, y que poca ventaja se llevarian unos a otros, y
que cuando la tierra estuviese pacifica el se informaria quienes habian sido en la muerte
y los castigaria. Y como Atabaliba vio que
el Marques tomaba tan livianamente el negocio, delibero ejecutar
su proposito; y asi, envio a mandar a los capitanes que traian preso a Guascar que luego
le matasen. Lo cual se hizo con tan gran
presteza, que apenas se pudo averiguar despues si cuando hizo Atabaliba aquellas
apariencias de tristeza habia sido antes o despues
de la muerte. De todo este mal suceso comunmente se echaba la
culpa a Hernando de Soto y Pedro del Barco por la gente de guerra, que no estan
informados de la obligacion que tienen las personas a quien algo se manda
(especialmente en la guerra) de cumplir precisamente su instruccion, sin que tengan
libertad de mudar los intentos segun el tiempo y negocios, sino llevan expresa
comision para ello; dicen los indios que cuando Guascar se vido
matar dijo; “Yo he sido poco tiempo senor de la tierra, y menos
lo sera el traidor de mi hermano, por cuyo mandado muero, siendo yo su natural senor”.
Por lo cual los indios, cuando despues
vieron matar a Atabaliba (como se dira en el capitulo siguiente),
creyeron que Guascar era hijo del sol, por haber profetizado verdaderamente la muerte
de su hermano; y asimesmo dijo que cuando su padre se despidio del le dejo mandado
que cuando a aquella
tierra viniese una gente blanca y barbada se hiciese su amigo, porque aquellos habian
de ser senores del reino, lo cual pudo bien ser
industria del demonio, pues antes que Guaynacaba muriese ya el
Gobernador andaba por la costa del Peru conquistando la tierra.
Pues en tanto que el Gobernador quedo en Caxamalca, envio a
Hernando Pizarro, su hermano, con cierta gente de a caballo a descubrir la tierra; el
cual llego hasta Pachacama, que era cien leguas
de alli, y en tierra de Guamachuco encontro a un hermano de Atabaliba, llamado
Illescas, que traia mas de trescientos mil pesos
de oro para el rescate de su hermano, sin otra mucha cantidad de
plata; y despues de haber pasado por muy peligrosos pasos y puentes, llego a
Pachacama, donde supo que en la provincia de Jauja,
que era cuarenta leguas de alli, estaba el capitan de Atabaliba de
quien arriba se ha hecho mencion, llamado Cilicuchima, con un
gran ejercito, y el le envio a llamar, rogandole que se viniese a ver
con el. Y como no quiso venir el indio, Hernando Pizarro determino de ir alla y le
hablo, aunque todos tuvieron por demasiada
osadia la que Hernando Pizarro tuvo en irse a meter en poder de
su enemigo barbaro y tan poderoso; en fin, le dijo y prometio tales cosas, que le hizo
derramar la gente e jrse con el a Caxamalca
a ver a Atabaliba, y por volver mas presto vinieron por las cordilleras de unas sierras
nevadas, donde hubieran de perecer de frio; y
cuando Cilicuchima hubo de entrar a ver a Atabaliba se descalzo
y llevo su carga ante el, segun su costumbre, y le dijo llorando que
si el con el se hallara no le prendieran los cristanos. Atabaliba le
respondio que habia sido juicio de Dios que le prendiesen, por
tenerlos el en tan poco, y que la principal causa de la prision y vencimiento habia sido
huir su capitan Ruminagui con los cinco mil
hombres con que habia de acudir al tiempo de la necesidad.
159004 CAPITULO VII
159005 De como mataron a Atabaliba porque le levantaron que queria
matar a los cristianos, y de como fue don Diego de Almagro
al Peru la segunda vez
159008 Estando el gobernador don Francisco Pizarro en la provincia
de Poechos, antes que llegase a Caxamalca (como esta dicho), rescibio una carta sin
firma, que despues se supo haberla escrito un
secretario de don Diego de Almagro desde Panama, dandole aviso
como Don Diego habia hecho un gran navio para con el
y con otros embarcarse con la mas gente que pudiese, y irle a tomar la delantera, y a
posesionarse en la mejor parte de la tierra, que era pasados los limites de la gobernacion
de don Francisco; la cual, conforme a las provisiones que habia llevado de su
majestad, duraba desde la linea Equinocial doscientas y cincuenta leguas adelante norte
sur; de la cual carta el Gobernador a nadie
dio parte; y asi, se dijo y creyo que don Diego se habia embarcado en Panama con
ciertos navios y gente, y hecho a la vela para
el Peru con este intento, aunque tocando en la tierra de Puerto
Viejo. Y sabido el buen suceso del Gobernador, y como tenia tanta cantidad de oro y
plata, de lo cual le pertenescia la metad, mudo el proposito (si es verdad que le traia). Y
porque tuvo noticia
del aviso que se habia dado al Gobernador, ahorco su secretario, y
con toda aquella gente se fue a juntar con el Gobernador a Caxamalca, donde hallo ya
junta gran parte del rescate de Atabaliba,
con grande admiracion de los unos y de los otros, porque no se
creia haberse visto en el mundo tanto oro y plata como alli habia;
y asi, el dia que se hizo el ensaye y fundicion del oro y plata que
llamaban de la compania, se hallo montarse en el oro mas de seiscientos cuentos de
maravedis; y esto con haberse ensayado el oro
muy de priesa, y con solamente las puntas, porque no habia agua
fuerte para afinar el ensaye; de cuya causa siempre se ensayaba el
oro dos o tres quilates menos de la ley que despues parescio tener
por el verdadero ensaye en que se acrecento la hacienda mas de
cien cuentos de maravedis. Y cuanto a la plata, hubo mucha cantidad; tanto, que a su
majestad le pertenecio de su real quinto
treinta mil marcos de plata, blanca, tan fina y cendrada, que mucha parte della se hallo
despues de ser de oro de tres o cuatro quilates; y del oro cupo a su majestad de quinto
ciento y veinte cuentos de maravedis; de manera que a cada hombre de a caballo le
cupieron mas de doce mil pesos en oro, sin la plata, porque estos
llevaban una cuarta parte mas que los peones, y aun con toda esta suma no se habia
concluido la centesima parte de lo que Atabaliba habia prometido dar por su rescate. Y
porque a la gente que
vino con don Diego de Almagro, que era mucha y muy principal,
no le pertenescia cosa ninguna de aquella hacienda, pues se daba por el rescate de
Atabaliba, en cuya prision ellos no se habian
hallado, el Gobernador les mando dar todavia a mil pesos para ayuda de la costa, y
acordose de enviar a Hernando Pizarro a dar
noticia a su majestad del prospero suceso que en su buena ventura habia habido. Y
porque entonces no se habia hecho la fundicion
y ensaye, ni se sabia cierto lo que podria pertenecer a su majestad de todo el monton,
trajo cien mil pesos de oro y veinte mil
marcos de plata; para los cuales escogio las piezas mas abultadas
y vistosas, para que fuesen tenidas en mas en Espana; y asi, trajo
muchas tinajas y braseros y atambores, y carneros y figuras de
hombres y mujeres, con que hinchio el peso y valor arriba dicho,
y con ello se fue a embarcar, con gran pesar y sentimiento de
Atabaliba, que le era muy aficionado y comunicaba con el todas sus
cosas; y asi, despidiendose del, le dijo: “Vaste, capitan, pesame
dello; porque en yendote tu, se que me han de matar este gordo y
este tuerto”; lo cual decia por don Diego de Almagro, que, como
hemos dicho arriba, no tenia mas de un ojo, y por don Alonso
de Requelme, tesorero de su majestad, a los cuales habia visto murmurar contra el por
la razon que adelante se dira. Y asi fue, que,
partido Hernando Pizarro, luego se trato la muerte de Atabaliba
por medio de un indio qu e era interprete entre ellos, llamado Filipillo, que habia
venido con el Gobernador a Castilla; el cual dijo
que Atabaliba queria matar a todos los espanoles secretamente, y
para ello tenia apercibida gran cantidad de gente en lugares secretos; y como las
averiguaciones que sobre esto se hicieron eran por
lengua del mesmo Filipillo, interpretaba lo que queria, conforme a
su intencion. La causa que le movio nunca se pudo bien averiguar
mas de que fue una de dos: o que este indio tenia amores con una
de las mujeres de Atabaliba, y quiso con su muerte gozar della seguramente, lo cual
habia ya venido a noticia de Atabaliba; y el se
quejo dello al Gobernador, diciendo que sentia mas aquel desacato que su prision ni
cuantos desastres le habian venido, aunque se
le siguiese la muerte con ellos; que un indio tan bajo le tuviese en
tan poco y le hiciese tan gran afrenta, sabiendo el la ley que en
aquella tierra habia en semejante delito; porque el que se hallaba
culpado en el, y aun el que solamente lo intentaba, le quemaban
vivo con la mesma mujer, si tenia culpa, y mataban a sus padres
e hijos y hermanos y a todos los otros parientes cercanos, y aun
hasta las ovejas del tal adultero; y demas desto, despoblaban la
tierra donde el era natural, sembrandola de sal y cortando los arboles, y derribando las
casas de toda la poblacion, y haciendo otros
muy grandes castigos en memoria del delito.
161019 Otros dicen que la principal causa de la muerte de Atabaliba
fue la gran diligencia y mana que tuvieron para encaminarla esta
gente que fue con don Diego de Almagro por su interes particular;
porque les decian los que habian hecho la conquista que, no solamente no tenian ellos
parte en todo el oro y plata que hasta entonces estaba dado, pero ni en todo lo que de alli
adelante se diese,
hasta que fuese cumplida toda la suma del rescate de Atabaliba,
que parecia no poderse hinchir aunque se juntase para ello todo
cuanto oro habia en el mundo, pues resultaba todo ello del rescate de aquel principe,
cuya prision se habia hecho con su industria y trabajo, sin que los de don Diego
interviniesen en ello; y asi,
les parescio a los de don Diego que les convenia encaminar la muerte de Atabaliba,
porque mientras el fuese vivo, todo cuanto oro
ellos allegasen dirian que era rescate, y que no habian de participar los otros en ello; y
como quier que fuese, le condenaron a
muerte, de lo cual el se admiraba mucho, diciendo que el nunca
tal cosa habia pensado como se le levantaba, y que le doblasen las
prisiones y guardas o le metiesen en uno de sus navios en la mar.
Y dijo al Gobernador y a los principales senores: “No se por que
me teneis por hombre de tan poco juicio, que penseis que os quiero hacer traicion; pues
si creeis que esta gente que decis que esta
junta viene por mi mandado y permision, no hay razon para ello,
pues estoy en vuestro poder atado con cadenas de hierro, y en asomando la tal gente, o
sabiendo que viene, me podeis cortar la cabeza. Y si pensais que viene contra mi
voluntad, no estais bien informado del poder que yo tengo en esta tierra, y con la
obediencia
con que soy temido de mis vasallos; pues si yo no quiero ni las
aves volaran, ni las hojas de los arboles se menearan en mi tierra”.
Todo esto no le aprovecho, ni ofrecer a dar muy grandes rehenes
por el primero espanol que muriese en la tierra. Porque, demas
desta sospecha, se le acumulo la muerte de Guascar, su hermano;
y asi, le sentenciaron a muerte y ejecutaron la sentencia, yendo
el siempre llamando a Hernando Pizarro, y diciendo que si el alli
estuviera no le mataran. Y al tiempo de la muerte se baptizo, por
persuasion del Gobernador y Obispo.
162016 CAPITULO VIII
162017 De como Ruminagui, capitan de Atabaliba, se alzo en Ia tierra de
Quito, y como el Gobernador se fue al Cuzco
162019 Aquel capitan de Atabaliba llamado Ruminagui, que arriba
dijimos que huyo de Caxamalca con cinco mil indios, en llegando
a la provincia de Quito tomo en su poder los hijos de Atabaliba,
y se apodero en la tierra, haciendose obedecer por senor della; y
despues Atabaliba, poco antes que muriese, envio a su hermano
Illescas a la provincia de Quito para traer sus hijos, y el Ruminagui no se los quiso dar;
y despues desto, algunos capitanes de Atabaliba, conforme a lo que el dejo mandado,
llevaron su cuerpo a la
provincia de Quito a enterrar con su padre Guaynacaba, los cuales
Ruminagui rescibio muy honrada y amorosamente, e hizo enterrar
el cuerpo con gran solemnidad, segun la costumbre de la tierra,
y despues mando hacer una borrachera; en la cual, estando borrachos los capitanes que
habian traido el cuerpo, los mato a todos, y
entre ellos aquel Illescas hermano de Atabaliba, al cual hizo desollar vivo, y del cuero
hizo un atambor, quedando la cabeza colgada en el mismo atambor.
163001 Despues desto, habiendo el Gobernador repartido todo el oro
y plata que hubo en Caxamalca, porque supo que uno de los capitanes de Atabaliba,
llamado Quizquiz, andaba con cierta gente alborotando la tierra, partio contra el, y no le
oso aguardar en la
provincia de Jauja; por lo cual envio delante al capitan Soto con
cierta gente de caballo, yendo el en la retaguarda, y en la provincia de Viscacinga
dieron de subito tantos indios sobre el capitan
Soto, que estuvo muy cerca de ser desbaratado, matandole cinco o
seis espanoles; y como vino la noche, los indios se retrajeron a
la sierra, y el Gobernador envio a don Diego de Almagro con cierta
gente de caballo al socorro, y cuando otro dia amanescio, que tornaron a pelear, los
cristianos se fueron manosamente retrayendo
para sacar los indios al llano, por excusarse de las piedras que les
tiraban desde lo alto de las cuestas. Y l os indios, entendiendo el
engano, no salieron y pelearon alli, sin reconocer el socorro que
habia venido, porque con la mucha niebla que aquella manana
hizo no le pudieron ver; y asi, pelearon aquel dia tan animosamente los cristianos, que
desbarataron los indios y mataron muchos dellos. Y de ahi a poco llego el Gobernador
con toda la retaguarda, y alli le salio de paz un hermano de Guascar y de Atabaliba, que
por su muerte habian hecho inga o rey de la tierra, y dandole la borla, que era la insignia
o corona real, llamado Paulo Inga; y este le dijo como en el Cuzco le estaba aguardando
mucha
gente de guerra, y llegando por sus jornadas cerca de la ciudad, vieron salir della
grandes humos; y creyendo el Gobernador que los
indios la quemaban, envio ciertos capitanes a gran priesa a lo defender con alguna
gente de caballo, y en llegando a la ciudad salio
sobre ellos gran numero de indios, y comenzaron a pelear con los
cristianos, tirandoles tantas piedras y tiraderas y otras armas, que,
no pudiendolos sufrir los espanoles se retrajeron a toda furia mas
de una legua hasta un llano donde se juntaron con el Gobernador,
y alli envio a sus dos hermanos, Juan Pizarro y Gonzalo Pizarro,
con la mas gente de caballo, y dieron en los indios por la parte de
la sierra tan animosamente, que los hicieron huir, y ellos los siguieron, matando en el
alcance muchos dellos. Y como la noche
vino, el Gobernador hizo recoger todos los espanoles y los tuvo
en arma; y cuando otro dia pensaron que en la entrada de la ciudad tuvieran alguna
resistencia, no hallaron hombre que la defendiese; y asi, entraron pacificamente, y de
ahi a veinte dias tuvieron nueva como Quizquiz andaba con mucha gente de guerra
robando y destruyendo una provincia llamada Condesuyo, y envio a
lo estorbar el Gobernador al capitan Soto con cincuenta de caballo, y Quizquiz no le
aguardo, antes se fue la via de Jauja a dar sobre algunos espanoles que alli supo haber
quedado guardando su
fardaje y haciendas, y con la hacienda real, que tenia a cargo el tesorero Alonso de
Requelme. Los cristianos, sabiendolo, aunque
eran pocos se defendieron animosamente en un lugar fuerte que
para ello escogieron. Y asi, Q uizquiz se paso adelante la via de
Quito, y tras el envio el Gobernador otra vez al capitan Soto con
cierta gente de caballo, y despues envio en su socorro a sus hermanos, y todos
siguieron a Quizquiz mas de cien leguas; y no le pudieron alcanzar, se volvieron al
Cuzco, y alli hubieron tan gran
presa como la de Caxamalca, de oro y de plata, la cual el Gobernador repartio entre la
gente y poblo la ciudad, que era la cabeza de la tierra entre los indios, y asi lo fue
mucho tiempo entre
los cristianos; y repartio los indios entre los vecinos que alli quisieron quedar, porque a
muchos no les parescio poblar en la
tierra, sino venirse con lo que les habia cabido en Caxamalca y
Cuzco a gozarlo en Espana.
164022 CAPITULO IX
164023 De como el capitan Benalcazar fue a la conquista de Quito
164024 Ya dijimos arriba como al tiempo que el Gobernador entro
en el Peru poblo la ciudad de San Miguel, en la provincia de Tangarara junto al puerto
de Tumbez, porque los que viniesen de Espana tuviesen el puerto seguro para
desembarcar; y porque le
parescio que habian quedado alli pocos caballos despues de la
prision de Atabaliba, envo por su teniente desde Caxamalca a San
Miguel al capitan Benalcazar con diez de caballo; al cual por este
tiempo se le vinieron a quejar los indios canares que Ruminagui y
los otros indios de Quito les daban muy continua guerra; lo cual
fue a coyuntura que de Panama y de Nicaragua habia venido mucha gente, y dellos
tomo Benalcazar doscientos hombres, los ochenta de caballo, y con ellos se fue la via de
Quito, asi por defender a los canares, que se le habian dado por amigos, como porque
tenian noticia que en Quito habia gran cantidad de oro, que Atabaliba habi a dejado. Y
cuando Ruminagui supo la venida de Benalcazar salio a defenderle la entrada, y peleo
con el en muchos
pasos peligrosos con mas de doce mil indios; y tenia hechos sus
fosados, lo cual todo contraminaba Benalcazar con grande astucia
y prudencia; porque quedandoles el haciendo cara, enviaba en las
trasnochadas un capitan con cincuenta o sesenta de caballo, que
por arriba o por abajo, de cada mal paso se lo tenia ganado cuando amanescia; y desta
manera los hizo retraer hasta los llanos,
donde no osaron esperar, por el mucho dano que les hacian los
de caballo, y cuando aguardaban era porque tenian hechos hoyos
anchos y hondos, sembrados dentro de palos y estacas agudas, y
cubiertos con cespedes y yerba sobre muy delgadas canas, casi de
la forma que escribe Cesar en el setimo comentario que los de
Alexia le pusieron para defensa de la ciudad, en otra cava secreta,
que llaman Lirios. Pero con todo cuanto hicieron, nunca pudieron
enganar a Benalcazar para que cayese ni rescibiese dano en alguna
destas cavas, porque nunca los acometia por aquella parte donde
los indios le hacian rostro; antes rodeaba una o dos leguas para
darlos por las espaldas o por los lados, yendo siempre con gran
aviso de no pasar sobre yerba ni tierra que no fuese natural y criada alli. Y ademas
desto, tuvieron otra astucia los indios, viendo
que la pasada no les aprovechaba, que por todas las partes por
donde se sospechaba que habian de pasar los caballos, hacian unos
hoyos tan anchos como la mano de un caballo, muy espesos, sin
que hubiese en medio casi ninguna distancia; pero como ninguno
destos ardides pudieron enganar a Benalcazar, y les fue ganando
toda la tierra hasta la principal ciudad de Quito, donde supo que
un dia dijo Ruminagui a todas sus mujeres (de que tenia en gran
numero): “Agora habreis placer, que vienen los cristianos, con
quien os podreis holgar”; y ellas, pensando que se lo decia por donaire, se rieron; y
costoles tan caro la risa, que a casi todas las hizo descabezar, y determino de huir de la
ciudad, poniendo primero fuego a una sala llena de muy rica ropa, que alli tenia desde el
tiempo de Guaynacaba, y se huyo, aunque primero una noche dio
sobre los espanoles de sobresalto, sin hacer en ellos ningun dano;
y asi, Benalcazar se apodero de la ciudad. Y en este tiempo envio
el Gobernador a don Diego de Almagro con cierta gente hacia la
costa de la mar y a la ciudad de San Miguel, para informarse verdaderamente de una
nueva que le habia venido de como don Pedro de Albarado, gobernador de Guatemala,
se habia embarcado
la via del Peru con una gruesa armada y gran numero de caballos
y gente para descubrir el Peru, como se dira en el capitulo siguiente. Y llegando don
Diego a San Miguel sin hallar nueva cierta de
lo que buscaba, sabido que Benalcazar estaba sobre Quito, y la resistencia que
Ruminagui le hacia, determino irle ayudar; y asi, fue
aquellas ciento y veinte leguas hasta Quito, donde se junto con Benalcazar y se apodero
de la gente, conquistando algunos pueblos
y palenques que hasta entonces se habian defendido; y visto que
no habia en aquella tierra el oro ni riqueza de que habian tenido
noticia, se volvio al Cuzco, dejando por gobernador de la provincia
de Quito a Benalcazar, como antes lo era.
166016 CAPITULO X
166017 De como don Pedro de Albarado paso al Peru, y de lo que le
acaescio
166019 Despues que don Hernando Cortes, marques del Valle, conquisto y pacifico la
Nueva-Espana, tuvo noticia de una tierra que
con ella se contenia, llamada Guatemala, y para la descubrir envio un capitan suyo,
llamado don Pedro de Albarado, el cual con la
gente que llevaba la conquisto y gano, pasando en ella muchos trabajos y peligros, cuya
remuneracion su majestad le proveyo de la
gobernacion della. Y desde alli tuvo noticia de la tierra del Peru,
y pidio cierta parte de la conquista della a su majestad, y le fue
concedida y hecho sobre ello sus capitulaciones; por virtud de las
cuales el envio un caballero de Caceres, llamado Garcia Holguin,
que con dos navios fue a descubrir y tomar lengua en la costa del
Peru. Y como le trajo tan buena nueva de la gran cantidad de oro
que el Gobernador don Francisco Pizarro habia habido, determino
de pasar alla paresciendole que entre tanto que don Francisco Pizarro y su gente se
desembarazaban de lo que ternian que hacer
en Caxamalca, el podria llegar la costa arriba, a ganar la ciudad del
Cuzco, que conforme a lo que arriba esta dicho, tenia entendido
que caia fuera de las doscientas y cincuenta leguas de los l-mimites
de la gobernacion de don Francisco Pizarro. Y para poder mejor
efectuar su proposito, temiendo que desde Nicaragua podria despues ir socorro a don
Francisco Pizarro, fue una noche a la costa
de Nicaragua, y tomo por fuerza dos o tres grandes navios que alli
se estaban aderezando, para ir cargados de gente y caballos al Peru en socorro del
Gobernador; y en ellos y en los que traia de Guatemala embarco quinientos hombres de
pie y de caballo, y navego hasta tomar la tierra en la provincia de Puerto-Viejo, y de alli
camino la via de Quito, en el paraje de la linea Equinocial, por las
faldas de unos llanos y espesos montes que llaman Arcabucos, y en
el camino paso su gente gran trabajo de hambre y muy mayor de
sed, porque fue tanta la falta del agua, que si no toparan con unos
canaverales de tal propiedad, que en cortando por cada nudo, se
halla lo hueco lleno de agua dulce y muy buena; las cuales canas
son tan gruesas ordinariamente como la pierna de un hombre,
de tal suerte, que en cada canuto hallaban mas de media azumbre
de agua, que dicen recoger estas canas por particular propiedad y
naturaleza que para ello tienen, del rocio que de noche cae del cielo, como quier que la
tierra sea seca y sin fuente ni agua ninguna.
Con esta agua se reparo el ejercito de don Pedro de Albarado, asi
hombres como caballos, porque dura grande espacio, aunque todavia la hambre los
llego a tales terminos, que comieron muchos
caballos, con valer cada uno cuatro y cinco mil castellanos, y en la
mayor parte del camino les iba cayendo encima tierra muy menuda y caliente, que se
averiguo salir de un alto volcan que hay cerca de Quito, de tan gran fuego, que mas de
ochenta leguas alcanza
la tierra que del sale, y da tan grandes truenos algunas veces, que
suenan mas de cien leguas. Y en todos los pueblos por donde paso
don Pedro de Albarado debajo de la linea Equinocial hallo gran copia de esmeraldas; y
despues de haber pasado tan trabajoso camino, que lo mas del fueron abriendo a mano
con hachas y machetes,
topo delante si una cordillera de sierras nevadas, donde de continuo nevaba y hacia
muy gran frio; y la hora que le parescio mas
conveniente determino pasar por un portezuelo que alli habia,
donde se le quedaron helados mas de sesenta hombres, aunque todos para pasar se
vistieron cuantas ropas traian, iban corriendo
sin esperar ni socorrerse los unos a los otros. Donde acontescio
que, llevando un espanol consigo a su mujer y dos hijas pequenas,
viendo que la mujer y hijas se sentaron de cansadas, y que el no las
podia socorrer ni llevar, se quedo con ellas, de manera que todos
cuatro se helaron; y aunque el se pudiera salvar, quiso mas perecer alli con ellas. Y con
este trabajo y peligro pasaron aquella sierra, teniendo a gran buena ventura haber
podido verse de la otra
parte; porque, aunque la provincia de Quito esta cercada de muy
altas sierras y muy nevadas, en medio hay unos valles muy templados y frescos, donde
las gentes viven y hacen sus sementeras; y
en aquel tiempo se derritio la nieve de una de aquellas sierras, y
bajo tan gran cantidad de agua y con tanto impetu, que hundio y
anego un pueblo que se llamaba la Contiega. Y viose llevar el agua
en la corriente piedras tan grandes como dos piedras de lagar, con
tanta facilidad como si fueran de corcho.
168015 CAPITULO XI
168016 Como se toparon don Diego de Almagro y don Pedro de Albarado,
y de lo que alli acaescio
168018 Ya dijimos arriba como don Diego de Almagro, dejando en la
provincia de Quito por gobernador al capitan Benalcazar, y no teniendo nueva de la
venida de don Pedro de Albarado, se volvio al
Cuzco, y a la vuelta conquisto algunos penoles y fortalezas donde
los indios se habian hecho fuertes, en lo cual se detuvo tanto, que
hubo lugar de venir don Pedro de Albarado, y llegar a la provincia
de Quito, sin que don Diego pudiese saber cosa ninguna, por haber
mucha distancia de camino, y en el ningun comercio de indios ni
de cristianos. Pues andando un dia conquistando una provincia
llamada Liribamba, paso un caudaloso rio della por un vado harto peligroso, porque los
indios le habian quemado las puentes, y
a la otra parte del rio hallo gran copia dellos que le esperaban de
guerra, y el los vencio con harta dificultad, porque tambien peleaban las mujeres
tirando muy diestramente con hondas, y fue
preso el senor principal dellos, el cual le dio nueva como don Pedro de Albarado
andaba ya corriendo la tierra, y estaba quince leguas de alli sobre un penol, donde se
habia hecho fuerte un capitan indio llamado Zopazopagui. Y sabiendo esto don Diego,
envio siete de caballo a descubrir lo que habia, los cuales fueron
presos por la gente de don Pedro, aunque despues los torno a
soltar y se vino a aposentar cinco leguas del real de don Diego. Y
sabido por don Diego de Almagro, se determino, viendo la gran
ventaja que su enemigo le tenia, de se volver al Cuzco con solos
veinte y cinco de caballo, y dejar los demas con el capitan Benalcazar en defensa de la
tierra. Y en esta sazon aquel indio lengua,
llamado Filipillo (de que arriba esta hecha mencion que fue causa
de la muerte de Atabaliba, temiendo el castigo que por esto sabia
merecer), se huyo del real de don Diego al de don Pedro, y llevo
consigo un cacique principal, dejando concertado con los demas
que seguian a don Diego, que enviandolos el a llamar se le pasasen. Y como Filipe
llego adonde don Pedro de Albarado estaba,
se le ofrescio de traerle de paz toda aquella tierra, y le dijo como
don Diego se queria ir al Cuzco, y que si le queria prender, yendo
sobre el lo podria hacer facilmente, porque no tenia mas de doscientos y cincuenta
hombres, los noventa de caballo. Y como don
Pedro de Albarado tuvo ese aviso, luego fue sobre don Diego de Almagro, al cual hallo
en Liribamba con determinacion de morir defendiendo la tierra. Y asi, don Pedro de
Albarado ordeno su gente, y con las banderas tendidas le acometio, y don Diego, por
tener poca gente de a caballo, le aguardo a pie entre unas paredes,
e hizo su gente dos escuadrones, con el uno estaba el y con el otro
el capitan Benalcazar. Y como estuvieron a vista unos de otros,
hubieron su habla de paz, y por aquel dia y noche pusieron treguas, y en tanto los
concerto un licenciado Caldera desta manera:
que don Diego de Almagro diese a don Pedro de Albarado cien
mil pesos de oro por los navios y caballos y otros pertrechos del
armada, y que viniesen juntos hasta donde el gobernador Pizarro
estaba, para pagarselos alli. el cual concierto se hizo y guardo con
mucho secreto, porque sabiendolo la gente de don Pedro de Albarado (entre la cual
habia muchos caballeros y personas principales) no se alterasen, viendo que no se
trataba de remuneracion ninguna para ellos; y asi, publicaron que iban de compania
la tierra, arriba, para que desde alla don Pedro de Albarado continuase por mar con su
armada el descubrimiento, dando licencia a todos los que quisiesen quedar en Quito con
el capitan Benalcazar, para lo poder hacer, pues ya estaban todos unidos en paz
y conformidad; y asi, muchos de los que vinieron con don Pedro
se quedaron en Quito, y don Diego y el y toda la otra gente se fueron a Pachacama,
donde supieron que les habia venido a rescibir el
Gobernador desde Jauja, donde estaba, y antes que don Diego
partiese de Quito quemo vivo al Cacique, que se le fue la noche
que hemos dicho, y quiso hacer lo mismo a Filipillo si no rogara
por el don Pedro de Albarado.
170009 CAPITULO XII
170010 De como don Diego de Almagro y don Pedro de Albarado se toparon con el
Quizquiz, y lo que les acaescio
170012 Yendo don Diego de Almagro y don Pedro de Albarado desde
Quito para Pachacama, el cacique de los Canares les dijo como el
Quizquiz, capitan de Atabaliba, venia con un ejercito de mas de
doce mil indios de guerra, y traia recogida toda cuanta gente de
indios y ganado habia hallado desde Jauja abajo, y que el se lo
pornia en las manos si lo querian aguardar. Y no dando don Diego credito a esto,
continuo su camino sin detenerse. Y ya que llegaban a una provincia llamada Chaparra,
vieron a deshora sobre
dos mil indios, que venian dos o tres jornadas delante del Quizquiz, con un capitan y
gente, a la parte izquierda iban otros tres
mil indios, recogiendo comida por los pueblos comarcanos, y en la
retaguardia, dos jornadas de si, traia otros tres o cuatro mil indios, y el iba en medio
con el cuerpo del ejercito y con el ganado
y gente presa; de manera que ocupaba su campo quince leguas de
termino y mas. Y yendo Sotaurco a tomar un paso por donde
penso que los espanoles vinieran, don Pedro de Albarado llego primero y le prendio, y
supo del toda la orden del Quizquiz, y dio
una trasnochada con la gente de caballo (que le pudo seguir) sobre el, aunque les
convino detenerse parte de la noche, porque a
la bajada de un rio se les desherraron los caballos en los grandes
pedregales que en el habia, y se detuvieron a herrarlos con lumbre; y todavia
continuaron su camino a gran priesa, porque alguna
de la mucha gente que topaban no volviese a dar mandado al Quizquiz de su venida, y
nunca pararon hasta que otro dia tarde llegaron a la vista del real de Quizquiz. Y como
el los vido, se fue
por una parte con todas las mujeres y gente servil, y por la otra
que mas aspera era, echo a su hermano de Atabaliba, que se llamaba Guaypalcon, con
la gente de guerra; con los cuales fue a topar don Diego de Almagro en la subida de una
cuesta, y por una
ladera tomaron las espaldas a Guaypalcon; y como el se vio cercado por todas partes, se
hizo fuerte con su gente en unas asperas
penas, donde se defendio hasta la noche, que don Diego y don Pedro recogieron todos
los espanoles y los indios; con la escuridad
se salieron y fueron a buscar al Quizquiz, y hallaron despues que
los tres mil indios que iban a la parte izquierda habian descabezado catorce espanoles,
que tomaron por un atajo. Y asi, procediendo por su camino, toparon con la retaguardia
de Quizquiz, y los indios se hicieron fuertes al paso de un rio, y en todo aquel dia no
dejaron pasar a los espanoles; antes ellos pasaron por la parte de
arriba, adonde los espanoles estaban, a tomar una alta sierra, y por
ir a pelear con ellos hubieron de rescibir mucho dano los espanoles; porque, aunque se
querian retraer, no podian por la maleza
de la tierra; y asi, fueron muchos heridos, especialmente el capitan
Alonso de Albarado, a quien pasaron un muslo, y a otro comendador de San Juan; y
toda aquella noche los indios tuvieron mucha
guardia; mas cuando amanescio tenian desembarazado todo el paso del rio, y ellos se
habian hecho fuertes en una alta sierra, donde se quedaron en paz, porque don Diego de
Almagro no se quiso
mas alli detener; y toda la ropa que los indios no pudieron subir a
la sierra la quemaron aquella noche, quedando en el campo mas
de quince mil ovejas y mas de cuatro mil indias y indios que se
vinieron a los espanoles, de los que llevaba presos el Quizquiz. Y
llegados los cristianos a San Miguel, don Diego de Almagro envio al Puerto-Viejo al
capitan Diego de Mora, a que por el se encargase de la armada de don Pedro de
Albarado, el cual para ello envio de su parte a Garcia de Holguin que se la hiciese dar.
Y despues que don Diego dio alli en San Miguel muchos socorros de armas y dineros y
vestidos, asi a su gente como a la de don Pedro de
Albarado, continuaron su camino la via de Pachacama, y a la pasada dejo poblando la
ciudad de Trujillo al capitan Martin Astete, como el gobernador don Francisco Pizarro
lo habia mandado.
En este tiempo llegando el Quizquiz cerca de Quito, un capitan de
Benalcazar, le desbarato la gente que llevaba en el avanguardia,
por lo cual estuvo en grande afliccion, sin saber que se hacer, por
que sus capitanes le decian que se diese de paz a Benalcazar, por lo
cual el los amenazo de muerte y los mando apercibir para volver
atras. Y como la gente no tenia comida para dar la vuelta, fueron
a el ciertos capitanes, llevando por cabeza a Guaypalcon, y le dijeron que era mejor
morir peleando con los cristianos que no volver a morir de hambre en el despoblado. A
lo cual no le dio buena
respuesta el Quizquiz, y por ello Guaypalcon le dio con una lanza
por los pechos, y luego le acudieron otros capitanes, y con porras
y hachas le hicieron pedazos, y derramaron la gente, dejando ir a
cada uno donde quiso.
172013 CAPITULO XIII
172014 De como el Gobernador pago a don Pedro de Albarado los cien
mil pesos del concierto, y como don Diego se quiso hacer
rescebir por el gobernador en el Cuzco.
172017 Llegados don Diego y don Pedro a Pachacama, el Gobernador,
que alli habia venido desde Jauja, los rescibio alegremente, y pago
a don Pedro los cien mil pesos que se habia concertado con el de
darle por el armada, aunque de muchos fue aconsejado que no
se los pagase, diciendo que la armada no valia cincuenta mil, y
que aquel concierto habia hecho don Diego de temor, por no
romper con don Pedro, que le tenia mucha ventaja, y que seria
mejor enviarlo preso a su majestad; y aunque el Gobernador pudiera hacer aquello muy
facilmente y sin peligros, quiso mas
cumplir la palabra de don Diego de Almagro, su companero, y le
pago liberalmente los cien mil pesos en buena moneda, y le dejo
ir con ellos a su gobernacion de Guatemala, y el se quedo poblando la ciudad de los
Reyes, pasando alli la poblacion que tenia hecha en Jauja, porque le parecio lugar mas
apacible y aparejado
para todo genero de contratacion, por ser puerto de mar. Desde
alli se fue don Diego con mucha gente al Cuzco, y el Gobernador
bajo a Trujillo a reformar la poblacion y a repartir la tierra. Y
alli le llego nueva como don Diego de Almagro se habia querido
alzar con la ciudad del Cuzco, porque habia sabido que su majestad, con la nueva que
le llevo Hernando Pizarro, le habia proveido
de la gobernacion de otras cien leguas, pasados los li tes de la
de don Francisco, que decian acabarse antes del Cuzco. Y a esto
resistieron Juan Pizarro y Gonzalo Pizarro, hermanos del Gobernador, con mucha gente
que les acudio, y cada dia andaban a lanzadas con don Diego y con el capitan Soto, que
era de su parte;
pero a la fin no pudo salir con ello, porque la mayor parte del
cabildo acosto a la parte del Gobernador y de sus hermanos. Y
como el Gobernador esta nueva supo, se fue por la posta al Cuzco,
y con su presencia lo apaciguo todo, y perdono a don Diego, que
muy confuso estaba por lo que habia hecho sin tener titulo ni
provision para ello, salvo que le dijeron solamente que le estaba
concedido. Y alli de nuevo tornaron a firmar nueva concordia y
compania en esta manera: que don Diego de Almagro fuese a descubrir por la tierra
hacia la parte del sur, y que si buena tierra
hallase pediria la gobernacion a su majestad para el, y no la habiendo tal, partirian la
gobernacion de don Francisco entre ambos; y despues desto, juraron en la Hostia
consagrada, de no ser
el uno contra el otro. Y algunos dicen que Almagro juro de no
tocar en el Cuzco ni en ciento y treinta leguas adelante, aunque su
majestad se lo diese en gobernacion, y que hablando con el Santo
Sacramento, dijo asi: “Plega a ti, Senor, que cuando este juramento quebrantare tu me
confundas cuerpo y alma”. Y hecho esto, Don
Diego se aderezo y se fue su jornada con mas de quinientos hombres que le siguieron, y
el Gobernador se volvio a la ciudad de
los Reyes, y envio a Alonso de Albarado a conquistar la tierra de
los Chachapoyas, que es a sesenta leguas de la ciudad de Trujillo,
la sierra adentro; en la cual conquista paso mucho trabajo el y los
que con el fueron, hasta que poblaron y pacificaron aquella tierra, quedandole a el
encomendada la gobernacion y justicia della.
174001 LIBRO TERCERO
DE LA JORNADA QUE DON DIEGO DE ALMAGRO HIZO A CHILI, Y DE
LAS COSAS QUE EN ESTE MEDIO SUCEDIERON EN EL PERU, Y COMO
LOS INDIOS SE ALZARON CONTRA LA TIERRA.
174005 CAPITULO I
174006 De como don Diego de Almagro se partio para Chili
174007 Don Diego de Almagro se partio en descubrimiento de su
conquista con quinientos y setenta hombres de pie y de caballo
bien aderezados, y algunos vecinos dejaron sus casas y repartimientos de indios, y se
fueron con el, con la gran suma de oro
que en aquellas partes habia, y envio adelante a Juan de Sayavedra,
natural de Sevilla, con cien hombres, que en la provincia que despues llamaron los
Charcas topo con ciertos indios que venian de
Chili a dar la obediencia al Inga. Llevo consigo el Adelantado hasta doscientos
hombres de pie y de caballo, con que fue conquistando por espacio de doscientas y
cincuenta leguas, hasta la provincia
de Chicoana, donde tuvo noticia que le seguian otros cincuenta
espanoles, y les escribio que se viniesen a el, trayendo por capitan a Noguerol de Ulloa,
y con todos fue conquistando hasta la provincia de Chili, que son otras trescientas y
cincuenta leguas; y alli
quedo con la mitad de la gente, y con la mitad envio a descubrir
a Gomez de Albarado, el cual descubrio hasta sesenta leguas, y
por las aguas del invierno se volvio a don Diego.
175001 Cuando el Adelantado partio del Cuzco, Mango inga
dejo concertado con Villaoma, su hermano, que en un dia senalado matasen a los
cristianos que estaban en el Peru, y que el mataria a don Diego y a los suyos; lo cual no
pudo efectuar, y el hermano hizo el levantamiento que adelante se dira. Del real de don
Diego se huyo aquel indio llamado don Felipe, que era lengua,
porque sabia el trato, y don Diego envio tras el, y preso, le hizo descuartizar, y el
confeso al tiempo de la muerte, que habia sido causa de la injusta muerte que se dio a
Atabaliba, por gozar de su mujer. Habiendo dos meses que el Adelantado estaba en
Chili, llego alli un capitan suyo, llamado Ruy Diaz, con cien hombres de
socorro, y certifico haberse rebelado todos los indios del Peru y
haber muerto la mayor parte de los cristianos que alli habia; la
cual nueva Almagro sintio mucho, y determino volver sobre los
indios y reducir la tierra al servicio de su majestad, para enviar
(despues de haberlo hecho) un capitan suyo con gente para poblar
a Chili. Y asi, se partio, y en el camino rescibio cartas de Rodrigo
Orgonos, que venia en rastro suyo con veinte y cinco hombres. Y
poco despues le alcanzo Juan de Herrada, que tambien venia en
su socorro con cien hombres, y traia provisiones reales por donde
su majestad le hacia gobernador de doscientas leguas mas adelante, acabados los
limites del Marques, llamando su gobernacion la
Nueva-Toledo, porque la del Marques se llamaba la Nueva-Castilla.
Y aunque al principio deste capitulo se dice que don Diego llevo
a este descubrimiento quinientos y setenta hombres, aquellos son
los que se penso que fueran; caso que en realidad de verdad no
partieron mas de los doscientos hombres y los otros socorros que
despues le vinieron, de que arriba se trata.
175029 CAPITULO II
175030 De los trabajos que paso don Diego de Almagro y su gente en el
descubrimiento de Chili
175032 Grandes trabajos paso don Diego de Almagro y su gente en la
jornada de Chili, asi de hambre y sed, como de reencuentros que
tuvieron con los indios de muy crescidos cuerpos, que en algunas
partes habia muy grandes flecheros y que andaban vestidos con
cueros de lobos marinos; y sobre todo, les hizo gran dano el demasiado frio que
pasaron en el camino, asi del aire tan helado como despues al pasar de unas sierras
nevadas, donde acaescio a
un capitan que iba tras don Diego de Almagro, llamado Ruy Diaz,
quedarsele muchas personas y caballos helados, sin que bastasen
ningunos vestidos ni armas a resistir la demasiada frialdad del
aire que los penetraba y helaba. Y era tan grande la frialdad de
la tierra, que cuando dende a cinco meses don Diego volvio al
Cuzco hallo en muchas partes algunos de los que murieron a la
ida en pie arrimados a algunas penas, helados, con los caballos de rienda tambien
helados, y tan frescos y sin corrupcion como si entonces acabaran de morir; y asi, fue
gran parte de la sustentacion de la gente que venia los caballos que topaban helados
en el camino y los comian. Y en todos estos despoblados donde
no habia nieve era grande la falta del agua, la cual suplieron con
llevar cueros de ovejas llenos de agua; de tal manera, que cada
oveja viva llevaba a cuestas el cuero de otra muerta, con agua;
porque, entre otras propiedades que tienen estas ovejas del Peru,
es una de llevar dos y tres arrobas de carga, como camellos, con
quien tienen mucha semejanza en el talle, si no les faltase la jiba
de los camellos; y tambien las han impuesto los espanoles en
que lleven una persona cabalgando cuatro y cinco leguas en un dia,
y cuando se sienten cansadas y se echan en el suelo ningun medio
basta para levantarlas, aunque las hieran y ayuden, sino es quitandoles la carga; y
cuando llevan alguno cabalgando, si se cansan
y las apremian a andar, vuelven la cabeza al que va encima y le
rucian con una cosa de muy mal olor, que paresce ser de lo que
traen en el buche. Es animal de gran fruto y provecho, porque
tiene finisima lana, especialmente las que llaman pacos, que tienen las vedijas largas;
son de poco mantenimiento, especialmente
las que trabajan, y comen maiz, que se pasan cuatro y cinco dias
sin beber. La carne dellas es tan sabrosa y sana como los carneros de Castilla. Y destas
hay ya por toda la tierra carnicerias publicas, porque a los principios no era menester,
sino que, como
cada espanol tenia ganado propio, en matando una oveja enviaban
los vecinos por lo que habia menester a su casa, y asi se proveian
a veces. En cierta parte de Chili, en unos campos rasos, hay avestruces que para las
matar se ponian los de caballo en postas,
corriendo tras ellas los unos hasta donde estaban los otros, porque de otra manera no las
podia alcanzar un caballo, segun vuelan a pie, saltando a trancos, casi sin levantar del
suelo. Tambien
hay por aquella costa muchos rios que corren de dia, y de noche
no traen gota de agua; lo cual causa gran admiracion a los que no
entienden que aquello procede de que se derrite de dia la nieve
de las sierras con el calor del sol, y entonces corre el agua, lo cual
de noche, con la frialdad, se reprime y no corre. Y pasadas quinientas leguas por luengo
de costa, que son treinta grados de aquel cabo de la linea Equinocial hacia la parte del
sur, llueve y ventan todos los vientos que en Espana y otras partes de Oriente.
Es toda aquella tierra de Chili bien poblada y algo doblada, tanto rasa como montuosa;
y aunque por los golfos
y ancones que la mar hace la tierra se corre por diversos rumbos
y viajes, pero la mar por luengo de costa se considera norte sur,
que es de mediodia a septentrion, desde la ciudad de los Reyes
hasta en cuarenta grados, y es tierra muy templada, y hay en ella
invierno y verano, aunque en los tiempos contrarios de Castilla.
El norte que alli parescia que debe corresponder a nuestro norte,
no se paresce en aquella tierra ni se conosce mas de por una sola
nube chica y blanca que entre noche y dia da una vuelta a aquel
lugar, donde verosimilmente se cree que esta aquel norte que los
astrologos llaman polo Antartico. Y asimismo se paresce un crucero con otras tres
estrellas que tras el andan, que por todas son
siete, a la manera de las siete estrellas que rodean nuestro norte,
que los astrologos llaman Trion, y estan puestas al compas de las
nuestras, sin diferir mas de que las cuatro que hacia el mediodia
hacen cruz estan mas juntas alli que en nuestro polo. El nuestro
norte se pierde de vista de todo punto poco menos de doscientas
leguas de Panama, llegando debajo la linea, y entonces se ven
desde alli estos dos triones o guardas del norte cuando estan mas
altas sobre las cabezas de los mismos nortes, aunque por grande
espacio del polo Antartico no se parecen mas de las cuatro estrellas que hacen el
crucero por el cual se gobiernan los mareantes;
y despues, metiendose en treinta grados para arriba, vienen a descubrir todas siete. En
esta tierra de Chili hace diferencia el dia
de la noche y la noche del dia, segun el tiempo, que es por la orden que en Castilla,
aunque trocados los tiempos, como esta dicho. En tierra del Peru y en la provincia de
tierra-firme y en todas
las tierras vecinas a la linea Equinocial la noche es igual con el dia
todo el ano, y si algun tiempo cresce o mengua en la ciudad de los
Reyes, no es distancia que se eche de ver tan notablemente. Los indios
de Chili visten como los del Peru, son hombres y mujeres de buenos gestos, y comen
las viandas que en el Peru; y adelante de Chili, en treinta y ocho grados de la linea, hay
dos grandes senores
que traen guerra el uno contra el otro, y cada uno saca en campo
doscientos mil hombres de guerra; el uno dellos se llama Leuchengorma, que tiene una
isla dos leguas de la tierra-firme dedicada
a sus idolos, donde hay un gran templo que lo sirven dos mil sacerdotes. Y los indios
deste Leuchengorma dijeron a los espanoles que cincuenta leguas mas adelante hay
entre dos rios una gran
provincia toda poblada de mujeres, que no consienten hombres
consigo mas del tiempo conveniente a la generacion; y si paren hijos los envian a sus
padres, y si hijas, las crian. Estan sujetas a
este Leuchengorma; la reina dellas se llama Gaboimilla, que en su
lengua quiere decir cielo de oro, porque en aquella tierra diz que
se cria gran cantidad de oro; y hacen muy rica ropa, y de todo pagan tributo a
Leuchengorma. Y aunque muchas veces se ha tenido
muy cierta noticia de todo esto, nunca ha habido aparejo de poderlo ir a descubrir, por
no haber querido poblar don Diego de Almagro, y porque don Pedro de Valdivia, que
despues fue enviado a poblar esta tierra, nunca tuvo tanto numero de gente con que
pudiese ir a descubrir y dejar poblado los pueblos que tiene hechos. La
poblacion deste capitan esta treinta y tres grados de aquel cabo
de la linea hacia el sur; y de ser toda la costa bien poblada hasta
mas de cuarenta grados de costa dio noticia un navio del armada
que envio don Gutierre de Carvajal, obispo de Plasencia, que emboco por el estrecho de
Magallanes, y desde alli vino costeando la
tierra hacia el norte, hasta llegar al puerto de la ciudad de los Reyes. En este navio
fueron los primeros ratones que en el Peru hubo, porque antes no los habia, y despues
aca han acudido en gran
numero por todas las ciudaes del Peru; creese que yendo las crias
entre cajas y fardeles de mercaderias que van de unas partes a
otras; y asi, los llaman los indios ococha, que quiere decir cosa
salida de la mar.
179003 CAPITULO III
179004 De la vuelta de Hernando Pizarro al Peru, y de los despachos que
llevo, y del alzamiento de los indios
179006 Despues que don Diego de Almagro partio del Cuzco, vino de
Castilla Hernando Pizarro, a quien su majestad habia dado el
habito de Santiago y hecho otras mercedes, y trajo prorogacion por
ciertas leguas en la gobernacion de don Francisco Pizarro, su hermano, y la provision
que hemos dicho para la nueva gobernacion
de don Diego de Almagro. Y en este tiempo Mango inga, senor
del Peru, estaba preso en la fortaleza del Cuzco por los conciertos que arriba tenemos
dicho, que hizo con Paulo inga y con Villaoma, su hermano, de matar los cristianos;
escribio a Juan Pizarro rogandole lo mandase soltar, porque Hernando Pizarro no
lo hallase preso; y Juan Pizarro, que en el collado andaba conquistando un penol de
indios, lo mando soltar. Pues llegado Hernando Pizarro al Cuzco, tomo gran amistad
con el Inga y le trataba muy bien, aunque simpre le hacia guardar. Creyose que esta
amistad era a fin de pedirle algun oro para su majestad o para si
mismo. Y dende a dos meses que llego al Cuzco, el Inga le pidio
licencia para ir a la tierra de Yucaya a celebrar cierta fiesta, prometiendole traer de alla
una estatua de oro macizo, que era al natural de su padre Guaynacaba. Y ido alla, dio
conclusion en el camino a lo que concertado tenia desde que don Diego partio para
Chili; y desde alli hizo luego matar algunos mineros y gente de
servicio que andaban por el campo en las estancias y minas; y
envio de sobresalto un capitan con mucha gente que se apodero
de la fortaleza del Cuzco, de manera que en seis dias los espanoles no se la pudieron
tornar a ganar; y en la toma della mataron a
Juan Pizarro una noche, de una pedrada que le dieron en la cabeza; porque, a causa de
otra herida que antes tenia, no se habia
podido poner la celada; la cual muerte fue gran perdida en la tierra, porque era Juan
Pizarro muy valiente y experimentado en
las guerras de los indios y bienquisto y amado de todos. Y asi, vino el Inga con todo su
poder sobre el Cuzco y la tuvo cercada mas
de ocho meses, y cada lleno de luna la combatia por muchas partes, aunque Hernando
Pizarro y sus hermanos la defendian valientemente con otros muchos caballeros y
capitanes que dentro
estaban, especialmente Gabriel de Rojas y Hernan Ponce de Leon,
y don Alfonso Enriquez y el tesorero Riquelme, y otros muchos
que alli habia, sin quitar las armas de noche ni de dia, como hombres que tenian por
cierto que ya el Gobernador y todos los otros
espanoles eran muertos de los indios, que tenian noticias que en
todas las partes de la tierra se habian alzado. Y asi, peleaban y se
defendian como hombres que no tenian mas esperanza de socorro sino en Dios y en el
de sus propias fuerzas, aunque cada dia
los disminuian los indios, hiriendo y matando en ellos. Y durante esta guerra y cerco
Gonzalo Pizarro salio con veinte de a cabalo a correr la tierra hasta la laguna de
Chinchero, que es a cinco
leguas del Cuzco, donde tanta gente vino sobre el, que, por mucho
que peleo, ya los indios le traian casi rendido, si Hernando Pizarro y Alonso de Toro no
lo socorrieran con alguna gente de caballo,
porque el se habia metido mas adentro en los enemigos de lo que
convenia, segun la poca gente que llevaba, con mas animo que
prudencia.
180023 CAPITULO IV
180024 De como vino don Diego de Almagro sobre el Cuzco y prendio a
Hernando Pizarro
180026 Ya dijimos arriba como, despues que Juan de Herrada llevo
a Chili la provision que su majestad dio para que don Diego de
Almagro fuese gobernador pasada la gobernacion de don Francisco Pizarro, se
determino de volver al Peru y apoderarse de la ciudad del Cuzco; para lo cual le daban
gran priesa los caballeros
principales que con el andaban, especialmente Gomez de Albarado, hermano del
Adelantado Don Pedro de Albarado, y su
tio Diego de Albarado y Rodrigo Orgonoz, los unos con codicia de poseer los
repartimientos de la tierra del Cuzco, y los
otros por ambicion de quedar solos en la gobernacion de Chili. Y
asi, para salir con su intento trataban con las lenguas que dijesen como el gobernador
Pizarro y los demas espanoles que en el
Peru quedaron habian sido muertos por los indios que se habian
rebelado; porque ya la noticia del alzamiento de los indios habia
llegado a aquellas partes. Pues con la instancia que toda esta gente hizo a Don Diego,
se volvio; y cuando llego a seis leguas del
Cuzco, sin hacer saber nada a Hernando Pizarro, se carteo con el
Inga, prometiendole de perdonarle todo lo que habia hecho si fuese su amigo y le
favoresciese, porque aquella tierra del Cuzco era
de su gobernacion, y que volvia a apoderarse della. Y el Inga cautelosamente le envio a
decir que se fuese a ver con el; lo cual don
Diego hizo, no recelandose de engano ninguno, dejando alguna
parte de su gente con Juan de Sayavedra, y llevando el toda la demas. Mas cuando el
Inga vio su tiempo, dio sobre don Diego con
tanta furia, que le hizo mucho dano. Y entre tanto, habiendo sabido Hernando Pizarro
la venida de don Diego de Almagro, y como
Juan de Sayavedra, quedaba en el pueblo de Hurcos con la gente,
salio del Cuzco con ciento y setenta hombres a punto de guerra;
de lo cual siendo avisado Juan de Sayavedra, apercibio su campo,
que era de trescientos espanoles, y alojolos en un sitio fuerte. Y
llegado Hernando Pizarro, envio a rogar a Juan de Sayavedra que
se viesen solos, para tratar de medios en los negocios. Juan de Sayavedra acepto las
vistas, en las cuales se dijo que Hernando Pizarro habia ofrescido a Juan de Sayavedra
mucha cantidad de pesos
de oro porque le entregase la gente; lo cual Juan de Sayavedra
no acepto, ni era de creer que aceptara, por ser caballero de muy
buena casta, de quien no se podia esperar que haria cosa que no
debiese, aunque, por ser estas cosas que pasaron en secreto, no se
puede afirmar la certidumbre dellas mas de lo que las partes dijeron y el vulgo
sospechaba, y algunos indicios en que se fundaban.
Don Diego de Almagro volvio del reencuentro que arriba esta dicho que tuvo con el
Inga, y juntando su gente con la de Juan de
Sayavedra, se vino la vuelta del Cuzco, y en el camino hizo prender cuatro hombres de
caballo con una emboscada que les echo,
porque tuvo aviso que se los enviaban por espias, y dellos supo
muy por extenso todo lo que habia pasado en la tierra con el levantamiento de los
indios, los cuales habian muerto mas de seiscientos espanoles y quemando gran parte de
la ciudad del Cuzco, de
lo cual mostro gran sentimiento; y luego envio a requerir al cabildo del Cuzco con las
provisiones reales, para que le rescibiesen por
gobernador de aquella ciudad, por ser acabados mucho antes della
los limites de la gobernacion del Marques. Oida por los del cabildo esta embajada, le
respondieron que hiciese medir el termino
de la gobernacion del Marques, y que constando que aquella ciudad caia fuera della, le
rescibirian por su gobernador. La cual averiguacion, ni entonces ni despues se hizo
caso, que se juntaron a
medir la tierra hombres diestros en ello; pero nunca se conformaron en la forma de la
medida, porque unos decian que se habian
de medir las leguas que estaban senaladas para la gobernacion de
don Francisco por la costa de la mar, segun iban haciendo ancones y caletas, o por el
camino real con todos sus rodeos, porque
en cualquiera destas dos maneras la gobernacion del Marques se
acababa, no solamente antes del Cuzco, mas (segun algunos) aun
antes de los Reyes. El Marques pretendia que sus leguas se habian
de medir por el aire, echando la cuerda derechamente sin ningun
rodeo ni torcedura, o por la linea superior del cielo, midiendo la
graduacion por la altura del sol y dando tantas leguas a cada
grado.
182022 Pues tornando a la historia, Hernando Pizarro envio a decir
a don Diego que el le haria desembarazar cierta parte de la ciudad
donde se aposentase el y su gente seguramente, entretanto que enviaban relacion de lo
que pasaba a don Francisco Pizarro, que
estaba en la ciudad de los Reyes, para que se diese algun medio
entre ellos, pues eran amigos y companeros. Y algunos dicen que
para tratar desto se pusieron treguas, debajo de las cuales teniendose por seguro
Hernando Pizarro, hizo a todos los vecinos y gente de guerra que se fuesen a reposar a
sus casas, porque muy cansados estaban de andar armados dias y noches, sin dormir ni
reposar un punto. Y como don Diego desto fue avisado, con la escuridad de la noche,
especialmente por un gran nublado que sobrevino, dio asalto en la ciudad. Mas cuando
Hernando y Gonzalo Pizarro sintieron el ruido se armaron a gran priesa, y como fue su
casa la primera sobre que dieron, con sus criados se defendieron
fuertemente, hasta que por todas partes les pusieron fuego y los
prendieron. Y luego otro dia don Diego hizo que el cabildo le rescibiese por
gobernador, y echo en prisiones a Hernando Pizarro y
a su hermano, y aunque muchos le aconsejaron que los matase,
no lo quiso hacer, por lo mucho que se lo defendio y le aseguro
dellos Diego de Albarado. Y tuvose por cierto que a don Diego
de Almagro dieron ocasion de quebrantar las treguas ciertos indios y aun espanoles que
le trajeron nuevas que Hernando Pizarro
mandaba quebrar las puentes y se fortalescia en el Cuzco; lo cual
parescio claro, porque cuando el entraba en la ciudad dijo a gran
des voces: “|GOh, como me habeis enganado; que sanas hallo todas
las puentes!” De todas estas cosas ninguna sabia el Gobernador
por entonces, ni lo supo de ahi a muchos dias, como adelante se
dira. Don Diego de Almagro hizo inga y dio la borla del imperio a
Paulo, porque su hermano Mango inga, visto lo que habia hecho,
se fue huyendo con mucha gente de guerra a unas muy asperas
montanas que llaman los Andes.
183016 CAPITULO V
183017 De como mataron los indios muchos socorros que el Gobernador
envio a sus hermanos al Cuzco.
183019 Entre otras cosas que el gobernador don Francisco Pizarro
envio a suplicar a su majcstad, en remuneracion de los servicios
que habia hecho en la conquista del Peru, fue una que le diese
veinte mil indios perpetuos para el y sus descendientes en una
provincia que llaman los Atabillos, con sus rentas y tributos y
jurisdicion, y con titulo de marques dellos. Su majestad le hizo
merced de darle el titulo de marques de aquella provincia, y en
cuanto a los indios, le respondio que se informaria de la calidad
de la tierra, y el dano o perjuicio que se podia seguir de darselos,
y le haria toda la merced que buenamente hubiese lugar. Y asi,
desde entonces en aquella carta le intitulo marques y mando que
se lo llamasen de ahi adelante, como se lo llamo, y por este dictado le intitularemos de
aqui adelante en esta historia. Pues entendida por el Marques la rebelion de los indios
por lengua dellos
mismos, no pensando que a tanto riesgo hubiese llegado, comenzo
a enviar socorro de gente a Hernando Pizarro al Cuzco, pero poco
a poco, como se iba juntando, un dia diez y otro quince, y asi dende en adelante, segun
la posibilidad se ofrescia. Y entendido los
indios que habia de hacerse este socorro, proveyeron de mucha
gente de guerra en los pasos angostos y peligrosos del camino, para estorbar la jornada
a los que fuesen; y asi, todos cuantos el
Marques envio en diversas veces los desbarataron y mataron los
indios; lo cual no hicieran si aguardara a enviarlos todos juntos.
Y habiendo ido a visitar las ciudades de Trujillo y San Miguel, envio a un Diego
Pizarro con setenta de caballo para este socorro, los
cuales todos los mataron los indios en un muy aspero paso que se
llama la cuesta de Parcos, que es cincuenta leguas del Cuzco, y lo
mismo hicieron a un cunado suyo, llamado Gonzalo de Tapia, que
despues envio con ochenta hombres de caballo. Y tambien desbarataron al capitan
Morgovejo y al capitan Gaete, con la gente que
llevaron en los diversos dias, sin que de toda su gente se escapase casi ninguno, y sin
que los que lo seguian supiesen el desbarate de los
que iban delante; teniendo tal forma, que los dejaban entrar en
un valle muy hondo y angosto, y tomandoles la entrada y la salida con gran cantidad de
indios, eran tantas las piedras y galgas
que les echaban desde las cuestas, que casi sin venir a manos los
mataban todos; y a toda esta gente, que fueron mas de trescientos
hombres de caballo, les tomaron gran cantidad de joyas y armas
y ropas de seda. Y viendo el Marques que no respondia ninguno
destos socorros envio a Francisco de Godoy, natural de Caceres,
con cuarenta y cinco de caballo, y topando a solos dos hombres
de los de Gaete, que se habian escapado, y habiendo sabido dellos
lo que pasaba, se volvio a gran priesa, aunque ya le tenian tomados los pasos por donde
habian entrado. Y le siguieron los indios
mas de veinte leguas, dandole grande guerra por delante y por la
retaguardia, que no le dejaban caminar sino de noche; y asi llego
a la ciudad de los Reyes, donde tambien vino el capitan Diego de
Ag-|ruero con cierta gente que se habian escapado a una de caballo,
porque en sus mismos pueblos los indios los habian querido matar. Y porque tuvo
nueva el Marques que tras Diego de Ag-|ruero venia gran copia de indios de guerra,
envio a un Pedro de Lerma
con mas de setenta de caballo y con muchos indios amigos, que
salieron al reencuentro a la gente del Inga, con los cuales pelearon gran parte del dia,
hasta que en un penol los indios se hicieron fuertes y los espanoles los cercaron por
todas partes, y aquel
dia quebraron los dientes al capitan Lerma y hirieron otros muchos espanoles, aunque
no mataron mas de uno de caballo. Y
los cristianos los pusieron en tal aprieto, que si el Marques no los
mandara recoger, aquel dia se diera fin a la guerra, porque los indios estaban muy
apretados en aquella pequena sierra, y no tenian lugar de pelear. Y asi, cuando los
espanoles se retrajeron,
dieron muchas gracias al Senor porque los habia escapado, haciendole oracion y
sacrificio. Y levantando de alli el real, se fueron a
poner sobre una alta sierra que esta junto a la ciudad de los Reyes, el rio en medio,
peleando a la continua con los espanoles. El
caudillo destos indios era un senor llamado Tizoyopangui, y con
aquel hermano del Inga que el Marques envio con Gaete. En esta
guerra que los indios dieron en la ciudad de los Reyes acaescio
que muchos indios, criados de los espanoles, que llamaban yanaconas, iban de dia a
ganar sueldo de los indios, y de noche venian
a cenar y dormir con sus senores.
185017 CAPITULO VI
185018 De como el Marques envio a pedir socorro a diversas partes, y
como el capitan Alonso de Albarado le fue a socorrer
185020 Viendo el Marques tanta multitud de indios sobre la ciudad
de los Reyes, tuvo por cierto que Hernando Pizarro y todos los del
Cuzco eran muertos, y que habia sido tan general este levantamiento, que habrian en
Chili desbaratado a don Diego y a los que
con el iban. Y porque los indios no pensasen que por temor detenian los navios para
huir en ellos, y tambien porque los espanoles no tuviesen alguna confianza en poderse
salir de la tierra por
la mar, y por esto peleasen menos animosamente de lo que debian,
envio a Panama los navios, y de camino envio al Visorey de la
Nueva-Espana y a todos los gobernadores de las Indias, pidiendoles
socorro y dandoles a entender el grande aprieto en que quedaba,
significandolo con palabras de no tanto animo como solia mostrar en otras cosas; las
cuales el puso por persuacion de algunas
personas de poco corazon que se lo aconsejaron. Y asimismo envio a mandar a su
teniente de Trujillo que despoblase la ciudad, y
que en un navio que para ello les envio embarcasen sus mujeres
e hijos y haciendas, y los enviasen a Tierra-Firme, y ellos viniesen
con sus armas y caballos solamente a le ayudar; porque el tenia
por cierto que tambien habian de acudir los indios sobre ellos y
no estaba en tiempo de los poder socorrer; y asi, era mejor que todos se hiciesen un
cuerpo, aunque mando que la venida fuese secreta, creyendo que, no sabiendola los
indios, por ir sobre ellos se
dividirian, y ellos asi lo hicieron, aunque, estando para se partir,
les llego el capitan Alonso de Albarado, con toda la gente que traia
en el descubrimiento de los Chachapoyas, porque el Marques les
habia enviado a mandar que, dejada la conquista, los viniese a
socorrer. Y asi, poniendo alguna gente de guerra de la que traia
en defensa de la ciudad de Trujillo, el con lo restante se fue a la
ciudad de los Reyes en socorro del Marqu es. Y como llego, le hizo
su capitan general, en lugar de Pedro de Lerma, que hasta entonces lo habia sido; por el
cual desabrimiento Pedro de Lerma hizo
el motin que adelante se dira. Y asi, viendose el Marques con pujanza de gente, le
parescio socorrer a lo mas peligroso, y envio al
capitan Alonso de Albarado con trescientos espanoles de pie y de
caballo, que fue talando y conquistando la tierra. Y cuatro leguas de la ciudad de
Pachacama tuvo una recia batalla con los
indios, los cuales desbarato, y mato muchos dellos, y prosiguio
su camino la via del Cuzco. Y adelante, al pasar de un despoblado, padescio gran
trabajo, porque se le murieron mas de quinientos indios de servicio, de sed; y si los de
caballo no corrieran, y
con vasijas llenas de agua volvieran a socorrer los de a pie, creese
que todos perecieran, segun estaban fatigados. Y yendo asi conquistando, le alcanzo en
la provincia de Jauja Gomez de Tordoya,
natural de Villanueva de Barcarota, con otros doscientos hombres
de pie y de caballo que tras el envio. Y con todos quinientos hombres Alonso de
Albarado camino hasta la puente de Lumichaca,
donde los cercaron, los indios por todas partes, y hubo con ellos
batalla, en que los vencio, y mato muchos dellos, y de ahi adelante siempre fueron
peleando con el hasta la puente de Abancay,
donde fue certificado de la prision de Hernando y Gonzalo Pizarro, y de todo lo mas
que en el Cuzco habia pasado, y propuso no
pasar adelante hasta tener mandado de lo que habia de hacer. Y
como don Diego de Almagro supo la venida de Alonso de Albarado, envio a Diego de
Albarado con otros siete o ocho caballeros a
notificarles sus provisiones; los cuales en llegando, Alonso de Albarado prendio, y
respondio que enviase a notificar aquellas provisiones al Marques, porque el no era
parte para tratar de aquel
negocio. Y como don Diego vio que sus mensajeros no volvian, temiendo que Alonso
de Albarado por otro camino se iria a entrar
en el Cuzco, se volvio a gran priesa, porque ya habia salido tres leguas de la ciudad, y
desde a quince dias saco a su gente sobre
Alonso de Albarado, porque supo que Pedro de Lerma tenia ordenado un motin para
pasarsele con mas de ochenta hombres. Y
cuando don diego llego cerca de Alonso de Albarado, sus corredores prendieron a
Pedro Alvarez Holguin, que adelante iba descubriendo el campo, con una celada que le
echo. Y sabiendo Alonso de Albarado la prision, quiso el tambien prender a Pedro
de Lerma por la sospecha que del ya tenia; el cual se le huyo aquella noche, llevando
las firmas de todos aquellos con quien dejaba
hecho concierto. Y don Diego una noche llego a la puente, porque supo que Gomez de
Tordoya y un hijo del coronel Villalba le
estaban aguardando, y mucha parte de su gente envio por el vado,
donde supo que los conjurados con Pedro de Lerma guardaban el
paso; los cuales se le dieron, y aun los animaban para que pasasen
sin miedo, y se supo como algunos destos conjurados habian hecho el trato de tan
buena gana, que, haciendo la guardia aquella
noche, hurtaron mas de cincuenta lanzas a los de Alonso de Albarado y las echaron por
el rio abajo. Pues cuando Alonso de Albarado quiso acometer, faltaronle los del motin y
otra mucha
gente de su ejercito que por buscar sus lanzas no acudieron; y asi,
muy facilmente don Diego los desbarato, sin muerte de espanoles;
y alli quebraron los dientes con una pedrada a Rodrigo Orgonos y
despues de saqueado el real y preso Alonso de Albarado, se volvio
al Cuzco, haciendo algunos malos tratamientos a los vencidos y
quedando tan soberbios, que decian que no habia de quedar en todo el Peru, Pizarro en
que tropezar, y que el Marques y sus herma
nos se habian de ir a gobernar a los manglares, bajo de la linea
Equinocial.
188001 CAPITULO VII
188002 De como el Marques iba en socorro de sus hermanos al Cuzco, y
sabido el vencimiento de Alonso de Albarado, se volvio a los
Reyes
188005 Con las victorias que Alonso de Albarado hubo de los indios
yendo camino del Cuzco, asi en Pachacama como en Lumichaca
(segun arriba esta dicho), el Inga y Tizoyopangui tuvieron por
bien alzar el real de sobre la ciudad de los Reyes. Y viendose el Marques libre y con
mucha gente, se partio para el Cuzco en socorro
de sus hermanos, llevando consigo mas de sietecientos hombres de
pie y de caballo; el cual socorro el pensaba que hacia contra los
indios, porque ninguna cosa sabia de la vuelta de don Diego de
Almagro ni de lo que dello habia resultado; y mucha parte desta
gente le habia enviado don Alonso de Fuen-Mayor, arzobispo y
presidente de la isla de Santo Domingo, con Diego de Fuen-Mayor,
su hermano; y el licenciado Gaspar de Espinosa habia traido alguna parte della desde
Panama y asimismo un Diego de Ayala (a
quien el Marques envio a Nicaragua) habia acudido con cierto
socorro. Y yendo el Marques con este ejercito por el camino de los
llanos, en la provincia de la Nasca, a veinte y cinco leguas de los
Reyes, le vinieron nuevas de la vuelta de don diego y de todas las
otras particularidades que despues della habian sucedido (segun
arriba se ha contado), lo cual sintio con el pesar que era razon; y
paresciendole que su gente iba adereszada, como quien habia de
pelear con indios, determino volverse a la ciudad de los Reyes y
proveerse como contra espanoles; y asi lo hizo, enviando al Cuzco
al licenciado Espinosa para que diese algun corte entre el y don
Diego, atrayendole a ello; con que si su majestad sabia lo que habia pasado, y que ellos
no estaban conformes, enviaria otro en lugar de ambos, que gozase de lo que ellos
habian ganado con tanto
trabajo; y que cuando otra cosa no pudiese, acabase con don Diego que soltase sus
hermanos y el se estuviese en el Cuzco sin bajar de alli abajo, hasta que consultado, su
majestad proveyese y
mandase lo que cada uno dellos habia de gobernar. Y con esta embajada fue el
licenciado Espinosa, aunque ningun medio pudo tomar, y sin concluir el negocio
fallescio. Y don Diego bajo con su
gente a los llanos, dejando en el Cuzco por su teniente al capitan
Gabriel de Rojas, y presos en su poder a Gonzalo Pizarro y Alonso de Albarado, y
llevando consigo preso a Hernando Pizarro; y asi
continuo su camino hasta la provincia de Chincha, que es veinte
leguas de los Reyes, y alli hizo un pueblo en lugar de posesion del
gobernador.
189007 CAPITULO VIII
189008 De como el Marques hizo gente y se soltaron de la prision Alonso
de Albarado y Gonzalo Pizarro, y de lo que paso con ellos
189010 Como el Marques llego a la ciudad de los Reyes, luego hizo
tocar atambores y dio paga a la gente y engroso su ejercito, con
titulo de defenderse de don Diego, que decia venirle ocupando su
gobernacion; y en pocos dias junto mas de sietecientos hombres
de pie y de caballo, y entre ellos muchos arcabuceros; porque en la
compania de Diego de Fuen-Mayor habia venido un capitan Pedro
de Vergara (a quien arriba tenemos dicho que se encomendo el descubrimiento de los
Bracamoros), el cual traia de Flandes, donde
era casado, gran copia de arcabuces y de toda la municion dellos;
porque hasta entonces no habia tantos en el Peru que se pudiese
juntar compania ni numero cierto de arcabuceros. Y a este Vergara y a Nuno de Castro
nombro el Marques por capitanes de arcabuceros, y a Diego de Urbina, natural de
Orduna, sobrino del
mastre de campo Juan de Urbina, nombro por capitan de piqueros,
y de gente de caballo a Diego de Rojas y a Peranzures y Alonso de
Mercadillo, y hizo maestre de campo a Pedro de Valdivia, y sargento
mayor a Antonio de Villalva, hijo del coronel Villalva. En este
tiempo Gonzalo Pizarro y Alonso de Albarado (que, como dijimos,
quedaron presos en el Cuzco) se soltaron, y se vinieron con mas
de setenta hombres al Marques, habiendo prendido a Gabriel de
Rojas, teniente de don Diego. Con su venida holgo mucho el Marques, asi por verlos
fuera de peligro como porque con ellos tomo
grande animo toda la gente; y luego hizo a Gonzalo Pizarro capitan general y Alonso
de Albarado capitan de gente de a caballo.
Y como don Diego supo la soltura de los presos y la gran pujanza
de gente que el Marques tenia, determino tomar algun partido con
el, y aun de moverle el por su parte, enviando a ello con su poder
a don Alonso Enriquez y al factor Diego Nunez de Mercado y al
contador Juan de Guzman, para que se viese con don Francisco.
Y despues de haber pasado entre ellos grandes tratos, el Marques
lo dejo todo por via de compromiso en manos de fray Francisco de Bobadilla,
provincial en aquellas partes de la orden de la
Merced, y lo mismo hizo don Diego. Y fray Francisco, usando de
su poder, dio entre ellos sentencia, por la cual mando que ante todas cosas fuese suelto
Hernando Pizarro y restituida la posesion
del Cuzco al Marqu es, como primero la tenia, y que se deshiciesen
los ejercitos, enviando las companias, asi como estaban hechas, a
descubrir la tierra por diversas partes, y que diesen noticia de todo a su majestad para
que proveyese lo que fuese servido. Y para que en presencia se viesen y hablasen el
Marques y don Diego,
trato que cada uno con doce de caballo se viniesen a un pueblo
que se llamaba Mala, que estaba entre los dos ejercitos; y asi, se
partieron a las vistas, aunque Gonzalo Pizarro, no se fiando de las
treguas ni palabras de don Diego, se partio luego en pos del con
toda la gente, y se fue a poner secretamente junto al pueblo de Mala, y mando al
capitan Castro que con cuarenta arcabuceros se
emboscase en un canaveral que estaba en el camino por donde don
Diego habia de pasar, para que si don Diego trajese mas gente de
guerra de la concertada, disparase los arcabuces, y el acudiese a
la sena dellos.
190026 CAPITULO IX
190027 De como se vieron los gobernadores, y fue suelto Hernando Pizarro
190028 Cuando don Diego partio de Chincha para ir a Mala con sus
doce caballeros, dejo mandado a Rodrigo Orgonos, que era su
general, que estuviese a mucho recaudo y tuviese su gente a punto, para que si el
Marques trajese mas gente acudiese el luego, y
hiciese de Hernando Pizarro lo mismo que el viese que se hacia
del en las visitas; y asi, cuando llegaron a juntarse, se abrazaron
ambos amorosamente, y despues de haber pasado algunas platicas
sin tocar en el negocio principal, un caballero de los del Marques
se llego a don Diego al oido, y le dijo: “Vayase vuestra senoria de
aqui, que le cumple; porque yo, como su servidor, le aviso dello”;
lo cual decia teniendo noticia de la venida de Gonzalo Pizarro. Y
como don Diego lo entendio, pidio a gran priesa su caballo. Y como algunos caballeros
del Mraques sintieron que se queria ir, le
persuadieron que le prendiese, pues lo podia hacer tan facilmente con los arcabuceros
que Nuno de Castro tenia en la emboscada;
y el Marques nunca lo permitio, por haber venido debajo de su
palabra, ni creyo que se volviera sin concluir a lo que habia venido. Y como don Diego,
al tiempo que se fue, vio la emboscada,
tuvo por cierto el aviso que le habian dado; y vuelto a su real,
se quejaba del Marqu es, diciendo que lo habian querido prender
sin querer rescibir las disculpas que para ello el Marques le daba.
Y despues desto, por medio e intercesion de Diego de Albarado,
don Diego de Almagro solto a Hernando Pizarro debajo de cierta
pleitesia que entre ellos hubo, para que el Marques le diera navio
y puerto seguro para enviar y rescibir despachos de Espana, y que
hasta tanto que nuevo mandado de su majestad viniese, no iria el
uno contra el otro. Esta soltura de Hernando Pizarro contradijo
mucho rodrigo Orgonos, porque habia visto algunos malos tratamientos que en la
prision se le hicieron, pensando que se querria
vengar dellos teniendo poder, y su voto siempre fue que le cortasen la cabeza; pero
valio mas el parecer de Diego de Albarado, confiado en el concierto que se habia hecho.
Y suelto Hernando Pizarro, don Diego le envio al Marques acompanado de su hijo y
otros
caballeros. Y aun apenas era partido, cuando don Diego se arre
pintio de lo hecho, y se cree que lo volviera a la prision; sino que se
dio tanta priesa a salir de su poder, que en breve tiempo habian andado la mayor parte
del camino, hasta que topo con la gente mas
principal del Marques, que le salia a rescebir.
191032 CAPITULO X
191033 De como el Marques fue sobre don Diego, y el se retiro hacia el
Cuzco
191035 Ya cuando se hicieron aquellos conciertos el Marques tenia
provision y mandado de su majestad, que habia traido Pedro Anzures, para que ambos
gobernadores se estuviesen en la tierra que
cada uno tuviese descubierta, poblada y conquistada al tiempo de
la notificacion, aunque fuese en los limites de la gobernacion del
otro, hasta tanto que su majestad proveyese en el negocio principal
lo que de justicia se debiese hacer. Y con esta provision, despues
que el Marques tuvo en su poder a Hernando Pizarro, envio a requerir a don Diego para
que se saliese de la tierra y pueblos que
el habia descubierto y poblado, como su majestad lo mandaba.
Don Diego respondio que el estaba presto de guardar y cumplir la
provision y lo que en ella se contenia, que era que cada uno se estuviese en la tierra y
pueblos de la forma y manera en que los tomase la notificacion de la provision, y que
antes, con la mesma
provision, el requeria al Marques que le dejase estar sin guerra
ni contienda alguna, como se estaba a la sazon, con protestacion
de obedescer y cumplir otra cualquiera cosa que sobre ello su majestad les enviase a
mandar. El Marques replico que el tenia primero aquellos pueblos y ciudad y tierra del
Cuzco, y la habia descubierto y poblado, y que el le habia desposeido della por fuerza;
por tanto, que se saliese de la tierra conforme a lo que su majestad mandaba; donde no,
que el le echaria della, pues ya era cumplido el plazo y pleitesia que habian hecho, con
el nuevo mandado
de su majestad. Y como don Diego esto no quiso hacer, el Marques fue sobre el con
toda su gente; y don Diego se fue retrayendo
hacia el Cuzco, y se hizo fuerte en una muy alta sierra que se llama de Guaytara,
cortando todos los pasos de aquel aspero camino;
y Hernando Pizarro le iba siguiendo con cierta gente, y subio una
noche la sierra por un secreto camino, y con los arcabuceros le
gano el paso, de tal manera, que a don Diego le convino huir; y
porque el iba enfermo, se adelanto, dejando en la retaguardia a
Rodrigo Orgonos, que muy ordenadamente se fuese retirando. El
cual, sabiendo de dos de caballo de los del Marques, a quien prendio una noche, que le
iban siguiendo, apresuro el camino, aunque
los mas de su ejercito decian que volviese sobre ellos, porque ya
sabia que todos los que subian de los llanos a la sierra, los primeros dias se mareaban y
estaban sin sentido, como los que comienzan a navegar; lo cual Rodrigo Orgonos no
quiso hacer, por no ir
contra la orden de su gobernador; aunque se cree que le sucediera bien si lo hiciera,
porque la gente del Marques iba mareada
y maltratada de las muchas nieves que habia en la sierra, y recibiria mucho dano; y por
ir tales, el Marques se volvio con el ejercito a los llanos, y don Diego, se fue al Cuzco
quebrando siempre las
puentes, porque creia que le iban siguiendo. Don Diego estuvo en
el Cuzco mas de dos meses haciendo gente y otras municiones y
aparejos de guerra, y haciendo armas de plata y cobre, y fundiendo artilleria y todo lo
demas que le era necesario.
193008 CAPITULO XI
193009 De como Hernando Pizarro fue al Cuzco con su ejercito y se dio la
batalla de las Salinas y prendieron a don Diego de Almagro
193011 Estando el Marques con todo su ejercito en los llanos, de vuelta de la sierra,
hallo entre su gente diversos pareceres de lo que
debia hacer; y al fin se resumio en que Hernando Pizarro fuese con
el ejercito que tenia hecho por su teniente a la ciudad del Cuzco,
llevando por capitan general a Gonzalo Pizarro, su hermano; y que
la ida fuese con titulo y color de cumplir de justicia a muchos
vecinos del Cuzco que con el andaban, que se le habian quejado
que don Diego de Almagro les tenia por fuerza entradas y ocupadas sus casas y
repartimientos de indios, y otras haciendas que
tenian en la ciudad del Cuzco; y asi, partio la gente para alla, y
el Marques se volvio a la ciudad de los Reyes; y llegando Hernando
Pizarro por sus jornadas a la ciudad una tarde, todos sus capitanes quisieron bajar a
dormir al llano aquella noche; mas Hernando Pizarro no quiso sino asentar real en la
sierra. Y cuando otro
dia amanescio, ya Rodrigo Orgonos estaba en el campo aguardando la batalla con toda
la gente de don Diego, por capitanes de los
de a caballo a Francisco de Chaves y a Juan Tello y Vasco de Guevara.
Y por la parte de la sierra tenia con algunos espanoles muchos indios de guerra para se
ayudar dellos; y dejo presos en dos cabos
de la fortaleza del Cuzco todos los amigos y servidores del Marques y de sus hermanos,
que en la ciudad estaban, que eran tantos y el lugar tan angosto, que algunos se
ahogaron. Y otro dia
de manana, habiendo oido misa Gonzalo Pizarro y su gente, bajaron al llano, donde
ordenaron sus escuadrones, y caminaron hacia
la ciudad con intento de se ir a poner en un alto que estaba sobre
la fortaleza; porque creian que viendo don Diego la pujanza de
gente que tenian, no le osaria dar la batalla; la cual ellos deseaban
excusar por todas vias, por el dano que della esperaban. Mas Rodrigo Orgonos estaba
en el camino real con toda su gente y artilleria, aguardando muy fuera deste
pensamiento, creyendo que no
le podrian entrar por otra parte, a causa de una cienaga que alli
habia. Mas como Hernando Pizarro lo descubrio, mando al capitan Mercadillo que con
su gente de caballo estuviese por sobresaliente, asi para pelear con los indios de guerra
si acometiesen, como para socorrer en la mayor priesa de la batalla; y antes que
rompiesen se mezclo una pelea entre los indios que iban con Hernando Pizarro y los de
don Diego. Los de caballo de Pizarro tentaron
la cienaga, y entre tanto los arcabuceros sobresalientes entraron
por ella adelante, y tiraron de tal manera a un escuadron de don
Diego, de los de caballo, que le hicieron retraer. Y cuando Pedro
de Valdivia, maestre de campo del Marques, los vio retraer, certifico la victoria por su
parte. Y los de don Diego tiraron un tiro,
que llevo cinco hombres de los del Marques. Y cuando Hernando
Pizarro y su gente tuvieron pasada la cienaga y un arroyo que alli
habia, fueron muy ordenadamente contra los enemigos, avisando
a cada capitan de lo que habia de hacer al tiempo del romper, y
esforzando la gente cuanto podia. Y porque vio Hernando Pizarro
que los piqueros de Don Diego tenian arboladas las picas, mando
a los arcabuceros que tirasen por alto, de manera que dos ruciadas le llevaron mas de
cincuenta picas. Y Rodrigo Orgonos, viendo esto, mando a sus capitanes que
rompiesen; y como vio que sedetenian, arremetio con su batalla hacia la parte siniestra,
donde
habian visto que Hernando Pizarro iba muy senalado delante de
los escuadrones, y Orgonos iba diciendo a voces; “|GOh Verbo divino!, siganme los
que quisieren; que yo a morir voy”. Como Gonzalo Pizarro y Alonso de Albarado
vieron el traves que Orgonos les
mostro, rompieron por los enemigos de manera que derribaron
mas de cincuenta hombres en el suelo. Y cuando Rodrigo Orgonos
acometio le hirieron con un perdigon de arcabuz por la frente, habiendole pasado la
celada; y el con su lanza, despues de herido,
mato dos hombres y metio un estoque por la boca a un criado de
Hernando Pizarro, pensando que era su amo, porque iba bien ataviado. Y como ambos
ejercitos se mezclaron, pelearon tan fuertemente, que los capitanes y gentes del Marques
hicieron volver las
espaldas a los de don Diego, matando e hiriendo muchos dellos.
Y cuando don Diego los vio huir desde un alto donde los estaba
mirando (porque a causa de estar enfermo no entro en la batalla),
dijo: “Por nuestro Senor, que pense que a pelear habiamos venido”.
Y teniendo dos caballeros rendido a Rodrigo Orgonos, llego otro
que del habia recebido cierta injuria, y le corto la cabeza; y de
aquella manera mataron a algunos rendidos, sin que fuesen parte
para lo estorbar a Hernando Pizarro y los capitanes, aunque lo
procuraban con harta diligencia; porque, como los de Alonso de
Albarado estaban afrentados de la rota que habian rescebido en la
puente de Abancay, procuraban de se vengar como podian; tanto,
que llevando uno tendido en las ancas de su caballo al capitan Ruy
Diaz, llego otro, y de un golpe de lanza le mato. Pues viendo don
Diego vencida su gente, se fue huyendo a meter en la fortaleza del
Cuzco, donde le prendieron Alonso de Albarado y Gonzalo Pizarro,
que iban en su seguimiento. Los indios, viendo la batalla fenescida, ellos tambien se
dejaron de la suya, yendo los unos y los otros
a desnudar los espanoles muertos y aun algunos vivos que por sus
heridas no se podian defender; porque, como paso el tropel de la
gente siguiendo la victoria, no hubo quien se lo impidiese; de manera que dejaron en
cueros a todos los caidos. Y los espanoles, vencedores y vencidos, escaparon tales del
reencuentro, que muy facilmente los indios los pudieran vencer si tuvieran animo para
dar
sobre ellos, como lo tenian concertado. Este reencuentro se dio
a 26 de abril de 1538 anos.
195066 CAPITULO XII
195067 De lo que sucedio despues de la batalla de las Salinas, y como se
vino a Espana Hernando Pizarro
195069 Fenescida esta batalla Hernando Pizarro trabajo mucho de
venir en gracia con los capitanes de don Diego que habian quedado
vivos, y como no pudo acabarlo, muchos desterro del Cuzco. Y
porque vio que no tenia posibilidad de satisfacer los que le habian
se rvido, porque cada uno pensaba que con darle toda la gobernacion no quedaba
pagado, acordo de deshacer el ejercito, enviando la gente a nuevos descubrimientos, de
que ya se tenia noticia,
con lo cual hacia dos cosas: la una remunerar sus amigos, y la otra
desterrar sus enemigos. Y asi, envio al capitan Pedro de Candia con
trescientos hombres suyos y de los de don Diego, para que entrase a cierta conquista de
cuya riqueza se tenia mucha fama. Y como por aquella parte Pedro de Candia no pudo
entrar por la aspereza de la tierra, se volvio hacia el Collao con toda la gente casi
amotinada; porque un Mesa, que habia sido capitan de la artilleria del Marques, habia
dicho que, aunque pesase a Hernando Pizarro, pasaria por la tierra del Collao. A lo cual
se atrevio por el
favor que le daba la gente de don Diego que alli habia, porque nunca acababan de
allanar los pensamientos. Y asi, Candia envio preso a este Mesa, con el proceso y
averiguaciones que contra el hicieron, a Hernando Pizarro. Y como el entendio que
mientras don
Diego fuese vivo nunca acabaria de quiet arse la tierra ni sosegarse la gente, porque en
esta probanza y en otras que Hernando Pizarro hizo hallo en diversas partes motines de
gente conjurada
para venir a sacar de la prision a don Diego y alzarse con la ciudad; por todo lo cual le
parecio convenia matar a don Diego, justificando su muerte con las culpas que habia
tenido en todas las
alteraciones pasadas, de que arriba se ha hecho mencion, diciendo que el habia sido
causa y fundamento dellas, por haber al principio entrado con gente de guerra en la
ciudad y ocupadola por su
propia autoridad, y muerto mucha gente de los que le resistieron,
y llegado con ejercito y banderas tendidas a la provincia de Chincha (que no habia duda
ser de la gobernacion del Marques); asi le
sentencio a muerte. Y como don Diego oyo la sentencia, hacia y
decia muchas lastimas a Hernando Pizarro, trayendole a la memoria que el habia sido la
causa que el y su hermano hubieran subido
en el estado en que estaban, y les habia dado hacienda para ello; y
que se acordase como le habia el soltado graciosamente de la prision en que le tuvo, no
queriendo tomar el consejo de sus capitanes, que le persuadian a que le matase; y que si
algun mal tratamiento habia rescebido en la prision, ni el lo habia mandado ni sido
sabidor dello; y que considerase que era muy viejo, y que,
aunque entonces no le matase, la misma edad y el tiempo le condenarian a muerte en
breve. Y a esto Hernando Pizarro le respondio que no eran aquellas palabras para que
una persona de tanto animo como el las dijese ni se mostrase tan pusilamine; y que
pues su muerte no se podia excusar, que se conformase con la voluntad de Dios,
muriendo como cristiano y como caballero. Y a
esto le satisfizo don Diego con que no se maravillase de que el temiese la muerte como
hombre y pecador, pues la humanidad de
Cristo la habia temido. Y en fin, Hernando Pizarro, en ejecucion
de su sentencia, le hizo degollar. Y luego fue al Collao sobre la
gente del capitan Candi a, e hizo justicia de Mesa, que habia sido
el inventor del motin; y con los trescientos hombres torno a enviar al capitan Pedro
Anzures a una entrada, donde pensaron perecer todos de hambre, por las muchas
cienagas y maleza de la
tierra; y tanto quedo conquistando la tierra del Collao, que es una
tierra llana y muy poblada de minas de oro, y por ser muy fria no
se cria maiz en ella; y los i ndios comen unas raices que llaman
papas, que son de hechura y aun casi sabor de turmas de tierra;
y hay en ella mucho ganado de las ovejas que hemos dicho. Y como Hernando Pizarro
supo que el Marques, su hermano, era venido al Cuzco, se vino a ver con el, dejando en
su lugar, para que
continuase la conquista, a Gonzalo Pizarro, su hermano, que llego a descubrir hasta la
provincia de los Charcas, donde le cercaron muchos indios de guerra que sobre el
vinieron, y le pusieron
en tanto aprieto, que fue forzado Hernando Pizarro a volverlo a socorrer desde el Cuzco
con mucha gente de caballo; y porque mas
presto les llegase el socorro, fingio el Marques que el en persona
iba a ello, y salio de la ciudad dos o tres jornadas. Y como Hernando Pizarro llego
adonde Gonzalo Pizarro estaba, hallo que los
indios eran ya todos desbaratados. Y anduvieron algunos dias
conquistando aquella tierra, donde hubieron muchos reencuentros
con los indios, hasta que prendieron a Tizo, capitan dellos; y asi,
volvieron ambos al Cuzco, donde fueron graciosamente recibidos
del Marques, el cual dio de comer en la tierra a todos los que hubo
lugar, y a los otros envio a ciertas conquistas con los capitanes
Vergara y Porcel (que arriba hemos contado), y por otra parte
envio al Capitan Alonso Mercadillo y al capitan Juan Perez de Guevara. Y al maestre
de campo Pedro de Valdivia envio a la tierra de
Chili, donde don Diego se habia vuelto. Y todo esto hecho, y asentada la tierra y
derramada la gente. Hernando Pizarro se partio para Espana a dar cuenta a su majestad
de todo lo sucedido, aunque
de muchos fue aconsejado que no lo hiciese, porque no sabian como se habria tomado
la muerte de don Diego. Y cuando vino,
aconsejo al Marques, su hermano, que no se fiase de los de don
Diego, que comunmente llamaban los de Chili, ni los dejase juntar,
y que cuando viese que de seis arriba estaban juntos, supiese que
le trataban la muerte.
198009 CAPITULO XIII
198010 De lo que acaescio al capitan Valdivia en el viaje de la provincia
de Chili y dispues de llegado
198012 Pedro de Valdivia llego con su gente a la provincia de Chili,
donde los indios le rescibieron de paz cautelosamente, porque tenian sus sementeras
por coger, que aun no estaban de sazon; y despues que las cogieron se alzo toda la tierra
y dieron sobre algunos
espanoles que andaban fuera de la poblacion, y mataron catorce
dellos. Y Valdivia los fue a socorrer; y andando en esta guerra,
se quisieron alzar contra el algunos espanoles, que el ahorco en
sabiendolo, especialmente al capitan Pedro Sancho de Hoz, que
habia ido con el casi a titulo de companero. Y en tanto que el andaba en el campo, por
otra parte vinieron sobre la ciudad mas
de siete mil indios de guerra, que pusieron en mucho estrecho a
los pocos espanoles que para la guarda della habian quedado con
los capitanes Francisco de Villagran y Alonso de Monroy, que no
tenian mas de treinta hombres de caballo, los cuales salieron al
campo y pelearon valerosamente con los indios flecheros desde la
manana hasta que los despartio la noche, que todos quedaron muy
cansados y heridos. Y los indios tuvieron por bien de se retirar
por las muertes y gran dano que en aquel dia recibieron. Y de ahi
adelante toda la mas desta tierra estuvo de guerra por mas de ocho
anos, y en todos ellos Valdivia y su gente la resistieron sin desamparar la tierra; antes
hacia a sus soldados que sembrasen y arasen, y cogian frutos para mantenerse, por no se
poder servir de los
indios en la labor, y asi se sostuvo hasta que volvio al Peru, en
tiempo que el licenciado de las Gasca estaba haciendo gente contra Gonzalo Pizarro, en
todo lo cual le sirvio y ayudo, como adelante se dira.
199001 LIBRO CUARTO
199002 QUE TRATA DEL VIAJE QUE GONZALO PIZARRO HIZO AL
DESCUBRI
MIENTO DE LA PROVINCIA DE LA CANELA, Y DE LA MUERTE DEL
MARQUES.
199005 CAPITULO I
199006 De como Gonzalo Pizarro se aderezo para la jornada de la Canela
199007 Despues desto, se tuvo noticia en el Peru que en la tierra de
Quito, hacia la parte del oriente, habia un descubrimiento de una
tierra muy rica y donde se criaba abundancia de canela, por lo cual
se llamo vulgarmente la tierra de la Canela. Y para la conquistar
y poblar determino el Marques enviar a Gonzalo Pizarro, su hermano; y porque la
salida se habia de hacer desde la provincia
de Quito, y alli habian de acudir y proveerse de las cosas necesarias, renuncio la
gobernacion de Quito en Gonzalo Pizarro, en confianza que su majestad le haria merced
della; y asi, se partio para
alla Gonzalo Pizarro con mucha gente que para este descubrimiento llevaba, y en el
camino le convino pelear con los indios de la
provincia de Guanuco, que le salieron de guerra, y le pusieron en
tanto aprieto, que fue necesario que el Marques enviase en su socorro a Francisco de
Chaves; y asi llego Gonzalo Pizarro a Quito. Y
en este tiempo el Marques envio a Gomez de Alvarado a conquistar
y poblar la provincia de Guanuco, porque della habian ido ciertos
caciques llamados los conchucos, con mucha gente de guerra, sobre la ciudad de
Trujillo, y mataban cuantos espanoles podian, y
aun robaban y hacian mucho dano en los mismos indios sus comarcanos, y los que
mataban y lo que robaban lo ofrescian todo a un
idolo que consigo traian, que llamaban la Cataquilla. Y asi anduvieron hasta que de la
ciudad de Trujillo salio Miguel de la Serna,
vecino della, con la gente que pudo sacar, y juntandose con Francisco de Chavex,
pelearon con los indios hasta que los vencieron y,
desbarataron.
200007 CAPITULO II
200008 De como Gonzalo Pizarro partio de Quito y llego a la Canela, y
de lo que acaescio en el camino
200010 Habiendo aderezado Gonzalo Pizarro las cosas necesarias para su viaje, partio
de Quito, llevando consigo quinientos espanoles
bien aderezados, los ciento de caballo con dobladura, y mas de
cuatro mil indios amigos, y tres mil cabezas de ovejas y puercos.
Y despues que paso una poblacion que se llamaba Inga, llego a la
tierra de los Quixos, que es la ultima que conquisto Guaynacaba
hacia la parte del septentrion, donde los indios le salieron de guerra. y en una noche
desaparecieron todos, que nunca mas ninguno
pudieron haber. Y despues de haber alli reposado algunos dias
en las poblaciones de los indios, sobrevino un tan gran terremoto
con temblor y tempestad de agua y relampagos y rayos y grandes
truenos, que, abriendose la tierra por muchas partes, se hundieron mas de quinientas
casas; y tanto crescio un rio que alli habia,
que no podian pasar a buscar comida, a cuya causa padescieron
gran necesidad de hambre. Y despues de partidos destas poblaciones, paso unas
cordilleras de sierras altas y frias, donde muchos
de los indios de su compan ia quedaron helados. Y a causa de ser
aquella tierra falta de comida, no paro hasta una provincia llamada Zumaco, que esta en
las faldas de un alto volca n, donde por
haber mucha comida, reposo la gente, en tanto que Gonzalo Pizarro, con algunos
dellos, entro por aquellas montanas espesas a
buscar camino; y como no le hallo, se fue a un pueblo que llamaron de la Coca, y de
alli envio por toda la gente que habia dejado
en Zumaco, y en dos meses que por alli anduvieron, siempre les llovio de dia y de
noche, sin que les diese el agua lugar de enjugar
la ropa que traia vestida. Y en esta provincia de Zumaco, y en
cincuenta leguas al derredor, hay la canela de que llevaban noticia,
que son unos grandes arboles con hojas como de laurel, y la fruta son unos racimos de
fruta menuda que se crian en unos capullos; y aunque esta fruta y las hojas y corteza y
raices del arbol
tienen sabor y olor y sustancia de canela, pero la mas perfecta es
aquellos capullos que son de hechura (aunque mayores) de
los capullos de las bellotas de alcornoque; y aunque en toda
la tierra hay muchos deste genero de arboles silvestres que nascen
y fructifican sin ninguna labor, los indios tienen muchos dellos en
sus heredades y los labran, y asi nasce dellos mas fina canela que
de los otros; y tienenla ellos en mucho, porque la rescatan en las
tierras comarcanas por los mantenimientos y ropa y todas las otras cosas que han
menester para su sustentacion.
201015 CAPITULO III
201016 De los pueblos y tierras que paso Gonzalo Pizarro hasta que llego
a la tierra donde hizo un bergantin.
201018 Pues dejando Gonzalo Pizarro en esta tierra de Zumaco la mayor parte de la
gente, se adelanto con los que m- |mas sanos y recios estaban, descubriendo el camino
segun los indios le guiaban, y algunas veces por los echar de sus tierras les daban
noticias fingidas
de lo de adelante, enganandolos, como lo hicieron los de Zumaco,
que le dijeron que mas adelante estaba una tierra de gran poblacion y comida, lo cual
hallo ser falso, porque era tierra mal poblada, y tan esteril, que en ninguna parte della se
podia sustentar,
hasta que llego a aquellos pueblos de la Coca, que era junto a un
gran rio, donde paro mes y medio, aguardando la gente que en Zumaco habia dejado,
porque en esta tierra les vino de paz el senor
della. Y de alli caminaron todos juntos el rio abajo, hasta hallar
un saltadero que en el rio habia de mas de doscientos estados, por
donde el agua se derriba con tan gran ruido, que se oia mas de
seis leguas, y dende a ciertas jornadas se recogia el agua del rio en
una tan pequena angostura, que no habia de una orilla a otra mas
de veinte pies, y era tanta la altura de las penas hasta llegar al agua, como la del
saltadero que hemos di cho, y de una parte y de
otra era pena tajada, y en cincuenta leguas de camino no hallaron
por donde pasar sino por alli, que les defendian los indios el paso,
hasta que habiendolo ganado los arcabuceros, hicieron una puente
de madera, por donde seguramente pasaron todos. Y asi, fueron
caminando por una montana hasta la tierra que llamaron de Guema, que era algo rasa y
de muchas cienagas y de algunos rios, donde habia tanta falta de comida, que no comia
la gente sino frutas
silvestres, hasta que llegaron a otra tierra donde habia alguna comida y era
medianamente poblada. Y los indios andaban vestidos
de algodon, y en todas las otras tierras que habian pasado andaban
en cueros, o por el demasiado calor que a la continua habia, o porque no alcanzan ropa;
solamente traian atados los prepucios con
unas cuerdas de algodon por entre las piernas (que se iban a atar
a unas cintas que traen cenidas por los lomos), y las mujeres traian
panetes, sin otro ningun vestido. Y alli hizo Gonzalo Pizarro un
bergantin para pasar a la otra parte del rio a buscar comida y para llevar por el rio abajo
la ropa y otros fardajes y a los enfermos,
y aun para caminar el por el rio, porque en las mas partes, a causa de ser la tierra tan
anegada, aun con machetes y hachas no podian hacer el camino. Y en hacer este
bergantin pasaron muy
gran trabajo, porque hubieron de cimentar fraguas para el herraje, en lo cual se
aprovecharon de las herraduras de los caballos
muertos, porque ya no habia otro hierro, y hicieron hornos para
el carbon. Y en todos estos trabajos hacia Gonzalo Pizarro que
trabajasen desde el mayor hasta el menor, y el por su persona era
el primero que echaba mano de la hacha y del martillo; y en lugar de brea se
aprovecharon de una goma que alli destilan los arboles, y por estopa usaron de la
mantas viejas de los indios y de
las camisas de los espanoles, que estaban podridas de las muchas
aguas, contribuyendo caba uno segun podia. Y asi, finalmente, dieron cabo en la obra y
echaron el bergantian al agua, metiendo en el
todo el fardaje; y juntamente con el hicieron ciertas canoas, que
llevaban con el bergantin.
203001 CAPITULO IV
203002 De como Francisco de Orellana se alzo y fue con el bergantin, y de
los trabajos que sucedieron a causa desto
203004 Gonzalo Pizarro cuando tuvo hecho el bergantin penso que
todo su trabajo era acabado y que con el descubriria toda la ticrra; y asi, continuo su
camino, llevando el ejercito por tierra, por
las grandes cienagas y atolladares que habian por la orilla del rio
y espesuras de montes y canaverales, haciendo el camino a fuerza de brazos con
espadas y machetes y hachas, y cuando no podian
caminar por la una parte del rio se pasaban a la otra en el bergantin; y siempre
caminaban con tal orden, que los de tierra y los
del rio todos dormian juntos. Y cuando Gonza lo Pizarro vio que mas
de doscientas leguas habian caminado el rio abajo, y que no hallaban
que comer sino frutas silvestres y algunas raices, mando a un
capitan suyo, llamado Francisco de Orellana, que con cincuenta
hombres se adelantase por el rio a buscar comida, con orden que
si la hallaba, cargase della el bergantin, dejando la ropa que llevaba a las juntas de dos
grandes rios que tenia noticia que estaban
ochenta leguas de alli, y que le dejase dos canoas en unos rios
que atravesaban, para que en ellas pasase la gente. Pues partido
Orellana, era tan grande la corriente, que en breve tiempo llego a
las juntas de los rios, sin hallar ningun mantenimiento; y considerando que lo que en
tres dias habia andado no lo podia subir en
un ano, segun la furia del agua, acordo de se dejar ir el rio abajo, donde la ventura le
guiase, aunque se tuviera por medio mas
conveniente esperar alli. Y asi, se fue sin dejar las dos canoas,
casi amotinado y alzado; porque muchos de los que con el iban le
requirieron que no excediese de la orden de su general, especialmente fray Gaspar de
Carvajal, de la orden de los predicadores,
que porque insistia mas que los otros en ello, le trato muy mal de
obra y palabra. Y asi siguio su camino, haciendo algunas entradas
en la tierra y peleando con los indios que se le defendian, porque
salian a el muchas veces en el rio gran numero de canoas, y por ir
tan apretados en el bergantin no podian pelear con ellos como
convenia. Y en cierta tierra donde hallo aparejo se detuvo, haciendo otro bergantin,
porque los indios le salieron de paz y le
proveyeron de comida y de todo lo mas necesario. Y en una provincia mas adelante
peleo con los indios y los vencio; y alli tuvo
dellos noticias que algunas jornadas la tierra adentro habia una
tierra que no vivian sino mujeres, y ellas se defendian de los comarcanos y peleaban; y
con esta noticia, sin hallar en toda la tiorra oro ni plata, ni rastro della, camino por la
corriente del rio
hasta salir por el a la mar del Norte, trescientas y veinte y cinco
leguas de la isla de Cubagua; y este rio se llama el Maranon, porque el primero que
descubrio la navegacion del fue un capitan llamado Maranon. Nasce en el Peru, en las
faldas de las montanas
de Quito; corre por camino derecho (contand ole por la altura del
sol) setecientas leguas, y con las vueltas y rodeos que el rio hace,
vendolas siguiendo, hay dende su nacimiento hasta que entra en
la mar mas de mil ochocientas leguas, y en la entrada tiene de ancho quince leguas, y
por todo el camino a veces se ensancha tres y
cuatro leguas. Y asi llego Orellana a Castilla, donde dio notocia a
su majestad deste descubrimiento, echando fama que se habia hecho a su costa e
industria, y que habia en el una tierra muy rica
donde vivian aquellas mujeres, que comunmente llamaron en todos
estos reinos la conquista de las Amazonas; y pidio a su majestad
la gobernacion y conquista della, la cual le fue dada; y habiendo
hecho mas de quinientos hombres de caballeros y gente muy principal y lucida, se
embarco con ellos en Sevilla; y habiendo malas
navegaciones y falta de comidas, desde las Canarias se le comenzo a desbaratar la
gente, y poco adelante se deshizo de todo punto, y el murio en el camino; y asi se
derramo la gente por las islas,
yendose a diversas partes, sin que llegasen al rio, de lo cual le
quedo gran queja a Gonzalo Pizarro, asi porque con irse le puso
en tan gran aprieto, por falta de comida y por no tener en que
pasar los rios, como porque llevo en el bergantin mucho oro y plata y esmeraldas, con
lo cual tuvo que gastar todo el tiempo que
anduvo demandando y aparejando esta conquista.
204033 CAPITULO V
204034 De como Gonzalo Pizarro volvio a Quito, y de los trabajos que
paso en la vuelta
204036 Llegando Gonzalo Pizarro con su gente adonde habia mandado a Orellana que
le dejase las canoas para pasar ciertos rios que
entraban en aquel rio grande, y no las hallando, tuvo gran trabajo
en pasar las gentes de la otra parte; y le fue forzado hacer nuevas
balsas y canos para ello, en que paso muy gran trabajo. Y despues,
llegando a la junta de los dos rios, donde Orellana le habia de esperar, y no le hallando,
tuvo nueva de un espanol (que Orellana
habia echado en tierra porque le contradecia el viaje) de todo lo
que pasaba, y como Orellana, teniendo intencion de hacer el descubrimiento en su
propio nombre, y no como teniente de Gonzalo
Pizarro, se desistio del cargo que llevaba, y hizo que de nuevo la
gente lo hiciese capitan. Y viendose Gonzalo Pizarro desamparado de toda forma de
navegacion, que era la via por donde se proveian de mantenimientos, y no hallando sino
muy poco por rescate de cascabeles y espejos, fue tanta la desconfianza en que cayeron,
que determinaron volverse a Quito, de donde estaban alejados mas de cuatrocientas
leguas de tan mal camino y montanas y
despoblados, que no pensaban llegar alla, sino morir de hambre
en aquellos montes, donde perecieron mas de cuarenta dellos, sin
que hubiese forma de ser socorridos, sino que, pidiendo de comer,
se arrimaban a los arboles, y se cain muertos de la mucha flaqueza y desmayo que la
hambre les causaba; y asi, encomendandose
a Dios, se volvieron, dejando el camino por donde habian venido,
porque en aquel habia a la continua muy malos pasos y falta de
comida y asi, a la ventura buscaron otro que no estaba mejor
proveido que el de la venida, y se pudieron sustentar con matar
y comer los caballos que les quedaban, y algunos lebreles y otros generos de perros que
llevaban; y tambien se ayudaron de unos bejucos, que son como sarmientos de parra, y
tienen sabor de ajos.
Y llego a valer un gato salvaje o una gallina cincuenta pesos, y un
alcatraz de aquellas gallinazas de la mar que arriba hemos contado, diez pesos. Asi
continuo Gonzalo Pizarro su camino la via de
Quito, donde mucho tiempo antes aviso de su tornada, y los vecinos de Quito habian
proveido de mucha copia de puercos y ovejas, con que salieron al camino, y algunos
pocos caballos y ropas
para Gonzalo Pizarro y sus capitanes, el cual socorro los alcanzo
mas de cincuenta leguas de Quito, y fue recibido dellos con gran
alegria, especialmente la comida. Gonzalo Pizarro y todos los de
su compania venian desnudos en cueros, porque mucho tiempo habia que, con las
continuas aguas, se les habian podrido todas las
ropas; solamente traian dos pellejos de venados, uno delante y
otro atras, y algunos muslos viejos, y calzadas unas antiparas del
mismo venado y unos capeletes de lo mismo; y las espadas venian
todas sin vainas y tomadas de orin; y todos a pie, llenos los brazos y piernas de los
rasgunos de las zarzas y arboledas; y tan desemejados y sin color, que apenas se
conocian. Y segun ellos mesmos dijeron, uno de los mantenimientos cuya falta mas
tuvieron
fue la sal, que en mas de doscientas leguas no hallaron rastro della y asi, rescibieron el
socorro y comida en la tierra de Quito, besaron la tierra, dando gracias a Dios, que los
habia escapado de
tan grandes peligros y trabajos; y entraban con tanto deseo en los
mantenimientos, que fue necesario ponerles tasa, hasta que poco
a poco fuesen habituando los estomagos a tener que digerir. Y Gonzalo Pizarro y sus
capitanes, viendo que en los caballos y ropas
que les habian traido no habia mas de para los capitanes, no quisieron mudar traje ni
subir a caballo, por guardar en todo igualdad, como buenos saldados; y en la forma que
hemos dicho entraron en al ciudad de Quito una manana, yendo derechos a la iglesia
a oir misa y dar gracias a Dios, que de tantos males los habia escapado; y despues cada
uno se aderezo segun su posibilidad. Esta
tierra donde nasce la canela esta debajo de la linea Equinocial, en
el mismo paraje donde estan las islas de Maluco, que crian la canela que comunmente
se come en Espana y en las otras partes
orientales.
206023 CAPITULO VI
206024 De como los de Chili trataron la muerte del Marques
206025 Cuando Hernando Pizarro tuvo preso en el Cuzco y justicio al
adelantado don Diego de Almagro, envio a la ciudad de los Reyes
un hijo que habia habido en una india, que tambien se llamaba
don Diego de Almagro, mancebo virtuoso y de grande animo y bien
ensenado; y especialmente se habia ejercitado mucho en cabalgar
a caballo, de ambas sillas, lo cual hacia con mucha gracia y destreza; y tambien en
escrebir y leer, lo cual hacia mas liberalmente y
mejor de lo que requeria su profesion. Deste tenia cargo, como ayo,
Juan de Herrada (de quien arriba hemos tratado), y a este le habia dejado encomendado
su padre. Y estando con el en la ciudad
de los Reyes, se juntaban en su casa, daban de comer a algunos
de su parcialidad que andaban por la tierra desamparados, porque nadie los queria
acoger, como a vencidos. Pues viendo esto
Juan de Herrada, que Hernando Pizarro era venido a Espana y
Gonzalo Pizarro era ido al descubrimiento de la Canela; y habiendo sido puesto en
libertad por el Marques (porque hasta entonces siempre habia estado en su nombre
preso), comenzaron a juntar armas y aderezarse para poner en ejecucion la venganza de
la
muerte de su padre y tanta destruicion de su gente, cuya memoria
conservaban en sus corazones con gran sentimiento y dolor; de manera que, aunque el
Marques muchas veces procuro de hacerlos
amigos, nunca lo pudo acabar de forma que quedara satisfecho;
lo cual le dio causa de quitarle ciertos indios que tenia, porque
no tuviese con que sutentar la gente que se le ayuntaba. Pero todo no aprovecho,
porque estaban entre si tan aliados, que lo que
poseian era comun, y cuanto jugaban o barataban todo lo traian
a poder de Juan de Herrada para que dello hubiese despensa comun; y cada dia se iba
juntando mas gente y armas; y aunque
dello muchas personas avisaron al Marques; era tan confiado y de
buena condicion y conciencia, que respondia que dejasen aquellos
cuidados, que harta mala ventura tenian viendose pobres y vencidos y corridos. Y asi,
confiado don Diego y su gente en la buene condicion y paciencia del Marques, le iban
perdiendo la verg-|ruenza; tanto, que algunas veces los mas principales pasaban por
delante del sin quitarse las gorras ni hacerle otro acatamiento ninguno; y una noche
amanescieron atadas en la picota tres sogas tendidas, la una hacia casa del Marques, y la
otra a la de su teniente,
y la otra a la de su secretario; todo lo cual el Marques disimulaba,
excusandolos con que estaban vencidos y que de corridos hacian
todas aquellas cosas. Y usando ellos desta disimulacion, se juntaban ya tan sin recelo,
que de doscientas leguas venian algunos desta parcialidad que andaban desterrados; y
acordaron entre si de
matar al Marques y alzarse con la tierra, como lo hicieron, aunque querian aguardar
primero lo que se proveia en Espana, porque era venido a acusar sobre lo pasado a
Hernando Pizarro el
Capitan Diego de Albarado, a cuya instancia Hernando Pizarro estaba preso y se seguia
el negocio contra el. Y como supieron que
su majestad habia proveido al licenciado Vaca de Castro que fuese a haber informacion
sobre todas las alteraciones pasadas, sin
proveer en el negocio con el rigor y aspereza que ellos quisieran,
tuvieron intento de hacer lo que despues hicieron algunos dellos,
aunque todavia querian esperar a saber la intencion de Vaca de
Castro; el cual designio no fue general entre todos los desta parcialidad, en que hubo
muchos caballeros que, aunque sintieron la
muerte del Adelantado, no procuraban vengarla mas de cuanto
fuese por terminos juridicos, y sin exceder la voluntad y servicio
de su majestad. Y asi, se juntaron en la ciudad de los Reyes los
mas principales dellos, que fueron Juan de Sayavedra, don Alonso de Montemayor, el
contador Juan de Guzman, el tesorero Manuel de Espinar, el factor Diego Nunez de
Mercado, don Cristobal
Ponce de Leon, Juan de Herrada. Pero Lopez de Ayala, y otros algunos; entre los cuales
eligieron a don Alonso de Montemayor para que fuese en nombre de todos a dar la
buena venida a Vaca de
Castro, por ser don Alonso caballero principal y de muy buen
entendimiento. Rescebida por el la creencia y otros despachos, se
partio en busca de Vaca de Castro en principio del mes de abril del
ano de 41, y anduvo hasta toparle, y despues de haberle dado embajada, sucedio la
muerte del Marques, como adelante se dira; por
lo cual don Alonso y los que no habian sido en ella se quedaron
con Vaca de Castro, siguiendole y acompanandole hasta que vencio a don Diego de
Almagro el mozo, en la batalla que le dio en el
valle de Chupas, donde se hallo en acompanamiento del estandarte
real el mismo don Alonso y otros que fueron aficionados al Adelantado, posponiendo la
aficion que tenian a sus cosas, por seguir la
voz de su majestad, en cuyo nombre Vaca de Castro trataba el negocio.
208026 CAPITULO VII
208027 De como fue avisado el Marques del concierto que estaba hecho
para matarle.
208029 Era tan publico en la ciudad de los Reyes el concierto que estaba hecho para
matar al Marques, que muchos le avisaron dello.
A los cuales el respondia que las cabezas de los otros guardarian
la suya; y decia a los que le aconsejaban que trajese gente de guarda, que no queria que
paresciese que se guardaba del juez que su
majestad enviaba. Y un dia Juan de Herrada se quejo al Marques,
diciendo que era fama que los queria matar. El Marques le juro
que nunca tal intencion habia tenido. Juan de Herrada le dijo que
no era mucho que lo creyesen, viendole comprar muchas lanzas
y otras armas. Lo cual oido por el Marques, los aseguro con amorosas palabras,
diciendo que no habia comprado las lanzas para
contra dellos. Y luego el mismo cogio unas naranjas, y se las dio
a Juan de Herrada, que entonces por ser las primeras se tenian
en mucho, y le dijo al oido que viese de lo que tenia necesidad,
que el le proveeria. Y Juan de Herrada le beso por ello las manos; y dejando tan seguro
y confiado al Marques, se despidio del y
se fue a su posada, donde con los mas principales de los suyos
concerto que el domingo siguiente le matasen, pues no lo habian
hecho el dia de San Juan, como lo tenian concertado. Y el sabado
antes el uno dellos lo descubrio en confesion al cura de la iglesia
mayor, y el lo fue a decir aquella noche a Antonio Picado, secretario del Marques, y le
rogo que le pusiese con el. Y el secretario
le llevo en casa de Francisco Martin, hermano del Marques, donde
estaba cenando con sus hijos; y levantandose de la mesa, le dijo
el cura todo lo que pasaba, y el Marques se altero algo dello a la
sazon; pero dende a poco dijo al secretario que no creia tal cosa,
porque pocos dias antes le habia venido hablar con muy grande
humildad Juan de Herrada, y que aquel hombre que habia dado
el aviso al cura le debia querer pedir algo, y que por echarle cargo habia inventado
aquello. Y con todo, envio a llamar al doctor
Juan Velazquez, su teniente, y porque a causa de estar mal dispuesto no pudo venir, el
Marques fue aquella noche a su casa,
acompanandole solo su secretario con otros dos o tres, y una hacha delante. Y como
hallo al teniente en la cama, le dio cuenta de
todo lo que pasaba; y el le aseguro, diciendo que no tuviese su senoria temor, que en
tanto que el tuviese aquella vara en la mano
no se osaria revolver nadie en toda la tierra; en lo cual no parece
haber quebrantado su palabra, porque despues huyendo (como
adelante se dira) al tiempo que quisieron matar al Marques, se
echo de una ventana abajo a la huerta, llevando la vara en la boca.
209034 CAPITULO VIII
209035 De la muerte del Marques don Francisco Pizarro
209036 Con todos estos seguros el Marques andaba tan turbado, que
el domingo siguiente no quiso ir a oir misa a la iglesia, y hizo decir
misa en casa, hasta proveer lo que convenia a su seguridad. Y
cuando el doctor Juan Velazquez y el capitan Francisco de Chaves
(que era a la sazon el principal de la tierra, despues del Marques)
salieron de misa, se fueron con otros muchos a la casa del Marques, y despues de
haberlo visitado los mas vecinos, se fueron a
sus casas, y el doctor y Francisco de Chaves se quedaron a comer
con el Marques; y acabado de comer, que seria entre las doce y la
una del mediodia, entendiendo que toda la gente de la ciudad estaba sosegada y los
criados del Marques eran idos a comer, Juan de
Herrada, y otros once o doce con el, acometieron desde su casa, que
seria mas de trescientos pasos de la del Marques, porque en medio
hay todo el largo de la plaza y buena parte de la calle, y desde que
salieron desenvainaron las espadas y fueron diciendo a voces:
“Muera el tirano traidor, que ha hecho matar al juez que ha enviado el Rey”. La causa
que dieron para no ir encubiertos, sino
haciendo tan gran ruido, fue para que todos los de la ciudad creyesen que habia gran
gente de su parte, pues se atrevian a acometer aquel hecho tan publicamente, pues por
presto que viniesen a
socorrer, no podian llegar a tiempo que, o no hubiesen salido con
su empresa, o fuesen muertos. Y asi llegaron a la casa del Marques, y dejaron uno
dellos a la puerta con la espada desnuda (que
habia ensangrentado en un carnero que estaba en el patio), dando voces: “Muerto es el
tirano, muerto es el tirano”. Lo cual fue
causa de que, oyendolo algunos vecinos que querian acudir, se tornasen a sus casas,
creyendo ser verdad lo que aquel hombre decia. Y asi, Juan de Herrada arremetio por
una escalera arriba con
su gente; y el Marques habia sido avisado de ciertos indios que
estaban a su puerta, que mando a Francisco de Chaves que mientras el entraba a
armarse cerrase la puerta de la sala y cuadra; el
cual se turbo en tal manera, que sin cerrar ninguna dellas, salio
por el escalera, preguntando que era aquel ruido. Y uno dellos le
dio una estocada; y el, viendose herido, puso mano a la espada,
diciendo: “|GComo! |CA los amigos tambien?” Y todos los demas le
dieron muchas heridas. Y dejandole muerto, corrieron hasta la cuadra del Marques, que
mas de doce espanoles que alli habia huyeron, saltando por unas ventanas a la huerta, y
entre ellos el doctor Juan Velasquez con la vara en la boca, como tenemos dicho,
para desembarazar las manos para descolgarse por la ventana. Y
el Marques, que estaba armandose dentro en su camara, con su
hermano Francisco Martin y otros dos caballeros, y dos pajes
grandes, llamado el uno Juan de Vargas, hijo de Gomez de Tordoya, y el otro
Escandon. viendo los enemigos tan cerca, sin acabarse de atar las correas de las
coracinas, con una espada y una adarga acudio a la puerta, donde el y su gente se
defendieron tan valientemente, que gran rato pelearon sin poderlos entrar, diciendo
a voces el Marques: “A ellos, hermano, mueran, que traidores
son”. Y tanto los de Chili pelearon, que mataron a Francisco Martin, y en su lugar se
puso uno de los pajes. Y como los de Chili
vieron que se les defendian tanto, que les podria venir socorro, y
tomandolos en medio, matarlos facilmente, determinaron aventurar el negocio con
meter delante si un hombre de los suyos, que
mas bien armado estaba, y por embarazarse el Marques en matar
aquel, hubo lugar de entrarle la puerta, y todos cargaron sobre el
con tanta furia, que de cansado no podia menear la espada. Y asi,
le acabaron de matar con una estocada que le dieron por la garganta, y cuando cayo en
el suelo pedia a voces confesion; y perdiendo los alientos, hizo una cruz en el suelo y la
beso, y asi dio
el anima a Dios; muriendo asimesmo alli los dos pajes del Marques, y de parte de los
de Chili murieron cuatro, y quedaron otros
heridos. Y en sabiendo la nueva en la ciudad, acudieron mas de
doscientos hombres en favor de don Diego; porque, aunque estaban apercibidos, no se
osaban mostrar hasta ver como sucedia el
hecho. Y luego discurrieron por la ciudad, prendiendo y quitando
las armas a todos los que acudian en favor del Marques. Y como
salieron los matadores con las espadas sangrientas, Juan de Herrada hizo subi r a
caballo a don Diego y ir por la ciudad, diciendo
que en el Peru no habia otro gobernador ni rey sobre el. Y despues de saquear la casa
del Marques y de su hermano y de Antonio Picado, hizo al cabildo de la ciudad que
rescibiese por gobernador a don Diego, so color de la capitulacion que con su majestad
se habia hecho al tiempo del descubrimiento, para que don
Diego tuviese la gobernacion de la Nueva-Toledo, y despues del, su
hijo o la persona que el nombrase; y mataron algunos vasallos que
sabian que eran criados y servidores del Marques. Y era grande
lastima oir los llantos que las mujeres de los muertos y robados
hacian. Al Marques llevaron unos negros a la iglesia casi arrastrando, y nadie lo osaba
enterrar, hasta que Juan de Barbaran, vecino de Trujillo (que habia sido criado del
Marques), y su mujer
sepultaron a el y a su hermano lo mejor que pudieron, habiendo
primero tomado licencia de don Diego para ello. Y fue tanta la
priesa que se dieron, que apenas tuvieron lugar para vestirle el
manto de la orden de Santiago, segun el estilo de los caballeros
de la orden, porque fueron avisados que los de Chile venian con
gran priesa para cortar la cabeza del Marques y ponerla en la picota. Y asi Juan
Barbaran le enterro, haciendo luego las honras y
obsequias, poniendo toda la cera y gastos de su casa. Y dejandolo
en la sepultura fueron a poner en cobro su hijos, que andaban escondidos y
descarriados, quedando los de Chili apoderados de la
ciudad. Donde se pueden ver las cosas del mundo y variedades de
la fortuna, que en tan breve tiempo un caballero que tan grandes
tierras y reinos habia descubierto y gobernado, y poseido tan grandes riquezas, y dado
tanta renta y haciendas, como se hallara haber repartido (respecto del tiempo) el mas
poderoso principe del
mundo, viniese a ser muerto sin confesion, ni dejar otra orden en
su anima ni en su descendencia, por mano de doce hombres en medio del dia, y estando
en una ciudad donde todos los vecinos eran
criados y deudos y soldados suyos, y que a todos les habia dado
de comer muy prosperamente, sin que nadie le viniese a socorrer;
antes le huyesen y desamparasen criados que tenia en su casa, y
que le enterrasen tan ignominiosamente como esta dicho, y que
de tanta riqueza y prosperidad como habia poseido, en un momento viniese a no haber
de toda su hacienda con que comprar la cera
de su enterramiento, y que todo esto le sucediese sobre estar avisado por todas las vias
que arriba hemos dicho y otras muchas,
de los tratos que sobre esto habia. Esta muerte sucedio a 26 dias
de junio de 1541 anos.
212028 CAPITULO IX
212029 De las costumbres y calidades del marques don Francisco Pizarro
y del Adelantado don Diego de Almagro.
212031 Pues toda la historia, y el descubrimiento del Peru, de que
trata, tiene origen de los dos capitanes de que hasta agora hemos
hablado, que son el marques don Francisco Pizarro y el Adelantado don Diego de
Almagro, es justo escrebir sus costumbres y calidades, comparandolos entre si, como
hace Plutarco cuando escribe los hechos de dos capitanes que tienen alguna semejanza.
Y porque de su linaje esta ya dicho arriba lo que se puede saber,
en lo demas ambos eran personas animosas y esforzados y grandes sufridos de trabajo,
y muy virtuosos y amigos de hacer placer
a todos, aunque fuese a su costa. Tuvieron gran semejanza en las
inclinaciones, especialmente en el estado de la vida, porque ninguno dellos se caso,
aunque cuando murieron el que menos tenia
era de edad de sesenta y cinco anos. Ambos fueron inclinados a
las cosas de la guerra, aunque el Adelantado todavia, faltando la
ocasion de las armas, se aplicaba muy de buena gana a las granjerias. Ambos
comenzaron la conquista del Peru de mucha edad,
en la cual trabajaron, como arriba esta dicho y declarado, aunque
el Marques sufrio grandes peligros, y muchos mas que el Adelantado, porque mientras
el uno anduvo en la mayor parte del descubrimiento, el otro se quedo en Panama
proveyendole de lo necesario, como esta contado. Ambos eran de grandes animos y que
siempre pretendieron y concibieron en ellos altos pensamientos,
lo cual hacian compadescer con ser muy humanos y amigables a
su gente. Igualmente fueron liberales en la obra, aunque en las
apariencias llevaba ventaja el Adelantado, porque era muy amigo
de que sonase y se publicase lo que daba; lo cual tenia al contrario el Marques, porque
antes se indignaba de que se supiesen sus
liberalidades, y procuraba de las encubrir, teniendo mas respeto
a proveer la necesidad de aquel a quien daba que a ganar honra
con la dadiva. Y asi, acontecio saber que a un soldado se le habia
muerto un caballo, y bajando el al juego de la pelota de su casa,
donde penso hallarle, llevaba en el seno un tejuelo de oro que pesaba quinientos pesos
para darselos de su mano; y no hallandole
alli, concertose entre tanto un partido de pelota, y jugo el Marques sin desnudarse el
sayo, porque no le viesen el tejuelo, ni oso
sacarle del seno por espacio de mas de tres horas hasta que vino
el soldado a quien le habia de dar, y secretamente le llamo a una
pieza apartada, y se lo dio, diciendole que mas quisiera haberle
dado tres tanto que sufrir el trabajo que habia padecido con su
tardanza; y otros muchos ejemplos que se podrian traer desta calidad; y por esta causa,
por maravilla el Marques daba nada que
no fuese por su propia mano, casi procurando que no se supiese.
Y por esta razon fue siempre tenido por mas largo el Adelantado,
porque con dar mucho tenia formas como paresciese mas. Pero en
cuanto a esta virtud de magnificencia pueden justamente ser igualados; pues (como
decia el mismo Marques) por razon de la compania que tenian de toda la hacienda, no
daba ninguno nada en
que el otro no tuviese la mitad; y asi, tanto hacia el que lo permitia dar, sabiendolo,
como el que lo daba; baste para comprobacion desto que, con ser ambos en sus vidas de
los mas ricos
hombres, asi de dinero como de rentas, y que mas pudieron dar
y retener que ningun principe sin corona que en muchos tiempos
se haya visto, murieron tan pobres, que no solamente no hay memoria de estados ni
haciendas que hayan dejado, pero que apenas
se hallase en sus bienes con que enterrarlos, como escriben de
Caton y de Sila y de otros capitanes romanos, que fueron enterrados del publico.
Ambos fueron muy aficionados a hacer por sus
criados y gente, y enriquecerlos y acrecentarlos y librarlos de peligro; pero era tanto el
exceso que en esto tenia el Marques, que
acontescio, pasando un rio que llaman de la Barranca, la gran corriente llevarle un indio
de su servicio de los que llaman yanaconas, y echarse el Marques a nado tras el, y
sacarle asido de los cabellos, y ponerse a peligro, por la gran furia del agua, en que
ninguno de todo su ejercito, por mancebo y valiente que fuera, se osara poner. Y
reprendiendole su demasiada osadia algunos capitanes, les respondio que no sabian
ellos que cosa era querer bien un
criado. Aunque el Marques goberno mas tiempo y mas pacificamente, don Diego fue
mucho mas ambicioso y deseoso de tener
mando y gobernacion; y el uno y el otro conservaron la antig-|ruedad, y fueron tan
aficionados a ella, que casi nunca mudaron traje del que en su mocedad usaban,
especialmente el Marques, que
nunca se vistio de ordinario sino un sayo de pano negro con los
faldamentos hasta el tobillo y el talle a los medios pechos, y unos
zapatos de venado, blancos, y un sombrero blanco, y su espada y
punal al antigua. Y cuando algunas fiestas, por importunacion de
sus criados, se ponia una ropa de martas que le envio el marques
del Valle, de la Nueva-Espana, en viniendo de misa la arrojaba de
si, quedandose en cuerpo, y trayendo de ordinario unas tobajas al
cuello, porque lo mas del dia, en tiempo de paz, empleaba en jugar a la bola o a la
pelota, y para limpiarse el sudor de la cara.
Entrambos capitanes fueron pacientisimos de trabajos y de hambre. y particularmente
lo mostraba el Marques en los ejercicios
destos juegos que hemos dicho, que habia pocos mancebos que pudiesen durar con el.
Era mucho mas inclinado a todo genero de
juego que el Adelantado; tanto, que algunas veces se estaba jugando a la bola todo el
dia, sin tener cuenta con quien jugaba, aunque fuese un marinero o un molinero, ni
permitir que le diesen la
bola ni hiciesen otras ceremonias que a su dignidad se debian.
Muy pocos negocios le hacian dejar el juego, especialmente cuando perdia, si no eran
nuevos alzamientos de indios, que en esto
era tan presto, que a la hora se echaba las corazas, y con su lanza
y adarga salia corriendo por la ciudad y se iba hacia donde habia
la alteracion, sin esperar su gente, que despues le alcanzaban, corriendo a toda furia.
Eran tan animosos y diestros en la guerra de
los indios estos capitanes, que cualquiera dellos solo no dubaba
romper por cien indios de guerra. Tuvieron harto buen entendimiento y juicio en todas
las cosas que se habian de proveer, asi
de guerra como de gobernacion, especialmente siendo personas, no
solamente no leidas, pero que de todo punto no sabian leer ni aun
firmar, que en ellos fue cosa de gran defecto; porque, demas de
la falta que les hacia para tratar negocios de tanta calidad, en ninguna cosa de todas sus
virtudes e inclinaciones dejaban de parescer personas nobles sino en solo esto, que los
sabios antiguos tuvieron por argumento de bajeza de linaje. Fue el Marques tan
confiado de sus criados y amigos, que todos los despachos que hacia, asi de
gobernacion como de repartimientos de indios, libraba
haciendo el dos senales, en medio de las cuales Antonio Picado, su
secretario, firmaba el nombre de Francisco Pizarro. Puedense excusar con lo que
excusa Ovidio a Romulo de ser mal astrologo,
de que mas sabia las cosas de las armas que de las letras. Y tenia
mucho cuidado de vencer los comarcanos. Ambos a dos eran tan
afables y tan comunes a su gente y ciudad, que se andaban de casa
en casa solos, visitando los vecinos, y comiendo con el primero
que los convidaba. Fueron igualmente abstinentes y templados, asi
en comer y beber como en refrenar la sensualidad, especialmente
con mujeres de Castilla, porque les parecia que no podian tratar
desto sin perjudicar a su vecinos, cuyas hijas o mujeres eran. Y
aun en cuanto a las mujeres indias del Peru, fue mucho mas templado el Adelantado,
porque no se le conocio hijo ni conversacion
con ellas; como quiera que el Marques tuvo amistad con una senora india, hermana de
Atabaliba, de la cual dejo un hijo llamado
don Gonzalo, que murio de edad de catorce anos, y una hija llamada dona Francisca. Y
en otra india del Cuzco tuvo un hijo llamado don Francisco; y el Adelantado, aquel hijo
de quien dijimos
que mato al Marques, le habia habido en una india de Panama.
Rescibieron entrambos mercedes de su majestad, porque a don
Francisco Pizarro (como esta dicho) le dio titulo de marques y de
gobernador de la Nueva Castilla, y le dio el habito de Santiago. Y
a don Diego de Almagro le dio la gobernacion de la Nueva-Toledo
y le hizo adelantado. Particularmente el Marques fue muy aficionado y temeroso del
nombre de sus majestades; tanto, que se abstenia de hacer muchas cosas en que tenia
poder, diciendo que no
queria que dijese su majestad que se extendia en la tierra. Y muchas veces, hallandose
en las fundiciones, se levantaba de su silla
a alzar los granitos de oro y plata que se caian de lo que faltaba
del cincel con que cortaban los quintos reales, diciendo que con
la boca, cuando no hubiese otra cosa, se habia de allegar la hacienda real. Vinieron a
ser semejantes hasta en las muertes y en el genero dellas, pues al Adelantado mato el
hermano del Marques, y
al Marques mato el hijo del Adelantado. Tambien fue el Marques
muy aficionado de acrescentar aquella tierra, labrandola y cultiv andola. Hizo unas muy
buenas casas en la ciudad de los Reyes;
y en el rio della dejo dos paradas de molinos, en cuyo edificio empleaba todos los ratos
que tenia desocupados, dando industria a
los maestros que los hacian. Puso gran diligencia en hacer la iglesia mayor de la ciudad
de los Reyes y los monesterios de Santo
Domingo y de la Merced, dandoles indios para su sustentacion y
para reparo de los edificios.
216026 CAPITULO X
216027 De como don Diego de Almagro hizo gente de guerra y mato algunos
caballeros, y como Alonso de Albarado alzo bandera por
su majestad
216030 Despues de haberse apoderado don Diego de la ciudad y quitado las varas a los
alcaldes, y puestolas de su mano, prendio al
doctor Velasquez, teniente del Marques, y a Antonio Picado, su secretario; y nombro
por capitanes a Juan Tello, vecino de Sevilla,
y a un Francisco de Chaves y a Sotelo; y a la fama desta gente vinieron cuantos
vagabundos y gente perdida andaba por la tierra, por tener facultad de robar y vivir a su
placer. Y para hacer
paga tomo los quintos reales y las haciendas de los defuntos y los
depositos de los que estaban ausentes; pero despues comenzaron
a nacer entre ellos disensiones, porque algunos de los principales,
movidos con envidia, quisieron matar a Juan de Herrada, viendo
que, aunque don Diego tenia el nombre de gobernador y capitan
general, el era el que lo hacia y gobernaba todo. Por lo cual sabido el motin, mataron
algunos dellos, especialmente a Francisco
de Chaves, y tambien cortaron la cabeza a Antonio de Orihuela,
vecino de Salamanca, porque viniendo de Castilla habia dicho que
eran tiranos. Luego despacho don Diego mensajeros para todas
las ciudades de la gobernacion para que le rescibiesen por gobernador en los cabildos; y
aunque en las mas fue rescebido por el
miedo que del se tenia, en los Chachapoyas, donde era teniente
Alonso de Albarado, en llegando los mensajeros los prendio, y se
alzo e hizo fuerte en la tierra, confiando en la fortaleza della y en
cien hombres que tenia, y levanto bandera por su majestad, sin
que fuesen parte para hacerle torcer las promesas ni amenazas
que don Diego le envio a hacer por sus cartas, a las cuales respondia que no le recibiria
por gobernador hasta que viese para ello
expreso mandado de su majestad; antes esperaba, con la ayuda de
Dios y de aquellos caballeros que en su compania estaban, de vengar la muerte del
Marques y castigar el desacato que a su majestad se habia hecho en todo lo pasado. Por
lo cual luego don Diego
despacho al capitan Garcia de Albarado con mucha gente de pie
y de caballo, que fuese sobre el, y de camino llegase a la ciudad
de San Miguel y tomase las armas y caballos de todos los vecinos
del pueblo, y de vuelta hiciese lo mesmo en la ciudad de Trujillo,
y con todo el ejercito fuese sobre Alonso de Albarado. Y asi, partio Garcia de
Albarado, yendo por mar hasta el puerto de Santa,
que es quince leguas de Trujillo, donde topo al capitan Alonso Cabrera, que venia
huyendo con toda la gente del pueblo de Guanuco a juntarse con los de la ciudad de
Trujillo contra don Diego, y
le prendio a el y algunos de los suyos. Y en llegando a la ciudad
de San Miguel, le corto la cabeza a el y a Vozmediano, y a Villegas,
que con el venia.
218001 CAPITULO XI
218002 De como el Cuzco se alzo por su majestad, y hicieron capitan a Pedro Alvarez
Holguin, y de lo que el hizo
218004 Cuando los mensajeros y provisiones de don Diego llegaron
a la ciudad del Cuzco eran alcaldes della Diego de Silva, hijo de
Feliciano de Silva, natural de Ciudad-Rodrigo, y Francisco de Carvajal, que despues
fue maestre de campo de Gonzalo Pizarro. Y
ellos y los del cabildo determinaron no le rescibir, aunque tampoco se atrevieron a
denegarselo claramente hasta ver si tenia
gente o aparejo para poder llevar adelante la defensa; y asi, dieron
por expediente en el negocio que don Diego enviase mas bastante
poder del que habia enviado, y luego lo rescibirian. Y porque Gomez de Tordoya era
hombre tan principal en el cabildo, y no se
habia hallado alli porque era ido a caza, le enviaron a hacer saber
todo lo que pasaba. Y topando los mensajeros cerca de la ciudad,
en sabiendo el suceso, torcio la cabeza a un nebli muy preciado
que traia en la mano, diciendo que de alli adelante era mas tiempo de pelear que no de
cazar, y entro de noche en la ciudad, y secretamente trato con los del cabildo lo que se
habia de hacer, y
aquella misma noche se salio y fue donde estaba el capitan Castro, y hicieron sobre
ellos mensajeros a Pedro Anzures, que era tenien te de los Charcas, el cual luego alzo
bandera por su majestad.
Y asimesmo se partio luego Gomez de Tordoya en seguimiento del
capitan Pedro Alvarez Holguin, que con mas de cien hombres era
ido a una entrada contra indios, y alcanzandole, le conto todo lo
acaescido, y le suplico se quisiese encargar de tan justa y honrosa
empresa, tomando cargo de aquel ejercito, y para atraerle mas, se
ofrecio de ser su soldado y el primero que le obedesciese. Y asi,
Pedro Alvarez lo acepto y alzo bandera por su majestad. Y desde
alli convocaron la gente de la ciudad de Arequipa, y todos juntos
acudieron al Cuzco, donde ya mucha gente estaba por don Diego;
y sabida la venida destos capitanes, se huyeron mas de cincuenta
hombres para don Diego, tras los cuales salieron el capitan Castro
y Hernando Bachicao con algunos arcabuceros, y dandoles asalto
una noche, los prendieron y tornaron al Cuzco, y el cabildo del
Cuzco, en conformidad de todos los capitanes extranjeros, rescibieron y nombraron y
juraron a Pedro Alvarez Holguin por capitan y justicia mayor del Peru, hasta que su
majestad otra cosa
mandase. Y luego pregono guerra contra don Diego, y los vecinos
del Cuzco se obligaron a pagar todo lo que Pedro Alvarez gastase
de la hacienda real con los soldados si su majestad no lo hubiese
por bien gastado; y para ayuda desta guerra, todos los vecinos que
alli se hallaron del Cuzco, Charcas y Arequipa ofrecian sus personas y haciendas, y en
breve tiempo se juntaron mas de trescientos y cincuenta hombres, los ciento y cincuenta
de caballo, y cien
arcabuceros y cien piqueros. Y porque Pedro Alvarez tuvo noticia
que don Diego tenia mas de ochocientos hombres de guerra, no
le oso esperar en el Cuzco, antes se fue por la sierra para juntarse
con Alonso de Albarado, que ya sabia que estaba por su majestad,
y tambien para que en el camino se le juntasen los amigos y servidores del Marques
que por los montes estaban escondidos. Y camino siempre llevando su gente en orden
con proposito de dar
la batalla a don Diego si le salia al camino. Y cuando salio del Cuzco dejo para guarda
y defensa de la ciudad la gente que bastaba,
y nombro por maestre de campo a Gomez de Tordoya, y por capitanes de gente de a
caballo a Garcilaso de la Vega y a Pedro de
Anzures, y dio cargo de la infanteria al capitan Castro, y hizo alferez de estandarte real
a Martin de Robles.
219023 CAPITULO XII
219024 De como don Diego fue en busca de Pedro Alvarez, y por no le alcanzar paso
al Cuzco
219026 Sabido por don Diego lo que en el Cuzco habia pasado, y como Pedro Alvarez
habia salido de la ciudad con la gente de guerra que tenia, luego entendio que debia ir
por la sierra a juntarse
con Alonso de Albarado, pues no tenia cantidad de gente para que
se creyese que venia contra el; y asi, determino salirle al camino
y defenderle el paso, aunque no lo pudo hacer con la priesa que el
quisiera. por esperar a Garcia de Albarado, a quien por la posta
habia enviado a llamar, y el se vino a juntar con el, sin detenerse
en ir sobre Alonso de Albarado, que entonces era el intento de
aquella jornada; y al tiempo que paso por Trujillo quiso bajar a
dar sobre el Alonso de Albarado, si no se lo estorbara el pueblo
de Levanto, que es en los Chachapoyas. Pues llegado Garcia de Albarado a la ciudad de
los Reyes, luego don Diego se partio contra
Pedro Alvarez con trescientos de caballo y cien arcabuceros y cien
to y cincuenta piqueros, y antes que saliese echo de la tierra a los
hijos del Marques, y degollo a Antonio Picado despues de haberle
dado muy bravos tormentos sobre que declarase donde tenia el
Marques su tesoros. Y en saliendo de la ciudad, antes que llegase
dos leguas della, vinieron secretamente unas provisiones del licenciado Vaca de Castro,
que enviaba desde la tierra de Quito, dirigidas a fray Tomas de San Martin, provincial
de la orden de Santo Domingo, y a Francisco de Barrio-Nuevo, para que entendiesen
en la gobernacion de la tierra entre tanto que llegaba. Y secretamente en el monasterio
de Santo Domingo se junto el cabildo de
la ciudad y las obedescio, rescibiendo al licenciado Vaca de Castro
por gobernador, y a Hieronimo de Aliaga, escribano mayor de la
gobernacion, por su teniente, porque tambien venian para el las
provisiones; y acabado de hacer esto, los regidores se fueron huyendo a la ciudad de
Trujillo, y otros muchos vecinos con ellos;
lo cual no se pudo hacer tan secreto, que aquella noche no lo supiese don Diego, y
quiso revolver a saquear la ciudad, y no le dio
lugar a ello el miedo que tenia que se le pasase Pedro Alvarez, y
tambien porque su gente no se certificase de que habia nuevo gobernador en la tierra, y
por esto siempre fue caminando, aunque
como se entendio que el Gobernador estaba en la tierra en el real
de don Diego, se le huyeron muchos, especialmente el provincial
de santo Domingo y Diego de Ag-|ruero, y Juan de Sayavedra y Gomez de Albarado y
el factor Illan Suarez de Carvajal; y en este camino, a causa que adolecio Juan de
Herrada del mal de que murio, no pudo dejar de detenerse don Diego, de suerte que se
le paso Pedro Alvarez por el valle de Jauja, donde el tenia determinado
de aguardalle, aunque todavia le siguio; y estando muy cerca, unos
de otros, y entendiendo Pedro Alvarez que no tenia gente para defenderse de don
Diego, segun la gente que el traia, uso de una astucia con que le engano desta manera:
que enconmendo a veinte
de caballo que procurasen una noche de dar en la delantera del
real de manera que prendiesen los mas que pudiesen lo cual fue
hecho asi; y traidos tres hombres presos, ahorco los dos dellos, y
al otro le prometio de soltarle y darle mil pesos de oro porque fuese al real de don
Diego y tuviese apercebidos algunos amigos suyos, porque la noche siguiente el
acometeria al real por la parte
de la mano derecha; y para esto tomaron juramento al soldado y
pleitomenaje, fingiendo que hacian del muy gran confianza, para
que no lo descubriera; y asi, el mancebo, con codicia de los mil pesos, se partio luego
yendo muy seguro por ser el soldado de don
Diego. Y viendo don Diego que a los otros habian ahorcado, y que
aquel soltaban sin que hubiese causa conoscida para ello, sospecho lo que pasaba, y
sobre esta sospecha le hizo dar tormento; el
cual luego declaro todo lo que habia pasado, y creyendo que era
verdad se fue a poner con la mas de su gente en aquel traves por
donde la espia le dijo que Pedro Alvarez habia de acometer; y Pedro Alvarez estaba tan
lejos de lo hacer, que a la hora que despacho la espia, siendo de noche y escuro, levanto
el real, continuando su camino con la mayor priesa que pudo, dejando los enemigos
aguardando, hasta que cayeron en la burla que les habia hecho;
y todavia don Diego los siguio a la ligera, y entendiendolo Pedro
Alvarez, hizo una posta a Alonso de Albarado para que le viniese
a socorrer, el cual luego salio en favor de Pedro Alvarez con toda
su gente y con algunos de los de Trujillo, y anduvo por sus jornadas hasta juntarse con
el. Y como don Diego (que ya iba muy lejos) entendio que estaban juntos, dejo de
seguirlos, y con su gente se fue al Cuzco, y Pedro Alvarez y Alonso de Albarado
enviaron
un mensajero la via de Quito, haciendo saber a Vaca de Castro lo
que pasaba, aconsejandole que se diese gran priesa, porque ellos
le darian la tierra, segun el buen principio que llevaba su negocio. En Jauja murio Juan
de Herrada, y don Diego envio cierta parte
del ejercito por los llanos para que recogiese la gente que habia en
Arequipa; adonde fueron sus capitanes y robaron todo cuanto en
la ciudad pudieron haber, y aun cavaron todo el monasterio de
Santo Domingo, porque les dijeron que muchos vecinos tenian enterradas alli sus
haciendas.
221033 CAPITULO XIII
221034 De como llego Vaca de Castro a los reales de Pedro Alvarez y Alonso de
Albarado, y le rescibieron por gobernador, y de lo demas que alli hizo
221037 Ya esta dicho arriba la mala navegacion que tuvo Vaca de
Castro viniendo de Panama para el Peru, a causa de perder una
ancla con que el navio se amarraba; y como arribo al puerto de
Buenaventura, y de alli fue por tierra a la gobernacion de Benalcazar, y entro en el
Peru, en el cual camino trabajo y padescio mucho, asi por ser los caminos muy largos y
faltos de comida, como
porque el iba muy enfermo y no estaba habituado a semejantes
necesidades; y con todo esto, porque ya se sabia en Popayan la
muerte del Marques y muchas de las cosas sucedidas en el Peru,
no dejo de caminar a la continua, porque con su presencia se pusiese mano en el
remedio; y es a saber, que aunque el licenciado
Vaca de Castro iba principalmente a haber informacion sobre la
muerte de don Diego de Almagro, y las demas cosas acaescidas por
causa della, sin suspender de la gobernacion al Marques, allende
desto, llevaba una cedula secreta para que si entre tanto que el
fuese o presidiese alla sucediese la muerte del Marques, tomase
en si la gobernacion y la ejercitase hasta que su majestad proveyese otra cosa. Por
virtud de la cual cedula fue rescebido, despues
de ser llegado a los reales de Pedro Alvarez y Alonso de Albarado,
travendo consigo mucha gente que en el Peru habia bajado a rescebirle y acompanarle,
y especialmente traia consigo al capitan
Lorenzo de Aldana, que era gobernador en Quito por el Marques,
y envio delante al capitan Pedro de Puelles, para que comenzasen a aderezar lo
necesario a la guerra; y despacho a Gomez de
Rojas, natural de la villa de Cuellar, con sus poderes para que le
rescibiesen en el Cuzco, el cual se dio tan buena mana y diligencia, que antes que don
Diego llegase al Cuzco, ya el habia llegado
y las habia notificado y estaban rescibidas. Y cuando Vaca de
Castro paso por las espaldas de los Bracamoros, salio a el el capitan Pedro de Vergara,
que andaba conquistando aquella provincia (como esta dicho), y para venirse con Vaca
de Castro despoblo el lugar que tenia poblado, donde estaba hecho fuerte para no
rescebir a don Diego de Almagro. Llegado Vaca de Castro a la ciudad de Trujillo, hallo
alli a Gomez de Tordoya, que se habia venido del real por ciertas palabras que habia
pasado con Pedro Alvarez, y con el estaba Garcilaso de la Vega y otros caballeros; y
cuando Vaca de Castro salio de Trujillo para ir al real de Pedro
Alvarez llevaba ya consigo mas de doscientos hombres de guerra
bien aderezados; y llegado al real, Pedro Alvarez y Alonso de Albarado lo rescibieron
alegremente; y presentando la provision real,
le entregaron las banderas, y el las torno a los mesmos que las
tenian, excepto el estandarte real, que le guardo en si e hizo maestre de campo a Pedro
Alvarez Holguin y le envio con todo el campo a Jauja para que le aguardase alli entre
tanto que el bajaba a
la ciudad de los Reyes para recoger toda la gente y armas y municiones que pudiese
llevar della, y para dejar en orden aquella ciudad. Y mando al capitan Diego de Rojas
que con treinta de caballo fuese siempre veinte leguas delante de Pedro Alvarez,
corriendo la tierra; y envio a la ciudad de Trujillo por su teniente de gobernador al
capitan Diego de Mora, proveyendo con mucha destreza todas las otras cosas necesarias
para la empresa que tenia entre las manos, como si toda su vida se hubiera criado en la
guerra.
223012 CAPITULO XIV
223013 De como don Diego mato a Garcia de Albarado en el Cuzco, y como
saco su gente contra Vaca de Castro
223015 Ya hemos dicho como despues que don Diego no pudo alcanzar a Pedro
Alvarez, se fue al Cuzco, y cuando llego, ya Cristobal
de Sotelo, a quien habia enviado delante, tenia tomada la posesion
de la ciudad y puesto la justicia de su mano, quitando la que estaba por Vaca de Castro.
Y llegado don Diego, se comenzo a pertrechar de mucha artilleria y polvora, porque en
el Peru ha muy
buen aparejo para hacer artilleria a causa de la abundncia del
metal; y tambien habia ciertos maestros levantiscos que la sabian
muy bien fundir; y para hacer polvora hay gran facilidad, por razon del mucho salitre
que en las mas partes se halla. Y demas
desto, hizo armas para la gente de su real que no las tenia, de pasta
de plata y cobre mezclado, de que salen muy buenos coseletes;
habiendo recogido, demas desto, todas las armas de la tierra; de
manera que el que menos armas tenia entre su gente era cota y
coracinas o coselete y celadas de la mesma pasta, que los indios
hacen diestramente por muestras de las de Milan. Y asi pudo aderezar doscientos
arcabuceros, y ordeno algunos hombres de armas
por el buen aparejo que tenia, como quier que hasta entonces en
el Peru peleaban los de caballo a la jineta, y pocas o ninguna vez
habia caballos ligeros. Estando en estos terminos, sucedieron ciertas diferencias entre
los capitanes Garcia de Albarado y Cristobal
de Sotelo, en las cuales Sotelo fue muerto; de que hubiera de suceder muy gran dano en
el ejercito, porque ambos tenian muchos
amigos, y estaba todo el campo dividido; de manera que si don
Diego con amorosas palabras no los apaciguara, se mataran unos
a otros, caso que entendiendo Garcia de Albarado que don Diego
tenia mucha aficion a Sotelo y que habia de procurar de satisfacer
del, anduvo a recaudo de ahi adelante, no solamente para defensa de su persona, pero
para matar a don Diego, lo cual quiso
poner en obra convidandole un dia a comer, con determinacion de
matarle en la comida; y recelandose don Diego dello, fingio estar
mal dispuesto despues de haber aceptado el convite. Y como aquesto vio Garcia de
Albarado, que todo lo necesario tenia puesto a
punto, determino ir bien acompanado de sus amigos a importunar a don Diego que
fuese al convite, y en el camino le sucedio que,
diciendo el a un Martin Carrillo a lo que iba, le respondio que no
fuese, de su parescer, alla, porque entendia que lo habian de matar, y otro soldado le
dijo casi lo mismo; lo cual todo no basto para que dejase de ir. Y don Diego estaba
echado sobre una cama, y
dentro del aposento tenia ciertos caballeros armados secretamente. Y como Garcia de
Albarado entro con su gente en la camara le
dijo: “Levantese vuestra senoria, que no sera nada la mala disposicion, e irse a holgar
un rato, que aunque coma poco, haranos
cabeza. “Y don Diego dijo que le placia, y pidiendo su capa, se
levanto, porque estaba echado en cuerpo con su cota y espada y
daga; y comenzando a salir por la puerta de la camara toda la gente, cuando llego
Garcia de Albarado, que iba delante de don Diego,
Juan Balsa, que tenia la puerta, la cerro, que era de golpe, y se abrazo con Garcia de
Albarado, y dijo: “Sed preso”. Y don Diego
echo mano a su espada, y le hirio diciendo: “No ha de ser preso,
sino muerto”. Y luego salieron Alonso de Sayavedra y Diego Mendez, hermano de
Rodrigo Orgonos, y otros de los que estaban en
retaguardia, y le dieron tantas heridas, que le acabaron de matar;
y sabido por la ciudad, comenzo a haber algun alboroto; pero, como don Diego salio a
la plaza, apaciguo la gente, caso que se huyeron algunos amigos de Garcia de Albarado.
Y luego saco su gente del Cuzco para ir sobre Vaca de Castro, que ya habia sabido
como se junto con Pedro Alvarez y Alonso de Albarado, y venia la
via de Jauja en demanda suya; y en toda esta jornada sirvio a don
Diego, Paulo, hermano del Inga, a quien el Adelantado, su padre,
habia hecho Ynga, cuya ayuda era de muy gran importancia, porque iba delante del
ejercito, y con muy pocos indios que llevase,
todas las provincias de la tierra proveian de comida y indios para llevar las cargas, y
todo lo demas que era necesario.
225005 CAPITULO XV
225006 De como Vaca de Castro fue desde la ciudad de los Reyes a Jauja,
y de lo que hizo alli
225008 Llegado Vaca de Castro a la ciudad de los Reyes, hizo muchos
arcabuces con el buen aparejo de maestros que alli hallo, y se aderezo de todo lo
necesario, tomando prestados de vecinos y mercaderes mas de setenta mil pesos de oro
porque toda la hacienda
real habia tomado y gastado don Diego. Y dejando Vaca de Castro
en la ciudad de los Reyes por su teniente a Francisco de BarrioNuevo, y por capitan de
la mar a Juan Perez de Guevara, se partio con toda la mas gente que pudo para Jauja,
dejando orden en
la ciudad que si Don Diego bajase por otro camino a la ciudad
de los Reyes, como se decia, todos los vecinos con sus mujeres y
haciendas se acogiesen a los navios hasta que el viniese en seguimiento de don Diego.
Llegado a Jauja, Pedro Alvarez le estaba
aguardando con toda su gente y aderezo de armas y picas, y mucha polvora que alli se
habia hecho. Y Vaca de Castro repartio la
gente de caballo que traia en las companias de Pedro Alvarez y
Pedro Anzures y Garcilaso de la Vega, que eran capitanes de caballo; y la gente de pie,
parte della repartio en las companias de Pedro de Vergara y Nuno de Castro, que eran
capitanes de infanteria;
e hizo otras dos companias de nuevo, la una de caballo, que encomendo a Gomez de
Albarado, y otra de arcabuceros, que encomendo al bachiller Juan Velez de Guevara,
que, con ser letrado, era
muy buen soldado y hombre de tanta industria que el mismo habia
entendido en hacer aquellos arcabuces con que se hizo la gente de
su compania, sin que por esto dejase de entender en las cosas de
las letras; porque, asi en este tiempo como en las revueltas de
Gonzalo Pizarro, de que abajo se tratara, acontescio ser nombrado por alcalde, y hasta
mediodia anduvo en habito de letrado honestamente, y hacia sus audiencias y libraba los
negocios, y de mediodia abajo se vestia en habito de soldado, con calzas y
jubon de colores, recamado de oro y muy lucido, y con plumas y cuera, y su arcabuz al
hombro, ejercitandose el y su gente
en tirar. Desta manera ordeno Vaca de Castro su ejercito, en que
habia por todos setecientos hombres, los trescientos y senta
de caballo y ciento y setenta arcabuceros; e hizo sargento mayor
de todo el campo al capitan Francisco de Carvajal, aquel que
despues fue maestre de campo de Gonzalo Pizarro, por cuya orden
se regia el ejercito, porque tenia gran experiencia de la guerra en
mas de cuarenta anos que habia sido soldado y teniente de capitan en Italia. En este
tiempo llegaron a Vaca de Castro mensajeros de Gonzalo Pizarro, que habia salido a
Quito del descubrimiento de la Canela (como arriba esta contando), haciendole saber
como venia en su ayuda con la gente que habia sacado. Y Vaca de Castro le escribio
agradesciendoselo, y mandandole que se
estuviese quedo en Quito sin venir al ejercito, porque siempre
tuvo esperanza de hacer algun concierto con don Diego, y que el
verma de paz; lo cual le parecio que seria parte para estorbar la
presuncion de Gonzalo Pizarro, asi porque de su parte, con el deseo de la venganza, se
estorbarian los conciertos, como porque don
Diego no se osaria meter en su poder, sabiendo que Gonzalo Pizarro alli estaba, que
necesariamente habia de ser mucha parte en
su real por los amigos que tenia. Otros d icen que temio que si
Gonzalo Pizarro venia, le alcanzarian por general, por ser tan bienquisto a la sazon de
todos, y queria que paresciese que aquella
guerra se hacia mas por via de justicia que de venganza. Y demas desto, envio a
mandar a los que tenian cargo de los hijos del
Marques que se estuviesen como estaban en las ciudades de San
Miguel y Trujillo, sin venir a la ciudad de los Reyes hasta que otra
cosa mandase, colorando esta provision con que estaban mas seguros y pacificos alla
que no en Lima.
226032 CAPITULO XVI
226033 De como Vaca de Castro fue con su ejercito desde Jauja a
Guamanga, y lo que paso con don Diego
226035 Despues que Vaca de Castro tuvo ordenada su gente en Jauja,
camino la via de Guamanga, porque le vino nueva como don Diego venia a gran priesa
a meterse en la villa o a tomar un paso de
un rio, que en cobrar lo uno y lo otro habria gran dificultad si
primero se lo ocupaba el enemigo, porque la villa esta cercada de
unos hondos valles o quebradas que la fortifican mucho. Y el capitan don Diego de
Rojas, que con su gente iba delante a correr el
campo, se habia entrado en ella, y porque tambien supo desta venida de don Diego,
habia hecho una torre para se defender hasta
que Vaca de Castro llegase; y a esta causa partio luego a gran priesa Vaca de Castro
para alla, enviando en la delantera al capitan
Castro con sus arcabuceros, que fuesen a apoderarse de un mal
paso que esta cerca de Guamanga, llamado la cuesta de Pasco, y
cuando Vaca de Castro llego dos leguas de Guamanga, una tarde
tuvo nueva que don Diego entraba aquella noche en la villa; lo
cual sintio mucho porque no era llegada toda su gente, ni llegara
tan presto si Alonso de Albarado no volviera a la recoger; y junta
toda, se partieron luego muy en orden, con haber caminado aquel
dia algunos de los postreros cinco leguas, armados y muy apercebidos, y pasaron
mucho trabajo por la aspereza del camino y quebradas del; y pasando por la villa,
estuvieron de la otra parte
toda la noche en arma, porque no tenian lengua de sus enemigos,
hasta que otro dia se aseguro el campo por los corredores, que descubrieron mas de seis
leguas. Y sabiendo que don Diego estaba
nueve leguas de alli, le escribio don Francisco de Idiaquez, hermano de Alonso de
Idiaquez, secretario de su majestad, que de su
real habia venido, y le envio a rogar y requerir de parte de su majestad se viniese a
meter debajo del estandarte real y que con
esto, y con deshacer el ejercito, le perdonaria todo lo pasado, y si
de otra manera lo hacia, procederia contra el por todo rigor de
justicia, como contra traidor y vasallo desleal a su principe; y
en tanto que estos mensajeros iban, envio por otra parte un peon
muy diestro en la tierra, en habito de indio, con cartas para muchos caballeros del real
de don Diego, y no pudo ir tan secreto,
que por un campo nevado no le hallasen el rastro, el cual siguieron hasta que,
prendiendole don Diego, le mando ahorcar, quejandose mucho de la cautela que con el
usaba Vaca de Castro, pues
por una parte trataba partidos y por otra le enviaba a amotinar el
real; y en presencia de los mensajeros apercibio y ordeno todos
sus capitanes y gente para dar la batalla, prometiendo que cualquiera que matase
vecino, le daria sus indios y hacienda y mujer;
y asi, don Diego respondio a Vaca de Castro con el mismo Idiaquez
y con Diego de Mercado, que en ninguna manera le obedescerian
en tanto que fuese acompanado de sus enemigos, que eran Pedro
Alvarez Holguin y Alonso de Albarado y los de su valia, y que no
desharia su ejercito hasta ver perdon de su majestad, firmado por
su real mano, y no con la del cardenal de Sevilla, don fray Garcia
de Loaysa, a quien el no conocia por gobernador ni sabia que tuviese poder de su
majestad para cosa ninguna de las Indias; y que
se enganaban mucho en lo que tenia pensado y le hacian creer, que
se le habia de pasar ninguna gente de la suya, sino que muy animosamente le daria la
batalla y defenderia la tierra a todo el mundo,
como lo veria por experiencia si le aguardaba, porque el se partia
luego en su busca.
228013 CAPITULO XVII
228014 De como Vaca de Castro saco la gente en campo para dar la
batalla, y de lo que le acaescio
228016 Oida Vaca de Castro la embajada de don Diego, y vista su pertinacia, saco la
gente en campo a un llano que se llama Chupas,
saliendo del termino de Guamanga, que era muy aspero para pelear, y alli en Chupas
estuvo tres dias sin cesar de llover, porque
era en medio del invierno, y siempre la gente estaba armada y
apercebida, porque tenian cerca los enemigos; y determino de dar
la batalla, pues no se tomaba otro medio. Y porque sintio que
mucha de su gente estaba escandalizada desde la batalla de las Salinas, diciendo que su
majestad no la habia tenido por buena, pues
por haberla dado tenia preso a Hernando Pizarro, le parescio justificar la causa y
satisfacer la gente; con que en presencia de todos firmo y pronuncio sentencia contra
don Diego, dandole por
traidor y rebelde, y condenandole a muerte y perdimiento de bienes a el y a todos los
capitanes, mandandoles que para lo ejecutar
le diesen favor y ayuda. Y otro dia sabado, a hora de misa, dieron al arma los
corredores, porque ya los enemigos venian muy
cerca y habian dormido dos pequenas leguas de alli y caminaban desviados por la parte
izquierda del real, para unas lomas llanas, por desechar unas cienagas que estaban
delante del real de
Vaca de Castro, y llevaban intento de tomar la villa de Guamanga
antes que rompiesen la batalla, porque tenian por cierta la victoria,
segun la gran pujanza de artilleria que traian, y llegando tan cerca,
que los corredores se pudieron hablar y aun tirarse con los arcabuces, Vaca de Castro
envio al capitan Castro con cincuenta arcabuceros, que con ellos trabase escaramuza en
tanto que las banderas subian por unos recuestos que habian de pasar con gran temor,
porque si don Diego revolviera les hiciera muy gran dano
con la artilleria, porque alli descanso toda la infanteria; y porque
no se detuviesen, y subiese presto la gente a tomar lo alto, Francisco de Carvajal,
sargento mayor, ordeno que cada bandera por
si arremetiese la cuesta arriba, sin guardar orden hasta estar en
lo alto, por que deteniendose en el camino no le hiciese dano, y
asi se hizo; y llegaron a lo alto al tiempo que ya los arcabuceros
de Castro habian trabado escaramuza con la retaguardia de don
Diego, que todavia no ceso de caminar hasta asentar el real y
ponerse en orden para dar la batalla.
229017 CAPITULO XVIII
229018 De como Vaca de Castro movio los escuadrones contra don Diego
para dar la batalla
229020 Despues que Vaca de Castro vido toda su gente en lo alto del
recuesto, y que no habia mas de una pequena loma, mando al sargento mayor que
ordenase los escuadrones, y el lo hizo. Y Vaca de
Castro los fue requiriendo y les dijo que mirasen quienes eran y
donde venian y por quien peleaban, y que la fortaleza de aquel reino estaba en sus
fuerzas y esfuezo, y que si fuesen vencidos no
podian escapar de la muerte el y ellos, y que si vencian, demas
de hacer lo que eran obligados como leales y servidores de su rey,
quedarian senores de sus haciendas y repartimientos, y que los
que no los tenian, el en nombre ds su majestad se los encomendaria, y que para eso
queria el Rey la tierra, para la dar a los que
lealmente le sirviesen, y que bien veia que a tan nobles caballeros y esforzada gente
como alli estaba no habia menester exhortarlos y darles esfuerzo; antes tomarle el
dellos, como le tomaba, de
manera que el iria en la delantera a romper la primera lanza. Y
a esto todos le respondieron muy animosamente que asi lo harian
y que primero quedarian hechos pedazos que se dejasen vencer,
porque cada uno tomaba este negocio por suyo; y los capitanes
hicieron grande instancia con Vaca de Castro que no fuese en el
avanguardia, porque en ninguna manera lo consentiria y que se
quedase en la retaguardia con treinta de a caballo, para poder socorrer adonde viese
mayor necesidad y asi lo hizo; y viendo que no
habia sino hora y media hasta la noche, quisiera que la batalla se
dilatara para otro dia; mas el capitan Alonso de Albarado le dijo
que si aquella noche no se daba, que se perderia, y que pues ya la
gente estaba determinada, que no aguardase a que tomase otro segundo acuerdo. Y asi,
Vaca de Castro siguio su parescer, temiendo todavia la falta del dia, y dijo que quisiera
tener el poder de
Josue para detener el sol. Y estando en esto comenzo a disparar la
artilleria de don Diego, y porque para acometerle no podia bajar
la gente camino derecho sin rescibir mucho dano en la bajada,
poniendose como en terreno, el sargento mayor y Alonso de Albarado buscaron por la
parte izquierda una segura entrada que bajaba a un valle, por donde pudieron ir a los
enemigos sin que la
artilleria los cogiese, porque toda pasaba por alto; y los escuadrones bajaron ordenados
desta manera: que la parte derecha llevaba
Alonso de Albarado que con su compania guardaba el estandarte
real, de que era alferez Cristobal de Barrientos, natural de CiudadRodrigo y vecino de
la ciudad de Trujillo y a la parte izquierda
iban los cuatro capitanes Pedro Alvarez Holguin y Gomez de Albarado y Garcilaso de
la Vega y Pedro Anzures, llevando cada uno
muy en orden sus estandartes y companias, yendo ellos en la primera hilera; y en medio
de ambos escuadrones de a caballo iban
los capitanes Pedro de Vergara y Juan Velez de Guevara con la
infanteria, y Nuno de Castro con sus arcabuceros salio adelante
por sobresaliente, para trabar la escaramuza y recogerse en su
tiempo al escuadron. Vaca de Castro quedo en la retaguardia con
sus treinta de caballo, algo desviado de la gente; de manera que
podia ver donde habia mas necesidad en la batalla, para socorrer,
como lo hizo.
231001 CAPITULO XIX
231002 De como se rompio la batalla de Chupas
231003 En tanto que la gente de Vaca de Castro iba caminando hacia
los enemigos, y a vista dellos siempre le tiraban con la artilleria,
aunque los tiros pasaban por alto; tanto, que don Diego sospecho
que el capitan Candia, que llevaba a cargo el artilleria, habia sido
sobornado, y que adrede subia el punto; y asi, arremetio a el, y el
mismo por su mano le mato. Y asentando el un tiro, le metio en
el escuadron y mato alguna gente; lo cual viendo el capitan Carvajal, y considerando
que la artilleria que ellos llevaban no podia andar tanto como la necesidad demandaba,
acordaron de dejarla sin
aprovecharse della, y alargaron el paso; y a aquella hora don Diego, sus capitanes Juan
Balsa y Juan Tello y Diego Mendez, y Malaver y Diego de Hoces, Martin de Bilbao y
Juan de Olea, y los demas,
tenian su gente de caballo en dos escuadrones, y en medio el de
la infanteria, y delante el artilleria, asestada hacia la parte por
donde Vaca de Castro los habia de acometer. Y paresciendoles que
era flaqueza estar parados, movieron los escuadrones y el artilleria hacia la parte donde
venia Vaca de Castro, contra voluntad de
Pedro Suarez, su sargento mayor, que, como hombre practico en
la guerra, era de parescer contrario; y en viendo mudar el artilleria, los juzgo por
perdidos, porque donde primero la ten ian habia delante campo en que podian jugar y
hacer mucho dano a los
enemigos hasta que llegasen a ellos; y yendose metiendo adelante,
acortaban el campo y la ocasion que tenian de poder jugar y hacer
dano en los contrarios; y asi, se fueron a poner junto a la asomada
por donde se habia de mostrar Vaca de Castro, de manera que
hasta que llegasen muy cerca la artilleria no los pudiese coger, por
ser mas bajo el sitio por donde venian, y defenderles la tierra que
estaba en medio. Y asi, Pedro Suarez, sargento mayor, viendo que
no tomaban su parescer, arremetiendo con su caballo, se paso a
la parte de Vaca de Castro. En este tiempo Paulo, el hermano del
Inga, acometi o a la gente de Vaca de Castro por la parte izquierda,
con muchos indios de guerra, tiran doles muchas piedras y varas. Mas,
como los arcabuceros sobresalientes mataron algunos dellos, luego
huyeron; y por aquella parte salio Martin Corte, capitan de arcabuceros de don Diego,
con su compania, y trabose entre el y los del
capitan Castro una escaramusa; y asi, fueron los escuadrones paso a paso al son de los
atambores hasta la asomada, donde estuvieron parados en tanto que disparaban la
artilleria, que tiraba tan
apriesa, que no daba lugar a que rompiesen, y aunque estaban bien
cerca della, les pasaba por alto, y si veinte pasos fuera mas adelante, les diera de lleno;
pero todavia la infanteria de Vaca de
Castro recibio mucho dano, porque estaba en parte mas alta, donde les cogian las
pelotas, porque un tiro llevo toda una hilera e
hizo abrir el escuadron, y los capitanes pusieron gran diligencia en
hacerlo cerrar, amenazando de muerte a los soldados con las espadas desenvainadas, y
se cerro. En esta sazon el sargento mayor
Francisco de Carvajal estorbaba a los capitanes que rompiesen
hasta que hubiese disparado el artilleria, y subiendo un poco el recuesto los de caballo,
los sobresalientes de don Diego mataron a
Pedro Alvarez Holguin y a Gomez de Tordoya con dos pelotas, y
herian y mataban otros. Y viendose el capitan Pedro de Vergara
herido de un arcabuz, comenzo a dar voces contra los escuadrones
de caballo, diciendo que rompiesen antes que peresciese toda la
infanteria qeu estaba puesta al terreno; y luego los trompetas hicieron senal de romper,
y arremetieron los escuadrones de a caballo de Vaca de Castro contra los de don Diego,
que los salieron a rescebir animosamente, y los unos y los otros se encontraron
de suerte, que casi todas las lanzas quebraron, quedando muchos
muertos y caidos de ambas partes; y dejadas las lanzas, se mezclaron los unos con los
otros, hiriendose muy crudamente con las
espadas y con porras y hachas, y aun algunos peleaban con hachas
de partir lena, dando a dos manos tales golpes, que donde alcanzaban no bastaba
defensa ninguna. Y asi pelearon hasta que, desfalleciendose los alientos descansaron un
poco. Los capitanes de
infanteria de Vaca de Castro arremetieron con los de don Diego,
metiendose por la artilleria, yendo delante animandolos el capitan
Carvajal, y diciendoles que no hubiesen miedo al artilleria, pues
no le daba a el, siendo tan gordo como dos dellos; y porque no
pensasen que lo hacia en confianza de las armas, se quito de presto
una cota de malla y una celada que llevaba, y la arrojo en el campo; y quedando en un
jubon de lienzo, con una partesana arremetio delante contra el artilleria, y todos le
siguieron; de suerte que
la ganaron, matando muchos de los que la guardaban; y arremetieron con los
contrarios, haciendolo tan valerosamente, que la
mayor parte de la victoria se les atribuyo. Y cuando esto pasaba
la noche escurecio, y casi no se conoscian sino por el apellido, y los
de caballo tornaron a su pelea; y ya la victoria se iba mostrando
por Vaca de Castro, cuando el con los treinta de caballo arremetio
hacia la parte izquierda, donde estaban dos banderas firmes de
don Diego, y aun gritando por si, la victoria; caso que todas las
otras banderas y gente de don Diego se iban retrayendo de vencida. Y como Vaca de
Castro rompio en ellas, se trabo de nuevo una
pelea, adonde hirieron y derribaron algunos de aquellos treinta,
y mataron al capitan Jimenez y a N. de Montalvo, natural de
Medina del Campo, y otros caballeros; y como los de Vaca de Castro porfiaron tanto,
don Diego y su gente volvieron las espaldas
de arrancada, y los de Vaca de Castro fueron hiriendo y matando
en ellos, y los del capitan Bilbao y un Cristobal de Sosa, de la parte de don Diego, fue
tanto lo que sintieron ver volver las espaldas
a lo suyos, que se arrojaron en los enemigos como desesperados,
hiriendo a todas partes, diciendo cada uno por su nombre: “Yo
soy Fulano, que mate al Marques”; y asi anduvieron hasta que los
hcieron pedazos; y muchos de los de don Diego se salvaron con la
escuridad de la noche, tomando de algunos muertos la sena, porque los de Vaca de
Castro llevaban bandas coloradas y los de don
Diego bandas blancas; y asi, quedo la victoria conoscidamente por
Vaca de Castro, como quier que antes que llegasen a las manos
murio mucha mas gente de parte de Vaca de Castro; tanto, que
don Diego tuvo por suya la victoria; y a todos los espanoles que huyeron por un valle
los mataron los indios, y a ciento y cincuenta
de caballo de don Diego, que se fueron huyendo a Guamanga, que
estaba dos leguas de alli, los desarmaron y prendieron los pocos
vecinos que en la villa habian quedado. Y don Diego y Diego Mendez se fueron
huyendo al Cuzco, donde los prendio Rodrigo de Salazar, vecino de Toledo, que era su
mesmo teniente, y Anton Ruiz
de Guevara, que era alcalde ordinario de la ciudad. Y asi fenescio
el mando y gobernacion de don Diego, que en un dia se vio senor
del Peru y en otro le prendio su mesmo alcalde de su propria autoridad. Y esta batalla
se dio a 16 dias de setiembre de 1542 anos.
234001 CAPITULO XX
234002 De como Vaca de Castro dio gracias a su gente por la victoria que
habian habido
234004 En gran parte de la noche no se pudo acabar de recoger el
ejercito, porque andaban ocupados en saquear las tiendas de los
de don Diego, donde hallaron mucho oro y plata, y mataron algunos que se habian
escondido o estaban heridos. Mas, despues de
todos recogidos, pensando que los de Don Diego se tornaran a
rehacer, estuvo toda la infanteria apercebida y asimesmo la gente de a caballo. A Vaca
de Castro se le paso la mayor parte de la
noche en alabar toda la gente y ejercito en general, y dando particulares gracias a cada
soldado porque tan bien lo habia hecho.
En esta batalla hubo muchos capitanes y soldados que grandemente se senalaron,
especialmente don Diego, que por ser en venganza de la muerte de su padre, hizo mas
que su edad requeria,
porque seria de edad de veinte y dos anos, y con el algunos de su
ejercito; y tambien se senalaron muchos de Vaca de Castro por
vengar la muerte del Marques, con quien tanta fe tuvieron, que
respecto de hacerlo valientemente ningun peligro dejaba de acometer. Murieron de
ambas partes cerca de trescientos hombres,
y entre ellos muchos capitanes y personas senaladas, especialmente Pedro Alvarez
Holguin y Gomez de Tordoya, que por mostrar
senaladamente sus hechos en aquella batalla iban con unas ropas
de terciopelo blanco, llenas de chaperias de oro, sobre las armas
en que fueron luego conoscidos y muertos por los arcabuceros, como esta dicho. Y
tambien se senalaron Alonso de Albarado y el
capitan Carvajal, el cual, sin tener ningun peligro, se metio por el
artilleria, donde eran tan espesas las pelotas de los arcabuceros
que le aguardaban, que parescia imposible dejarle de acertar alguna; y asi,
menospreciando la muerte, paresce que huyo del, como
suele acaescer en todos los peligros y seguir al que mas la teme,
como se vio en aquella batalla, que un mancebo, no osando entrar
en ella, de temor, se fue a esconder tras una pena, y saltando un
pedazo della del golpe de una pelota, le hizo piezas la cabeza, de
que murio. Los principales que se sen alaron, asi en esta batalla
como en los otros negocios donde dependio, fueron el licenciado
Carbajal, Francisco de Godoy, Diego de Aguilera, Nicolas de Ribera, Hieronimo de
Aliaga, Juan de Barbaran, Miguel de la Serna, Lope de Mendoza, Diego Centeno,
Melchior Verdugo, Cristobal
de Barrientos, Gomez de Albarado, Gaspar Rodriguez, don Gomez
de Luna, Pedro de Hinojosa, Francisco de Carvajal, don Pedro
Puerto Carrero, Alonso de Caceres, Diego Ortiz de Guzman, Sebastian de Merlo,
Francisco de Ampuero y otros muchos; demas de
los cuales se senalaron algunos de la parcialidad del Adelantado,
que, como esta dicho, siguieron a Vaca de Castro por tratar en
nombre de su majestad este negocio; los principales de los cuales
fueron Pedro Alvarez Holguin, don Alonso de Montemayor. Juan
de Sayavedra, Martin de Robles, Lorenzo de Aldana, don Cristobal
Ponce de Leon, Pablo de Meneses, Vasco de Guevara, el contador
Juan de Guzman, Diego Nunez de Mercado, Pero Lopez de Ayala,
Diego Becerra, Diego Maldonado, Juan Garcia, Diego Gallego, Francisco Gallego,
Pero Ortiz, Alonso de Mesa, Dionisio de Bobadilla,
Luis Garcia de San-Mames, Garci Gutierrez de Escobar, Marcos de
Escobar, Juan de Horbaneja, Diego de Ocampo, y otros muchos;
a los cuales, o a los mas dellos, Vaca de Castro dio de comer al
tiempo que repartio la tierra, porque decia que aquellos lo habian
merescido senaladamente, pues habian dejado sus particulares pretensiones y aficion
por seguir a su majestad y su real voz y servicio.
235023 CAPITULO XXI
235024 De la justicia que hizo Vaca de Castro de los de Don Diego
235025 Aquella noche de la victoria sobrevino tan grande helada, que
muchos de los heridos murieron de frio; porque a solo Gomez de
Tordoya, que no era muerto, y a Pedro Anzures, que estaba herido, se les pudieron dar
tiendas porque aun no era llegado el carruaje. Otro dia de manana Vaca de Castro
mando curar mas de
cuatrocientos heridos que habia, e hizo enterrar los muertos y
llevar los cuerpos de Pedro Alvarez y Gomez de Tordoya a sepultar a la villa de
Guamanga, suntuosamente; y aquel mismo dia
hizo degollar algunos de los presos que habian sido en la muerte
del Marques; y cuando otro dia fue a Guamanga, el capitan Diego
de Rojas habia degollado a Juan Tello y a otros capitanes. Y Vaca de Castro cometio la
ejecucion de la justicia de los demas al
licenciado de la Gama, el cual ahorco y degollo cuarenta personas de los mas culpados,
y a otros desterro; y a todos los demas
perdono; por manera que serian justiciados hasta sesenta personas. Diose licencia a
todos los vecinos que se fuesen a sus casas,
y Vaca de Castro se fue al Cuzco, donde hizo nuevo proceso contra don Diego, y dende
algunos dias le degollo; y diego Mendez
se solto de la carcel con otros dos de los presos, y se fueron con el
Inga a aquellas montanas que llaman los Andes, que por la aspereza
de la entrada son inexpugnables. El Inga los rescibio alegremente, mostrando mucho
sentimiento de la muerte de don Diego, porque le era muy aficionado, y como tal le
envio al camino, cuando
supo que pasaba, muchas cotas de malla y coseletes y coracinas. y
otras armas de las que habia tomado a la gente que vencio y mato
de los cristianos cuando iban en socorro de Gonzalo Pizarro y Juan
Pizarro al Cuzco, enviados por el Marques (como arriba hemos
dicho); y siempre trajo indios disfrazados en el campo, que le avisasen del suceso de la
batalla.
236019 CAPITULO XXII
236020 De como Vaca de Castro envio a descubrir la tierra por diversas
partes
236022 Vencida la batalla de don Diego, y pacificada la tierra, le
parescio a Vaca de Castro que no se podia derramar la gente de
guerra, ni habia con que gratificarlos a todos, si no fuese enviandolos a conquistas y
entradas por la tierra; y asi mando al capitan
Vergara que con la gente que haba traido se tornase a su conquista de Bracamoros; y
envio al capitan Diego de Rojas y a Felipe
Gutierrez, con mas de trescientos hombres, hacia la parte de oriente a descubrir la
tierra, que despues poblaron, que corresponde
al rio de la Plata; y con un Monroy envio un socorro a la provincia de Chili al capitan
Pedro de Valdivia; y envio al capitan Juan
Perez de Guevara a conquistar la tierra de Mullobamba, que el
habia descubierto; y es una tierra mas montuosa que rasa, y nascen de las faldas de las
montanas della dos grandes rios que tienen las vertientes a la mar del Norte; el uno es al
Maranon (de
quien tanto arriba hemos tratado), y el otro el rio de la Plata.
Los moradores de aquella tierra son caribes que comen carne humana, y es la tierra tan
caliente, que andan desnudos, con solas
unas mantas revueltas al cuerpo. Y alli tuvo noticia Juan Perez
de otra gran tierra que hay pasadas las ultimas cordilleras hacia el
septentrion, donde hay ricas minas de oro y se crian camellos y gallinas como las de la
Nueva-Espana, y ovejas algo menores que las
del Peru; y todas las sementeras son de regadio; porque llueve poco en la tierra, donde
hay un lago que tiene las riberas muy pobladas de gente, y en todos los rios hay unos
peces de la hechura y
tamano de grandes perros; y asi, comen y muerden a los indios
que entran o pasan cerca de los rios, porque ellos salen tambien
por las orillas. Estos tienen al rio Maranon hacia la parte
del septentrion, y al oriente la tierra del Brasil, que poseen los
portugueses, y al mediodia el rio de la Plata; y tambien dicen que
hay alli mujeres amazonas de que Orellana tuvo noticia; pues
habiendo despachado Vaca de Castro sus capitanes a estas conquistas, estuvo en el
Cuzco mas de ano y medio repartiendo los
indios que estaban vacos y poniendo en orden la tierra, e hizo ordenanzas en gran
utilidad y conservacion de los indios. En este
tiempo se descubrio en las comarcas del Cuzco las mas ricas minas de oro que en
nuestros tiempos se habia visto, especialmente
en un rio que se llama Carabaya; tanto, que acontescia a un indio
coger en un dia cincuenta pesos. Y toda la tierra estaba muy quieta, y los indios muy
amparados y reparados de las grandes fatigas
que rescibieron en las guerras pasadas. Y en este tiempo fue
Gonzalo Pizarro al Cuzco, porque hasta entonces no se le habia
dado licencia para ello. Y despues de haber estado alli algunos
dias se fue a los Charcas a entender en sus granjerias, hasta que
vino el Visorey Blasco Nunez Vela, como en el siguiente libro
se declarara.
238001 LIBRO QUINTO
238002 DE LAS COSAS QUE SUCEDIERON EN EL PERU AL VISOREY
BLASCO NUNEZ VELA
238004 CAPITULO I
238005 De las ordenanzas que su majestad mando hacer para el gobierno
de las Indias, y como Blasco Nunez Vela fue por Visorey al Peru
para ejecutarlas
238008 En esta sazon, y algunos tiempos antes, hubo personas religiosas que,
paresciendoles moverse con buen celo, vinieron a informar a su majestad y a los senores
de su real consejo de los grandes
agravios y crueldades que los espanoles generalmente hacian en
los indios, asi maltratando y matando sus personas, como llevandoles sus haciendas e
imponiendoles demasiados tributos, y echandolos a las minas y en pesquerias de perlas,
donde perescian todos; y se iban disminuyendo y apocando de tal manera, que en
breve tiempo no quedaria ninguno dellos en la Nueva Espana ni en
el Peru y en las otras partes donde los habia, como habian perecido en las islas de Santo
Domingo y Cuba y San Juan de PuertoRico y Jamaica y en otras islas, donde ya no
habia memoria de
ninguno de los naturales; diciendo, para persuadir esto a su majestad, algunas
crueldades que los espanoles habian hecho en los
indios, y aun anadiendo otras que no se tiene noticia haber acontescido. Y como una de
las principales causas de donde se seguia
esta destricion era las cargas que a los indios se hacian llevar, por
la poca moderacion que en ello se tenia, y que los que principalmente habian excedido
en todas estas cosas eran los gobernadores y sus tenientes, y los oficiales de su
majestad, y los obispos
y los monesterios y otras personas favorescidas y privilegiadas,
que, confiando en que no se habia de hacer justicia contra ellos, habian senaladose en
todas estas cosas. Y el que principalmente insistio en esta informacion fue un religioso
de la orden de Santo
Domingo, llamado fray Bartolome de las Casas, a quien su majestad proveyo del
obispado de Chiapa. Oidas por su majestad todas
estas cosas, y queriendo remediarlas, entendiendo que convenia
asi al descargo de su real consciencia, sobre esta informacion que
le fue hecha mando juntar con los de su consejo de las Indias otros
muchos letrados y personas de consciencia, y habiendo tratadose
entre ellos, y platicado y mirado con gran diligencia, se hicieron
ciertas ordenanzas, con que les parescio que se remediaban todos
los danos e inconvenientes que fray Bartolome habia propuesto,
mandando que ningun indio se pudiese echar en las minas ni a
la pesqueria de las perlas ni se cargasen, salvo en aquellas partes que no se pudiesen
excusar, y entonces pagandoles su trabajo,
y que se tasasen los tributos que habian de dar a los espanoles, y
que todos los indios que vacasen por muerte de los que a la sazon
los tenian, se pusiesen en la corona real, y que quitasen las encomiendas y
repartimientos de indios que tenian los obispos de todas las Indias y los monesterios y
hospitales, y los que hubiesen
sido gobernadores o sus lugartenientes y los oficiales de su majestad, sin que los
pudiesen retener aunque dijesen que querian dejar los oficios. Y particularmente se
quitasen los indios en la provincia del Peru a todos aquellos que hubiesen sido culpados
en las
pasiones y alteraciones de entre don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro; y que
todos estos indios que de una manera o otra se quitase, y los tributos dellos se pusiesen
en cabeza
de su Majestad; y con esta ultima ordenanza era claro que ninguna
persona en el Peru podia quedar con indios, pues (como se puede
colegir de toda esta historia) ningun espanol, de grande ni pequena
calidad, habia que no estuviese mas apasionado por una destas dos
parcialiadades que si sobre ello le fuese su vida y hacienda; lo cual
se habia entendido aun hasta los mesmos indios de la tierra, que
muchas veces acontescia haber entre ellos grandes batallas y diferencias y otras
contiendas particulares a titulo destas opiniones, que
ellos llamaban a los de don Diego los de Chili y a los del Marques
los de Pachacama. Y entre otras muchas cosas demas de las arriba
declaradas, que se proveian por las ordenanzas y parescian convenir
para el buen gobierno de aquellas provincias, era una, que porque
la provincia del Peru, que era la mas rica y principal cosa de las Indias, estaba sujeta a
la audiencia real que residia en la ciudad de
Panama, donde no habia mas de dos oidores y habia muy gran dilacion y mal despacho
en los negocios, por estar tan lejos el Peru de
Panama, especialmente porque (como tenemos dicho arriba) la mayor parte del ano no
podian navegar ni ir al Peru, y a esta causa no
se habian remediado desde alli todos los danos e inconvenientes sobredichos, ni se
podrian remediar los que adelante succediesen, se
proveyo y mando que la audiencia de Panama se deshiciese, y se
ordenase otro de nuevo en los confines de Guatemala y Nicaragua,
de la cual fuese por presidente el licenciado Maldonado, oidor de
Mejico, y que a esta audiencia quedase sujeta la provincia de TierraFirme, y que en el
Peru se proveyese nueva audiencia, y en ella cuatro oidores y un presidente con titulo de
Visorey y capitan general,
porque se entendio que la importancia de las cosas del Peru lo
requeria.
240020 Estas ordenanzas se hicieron y publicaron en la villa de Madrid en el ano de
1542 y luego se enviaron los traslados dellas a
diversas partes de las Indias, de que se rescibio muy grande escandalo entre los
conquistadores dellas, especialmente en la provincia del Peru, donde mas general era el
dano, pues ningun vecino
quedaba sin quitarsele toda su hacienda y tener necesidad de buscar de nuevo que
comer; y decian que su majestad no habia sido
bien informado en aquella provision, pues si ellos habian seguido
estas dos parcialidades, habia sido paresciendoles que las cabezas dellas eran
gobernadores y se lo mandaban en nombre de su
majestad, y que no podian dejar de cumplir por fuerza o por grado sus mandamientos; y
asi, no era aquella culpa por que debiesen ser despojados de sus haciendas; y que,
demas desto, al tiempo que ellos a su costa descubrieron la provincia del Peru, se habia
capitulado con ellos que se les habian de dar los indios por
sus vidas, y despues de muertos habian de quedar a su hijo mayor,
o a sus mujeres no teniendo hijos; y que, en confirmacion desto,
pocos dias antes su majestad habia enviado a mandar a todos los
conquistadores que dentro de cierto tiempo se casasen, so pena de
perdimiento de los indios, y que en cumplimiento dello, los mas
se habian casado; y que no era justo que, despues que estaban
tan viejos y cansados y con mujeres, pensando tener alguna quietud y reposo, se les
quitasen sus haciendas, pues no tenian edad
ni salud para ir a buscar nuevas tierras y descubrimientos. Y asi,
acudieron de diversas partes del Cuzco a hacer relacion de todo
esto al licenciado Vaca de Castro, que alli estaba, y el les dijo
que tenia por cierto que, siendo su majestad informado de la verdad, que lo mandaria
remediar; y que para esto convernia que se
juntasen los procuradores de todas las ciudades, y se nombrasen
algunos dellos que en nombre de todo el reino viniesen a su majestad y a su real
consejo a suplicar por estas ordenanzas. Y para que mas comodamente se pudiesen
juntar, el bajaria a la ciudad
de los Reyes, porque estuviesen mas en comarca las ciudades de
los llanos y las de la sierra para venir a tratar deste negocio, compartiendo el trabajo del
camino. Y asi, se partio de la ciudad
del Cuzco para los Reyes, trayendo consigo procuradores de todas
las ciudades de aquellas comarcas, y otros caballeros y gente principal que le venian
acompanando.
241019 CAPITULO II
241020 De la provision y jornada de Blasco Nunez Vela, Visorrey del Peru,
y de los oidores y otros oficiales que con el fueron
241022 En el ano de 1543 casi por el mismo tiempo que lo contado en
el capitulo antes deste pasaba en la provincia del Peru, su majestad, en cumplimiento y
ejecucion de la ordenanza que tenemos dicho, proveyo por visorey y presidente de la
provincia del Peru a
Blasco Nunez Vela, vecino de la ciudad de Avila, que a la sazon era
veedor general de las guardias de Castilla, porque tenia experiencia
en lo que del habia conoscido, y asi en este cargo como en otros corregimientos que
antes del habia tenido en las ciudades de Malaga
y Cuenca, que era caballero recto y que hacia justicia sin ningun respecto, y que
ejecutaba los mandamientos reales con todo rigor, sin
ninguna disimulacion; y proveyo por oidores al licenciado Cepeda,
natural de la villa de Tordesillas, que a la sazon era oidor en las islas de Canaria, y al
doctor Lison de Tejada, natural de la ciudad de
Logrono, que era alcalde de los hijosdalgo de la audiencia real de
Valladolid, y al licenciado Alvarez, abogado en la mesma audiencia,
y al licenciado Pedro Ortiz de Zarate, natural de la ciudad de Orduna, que era alcalde
mayor en Segovia; y proveyo asimesmo por contador de cuentas de aquella provincia y
de la Tierra-Firme a Agustin
de Zarate, secretario de su real consejo, que es el autor desta historia, porque despues
del descubrimiento de aquellas provincias no
se habia tomado cuentas a los tesoreros y otros administradores de
la hacienda real. Y todos se hicieron a la vela en el puerto de Sanlucar de Barrameda el
1$0 dia del mes de noviembre del ano de 43,
y llegaron al puerto de Nombre de Dios con buena navegacion, y
alli se detuvieron, aderezando las cosas necesarias para la navegacion de la mar del Sur,
algunos dias. Y el Visorey dio gran priesa
en su despacho, y en un navio que hizo aprestar se embarco y hizo a la vela mediado el
mes de hebrero del ano de 44, sin querer
esperar a llevar en su compania ninguno de los oidores, aunque le
fue pedido, y dello quedaron algo resabiados, demas de haber pasado entre ellos
algunas ocasiones de poca importancia, por donde
comenzaban a declarar los unos y los otros sus animos. Antes que el
Visorey partiese comenzo a ejecutar en aquella provincia (c aso que
no era de su gobernacion) una de las ordenanzas que llevaba, por
donde se mandaba que los indios se volviesen a sus naturalezas,
estando fuera dellas por cualquier manera. Y asi, comenzo a recoger todos los indios
que en aquella provincia habia naturales del
Peru, y por el gran comercio entre estas dos gobernaciones se habian traido muchos, y a
costa de sus amos los fleto en su navio, y
llego muy brevemente al Peru; y desembarcando en el puerto de
Tumbez, hizo su viaje por tierra, y comenzo a ejecutar las ordenanzas en cada lugar por
do pasaba, a uno tasandoles los tributos, y
a otros quitandoles de todo punto los indios y poniendolos en cabeza
de su majestad. Y caso que algunas personas particulares a quien tocaba, y en general
las dos ciudades de San Miguel y Trujillo, parescieron ante el suplicando destas
ordenanzas, a lo menos haciendo grande instancia en que sobreseyese la ejecucion
dellas hasta que, junta toda la audiencia, ellos paresciesen en Lima a seguir su justicia
sobre esta suplicacion, pues la ejecucion por una de las mesmas ordenanzas venia
cometida al que fuese visorey y oidores juntamente, y no lo podia hacer el solo.
Ninguna cosa destas quiso admitir,
diicendo que aquellas eran leyes generales y hechas para buena
gobernacion, y que por esto no admitia suplicacion; y asi, continuo
la ejecucion hasta que llego a la provincia de Guaura, que es diez
y ocho leguas de la ciudad de los Reyes.
243004 CAPITULO III
243005 De lo que paso en la ciudad de los Reyes sobre el rescebimiento del
Visorey
243007 Despues que el Visorey llego al puerto de Tumbez, envio adelante a gran priesa
a notificar al licenciado Vaca de Castro sus poderes, para que se desistiese de la
gobernacion; y asi por el mensajero que las llevo como por otros que despues del se
siguieron, se
tuvo noticia en la tierra del rigor con que el Visorey ejecutaba las
ordenanzas, y como no admitia ninguna suplicacion dellas; y para indignar mas la gente
sobre lo que el Visorey hacia, anadian algunos otros mas rigores y cosas que no le
habian pasado a el por
pensamiento. Y causaron tanto alboroto estas nuevas en los animos
de la gente que venia con Vaca de Castro, que unos le decian que no
rescibiese al Visorey, sino que suplicasen de las ordenanzas y de la
provision que del se habia hecho, y que no les rescibiesen a la gobernacion, pues el se
habia hecho indigno dello no queriendo oir a
justicia los vasallos de su majestad, y mostraba tanto rigor en la
ejecucion. Otros le decian que si el no aceptaba esta empresa no
faltaria en el reino quien la aceptase. Pero con todo esto, Vaca de
Castro los apaciguaba, diciendo que tuviesen por cierto que, despues
de llegados los oidores y asentada la audiencia, siendo informados de
la verdad, otorgarian la suplicacion, y que el no podia dejar de obedescer lo que su
majestad mandaba. Y en cumplimiento dello, cerca desta provincia de Guadachili, que
es a veinte leguas de la ciudad
de los Reyes, donde le fueron notificadas las provisiones, el se desistio del cargo de
gobernador, aunque primero proveyo a algunas personas ciertos repartimientos de
indios que estaban vacos, y parte
dellos en su cabeza. Y viendo los principales que con el venian que
no queria hacer lo que ellos le importunaban, se volvieron a la ciudad del Cuzco; y
aunque el color que daban para la vuelta era que
no osarian aguardar al Visorey solo, y que cuando la audiencia estuviese junta
volverian; pero con todas estas excusas se entendia
bien dellos que iban alterados y no con buenas intenciones, las cuales dende a pocos
dias declararon; porque, llegando a la villa de
Guamanga con grande alboroto, sacaron de poder de Vasco de
Guevara toda la artilleria que el licenciado Vaca de Castro alli habia dejado al tiempo
que vencio a don Diego, y la llevaron a la ciudad del Cuzco, juntando gran copia de
indios para ello. Vaca de
Castro continuo su camino hasta llegar a los Reyes, donde hallo gran
confusion en toda la ciudad sobre rescebir al Visorey; porque unos
decian que su majestad por las provisiones no mandaba que fuese
rescebido si no viniese personalmente; otros decian que en caso que
viniese, vista las ordenanzas que traia y el rigor con que las habia
comenzado a ejecutar, sin admitir dellas suplicacion, no convenia
dejarle entrar en la tierra. Y con todo esto Illan Suarez, factor de
su majestad y regidor de aquella ciudad, trabajo y negocio tanto
para que fuese rescebido que en fin se obedescieron las provisiones
y las pregonaron con toda solemnidad. Y luego fueron muchos
vecinos y regidores a rescebir y besar las manos al Visorey a Guaura, y de alli vinieron
con el hasta la ciudad de los Reyes, donde fue
rescebido con gran fiesta, metiendole debajo de un palio de brocado y llevando los
regidores las varas, vestidos con sus ropas roza
gantes de rosa carmesi, forradas en damasco blanco, y le llevaron
a la iglesia y a su posada. Y entendido por el el alboroto de los que
se fueron al Cuzco, luego otro dia mando prender en la carcel publica al licenciado
Vaca de Castro, teniendo sospecha que habia entendido en aquel motin y sido el origen
del; y los de la ciudad, caso
que no estaban todos bien con Vaca de Castro, fueron a suplicar al
Visorey no permitiese que una persona como Vaca de Castro, que
era del consejo de su majestad y habia sido su gobernador, fuese
echado en carcel publica; pues, aunque le hubiesen de cortar otro
dia la cabeza, se podia tener en prision segura y honesta; y asi, le
mando poner en la casa real, con cien mil castellanos de seguridad,
en que le fiaron los mesmos vecinos de Lima, y le mando secrestar
sus bienes. Y visto todos estos rigores la gente andaba desabrida
y haciendo corrillos, y saliendose pocos a pocos de la ciudad la via
del Cuzco, adonde el Visorey no estaba rescebido.
245001 CAPITULO IV
245002 De como Gonzalo Pizarro vino al Cuzco y lo nombraron por procurador
general de la tierra
245004 En este tiempo Gonzalo Pizarro, hermano del marques don Francisco Pizarro,
estaba (como dicho es) en sus repart imientos en la
provincia de los Charcas con hasta diez o doce hombres, amigos
suyos; y sabidas las nuevas de la venida del Visorey y la razon della,
y las ordenanzas que venia a ejecutar, de que ya habia tenido noticia, determino de
venirse al Cuzco debajo de ocasion de saber nuevas de Castilla y proveer en los
despachos que enviaba Hernando
Pizarro, su hermano. Y andando recogiendo dineros de sus haciendas, les venian cartas
de todas partes, asi de los cabildos como de
particulares, persuadiendole como a el le convenia tomar esta empresa de suplicar de
las ordenanzas y procurar el remedio dellas,
asi porque era a quien principalmente tocaban, como porque de
derecho le pertenescia la gobernacion de aquella provincia; y algunos le ofrescian sus
personas y haciendas; otros le escribian que el
Visorey habia dicho que le habia de cortar la cabeza; de manera
que por diversas vias le procuraban indignar y hacerle venir al
Cuzco, para resistir la entrada del Visorey: Visto todo esto, y conformandose con el
deseo que el siempre habia tenido de ser gobernador del Peru, recogio ciento y
cincuenta mil castellanos de sus
haciendas y de las de Hernando Pizarro, y vinose al Cuzco, trayendo consigo hasta
veinte personas. Todos le salieron a rescebir y mostraron holgarse con su venida, y cada
dia llegaba al Cuzco gente que
se huia de la ciudad de los Reyes, de lo que el Visorey hacia, anadiendo siempre algo
para que mas se alterasen los vecinos. En el
cabildo del Cuzco se hicieron muchas juntas, asi de los regidores
como de todos los vecinos en general, tratando sobre lo que se debia hacer cerca de la
venida del Visorey; y algunos decian que se
rescibiese, y que en lo tocante a las ordenanzas se enviasen procuradores a su majestad
para que las remediase; otros decian que rescibiendole una vez, y ejecutando el las
ordenanzas como lo hacia,
les qiutaria los indios, y que despues de desposeidos dellos, con
gran dificultad se le tornarian; y ultimamente se determino que
Gonzalo Pizarro fuese elegido por procurador del Cuzco, y que Diego Centeno, que
estaba alli con poder de la villa de Plata, le sostituyese, y que desta manera fuese con
titulo de procurador general a
la ciudad de los Reyes a suplicar de las ordenanzas en la audiencia
real.
246004 Y a los principios hubo diversos paresceres sobre si llevaria
gente de guerra consigo, y en fin se determino que la llevase, dando
diversos colores en ello, y el primero era que ya el Visorey habia tocado atambores en
los Reyes so color de venir a castigar la ocupacioon de la artilleria; y tambien que
decian que era hombre aspero
y riguroso, y que ejecutaba aquellas ordenanzas sin admitir las suplicaciones que dellas
ante el se interponian, y sin esperar la audiencia real, a quien tambien venia cometida la
ejecucion; y que habia dicho el Visorey muchas veces que traia mandato de su majestad
para cortar la cabeza a Gonzalo Pizarro sobre las alteraciones
pasadas y muerte de don Diego. Y otros, que mas honestamente
trataban este negocio, daban por excusa de la junta de la gente, que
para ir Gonzalo Pizarro a la ciudad de los Reyes habia de pasar por
las tierras donde estaba el Inga alterado y de guerra, y que para
defenderse del habia menester llevar gente; y otros trataban mas
claramente el negocio, diciendo que se hacia la gente para defenderse del Visorey,
porque era hombre de recia condicion, y que no
guardaba terminos de justicia ni habia seguridad ante el, y con hacer informacion de
testigos sobre todas estas razones, no faltaron
letrados que fundaban y les hacian entender como en todo esto no
habia ningun desacato, y que lo podian hacer de derecho, y que una
fuerza se puede repeler con otra, y que el juez que procede de hecho puede ser resistido
de hecho. Y desta manera se resumieron
en que Gonzalo Pizarro alzase banderas y hiciese gente, y muchos
de los vecinos del Cuzco se le ofrescian con sus personas y haciendas, y aun algunos
hubo que decian que perderian las animas en
esta demanda. Y asi, para en cuanto a la jornada de la suplicacion,
se dio a Gonzalo Pizarro titulo de procurador general de la tierra,
y en cuanto a la defensa del Inga, le nombraron por capitan general
del ejercito, y sobre todo esto se hicieron ciertos autos con que se
suele dar color a semejantes negocios; y asi, se comenzo a hacer
gente, tomando dineros para la paga della de la caja del Rey y de
los bienes de difuntos y otros depositos, con color de emprestido; y
enviaron al capitan Francisco de Almendras con cierta gente a guardar los pasos, para
que en la ciudad de los Reyes no se pudiese tener noticia destas determinaciones; y por
via de indios, Paulo, hermano del Inga, proveyo como no pudiese pasar nadie a dar el
aviso,
y el cabildo del Cuzco escribio al de la villa de Plata, diciendole los
grandes inconvenientes y dano que se seguirian si las ordenanzas se
ejecutasen, y lo que habian proveido para el remedio dello, pidiendoles por merced que,
pues tambien aquello se habia hecho con su
poder, que tenia el capitan Diego Centeno, lo tuviesen por bien y
les favoresciesen como se llevase adelante la empresa, y que todos
viniesen con sus armas y caballos. Demas desto Gonzalo Pizarro
escrebia cartas particulares a todos los vecinos, induciendolos a
este proposito. A la sazon estaba en la villa de Plata por teniente
de gobernador en nombre de Vaca de Castro un vecino della, llamado Luis de Ribera, y
por alcalde ordinario otro vecino llamado Antonio Alvarez; los cuales, visto lo que en el
Cuzco se habia
hecho, luego revocaron el poder a Diego Centeno, y en nombre del
cabildo respondieron al regimiento del Cuzco que, aunque su majestad les quitase las
haciendas y vidas, habian de obedecer sus provisiones, diciendo que aquella villa
siempre le habia servido contra
los que habian querido lo contrario, y que asi lo entendian hacer
agora; diciendoles tambien que el poder que habia llevado Diego
Centeno habia sido para hacer aquello que cumpliese al servicio de
su majestad y buena gobernacion de aquellos reinos y conservacion
de los naturales; y que visto que en la eleccion de Gonzalo Pizarro
ni en todo lo demas que se habia acordado no concurrian ninguna
destas razones, no se podia decir hecho por virtud del poder, pues no
era conforme a el; aunque esta carta no se escribio con parescer
de todos los regidores, porque algunos amigos y aficionados de Gonzalo Pizarro
andaban haciendo juntas de gentes y atrayendoles a su
favor, y muchas veces determinaron de matar a Luis de Ribera y Antonio Alvarez, y no
lo pudieron ejecutar, por andar ellos siempre
muy a recaudo, esperando las provisiones del Visorey, que, por ser
tan lejos, no habian podido llegarles; y mandaron, so graves penas,
que ninguna persona saliese de la ciudad, aunque, sin embargo
dello, muchos se fueron al Cuzco.
247034 CAPITULO V
247035 De lo que el Visorey hizo en los Reyes, sabida la alteracion de la
tierra
247037 Siendo entrado y rescebido el Visorey en la ciudad de los Reyes
con la solemnidad que hemos dicho, por el mes de mayo del ano
de 44, nadie le hablaba en la suspension de las ordenanzas; porque,
aunque por el cabildo de la ciudad le habia sido interpuesta la suplicacion dellas,
dandole muchas razones para que se debiesen suspender, no lo habia querido hacer,
caso que les prometia que, despues de ejecutadas. el escrebiria a su majestad,
informandole cuanto le convenia a su servicio y a la conservacion de los naturales que
las ordenanzas fuesen revocadas; porque llanamente el confesaba
que, asi para su majestad como para aquellos reinos, eran perjudiciales, y que si los que
las ordenaron tuvieran los negocios presentes
no aconsejaran a su majestad que las hiciera; y que le enviase el
reino sus procuradores, y juntamente con ellos el escrebiria a su majestad lo que
conviniese, y que el confiaba que lo mandaria remediar; pero que el no podia tratar de
suspender la ejecucion, como
lo habia comenzado, porque no traia poder para otra cosa. En este
tiempo, llegaron los licenciados Cepeda y Alvarez y doctor Tejada,
oidores, dejando al licenciado Zarate enfermo en la ciudad de Trujillo. Y luego el
Visorey mando hacer audiencia, y para ello se ordeno un solemne recebimiento para el
sello real, como en audiencia
que nuevamente entraba en la tierra, y se rescibio llevandole en una
caja sobre un caballo muy bien aderezado, cubierto con un pano de
tela de oro, debajo de un palio de brocado, llevando las varas del los
regidores, con ropas rozagantes de terciopelo carmesi, de la forma
que en Castilla se recibe la persona real, llevando de diestro el caballo Juan de Leon,
regidor, que iba nombrado por chanciller por el
marques de Camarasa, adelantado de Cazorla, que tenia la merced
del sello. Y luego se asento el audiencia y se comenzaron a librar negocios; y en los
primeros dias sucedio uno con que se renovaron
las disensiones que se habian comenzado a mostrar entre el Visorey y los oidores, y
fue, que llegando el Visorey al tambo de Guaura, donde hemos dicho que estuvo en la
determinacion de su rescebimiento, hallo escrito en la pared del tambo un mote cuya
sentencia era: “A quien me viniere a echar de mi casa y hacienda,
procurare de echarle ‘del mundo”. Leido por el Visorey, disimulo
por entonces, persuadiendose que lo habia escrito o hecho escrebir Antonio de Solar,
vecino de Medina del Campo, cuya era aquella provincia de Guaura, porque conocio no
tenerle buena voluntad en cuanto alli llego hallo despoblado el tambo, sin que hubiese
cristiano ni indio en el, y tuvo por cierto que Antonio de Solar
lo habia ordenado asi; y disimulando por entonces, en llegando a
los Reyes, pocos dias despues de rescebido, hizo llamar a Solar, y
tratando con el a solas sobre el mote, dijo el Visorey que le habia
dicho ciertas palabras muy desacatadas; por lo cual mando cerrar
las puertas de palacio, y llamo un capellan suyo que le confesase,
queriendole ahorcar de un pilar de un corredor que salia a la
plaza. Solar no se quiso confesar; y duro esta porfia tanto, que se
divulgo por la ciudad, y vino el arzobispo de los Reyes, y con el
otras personas de calidad, suplicando al Visorey que suspendiese
aquella justicia, lo cual no se podia acabar con el; y en fin, concedio de dilatarla por
aquel dia, mandando llevar a Solar a la carcel y echarle muchas prisiones. Y aquel dia,
habiendosele pasado
algo la alteracion, le parescio que no era bien ahorcarle; y asi, le
tuvo en la carcel por espacio de dos meses, sin hacerle cargo por
escrito de su culpa ni formar otro proceso, hasta que, venidos los
oidores yendo un sabado a visitar la carcel, y estando bien informados y rogados sobre
el caso, visitaron a Solar, preguntandole
la causa de su prision, y el dijo que no lo sabia, ni se hallo proceso
contra el entre todos los escribanos, ni el alcaide de la carcel supo
decir mas que el Visorey se le habia enviado preso, mandandole que
le echase aquellas prisiones. Y el lunes siguiente los oidores dijeron
al Visorey en el acuerdo que no hallaban causa ni proceso para la
prision de Solar, mas de que se decia haberse hecho por su mandado, y que si no habia
informacion por donde se justificase la prision, conforme a justicia, no podian hacer
menos de soltarle. El
Visorey les respondio que el le habia mandado prender, y aun le
habia querido ahorcar, asi por aquel mote que estaba en su tambo
como por ciertos desacatos que en su mesma persona le habia dicho, de lo cual no
habia habido testigos, y que el por via de gobernacion, como visorey, le podia prender y
aun matar sin que fuese
obligado a darles a ellos cuenta por que lo hacia. Los oidores le
respondieron que no habia mas gobernacion de cuanto fuese conforme a justicia y a las
leyes del reino. Y asi, quedaron diferentes;
de manera que el sabado siguiente en la visita de la carcel los oidores mandaron soltar a
Solar, dandole su casa por carcel, y en otra
visita le dieron por libre. Lo cual todo sintio el Visorey mucho, y
hallo ocasion para vengarse de los oidores en que todos tres se fueron a posar cada uno
en casa de un vecino de los mas ricos de la
ciudad, y los daban de comer y todas las otras cosas necesarias a
ellos y a sus criados; y aunque al principio se habia hecho con permision del Visorey,
fue por poco tiempo y mientras buscaban casas
en que posar y las aderezaban; y viendo que pasaba adelante, el Visorey les envio a
decir que buscasen casas en que posar y no comiesen a costa de los vecinos, pues no
sonaria bien delante su majestad, ni ellos lo podian hacer; y que tampoco estaba bien
que anduviesen acompanados con los vecinos y negociantes. A todo esto respondian
que no hallaban casas en que posar hasta que saliesen los
arrendamientos, y que comerian a su costa de ahi adelante. Y
cuanto al acompanamiento, que no era cosa prohibida, antes muy
conveniente, y que lo usaban en Castilla en todos los consejos de
su majestad, porque los negociantes, yendo y viniendo, acordaban
sus negocios a los oidores y les informaban sobre ellos. Y asi, se
quedaron siempre diferentes, y mostrandolo todas las veces que
se ofrecia coyuntura; tanto, que un dia el licenciado Alvarez tomo
juramento a un procurador sobre que se decia que habia dado a
Diego Alvarez de Cueto, cu- |ando del Visorey, cierta cantidad de pesos de oro porque
le hiciese nombrar al oficio por el Visorey, la
cual averiguacion el sintio mucho.
250017 CAPITULO VI
250018 De las cosas que proveyo el Visorey para la guerra
250019 En todo este tiempo estaba tan cerrado el camino del Cuzco,
que ni por via de indios ni de espanoles tenia nueva de lo que alla
pasaba, salvo saberse que Gonzalo Pizarro habia venido al Cuzco,
y que toda la gente que se habia huido de la ciudad de los Reyes y
de otras partes, habia acudido alli a la fama de la guerra. Y en esto el Visorey y
audiencia despacharon provisiones, mandando a
todos los vecinos de la ciudad del Cuzco y de las otras ciudades que
rescibiesen a Blasco Nunez por Visorey, y acudiesen a le servir a la
ciudad de los Reyes con sus armas y caballos; y aunque todas las
provisiones se perdieron en el camino, aportaron a la villa de la
Plata los que para alli se habian despachado. Y por virtud dellas,
Luis de Ribera y Antonio Alvarez, juntamente con el cabildo, rescibieron a Blasco
Nunez por Visorey con gran solemnidad y alegrias; y en cumplimiento de lo mandado,
salieron veinte y cinco
de caballo, que se pudieron juntar, muy bien aderezados, y llevando por capitan a Luis
de Ribera, se fueron la via de Lima, caminando por despoblados y lugares secretos,
porque Gonzalo Pizarro
no los enviase a atajar el camino. Y tambien aportaron a poder
de algunos vecinos particulares del Cuzco las provisiones que para este efecto les habia
enviado, por virtud de las cuales se vinieron algunos dellos a servir al Visorey, como
adelante se dira. Estando en estos terminos vinieron nuevas ciertas al Visorey de lo
que en el Cuzco pasaba. Lo cual le dio ocasion a que con grande
diligencia hiciese acrescentar su ejercito con el buen aparejo que
hallo de dineros, porque el licenciado Vaca de Castro habia hecho
embarcar hasta cien mil castellanos que habia traido del Cuzco
para enviar a su majestad, los cuales saco de la mar, y en breve
tiempo los gasto en la paga de la gente. Hizo capitan de gente de
caballo a don Alonso de Montemayor y a Diego Alvarez de Cueto,
su cunado; y de infanteria a Martin de Robles y a Paulo de Meneses, y de arcabuceros a
Gonzalo Diaz de Pinera y a Vela Nunez, su
hermano, capitan general, y a Diego de Urbina, maestre de campo;
y sargento mayor a Juan de Aguirre, y entre todos hubo seiscientos hombres de guerra,
sin los vecinos, los ciento de caballo y doscientos arcabuceros, y los demas piqueros.
Hizo hacer gran copia
de arcabuces, asi de hierro como de fundicion, de ciertas campanas de la iglesia mayor,
que para ello quito, y con su gente hacia
muchos alardes, y daba armas fingidas para ver como acudia la
gente, porque tenia creido que no andaban de buena voluntad en
su servico; y porque tuvo sospecha que el licenciado Vaca de Castro (a quien ya habia
dado la ciudad por carcel) traia algunos tratos con criados y gente que le era aficionada,
un dia, a hora de
comer, dio una arma fingida, diciendo que venia Gonzalo Pizarro
cerca; y junta la gente en la plaza, envio a Diego Alvarez de Cueto,
su cunado, y prendio a Vaca de Castro, y otros alguaciles prendieron por diversas
partes a don Pedro de Cabrera y a Hernan Mejia
de Guzman, su yerno, y al capitan Lorenzo de Aldana y a Melchior
Ramirez, y Baltasar Ramirez, su hermano; y a todos juntos los hizo llevar a la mar,
metiendolos en un navio de armada, y nombro
por capitan a Hieronimo de Zurbano, natural de Bilbao, y dende
a pocos dias solto a Lorenzo de Aldana, y desterro a don Pedro y
a Hernan Mejia para Panama, y a Melchior y Baltasar Ramirez para Nicaragua, y a
Vaca de Castro le dejo todavia preso en la misma nao, sin que a los unos ni a los otros
jamas diese traslado ni
declarase culpa por que procediese contra ellos, ni haber rescebido informacion della.
252001 CAPITULO VII
252002 De como Alonso de Caceres y Hieronimo de la Serna se alzaron
con dos navios en Arequipa, y los trajeron al Visorey
252004 Cuando comenzo esta alteracion de la tierra habian subido al
puerto de Arequipa dos navios cargados de mercaderias, los cuales Gonzalo Pizarro
hizo detener, y aun los compro con intento
de enviar desde el Cuzco, para meter en ellos toda la artilleria, asi
por excusar la gran dificultad que habia de traerla por tierra tan
largo camino, como para tomar el puerto de la ciudad de los Reyes y desposeer de los
navios que en ella habia al Visorey, porque
entendia (y asi es cierto) que el que es senor de la mar en toda
aquella costa tiene la tierra por suya y puede hacer en ella todo
el dano que quisiere, desembarcando en todos los lugares que ha
llare desapercebidos y proveyendose de armas y caballos de los
navios que las llevan al Peru, y no dejando llegar a la tierra ningunos bastimentos y
ropa de los que de Castilla se llevan. Y sabiendo esto el Visorey, estaba muy temeroso
del suceso, porque
no tenia resistencia por mar contra la artilleria que esperaba, y
acordo, desque lo supo, de buscar el remedio que buenamente pudo; y este fue, que
hizo armar una nao de las que estaban
en el puerto con ocho tiros de bronce y ciertos versos de hierro,
y algunos arcabuces y ballestas, y le puso en el puerto
para defensa del y resistencia de los navios que esperaba, y
nombro por capitan del al dicho Hieronimo de Zurbano. Y acontescio que, sabido el
intento de Gonzalo Pizarro por los capitanes
Alonso de Caceres y Hieronimo de la Serna, vecinos de Arequipa,
una noche entraron en los navios que esperaban la venida del artilleria, y pagandoselo
muy bien al maestre y algunos marineros
que dentro se hallaron, se alzaron con ellos; dejando sus casas y
indios y haciendas, se vinieron con los navios a la ciudad de los
Reyes, y llegando al puerto, siendo avisado el Visorey de su venida por las atalayas que
tenia en una isla, creyendo que venian de
guerra, salio al puerto con mucha gente de caballo, donde Hieronimo Zurbano les
comenzo a tirar con su artilleria, y ellos amainaron las velas y salieron en el batel y le
entregaron los navios, con
gran placer suyo y de toda la ciudad, por haberse asegurado del
peligro que dellos recelaban.
253001 CAPITULO VIII
253002 De lo que hizo en este tiempo Gonzalo Pizarro en el Cuzco
253003 En este tiempo Gonzalo Pizarro estaba en el Cuzco haciendo y
pagando la gente con gran diligencia, y proveyendo las otras cosas
necesarias para la guerra, y pudo juntar hasta quinientos hombres
de los cuales hizo maestre de campo al capitan Alonso de Toro,
y de los de caballo hizo capitan a don Pedro Puertocarrero, y tomo para si parte dellos
debajo de su estandarte; e hizo capitanes
de piqueros al capitan Gumiel y al bachiller Juan Velez de Guevara, y nombro por
capitan de arcabuceros a Pedro Cermeno. Llevaba tres estandartes, el uno de las armas
reales, en poder de don
Pedro Puertocarrero, y el otro de la ciudad del Cuzco, que fue entregado a Antonio
Altamirano, regidor de aquella ciudad, natural de Ontiveros, a quien despues degollo
Gonzalo Pizarro por servidor de su majestad, como adelante se dira. Y otro estandarte
de
sus armas traia su alferez, y despues le entrego al capitan Pedro
de Puelles. Nombro por capitan de artilleria a Hernando Bachicao, que junto veinte
piezas de campo muy buenas, y las aparejo
de polvora y balas y toda la otra municion necesaria; y teniendo
junta su gente en el Cuzco, general y particularmente justificaba
o coloraba la causa de aquella tan injusta empresa con que el
y sus hermanos habrian descubierto aquella tierra y puestola debajo
del senorio de su majestad a su costa y mision, y enviado della
tanto oro y plata a su majestad como era notorio; y que despues
de la muerte del Marques, no solamente no habia enviado la gobernacion para su hijo ni
para el, como habia quedado capitulado,
mas aun agora les enviaba a quitar a todos sus haciendas, pues
no habia ninguno que por una via o por otra no se comprendiese
debajo de ordenanzas, enviando para la ejecucion dellas a Blasco
Nunez Vela, que tan rigurosamente las ejecutaba, no otorgandoles
la suplicacion y diciendoles palabras muy injuriosas y asperas,
como de todo esto y de otras muchas cosas ellos eran testigos. Y
que, sobre todo, era publico que le enviaba a cortar la cabeza sin
haber el hecho cosa en deservicio de su majestad, antes servidole
tanto como era notorio. Por tanto, que el habia determinado, con
parescer de aquella ciudad, de ir a la ciudad de los Reyes y suplicar en el audiencia real
de las ordenanzas, y enviar a su majestad
procuradores en nombre de todo el reino, informandole de la verdad de lo que pasaba y
convenia, y que tenia esperanza
que su majestad lo remediaria; y donde no, que despues de haber
hecho sus diligencias, obedescerian pecho por tierra lo que su majestad mandase. Y que
por no estar seguro del Visorey, por las amenazas que les habia hecho y por la gente que
contra ellos habia juntado, acordaron que tambien el fuese con ejercito para sola su
seguridad, sin llevar intento de hacer con el dano alguno no siendo acometido. Por
tanto, que les rogaba que tuviesen por bien de ir con
el y guardar orden y regla militar, que el y aquellos caballeros les
gratificarian su trabajo, pues iban en justa defensa de sus haciendas. Y con estas
palabras persuadia aquella gente a que creyesen la
justificacion de la junta, y se ofrescieron de ir con el y defenderle
hasta la muerte; y asi, salio de la ciudad del Cuzco, acompanandole todos los vecinos.
Y puesta su gente en orden, aunque hubo algunos dellos entre los cuales estaba ya
hecho concierto, que le demandaron aquella noche licencia para volver al Cuzco a
aderezar
algunas cosas de su viaje. Y otro dia de manana se juntaron hasta
veinte y cinco personas de las principales de la ciudad, que, aunque
a los principios habian dado consentimiento en que viniesen a suplicar de las
ordenanzas, despues, viendo como se iba danando el
negocio y encaminandose en deservicio de su majestad y alteracion
de la tierra, determinaron de apartarse de Gonzalo Pizarro y irse a
servir al Visorey, como se fueron, haciendo muy grandes jornadas
por despoblados y caminos apartados, porque sabian que Gonzalo
Pizarro los habia de enviar a seguir, como lo hizo. Y los principiantes deste concierto
fueron Gabriel de Rojas, Gomez de Rojas, su sobrino, y Garcilaso de la Vega y Pedro
del Barco, y Martin de Florencia y Hieronimo de Soria, y Juan de Sayavedra y
Hieronimo Costilla, y Gomez de Leon y Luis de Leon, y Pedro Manjares y otros,
hasta numero de veinte y cinco personas; llevando consigo las provisiones que del
audiencia real habian rescebido, en que se les
mandaba que, so pena de traidores acudiesen luego. Y cuando Gonzalo Pizarro otro dia
lo supo tuvo tan alterado el ejercito, que muchas veces estuvo en determinacion de
tornarse a los Charcas con
cincuenta de caballo amigos suyos, y hacerse alli fuerte; pero en fin
ninguna cosa hallo de menos peligro para su vida que seguir el viaje comenzado y
animar su gente, diciendo que si aquellos caballeros se habian ido era por no saber el
estado en que estaban los
negocios de los Reyes, porque habia rescebido cartas de los principales vecinos della,
en que le certificaban que con cincuenta hombres de caballo que el alli llevase
concluiria el negocio comenzado
sin riesgo ninguno, porque todos estaban de su opinion. Y asi, continuo su camino,
aunque muy despacio, porque no sufria otra cosa el grande embarazo de la artilleria, que
la llevaba en hombros
de indios, con unos palos atravesados en los tiros, quitados de las
curenas y carretones, y cada tiro llevaban doce indios, que no andaban con el mas de
cien pasos, y luego entraban otros doce, y asi
remudaban trescientos indios que iban diputados para cada canon,
porque, a causa de la aspereza de los caminos, no se podian tirar en
los carretones. Y asi, iban mas de seis mil indios para solamente llevar el artilleria y las
municiones della.
255008 CAPITULO IX
255009 De como Gaspar Rodriguez y otros del real de Gonzalo Pizarro se
quisieron pasar a servir al Visorey, y enviaron por salvoconducto
255012 Muchos caballeros y personas particulares venian en compania
de Gonzalo Pizarro (como esta dicho en el capitulo precedente),
que aunque a los principios fueron de parescer que vieniesen a suplicar de las
ordenanzas, y para ello ofrescieron sus personas y haciendas, despues, visto como el
negocio se iba enconando,
y poco a poco Gonzalo Pizarro iba usurpando senorio y mando,
y que por su autoridad quebro la caja de su majestad, y saco della
los dineros que habia contra voluntad de los oficiales y justicias,
antes que saliesen del Cuzco se arrepintieron de haberse entremetido en estas cosas,
que daban de si muy ciertas senales del mal
suceso que habian de tener; y asi, siendo el principal del concierto Gaspar Rodriguez de
Camporedondo (hermano del Capitan Pedro Anzures, cuyos indios le habian sido
encomendados por su
muerte), se trato entre algunas personas principales del ejercito
de dejar a Gonzalo Pizarro, y pasarse a servir al Visorey, aunque
por otra parte no lo osaban hacer, diciendo que era de muy aspera condicion, y que no
los dejaria de castigar por lo pasado, aunque se viniesen a su servicio; y asi,
determinaron de hacer lo uno
y prevenir en lo otro, enviando por caminos muy secretos y apartados a Baltasar de
Loaysa, clerigo natural de la villa de Madrid,
con cartas y despachos suyos para el Visorey y audiencia, diciendoles que si les
enviaban perdon de lo pasado, y salvoconducto, se
pasarian a su campo, y que pasandose ellos, por ser capitanes y
personas tan principales, todos sus amigos y criados se huirian, y
asi podria ser que se deshiciese el campo de Gonzalo Pizarro. Los
principales que escribieron esto fueron Gaspar Rodriguez y Felipe
Gutierrez, y Arias Maldonado y Francisco Maldonado, y Pedro de
Villa-Castin y otros, hasta veinte y cinco personas. Baltasar de
Loaysa vino a los Reyes, caminando con gran diligencia, y por procurar de esconderse
no topo con Gabriel de Rojas y Garcilaso, y
con los demas que hemos dicho que se huyeron del Cuzco. Llegado a los Reyes, muy
secretamente dio los despachos al Visorey y
audiencia, y ellos le dieron el salvoconducto que pedia, del cual luego en toda la ciudad
se tuvo noticia, y muchos vecinos y otras personas que secretamente eran aficionados a
Gonzalo Pizarro y a la
empresa que traia, por lo que a ellos les importaba, lo sintieron,
teniendo por cierto que con la venida de aquellos caballeros se desharia el campo, y asi
quedaria el Visorey sin ninguna contradicion
para ejecutar las ordenanzas.
256010 CAPITULO X
256011 De como Pedro de Puelles, teniente de Guanuco, se paso a Gonzalo
Pizarro, y tras el la gente que el Visorey envio en su seguimiento
256013 Cuando el Visorey fue rescebido en la ciudad de los Reyes le
vino a besar las manos Pedro de Puelles, natural de Sevilla, que
era a la sazon teniente de gobernador en la villa de Guanuco por
el licenciado Vaca de Castro, y por ser tan antiguo en las Indias
era tenido en mucho; y asi, el Visorey le dio nuevos poderes para
que tornase a ser teniente en Guanuco, mandandole que le tuviese
presta la gente de aquella ciudad, para que si cresciese la necesidad, enviandole a
llamar, le acudiesen todos los vecinos con sus
armas y caballos. Pedro de Puelles lo hizo como el Visorey se lo
mando, y no solamente tuvo aparejada la gente de la ciudad, mas
aun detuvo alli ciertos soldados que habian acudido de la provincia de los
Chachapoyas, en compania de Gomez de Solis y de Bonifaz; y estuvo esperando el
mandado del Visorey, el cual cuando
lo parescio tiempo envio a Hieronimo de Villegas natural de Burgos, con una carta para
Pedro de Puelles, que luego le acudiese
con toda la gente; llegado a Guanuco, trataron todos juntos sobre
el negocio, paresciendoles que si se pasaban al Visorey serian parte para que tuviese
buen fin su negocio, y que habiendo vencido y
desbaratado a Gonzalo Pizarro, ejecutaria las ordenanzas que tan
gran dano traian a todos, pues quitando los indios a los que los poseian, no solamente
rescebian perjuicio los vecinos cuyos eran, mas
tambien los soldados y gente de guerra, pues habia de cesar el mantenimiento que les
daban los que tenian los indios. Y asi, todos juntos acordaron de pasarse a servir a
Gonzalo Pizarro y se partieron para le alcanzar donde quiera que le topasen. Luego el
Visorey fue avisado desta jornada por medio de un capitan indio, llamado Illatopa, que
andaba de guerra; y sabido por el Visorey,
sintio mucho este mal suceso; y pareciendole que habia lugar para
ir a atajar esta gente en el valle de Jauja, por donde necesar iamente habian de pasar,
despacho con gran presteza a Vela Nunez, su
hermano, que con hasta cuarenta personas fuesen a la ligera a
atajar el paso a Pedro de Puelles y su gente, y con Vela Nunez,
envio a Gonzalo Diaz, capitan de arcabuceros, y llevo treinta hombres de su compania;
y porque fuesen mas presto, el Visorey les
mando compr ar, de la hacienda real, treinta y cinco machos, en
que hiciesen la jornada, que constaron mas de doce mil ducados;
y los otros diez soldados, a cumplimiento de los cuarenta, llevo Vela Nunez de
parientes y amigos suyos; y yendo bien aderezados, se
partieron de los Reyes, y siguieron su camino hasta que de Guadachili (que es veinte
leguas de la ciudad) diz que llevaban concertado de matar a Vela Nunez y pasarse a
Gonzalo Pizarro. Y yendo
ciertos corredores delante cuatro leguas de Guadachili, en la provincia de Pariacaca,
toparon a fray Tomas de San Martin, provincial de Santo Domingo, a quien el Visorey
habia enviado al Cuzco
para tratar de medios con Gonzalo Pizarro; y apartandole un soldado, natural de Avila,
le dijo los tra tos que estaban hechos de
aquella gente para que el avisase dellos a Vela Nunez y se pusiese
a recaudo, porque de otra manera, le matarian aquella noche. El
provincial se dio gran priesa a andar, tornando consigo los corredores del campo,
porque les dijo que Pedro de Puelles y su gente
habia dos dias que eran pasados por Jauja, y que en ninguna manera los podrian
alcanzar. Y llegados a Cuadachili dijo lo mesmo
a la demas gente y que era trabajar en vano si procedian en el camino; y secretamente
apercibio a Vela Nunez del peligo en que estaba, para que se pusiese a recau do; el cual
aviso a cuatro o cinco
deudos suyos que con el iban, de lo que pasaba, y en anocheciendo sacaron los caballos
como que los iban a dar agua; y guiandolos el provincial, con la escuridad de la noche
escaparon; y en sabiendo que eran idos, un Juan de la Torre y Piedra-Hita, y Jorge
Griego y otros soldados del concierto se levantaron a la guardia
de la media noche, y dieron sobre toda la gente uno a uno poniendoles los arcabuces a
los pechos si no determinaban irse con ellos.
Y casi todos los otorgaron, especialmente el capitan Gonzalo Diaz,
que aunque se le puso el mesmo temor y le ataron las manos, y
hicieron otras apariencias de miedo, se cree que era del concierto, y aun el principal
del, y asi se entendio por todos los de la
ciudad que lo habia de hacer, porque habia sido yerno de Pedro
de Puelles, tras quien le enviaban, y no era de creer que habia de
prender a su suegro estando bien con el. Y asi, levantandose todos, y subiendo en sus
machos, que tan caro habian costado, se
fueron a Gonzalo Pizarro al cual hallaron cerca de Guamanga; y
habia dos dias que era llegado Pedro de Puelles con su gente, y
hallo tan desmayado el campo con la tibieza que ya iban mostrando Gaspar Rodriguez
y sus aliados, que si tardara tres dias en llegar se deshiciera la gente; pero Pedro de
Puelles les puso tanto animo con su socorro y con las palabras que les dijo, que
determinaron de seguir el viaje, porque se profirio que si Gonzalo Pizarro
y su gente no querian ir, el con los suyos seria parte para prender
al Visorey y echarle de la tierra, segun estaba malquisto. Llevaba
Pedro de Puelles poco menos de cuarenta de caballo y hasta veinte arcabuceros, y los
unos y los otros se acabaron de confirmar
en su proposito con la llegada de Gonzalo Diaz y su compania.
Vela Nunez llego a los Reyes y hizo saber al Visorey, lo que pasaba, y el lo sintio como
era razon, porque veia que sus negocios
se iban emperando cada dia. Otro dia llego a los Reyes Rodrigo
Nino, hijo de Hernando Nino, regidor de Toledo, con otros tres o
cuatro que no quisieron ir con Gonzalo Diaz. Por lo cual demas
de hacerles cuantas afrentas pudieron, les quitaron las armas y
los caballos y vestidos; y asi, venia Rodrigo Nino con un jubon y
con unos muslos viejos, sin medias calzas, con solo sus alpargates, y
una cana en la mano, habiendo venido a pie todo el camino. Y el
Visorey le rescibio con grande amor, loando su fidelidad y constancia, y diciendole que
mejor parescia en aquel habito que si viniera vestido de brocado, atenta la causa por que
le traia.
258024 CAPITULO XI
258025 De la gente que salio para prender y tomar los despachos a Baltasar de Loaysa
258027 Cobrados los despachos, Baltasar de Loaysa se partio con
ellos la via del ejercito de Gonzalo Pizarro; y entendido en el pueblo que con lo que
llevaba muy facilmente se desharia la gente, y el
Visorey gobernaria pacificamente, y ellos rescebirian sin ningun
remedio el dano que esperaban, determinaron algunos vecinos y
soldados de ir muy a la ligera en seguimiento de Loaysa, hasta alcanzarle y tomarle los
despachos que llevaba. Y habiendose salido Loaysa un sabado en la tarde del mes de
setiembre del ano
de 45, y con el el capitan Hernando de Zeballos, en sendos machos
y sin ningua otra compania ni embarazo que los pudiese detener,
el domingo siguiente en la noche salieron en su seguimiento hasta veinte y cinco de
caballo muy a la ligera, con determinacion
de no parar dias ni noches hasta alcanzar a Loaysa. Los principales que concertaron
este trato fueron don Baltazar de Castilla,
hijo del conde de la Gomera, y Lorenzo Mejia y Rodrigo de Salazar,
y Diego de Carvajal, que llamaban el Galan, y Francisco de Escobedo y Hieronimo de
Carvajal, y Pedro Martin de Cecilia y otros,
hasta el numero que esta dicho; los cuales a prima noche comenzaron a caminar, y
continuaron su camino con tanta priesa, hasta que menos de cuarenta leguas de la
ciudad de los Reyes alcanzaron a Loaysa y Zaballos, y los hallaron durmiendo en un
tambo; y tomandoles las provisiones y despachos que llevaban, los
enviaron a Gonzalo Pizarro con un soldado, que fue a la mayor
priesa que pudo por ciertos atajos, quedando los mensajeros con
Pedro Martin y sus companeros, que los llevaban presos y a buen
recaudo, continuando tambien su camino en demanda del campo de Gonzalo Pizarro; y
rescebidas por el las provisiones y despachos que el mensajero le llevo, las comunico
muy en secreto
con el capitan Carvajal, a quien pocos dias antes habia hecho su
maestre de campo por enfermedad de Alonso de Toro, que salio
del Cuzco con aquel cargo. Y asimesmo dio parte del negocio a
otros capitanes y personas principales de su campo, de los que
no habia sido en enviar a pedir el salvoconducto; y algunos por
enemistades particulares, y otros por envidias, y otros por codicia
de ser mejorados en indios, aconsejaron a Gonzalo Pizarro que le
convenia castigar este negocio tan ejemplarmente, que escarmentasen los demas para
no inventar semejantes motines y alteraciones; y entre todos los que por el mesmo
salvoconducto parescia
haber sido participantes en este negocio se resumieron en matar
al capitan Gaspar Rodriguez, tesorero de su majestad, vecino de
la villa de Madrid, y a un caballero gallego, llamado Arias Maldonado, el cual con
Felipe Gutierrez se habia quedado una o dos jornadas atras, en la villa de Guamanga, so
color de aderezar ciertas
cosas para el camino. Y envio Gonzalo Pizarro al capitan Pedro
de Puelles, con cierta gente de caballo, que en Guamanga los prendio y corto las
cabezas. Gaspar Rodriguez estaba en el mismo
campo por capitan de casi doscientos piqueros, y por ser persona
tan principal y rico y bienquisto no osaron ejecutar abiertamente
en su persona lo que tenian acordado, y usaron desta forma: que
despues de tener prevenidos Gonzalo Pizarro ciento y cincuenta arcabuceros de la
compania de Cermeno, y dandoles una arma secreta, y encabalgada y puesta a punto la
artilleria, envio a llamar a
todos los capitanes a su toldo, diciendo que les queria comunicar
ciertos despachos que habia rescebido de los Reyes. Y viniendo todos, y entre ellos
Gaspar Rodriguez, cuando entendio que estaba
cercada la tienda, y asestada a ella toda la artilleria, el se salio, fingiendo que iba a otro
negocio. Y quedando todos los capitanes juntos, se llego el maestre de campo Carvajal a
Gaspar Rodriguez, y
con disimulacion le puso la mano en la guarnicion de la espada y
se la saco de la vaina, y le dijo que se confesase con un clerigo que
alli llamaron, porque habia de morir luego . Y aunque Gaspar Rodriguez le rehuso
cuanto pudo, y se ofrescio a dar grandes disculpas de cualquier culpa que se le
imputase, ninguna cosa aprovecho;
y asi, le cortaron la cabeza. Estas muertes atemorizaron mucho todo el campo.
especialmente a los que sabian que eran consortes suyos en la causa porque los
mataban, porque fueron las primeras
que Gonzalo Pizarro hizo desde que comenzo su tirania. Pocos dias
despues llegaron al campo don Baltasar y sus companeros, que
traian preso a Baltasar de Loaysa y a Hernando de Zaballos, como esta dicho. Y el dia
que supo Gonzalo Pizarro que habian de
entrar en el real, envio al maestre de campo Carvajal por el camino
por donde entendio que venian para que en topandolos hiciese dar
garrote a Loaysa y Zaballos; y quiso su fortuna que se desvia ron
del camino real por una senda; de manera que el maestre de campo los erro. Y asi,
llegados a la presencia de Gonzalo Pizarro, hubo
tantos intercesores en su favor, que les perdono las vidas y a Loaysa
le envio a pie y sin ningun bastimento de su real, y a Hernando de
Zaballos trajo consigo, hasta que desde en mas de un ano, estando
en la provincia de Quito, le encargo que fuese con los mineros que
sacaban oro de las minas, por veedor dellos; y porque le dijeron que
se habia aprovechado demasiadamente en aquel cargo, juntandose
el odio que con el tenia de lo pasado, le hizo ahorcar.
260033 Pues tornando a la orden de la historia, pocas horas despues
que salieron de la ciudad de los Reyes don Baltasar de Castilla y
sus companeros, que fueron en seguimiento de Loaysa, como esta
dicho, no pudo ser tan oculto, que no viniese a noticia del capitan
Diego de Urbina, maestro de campo del Visorey, que andando rodeando la ciudad y
yendo a las posadas de algunos de estos que se
huyeron, ni los hallo a ellos ni sus armas ni caballos, ni a los indios
yanaconas de su servicio. Lo cual le dio sospechas de lo que era;
y yendo a la posada del Visorey, que estaba ya acostado, le certififico que los mas de
la ciudad se la habian huido, porque -|el asi lo
creia. El Visorey se altero, como era razon, y levantandose de la
cama, mando tocar arma y llamo a sus capitanes y con gran diligencia les hizo ir
discurriendo de casa en casa por toda la ciudad,
hata que averiguo quienes eran los que faltaban. Y como entre los
otros se hallasen ausentes Diego de Carvajal y Hieronimo de Carvajal y Francisco de
Escobedo, sobrinos del factor Illan Suarez de
Carvajal, de quien el tenia ya concebida sospecha que favorescia
a Gonzalo Pizarro y a sus negocios, teniendo por cierto que la ida
de sus sobrinos se habia hecho por su mandado, o a lo menos que
no habia podido ser sin que el tuviese noticia dello, porque posaban dentro en su casa,
caso que se mandaban por una puerta diferente, apartada de la principal; y para
averiguacion desta sospecha
envio el Visorey a Vela Nunez, su hermano, con ciertos arcabuceros, que fuese a traer
preso al factor; y hallandole en su cama, le
hizo vestir y le llevo a la posada del Visorey, que, por no haber dormido casi en toda la
noche, estaba reposando sobre su cama vestido y armado. Y en entrando el factor por la
puerta de su cuadra,
dicen algunos de los que se hallaron presentes que se levanto en
pie el Visorey y le dijo: “|CAsi, don traidor, que habeis enviado vuestros sobrinos a
servir a Gonzalo Pizarro?” El factor le respondio:
“No me llame vuestra senoria traidor, que en verdad no lo soy”.
El Visorey diz que replico: “Juro a Dios que sois traidor al Rey”.
A lo cual el factor dijo: “Juro a Dios que soy tan buen servidor del
Rey como vuestra senoria”. De lo cual el Visorrey se enojo tanto,
que arremetio a el, poniendo mano a una daga; y algunos dicen que
le hirio con ella por los pechos, aunque el afirmaba no haberle herido, salvo que sus
criados y alabarderos, viendo cuan desacatadamente le habia hablado, con ciertas roncas
y partesanas y alabardas que alli habia le dieron ta ntas heridas, que le mataron, sin que
pudiese confesarse ni hablar palabra ninguna. Y el Visorey le mando luego llevar a
enterrar, aunque, temiendo que el factor era muy
bienquisto, y que si le bajaban por delante de la gente de guerra
(porque cada noche le hacian guardia cien soldados en el patio de
su casa) podria haber algun escandalo, mando descolg ar el cuerpo
por un corredor de la casa, que salia a la plaza, donde le rescibieron ciertos indios y
negros, y le enterraron en la iglesia que estaba junto, sin amortajarle, salvo envuelto en
una ropa larga de grana que llevaba vestida. Y asi, dende a tres dias, cuando los oidores
prendieron al Visorey, como abajo se dira, una de las primeras
cosas que hicieron fue averiguar la muerte del factor, comenzando
el proceso de que habian sabido que a la media noche le llevaron
en casa del Visorey y que nunca mas habia parescido, y le desenterraron y averiguaron
las heridas. Sabida esta muerte por el pueblo, causo muy grande escandalo, porque
entendian todos cuanto
el factor habia favorecido las cosas del Visorey, especialmente en la
diligencia que puso para que fuese rescebido en la ciudad de los
Reyes, contra el parecer de los mas de los regidores. Estos sucesos
acaescieron domingo en la noche, que se contaron 13 dias del mes
de septiembre del ano de 1544. Y luego, el lunes de manana el Visorey envio a don
Alonso de Montemayor con hasta treinta de caballo, que fuese en seguimiento de don
Baltasar y de los que (como
tenemos dicho) fueron en rastro de Loaysa y Zaballos, aunque despues de haber andado
una jornada o dos, entendieron que era imposible alcanzallos; y asi, se tornaron a la
ciudad, y en el camino tuvieron noticia que Hieronimo de Carvajal, uno de los sobrinos
del
factor, se perdio de la compania una noche, y no acertando el camino, se escondio en
un canaveral; y buscandole, le llevaron preso al Visorey, aunque, por estar ya preso
cuando volvieron, como
abajo se dira, excuso el riesgo que corriera. Despues de habersele
pasado la ira y enojo al Visorey, no entedia en otra cosa sino en
dar particular cuenta a todos aqu ellos con quien hablaba de las
cosas que le habian movido a tener la sospecha que tuvo del factor, y de como habia
sucedido su muerte; y para la justificacion
dello hizo que el licenciado Alvarez rescibiese cierta informacion
sobre las culpas que el imputaba al factor; la principal de las cuales era fundar, como
verisimilmente se creia, que habia tenido noticia de la huida de sus sobrinos, y que no
podia ser menos, por
vivir dentro de su mesma casa, y que en otras muchas cosas que le
habia encomendado tocantes a la guerra, no entendia con el calor
y diligencia que le parecia que era razon, fundando siempre el interes que al factor se le
seguia de que no se ejecutasen las ordenanzas
reales, pues por virtud de una dellas se le habian de quitar los indios que tenia como a
oficial de su majestad; lo cual excusaba
mientras la tierra andaba alborotada. Y tambien le culpaba de que,
habiendole dado ciertos despachos que enviase al licenciado Carvajal, su hermano, que
al tiempo destas revueltas se hallo en el
Cuzco, para que le avisase de lo que alla pasaba, no le habia vuelto respuesta,
pudiendolo tambien hacer, por estar en el camino
los indios de ambos hermanos y los de su majestad, que estaban
a cargo del factor, aunque en lo uno ni en lo otro nunca parescio
culpado. Viendo el Visorey cuan mal le habian sucedido todos estos negocios, y que
por causa desta muerte la gente mostraba tanta tibieza y descontento, le parescio mudar
el designio que hasta
alli habia tenido de esperar a Gonzalo Pizarro y pelear con el dentro de la ciudad, para
lo cual la habia hecho fortificar con ciertos
bastiones y traveses, y determino de retirarse ochenta leguas atras,
en la ciudad de Trujillo, despoblando aquella de los Reyes, y llevando por mar los
hombres viejos y impedidos y las mujeres y haciendas, porque tenia copia de navios
para ello, y por tierra toda la
gente de guerra, despoblando de camino todos los llanos y haciendo subir los indios a
la sierra. El fin que tuvo en esta determinacion fue parecerle que, llegando Gonzalo
Pizarro a los Reyes
y vinie ndo su ejercito de tan largo camino con tanta artilleria y
impedimentos, y hallando despoblada aquella ciudad, sin ninguno de los refrigerios que
en ella esperaba hallar, se le desharia el
campo, viendo que aun le quedaba tan larga jornada como desde
alli a Trujillo, y el camino despoblado y sin ninguna comida. Y
demas desto, le movia ver que cada dia se le iba gente de su campo al del enemigo, por
creer que estaba ya tan cerca; y asi, queriendo ejecutar su determinacion, el martes
siguiente mando a Diego Alvarez de Cueto que con cierta gente de caballo llevase a la
mar
los hijos del marques don Francisco Pizarro y los metiese en un
navio, y el se quedase en guarda dellos y del licenciado Vaca de
Castro, y por general de la armada, porque temio que don Antonio de Ribera y su
mujer, que tenia a cargo a don Gonzalo y sus
hermanos, se los esconderian. Lo cual causo muy gran alteracion
en el pueblo, y sintieron dello muy mal los oidores, especialmente
el licenciado Zarate, que con gran instancia particularmente fue a
suplicar al Visorey que sacase a dona Francisca de la mar, por ser
ya doncella crecida y hermosa y rica, y que no era cosa decente
traerla entre los marineros y soldados. Y ninguna cosa pudo acabar con el Visorey,
antes ya claramente el les declaro su intencion
cerca de lo que tenia determinado en retirarse; y los hallo muy lejos de su parescer,
porque le respondieron que su majestad les
habia mandado residir en aquella ciudad, que por su voluntad no
saldrian della hasta que viesen mandamiento en contrario. Y visto esto por el Visorey,
determino de tomar en su poder el sello real
y llevarle consigo a Trujillo, porque los oidores, caso que no le quisiesen seguir,
quedasen alli como personas privadas, sin que pudiesen librar ni hacer audiencia.
Sabido esto por los oidores, enviaron a llamar el chanciller; y quitandole el sello, le
depositaron en poder del licenciado Cepeda; como oidor mas antiguo; lo
cual acordaron los tres oidores sin el licenciado Zarate, y a la tarde se juntaron todos
cuatro en casa del licenciado Cepeda, y determinaron hacer un requerimiento al
Visorey para que sacase
de la mar los hijos del Marques; y despues de asentado el acuerdo en el libro, el
licenciado Zarate se fue a su posada, porque
estaba mal dispuesto, y los demas oidores quedaron tra tando sobre la forma que
ternian para su defensa si el Visorey quisiese
ejecutar su determinacion y embarcarlos por fuerza, como se publicaba que lo habia de
hacer; y acordaron de despachar una
provision, requirendo y mandando por ella a los vecinos y capitanes y gente de guerra
que si el Visorey los quisiese embarcar
y sacar de aquella ciudad por fuerza y contra su voluntad, se
juntasen con ellos y les diesen favor y ayuda para resistir la ejecucion de tal mandado,
como cosa que se hacia de hecho y contra lo que su majestad tenia expresamente
mandado por las nuevas leyes y ordenanzas y por las mismas provisiones y titulos de
sus oficios; y teniendo despachada la provision, la comunicaron
secretamente con el capitan Martin de Robles, rogandole que estuviese apercebido con
su gente para que cuando fuese llamado acudiese a los favorescer. Martin de Robles se
ofrescio de hacerlo,
porque estaba diferente con el Visorey, aunque era capitan suyo,
y asimesmo se ofrecieron a darles el mismo favor otros vecinos y
personas principales de aquella ciudad con quien comunicaron su
determinacion. Y asi, estuvieron todos apercebidos aquella noche,
y no pudo ser tan secreto lo que habia pasado, que no se entendiese o sospechase por el
Visorey. Y poco despues de anochecido,
Martin de Robles fue a la posada del licenciado Cepeda y le dijo
que mirase lo que habia comenzado, y que si dilataban el remedio,
podria ser que a todos les contase las vidas, porque ya el Visorey
habia entendido el negocio. Luego el licenciado Cepeda envio a
llamar al licenciado Alvarez y al doctor Tejada, y determinaron de
defenderse descubiertamente del Visorey si tentase de prenderlos;
y comenzaron a acudir algunos de sus amigos, y otros de la compania de Martin de
Robles que estaban apercebidos; y porque el
maestre de campo Diego de Urbina, a quien tocaba la ronda de
aquella noche, encontro algunos destos soldados y sospecho lo que
podia ser, fue al Visorey y le dijo lo que pasaba y lo que el colegia
dello, para que lo remediase. El Visorey respondio que no temiese, porque a la fin eran
bachilleres, y no ternian animo para cometer cosa ninguna. Y con esto, Diego de Urbina
se torno a su ronda, y topo alguna gente de caballo que acudian en casa de Cepeda;
y visto esto, se torno al Visorey y le dijo lo que pasaba, y le mando
que les dijese a ellos todo lo que a el le en ello antes que creciese
el dano. El visorey se armo y mando tocar arma, y salio a la plaza con determinacion de
irse en casa del licenciado Cepeda con
cien soldados que le hacian la guarda aquella noche y con los criados y gente de su
casa, y prender los oidores y castigar el alboroto
v apaciguar la ciudad; y puesto en la plaza junto a su puerta, vio
como no podia tener los soldados que por alli pasaban, que todos
se iban hacia la casa de Cepeda, porque la gente de a caballo que
andaba por las calles los encaminaba para alla. Y si el Visorey en
aquella sazon ejectuara sus determinacion, no tuviera dificultad ni
resistencia porque era mucha mas la gente que el llevaba que la
que en casa de Cepeda estaba junta. Lo cual dejo de hacer porque
Alonso Palomino, que era alcalde en aquella ciudad, le dijo que
toda la gente de guerra estaba en casa de Cepeda y querian venir
sobre el; por tanto, que se hiciese fuerte en su posada, pues tenia
aparejo, y le faltaba gente con que poder acometer a los oidores.
Y el, dando credito a lo que Alonso Palomino le dijo, se metio en
su aposento con los capitanes Vela Nunez, su hermano, y Paulo
de Meneses y Hieronimo de la Serna, y Alonso de Caceres y Diego de Urbina, y con
otros criados y deudos suyos, dejando a la
puerta de la calle los cien hombres de la guardia que arriba tenemos dicho, para que no
dejasen entrar a nadie. En este tiempo
tambien les fue dicho a los oidores que el Visorey estaba en la plaza con determinacion
de venir sobre ellos; y caso que tenian muy
poca gente, determinaron de salir de casa, porque si el Visorey los
cercaba, se les quitaria la posibilidad de juntar consigo mas gente.
Y asi, se fueron a la plaza, y con la que en el camino se les junto
llevaban ya numero de doscientos hombres; y para su justificacion
hicieron pregonar la provision; la cual, con el gran ruido, fue de
pocos entendida; y llegando a la plaza ya que amanescia, se comenzaron a tirar algunos
arcabuces desde el corredor del Visorey y
ocupar toda la delantera de la plaza. De lo cual se enojaron tanto
los sold ados que iban con los oidores, que determinaron de entrar
la casa por fuerza y matar a todos los que se lo resistiesen. Y los
oidores los apaciguaron y enviaron a fray Gaspar de Carvajal, su
perior de santo Domingo, y a Antonio de Robles, hermano de Martin de Robles, para
que dijesen al Visorey que no querian del otra
cosa sino que no los embarcase por fuerza y contra lo que su majestad mandaba, y que
sin ponerse en resistencia, se viniese a la iglesia mayor, donde se metieron a esperarle;
porque de otra manera
pornia en riesgo a si y a los que con el estaban. Y yendo estos mensajeros, los cien
soldados que estaban a la puerta se pasaron a la
parte de los oidores, y viendo la entrada libre, todos los soldados
entraron en casa del Visorey y comenzaron a robar los aposentos
de sus criados, que estaban en el patio. En este tiempo el licenciado Zarate salio de su
posada por irse a juntar con el Visorey, y topando en el cami no a los otros oidores, y
viendo que no podia pasar, se metio en la iglesia con ellos. Oido por el visorey lo que le
enviaban a decir, y viendo la casa llena de gente de guerra, y que
la suya mesma le habia dejado, se vino a la iglesia donde los oidores estaban y se
entrego a ellos, los cuales le trajeron en casa del
licenciado Cepeda, armado como estaba con una cota y unas coracinas. Y viendo el al
licenciado Zarate con los otros oidores, le
dijo: “|CTambien vos, licenciado Zarate, fuiste en prenderme teniendo yo de vos tanta
confianza?” Y el le respondio que quien quiera
que se lo habia dicho, que mentia; que notorio estaba quien le habia prendido, y si el se
habia hallado en ello o no. Luego se proveyo
que el Visorey se embarcase y se fuese a Espana, porque si llegado
Gonzalo Pizarro, le hallase preso, le mataria. Y tambien temian que
algunos deudos del factor le habian de matar en venganza de la muerte del factor y que
de cualquier forma se echaria la culpa del dano y
tambien les parecia que si le enviaban solo, que tornaria a saltar en
tierra y volveria sobre ellos; y andaban tan confusos que no se entendian y mostraban
pesarles de lo hecho. Y hicieron capitan general al
licenciado Cepeda, y todos llevaron a la mar al Visorey con determinacion de ponerle
en un navio, lo cual no pudieron bien hacer, porque
viendo Diego Alvarez de Cueto (que a la sazon estaba por general del
armada) la mucha gente que venia, y que traian preso al Visorey,
envio a Hieronimo Zurbano, su capitan de la mar, en un batel con
ciertos arcabuceros y tiros de artilleria, para que con el recogiese
todos los bateles de las naos a bordo de la capitana, y el fuese a requerir a los oidores
que soltasen al Visorey; lo cual hizo, caso que
no le quisieron oir, antes le tiraron ciertos arcabuceros desde tierra, y les respondio con
otros desde la mar, y se volvio. Los oidores enviaron en balsas a decir a Cueto que
entregase la armada y
los hijos del Marques, y que ellos entregarian al Visorey en un navio; y que si no lo
hacian, correria riesgo. La cual embajada llevo,
con consentimiento del Visorey, fray Gaspar de Carvajal, que fue
en una balsa a ellos; y llegado a la nao capitana, dijo a lo que venia
a Diego Alvarez de Cueto, en presencia del licenciado Vaca de Castro, que, como
tenemos dicho, estaba preso en el mesmo navio; y
viendo Cueto el peligro en que quedaba el Visorey, echo en tierra
en las mesmas balsas los hijos del Marques y a don Antonio y a su
mujer, no embargantes que los oidores por entonces no cumplieron lo que de su parte
se habia prometido, amenazando todavia
que si no entregaba la armada, cortarian la cabeza al Visorey. Y dado caso que el
capitan Vela Nunez, hermano del Visorey, fue y vino
algunas veces, nunca los capitanes lo quisieron hacer. Y con esto,
se tornaron los oidores con el Visorey a la ciudad con mucha guarda; y dende a dos
dias, porque entendieron que los oidores y los
otros capitanes que los seguian buscaban formas para entrar con
balsas con gran copia de arcabuceros a tomarles los navios, y viendo que no habia
podido acabar con Hieronimo Zurbano que se los
entregase, caso que le enviaron a hacer grandes ofertas sobre ello,
porque vieron que era mas parte que Cueto, por tener a su voluntad todos los soldados
y marineros, que eran vizcainos, los capitanes de los navios se determinaron en salir del
puerto de los Reyes
y andarse por aquella costa entreteniendose hasta que viniese despacho o mandamiento
de su majestad sobre lo que debian hacer,
considerando que habia en la ciudad y por todo el reino criados y
servidores del Visorey, y otras personas que no se habian hallado en
su prision y muchos servidores de su majestad que cada dia se les
iban recogiendo en los navos, los cuales estaban medianamente
armados y proveidos, porque tenian diez o doce versos de hierro y
cuatro tiros de bronce, con mas de cuarenta quintales de polvora;
y tenian, demas desto, cuatrocientos quintales de bizcocho y quinientas hanegas de
maiz y harta carne salada, que era bastimento
con que gran tiempo se pudieran sustentar, especialmente no se les
pudiendo prohibir las aguas, porque en cualqi uer parte de la costa podian surgir, como
esta dicho; y no tenian mas de hasta veinte
y cinco soldados. Y considerando que no tenian copia de marineros para poder
gobernar diez navios que estaban en su poder, y que
no les era seguro dejar alli ninguno porque no los siguiesen, otro dia
despues de la prision del Visorey pusieron fuego a cuatro navios de
los mas pequenos, porque no los podian llevar, y a dos barcos de
pescadores que estaban varados en tierra, y con los seis navios restantes se hicieron a la
vela. Los cuatro navios se quemaron todos,
porque no hubo en que entrar a los remediar. Los dos barcos se salvaron, apagando el
fuego dellos, aunque quedaron con algun dano,
y los navios se fueron a surgir al puerto de Guaura, que es diez y
ocho leguas mas abajo del puerto de los Reyes, para proveerse alli
de agua y lena, de que tenian necesidad; y llevaron consigo al licenciado Vaca de
Castro v alli en Guaura determinaron de esperar el
suceso de la prision del Visorey. Y entendiendo esto los oidores, y
considerando que no se apartarian los navios mucho de aquel puerto, por dejar preso al
Visorey y en tanto riesgo de la vida, determinaron de enviar gente por mar y por tierra
para tomar los navios
por cualquier forma que pudiesen; y para esto dieron cargo de reparar y aderezar los
dos barcos que estaban en tierra a Diego Garcia de Alfaro, vecino de aquella ciudad,
que era muy practico en
las cosas de la mar; y teniendolos reparados y echados al agua, se
metio en ellos con hasta treinta arcabuceros, y se fue la costa abajo, y por tierra
enviaron a don Juan de Mendoza y a Ventura Beltran con otra cierta gente. Y habiendo
reconocido los unos y los otros
que los navios estaban surtos en Guaura, Diego Garcia se metio de
noche, con sus barcas, tras un farallon que estaba en el puerto
muy cerca de los navios, aunque no le podian ver y los de tierra
comenzaron a disparar; y creyendo cierto que eran algunos criados del Visorey o gente
que se queria embarcar, proveyo que Vela
Nunez fuese en tierra con un batel a informarse de lo que pasaba;
y llegando a la costa, sin saltar en tierra, dio sobre el de traves
Diego Garcia con su gente y le comenzo a tirar, apretandole tanto,
que se hubo de rendir y entregar el batel. Y desde alli enviaron a
hacer saber a Cueto lo que pasaba, diciendole que si no entregaba
la armada matarian al Visorey y a Vela Nunez. Y temiendo Cueto
que se haria asi, entrego la armada, contra el parescer de Hieronimo Zurbano, que con
un navio, de que era capitan, se hizo a la vela, y se fue a Tierra-Firme, dos dias antes
que viniese Diego Garcia,
porque le mando Cueto que con su navio se viniese la costa abajo
a recoger a todos los navios que hallase, porque no los tomasen los
oidores. Y ellos, desque la armada se fue de los Reyes, temiendo que
los deudos del factor matarian al Visorey (como lo habian intentado de hacer),
acordaron de llevarlo a una isla que esta dos leguas
del puerto, metiendole a el y a otras veinte personas que le guardasen en unas balsas de
espadanas secas, que los indios llaman
enea. Y sabida la entrega de la armada determinaron de enviar a
su majestad al Visorey con cierta informacion que contra el rescibieron, y se
concertaron con el licenciado Alvarez, oidor, para que
le llevase en forma de preso, y para su salario le dieron ocho mil
castellanos; y haciendo los despachos necesarios, en los cuales no
firmo el licenciado Zarate, Alvarez se fue por tierra, y al Visorey
llevaron por la mar en uno de los barcos de Diego Garcia, y se le entregaron en Guaura
al licenciado Alvarez con tres navios, y con
ellos, sin esperar los despachos del audiencia (que aun no era llegados), se hizo a la
vela, y al licenciado Vaca de Castro tornaron
en un navio, preso como antes estaba, al puerto de los Reyes.
269014 CAPITULO XII
269015 De cierto trato que hubo en Lima para soltar al Visorey, y lo que
sobre ello acaescio
269017 En el tiempo que el Visorey estaba en la isla volvieron a los Reyes don Alonso
de Montemayor y los demas que con el habian ido
en seguimiento de los que fueron a prender el padre Loaysa, a los
cuales los oidores prendieron, y a algunos quitaron las armas; y
juntamente con algunos capitanes del Visorey y con los que se habian venido del
Cuzco, los pusieron presos en casa del capitan Martin de Robles y de otros vecinos. Y
paresciendoles a estos presos
que si el Visorey estuviese suelto y en su libertad seria parte para
defender la venida de Gonzalo Pizarro y la opresion y danos que se
esperaban con ella, especialmente el deservicio de su majestad y la
alteracion de la tierra, se concertaron entre si de juntarse con
mano armada y sacar al Visorey de la isla y ponerle en su libertad
y cargo; y si para la efectuacion deste negocio fuese necesario prender a los oidores, y
aun (en caso que no se pudiese hacer de otra
manera) matarlos y alzar la ciudad por su majestad; y con los medios que para ello
tenian dados fuera facil cosa ejecutar su intento, si no se descubriera por un soldado al
licenciado Cepeda, el
cual, con sus companeros prendio los principales deste concierto,
que fueron don Alonso de Montemayor, Pablo de Meneses, Alonso
de Caceres y Alonso de Barrio-Nuevo, y otros algunos. Y haciendo
diligencia sobre el negocio, dieron tormento a algunos dellos, que
por tener buen animo no confesaron, caso que Alonso Barrio-Nuevo confeso alguna
parte del negocio, creyendo que con tanto se satisfarian los oidores y no atormentarian a
mas. Y por medio desta confesion los oidores condenaron a muerte en vista a Alonso de
Barrio-Nuevo, aunque despues en revista le cortaron la mano derecha a don Alonso de
Montemayor, y a los demas desterraron de la
ciudad y tierra. Don Alonso fue padesciendo grandes trabajos hasta juntarse con el
Visorey en Tu mbez, como abajo se dira. Despues
de lo cual, cada dia hacian saber a Gonzalo Pizarro lo que habia
pasado, porque creyeron que con ello deshar ia su gente; de lo cual
el estaba muy apartado, porque creia que todo cuanto habia pasado
sobre esta prision era ruido hechizo, a efecto de hacerle derramar
su campo, y despues prenderle y castigarle cuando le viesen solo; y
asi, caminaba siempre en ordenanza y aun mas recatadamente que
antes. Despues de hecho a la vela el licenciado Alvarez con el Visorey y sus hermanos,
el mismo dia subio a su camara, y queriendo
reconciliarse con el Visorey de las cosas pasadas, porque el habia
sido principal promovedor dellas y el que con mas diligencia entendio en su prision y
en el castigo de los que le querian restituir en
su libertad y gobernacion; y le dijo que su intencion de haber aceptado aquella jornada
habia sido por servirle y por sacarle de poder
del licenciado Cepeda, y porque no cayese en el de Gonzalo Pizarro,
que tan en breve se esperaba; y para que lo entendiese asi dende
entonces le entregaba el navio y le ponia en su libertad, y se metio
debajo de su mano y querer, y le suplicaba le perdonase el yerro
pasado de haber entendido en su prision y en las otras cosas que
despues habian sucedido, pues tambien lo habia enmendado con
asegurarle la vida y libertad. Y mando diez hombres que consigo
llevaba para la guarda del Visorey que hiciesen lo que el les mandase. El Visorey le
agradescio lo hecho y le acepto, y se apodero del
navio y armas, aunque poco despues le comenzo a tratar mal de
palabra; y asi se fueron la costa abajo hacia la ciudad de Trujillo,
donde les sucedio lo que adelante se dira.
271001 CAPITULO XIII
271002 De como los oidores enviaron una embajada a Gonzalo Pizarro para
que deshiciese su campo, y de lo que sobre esto acaescio
271004 En haciendose a la vela el licenciado Alvarez, se entendio en
los Reyes que iba de concierto con el Visorey, asi por algunas muestras que dello dio
antes que se embarcase, como porque se fue sin
esperar los despachos que los oidores habian de dar, que por no
venir en ellos el licenciado Zarate se habian dilatado y se le habian
de enviar otro dia. Lo cual los oidores sintieron mucho, sabiendo
que Alvarez habia sido inventor de la prision del Visorey y el que
mas lo trato y dio la ordenanza para ello, y entre tanto que esperaban a saber el
verdadero suceso de aquel hecho, les parescio enviar a Gonzalo Pizarro a le hacer saber
todo lo pasado y a le requerir con la provision real, para que, pues ellos estaban en
nombre de su majestad, para proveer lo que conviniese a la administracion de la justicia
y buena gobernacion de la tierra, y habian suspendido la ejecucion de las ordenanzas y
otorgado la suplicacion
dellas, y enviado al Visorey a Espa na, que era mucho mas de lo
que ellos siempre dijeron que pretendian; para colorar la alteracion
de la tierra le mandaban que luego deshiciese el campo y gente de
guerra, y si queria venir a aquella ciudad, viniese de paz y sin forma de ejercito; y que
si para la seguridad de su persona quisiese
traer alguna gente, podia venir con hasta quince o veinte de caballo, para lo cual se le
daba licencia. Despachada esta provision,
mandaron a algunos vecinos los oidores que la fuesen a notificar
a Gonzalo Pizarro donde quiera que lo topasen en el camino; y ninguno hubo que lo
quisiese aceptar, as i por el peligro que en ello
habia como porque decian que Gonzalo Pizarro y sus capitanes les
culparian, respondiendoles que, viniendo ellos a defender las haciendas de todos, les
eran contrarios. Y asi, viendo esto los oidores, mandaron por un acuerdo a Agustin de
Zarate, contador de
cuentas de aquel reino, que juntamente con don Antonio de Ribera, vecino de aquella
ciudad, fuesen a hacer esta notificacion; y les
dieron su carta de creencia, y con ella se partieron hasta llegar al
valle de Jauja, donde a la sazon estaba alojado el campo de Gonzalo Pizarro, el cual ya
habia sido avisado del mensaje que se le
enviaba; y temiendo que si le llegasen a notificar se le amotinaria
la gente, por el gran deseo que llevaban de llegar a Lima en forma
de ejercito, y aun para saquear la ciudad con cualquiera ocasion
que hallasen; y queriendolo proveer, envio al camino por donde
venian estos mensajeros a Hieronimo de Villegas, su capitan, con
hasta treinta arcabuceros a caballo, el cual los topo, y a don Antonio de Ribera le dejo
pasar al campo, y a Augustin de Zarate le
prendio y tomo las provisiones que llevaba, y le volvio por el camino que habia venido,
hasta llegar a la provincia de Pariacaca, donde le tuvo diez dias preso, poniendole su
gente todos los temores
que podian a efecto de que no dijese su embajada; y asi, estuvo alli hasta que llego
Gonzalo Pizarro con su campo, y le
mando llamar para que le dijese a lo que habia venido. Y porque
ya Zarate estaba avisado del riesgo que corria en su vida si trataba
de notificar la provision, despues de hablado aparte a Gonzalo Pizarro, y dichole lo que
se le habian mandado, le metio en un toldo,
donde estaban juntos todos sus capitanes, y le mando que les dijese
a ellos todo lo que a el le habia dicho. Y Zarate, entendiendo su intencion, les dijo de
parte de los oidores otras algunas cosas tocantes al servicio de su majestad y al bien de
la tierra, usando de la
creencia que se le habia tomado, especialmente que, pues el Visorey era embarcado, y
otorgada la suplicacion de las ordenanzas
pagasen a su Magestad lo que el Visorey Blasco Nunez Vela le
habia gastado, como se habian ofrescido por sus cartas de lo
hacer, y que perdonasen los vecinos del Cuzco que se habian pasado desde su campo a
servir al Visorey, pues habian tenido tan
justa causa para ello, y que enviasen mensajeros a su majestad
para disculparse de todo lo acaescido, y otras cosas desta calidad, a las cuales todas
ninguna otra respuesta se le dio sino
que dijese a los oidores que convenia al bien de la tierra que
hiciesen gobernador della a Gonzalo Pizarro, y que con hacerlo se
proveeria luego en todas las cosas que se les habian dicho de su
parte; y que si no lo hacian, meterian a saco la ciudad. Y con esta
respuesta volvio Zarate a los oidores, aunque algunas veces la rehuso llevar, y a ellos
les peso mucho oir tan abiertamente el intento de Pizarro; porque hasta entonces no
habia dicho que pretendia otra cosa sino la ida del Visorey y la suspension de las
ordenanzas; y con todo esto, enviaron a decir a los capitanes que ellos habian oido lo
que pedian, pero que ellos por aquella via no podian
conceder ni aun tratar dello, si no parescia quien lo pidiese por escripto y en al forma
ordinaria que se suelen pedir otras cosas. Y
sabido esto, se adelantaron del camino todos los procuradores de
las ciudades que venian en el campo, y juntando consigo los de las
otras ciudades que estaban en los Reyes, dieron una peticion en el
audiencia, pidiendo lo que habian enviado a decir de palabra. Y los
oidores, paresciendoles que era cosa tan peligrosa, y para que ellos
no tenian comision, ni tampoco libertad para dejarlo de hacer, porque ya en aquella
sazon estaba Gonzalo Pizarro muy cerca de la
ciudad, y les tenia tomados todos los pasos y caminos para que
nadie pudiese salir della, determinaron dar parte del negocio a las
personas de mas autoridad que habia en la ciudad y pedirles su parescer; y sobre ello
hicieron un acuerdo, mandando que se notificase a don Fray Hieronimo de Loaysa,
arzobispo de los Reyes,
y a don fray Juan Solano, arzobispo del Cuzco, y a don Garci
Diaz, obispo del Quito y a fray Tomas de San Martin, provincial
de los dominicos, y a Agustin de Zarate y al tesorero, contador
y veedor de su majestad, que viesen esto que los procuradores
del reino pedian, y les dieran sobre ello su parescer, expresando
muy a la larga las razones que a ellos les movian; lo cual hacian,
no para seguir ni dejar su parescer, porque bien entendian que en
los unos ni en los otros no habia libertad para dejar de hacer lo
que Gonzalo Pizarro y sus capitanes querian, sino para tener testigos de la opresion en
que todos estaban; y entre tanto que se trataba deste negocio, Gonzalo Pizarro llego un
cuarto de legua de la
ciudad, y asento sobre ella su campo y artilleria; y como vio que
se dilato aquel dia el despacho de la provision, la noche siguiente
envio su maes tre de campo con treinta arcabuceros, el cual prendio hasta veinte y ocho
personas de los que se habian venido del
Cuzco, y de otros de quien tenia queja porque habian favorescido
al Visorey; entre los cuales eran Gabriel de Rojas y Garcilaso de la
Vega y Melchior Verdugo y el licenciado Carvajal, y Pedro del Barco y Machin de
Florencia, y Alonso de Caceres y Pedro de Manjares,
y Luis de Leon y Antonio Ruiz de Guevara, y otras personas que
eran de las principales de la tierra, los cuales puso en la carcel publica, y apoderandose
della y quitando el alcaide y tomando las
llaves, sin ser parte para se lo defender ni contradecir los oidores,
aunque lo veian, porque en toda la ciudad no habia cincuenta
hombres de guerra, porque todos los soldados del Visorey y de los
oidores se habian pasado al real de Gonzalo Pizarro, con los cuales
y con los que el antes traia tenia numero de mil y doscientos hombres muy bien
armados. Y otro dia de manana vinieron algunos
capitanes de Gonzalo Pizarro a la ciudad, y dijeron a los oidores
que luego despachasen la provision; si no, que meterian a fuego y
a sangre la ciudad, y serian ellos los primeros por quien comenzasen. Los oidores se
excusaron cuanto podian, diciendo que no tenian poder para lo hacer; por lo cual el
maestre de campo Carvajal
en su presencia saco de la ca rcel cuatro personas de los que tenia
presos, y a los tres dellos, que fueron Pedro del Barco y Machin de
Florencia y Juan de Sayavedra, los ahorco de un arbol que estaba
junto de la ciudad, diciendoles muchas cosas de burla y escarnio
al tiempo de la muerte, sobre no haberles dado termino de media
hora a todos tres para confesarse y ordenar sus animas, y especialmente a Pedro del
Barco, que fue el ultimo de los tres que ahorco,
le dijo que por haber sido capitan y conquistador, y persona tan
principal en la tierra, y aun casi el mas rico della, le queria dar su
muerte con una preeminencia senalada, que escogiese en cual de
las ramas de aquel arbol queria que le colgasen; y a Luis de Leon
salvo la vida un hermano suyo, que venia por soldado de Gonzalo
Pizarro, y se lo pidio por especial merced. Y viendo esto los oidores, y que les
amenazaba el Maestre de campo que si encontinenti
no se les despachaba la provision ahorcaria los demas que estaban presos y entrarian
los soldados saqueando, mandaron que las
personas a quienes habian comunicado el negocio trajesen sus pareceres; los cuales, sin
discrepar ninguno, los dieron luego para
que se le diese la provision de gobernacion; la cual los oidores despacharon para que
Gonzalo Pizarro fuese gobernador de aquella
provincia hasta tanto que su majestad otra cosa mandase, dejando
la superioridad de la audiencia y haciendo pleitomenaje de la obedescer y deponer el
cargo cada y cuando que por su majestad y
por los oidores le fuese mandado, y dando fianza de hacer residencia y estar a justicia
con los que del hubiese querellosos. Y habiendose llevado y entregado la provision,
entro en la ciudad ordenando
su campo en forma de guerra desta manera: que la vanguardia llevaba el capitan
Bachicao con veinte y dos piezas de artilleria de
compo, con mas de seis mil indios, que traian en hombros los canones (como esta
dicho) y las municiones dellos y ibalos disparando
por las calles. Llevaba treinta arcabuceros para la guarda del artilleria, y cincuenta
artilleros. Luego iba la compania del capitan
Diego Gumiel, en que habia doscientos piqueros; y tras ella la
compania del capitan Guevara, en que habia ciento y cincuenta arcabuceros y tras ella
la compania del capitan Pedro Cermeno de doscientos arcabuceros; y luego se siguio el
mismo Gonzalo Pizarro trayendo delante si los tres capitanes de infanteria que estan
dichos, como por lacayos. El venia en un muy poderoso caballo, con sola la cota
de malla y encima una ropeta de brocado. Y tras el venian tres capitanes de caballo, en
medio don Pedro Puertocarrero, con el estandarte de su compania en la mano, que era
de las armas reales;
y a la mano derecha Antonio Altamirano con el estandarte del Cuzco, y a la mano
izquierda Pedro del Puelles, con el estandarte de las
armas de Gonzalo Pizarro. Y tras ellos se seguia toda la gente de
caballo armados a punto de guerra. Y en esta orden fue a casa del
licenciado Zarate, oidor, donde estaban juntos los demas oidores,
porque el habia fingido estar enfermo por no ir a la audiencia a le
rescebir; y dejando ordenado su escuadron en la plaza, subio a los
oidores y le rescibieron, haciendo su juramento y dando su fianzas.
Y de alli se fue a las casas de cabildo, donde estaban juntos los
regidores, y le rescibieron con las solemnidades acostumbradas.
Y de alli se fue a su posada, y su maestre de campo aposento la
gente de pie y de caballo por sus cuarteles, en las casas de los vecinos, mandandoles
que les diesen de comer. Esta entrada y rescebimiento paso en fin del mes de octubre
del ano de 44, cuarenta dias despues de la prision del Visorey, y de ahi adelante
Gonzalo Pizarro se quedo ejerciendo su cargo en lo que tocaba a la
guerra y cosas dependientes della sin intrometerse en cosa ninguna de justicia, la cual
administraban los oidores, que hacian su
audiencia en las casas del tesorero Alonso Riquelme. Y luego
Gonzalo Pizarro envio al Cuzco por su teniente a Alonso de Toro,
y a Pedro de Fuentes a Arequipa, y a Francisco de Almendras a la
villa de Plata, y a las otras ciudades a otras personas.
275029 CAPITULO XIV
275030 Que trata de la edad y condiciones de Gonzalo Pizarro y su maestre de campo,
y de lo que hicieron los vecinos de los Charcas
que venian a servir al Visorey
275033 Porque lo mas que de aqui adelante se tratara en esta historia
es sobre lo tocante a Gonzalo Pizarro y a su maestre de campo,
hasta que fueron vencidos y muertos, converna para mejor inteligencia dello escrebir
sus edades y condiciones. Gonzalo Pizarro
cuando comenzo a introducirse en esta tirania era hombre de
hasta cuarenta anos, alto de cuerpo y de bien proporcionados
miembros; era moreno de rostro, y la barba negra y muy larga.
Era inclinado a las cosas de la guerra y gran sufridor de los trabajos della; era muy
buen hombre de caballo de ambas sillas y
gran arcabucero: y con ser hombre de bajo entendimiento, declaraba bien sus
conceptos, aunque por muy groseras palabras; sabia guardar mal secreto, de que se
siguieron muchos inconvenientes en sus guerras. Era enemigo de dar, que tambien le
hizo
mucho dano. Dabase demasiadamente a mujeres, asi a indias como de Castilla.
276013 El capitan Carvajal era natural de un lugar de tierra de Are
valo, llamado Ragama, de linaje de pecheros. Fue soldado en Italia mucho tiempo,
desde el conde Pedro Navarro. Hallose en la
prision del rey de Francia en Pavia, y de alli se vino con el una
mujer de buen linaje, llamada dona Catalina de Leyton, y aunque
publicaban ser casados, comunmente decian que no lo eran, antes
algunos afirmaban que habia sido fraile y aun de evangelio. Venido en Espana, residio
algun tiempo en la encomienda de Heliche
por mayordomo della. De alli paso a la Nueva-Espana, llevando
consigo esta, que llamaba su mujer. Proveyole el Visorey de un corregimiento en
aquella provincia, con que se mantuvo algun tiempo, hasta que sucedio en el Peru el
alzamiento de los indios, para
lo cual le envio el Visorey con las armas y socorro que arriba tenemos dicho, y por
llegar en tal coyuntura, el Marques le dio unos
indios en el Cuzco, donde residio hasta que vino el Visorey Blasco Nunez Vela, que
estaba a punto de venirse a Castilla con hasta
quince mil pesos que habia habido de sus indios, y por no tener
en que embarcarse se quedo en la tierra. Era de edad de ochenta
anos, segun el decia. Era hombre de mediana estatura, muy grueso y colorado, diestro
en las cosas de la guerra, por el grande uso
que della tenia. Fue mayor sufridor de trabajos que requeria su
edad, porque a maravilla se quitaba las armas de dia y de noche,
y cuando era necesario tampoco se acostaba ni dormia mas de
cuanto recostado en una silla se le cansaba la mano en que arrimaba la cabeza. Fue muy
amigo del vino; tanto, que cuando no
hallaba de lo de Castilla bebia de aquel brebaje de los indios mas
que ningun otro espanol que se haya visto. Fue muy cruel de condicion; mato mucha
gente por causas muy livianas, y algunos sin culpa, salvo por parecerle que convenia asi
para conservacion de la
disciplina militar; y a los que mataba era sin tener dellos ninguna
piedad, antes diciendoles donaires y cosas de burla, mostrandose
con ellos muy bien criado y comedido, en forma de irrision o escarnio. Fue muy mal
cristiano, y asi lo mostraba de obra y de palabra. Era muy codicioso y robo las
haciendas a muchos; tanto,
que poniendolos en estrecho de muerte, los rescataba las vidas,
y asi acabo la suya tan miserablemente y sin esperanza de su salvacion, como adelante
se dira.
277011 Pues tornando a la historia ya dijimos arriba haber salido de
la villa de Plata el capitan Luis de Ribera, teniente de gobernador,
y Antonio Alvarez, alcalde ordinario, con toda la gente de la villa,
en busca del Visorey; los cuales anduvieron por el despoblado
mucho tiempo, sin saber nueva ninguna de lo sucedido, y despues
supieron nuevas de la prision del Visorey y del buen suceso de
Gonzalo Pizarro; lo cual sabido despues de muchos acuerdos que
tomaron Luis de Ribera y Antonio Alvarez, como mas principales
en el negocio, no se osaron tornar a la villa de Plata, y metieronse
entre los montes con los indios, y otros se tornaron a la villa y
otros se fueron a la ciudad de los Reyes, y fueron perdonados por
Gonzalo Pizarro, aunque todos los repartimietos dellos los puso
en su cabeza, y mando que Francisco de Almendras los cobrase para los gastos de la
guerra; y llegando Francisco de Almendras a
los Charcas, perdonando a algunos de los huidos, se recogieron a
la villa, y alli vivian, aunque desposeidos de sus haciendas, algo
maltratados de Francisco de Almendras, hasta que sucedio lo que
adelante haremos relacion. Tambien dijimos arriba como el licenciado Alvarez,
despues que se hizo a la vela con el Visorey y
le puso en su libertad, luego se juntaron entrambos navios, en los
cuales iba su hermano y muchos criados suyos, y otros amigos
que tambien echaban de la tierra con el Visorey. Y hecho esto,
fueron su camino hasta que aportaron al puerto de Tumbez; y el
Visorey con el licenciado Alvarez salto en tierra, dejando guarda
en los navios, y luego en aquel puerto comenzaron a hacer audiencia y despachar
provisiones por todas partes, haciendo relacion
de su prision y de la venida de Gonzalo Pizarro y de todo lo mas
acontecido, mandando en ellas que todos le acudiesen; las cuales
provisiones envio a Quito y a San Miguel y a Puerto Viejo y Trujillo. Proveyo tambien
capitanes que fuesen a todas partes, entre
los cuales proveyo a Hieronimo de Pereira para que fuese a los
Bracamoros. Y desta manera estaba en aquel puerto, acudiendole
de todas partes gente, y fortaleciendose lo mejor que podia, enviando a todas partes por
bastimentos, mandando que le trujesen
los dineros de las cajas del Rey; lo cual tambien se hacia con
mucha diligencia, porque de todas partes le acudian con todo lo
que habia; aunque en los pueblos adonde enviaba tambien habia
discordias, porque algunos se huian a Gonzalo Pizarro a dalle las
nuevas de lo que pasaba, otros se metian en los montes, huyendo
de sus casas; de manera que asi estaba el Visorey en el puerto de
Tumbez tratando sus negocios en la forma sobredicha; la cual luego supo Gonzalo
Pizarro, que estaba en la ciudad de los Reyes, y
vio muchos mandamientos y provisiones de los que el Visorey hacia; y primeramente
proveyo sobre este caso que el capitan Gonzalo Diaz y el capitan Hieronimo Villegas y
el Capitan Hernando de Alvarado, que estaba en Trujillo por Teniente de Gonzalo
Pizarro, fuesen a recoger toda la gente que hallasen por aquellas partes para que no
acudiesen al Visorey, y porque con ella le
pudiesen estorbar que no estuviese tan despacio, y dalle algun desasosiego, y aun,
segun entonces se entendio, se les mando que
aunque tuviesen copia de gente no le diesen batalla.
278023 CAPITULO XV
278024 Como Gonzalo Pizarro y sus capitanes acordaron de enviar al doctor Tejada a
Espana para dar cuenta a su majestad del estado
de los negocios, y como el licenciado Vaca de Castro se alzo
con un navio en que estaba preso, en que el capitan Bachicao
habia de llevar a Tierra-Firme a Tejada, y como Bachicao se
embarco con el en ciertos bergantines, y de camino tomo al
Visorey su armada, que tenia en Tumbez, y a el y a su gente
hizo retirar a Quito, y el se fue a Tierra-Firme
278032 Muchos dias habia que se trataba de enviar procuradores a su
majestad en nombre de Gonzalo Pizarro y de todo el reino para
que le diesen cuenta de lo acaescido, porque esto deseaban algunos porque los negocios
no fuesen desvergonzados contra su majestad; otros, especialmente el Maestre de campo
y el capitan Bachicao, lo contradecian, diciendo que era mejor para cualquier
efecto esperar que su majestad enviase a saber como no le enviaban dineros de su
hacienda, porque entonces se le daria cuenta de
todo lo acaescido, cuanto mas que el Visorey se le habria dado
muy larga, porque estaba claro que su majestad le daria mas
credito que a lo que ellos le dijesen; estaban ya muy arrepentidos
de no haber preso a los oidores y enviadolos a dar cuenta a su
majestad de la prision del Visorey. Despues de muchos acuerdos
que sobre lo arriba dicho se tuvieron, se determino que el doctor
Tejada fuese a Espana, en nombre de la audiencia, a dar cuenta de
la prision del Visorey y dar relacion a su majestad de lo mas
acaescido, y que tambien fuese Francisco Maldonado, maestresala
de Gonzalo Pizarro, con algunas cartas suyas, sin que llevase otros
recaudos ni poderes, considerando que en todo esto se hacian dos
cosas: lo uno, cumplirse con lo que decian que enviase procuradores; y la otra, deshacer
el audiencia; porque enviando al doctor
Tejada, oidor (como lo pretendia hacer), el licenciado Zarate no
podia hacer audiencia solo; lo cual comunicaron con Tejada, y el
se concerto que dandole seis mil castellanos era contento de ir a
hacer la jornada; luego entre el y el licenciado Cepeda ordenaron
los despachos, los cuales ellos dos firmaron. Despues de haber
hecho todo, se determino que en un navio que estaba en el puerto, en que el licenciado
Vaca de Castro estaba preso, fuese Hernando Bachicao con buena artilleria a llevar al
doctor Tejada y Francisco Maldonado, y que llevasen sesenta hombres de su guarda y
que tomasen todos los navios que hallasen en la costa; lo cual determinado y puesto a
punto, y el doctor Tejada asimesmo para embarcarse, el licenciado Vaca de Castro se
dio tal mana, que con un
deudo suyo, llamado Garcia de Montalvo, que le fue a visitar, soborno los marineros, a
unos por fuerza y a otros con halagos, y se
hizo a la vela en el navio. Lo cual, como fue sabido por Gonzalo
Pizarro, se alboroto en gran manera, asi por haber estorbado aquel
viaje, como porque se sospecho que algunas personas hubiesen
dado ayuda al licenciado; y luego tocaron arma y empezaron a
prender todos cuantos caballeros sospechosos habia en el pueblo,
asi de los que se habian huido del Cuzco como de los que no habian acudido a Gonzalo
Pizarro de otras partes; todos los echaron presos en la carcel publica y entre ellos
llevaron al licenciado
Carvajal, al cual Francisco de Carvajal, maestre de campo, mando que se confesase y
hiciese testamento, porque ya estaba determinado que muriese. El con buen animo
comenzo a hacer lo que
le mandaba, y aunque le daban tanta priesa que acabase, estando el verdugo presente
con un cabestro y garrote en la mano, que
sin duda se penso que muriera, y considerando la calidad de su
persona, que no era para ponelle en aquellos terminos para dejalle
vivo, tambien se entendia que, muerto el licenciado Carvajal, habia de haber gran
mortandad de los demas que estaban presos, que
fuera gran perdida, por ser la mas principal gente de aquel reino y
los que habian acudido al servicio de su majestad. Estando en estos terminos el
licenciado Carvajal, algunos iban a hablar con Gonzalo Pizarro, diciendole que mirase
la gran parte que el licenciado
Carvajal era en la tierra, y que, habiendole muerto el Visorey su
hermano tan sin culpa como era notorio, pues la mas principal
culpa por donde decia haberle muerto era porque el licenciado
Carvajal andaba con Gonzalo Pizarro, lo cual estaba claro no ser
asi; pues, como el mismo Gonzalo Pizarro lo sabia por cartas del
factor, se habia huido de su campo y venido a servir al Visorey; y
que no era justo que le matase, considerando todo esto, y que
le habia de habia de servir, aunque no fuese por mas de por vengar la muerte de su
hermano; y en cuanto a la huida de Vaca
de Castro, ya estaban satisfechos que el ni los otros no habian
entendido en ello sino que tras cada ocasion los prendian y molestaban, sin tener
consideracion mas de que era gente sospechosa en el negocio en que andaban. Gonzalo
Pizarro en todo esto estaba tan enojado, que a ninguno queria oir ni le podian sacar mas
palabras de que no le hablase nadie dello. Visto esto, el
licenciado Carvajal y sus amigos acordaron llevar el negocio por
otra via, y dieron al Maestre de campo un tejuelo de oro de dos mil
pesos, y prometieronle mucho mas muy secretamente, lo cual acepto; y luego comenzo
aflojar en el negocio, y fue y vino a Gonzalo
Pizarro; en fin, que el licenciado Carvajal y los demas fueron sueltos; y luego tornaron
a aderezar la partida de Hernando Bachicao,
y allego entonces al puerto un bergantin de Arequipa, y con otros
que se aderezaron metiendo en ellos cantidad de artilleria de la
que Gonzalo Pizarro trajo del Cuzco, Bachicao se partio con el
doctor Tejada y Francisco Maldonado y sesenta arcabuceros que
se pudieron haber y quisieron ir con el. Y desta manera se fue por
la costa sobre aviso que el Visorey estaba en el puerto de Tumbez.
Y una manana llego al puerto, y luego fue visto por la gente del
Visorey y diose el arma. Y pensando el Visorey que Gonzalo Pizarro venia por la mar
con mucha gente, a mas priesa, con ciento y
cincuenta hombres que tenia, se fue huyendo la via de Quito, y algunos dellos se le
quedaron que rescibio Bachicao y tomo dos navios que hallo en el puerto y fue a Puerto
Viejo y a otras pates,
y recogio ciento y cincuenta hombres en sus navios; y el Visorey
se fue sin parar hasta Quito.
281007 CAPITULO XVI
281008 Como Bachicao llego a Panama, y de lo que alli hizo
281009 Habiendose entregado Bachicao de la armada (como esta dicho), prosiguio su
camino para el puerto de Panama, y pasando
por Puerto-Viejo, tomo consigo alguna gente de aquella tierra, y
entre ellos a Bartolome Perez y a Juan Dolmos, vecinos de
Puerto-Viejo, y deteniendose a tomar refrescos en las islas de las
Perlas, que estan veinte leguas de Panama, fueron avisados los de
la ciudad de su venida, y enviaronle dos vecinos a saber su intento y a requerirle no
entrase con gente de guerra en la jurisdiccion. El cual respondio que en caso que el
venia con gente de
guerra, la traia para su defensa contra el Visorey, y que el no venia a hacer dano
ninguno en aquella tierra, sino solamente a traer
ai doctor Tejada, oidor de su majestad, que con provision de su
real audiencia le iba a dar cuenta de todo lo sucedido en el Peru,
y que no haria mas de ponerle en tierra y proveerse de lo necesario y volverse; y con
esto los aseguro de manera, que no hicieron defensa en su entrada; y llegando al puerto,
dos navios que en
el estaban alzaron velas para irse, y al uno dellos alcanzo un bergantin y le hizo volver
al puerto, trayendo ahorcados de la antena
al maestre y contramaestre del, lo cual causo muy gran escandalo
en la ciudad, porque entendieron cuan diferente intento traia de lo
que habia publicado, y porque les parescio ya muy tarde para la
defensa, no se pusieron en ella; y asi, se quedaron con harto temor,
sometidos ellos y sus haciendas a la voluntad de Bachicao, que era
tanto y mas cruel que el maestre de campo, y gran renegador y blasfemo, y hombre sin
ninguna virtud; y asi, entro en la ciudad sin
que le osase esperar el capitan Juan de Guzman, que alli estaba
haciendo gente por el Visorey, la cual toda se le paso luego a Bachicao, y el se apodero
de la artilleria que alli habia traido Vaca
de Castro en el navio con que huyo, y comenzo a tiranizar en la
republica, usando de las haciendas de todos a su voluntad, teniendo tan opresa la
justicia, que no osaba hacer mas de lo que el
queria, y a dos capitanes suyos que concertaron de matarle los
prendio y degollo publicamente, e hizo otras justicias con publicos pregones, que
decian: “Manda hacer el capitan Hernando Bachicao”, usando llanamente la
jurisdiccion. El licenciado Vaca de
Castro, que a la sazon estaba en Panama, en sabiendo su venida, se
huyo para Nombre de Dios, y se embarco en la mar del Norte, y
lo mismo hizo Diego Alvarez de Cueto y Hieronimo Zurbano, y
tambien se pasaron al Nombre de Dios el doctor Tejada y Francisco Maldonado, y
todos juntos se vinieron a Espana, y el doctor
Tejada murio en el camino, en la canal de Bahama. Y en llegando
a Espana Francisco Maldonado y Diego Alvarez de Cueto, se fueron por la posta a
Alemana a dar cuenta a su majestad cada uno
de su embajada. El licenciado Vaca de Castro se quedo en la isla
Tercera de las Azores, y de alli se vino a Lisboa, y despues a la
corte, diciendo que no se habia atrevido a venir por Sevilla por no
entrar en poder y tierra donde eran tanta parte los hermanos y
deudos del capitan Juan Tello, a quien arriba hemos dicho que
hizo degollar al tiempo del vencimiento de don Diego de Almagro
el mozo; y en llegando a la corte fue detenido en su casa por mandado de los senores
del consejo de las Indias, y le pusieron cierta acusacion, y despues le tuvieron preso,
mientras se trato la causa, en la fortaleza de Arevalo por espacio de mas de cinco anos,
y
despues le senalaron una casa en Simancas, y de ahi, con la mudanza de la corte, le
senalaron por carcel la villa de Pinto con sus
terminos, hasta que se sentencio el negocio.
282030 CAPITULO XVII
282031 Como el Visorey llego a Quito y junto su ejercito y vino con el,
la tierra arriba, la via de San Miguel
282033 Habiendose retirado el Visorey con hasta ciento y cincuenta
hombres al tiempo que Bachicao le tomo la armada en Tumbez,
camino con ellos hasta que llego a la ciudad de Quito, donde le
rescibieron de buena voluntad, y alli se rehizo de hasta doscientos
hombres, con los cuales estaba en aquella tierra, por ser muy fertil y abundante de
comida, donde determino aguardar lo que su
majestad proveeria, despues de sabido de Diego Alvarez de Cueto
lo que en la tierra pasaba, teniendo siempre buenas guardas y espias en los caminos
para saber lo que gonzalo Pizarro hacia, caso
que desde Quito a los Reyes hay mas de trescientas leguas, como
tenemos dicho. Y en este tiempo cuatro soldados de Gonzalo Pizarro, por cierto
desabrimiento que del tuvieron hurtaron un barco, y con el se fueron huyendo la costa
abajo, desde el puerto de
los Reyes, remando hasta que le pusieron en buen paraje para ir
por tierra a Quito; y llegados, dijeron al Visorey el descontento
que los vecinos de los Reyes y de las otras partes tenian con Gonzalo Pizarro, por las
grandes molestias que les hacia, trayendo a
los unos fuera de sus casas y haciendas, y a los otros echandoles
huespedes y imponiendoles otras cargas que no podian sufrir, de
las cuales estaban tan cansados, que en viendo cualquiera persona que tuviese la voz de
su majestad, holgarian de salir (juntandose con el) de tan gran tirania y opre sion. Con
lo cual, y
con otras muchas cosas que los soldados le dijeron, le encendieron a que saliese de
Quito con la gente que tenia, y se viniese la
via de la ciudad de San Miguel, llevando por su general un vecino de Quito, llamado
Diego de Ocampo, que desde que el Visorey
vino a Tumbez le habia acudido y ayudadole con su persona y hacienda en todas las
cosas necesarias, en que gasto mas de cuarenta mil pesos que tenia suyos; y en todas
estas jornadas seguia al
Visorey el licenciado Alvarez, con el cual se hacia audiencia por
virtud de una cedula de su majestad que el Visorey llevaba, para
que, llegado el a los Reyes, pudiese hacer audiencia con uno o dos
oidores, los primeros que llegasen, hasta que viniesen todos, y lo
mesmo en caso que los dos o tres dellos muriesen. Y para este
efecto hizo abrir un sello nuevo, el cual entrego a Juan de Leon,
regidor de la ciudad de los Reyes, que por nombramiento del marques de Camarasa,
adelantado de Cazorla, que es chanciller mayor
de las Indias, iba elegido por chanciller de aquella audiencia, y
se habia venido huyendo de Gonzalo Pizarro; y asi despachaba sus
provisiones para todo lo que le convenia por titulo de don Carlos,
y selladas con el sello real, firmandolas el y el licenciado Alvarez;
de manera que habia dos audiencias en el Peru, una en la ciudad
de los Reyes y otra con el Visorey; y acontescio muchas veces venir dos provisiones
sobre un mesmo negocio, una en contrario de
otra. Cuando el Visorey quiso partir de Quito envio a Diego Alvarez de Cueto, su
cunado, a Espana, a informar a su majestad
de todo lo pasado y a pedirle socorro para tornar a entrar en el
Peru y hacer la guerra a Gonzalo Pizarro poderosamente. Cueto
paso en Espana en la mesma armada en que vinieron el licenciado
Vaca de Castro y el doctor Tejada, como tenemos dicho arriba; y
asi y llego el Visorey a la ciudad de San Miguel, que es ciento y cincuenta leguas de
Quito, con determinacion de residir alli hasta
ver mandato de su majestad, teniendo siempre en pie su real nombre y voz, porque le
parescio muy conveniente sitio para poder recoger consigo toda la gente que asi de
Espana como de las otras
partes de las Indias viniesen al Peru; porque, como esta dicho, es
paso forzoso y que no se pueden excusar de pasar por el viniendo
por tierra, especialmente los que traen caballos y otras bestias; y
que desta manera iria cada dia engrosando su ejercito y cobrando
nuevas fuerzas: Alli los mas de los vecinos acogieron al Visorey
de buena voluntad, y le hicieron buen hospedaje, proveyendole de
todo lo necesario, segun su posibilidad; y asi, iba cada dia recogiendo gente y caballos
y armas; tanto, que llego al pie de quinien
tos hombres medianamente aderezados, aunque algunos tenian falta de armas
defensivas, y hacian coseletes de hierro y de cueros de
vaca secos.
284024 CAPITULO XVIII
284025 Como Gonzalo Pizarro envio ciertos capitanes a recoger gente y
estar en frontera contra el Visorey.
284027 Al tiempo que Gonzalo Pizarro envio en los bergantines al capitan Bachicao
para tomar la armada del Visorey, despacho asi
mesmo dos capitanes suyos, llamados Gonzalo Diaz de Pinera y Jeronimo de Villegas,
que fuesen por tierra a recoger la gente de
guerra que hallasen en las ciudades de Trujillo y San Miguel, y se
estuviesen en frontera contra el Visorey, y ellos con hasta ochenta
hombres que pudieron juntar se estuvieron en San Miguel hasta
tanto que supieron la venida del Visorey, y no le osando esperar,
se metieron la tierra adentro hacia Trujillo, y alojaron en una provincia que se dice
Collique, que es cuarenta leguas de San Miguel,
y hicieron saber a Gonzalo Pizarro la venida del Visorey, y como
juntaba gente cada dia y engrosaba su ejercito, dando a entender
el gran dano que le venia en no remediarlo con tiempo. Y a esta
sazon supieron estos capitanes que el Visorey habia enviado un
capitan suyo, llamado Juan de Pereira, a la provincia de los Chachapoyas a convocar y
juntar todas las gentes que por aqu ellas
partes pudiese haber, cosa que en esta tierra residen pocos espanoles; y paresciendoles
a estos capitanes de Pizarro que Pereira
y los que con el viniesen estarian muy descuidados dellos determinaron de salirse al
camino por donde venian, y una noche les prendieron las centinelas y dieron sobre ellos;
y tomandolos durmiendo y sin recelo de enemigos, a Pereira y dos principales que con
el venian les cortaron las cabezas, y toda la demas
gente, que eran hasta sesenta hombres de caballo, la redujeron al
servicio de Gonzalo Pizarro, con temor de la muerte; y asi se tornaron a su aposento; y
deste acontescimiento tuvo gran pesar el
Visorey, y determino tomar ocasion en que vengarse; y asi, salio
muy ocultamente de San Miguel con hasta ciento y cincuenta de
caballo, y se fue adonde los capitanes Gonzalo Diaz y Villegas estaban con menos
cuidado y guarda de la que debian tener, como
personas que pocos dias antes habian hecho tal asalto en la gente
de sus contrarios; y asi, llego el Visorey a Collique una noche, y
casi sin que fuese sentido con la mucha turbacion de los capitanes, no tuvieron lugar de
ponerse en orden ni dar batalla; antes se
huveron cada uno como mejor pudo tan derramados, que Gonzalo Diaz casi solo fue a
dar en una provincia de indios de guerra, los
cuales fueron contra el y lo mataron; y lo mesmo hizo Fernando
de Albarado. Y Jeronimo de Villegas junto despues consigo alguna
gente y se metio la tierra adentro hacia Trujillo, y el Visorey se
fue a San Miguel.
285032 CAPITULO XIX
285033 Como Gonzalo Pizarro salio con su ejercito contra el visorey Blasco Nunez
Vela, y de lo que hizo en el camino; y como, sabida
por el Visorey su venida, se retiro desde San Miguel con su
gente a la via de Quito, y Pizarro le siguio mas de cien leguas,
y en el alcance le tomo mas de trescientos hombres que se le
quedaron rezagados.
286001 Viendo Gonzalo Pizarro que cada dia crescia la fuerza y gente
de su enemigo, y especialmente entendiendo el desbarato que en
sus capitanes se habia hecho, determino de ocurrir con toda la
presteza posible a deshacer las fuerzas al Visorey por la certidumbre que tenia de que
cada dia se le allegaba gente y armas y caballos que venian de Espana y de las otras
partes de las Indias, que
casi necesariamente desembarcaban en el puerto de Tumbez, como
es dicho, y tambien temiendo que en esta sazon viniese algun despacho de su majestad
en favor del Visorey, lo cual seria parte para
quebrar los animos a la gente que con el andaba; y asi, se determino de juntar su
ejercito e ir a desbaratar a los enemigos, y poner el negocio a riesgo de batalla si le
quisiesen esperar. Y asi,
ordeno sus capitanes y hizo paga, y comenzo a enviar adelante a
Trujillo los caballos y otros impedimentos, quedando el y los principales de su campo
solos para salir a la postre. En esta sazon vino un bergantin de Arequipa con mas de
cien mil castellanos para
Gonzalo Pizarro, y tambien llego otro navio de Tierra-Firme, de
Gonzalo Martel de la Puente, el cual enviaba su mujer para que se
fuese a su casa. Y con este buen suceso estaban Gonzalo Pizarro y
su gente tan soberbios, que casi decian blasfemias en su opinion,
y metieron en los navios gran numero de arcabuces, picas y otras
municiones y aderezos de guerra, y se embarcaron en ellos mas de
ciento y cincuenta personas principales, llevando consigo, por dar
mas autoridad al negocio, al licenciado Cepeda, oidor, y Juan de
Caceres, contador de su majestad; y con la ida de Cepeda tuvo
Gonzalo Pizarro ocasion de deshacer el audiencia, porque no quedaba en la ciudad de
los Reyes sino solo el licenciado Zarate, de
quien hacia poca cuenta, por estar enfermo, y tener casado a Blas
de Soto, su herman o, con una hija suya, el cual casamiento se hizo contra voluntad del
licenciado Zarate; y no embargante este deudo y la confianza que era razon que hiciera
del, por consejo de algunos de sus capitanes, por mas se asegurar, llevo consigo el sello
real, y desta manera se fue por la mar, dejando por su teniente de
gobernador en la ciudad de los Reyes al capitan Lorenzo de Aldana, con hasta ochenta
hombres de guardia, con que estuviese segura y pacifica la ciudad, para lo cual
bastaban, porque casi todos
los vecinos iban la jornada con Gonzalo Pizarro; y embarcando por
marzo del ano de 45, fue por mar hasta el puerto de Santa, que es
quince leguas de Trujillo; y alli salio en tierra, y estuvo en Trujillo
la Pascua de flores, aguardando a que se juntase la gente por quien
habia enviado a diversas partes; y viendo que tardaba, por sacar
su ejercito de poblado, se fue a la provincia de Collique, donde estuvo algunos dias,
hasta que vino la gente que esperaba; y hecha
su resena della, hallo que llevaba mas de seiscientos hombres de
pie y de caballo; y aunque en el num ero no llevaba gran ventaja
al Visorey, pero teniasela cuanto a las armas y otros aparejos de
guerra, y en que los que iban con Gonzalo Pizarro eran soldados
viejos y muy practicos en las cosas de la guerra, y se habian hallado en otras batallas, y
sabian la tierra y los pasos dificultosos
della; y los que estaban con el Visorey, los mas eran recien venidos de Castilla y no
habituados en cosas de guerra, y mal armados
y con muy ruin polvora; y alli se puso muy gran diligencia por Gonzalo Pizarro en
proveer de comida y cosas necesarias para el real,
especialmente cerca de alli habia un despoblado que dura desde
la provincia de Motupe hasta la ciudad de San Miguel, en espacio
de veinte y dos leguas, que en todas ellas no hay agua ni poblado
ni otro refrigerio alguno, sino arenales y mucho calor, y por ser
paso tan peligroso era necesario hacerse gran diligencia en proveerse de agua y otras
cosas convenientes para el camino; y asi,
mando a todos los indios comarcanos que trajesen gran cantidad
de cantaros y tinajas, y dejando alli la gente de guerra todas las
cargas de vestidos y ropas y camas que no les eran necesarias, proveyo que los indios
que habian de llevar aquella fuesen cargados de
agua para el bastimento deste despoblado, asi para los caballos y
bestias como para sus personas, cargando los indios y poniendose
todos a la ligera, sin llevar ningun servicio, porque el agua no les
faltase; y puestos a punto, enviaron veinte y cinco de a caballo
delante por el despoblado, que es lugar ordinario por donse se suele pasar, para
declararse al Visorey y que las espias
le dijesen que venia por alli; y todo el ejercito camino por otra
parte tambien despoblada; desta manera caminaron, llevando la
comida encima de los caballos; y poco antes que llegase supo el
Visorey la venida del ejercito y mando tocar al arma, diciendo
que les queria salir al camino y dar batalla; y ya que tuvo la gente junta y fuera de la
ciudad, comenzo a caminar por otra parte
hasta la cuesta de Caxas, por la cual fue a muy gran priesa, y obra
de cuatro horas despues que salio supo Gonzalo Pizarro su ida,
y sin entrar en la ciudad de San Miguel ni tomar mas bastimentos
mando que guiasen por el camino por donde el Visorey habia
huido; y caminaron aquella noche tras el ocho leguas y tomaron
alguna gente en el camino; y desta manera le fue dando muchos
alcances, tomandole en ello mucha gente y todo cuanto llevaba en
el real, ahorcando algunos que le parescia; y asi caminaban por
lugares asperos y sin comida, tomandole cada dia gente, y echandole cartas con indios
para las personas principales de real del
Visorey para que le matasen, perdonandoles Gonzalo Pizarro y
prometiendoles muchas mercedes. Y desta manera fueron mas de
cincuenta leguas, que ni los caballos los podian llevar ni los hombres los podian seguir,
asi por el mucho trabajo que llevaban como
por la falta de comida que habia; y asi llegaron a Ayabaca, donde
se reformaron y dejaron de seguir al Visorey tan apriesa como antes, por dejar
concertada su gente, y tambien porque sabian que el
Visorey iba ya muy delante y que en ninguna manera le podian alcanzar, juntamente
con algunos avisos que tenian de algunos principales del Visorey, en que prometian a
Gonzalo Pizarro de matarlo o traerselo preso; de lo cual sucedio despues que el Visorey
mato a muchos caballeros capitanes de los suyos, como adelante parescera; y alli en
Ayabaca se proveyo de todo lo demas necesario,
y salio de alli con buena orden por las mismas pisadas que el Visorey habia ido, aunque
por el mucho cansancio de algunos y otros
por ir descontentos, no los pudo llevar todos sin quedarse alguna
gente; donde le dejaremos al Visorey caminando hacia las provincia de Quito, y
Gonzalo Pizarro tras el, por decir lo que ancontescio en este tiempo en lo de arriba.
288029 CAPITULO XX
288030 Como en la ciudad de los Reyes hubo cierto motin y alboroto, el
cual aplaco Lorenzo de Aldana, que alli era teniente, sin declararse de todo punto por
su majestad, aunque los parciales de Pizarro le tenian por sospechoso.
288034 Casi ninguno de los soldados del Visorey que se quedaron rezagados y vinieron
a poder de Gonzalo Pizarro quiso llevar consigo, asi por no fiarse dellos como porque le
parescia que llevaba
demasiada gente, segun la poca que el enemigo tenia, especialmente
yendo siguiendo alcance y por falta de comida, porque el Visorey
les alzaba los bastimentos por donde quiera que iba; y a toda esta
gente rezagada envio Gonzalo Pizarro la tierra adentro, a Trujillo
y a los Reyes y a otras partes, donde cada uno quiso, aunque a algunos principales de
quien tenia particular queja los ahorco. Estos comenzaron a sembrar por los lugares
donde iban, nuevas en favor del Visorey y en contradiccion de la tirania de Gonzalo
Pizarro, a la cual muchas personas favorescian, asi por parescerles la
empresa justa, como porque la gente que reside en aquella provincia son mas amigos de
novedades que en otra ninguna parte, en
especial los soldados y gente ociosa, porque los vecinos y personas
principales siempre pretenden la paz como negocio en que tanto
les va, pues con la guerra son molestados y apremiados y los hacen pechar por diversas
vias, y si no muestran buen rostro a ello,
corren mas riesgo que los otros, porque cualquiera ocasion basta
para matarlos el que gobierna, por gratificar con sus haciendas a
los que los siguen; pues estas platicas no podian ser tan secretas,
que no viniesen a noticias de los tenientes de Gonzalo Pizarro, los
cuales, cada uno en su jurisdiccion, los castigaba como les parecia
que convenia para el sosiego de su opinion, y especialmente en la
ciudad de los Reyes, donde la mas desta gente se acogio, fueron
ahorcados muchos por manos de un alcalde ordinario, llamado
Pedro Martin de Cecilia, gran favorecedor de Gonzalo Pizarro y de
sus cosas, porque Lorenzo de Aldana, que alli era teniente, estuvo
siempre muy recatado para no entremeterse en cosa sobre que pudiese haber despues
querella de parte contra el; antes estorbaba
todo cuanto podia que no se hiciesen muertes ni danos, y asi se rigio todo el tiempo
que alli estuvo; que, aunque tenia la justicia
por Gonzalo Pizarro, nunca quiso hacer cosa tan senalada en su favor, que sus secuaces
le tuviesen por prendado; antes acogia con
buena gracia toda la gente aficionada al Visorey. Por lo cual todos los que desta
opinion residian en las otras provincias se acogian a aquella, teniendola por mas segura;
y desto mostraban tener gran queja los apasionados por Gonzalo Pizarro, especialmente
un regidor de aquella ciudad, llamado Cristobal de Burgos, que
Lorenzo de Aldana llego a reprenderle sobre esto tan abiertamente, que le trato mal de
palabra, y aun puso las manos en el y le
tuvo preso cierto tiempo; y asi escribian a Gonzalo Pizarro esta
sospecha, y aunque el la tuvo por cierta nunca dejo de hacer del
toda confianza, porque estando tan lejos, no le parescio que seria
parte para quitarle el cargo, a causa que tenia consigo mucha gente de guerra y ganada
la voluntad a los principales vecinos de aquella ciudad; y asi, los dejaremos por contar
lo que en este tiempo
sucedio en la provincia de los Charcas.
290005 CAPITULO XXI
290006 De como Diego Centeno y otros vecinos de los Charcas mataron
al teniente de Gonzalo Pizarro y alzaron bandera por su majestad
290009 Ya esta dicho arriba como muchos vecinos de la villa de Plata vinieron a servir
al Visorey, llamados por su provision, aunque,
sabida en el camino la prision del Visorey, se volvieron a sus casas;
de los cuales siempre quedo muy gran queja a Gonzalo Pizarro; y
enviandoles por teniente a aquella villa uno de los mayores ministros de su tirania,
llamado Francisco de Almendras, hombre aspero y de mala consciencia, le dio por
particular instruccion que se
recatase mucho de aquellos que habian venido a servir al Visorey,
y que en los negocios que se les ofreciesen les diese a entender la
queja que dellos tenia; demas que a los principales dellos les habia quitado indios y les
llevaba los tributos dellos para sustentacion de la guerra. Este Francisco de Almendras
guardo tan estrechamente lo que sobre este caso se le mando, que ademas de otros
muchos malos tratamientos que hizo a aquellos caballeros, porque
supo que uno de los principales de aquella villa, llamado don Gomez de Luna, habia
dicho en su casa que no era posible que algun
dia no reinase el Rey en aquella tierra, le prendio y puso en la carcel publica con
guardas; y porque los del cabildo de aquella ciudad
le rogaron un dia que soltase a don Gomez, o a lo menos le pusiese en prision conforme
a la calidad de su persona, no dandoles
sobre ello buena respuesta, hubo alguno dellos que le dijo que si
el no le soltaba, ellos le soltarian; el teniente disimulo, y a la media noche fue a la
carcel y dio garrote a don Gomez, y sacandole
luego a la plaza, le hizo cortar la cabeza; lo cual sintieron mucho
todos los vecinos, paresciendoles que a cada uno tocaba aquel agravio; y especialmente
lo sintio un vecino de aquella ciudad, llamado Diego Centeno, natural de Ciudad-
Rodrigo, por ser muy grande amigo de don Gomez. Y aunque este Diego Centeno, en el
primer levantamiento de Gonzalo Pizarro le siguio y vino con el desde
el Cuzco a los Reyes siendo de los principales votos del ejercito,
como procurador de la provincia de los Charcas, despues viendo
que la mala intencion de Gonzalo Pizarro se extendia a mucho mas
de lo que a los principios habia publicado, con su licencia se volvio a su casa y indios,
donde residia al tiempo que acontescio esta muerte de don Gomez, la cual el se
determino vengar por la
via que pudo, asi por la amistad que tenemos dicha, como porque
entendia la poca seguridad que las vidas de todos tenian debajo
de la gobernacion de hombre tan cruel y de mala consciencia y
condicion como lo era Francisco de Almendras, al cual ante todas
cosas determino matar, y reducir la tierra al servicio de su majestad; lo cual comunico
con los mas principales vecinos de aquella tierra, especialmente con Lope de Mendoza y
Alonso Perez de
Esquivel, y Alonso de Camargo y Hernan Nunez de Segura, y con
Lope de Mendieta y Juan Ortiz de Zarate, su hermano, y otros de
cuyas intenciones tuvo confianza; y hallandolos a todos prestos
para emprender este hecho sobre concierto que entre si hicieron,
fueron un domingo de manana a casa del teniente para le acompanar a la iglesia, como
solian, y viendose juntos, caso que Francisco de Almendras tenia mucha gente de
guardia, se llego a el
Diego Centeno como que le queria hablar en algun negocio, y dandole ciertas
punaladas con una daga, le prendieron y publicamente le sacaron a la plaza, y le
cortaron la cabeza por traidor, y alzaron bandera por su majestad, sin que hubiese
dificultad en apaciguar el pueblo, segun Francisco de Almendras estaba malquisto; y
asi, todos se redujeron al servicio de su majestad y se pusieron en orden de guerra, con
intento de la restauracion de aquel
reino; y este era el apellido que traian, y juraron por capitan general desta empresa a
Diego Centeno, el cual nombro capitanes
de pie y de caballo, y comenzo a juntar gente, haciendo pagas de
su hacienda, porque era el mas rico hombre de aquella tierra en
aquella sazon, y para ello le ayudaban los otros vecinos. Era Diego Centeno persona de
muy buena casa, descendiente de aquel alcaide Hernan Centeno tan nombrado en
Castilla; seria en aquel
tiempo de edad de treinta y cinco anos, hombre gracioso y liberal
y de muy buena disposicion y condicion, y muy valiente por su persona. Tenia en
aquella sazon mas de treinta mil castellanos de renta, aunque dende en dos anos que se
descubrieron las minas de
Potosi (como adelante se dira) llegaron a rentarle sus indios de
cien mil castellanos arriba, por caer muy cerca de aquellas minas. Junto su ejercito,
comenzo a proveerse de armas y otras cosas necesarias, con gran diligencia, poniendo
guardas en los caminos, porque no se supiese lo acaescido hasta estar bien apercebidos,
y envio un capitan suyo a las minas de Porco y Arequipa, para
recoger la gente que alli estaba, y prender si pudiese a Pedro de Fuentes, que alli era
teniente de Gonzalo Pizarro, el cual desque supo
lo que en los Charcas habia pasado, por lengua de indios, se huyo
y dejo desamparada la ciudad; de manera que Lope de Mendoza
entro en ella sin contradicion alguna, y trayendo toda la gente y
armas y caballos, y aun los dineros que alli pudo recoger, se volvio a juntar con Diego
Centeno en la villa de Plata para dar orden
en lo que adelante se habia de hacer.
292015 CAPITULO XXII
292016 De como Diego Centeno acabo de juntar su gente, y del razonaniento que les
hizo.
292018 Despues de llegado Lope de Mendoza, se hallaron en
la villa de Plata con hasta doscientos y cincuenta hombres
bien aderezados, y despues de habelles dado Diego Centeno
de lo que tenia cumplidamente, les junto y trajo a la memoria
las cosas pasadas en lo tocante a la empresa que Gonzalo Pizarro
tomo, diciendoles haber salido de la ciudad del Cuzco con titulo
de suplicar de las ordenanzas que su majestad enviaba; y despues de haber muerto en el
camino al capitan Gaspar Rodriguez
y a Felipe Gutierrez y Arias Maldonado, y antes desto, haber tratado con los oidores y
con algunos de los vecinos que prendiesen al
Visorey, y habelles ellos prendido y embarcado, y como en llegando
a la ciudad de los Reyes, sin estar recibido en ella, envio su maestre de campo, y
delante de los oidores prendio hasta veinte y cinco personas de los mas principales y
mas ricos de la tierra, porque
habian acudido al Visorey, y de ellos ahorco a Pedro del Barco y
a Machin de Florencia y a Juan de Sayavedra; y como habia quitado los oidores,
enviandoles a cada uno por su parte, habiendoles
primero compelido con mano armada que le enviasen provision de
gobernador. Tambien les dijo haber muerto despues muchas personas, sospechando
dellos que servirian al Visorey. Y no contento
con esto, tomando todo el oro y plata que habia hallado en las cajas de su majestad,
echando tributos excesivos por el reino, hasta
en cantidad de ciento y cincuenta mil ducados, repartiendolos y
cobrandolos de los vecinos y moradores; y no contento con esto,
haber hecho segunda vez gente contra su majestad en la ciudad de
los Reyes, y ido contra el Visorey y alborotado el reino por diversas vias. Tambien les
puso delante el haber quitado tantos repartimientos y puestolos sobre su cabeza, y
consentido que publicamente se dijesen palabras en deservicio y perjuicio de su
majestad; y otras muchas cosas que serian largas de contar, y juntamente con traelles a
la memoria la obligacion que tenian (como vasallos de su majestad) a su corona real y a
servir a su rey, y el mal
renombre de traidores que cobraban de hacer lo contrario. Y con
estas razones, y con otras muchas que les dijo, les inclino a que de
buena voluntad tomasen la empresa y fuesen debajo de su bandera donde quiera que les
fuese mandado; y asi, todos juntamente
se ofrescieron de hacerlo de buena voluntad; con lo cual Diego
Centeno envio cierto capitan con mucha parte de la gente que residiese en Chicuito, que
son los pueblos del Rey, entre Or cuza y los Charcas, para que estuviese alli en el paso
en tanto que el se aderezaba
para salir a cumplir el fin de todo su viaje; donde lo dejaremos
por decir lo que en este tiempo sucedio en el Cuzco, donde algunos dias antes habian
tenido relacion de lo susodicho.
293026 CAPITULO XXIII
293027 Como el capitan Alonso de Toro, teniente del Cuzco por Gonzalo
Pizarro, junto la gente que pudo para ir contra Diego Centeno, y el razonamiento que
les hizo
293030 No se pudo tener tan secreto en el real de Diego Centeno, ni
tantas guardas en el camino , especialmente despues de la venida
de Lope de Mendoza de Arequipa, que por indios y espanoles no
se tuviese muy cierta relacion del alzamiento de los Charcas y cantidad de gente que el
Capitan Diego Centeno tenia hecha, y la
suma de arcabuces y caballos y todo lo demas que en la razon se
quisiesen informar. Lo cual sabido por el capit- |man Alonso de Toro, tomandole la
nueva fuera del Cuzco con cien hombres, porque estaba cien leguas de alli guardando
un paso, creyendo que el
Visorey se habia subido por la sierra, por unas cartas que de Gonzalo Pizarro habia
tenido sobre ellos, se volvio al Cuzco y comenzo a hacer gente; y juntos los vecinos y
regidores de la ciudad del
Cuzco, les hizo saber las nuevas que habia de los Charcas y el modo con que el capitan
Diego Centeno se habia alterado, y diciendoles primero que pues en el Cuzco habia
gente armada y caballos
para poder ir contra el, que habia determinado de tomar la empresa, porque le parecia
ser justa; y para ello les dijo algunas razones en que se fundaba, especialmente que
Diego Centeno habia
hecho el alboroto sin titulo que para ello tuviese, sino de su propia
autoridad, pret endiendo en ello mas particular interes que el servicio de su majestad;
porque siendo, como era, Gonzalo Pizarro gobernador de aquellos reinos, y estando
habido y tenido por tal teniendolos pacificos y quietos, y estando esperando lo que su
majestad sobre ello proveia, para obedecello, el levantamiento habia
sido injusto, y con muy buen titulo se podria resistir y castigar.
Tambien les trajo a la memoria haberse puesto Gonzalo Pizarro
por todos a la demanda de la revocacion de las ordenanzas, y aventurado su persona y
bienes por las de todos, pues era notorio
que si las ordenanzas se cumplieran y ejecutaran, a ninguno le
quedaba hacienda; y que en esto, allende de habelles hecho provecho y serle todos
obligados por esta razon, era notorio que no
habia ido contra lo que su majestad proveia, ni declaradose contra el en ninguna cosa,
pues yendo a suplicar de las ordenanzas, al
tiempo que llego a la ciudad de los Reyes hallo que el audiencia
habia prendido al Visorey y desterradole del reino, el cual Gonzalo Pizarro como
gobernador tenia, y que si habia ido contra el Visorey, habia sido por seguir su justicia
ante la audiencia real; y para mas les justificar la causa, les ponia delante haber ido con
el
el licenciado Cepeda, oidor de su majestad, y el mas antiguo de
la audiencia, diciendoles tambien que nadie era parte para tratar si
los oidores habian podido dar la gobernacion o no, pues aquel era
caso para que su majestad lo determinase. Con estas cosas que
les dijo, y con otras muchas que serian largas de contar, todos lo
aprobaron y dijeron que parescia cosa justa, y le ofrecieron sus
personas y haciendas; porque a la verdad el capitan Alonso de Toro habian ahorcado
algunas personas desatinadamente, y habianle cobrado gran miedo; y demas desto,
porque era aspero y desabrido y mal acondicionado, y aun demasiado subito, por lo cual
no le osaban contradecir en ninguna cosa de cuantas proponia. Y
visto esto, se hizo un acto por el cabildo, por el cual habiendose hecho relacion de lo
sucedido en los Charcas por medio del capitan
Diego Centeno, decian que, no contento con haber muerto al capitan Francisco de
Almendras, habia salido con gente armada fuera
de los terminos de los Charcas. Estos cumplimientos mas se hacian, a la verdad, para
satisfaccion de la gente comun, y dalles a
entender que lo que se hacia llevaba razon, que no porque ellos no
entendiesen el negocio; porque, dejados aparte los ayuntamientos
publicos y tiempos de necesidades en los cuales procuraban siempre de justificar las
causas con razones coloradas, que paresciesen bastantes, fuera de alli, los que eran mas
parte en los negocios, delante de Gonzalo Pizarro y en su ausencia siempre decian
que le habia de dar el Rey la gobernacion; si no que no habian
de obedescer ni admitir a hombre que enviase, porque esto era la
voluntad y intencion de Gonzalo Pizarro.
295019 CAPITULO XXIV
295020 Como Alonso de Toro salio del Cuzco con su gente contra Diego
Centeno, el cual con la suya se metio la tierra adentro, y Alonso de Toro le siguio hasta
la villa de Plata, y de alli se torno
al Cuzco, dejando a Alonso de Mendoza en la villa de Plata
con cierta gente
295025 Despues de lo cual, con este titulo comenzo el capitan Alonso
de Toro a hacer gente, y llamandose capitan general, hizo capitanes; y a la verdad,
procuro de hacer mas el negocio por rigor que
por dineros ni buenos tratamientos, jurando publicamente de hacer ahorcar al que
rehusase de ir a la empresa, poniendolos a algunos al pie de la horca, y dejandolos por
ruegos, diciendo palabras
injuriosas a otros; de manera que con poca cantidad de dineros
(porque, segun parescio por las cuentas, no gasto mas de veinte
mil castellanos en el negocio), no dejo caballo en poder de hombre para ir a la jornada,
y los vecinos habiles para la guerra los
hacia ir personalmente; de manera que pudo allegar hasta trescientos hombres, con los
cuales, medianamente armados y apercebidos, se salio seis leguas del Cuzco a un
asiento que se llama
Urcos, adonde estuvo tres semanas, teniendo tan cerrado el camino, que no podia saber
nueva de lo que hiciesen sus contrarios, porque todas las parcialidades de los indios
ayudaban a Diego Centeno y
le guardaban muy bien los caminos, con lo cual cada dia pensaban
que estaban sobre ellos, guardandose muy a punto de guerra para
lo que sucediese; y si algunos hablaban palabra en contradiccion
o perjuicio de los negocios, los castigaba muy asperamente; de manera que con este
miedo todos mostraban muy gran voluntad a seguirle. Y con esto alzo su real, con
acuerdo de ir a buscar al enemigo, y poniendolo por obra, camino hasta llegar al puerto
del
Rey. Diego Centeno se retrajo, porque estaba dividida su gente en
dos partes, y asentaron su real doce leguas los unos de los otros,
y enviaronse mensajeros y rehenes para tratar del negocio; y visto que no tenia medio
ni se podia concertar, Alonso de Toro alzo
su real para ir a dar la batalla; lo cual sabido por los contrarios,
acordaron entre si que no era bien aventurar el negocio, porque,
a no tener buen suceso la jornada, se cobraria grande animo en
el reino, y era bien que su majestad tuviese en la tierra gente presta para cualquier cosa
que sucediese; y con este recaudo se retrajeron, poco a poco, poniendo gran diligencia
de llevar consigo gran
cantidad de carneros cargados de comida y los caciques principales de la provincia. Y
asi, se metieron por un despoblado de mas
de cuarenta leguas, hasta llegar a un sitio que se llama Casabindo,
por donde Diego de Rojas entro al rio de la Plata, y Alonso de Toro los fue siguiendo
hasta la villa de Plata que son ciento ochenta
leguas de la ciudad del Cuzco, y entro dentro, y como la vio tan
sola, considero el mal aparejo que tenia para residir alli, por no
haber comida, y estar la tierra alzada por la ausencia de los caciques; y asi, acordo de
no seguirlos mas; y tomando consigo cincuenta hombres, se adelanto para la ciudad del
Cuzco, mandando a la otra gente que poco a poco le siguiese, aunque para mayor
seguridad dejo en la retaguardia a un capitan suyo, Alonso de
Mendoza, con treinta hombres en muy buenos caballos, para que
si acaso sintiese que Diego Centeno volvia, recogiese la gente poco
a poco hasta llegar con ella adonde el estaba.
297001 CAPITULO XXV
297002 De como Diego Centeno volvio sobre Alonso de Toro y le tomo mucha gente,
y recogio su campo en la villa de la Plata
297004 La vuelta de Alonso de Toro no pudo ser tan secreta, que por
lengua de indios no viniese luego a noticia de Diego Centeno, el
cual, vista tan gran novedad, y como Alonso del Toro se volvia tan
de priesa y desconcertada su gente, considero que no podia ser
aquello sin que hubiere sentido en los suyos desconfianza o mala
voluntad, y paresciole que, siendo esto asi, con facilidad, yendo el
sobre ellos, se le pasarian muchos; y asi, envio luego al capitan
Lope de Mendoza con cincuenta hombres bien encabal gados, a la
ligera, el cual llego en breve tiempo al Collao; y dado caso que
el capitan Alonso de Toro y la mas parte de su gente habia ya pasado, stajo hasta
cincuenta hombres de los suyos y les tomo algunos caballos y armas, aunque despues se
los torno con cada quinientos pesos de oro porque juraron y prometieron de le servir
en la jornada; y algunos que le parescieron demasiadamente sospechosos y amigos de
Alonso de Toro, los ahorco; y de alli se volvio con su gente a la villa de Plata sobre
Alonso de Mendoza, el
cual, sabido el suceso, se volvio por otro camino a gran priesa, y
dende a poco vino alli Diego Centeno con el resto de su ejercito, y
se juntaron todos, y asentaron su campo, pertrechandose cada dia
mas de todos los aparejos necesarios para la guerra, especialmente de arcabuces, que
cada dia se hacian. Y Alonso de Toro llego
al Cuzco con harto temor de que viniesen sobre el; porque si lo hicieran, con gran
facilidad se apoderaran de la ciudad; pero Diego
Contento tomo acuerdo de residir de asiento en la villa de Plata,
allegando cada dia mas gente y dineros; lo cual podia hacer en
abundancia, a causa de la mucha plata que habia en aquella provincia; y asi, le
dejaremos por contar lo que paso en esta sazon en
los Reyes.
297032 CAPITULO XXVI
297033 De cierto movimiento que hubo en los Reyes, y como le aplaco
Lorenzo de Aldana
297035 En la ciud ad de los Reyes se supo luego todo lo que arriba habia sucedido; y
como alli estaban juntos muchos soldados, y dellos aficionados al Visorey, ya casi en
publico trataban de irse a
juntar con Diego Centeno; y aun viendo la poca diligencia que Lorenzo de Aldana
ponia en castigarlo, se temia que habia de ser el
la cabeza, y lo mismo se sospechaba de don Antonio de Ribera,
que, aunque era cunado de Pizarro, y hacia algunas muestras, como los demas, de
seguirle, bien se entendia ser servidor de su majestad en lo secreto, como despues lo
mostro; y con este temor los
amigos de Pizarro andaban muy alterados; por manera que este
motivo en favor de su majestad la gente lo dejaba de intentar, creyendo que se haria a
menos costa y con mejor orden, porque sentian favor en Lorenzo de Aldana, que, segun
era bienquisto, sabian
que saldria con cualquier cosa en que se pusiese, aunque el estaba
tan cerrado, continuando siempre el buen tratamiento que hacia
a todos, que ninguno podia tener certidumbre de su determinacion. Y en este tiempo
llegaron a los Reyes nuevas de como el Visorey se habia retirado con la poca gente que
le pudo seguir hasta
la provincia de Popayan. Y que en el camino habia muerto algunos
capitanes y personas senaladas de su campo, especialmente a Rodrigo de Ocampo v a
Hieronimo de la Serna, y a Gaspar Gil y a Olivera y a Gomez Es tacio; unos porque se
querian huir de su campo,
otros porque se carteaban con Gonzalo Pizarro y le querian matar,
sobre las cuales culpas hizo su averiguaciones, y por ellas le parescio
que se les debia dar aquella pena; con las cuales nuevas se sosego
algo la gente que deseaba servir a su majestal en la ciudad de los
Reyes, y los amigos de Gonzalo Pizarro, y que favorecian su opinion y tirania, tomaron
tanto animo viendo los buenos sucesos que
le avenian, que les parescio que se podian ya declarar con Lorenzo
de Aldana, y le dijeron que en aquella ciudad habia personas sospechosas y que no se
querian quietar, por lo cual convenia desterrarlos y aun castigarlos de algunas palabras
escandalosas que habian dicho. De lo cual se ofrescieron a dar informcion, y le pidieron
que hiciese sobre ello las diligencias necesarias. Y el respondio que no habia venido a
su noticia tal cosa, porque lo hubiera
castigado, y que, sabido quienes eran, haria lo que conviniese. Y
con este acuerdo, poniendose en orden los principales, prendieron
hasta quince personas sospechosas, y entre ellos a Diego Lopez de
Zuniga, y presos, les quisieron dar tormento y hacer dellos justicia
por mano del alcalde Pedro Martin, y corrieran todos gran riesgo
si Lorenzo de Aldana no acudiera a sacarselas de entre las manos,
llevandolos a su posada, so color que en ella estarian mejor guardados. Y alli les dio
todo lo que habian menester, y sobre concierto que con ellos hizo, les dio un navio, con
que se salieron del puerto; quedando harto descontentos los regidores porque no habian
visto mas castigo en aquel negocio, y que no quiso Lorenzo de Aldana que sobre ello se
hiciese ninguna averiguacion, y les quedo
gran sospecha de que se hubiese descubierto a los presos y dejase
con ellos algun trato, y daban dello noticia a Gonzalo Pizarro por
sus cartas, avisandole que proveyese en ello, aunque el nunca quiso hacer novedad ni
enviar contra Lorenzo de Aldana, temiendo
que no saldria con ello, como arriba esta dicho.
299010 CAPITULO XXVII
299011 Como Gonzalo Pizarro envio contra Diego Centeno al capitan Carvajal, su
Maestre de campo
299013 Sabida por Gonzalo Pizarro la alteracion de la provincia de
los Charcas y el levantamiento de Diego Centeno y las cosas que le
habian sucedido, le parescio que no debia diferir el remedio ni dejar cobrar mas fuerzas
al enemigo, porque no le faltaba otra cosa
sino deshacer a Diego Centeno para quedar de todo punto senor en
el reino pacificamente; y tratose entre los principales de su campo
la orden que se ternia en la provision; y despues de muchos acuerdos, atenta la
importancia del negocio, y que Gonzalo Pizarro no
podia ir en persona a ello por no tener concluidas las cosas del Visorey, y que lo de
arriba requeria brevedad, proveyeron que el capitan Carvajal fuese a hacer esta jornada;
y asi, fue despachado
con las comisiones y poderes de Gonzalo Pizarro que le parescieron
necesarias, aunque las principales eran para recoger dineros y hacer gente, en cuya
confianza Carvajal acepto el cargo, porque le
parescio negocio en que facilmente podia ser aprovechado; y asi,
se partio de Quito con solas veinte personas de su confianza que
le acompanaron, aunque en esta determinacion hubo otras muchas
cosas que ayudaron, porque los principales del campo de Gonzalo
Pizarro hicieron en ello gran instancia, los unos por gobernar ellos
a solas, y los otros por el gran temor que tenian de la mala y cruel
condicion de Francisco de Carvajal, que por cualquier sospecha
mataba a quien le parescia que no le estaba muy sujeto, aunque los
unos y los otros coloraban estos pareceres con decir que la calidad
del negocio requeria la experiencia y consejo de tal persona como
el Maestre de campo. Y asi, se partio de Quito, y llego a la ciudad
de San Miguel, donde le salieron a rescebir los principales del pueblo; y llevandole a su
posada que le tenian senalada , el hizo apear
a seis regidores principales del pueblo, diciendo que les queria comunicar una creencia
del Gobernador; y estando en su aposento, y
cerradas y guardadas las puertas de la casa con gente de guerra,
les dijo la gran queja que dellos tenia Gonzalo Pizarro por haber
sido tan contrarios suyos en todas las cosas pasadas, especialmente en haber recogido y
favorecido al Visorey, y proveidole con tanto calor de las cosas necesarias a su ejercito;
por lo cual habia determinado de meter a fuego y a sangre la ciudad y no dejar hombre a
vida; pero que despues, considerando que los que habian hecho aquel dano eran
regidores y gente principal, a quien por fuerza o de grado habia de seguir la gente
plebeya, se habia resumido en
que se castigasen los principales sin hacer cuenta de los demas, y
aun de aquellos le habian parescido disimular con algunos por causas que a ello le
movian; y habia escogido los que alli estaban presentes como a cabezas en quien hacer
el castigo, para dar ejemplo a
los demas de todo el reino; y asi, les mando que se confesasen, porque todos habian de
morir luego; aunque ellos daban sus disculpas,
ninguna cosa aprovechaba; y asi, hizo dar garrote a uno dellos,
de quien el tenia muy gran queja, porque habia ayudado y dado
industria como se abriese el sello real con que el Visorey despachaba, porque era
practico en aquella arte; y entre tanto se divulgo por la ciudad lo que pasaba, y las
mujeres de los regidores juntaron consigo los clerigos y frailes del lugar, y fueron a la
posada
de Carvajal, y entrando en ella por una puerta falsa que su gente
no habia visto para guardarla, subieron al aposento, y echandose
a los pies del Maestre de campo, le pidieron las vidas de sus maridos con grandes
lagrimas y sentimientos, y al fin se las hubo de
otorgar con condicion que reservo en si la facultad de castigarlos
en lo demas a su voluntad; y asi lo hizo, porque los desterro de la
provincia, y los condeno en privacion de sus indios y en cada cuatro mil pesos para
ayuda de la guerra. Y habiendolo ejecutado todo, se paso a la ciudad de Trujillo,
recogiendo siempre por donde
iba toda la gente y los dineros que en cualquier manera podia haber; y alli llevaba
determinacion de matar un vecino llamado Melchior Verdugo, porque se habia siempre
mostrado por el Visorey,
y el, siendo avisado, se habia acogido a la provincia de Caxamalca,
que eran los indios de su encomienda; y por la priesa que el Maestre de campo llevaba,
no se quiso detener a seguirle; y echando
cierto emprestito y cobrandole, se paso a la ciudad de los Reyes,
juntando siempre la mas gente que podia; a los cuales ninguna
paga daba mas de los caballos y armas que robaba donde quiera
que los hallaba, usurpando para si todo el dinero, robando las cajas
del Rey y de los defuntos y los depositos publicos; y en los Reyes
se acabo de aparejar con cerca de doscientos hombres bien aderezados y con mas de
cincuenta mil pesos que hasta entonces se habian recogido; y se partio la via del Cuzco
por la sierra y llego a la
villa de Guamanga, donde tambien echo tributo y le cobro; y siete
u ocho dias despues de el partido se descubrio cierta conjuracion
que en la ciudad de los Reyes se trataba, sobre lo cual fueron presos hasta quince
personas, los principales de los cuales eran un
Juan Velazquez, Vela Nunez, sobrino del Visorey, y otro caballero
de su casa, llamado Francisco Jiron, y Francisco Rodriguez, natural de Villalpando; y
habiendoles dado muy crueles tormentos, se
averiguo el negocio, y que tenian concertado con Pedro Manjares,
vecino de los Charcas, de matar a Lorenzo de Aldana y al alcalde
Pedro Martin y a otros amigos de Gonzalo Pizarro, y alzar la ciudad por el Rey, c
reyendo que la mas gente que iba con el capitan
Carvajal, por ir tan descontentos del, les acudirian, y todos juntos
se irian a juntar con el capitan Diego Centeno. Y luego dieron garrote a Jiron y a otro, y
a Juan Velazquez por intercesion de muchos le perdonaron la vida y le cortaron la mano
derecha, y a los
demas dieron tan bravos tormentos, que perpetuamente quedaron
mancos. Manjares se huyo, y anduvo mas de un ano escondido por
los montes, aunque despues vino a poder de los capitanes de Gonzalo Pizarro y le
ahorcaron; y sospechando todavia Pedro Martin
que eran en estos tratos algunos de los que iban en el campo del
capitan Carvajal, dio sobre ello tormento a Francisco Guzman, que
era uno de los presos, y no confesando nada, le pregunto Pedro
Martin senaladamente si un soldado que iba con Carvajal, llamado Perucho de Aguirre,
natural de Talavera, y otros amigos suyos
sabian de aquel trato; el cual Guzm- |man, por librarse de los tormentos, dijo que si; y
con tanto, Pedro Martin de Sicilia le condeno, por sentencia publica, que se metiese
fraile en el monasterio de la Merced; y asi lo ejecuto, y le hizo tomar el habito, y pidio
al escribano ante quien habia pasado aquel proceso cautelosamente, que le diese por fe
como de la confesion de Guzman resultaban culpados en aquel motin Perucho de
Aguirre y los demas que
le nombro; y creyendo el escribano que era para otro fin, se le dio;
y Pedro Martin le envio por via de indios a Carvajal, que a la sazon llegaba una jornada
antes de Guamanga; y en rescibiendole,
sin otra diligencia ni averiguacion ninguna, ahorco a Perucho de
Aguirre y a otros cinco con el en un mismo arbol; caso que, poco
despues, visto por el escribano el yerro que habia hecho en dar
aquel testimonio, le envio el traslado de la confesion que Guzman
habia hecho, y la revocacion della, diciendo que lo habia hecho
por librarse del tormento, aunque fue de poco fruto, por estar ya
ejecutado el castigo; y en las escaleras protestaron que morian sin
culpa, y los confesores lo dijeron a voces al Maestre de campo.
302012 CAPITULO XXVIII
302013 Como, sabido por el capitan Carvajal la huida de Diego Centeno,
se volvio a los Reyes
302015 En tanto que estas muertes se hicieron en Guamanga llegaron
al capitan Carvajal las nuevas de lo que arriba tenemos dicho, que
Diego Centeno, rehusando la batalla con Alonso de Toro, se retrajo por el despoblado a
la provincia de Casabindo. Y viendo el
Maestre de campo que las cosas iban en tan buenos terminos, le
parescio que su presencia era excusada; y asi por esto como porque entre el y Alonso
de Toro habia habido los tiempos pasados
algunas diferencias sobre que cuando Gonzalo Pizarro salio del
Cuzco con su gente vino por maestre de campo della Alonso de Toro, y por cierta
enfermedad que tuvo en el camino dieron el cargo
a Francisco de Carvajal, y asi quedo siempre con el; y temio que,
hallandole victorioso y con mas gente que el llevaba podria ser que
se quisiese satisfacer de la queja que del tenia, determino volverse
a la ciudad de los Reyes, porque tambien de alla le habian escrito algunos vecinos la
tibieza con que Lorenzo de Aldana trataba
los negocios de Gonzalo Pizarro, y la necesidad que habia de que
el viniese a darles calor; y asi, se volvio luego, y pocos dias despues de llegado le vino
la nueva de la vuelta de Diego Centeno sobre Alonso de Toro, con la cual se torno a
apercebir y juntar su
gente; y echando nuevas derramas, se partio de los Reyes, habiendo hecho bendecir sus
banderas y intitulando su campo: “El felicisimo ejercito de la libertad contra el tirano
Diego Centeno”. Y
despachando mensajeros para el Cuzco por la sierra, el se fue por
los llanos la via de Arequipa, y alli saco mucho dinero, y rescibio
cartas, asi del cabildo del Cuzco como del capitan Alonso de Toro
por las cuales le pedian con gran instancia que fuese personalmente alla, porque no era
razon que, siendo la ciudad del Cuzco la cabeza del reino, saliese el ejercito de otra
parte sino de alli, prometiendole de ayudar con mucha gente y armas y caballos, y ir con
el muchas personas principales, poniendole tambien delante que
el era vecino de aquella ciudad, y que era justo que le diese aquella preeminencia. Con
lo cual y con otras muchas razones le persuadieron a que fuese al Cuzco, aunque en
alguna manera temia al
capitan Alonso de Toro, porque le referian algunas palabras que
en su ausencia habia dicho contra el; y asi, se fue al Cuzco, y cuando Alonso de Toro
supo que venia se apercibio de todo lo que le
parescio necesario para la jornada que Carvajal queria hacer,
aunque siempre mostro gran descontento de que habiendo el comenzado aquella guerra
y trabajado tanto en ella, y habido tan
prosperos sucesos, hubiese proveido Gonzalo Pizarro nuevo capitan, a quien el
estuviese sujeto, y q ue este fuese Carvajal, con quien
el sabia que tenia enemistades privadas; pero todo lo disimulaba
lo mejor que podia, diciendo que no pretendia otra cosa sino el
buen suceso de los negocios por quien quiera que los guiase; aunque no podia estar tan
recatado sobre ello, que algunas veces no
se le soltasen palabras descuidadas, que manifestaban lo que en
su pecho tenia. Y con saber todas estas cosas los vecinos, esperaban qu e con la venida
de Carvajal habia de haber alguna novedad;
y estando en estos terminos, llego nueva como Carvajal entraria
otro dia en el Cuzco con doscientos hombres arcabuceros y de a
caballo, y Alonso de Toro puso gran diligencia que todos los que
habia en la ciudad se armasen y saliesen a punto de guerra; y asi
por la gran diligencia que puso en los juntar, y lo mucho que procuraba que fuesen en
orden, y lo mucho que sentia si salian della, se
creyo que llevaba mala intencion, aunque el no lo habia dicho a nadie; y a si, se metio
en una emboscada al traves del
camino por donde Carvajal habia de pasar. Y sabido por Carvajal,
ordeno su gente y mando echar balas en los arcabuces, y Alonso
de Toro le salio al traves; y viendo que ninguno acometia, se llegaron a juntar; y
aunque Carvajl sintio mucho este adem an, lo
disimulo hasta llegar al Cuzco, donde fue rescebido. Y poco despues una tarde prendio
a cuatro vecinos de los principales del pueblo, y incontinenti los ahorco sin comunicarlo
con Alonso de Toro ni dar para ello razon ninguna; y Alonso de Toro disimulo el
sentimiento que desto tuvo, porque algunos eran sus amigos. Y con
el temor que todos tomaron de una cosa tan subita y cruel, ninguno rehuso ir con el; y
asi, saco de la ciudad hasta cumplimiento de
trescientos hombres bien aderezados, y se partio camino del Collao hacia los Charcas,
donde estaba Diego Centeno; y aunque le
era superior en el numero de la gente, todos pensaron que no acabara la jornada, porque
los mas iban de mala gana, porque no les
daba ninguna paga y les hacia muy malos tratamientos, y era muy
desabrido y mal acondicionado y enemigo de buenos, y mal cristiano y blasfemo y
cruel; por manera que todos pensaban que la
mesma gente le habia de matar porque sobre todo entendia el mal
titulo que lleyaba, y cuan mejor le tenia Diego Centeno, que era
caballero virtuoso y liberal y que tenia mucho mas que dar, por la
gran riqueza que en los Charcas habia. Y asi, le dejaremos caminando por el Collao,
por contar lo que en este tiempo sucedio en
Quito al visorey Blasco Nunez Vela.
304019 CAPITULO XXIX
304020 De lo que paso Gonzalo Pizarro en seguimiento del Visorey que se
retiro a la provincia de Benalcazar, y Gonzalo Pizarro quedo
en Quito en frontera contra el
304023 Ya tenemos dicho en los capitulos precedentes como Gonzalo
Pizarro siguio al Visorey desde la ciudad de San Miguel, de donde
se retiro, hasta la ciudad de Quito, que son ciento y cincuenta leguas, llevando tanta
porfia el alcance, que casi ningun dia se paso
en que no se viesen y hablasen los corredores, y sin que en todo el
camino los unos ni los otros quitasen las sillas a los caballos, aunque en este caso
estaba mas alerta la gente del Visorey; porque, si
algun pequeno rato de la noche reposaban, era vestidos y teniendo siempre los caballos
del cabestro, sin esperar a poner toldos ni
a aderezar las otras formas que se suelen tener para star los caballos de noche,
mayormente por los arenales, donde no hay arbol
ninguno; y la necesidad ha ensenado el remedio y es, que llevan
unas talegas o costales pequenos, los cuales, en llegando al sitio
donde han de hacer noche, hinchen de arena, y cavando un hoyo
grande, los meten dentro, y despues de atado el caballo, se torna
a cubrir el hoyo, pisando y apretando la arena. Demas desto, ambos ejercitos pasaron
gran necesidad de comida, en especial el de
Gonzalo Pizarro, que iba a la postre, porque el Visorey ponia gran
diligencia en alzar los indios y caciques, para que el enemigo hallase el camino
desproveido; y era tanta la priesa con que se retiraba el Visorey, que llevaba consigo
ocho o diez caballos, los mejores de la tierra que habia podido recoger, llevandolos
algunos
indios de diestro, y en cansandose el caballo, le desjarretaba y le
dejaba, porque sus contrarios no se aprovechasen del. En este camino junto consigo
Gonzalo Pizarro al capitan Bachicao, que vino de Tierra-Firme, de la jornada que
tenemos dicho, con trescientos y cincuenta hombres y veinte navios y gran copia de
artilleria,
y tomando la costa mas cercana a Quito, fue a salir al camino a
Gonzalo Pizarro. Llegados a Quito, tuvo juntos Gonzalo Pizarro en
su campo mas de ochocientos hombres, entre los cuales estaban
los principales de la tierra, asi vecinos como soldados, con tanta
prosperidad y quietud, cuanta jamas vio tener hombre que tiranicamente gobernase,
porque aquella provincia es muy abundante
de comida; y con haber descubierto muy ricas minas de oro en
ella, y haber puesto Gonzalo Pizarro en su cabeza los indios de los
principales de la tierra, unos porque se habian ido con el Visorey,
y otros porque le habian seguido y favorescido el tiempo que alli
residio, sacaba cada dia gran cantidad de oro; tanto, que de solos
los indios del tesorero Rodrigo Nunez de Bonilla saco en ocho meses cerca de cuarenta
mil pesos de oro, con haber otros muy mejores, y tener en su cabeza mas de otros veinte
repartimientos tan
buenos como el; y allende desto, se apodero de todos los quintos y
dineros pertenescientes a su majestad, y robo las cajas de los defuntos; y alli supo que
el Visorey estaba cuarenta leguas de alli
en la villa de Pasto, que entra en la gobernacion de Benalcazar, y
determino de lo irlo a buscar, aunque todo este alcance se hizo sucesivamente, y casi
sin que hubiese dilacion entre uno y otro, porque Gonzalo Pizarro se detuvo en Quito
muy poco; tanto, que, saliendo contra el de Quito, hubo refriega entre la gente de ambos
campos en un sitio que se dice Rio-Caliente. Y sabido por el Visorey en Pasto la venida
de Gonzalo Pizarro, con gran priesa se salio de la ciudad, y se metio la tierra adentro
hasta llegar a la ciudad de Popayan; y habiendole seguido Pizarro veinte leguas mas
adelante de Pasto, determino de volverse a Quito, porque de alli
adelante la tierra era muy despoblada y falta de comida; y asi, se
torno a Quito, habiendo seguido el alcance del Visorey tanto tiempo y por tanto espacio
de tierra, pues se puede afirmar que le siguio desde la villa de Plata (donde la primera
vez salio contra el) hasta la villa del Pasto, en que hay espacio de sietecientas leguas,
tanlargas, que ocuparian mas de mil leguas ordinarias de Castilla. Y
vuelto a Quito, estaba tan soberbio con tantas victorias y prosperos sucesos como habia
tenido, que comenzaba a decir palabras
desacatadas contra su majestad, diciendo que de fuerza o de grado
le habia de dar la gobernacion del Peru, dando razones por donde
era obligado a ello, y como, si hiciese lo contrario se lo pensaba
lesistir; y aunque el lo disimulaba algunas veces, se lo persuadian
publicamente sus capitanes y le hacian publicar esta tan desacatada pretension; y asi
residio algun tiempo en la ciudad de Quito,
haciendo cada dia grandes regocijos y fiestas y banquetes, y aun
dandose el y los suyos al vicio de mujeres tan desenfrenadamente,
que se tuvo por cierto haber hecho matar a un vecino de Quito, cuya mujer el tenia por
manceba, dando gran cantidad de dineros al
que lo mato, que fue un soldado hungaro, llamado Vicencio Pablo, a quien despues los
senores del consejo de las Indias mandaron ahorcar en la villa de Valladolid el ano de
51. Y asi, teniendo
tanta gente junta, y que tan buena voluntad le mostraban, unos por
fuerza y otros por temor y otros por su voluntad, le parescia imposible haber quien le
hiciese contradicion, y que si su majestad
algun concierto quisiese con el hacer, habia de ser enviandoselo a
pedir y requerir sobre ello, hasta que le sucedio el levantamiento
de Diego Centeno, a lo cual envio al capitan Carvajal, como arriba
esta dicho.
306029 CAPITULO XXX
306030 Como Gonzalo Pizarro envio a Pedro Alonso de Hinojosa con su
armada a Tierra-Firme
306032 Desta manera que hemos contado estuvo Gonzalo Pizarro en
Quito mucho tiempo, sin saber nuevas del Visorey, ni el designio
que tomaba en sus negocios, porque unos decian que se queria ir
a Espana por la via de Cartagena, y otros, que se iria a Tierra-Firme, por tener tomado
el paso y juntar gente y armas para ejecutar
lo que su majestad enviase a mandar; y otros, que esperaria este
mandato en la mesma tierra de Popayan, que nunca nadie penso
que alli tuviera aparejo de rehacerse de gente para innovar ninguna cosa en los
negocios; y para cualquiera de todos estos fines
parescio a Gonzalo Pizarro y a sus capitanes cosa conveniente estar apoderado de la
provincia de Tierra-Firme, por tener tomado
el paso para cualquier suceso que aviniese; y asi para esto como
para estorbar al Visorey que no fuese a ella, mando volver la armada que habia traido
Hernando Bachicao, y que fuese por general della Pedro Alonso de Hinojosa con hasta
doscientos y cincuenta hombres, y que de camino fuese costeando la tierra por la
Buenaventura y rio de San Juan; y luego se partio, y desde PuertoViejo envio un navio,
y en el al capitan Rodrigo de Carvajal, que
fuese derecho al puerto de Panama, y diese a ciertos vecinos principales della las cartas
que llevaba de Gonzalo Pizarro, por las cuales les rogaba que favoresciesen a sus cosas,
y daba color al enviar
de la armada con decirles que el habia sabido los robos y desafueros que Bachicao hizo
a los vecinos en el tiempo que alli residio,
lo cual habia sido muy fuera de su voluntad, porque el, ni lo habia mandado ni habia
pretendido otra cosa mas de que llana y pacificamente llevase a aquella tierra al doctor
Tejada y se volviese;
y que asi, enviaba agora a Pedro Alonso de Hinojosa con dineros
para satisfecer a todos los agraviados de sus danos, y que si llevaba
alguna forma de ejercito, era por asegurarse del Visorey y de ciertos capitanes suyos
que le habian dicho que estaban haciendo gente en aquella tierra para irle a favorescer.
Con estas cartas llego
Rodrigo de Carvajal en su navio con hasta quince personas cerca
de Panama; y tomando tierra tres leguas antes de la ciudad, donde dicen el Ancon, supo
de ciertos estancieros que alli residian como estaban en Panama dos capitanes del
Visorey, llamados, el
uno Juan de Guzman, y el otro Juan de Illanes, que habian venido
con ciertas comisiones suyas para juntar alli gente y armas, y llevarlo en su socorro a la
provincia de Benalcazar, donde los esperaba, y que tenian juntos mas de cien soldados y
buena cantidad de
armas, y cinco o seis piezas de artilleria de campo, y que, aunque
habia dias que lo tenian todo apercebido, habian mudado proposito
y no habian querido acudir al Visorey, sino residir en aquella ciudad, para defenderla
de la gente de Gonzalo Pizarro, que tenian por
cierto que habia de enviar a ocuparla; y sabido esto por Rodrigo
de Carvajal, no le parescio seguro saltar en tierra, y envio aquella
noche secretamente un soldado suyo para que diese las cartas a
quien venian; y el soldado fue a darlas a ciertos vecinos, los cuales
dieron noticia dello a la justicia y a los capitanes del Visorey; y habiendo prendido al
soldado, y sabida del la orden de
la venida de Hinojosa y su intento, se puso la ciudad en arma, y
armando dos bergantines, los enviaron a tomar la nao de Carvajal;
el cual, como vio la tardanza de su soldado, sospecho lo que podia
ser, y se hizo a la vela la vuelta de las islas de las Perlas, a esperar
a Hinojosa que se juntase con el. Y asi, los bergantines no le pudiendo hallar, se
volvieron. Y el gobernador de aquella provincia,
llamado Pedro de Casaos, natural de Sevilla, fue con gran diligencia a la ciudad de
Nombre de Dios, y mando apercebir a toda la
gente que en ella estaba; y juntando todas las armas y arcabuces
que pudo haber, los llevo consigo a Panama, y se apercibio de todo lo que le parescio
necesario para la resistencia de Hinojosa, en
lo cual asimesmo entendian los capitanes del Visorey; y aunque
hubo entre Pedro de Casaos y ellos alguna competencia sobre la
superioridad, en fin se concluyo que Pedro de Casaos fuese general
y ellos tuviesen aparte su gente y bandera; y asi, quedaron conformes para la
resistencia, caso que antes estaban muy diferentes,
porque Pedro de Casaos les prohibia algunos desordenes que intentaban hacer, y les
aconsejaba que se fuesen con su gente a servir
al Visorey, pues era aquel el fin para que se habia hecho; y ellos
no lo quisieron hacer, antes, como se veian ya poderosos con la
gente que tenian junta, se desacataban al Gobernador y no le obedescian en cosa que les
mandase.
308026 CAPITULO XXXI
308027 De la venida de Hinojosa a Panama, y de los sucesos que tuvo en
el camino.
308029 Habiendo enviado Pedro Alonso de Hinojosa al capitan Rodrigo de Carvajal a
Panama, en la forma y para el efecto que tenemos dicho, el se hizo a la vela con diez
navios, y vino costeando
la tierra hasta llegar a Buenaventura, que es una pequena poblacion en la boca del rio
de San Juan, por donde suben a la gobernacion de Benalcazar. Su designo fue saber alli
nuevas de lo que
el Visorey hacia, y si hubiese algunos navios en aquel puerto, llevarselos, y quitarle
todo el aparejo de poderse salir de la tierra
por aquella via. Y llegado al puerto, mando saltar en tierra ciertos
soldados, y prendieron ocho o diez vecinos que habia en aquella
poblacion y inquiriendo dellos lo que sabian del Visorey, hallo uno
que le dijo como el Visorey estaba en Popayan, apercibiendose de
la mas gente y armas que podia, para tomar la tierra adentro del
Peru; y viendo que Juan de Illanes y Juan de Guzman (a quien el
habia enviado a Tierra-Fierme para lo mismo) se tardaban tanto,
determino de enviar al capitan Vela Nunez, su hermano, con ciertos caporales de su
campo, para que fuese a Panama, y diese conclusion en la junta de la gente y la trajese
consigo, porque el negocio se hiciese con mas autoridad, y para ello le habia dado todos
los dineros que pudo juntar de la hacienda real. Y allende dellos
le entrego un hijo bastardo de Gonzalo Pizarro, que habia tomado
en Quito, de edad de once o doce anos, creyendo que habria en Panama mercaderes
que, viendole maltratado, lo rescatarian por algun interes o favor de Gonzalo Pizarro; y
teniendo por cierto que
la armada de Bachicao habia recogido todos los navios que hallase en aquel puerto,
proveyo que los indios hiciesen y labrasen la
madera que era necesaria para un bergantin, y que con la brea y
estopas que se requeria, lo llevasen en hombros a aquel puerto para que los calafates y
carpinteros en tres o cuatro dias lo pudiesen echar al agua; y que con este aparejo se
habia partido Vela
Nunez de Popayan, hasta llegar una jornada alli, y que le habia enviado a el delante,
para que espiase si tenia el puerto seguro. Sabido esto por Hinojosa, envio dos capitanes
suyos con cierta gente,
que fueron cada uno por su camino (segun los guio la espia) hasta
que los unos toparon con Vela Nunez y los otros con Rodrigo Mejia, natural de
Villacastin, y con Sayavedra, que traian al hijo de
Gonzalo Pizarro. Y los unos y los otros traian gran cantidad de dineros, los cuales
fueron robados por los soldados de Hinojosa; y
llevandolos todos presos a los navios, se hicieron grandes regocijos por tan prospero
suceso como en tan breve tiempo les habia
venido; porque, aunque tuvieron en mucho la prision de Vela Nunez, y estorbarle con
ella que no fuese a Panama, donde, juntandose con su gente, les podia hacer tanta
contradicion en su entrada,
en mucho mas estimaban haber recobrado al hijo de Gonzalo Pizarro, por el servicio
que en ello le hacian, y el cargo que le echarian con tal contentamiento; y asi, se
hicieron a la vela, llevando a
buen recaudo los prisioneros.
310001 CAPITULO XXXII
310002 De la entrada de Hinojosa en Panama, y de lo que sobre ello
acontecio
310004 Navegando Hinojosa la via de Panama, le salio al camino Rodrigo de Carvajal
con su navio y le hizo saber lo que en Panama
le habia acaescido, y como la ciudad se habia alborotado con su venida y estaban
puestos en resistencia; por tanto, que convenia ir
apercebidos; y asi, poninendose en orden de guerra un dia del mes
de octubre del ano de 45, parescio sobre el puerto de Panama con
once navios, y en ellos los doscientos y cincuenta hombres que tenemos dicho. En la
ciudad hubo gran alboroto con su venida, y todos
se pusieron a punto de guerra y se recogieron a sus banderas; y
llevando por general a Pedro de Casaos, acudieron al puerto a defender la salida. Habia
en este campo algo mas de quinientos hombres medianamente apercebidos de armas,
aunque los mas dellos
eran mercaderes y oficiales y personas tan poco practicas en la
guerra, que ni sabian tirar ni regir los arcabuces que llevaban; y
entre ellos habia muchos que ninguna voluntad tenian de romper,
porque les parescia que de la venida de la gente del Peru ningun
dano les podia resultar, antes muy gran provecho, porque los mercaderes entendian
despachar sus mercaderias con mucha ventaja,
y los oficiales ser muy aprovechados cada uno en su oficio y trato;
y aun los mas caudalosos mercaderes consideraban que tenian sus
haciendas y factores y companeros en el Peru; y que sabida por
Gonzalo Pizarro la contradicion que alli le hiciesen, se vengaria
dellos tomandoles sus haciendas y maltratando sus companeros y
factores; pero, no embargante esto, pusieron tanta diligencia los
que no corrian ninguno destos riesgos en juntar y sacar la gente,
que los hicieron salir y poner a punto de defensa; y los que principalmente los
gobernaban eran el general Pedro de Casaos, y Arias
Dacevedo y Juan Fernandez de Rebollido, y Andres de
Areiza y Juan de Zabala, y Juan de Guzman y Juan de Illanes,
y Juan Vendrel y otros algunos principales de Panama, que pretendian la defensa de la
entrada, unos por ser servidores de su majestad, y otros por quedar escarmentados de los
agravios que habian rescebido de Bachicao, y temiendo que Hinojosa seguiria el
mismo camino. Vista por Hinojosa la resistencia, salto en tierra en
el Ancon, dos leguas de Panama, teniendo por reparo a las espaldas unas penas que los
defendian de la gente de caballo; y marchando la via de Panama, caminaron por la
costa, llevando junto
a la tierra los bateles de los navios con mucha artilleria; con que
descubririan los enemigos, si los acometiesen por el avanguardia.
La gente de Hinojosa era hasta doscientos hombres, porque los cincuenta quedaron en
guarda de los navios, con orden que a la hora
que viesen romper la batallan ahorcasen a Vela Nunez y a los otros
prisioneros. Pedro de Casaos salio al encuentro con su gente; y estando los unos y los
otros a poco mas de tiro de arcabuz, acudieron los clerigos y frailes del lugar, trayendo
las cruces cubiertas
y otras insignias de gran sentimiento y tristeza, y comenzaron a
tratar entre los unos y los otros que no rompiesen, y tentaron dar
medios entre ellos; y para los tratar se pusieron treguas por aquel
dia y se dieron rehenes de una parte a otra. Y Hinojosa envio de su
parte, para tratar el negocio, a don Baltasar de Castilla, hijo del
conde de la Gomera, y los de Panama enviaron a don Pedro de Cabrera. De parte de
Hinojosa decian que no sabian ellos la causa
por que les habian de resistir la entrada, pues no venian a hacerles
dano ninguno, antes a satisfacerlos del que de Bachicao habian
rescebido, y a comprar por sus dineros las ropas y mantenimientos
necesarios; y que traian orden de Gonzalo Pizarro para no hacer
dano ni agravio ninguno a nadie, ni pelear sino fuese siendo provocados y compelidos a
ello, y que no harian otra cosa mas de
proveerse y reparar sus navios, y volverse; y que el intento de su
venida era buscar al Visorey y compelerle que se fuese a Espana,
como habia sido enviado por los oidores, porque andaba inquietando y alterando la
tierra; y que pues no le hallaban alli, no tenian para que reparar ni hacer asiento, como
ellos pensaban, y que
les rogaban que no les forzasen a romper con ellos, porque hasta
venir a esto harian todos los comedimientos posibles por cumplir
con la orden que traian de Gonzalo Pizarro; pero que de otra manera, siendo forzados a
pelear, habian de hacer su posible para no
ver vencidos. De parte de Pedro de Casaos se daban otras razones,
por donde fundaban las injusticias y mal sonido que traia entrar con
forma de ejercito en aquella tierra; y aunque Gonzalo Pizarro gobernase juridicamente,
como ellos pretendian, era fuera de su ju
risdiccion, donde no tenia color ninguno de entremeterse; y que lo
mesmo que el decia, habia dicho Bachicao, y despues de apoderade de la tierra, habia
hecho los danos y robos que el decia que venia a remediar. Vistas las razones de los
unos y de los otros por los
comisarios que para los tratos se habian nombrado, dieron forma
en los medios, ordenando a su parescer como se cumpliese con lo
que los unos pedian y se proveyese en lo que los otros temian; y
el asiento fue que Hinojosa pudiese saltar en tierra y residir en la
ciudad por termino de treinta dias; y que para seguridad de lo susodicho pudiese tener
cincuenta soldados de los suyos, y que la
armada con el resto de gente se volviese a las islas de las Perlas, y
alli llevasen los maestros y materiales necesarios para el reparo
della, y que pasados los treinta dias, se volviesen al Peru. Firmadas
estas paces, y habiendose hecho juramento y pleitomenaje sobre la
guarda dellas por ambas partes, y dadose rehenes de un cabo a
otro, Hinojosa se fue a la ciudad con sus cincuenta hombres, y tomo una casa, donde
comenzo a dar de comer a todos los que venian, y a permitir que jugasen y conversasen;
con lo cual, dentro
de tres dias se le pasaron casi todos los soldados de Juan de Illanes y la demas gente
baldia de la tierra, los cuales todos afirmaban que antes de aquello habian asegurado por
sus cartas a Hinojosa que el dia de la batalla se le pasarian todos. Y esta fue la principal
causa que movio a los capitanes de Panama que viniesen en
hacer los conciertos, por la poca seguridad que tenian de su gente, toda la cual sabian
que estaban esperando oportunidad para pasar al Peru y era cosa muy creible que,
hallandola tan aventajada,
pues les daban pasaje y sueldo y comida, lo aceptarian; y asi, poco
a poco, de su gente y de la tierra junto Hinojosa gran copia de soldados. Y viendose
Juan de Illanes y Juan de Guzman desamparados de su gente, y que ninguna cosa de lo
capitulado se guardaba,
secretamente tomaron un barco, y se fueron huyendo con hasta
quince personas que les habian quedado y con cuatro piezas de artilleria la via de
Cartagena, aunque despues Juan de Illanes fue
preso por un capitan de Hinojosa, que le siguio por la mar, y prometio de andar en su
servicio, como lo hizo, y se hallo de su parte en la batalla que alli en el nombre de Dios
se dio a Melchior
Verdugo, como adelante se contara; y Hinojosa quedo pacificamente y sin ninguna
contradicion en la tierra, sustentando y acrecentando su ejercito, sin consentirles que
hiciesen agravio a nadie
ni entremeterse en otra cosa fuera dello; y envio a don Pedro de
Cabrera y a Hernan Mejia de Guzman, su yerno, que alli habia hallado desterrados por
el Visorey (como tenemos dicho), con cierta gente al Nombre de Dios, para que
estuviesen en guarda de aquel
puerto y tuviesen los avisos que les convenia para su seguridad,
asi de Espana como de otras partes.
313003 CAPITULO XXXIII
313004 Como Melchior Verdugo se alzo en Trujillo por su majestad, y de lo
que hizo en seguimiento de su opinion.
313006 En la ciudad de Trujillo habia un conquistador, cuya era la
provincia de Caxamalca, llamado Melchior Verdugo, natural de la
ciudad de Avila, el cual desque el Visorey Blasco Nunez Vela vino
a la tierra, pretendio servirle y favorescerle, por ser natural de la
mesma ciudad de Avila; y asi, fue en su servicio a la ciudad de los
Reyes, y estuvo alli hasta aquel dia que arriba tenemos dicho que
el Visorey determino de despoblar aquella ciudad y retirarse a la
de Trujillo; mando a Melchior Verdugo que fuese delante para asegurar la ciudad y
tener recogida la gente y armas que en ella hubiese, y para todo ello le dio muy
bastantes comisiones; y teniendo
ya embarcada Melchior Verdugo su ropa para se ir por mar, el
mesmo dia que se habia de hacer a la vela sucedio la prisi del
Visorey; y como se embarazaron los navios de la manera que tenemos dicho, ceso su
partida; por todo lo cual a Gonzalo Pizarro
y sus capitanes les quedo muy gran odio con el; y asi, fue Melchior
Verdugo uno de los veinte y cinco que prendio el capitan Carvajal
la primera noche que entro en los Reyes, cuando ahorco a Pedro
del Barco y a los otros que hemos contado, y por estas causas estuvo muchas veces en
peligro de muerte; y aunque despues le redujo en su gracia Gonzalo Pizarro, nunca fue
tan enteramente, que
no le quedase del sospecha, aunque nunca tuvo espacio ni oportunidad para ejecutar en
el lo que hacia en los otros, hasta que el capitan Carvajal se fue de Quito contra
Centeno, que en el camino
le quisiera haber en su poder, si el no se recogiera a sus indios de
Caxamalca, que tenemos dicho; y en pasando Carvajal, se volvio
a su casa a Trujillo, teniendo entendido que cada y cuando que
Gonzalo Pizarro le pudiese haber ejecutaria en el el enojo que tenia; y asi, determino
salir de la tierra, haciendo de camino alguna
cosa senalada en contradicion de la opinion de Gonzalo Pizarro; y
esperando esta ocasion, comenzo a juntar en su casa la mas gente
que podia, y comprar secretamente armas, y a un herrero que tenia dentro en su casa
hizo hacer algunos arcabuces y algunas cadenas y grillos y otras prisiones; y estando
esperando la oportunidad, sucedio que un navio que bajaba de Lima surgio en el puerto
de Trujillo, y luego Melchior Verdugo envio a llamar al maestre
y piloto del so color que queria cargar cierta ropa en el y maiz para enviar a Panama, y
ellos vinieron luego, y metiendolos en lo interior de sus aposentos, los hizo llevar a una
camara honda y escura que para aquel efecto tenia preparada; y dejandolos alli, se subio
a su aposento, y envendandose las piernas, fingio que estaba
malo de ciertas verrugas que solia tener en ellas, y desde la ventana de su posada, cerca
de la cual se juntaban los alcaldes y otros
vecinos cada dia, porque era en una esquina de la plaza, cuando los
alcaldes vinieron les rogo que subiesen a su aposento para hacer
ciertos autos ante ellos, pues el no podia bajar por su indisposicion; y habiendo subido
con el escribano, los metio poco a poco
hasta la pieza donde tenia presos al maestre y piloto, y alli les quito las varas y los echo
en una cadena, y se torno a su aposento, dejando guardada la puerta de la prision con
seis arcabuceros; y tornando a la ventana, en viniendo cada vecino le llamaba fingiendo
que queria tratar con el algun negocio, y en subiendo le metia en
la prision, sin que ninguno de los que venian supiese de los que
antes estaban presos; y asi, en pocas horas tuvo en su poder hasta
veinte personas, que eran los principales de la ciudad, porque a todos los demas habia
llevado consigo Gonzalo Pizarro a Quito. Y
dejandolos a recaudo, salio con cierta gente por el pueblo, apellidando la voz del Rey, y
algunos que se le defendieron los prendio,
y entrando a los presos, les dijo la queja que dellos tenia por haber seguido la opinion
de Gonzalo Pizarro, y que el habia determinado, por salir de su tirania, irse de la tierra
en busca del Visorey,
y llevarle toda la gente y armas que pudiese, y que para los juntar
tenia necesidad de dineros; por tanto que ellos le ayudasen cada
uno como pudiese, pues era justo que contribuyesen en algo para
el servicio de su majestad, pues tantes veces lo habian hecho para
el de Gonzalo Pizarro, y que cada uno escribiese lo que podia dar,
con presupuesto que lo habia de dar luego; donde no, que los llevaria consigo presos; y
asi cada uno se escribio en cierta cantidad,
la cual pagaron luego; y concertandose con el maestre, aderezo y
y proveyo el navio, llevando los presos hasta la mar en carretas
con sus prisiones, se embarco con hasta veinte soldados, habiendo
recogido gran copia de dineros, asi del emprestido de los vecinos
como de la caja del Rey y de su propia hacienda, que era hombre
rico. Y salido del puerto, dejando en los carros los presos, se fue
por la mar costeando, y topo con un navio en que traian al capitan Bachicao gran
cantidad de ropa, de la que el habia robado en
Tierra-Firme, el cual lo metio a saco y lo repartio entre si y sus
soldados; y aunque algunas veces quiso ir a la Buenaventura, para entrar por alli en
busca del Visorey, no la tuvo por segura jornada, atenta la poca gente que llevaba,
porque temio encontrar con
el armada de Gonzalo Pizarro; y asi, mudando proposito, se fue
a la provincia de Nicaragua; y saltando en tierra, dio noticia de
su jornada a los gobernadores de la provincia, pidiendoles socorro
para su defensa; y visto el mal aparejo que all-mi hallo para ello, se
fue a la audiencia de los confines de Nicaragua, donde pidio al Presidente y oidores la
mesma ayuda y favor; y ellos se la prometieron, y enviaron a hacersela dar al licenciado
Ramirez de Alarcon,
oidor de aquella audiencia, el cual fue a Nicaragua y apercibio a
los vecinos para que estuviesen prestos con sus armas y caballos.
Ya en este tiempo se tuvo noticia en Panama de lo que Verdugo
habia hecho en Trujillo, y como habia ido la vuelta de Nicaragua;
y temiendo Hinojosa no juntase gente y le hiciese alguna contradicion con ella, envio a
Juan Alonso Palomino con dos navios, y
en ellos ciento y veinte arcabuceros, y con ellos fue a la costa de
Nicaragua, y topando el navio de Verdugo, se apodero del; y queriendo saltar en tierra,
hallo juntos los vecinos de las ciudades de
Granada y Leon, que son los principales pueblos de aquella provincia, y con ellos al
licenciado Ramirez y al mesmo Verdugo, que le
resistieron la entrada. Y viendo Juan Alonso Palomino que los enemigos le eran
superiores, asi en numero de gente como en tener caballos para correr la tierra,
determino estarse quedo en la mar: y
alli se detuvo algunos dias, esperando oportunidad para hacer algun salto; y como no la
hallo, llevando consigo algunos navios, y
quemando los otros que no pudo llevar, se volvio a Panama; y
Melchior Verdugo, teniendo en su compania hasta cien hombres
bien aderezados, y considerando que toda la fuerza de Hinojosa
estaba en Panama, y que si alguna gente tenia en el Nombre de Dios
seria poca, y descuidado que por aquella via le pudiese venir contraste ninguno; y asi,
determino de hacer en ellos un asalto, y aderezando tres o cuatro fragatas, se embarco
en ellas con su gente y
se fue por el desaguadero de la laguna de Nicaragua a salir a la
mar del Norte, y antes que llegase al Nombre de Dios, en la boca
del rio Chagre, tomo de n barco ciertos negros ladinos, de que se informo
particularmente de todo lo que en el Nombre de Dios pasaba, y de la gente y capitanes
que alli estaban y adonde posaban;
y guiandole alguno de los negros, a la media noche salto en tierra
y se fue derecho a la casa de Juan de Zavala, donde posaban los
capitanes don Pedro de Cabrera y Hernan Mejia con algunos soldados, los cuales, al
ruido de la gente, despertaron y se pusieron
en defensa de la casa; y viendo aquello los soldados de Verdugo,
pusieron fuego en ella y se quemo, hasta que llegando el fuego a
una escalera que defendia Hernan Mejia con algunos soldados, les
fue forzado salir rompiendo por medio de los enemigos; y asi, salieron con harto
peligro, ayudandoles la escuridad de la noche a
salvar las vidas, y se fueron a pie camino de Panama, y estuvieron
escondidos en una espesura de montes hasta que tuvieron aparejo
para irse a Panama, donde contaron a Hinojosa todo lo que pasaba;
lo cual el sintio mucho, y determino vengarse, dando color a la
venganza con titulo juridico; y esto fue, que ciertos vecinos del
Nombre de Dios se quejaron al doctor Ribera, que alli era gobernador, encaresciendole
la entrada de Verdugo en su jurisdiccion
sin traer titulo ni provision para ello, y que por su propia autoridad habia cobrado
dineros, y tenia presos los alcaldes y asonada
y alborotada la ciudad, pidiendole que el en persona lo fuese a
castigar; y ofreciendose Hinojosa de ir con su gente a le dar favor
y ayuda para el castigo, pues tenia necesidad de gente de guerra
que le favoresciese; y rescibiendo juramento y pleitomenaje de
Hinojosa y sus capitanes que no saldrian de su mandado y le obedescerian como su
general, y poniendo la gente en orden, se partio
de Panama; lo cual sabido por Melchior Verdugo, asimesmo puso
en orden su gente y hizo aderezar los vecinos con sus armas; y
hecho un escuadron en la plaza de Nombre de Dios, determino
aguardar los enemigos; aunque despues, viendo la poca gana que
mostraban de pelear los vecinos, y que si la batalla se daba en la
plaza se le meterian por las casas y le dejarian en peligro acordo
sacar su gente al campo cerca de la mar, donde hizo traer sus fragatas, y tomando por
fuerte ciertos barcos que alli en la playa estaban
varados aguardo a Hinojosa, el cual lo acometio, y se comenzo la
batalla, y de las primeras rociadas murio alguna gente, y entre
ellos personas senaladas. Viendo los vecinos del Nombre de Dios
que estaban con Verdugo como venia por general de sus contrarios el doctor Ribera su
gobernador, se fueron retrayendo todos a
un arcabuzo que estaba junto a ellos, y los soldados de Verdugo,
por detener a los vecinos, se desbarataron, por manera que a Verdugo le fue forzado
retraerse a sus fragatas, y entrandose por el
agua, se metio en una dellas y se acogio a los navios que estaban
en la mar del Norte; y tomando el mayor dellos, lo armo con la
artilleria de los otros y comenzo a dar bateria al pueblo, aunque
por estar muy hondo no podia coger las casas desde la mar; y visto
aquello, y que faltaban bastimentos, y que la mayor parte de su
gente se le habia quedado en tierra, se retiro con sus fragatas y
con aquel navio al puerto de Cartagena, para esperar oportunidad
para danar al enemigo. El doctor Ribera y Hinojosa, habiendo pacificado el pueblo del
Nombre de Dios, y dejando en el agua mas
guarnicion de la que de antes habia, con los mesmos capitanes don
Pedro de Cabrera y Hernando Mejia, ellos se volvieron a Panama,
aguardando lo que de Espana su majestad proveeria.
317012 CAPITULO XXXIV
317013 De como el Visorey se rehizo de gente y vino a Quito, y dio la batalla a
Gonzalo Pizarro, en la cual fue vencido y muerto
317015 Despues que el Visorey llego a Popayan (como esta contado),
proveyo que se trajese todo el hierro que se pudo haber en la provincia, y busco
maestros y hizo aderezar fraguas, y en breve tiempo se forjaron en ellas doscientos
arcabuces con todos sus aparejos; y demas desto, se pertrecho de armas y de las otras
cosas necesarias para la guerra. Y sabido que el gobernador Benalcazar
habia enviado un capitan suyo, muy valiente y practico en las cosas de la guerra,
llamado Juan Cabrera, que con ciento y cincuenta hombres conquistase una provincia de
indios que estaba en guerra la tierra adentro, despacho mensajeros con cartas, en que le
hacia saber muy por extenso todas las cosas que le habian sucedido desde que entro en
el Peru, y la tirania y alzamiento de Gonzalo Pizarro, y como le habia echado de la
tierra, y que estaba determinado que, en teniendo ejercito conveniente para ello, le iria
a buscar; por tanto, le rogaba con toda la instancia posible que luego a la hora se
viniese con su gente alli a Popayan, adonde estaba,
a se juntar con el para que ambos se fuesen la via de Quito en busca del tirano,
encareciendole el grande y senalado servicio que a
su majestad se haria en aquella jornada, y cuan mas fructuosa seria (cuanto la interese)
que el descubrimiento en que el andaba,
pues sucediendoles los negocios de suerte que Gonzalo Pizarro
fuese deshecho, se habia de repartir la tierra que el y sus secuaces
poseian, y les prometia dar de comer en la mejor parte della a el
y a su gente; haciendole asimesmo saber como por la otra parte
del Peru se habia alzado por su majestad Diego Centeno, y la mucha gente que se le iba
juntando cada dia; y que haciendole contradicion por la otra parte, no podia dejar de
rescebir gran detrimento Gonzalo Pizarro, de cuyas tiranias y extorsiones estaban tan
cansados los vecinos de la tierra, que con cualquier ocasion se levantarian contra el; y
para que de mejor voluntad la gente viniese, le envio comision para que de las cajas de
su majestad de Cartagena y Ancerma y Cali y Antioquia y otras partes pudiese tomar
hasta treinta mil pesos de oro, y hacer con ellos socorro a los soldados; y demas destos
recaudos, hizo que el gobernador Benalcazar, como superior suyo y que le habia
enviado a la conquista, le
escribiese mandandole luego venir. Y rescebidos por Juan Cabrero todos estos
despachos, tomo luego los treinta mil pesos de la
comision, y repartiendolos entre sus soldados, con ellos acudio a
Popayan y se junto con el Visorey, que serian hasta cien soldados
medianamente aderezados, y allende desto, el Visorey envio sus
despachos al nuevo reino de Granada, al mesmo tenor que los de
Juan Cabrera, y otros a la provincia de Cartagena, pidiendo de todas partes socorro; y
asi, cada dia se le iban juntando gentes; y
en este tiempo supo la prision de su hermano Vela Nunez y el desbarato de Juan Illanes
y de su gente; por manera que ya no esperaba socorro de ninguna parte. Y en esta sazon
Gonzalo Pizarro
deseaba haber a las manos al Visorey, no teniendo hora de seguridad mientras el fuese
vivo y tuviese ejercito; y para le incitar a
que le viniese a buscar invento un ardid; y este fue, que echo fama de quererse ir la
tierra adentro hacia la provincia de los Charcas, a apaciguar el alzamiento de Centeno, y
dejar alli en Quito al
capitan Pedro de Puelles con hasta trescientos hombres que estuviesen en frontera
contra el Visorey. Y esta fama la puso en ejecucion, escogiendo entre su gente y
nombrando los que habian de
ir y los que habian de quedar, y dando socorro a los unos y a los
otros; asi, de hecho se partio, haciendo alardes del campo que iba
y del que quedaba, lo cual proveyo que viniese a noticia del Visorey por medio de una
espia del Visorey que alli habia enviado para
que le avisase de lo que pasaba; la cual se descubrio a Gonzalo Pizarro, y le manifesto
la cifra que para esto traia; por lo cual le
escribio todas estas nuevas. Y tambien hizo que Pedro de Puelles
escribiese a ciertos amigos suyos de Popayan, diciendoles como el
quedaba alli con trescientos hombres, con los cuales entendia resistir al Visorey, por
mucha gente que trujese; y estas cartas envio de suerte que fuesen tomadas por las
guardas del Visorey, y sobre todo esto se enviaron indios que habian estado presentes al
tiempo de los alardes, y vieron partir a Gonzalo Pizarro, y contaron la gente que dejo;
caso que Gonzalo Pizarro se detuvo dos o
tres jornadas de Quito, fingiendo enfermedad por no pasar adelante. Rescebidos por el
Visorey estos avisos, considerando la ventaja que tenia a Pedro de Puelles y que ya no
esperaba ningun socorro de ninguna parte, determino partirse de Popayan la via de
Quito, sin que en todo el camino pudiese saber nueva alguna de
Gonzalo Pizarro y de su gente por el gran recado que tenia puesto
por los caminos y atajados todos los pasos, asi para cristianos como para indios, caso
que el tenia cada dia nuevas de las jornadas
que el Visorey hacia, y donde y como llegaba, por via de los indios
canares, que son muy cursados en toda la tierra; y asi, cuando le
parescio tiempo se vino a Quito a juntar con Pedro de Puelles, y
con ambos campos salieron de la ciudad en busca del Visorey, que
estaba en Otabalo doce leguas de Quito; de lo cual Gonzalo Pizarro
mostraba gran contentamiento, aunque tenia relacion que traia
ochocientos hombres, porque siempre se lo decian asi, y aun cuanto mas se iba
acercando le crescia el numero del ejercito; pero el
tenia gran confianza en los suyos, asi por ser los principales de la
tierra, como por haber sido victoriosos tantas veces y por ser gente experimentada en
las cosas de la guerra, y en todos aquellos
dias siempre les decia la razon que tenia para seguir aquella empresa, por haber
conquistado la tierra el y sus hermanos; y contandoles las crueldades que el Visorey
habia hecho, asi en la muerte del factor Illan Suarez como en sus mesmos capitanes; y
como,
despues de haber sido desterrado por los oidores, y haberlo enviado a dar cuenta a su
majestad, no solamente no habia querido
ir, mas aun andaba alterando la tierra y habia hecho gente en jurisdiccion extrana y
otras cosas desta calidad para indignar su
gente contra el Visorey; y asi, todos se ofrescieron con buen animo de ir contra el y
darle la batalla, unos por el interes que pretendian en que no se ejecutasen las
ordenanzas y otros por su propia
venganza, y otros por miedo que tenian al Visorey, por haberse hallado siempre contra
el, y los mas por el temor que tenian de Gonzalo Pizarro y de sus capitanes, porque le
habian visto ahorcar mucho numero de gentes por mostrar tibieza en su servicio. Y asi,
mando ordenar su gente y asentarla por lista en sus companias, y
hallo tener ciento y treinta de caballo muy bien aderezados, y doscientos arcabuceros y
trescientos y cincuenta piqueros, que serian
por todos setecientos hombres. Tenia muy gran cantidad de polvora bien refinada; y
desta manera, sabiendo que el Visorey habia asentado el real dos leguas de la ciudad de
Quito, junto al rio,
salio con toda su gente de la ciudad, y llevando por capitanes de
arcabuceros a Juan de Acosta y a Juan Velez de Guevara, y por capitan de piqueros a
Hernando Bachicao, y por capitanes de caballo
a Pedro de Puelles y Gomez de Albarado, y no hubo maestre de
campo en esta batalla. Hizo sacar Gonzalo Pizarro su estandarte,
debajo del cual iban setenta hombres de caballo; y asi, se adelanto
a tomar un paso que estaba en el rio, donde penso desbaratar al
Visorey, sabado a 15 de enero del ano de 46. Y desta manera estuvieron alli aquella
noche, teniendo muy gran recado en su real, y
el Visorey tenia asentado el suyo tan cerca dellos, que se llegaron
a hablar los corredores de ambas partes, llamandose traidores los
unos a los otros, fundando que cada uno sustentaba la voz del Rey;
y asi estuvieron toda aquella noche aguardando. Y demas de los
capitanes que arriba hemos dicho que traia Gonzalo Pizarro, venia
con el el licenciado Benito Suarez de Carvajal, hermano del factor
Illan Suarez de Carvajal, el cual habia venido de la ciudad del Cuz
co desde los principios de la guerra, huyendo de Gonzalo Pizarro,
para se juntar con el Visorey; y llegando veinte leguas de los Reyes, supo la muerte de
su hermano; y asi se detuvo sin osar entrar
en la ciudad hasta que supo que el Visorey era preso y embarcado,
y despues Gonzalo Pizarro le prendio y tuvo a punto de degollalle,
y cuando hubo de ir a la guerra de Quito le redujo en su gracia, y
le acepto ir la jornada en venganza de la muerte del factor, su hermano, llevando
consigo hasta treinta personas, todos parientes y
criados suyos, por compania aparte, de que se nombraba capitan.
320030 CAPITULO XXXV
320031 De como rompio la batalla de Quito
320032 Sabiendo el Visorey en un pueblo que se llama Tuza (que es
veinte leguas antes de llegar a Quito) como Gonzalo Pizarro estaba alli con ejercito de
ochocientos hombres, caso que no lo descubrio sino a solos sus capitanes, dio la orden
que se habia de tener
en pelear. Y cuando llego al pie de la cuesta donde estaba Pizarro
determino acometerle por la retaguardia, yendo por otro camino
diferente del que el enemigo guardaba; lo cual se creia que fuera
de grande efecto, porque los arcabuceros y la fuerza de los de Pizarro estaban
sembrados por aquella cuesta hacia el camino por
donde creian que habia de venir el Visorey; y en la retaguardia estaba la caballeria muy
sin recelo de acometimiento, y para este efecto el Visorey se habia alojado tan cerca de
los enemigos como esta
dicho. Y dejando a prima noche su campo y tiendas y perros y
indios como antes estaban, con muchos fuegos, por descuidar los
enemigos; el con toda la gente se partio muy sin ruido por aquel
camino oculto, en que le informaron que habria cuatro leguas, aunque, como habia dias
que no se hollaba, estaban en el tan malos
pasos, que le amanescio primero que pudiese hacer el efecto que
penso. Y viendo que estaba una legua de su contrario, y que no podia dar en el sin ser
sentido, acordo ir a la ciudad de Quito para
juntar consigo algunos servidores de su majestad que habrian
buscado ocasiones para no ir con el tirano, y recoger las armas que
el alli hubiese dejado; y llegada la gente a la ciudad, supieron estar en el campo
Gonzalo Pizarro, que era lo que con tanta diligencia se les habia encubierto. A la
manana los corredores de Pizarro, yendo a correr y no viendo ruido en el real del
Visorey, entraron dentro, y sabiendo de los indios lo que pasaba, dieron noticia dello a
Pizarro, y poco despues supo como estaba en Quito,
para donde camino con gran priesa, con intento de darle la batalla do quier que le
topase. El Visorey caso que vio la gran ventaja que el enemigo le tenia, determino con
grande esfuerzo poner el
negocio a riesgo de batalla, y asi salio a darsela fuera de la ciudad, y fue marchando
con su campo tan animosamente como si
tuviera cierta la vitoria. Los capitanes de su campo fueron don
Alonso de Montemayor, de la compania del estandarte real, al cual
mando el Visorey que todos obedesciesen aquel dia. Fueron capitanes de caballo
Cepeda y Bazan; fue alferez general Ahumada;
fueron de pie Sancho Sanchez de Avila, Francisco Hernandez Jiron y Pedro de Heredia
y Rodrigo Nunez de Bonilla; fue maestre
de campo Juan Cabrera, que peleo a pie. Todos los principales suplicaron al Visorey
que no rompiese, como queria, en los delanteros, y que se quedase atras con quince de
caballo para socorrer en
la mayor necesidad; pero al tiempo que los escuadrones se acercaron para romper, el se
puso al lado de don Alonso delante del estandarte; y iba en un caballo rucio crescido,
llevaba una ropeta
de telilla blanca de indios, con unas cuchilladas largas, por donde
se descubrian unas coracinas de raso carmesi con franjas de oro.
Y viendose ya junto a los enemigos dijo a su gente: “Caballeros,
bien veo que teneis animo para ponermele a mi, y en esto haceis
lo que debeis a quien sois; y por tanto, no os quiero decir otra cosa, pues sois tan leales
a vuestro rey, sino que de Dios es la causa,
de Dios es la causa, de Dios es la causa”; y luego arremetieron el y
don Alonso y Bazan, que iban una pieza delante el escuadron hacia la parte donde
estaba el licenciado Carvajal, el cual les salio
al encuentro. Tambien Gonzalo Pizarro se quiso poner en el avanguardia, y los suyos le
hicieron poner con siete o ocho de caballo
al un lado del escuadron. Llego la caballeria a romper las lanzas
y pelear con hachas y porras y estoques. La caballeria del Visorey
rescibio gran dano de una manga de arcabuceros. El Visorey derribo del caballo a
Montalvo, y a el le encontro Hernando de Torres, y despues le dio un golpe en la cabeza
con una hacha, que le
aturdio y dio con el en tierra, porque el y su caballo andaban tan
cansados del trabajo de aquella noche, en que habian siempre caminado sin comer ni
dormir, que no hubo mucha dificultad en
derriballe. A esta hora la infanteria estaba trabada con tantas voces y ruido que parescia
mucha mas gente, y de los primeros golpes fue muerto Juan Cabrera. Sancho Sanchez
de Avila acometio
al escuadron yendo delante los suyos con un montante en la mano,
y hizole tan valerosamente, que habia rompido hasta la mitad del
escuadron; pero, como la gente de Pizaro era mucha mas en numero, le rodearon por
todas partes, hasta que le mataron a el y a
los mas de los suyos. Y aunque todavia la batalla andaba bien renida entre la infanteria,
en viendo caido al Visorey, los de su parte
aflojaron y fueron vencidos, y mucha parte dellos muertos. Andando en este tiempo el
licenciado Carvajal discurriendo por el
campo, hallo que el capitan Pedro de Puelles queria acabar de matar al Visorey, aunque
el estaba ya sin sentido y casi muerto de
la caida y de un arcabuzazo que le habian dado. Y Carvajal le hizo
cortar la cabeza, diciendo que era en satisfacion de la muerte de
su hermano que diz que era el fin de aquella su jornada, y no por
seguir a Pizarro. Hecho esto, Gonzalo Pizarro mando tocar las
trompetas para recoger, porque andaba la gente derramada siguiendo el alcance, en el
cual y en la batalla fueron muertos, de la
parte del Visorey doscientos hombres, poco mas o menos, y de parte de Pizarro siete. A
los muertos hizo enterrar echando siete o
ocho en cada hoyo. Mando llevar a Quito los cuerpos del Visorey y
Sancho Sanchez, y hizoles enterrar con gran solemnidad, yendo el
al enterramiento y poniendo luto por ellos; y dende a pocos dias
hizo ahorcar otras diez o doce personas que se habian escondido
por iglesias y otras partes. El licenciado Alvarez salio herido de la
batalla, y lo mismo el capitan Benalcazar y don Alonso de Montemayor. Y queriendo
Pizarro cortar la cabeza a don Alonso, hubo
personas en su campo que rogaron por el, por ser muy bienquisto,
haciendo entender a Pizarro que no podia escapar de las heridas,
caso que despues Gomez de Albarado aviso a el y a Benalcazar como tenia acordado de
matarlos con ponzona, por lo cual hacian
tener gran recaudo y aviso en las medicinas y mantenimientos que
les daban; y por no poder prevenir en esto al licenciado Alvarez,
porque posaba en casa del licenciado Cepeda, se tuvo por cierto
que le dieron ponzona en una almendrada, de que murio. Viendo
Pizarro que no habia podido salir con su intento en lo que tocaba a
don Alonso, y no teniendo esperanza de traerle a su amistad, acordo desterrarle para
Chili, que era mas de mil leguas de alli, y con
el a Rodrigo Nunez de Bonilla, tesorero de Quito, y a otros siete
o ocho que siempre habian seguido al Visorey y hallandose de su
parte en todas las batallas, y a los cuales no quiso matar, porque
hubo muchos que rogaron por ellos, ni tampoco se fio de tenerlos
consigo ni se contento de desterrarlos del Peru, porque en todas
partes le podian hacer dano; y asi, acordo de desterrarlos para Chili, y encomendolos a
un capitan llamado Antonio de Ulloa, que enviaba a Chili con gente; y habiendolos
llevado mas de cuatrocientas
leguas por tierra, y muchos dellos a pie y sin acabar de sanar las
heridas, acordaron entre si de dar sobre el capitan que los llevaba
y en su gente, y morir o alcanzar libertad. Y encomendandose a
Dios, acometieron el hecho con tanto animo, que les sucedio conforme a su deseo, y
prendieron a Antonio de Ulloa y a los mas de
los que con el iban; y poniendolos don Alonso a recado, envio cuatro de los de su
compania al mas cercano puerto, de donde acontescio este hecho, y hallaron un navio, el
cual tomaron con la buena mana y orden que sobre ello se dieron, aunque no les falto
contradicion, porque dentro del habia personas y soldados secuaces de
Gonzalo Pizarro y de su opinion; y avisando a don Alonso de lo
que pasaba, el y los de su compania, dejando los presos en tierra,
se acogieron al navio, y comenzaron a navegar sin piloto ni marineros que supiesen la
navegacion, y con grandes trabajos fueron
a la Nueva-Espana. Demas desto, envio al capitan Guevara con cierta gente a la villa de
Pasto a traer presos algunos de quien tenia
enojo, y dellos ahorco uno, y los demas desterro. Perdono a Benalcazar con
pleitomenaje que le hizo de favorescerle siempre, y diole cierta gente de la que habia
traido, con que se volviese a su gobernacion. Recogio toda la gente del Visorey que
pudo haber de
los que se escaparon de la batalla, a los cuales propuso la razon
que tenia de estar dellos quejoso; pero que el les perdonaba, atento que habian venido
alli, los unos enganados y los otros forzados, prometiendoles que si le seguian y hacian
su deber, los ternia
en el mismo lugar y reputacion que a los demas que habian andado con el, y les haria
igual gratificacion; y asi, los mando quedar
en su campo, prohibiendo que nadie los maltratase de obra ni palabra, aunque siempre
se tuvo dellos algun recelo. Despacho mensajeros por todas partes, haciendo saber la
victoria, para animar
los suyos y confirmar su tirania. Despacho el capitan Alarcon en
un navio, que llevase la nueva del vencimiento a Hinojosa, y a la
vuelta trajese a Vela Nunez y a los que con el estaban presos. Algunos paresceres hubo
que enviase su armada por las costas de
Nueva-Espana y de Nicaragua a quemar y recoger todos los navios que alli hubiese, por
quitar cualquier aparejo de ser acometido por mar; haciendo despues recoger toda la
armada a la ciudad de los Reyes, porque viniendo despacho de su majestad a
Tierra-Firme, y no hallando alli en que ni como los pasar al Peru,
lo tenian por bastante torcedor para hacer los partidos muy a su
ventaja; pero, atenta la confianza que tenia Gonzalo Pizarro de
Hinojosa y los que con el estaban, y la soberbia que le habia quedado con la vitoria del
Visorey, le parescio no mostrar aquella flaqueza, porque entendia poder resistir
abiertamente cualquiera
contradicion que se le hiciese; y asi, se partio Alarcon y hizo su
viaje, trayendo los presos, y con ellos al hijo de Gonzalo Pizarro, y
cerca de Puerto-Viejo ahorco a Sayavedra y a Lerma, que eran dos
soldados principales entre los presos, por ciertas palabras escandalosas que supo que
habian dicho, y tambien quiso ahorcar a
Rodrigo Mejia, al cual salvo el hijo de Gonzalo Pizarro, diciendo
que aquel le trataba con muy buena crianza y comedimiento. A Vela Nunez llevo a
Quito, donde Gonzalo Pizarro le perdono todo lo
pasado, amonestandole que en lo por venir estuviese muy sobre el
aviso, porque cualquiera sospecha le seria muy peligrosa; y asi, le
traia consigo con alguna libertad, y le llevo cuando se fue a la ciudad de los Reyes. En
toda esta jornada siguio y acompano a Gonzalo Pizarro el licenciado Cepeda, oidor, al
cual saco de la ciudad
de los Reyes a efecto de deshacer la audiencia real; porque, de
cuatro oidores que habia, el licenciado Alvarez fue con el Visorey,
y al doctor Tejada envio a Espana (como esta dicho); y llevando
consigo a Cepeda, el licenciado Zarate solo no podia hacer audiencia, cuanto mas que
estaba siempre enfermo, y se tenia del alguna mas confianza que antes, despues que
Gonzalo Pizarro le tomo
casi por fuerza una hija suya y la caso con Blas de Soto, su hermano, aunque a la
verdad el licenciado Zarate siempre estuvo
muy entero en el servicio de su majestad, caso que hacia algunos
cumplimientos con el tirano, necesarios a la opresion del tiempo.
326001 LIBRO SEXTO
326002 Que trata de la ida del licenciado De la Gasca
al Peru, y como vencio a Gonzalo
Pizarro, y apaciguo la tierra
326005 CAPITULO I
326006 De como el capitan Carvajal siguio su camino contra Diego Centeno, y le
vencio en diversas partes.
326008 Ya se hizo relacion en el libro pasado como el capitan Carvajal salio del Cuzco
con trescientos hombres y con mucho mumero
de caballos y arcabuces y otras armas, y camino por el Collao la
via de la provincia de Paria, donde estaba Diego Centeno con hasta
doscientos y cincuenta hombres, el cual cuando supo su venida le
aguardo con determinacion de darle la batalla. Pues llegado Carvajal dos leguas de
Paria, Diego Centeno alzo su real, y se paso
algun trecho de la otra parte de Paria junto al rio, porque le parecio mas conveniente
sitio. El capitan Carvajal asento su campo
en el mismo tambo de Paria, una legua del enemigo, y Diego Centeno el dia siguiente
envio quince arcabuceros en muy buenos caballos para que representasen la batalla; los
cuales corrieron hasta llegar un tiro de piedra de Carvajal, y alli se hablaron los unos
a los otros, y los corredores le dijeron que Diego Centeno estaba
presto de darles la batalla, en nombre de su majestad, y que si el
capitan Carvajal se queria reducir a su real servicio, todos estarian al suyo, y que mirase
el mal titulo que traia. Carvajal estaba
delante los suyos riendose mucho de lo que decian; y luego se comenzaron a decir
palabras descomedidas, llamandose traidores los
unos a los otros, y soltando los arcabuces, dieron una vuelta al
real, y reconoscieron la gente que podia haber; y con tanto, se tornaron. Esto fue
viernes de la Cruz del ano de 546. Luego Carvajal alzo su campo y fue marchando hacia
sus enemigos, los cuales
acordaron alzar su real y irle a asentar aquella noche donde Carvajal no los pudiese
alcanzar, con intento de no esperar batalla rompida, sino darles armas y asaltos de
noche; porque tenia relacion
del descontento que traia la mas de la gente de Carvajal, y que de
aquella manera se les pasaria muy a salvo, y le dejarian el campo
sin riesgo de batalla, dudando del suceso della por los muchos arcabuces que Carvajal
traia, aunque ellos le tenian gran ventaja en
la gente de caballo; aunque esta determinacion no fue del parecer de Diego Centeno,
porque el quisiera dar la batalla, salvo que,
como todos los vecinos de la villa de la Plata que con el venian, fueron de opinion
contraria, determino seguirlos, aunque siempre con
presupuesto de no rehusar la batalla viniendo en ocasion; y asi,
camino aquel dia y noche quince leguas, siguiendo siempre sus pisadas Carvajal con la
misma priesa; y asento su real cuanto mas
cerca pudo de sus contrarios, poniendo aquella noche guardas de
gran confianza; y a la media noche vinieron de parte de Diego
Centeno ochenta de caballo a darles arma, y les tiraron muchos arcabuces, y Carvajal
ordeno su gente y la tuvo toda la noche en escuadron, sin consentir que ninguno se
demandase, porque el tambien temia que se le habian de huir algunos. Y desta manera
paso
aquella noche, sin que ninguno se le pasase. Y a la manana Diego Centeno levanto su
real, y camino aquel dia diez leguas con la
misma priesa que solia; y Carvajal le iba siguiendo sin perderle
punto, y alcanzo en el camino un hombre que se habia quedado
cansado, y le ahorco jurando que a todos cuantos topase habia de
hacer lo mesmo. Y asi, le siguio hasta llegar al mismo asiento de
Paria, de donde Diego Centeno se volvio a la via del Collao, siguiendole siempre
Carvajal con mas priesa que se sufre llevar gente de guerra, porque acontescio caminar
algunos dias doce o quince leguas, siempre a vista los unos de los otros, hasta que
llegaron
a Hayohayo, donde el capitan Carvajal alcanzo doce hombres de
Diego Centeno y los ahorco todos juntos, y paso delante; y como
las jornadas eran tan demasiadas, a los unos y a los otros se les
quedaban gente escondida y cansada. Y viendo Diego Centeno que
ya no era parte para resistir a Carvajal, quejandose siempre de sus
capitanes y amigos por no le haber dejado dar la batalla cuando
el queria y viendo que ya toda la tierra estaba por Gonzalo Pizarro, enderezo la via de
la mar a la costa de Arequipa, enviando delante al capitan Rivadeneyra, para que si
hallase algun navio por la
costa le tomase por dinero o por engano, y le trajese a Arequipa,
para embarcarse en el en llegando. El cual por gran ventura hallo
un navio que iba a Chili, y entrando de noche en una balsa, facilmente le tomo y iba
bien proveido de mataloje. Diego Centeno llego en este tiempo a Arequipa, y poco
menos de dos dias despues
llego Carvajal; y Diego Centeno estaba esperando el navio, y viendo que no venia
nueva del, y que el enemigo se le acercaba y el no
se hallaba con mas de ochenta hombres, determino derramar aquellos, y el con solos
dos amigos se fue a los montes y se escondio en
una cueva, donde estuvo sin que pudiese ser hallado hasta la venida del licenciado de la
Gasca, dandole de comer el cacique cuya
era la tierra por su persona, sin descubrirlo a nadie. Carvajal llego
a la costa de Arequipa, y como supo que Centeno era escondido y
su gente derramada por diversas partes, envio un capitan con veinte arcabuceros en
seguimiento de Lope de Mendoza, que supo que
iba cerca de alli con siete o ocho soldados, con los cuales se dio
tanta priesa a andar, que en mas de ochenta leguas que le siguieron no le pudieron dar
alcance; y asi, se tornaron los que iban tras
el, y el siguio el camino de la entrada del rio de la Plata, donde le
acontescio lo que adelante se dira; y otro dia, entrando Carvajal en
Arequipa, parescio por la costa el navio que traia Rivadeneyra, y
habiendo sabido Carvajal de algunos soldados que se quedaron a
Centeno el fin para que se habia tomado y quien venia en el, supo
tambien la sena que estaba concertada para recebir a Diego Centeno; y haciendo poner
en una caleta escondidos veinte arcabuceros, hizo hacer la mesma sena del concierto,
pensando apoderarse del navio; y creyendo Rivadeneyra que se hacia por mandado de
Centeno, mando ir al batel en tierra, aunque recelando lo que podia ser, mando a los
que lo llevaban que fuesen muy sobre el aviso,
y primero que llegasen a tierra reconosciesen si habia algun engano, y los suyos lo
hicieron asi, y no quisieron saltar en tierra hasta
ver a Diego Centeno; y entendiendo el engano, se hicieron a la vela
y se fueron a la provincia de Nicaragua, dejando escondido a Diego Centeno con sus
dos companeros y algunos de los suyos, que
huyeron y se escondieron por los montes, donde fueron muertos
a manos de los indios, porque asi se lo mando el capitan Carvajal
que lo hiciesen; y asi, de todo el campo de Diego Centeno no habia de quien temer, por
lo cual Carvajal se determino de ir a residir a la villa de Plata, asi porque supo que
Diego Centeno y los que
con el andaban habian dejado alli escondidas grandes riquezas y haciendas de granjeria,
como para hacer sacar y recoger plata de las
minas, y para proveer dello a Gonzalo Pizarro para los gastos de la
guerra y aprovecharse el particularmente; porque (como hemos
dicho) era hombre muy codicioso. Y asi, siguio su camino hasta
llegar a la villa de Plata, la cual se le dio sin resistencia ninguna,
y el se estuvo en ella algun tiempo, procurando juntar dineros de
todas partes, hasta que le fue forzado salir della por la razon que
en el capitulo siguiente se contara.
329010 CAPITULO II
329011 De como, yendo Lope de Mendoza huyendo de Carvajal, encontro
cierta gente que venia del rio de la Plata, y todos juntos volvieron contra Carvajal.
329014 Habiendo Lope de Mendoza escapado del Maestre de Campo y
de los que por su mandado fueron en su alcance, camino con cinco
o seis vecinos de la villa de Plata, que el uno se llamaba Alonso de
Camargo, y el otro Luis Perdomo, por la costa arriba algun trecho,
hasta que, paresciendoles que todo el reino estaba pacificamente
por Gonzalo Pizarro y que no habia en el lugar seguro para ellos,
determinaron meterse la tierra adentro a la gobernacion de Diego
de Rojas; y asi, caminaron por la via que arriba tenemos dicho
que Diego Centeno se fue cuando le hacia la guerra Alonso de Toro,
porque creian que nadie les seguiria por alli, y tambien porque en
aquel termino estaban los indios del mismo Lope de Mendoza y de
Diego Centeno, y llevaban confianza que los favorescerian y proveerian de lo
necesario. Y desta manera caminando por aquellos
despoblados, toparon con Gabriel Bermudez, natural de la villa de
Cuellar, que habia ido en compania del capitan Diego de Rojas
cuando fue a la conquista del rio de la Plata; y maravillandose de
topar por alli espanoles, se llego a ellos, y habiendose conoscido,
les conto como yendo Diego de Rojas y Felipe Gutierrez y Pedro
Heredia a hacer aquel descubrimiento, peleando en el camino con
los indios, habian muerto a Diego de Rojas, por cuya muerte habian sucedido grandes
diferencias entre Francisco Mendoza, su sucesor, y los demas; de lo cual habia resultado
desterrar a Felipe
Gutierrez; y como, continuando el descubrimiento, hallaron al rio
de la Plata y tuvieron noticia de la riqueza de la tierra adentro, y
donde estaban los espanoles que por la mar del Norte habian entrado por el rio de la
Plata, y como hallaron las fortalezas de Sebastian Gaboto y otras cosas maravillosas de
la tierra; y que estando con determinacion de pasar adelante, Pedro de Heredia mato
a punaladas a Francisco de Mendoza, por cuya muerte se recrescieron grandes
disensiones en el campo, por las cuales, y por haber
menos gente de la que requeria tan grande conquista, se concertaron los unos y los
otros de volverse al Peru, asi para que por su
majestad o el que gobernase la tierra, se les diese capitan con quien
fuesen en conformidad, como porque teniendose noticia de la riqueza de la tierra se les
juntaria gente que fuese bastante para hacer la conquista sin dificultad ninguna; y asi, se
volvian dejando
descubiertas seiscientas leguas de la villa de Plata adelante, de tierra muy llana y facil
de caminar y medianamente proveida de comida y aguas. Y pocos dias antes habian
sabido de indios que contrataban en los Charcas la revuelta del Peru, aunque no les
supieron decir la razon della ni la ocasion donde habia sucedido; por
lo cual el venia delante a satisfacerse de todo lo que pasaba, y traia
comision de los capitanes y gente principal para ofrescer su ayuda a la parte que tuviese
la voz de su majestad, si buenamente se
pudiese juntar con el, diciendoles cuan buenos caballos y abundancia de armas traian.
Lo cual oido por Lope de Mendoza, le conto
originalmente toda la revuelta del Peru hasta el punto en que estaba, y los sucesos que
sobre ello habian habido. Y asi, viendo Gabriel Bermudez la oportunidad que habia para
efectuar su comision, se ofrescio en nombre de todos de volver contra el Maestre de
Campo; y asi, se tornaron hasta encontrar con la gente que cerca
de alli venia; y sabido lo que pasaba, rescibieron todos alegremente a Lope de
Mendoza, y se ofrescieron de tomar la empresa
en nombre de su majestad contra Gonzalo Pizarro y sus secuaces;
lo cual Lope de Mendoza les agradescio mucho, encaresciendoles
cuan bien cumplian con quien eran en favorescer la parte de su rey
y senor natural, demas de lo cual, era cierto ternian de comer,
pues restaurando ellos la tierra a su majestad, les daria la mejor
parte della; y asi, los llevo hasta el pueblo de Pocona, que es cuarenta leguas de la villa
de Plata, y de alli envio a ciertos lugares
ocultos donde el y Diego Centeno habian dejado enterrados mas
de cincuenta mil pesos en barras de plata; y traidolos, quiso repartir entre la gente, y los
mas dellos no quisieron tomar cosa
ninguna, asi porque ellos venian ricos, como porque entre la gente de guerra del Peru,
en todas las revueltas que estan contadas,
nunca se ha podido acabar con ningun soldado que resciba sueldo temporal
senaladamente, y algunos que toman dineros es por
nombre de socorro para proveerse de armas y caballos. La razon
que para esto dan es, que no hay soldado, por ruin que sea, que no
piense merescer por su servicio que aquel a quien sirve, saliendo
con la empresa, le de el mejor repartimiento de la tierra, segun son
grandes las esperanzas que la riqueza de la tierra hace concebir a
los hombres. Y asi, se quedo Lope de Mendoza con la gente del rio
de la Plata, que eran ciento y cincuenta hombres, todos de caballo,
bien armados, donde se puede considerar la gran desgracia de
Diego Centeno, que si no se escondiera y siguiera su camino por
donde Lope de Mendoza, como era creible que lo habia de hacer,
como lo habia hecho antes, era cierto que tuvieran los negocios
otros sucesos del que adelante se contara que les avino.
331016 CAPITULO III
331017 Como Carvajal fue contra Lope de Mendoza y su gente, y peleo con
ellos y los vencio, y mato los principales
331019 Yendo Carvajal por sus jornadas desde Arequipa a la villa de
Plata (como hemos contado), con determinacion de residir alli,
porque ya habia sabido el suceso de la muerte del Visorey, porque
Gonzalo Pizarro se lo habia escrito; y como no tenia ya contradicion en todo el reino,
llegando a Paria, le vinieron nuevas de la
gente que salia del rio de la Plata, y como se habia juntado con Lope de Mendoza; y
tuvo relacion como no estaban conformes ni venian juntos, sino en cuadrillas, sin
obedescer la mayor parte dellos
a capitan ni superior alguno; y asi, le parescio que todo su buen
suceso consistia en darles algun asalto con mucha brevedad antes
que tuviesen lugar de conformarse y meterse debajo de banderas
conoscidas; y asi, en dos dias adereszo su gente lo mejor que pudo,
y alli se le juntaron los veinte arcabuceros que volvian del alcance de Lope de
Mendoza, y con todos juntos se partio haciendo muy
demasiadas jornadas, animando su gente, y ofresciendose que les
daria la victoria en las manos sin peligro de un solo hombre de los
suyos, certificandoles que tenia cartas de ofrescimientos de los
principales capitanes de la entrada, y que todo el trabajo consistia en llegar adonde
estaba el enemigo; y en los que sentia menos
animo los amenazaba; y asi camino, recogiendo otros treinta hombres en el camino,
con los cuales hizo numero de doscientos y cincuenta, hasta llegar al asiento de Pocona,
que esta ochenta leguas
de Paria. Y un dia, a hora de las cuatro de la tarde, parescio por
encima de una cuesta en buena orden con sus banderas. Y en aquella sazon estaba Lope
de Mendoza repartiendo barras de plata a
quien las queria; y luego que vio a Carvajal (del cual ya tenia nuevas por via de sus
corredores) apercibio la gente; y considerando que toda su fuerza consistia en los de
caballo, por ser personas
senaladas y de muy buenas armas y caballos, los saco a un llano a
vista del pueblo, dejando en el toda su ropa y mas de veinte mil pesos que tenia por
repartir, diciendo que brevemente cobrarian
aquello y lo que sus contrarios traian. Y abajando Carvajal, asento
su campo en el mismo lugar donde Lope de Mendoza habia levantado el suyo, que era
una plaza muy grande, cercada de paredes
altas, y sus portillos hechos en algunas partes de la plaza, y alli se
quedo aquella noche, porque le parescio que, aunque fuese acometido, tenia buen fuerte
para no ser ofendido; aunque luego que entro la gente, teniendo noticia que Lope
Mendoza y los suyos habian dejado su ropa en el pueblo, se ocuparon en irlo a robar tan
desordenadamente, que no quedaron en la plaza ochenta hombres
con las banderas; tanto, que si Lope de Mendoza les acometiera
entonces, con gran facilidad los desbaratara, y hubiera sido de gran
efecto la industria de dejar la ropa, por cuyo medio se han alcanzado muchas victorias.
A esta sazon Carvajal salio a la plaza, y
como vio la gente tan dividida, mando tocar un arma falsa, con la
cual se junto la mayor parte, aunque era tanta la codicia de robar,
que hasta gran parte de la noche no los pudo recoger a todos. En
este tiempo habia algunos tratos entre la gente de Carvajal para
le matar, porque veian los malos tratamientos que les hacia en las
guerras pasadas despues de las victorias. El principal deste trato
era un Pedro de Avendano, secretario suyo, de quien el hacia mucha
confianza, y para lo poder efectuar envio un indio ladino a Lope de
Mendoza, avisandole del concierto para que aquella noche acometiese
con su gente para que hubiese lugar de efectuarse. Lope de Mendoza apercibio su gente
para dar el asalto despues de puesta la
luna; caso que estaba determinado de retraerse cuatro o cinco
leguas a tomar un buen llano donde se diese la batalla; y asi, viendo que hacia escuro,
por evitar alguna parte del peligro de los arcabuces, se fue con su gente en orden a la
parte donde estaban los
contrarios, y envio sus corredores delante, los cuales prendieron
uno de los de Carvajal, y del se informaron de todo lo que les convino, y llegaron a los
portillos de la plaza grande, donde estaba
puesta guardia de arcabuceros y piqueros, y comenzaron a combatir con gran diligencia
y animo, sin perder un punto los de dentro
en la defensa; y era tanto el ruido de los arcabuces, y las voces
que de ambas partes se daban, que no se entendian los unos ni los
otros con la escuridad de la noche. El Maestre de Campo andaba
discurriendo por todas partes, animando su gente y proveyendo
en lo necesario. Y en esto Pedro de Avendano tomo consigo un arcabucero, con quien
estaba concertado, y mostrandole a Carvajal,
le hizo tirar, y le dio en soslayo por una nalga; porque, como no
tenia lumbre, no acerto a darle mas en lleno. Y como Carvajal se
sintio herido, y entendio que le habian tirado los de su parte, disimulo; y tomando
consigo a Avendano, de quien el ningun recelo
tenia, se retrajo entre unas paredes, y tomando una capa parda
vieja y un sombrero, por manera que no lo pudiesen conoscer, se
torno alli donde se daba el combate; y Pedro de Avendano le torno
a mostrar a otro arcabucero, el cual le tiro y no le acerto; y en esto los de fuera daban
grandes voces, preguntando si era muerto
Carvajal; y como no les respondieron, y veian que se defendian los
portillos sin dar muestra de poderlos entrar, se retiro Lope de
Mendoza y los suyos, y Carvajal quedo en el cercado, hallandose
muertos de ambas partes hasta catorce personas, sin otros que
quedaron heridos. Carvajal disimulo su herida y se la curo, de
suerte que no vino a noticia de la gente por entonces. En esta hora
salio del campo de Carvajal un soldado llamado Palencia, y se fue
donde Lope de Mendoza estaba, y le dijo todo lo acaescido, y le
dio aviso como el capitan Carvajal dejaba su ropa cinco o seis leguas de alli, en que
habia cantidad de oro y plata, y algunos caballos y arcabuces y polvora; y luego se
partio Lope de Mendoza con
su gente antes que amanesciese, adonde el soldado le guio, y llego donde estaba la ropa
sin ser sentido; y como era de noche y hacia muy escuro, se le perdieron y quedaron
rezagados mas de sesenta hombres; y el y los que consigo llevaba robaron el real sin
que hubiese resistencia, dando en el al cuarto del alba. Y viendo
Lope de Mendoza que no tenia gente para poder esperar ni resistir
a Carvajal, se determino retirar por aquel despoblado con los que
le pudieron seguir, que fueron hasta cincuenta hombres, porque
todos los demas se le habian quedado; y asi, llegaron a un rio, dos
leguas y media de Pocona. Sabido por Carvajal lo que pasaba, levanto su real y los fue
siguiendo por sus mismas pisadas, y diose
tanta priesa, que los alcanzo en el rio donde habian alojado, y unos
estaban durmiendo y otros comiendo por la gran fatiga y trabajo
que habian tenido aquella noche; y con solos cincuenta hombres
que le pudieron seguir por la aspereza del camino, les dio el asalto
a hora de mediodia; y creyendo los de Lope de Mendoza que venia
sobre ellos todo el campo, se derramaron y pusieron en huida cada uno por su parte, y
alli fue preso Lope de Mendoza y Pedro de
Heredia, y luego les cortaron las cabezas con otros seis o siete mas
principales del campo; y recogiendo todo el fardaje, asi lo que
ellos traian como lo que habian tomado, se torno a Pocona, prometiendo de no hacer
mal a todos los que habian quedado vivos de
los de la entrada, antes les hizo restituir las armas y caballos, y lo
demas que les habia sido tomado; y dejando a muy pocos dellos en
su compania, a los demas envio cada uno por si a Gonzalo Pizarro, y el se partio con su
campo, llevando consigo a Alonso de Camargo y Luis Perdomo, que son los que hemos
dicho que huyeron
con Lope de Mendoza, y les otorgo las vidas porque le descubrieron cierta plata que
Diego Centeno dejo enterrada en el asiento de
Paria; y hallando mas de cincuenta mil castellanos, se fue con todo ello y con su gente a
la villa de Plata, con determinacion de residir alli algun tiempo, y puso los alcaldes y
regidores de su mano,
y despacho mensajeros a todo el reino, dando noticia de su buen
suceso, y quedo entendiendo con gran diligencia en juntar dineros
de todas partes, so color de enviar socorros a Gonzalo Pizarro, aunque la mayor parte
dejaba para si.
334027 CAPITULO IV
334028 De como se descubrieron las minas de Potosi, y se apodero dellas
el capitan Carvajal
334030 Habiendo sido la fortuna tan prospera al capitan Carvajal en
todos los sucesos que hemos contado, que ya no le quedaba contradicion ninguna en
aquellas partes, le ofrescio con que paresciese que le habia puesto en la cumbre de la
prosperidad, y esto fue,
que dende a pocos dias andando unos indios yanaconas de Juan
de Villaroel, vecino de la villa de Plata, diez y ocho leguas della,
toparon un cerro muy alto asentado en un llano, y conocieron en
el senales de plata, y comenzaron a fundir la vena, hallaron tanta
riqueza, que do quiera que ensayaban sacaban toda o la mayor parte de plata fina, y
donde menos les salian eran ochenta marcos por
quintal, que es la mayor riqueza que se ha visto ni leido de ninguna mina seguida. Y
dandose noticia desto en la villa de Plata, fue
la justicia al termino, y comenzo a repartir por minas y estacarlas
entre vecinos de la villa, tomando cada uno como mejor podia; y
fueron tantos los indios yanaconas que alli fueron a labrar, que en
breve tiempo se poblo aquel asiento de mas de siete mil indios, los
cuales entendieron tan bien el negocio, que por concierto daban a
sus senores dos marcos de plata, cada uno en cada semana, con
tanta facilidad, que era mucho mas lo que retenian para si que lo
que daban; y la vena es de tal calidad, que no sufre fundirse con
fuelles ni cendradas, como se hace en las otras minas, salvo que se
funde en las guairas, que son unos hornillos pequenos encendidos
con carbon y estiercol de ovejas, con la fuerza del aire, sin otro
instrumento ninguno, y llamaronse las minas de Potosi, porque
asi se nombraba aquel termino; y era tanta la facilidad y el provecho con que los indios
labraban, que, con dar el concierto que
esta dicho, hay indio que tiene tres o cuatro mil pesos suyos, sin
poderlos echar de alli cuando una vez entran, porque cesan todos
los peligros que en la labor de las otras minas suele haber por causa del trabajo de los
fuelles y del humo del carbon y de la misma
vena que se funde. Y luego se comenzaron a proveer las minas de
los mantenimientos necesarios, aunque no pudieron ser tantos, segun la mucha gente
acudia, que, cresciendo la necesidad, no llegase a valer una hanega de maiz veinte
castellanos, y otro tanto el
trigo, y un costal de coca treinta pesos, y aun despues llego a encarecerse mucho mas, y
por la gran riqueza que se hallo se despoblaron todas las otras minas de la comarca,
especialmente la de
Porco, donde Hernando Pizarro tenia una suerte, de que se saco
gran riqueza; y tambien los mineros que andaban sacando oro en
Carabaya y otros rios lo dejaron todo y acudieron alli, porque hallaban, sin
comparacion, muy mayor provecho; y los que entienden en aquel trato hallan grandes
senales de la perpetuidad y continuacion de la mina. Con este tan buen suceso comenzo
Carvajal
a juntar dineros, en lo cual se dio tan buena mana, que con poner
en su cabeza todos los indios yanaconas de los vecinos muertos y
huidos que le habian sido contrarios, y con hacer llevar mas de diez
mil carneros cargados de comida, de los indios de su majestad y
otras partes, en breve tiempo junto mas de setecientos mil pesos,
sin dar parte ninguna dellos a los soldados que le habian seguido,
de lo cual se comenzaron tanto a desabrir, que trataron de lo matar, y las cabezas del
concierto eran Luis Perdomo y Alonso de
Camargo y Diego de Balmaseda y Diego de Luj- |man; y estando juntos mas de treinta
personas con determinacion de ejecutar el concierto poco mas de un mes despues que
Carvajal llego a la villa de
Plata, por cierto impedimento que les sucedio lo difirieron para
otro dia; y no se sabe por que forma llego a su noticia, y sobre
ello hizo cuartos a Luis Perdomo y a Camargo y a Orbaneja y a
Balmaseda y a otras diez o doce personas de los principales, y a
otros desterro; y con hacer tan crueles justicias en este caso de
motines, andaba tan temerosa la gente, que no habia quien osase
tratar de alli adelante cosa desta calidad, porque en sintiendo, no
solamente determinacion, pero la mas liviana sospecha, no daba
menos pena que la muerte; y asi, un hermano no se osaba fiar de
otro; con lo cual se puede satisfacer a la culpa que muchas personas principales destos
reinos han imputado a los servidores de su
majestad por no haber muerto a Carvajal, aunque no fuera por
mas de sacar sus personas de tan dura y peligrosa servidumbre,
porque nunca motin se hizo con tra el de que no tuviese noticia; y
asi, cuatro o cinco que averiguo costaron las vidas a mas de cincuenta personas; y con
tanto, la gente andaba tan acorbardada por
el gran peligro de los movedores y por el gran premio que daba a
los descubridores, que se tenia por mas seguro contemporizar con
el tirano hasta que sucediese alguna oportunidad o coyuntura conveniente; y asi torno a
quedar pacifico, enviando nuevas muy a menudo a Gonzalo Pizarro de los sucesos, y
con ellas mucha cantidad
de plata, asi de su hacienda como de los quintos reales que tomaba, y de las rentas de
los indios de aquellos a quien justiciaba, los
cuales ponia en su cabeza para ayuda de la sustentacion de la
guerra.
336032 CAPITULO V
336033 De como Gonzalo Pizarro vino a la ciudad de los Reyes desde Quito,
y lo que alli hizo
336035 Desbaratado y muerto el Visorey en la ciudad de Quito en la
forma que tenemos contada, Gonzalo Pizarro comenzo a despedir
mucha gente de guerra, enviando a unos con el adelantado Benalcazar (a quien perdono
y redujo en su gracia), y a otros con el capitan Ulloa, que de parte de Pedro Valdivia
vino de Chili a pedir
socorro de gente para conquistar la tierra, y a otros envio a otras
partes; y asi, se quedo con hasta quinientos hombres, donde estaba
holgando y festejando desde 18 de enero del ano 46, en que se dio
la batalla del Visorey, hasta mediado el mes de julio de aquel ano.
Las razones de tan gran detenimiento se sentian diversamente:
unos decian que lo hacian por saber con mas brevedad lo que de
Espana se proveia; otros por el gran provecho que se habia de las
minas de oro que alli se descubrieron, y a algunos les parescio que
le detenian los amores de aquella mujer de quien arriba tenemos
dicho, cuyo marido mato por mano de aquel Vicencio Pablo, que
fue justiciado por ello en Valladolid; la cual despues quedo prenada, y su padre mato
un hijo que ella pario y por ello el Pedro de
Puelles ahorco al mismo padre. Finalmente Gonzalo Pizarro determino su partida para
los Reyes para residir alli algun tiempo. Y
deciase haberlo hecho por la sospecha que tenia del capitan Lorenzo Aldana, su
teniente, que, segun estaba bienquisto, para cualquier cosa que intentara fuera parte. Y
tambien se recelaba del capitan Carvajal, que se ensorberbesceria con tantas victorias,
viendose tan apartado del; y asi, se partio de Quito, dejando por teniente y capitan
general a Pedro de Puelles con hasta trescientos
hombres, por la gran confianza que del tenia, pues demas de haber socorrido a tan buen
tiempo cuando venia del Cuzco, que no
yendo se le deshiciera su campo, habia metido otras muchas prendas que prometian
gran seguridad, paresciendole que si su majestad enviase alguna gente por la
gobenacion de Benalcazar, seria
parte de Pedro de Puelles para resistirles la entrada. En todo el camino se trataba ya
Gonzalo Pizarro como hombre pacifico y seguro, y que le parescia que no podia haber
contradicion en sus negocios, y que su majestad haria con el partidos muy aventajados;
y
sus criados y gente le obedescian y acataban tanto, que creian haber de vivir
perpetuamente por su mano, teniendo por firmes las
cedulas de indios que daba, y el y sus principales fingian y publicaban que rescibian
muchas cartas de los grandes de Castilla, en
que le loaban y aprobaban lo hecho, justificandolo con que no
se le guardaban privilegios y cedulas, ofresciendole favor para su
conservacion, aunque entre la gente entendida siempre se conoscio
ser falsa esta invencion y sin ningun fundamento de verdad. Llegando a la ciudad de
San Miguel, y sabiendo que en los terminos
della habia muchos indios de guerra, mando que para la conquista
dellos se hiciese una nueva poblacion en la provincia de Carochamba, para hacer desde
alli las entradas, y dejo por cabeza al capitan
Mercadillo con ciento y treinta hombres, repartiendo entre ellos la
poblacion; y despacho al capitan Porcel, que con sesenta hombres
continuase su conquista de los Bracamoros; y aunque daba a entender que lo hacia por
el beneficio de la tierra, su intento principal era tener junta aquella gente para cuando la
hubiese menester Y demas desto, envio al licenciado Carvajal con ciertos soldados, que
fuese por mar en los navios que habia traido de Nicaragua el capitan Juan Alonso
Palomino, de vuelta del seguimiento de
Verdugo, mandandole que de camino proveyese las cosas necesarias para la seguridad
de la costa; y se vino a juntar con Gonzalo
Pizarro en la ciudad de Trujillo, y ambos juntos con hasta doscientos hombres se fueron
a la ciudad de los Reyes por tierra, y en
la entrada hubo diversas opiniones sobre las ceremonias con que
se haria; porque sus capitanes decian que le habian de salir a rescebir con palio, como a
rey, y otros, que mas comedidamente lo trataban, aconsejaban que se derrocasen ciertos
solares, y se hiciese
calle nueva para la entrada, porque quedase memoria de su victoria, de la manera que
se hacia a los que triunfaban en Roma. Gonzalo Pizarro siguio en esto el parescer del
licenciado Carvajal, como lo hacia en todas las cosas de su importancia, y entro a
caballo, llevando sus capitanes delante de si, a pie y con sus caballos de
diestro, llevandolo en medio el arzobispo de los Reyes y el obispo
del Cuzco y el obispo de Quito y el obispo de Bogota, que habia venido por la via de
Cartagena a rescebir la consagracion al Peru;
acompanandole asimesmo Lorenzo de Aldana, su teniente, con todo el cabildo de la
ciudad y los vecinos della, sin faltar ninguno,
teniendo para este acto las calles muy bien aderezadas y enramadas, y repicandose las
campanas de la iglesia y monasterios, llevando delante mucha musica de trompetas y
atabales y menestriles; y con esta solemnidad fue a la iglesia mayor, y de alli a su casa,
donde en adelante se comenzo a tratar con mucha mas estima
que hasta alli, por la mucha impresion que habia hecho la soberbia en su bajo
entendimiento. Traia guarda de ochenta alabarderos y otros muchos de caballo que le
acompanaban, y ya en su presencia ninguno se sentaba, y a muy pocos quitaba la gorra;
con
las cuales ceremonias y con otros malos tratamientos de palabra,
y con no dar pagas a la gente de guerra, todos andaban descontentos, y asi lo quedaron
hasta que vieron ocasion de mostrarlo, como
adelante se dira.
339005 CAPITULO VI
339006 De como el licenciado de la Gasca fue proveido por su majestad
para la pacificacion del Peru, y como se embarco y llego a
Tierra-Firme
339009 Teniendo su majestad delacion de las cosas del Peru en Alemana, donde a la
sazon residia con su corte, entendiendo y desarraigando las herejias de Lutero y otros
heresiarcas, y reducir los
secuaces dellos a la union y obediencia de la Iglesia romana; v habiendose informado
personalmente de Diego Alvarez de Cueto, cunado del Visorey, y de Francisco
Maldonado, criado de Gonzalo Pizarro, que fueron a darle cuenta de lo acaescido, caso
que de la
muerte y vencimiento del Visorey no sabia ni podia saber a la sazon, comenzo a tratar
sobre el remedio de todo lo sucedido, aunque
en la provision hubo alguna dilacion, por estar su majestad ausente de Castilla, y
algunas veces impedido con enfermedades; y la resolucion fue enviar al Peru al
licenciado Pedro de la Gasca, que a
la sazon era del consejo de la santa y general Inquisicion, de cuyas
letras y prudencia se tenian grandes experiencias en diversos negocios, especialmente
en la preparacion que hizo en el reino de Valencia pocos anos antes contra la armada de
turcos y moros que se
esperaba, y en otras cosas tocantes a los nuevamente convertidos
de aquel reino, que sucedieron durante el tiempo que alli residio,
entendiendo en el despacho de ciertos negocios tocantes al Santo
Oficio, que por su majestad le fueron cometidos. El titulo que llevo
fue de presidente de la audiencia real del Peru, con plenario poder
para todo lo que tocase a la gobernacion de la tierra y a la pacificacion de las
alteraciones della, y comision de poder para perdonar todos los delitos y casos
sucedidos o que sucediesen durante
su estada. Y llevo consigo por oidores al licenciado Andres de Cianca y al licenciado
Renteria; y demas de todo esto, llevo las cedulas y recaudos necesarios en caso que
conviniese hacer gente de
guerra, aunque estos fueron secretos, porque no publicaba ni trataba sino de los
perdones y de los otros medios pacificos que entendia tener; y con tanto, se hizo a la
vela, sin llevar mas gente de
sus criados, por el mes de mayo del ano de 46. Y llegando a Santa
Marta, tuvo nueva como Melchior Verdugo habia sido vencido y
desbaratado por la gente de Hinojosa, y que, con los que quedaron,
le estaba aguardando en el puerto de Cartagena; y el determino
pasar al Nombre de Dios sin verse con el, considerando que si le
llevaba consigo causaria gran escandalo en la gente de Hinojosa
por el grande odio que con el tenian, y podria ser que no le rescebiesen; y asi, fue a
surgir al Nombre de Dios, donde Hinojosa habia dejado a Hernan Mejia de Guzman con
ciento y ochenta hombres, que guardase la tierra con Melchior Verdugo. El Presidente
hizo saltar en tierra al mariscal Alonso de Albarado, que desde Castilla habia ido con
el, y hablo a Hernan Mejia, y le dio noticia de
la venida del Presidente, diciendole quien era y a lo que venia, y
despues de largas platicas, se dispidieron sin haberse declarado el
uno al otro sus animos, porque ambos estaban sospechosos. Alonso de Albarado se
torno a la mar, y Hernan Mejia envio a suplicar
al Presidente que saltase en tierra, y asi lo hizo; y Hernan Mejia
le salio a rescebir en una fragata con veinte arcabuceros, dejando
su escuadron hecho en la marina; y salto en el batel del Presidente y le trajo hasta tierra,
donde le hizo hacer muy gran salva y rescebimiento. Y habiendole hablado aparte el
Presidente y dichole la
razon de su venida, Hernan Mejia le descubrio su voluntad, y le
dijo la intencion que tenia de servir a su majestad, y el mucho
tiempo que habia que deseaba su venida para poner en ejecucion
su animo, y como, por gran ventura, se habian aparejado los tiempos de manera que el
lo pudiese hacer sin contradiccion de nadie,
por haber sido su venida a tiempo que la mas gente de Gonzalo
Pizarro estaba toda junta en aquella ciudad y el solo por capitan
della, porque Hinojosa y los otros capitanes eran idos a Panama;
y que si queria que llanamente se alzase bandera por su majestad,
lo haria y podian ir a Panama y tomar la armada, lo cual seria facil de hacer por razones
que le dijo, y que creia que, sabidas las
particularidades de su venida, Hinojosa y sus capitanes no le harian contradicion por
ciertas conjeturas que el tenia para ello. De
todo esto le dio gracias el Presidente, diciendole que el negocio se
debria ordenar de otra manera, porque la intencion de su majestad
era pacificar la tierra sin riesgo ninguno, y que a este fin el enderezaria la ejecucion, y
queria darlo a entender a todos asi, porque,
habida consideracion al principio y causa de la alteracion de la tierra, y que decian
haber sucedido por el rigor con que el Visorey
habia entrado en ella, era justo dar noticia del remedio que su majestad en todo
mandaba poner, y que esperaba que, sabida enteramente la seguridad que habria en el
negocio, no habria quien no
holgase de servir a su majestad y cumplir su mandamiento, antes
que cobrar renombre de traidor, y que hasta que esto les diese a
entender, no convenia que hiciese ningun alboroto ni novedad.
Hernan Mejia obedescio su mandado, aunque le advirtio que la gente estaba alli debajo
de su bandera y el negocio se podia hacer sin
ningun riesgo, y que idos a Panama y puesta en poder de Hinojosa, no habia tanta
seguridad del buen suceso. Y tomada por resolucion la orden del Presidente, se guardo
el secreto della entre
los dos hasta su tiempo, como adelante se dira.
341018 CAPITULO VII
341019 De lo que hizo Hinojosa sabida la venida del Presidente, y el rescebimiento que
Hernan Mejia le habia hecho
341021 Pedro Alonso de Hinojosa, general por Gonzalo Pizarro en Panama, sabido el
rescibimiento que Hernan Mejia habia hecho al
Presidente, lo sintio mucho, asi porque el no sabia los despachos
que traia, como por haberse hecho sin darle parte; y asi, le escribio algo asperamente
sobre ello, y algunos amigos de Hernan Mejia le avisaron que no viniese a Panama,
porque Hinojosa estaba
desabrido contra el; y no embargante todo esto, habiendolo comunicado con el
Presidente, y porque no se diese lugar a que se arraigase en los animos de los soldados
algun mal concepto de la venida del Presidente, se acordo que Hernan Mejia se partiese
luego a
Panama a comunicar con Hinojosa el negocio, pospuesto los temores de que le
certificaban, confiando en la gran amistad que con
Hinojosa tenia, y en que conoscia su condicion; y asi, fue y trato
con el la causa del rescebimiento, disculpandose con que para cualquier camino que se
hubiese de seguir perjudicaba poco lo que el
habia hecho; y asi, Hinojosa quedo satisfecho, y Hernan Mejia se
torno al Nombre de Dios, y el Presidente se fue a Panama, donde
se trato el negocio de su venida con Hinojosa y con todos sus capitanes, con tanta
prudencia y secreto, que sin que supiese uno
de otro, los tuvo ganadas las voluntades de tal suerte, que ya se
atrevia a hablar publicamente a todos persuadiendoles su opinion
y intento, y proveyendo a muchos soldados de lo que habian menester, teniendo por
principal medio para su buen suceso el gran
comedimiento y crianza con que hablaba y trataba a todos, que es
la cosa de que mas se ceban los soldados de aquella tierra, y esto
hacia compadecer con no perder punto de su dignidad y autoridad,
y en todos estos tratos y medios fue gran parte y ayuda la persona
del mariscal Alonso de Albarado, asi por los muchos amigos que
alli tenia, como porque, viendo los que no lo eran que una persona tan antigua en las
Indias y que tan grande obligacion y amistad habia tenido al Marques y a sus hermanos,
contradecia agora
su opinion, paresciales causa bastante para reprobar ellos la opinion de Gonzalo
Pizarro, aunque hasta aquel punto Pedro Alonso
de Hinojosa no se habia del todo allegado ni declarado por el Presidente, antes habia
enviado a hacer saber a Gonzalo Pizarro la venida del Presidente; y hubo algunos de sus
capitanes y gente principal que antes que el Presidente llegase a Panama escribieron a
Gonzalo Pizarro que no les parescia convenir que el Presidente entrase en el Peru,
aunque despues con los medios que tenemos dicho
mudaron el parescer; y el Presidente comenzo a visitar tan a menudo y granjear a
Hinojosa, que le permitio que enviase una persona de las que traia de Castilla con cartas
a Gonzalo Pizarro, en
que le diese noticia de su venida y del intento que traia, escribiendole sobre ello la carta
que en el siguiente capitulo se porna, y enviandole otra que su majestad escribio al
mismo Gonzalo Pizarro,
y con estos despachos se embarco Pedro Hernandez Paniagua, natural de la ciudad de
Plasencia, y llegado al Peru, le acontescieron diversos sucesos que abajo seran
contados; los cuales dejaremos, por decir lo que hizo Gonzalo Pizarro, sabida la venida
del
Presidente.
342036 La carta que su majestad escribio a Gonzalo Pizarro decia desta
manera
342038 El Rey.–Gonzalo Pizarro, por vuestras letras y por otras relaciones he
entendido las alteraciones y cosas acaescidas en esas
provincias del Peru despues que a ellas llego Blasco Nunez Vela,
nuestro visorey dellas, y los oidores de la audiencia real que con
el fueron a causa de haber querido poner en ejecucion las nuevas
leyes y ordenanzas por nos hechas para el buen gobierno de esas
partes y buen tratamiento de los naturales dellas. Y bien tengo
por cierto que en ello vos ni los que os han seguido no habeis tenido intencion a nos
deservir, sino a excusar la aspereza y rigor que
el dicho visorey queria usar, sin admitir suplicacion alguna; y asi,
estando bien informado de todo, y habiendo oido a Francisco
Maldonado lo que de vuestra parte y de los vecinos desas provincias nos quiso decir,
habemos acordado de enviar a ellas por nuestro presidente al licenciado de la Gasca, del
nuestro consejo de
la santa y general Inquisicion, al cual habemos dado comision y
poderes para que ponga sosiego y quietud en esa tierra y provea y
ordene en ella lo que viere que conviene al servicio de Dios nuestro
Senor y ennoblescimiento desas provincias, y al beneficio de los
pobladores vasallos nuestros que las han ido a poblar, y de los naturales dellas; por
ende yo os encargo y mando que todo lo que de
nuestra parte el dicho licenciado os mandare, lo hagais y cumplais
como si por nos os fuese mandado, y le dad todo el favor y ayuda
que os pidiere y menester hubiere para hacer y cumplir lo que por
nos le ha sido cometido, segun y por la orden y de la manera que
el de nuestra parte os lo mandare, y de vos confiamos; que yo tengo y terne memoria de
vuestros servicios y de lo que el marques
don Francisco Pizarro, vuestro hermano, nos sirvio, para que sus
hijos y hermanos resciban merced.–De Venelo, a 26 dias del mes
hebrero de 1546 anos.-Yo el Rey.–Por mandado de su majestad,
Francisco de Eraso.
343028 La carta que el Presidente escribio a Gonzalo Pizarro decia desta
manera
343030 Ilustre Senor: Creyendo que mi partida a esa tierra hubiera
sido mas breve, no he enviado a vuestra merced la carta del Emperador nuestro senor,
que con esta va, ni he escrito yo de mi llegada a esta tierra, pareciendo que no cumplia
con el acato que a
la de su majestad se debe sino dandola por mi mano, y que no se
sufria que carta mia fuese antes de la de su majestad; pero viendo
que habia dilacion en mi ida, y porque me dicen que vuesamerced
junta los pueblos en esa ciudad de Lima para hablar en los negocios pasados, me
parescio que con mensajero propio la debia enviar; y asi envio solo a llevar la de su
majestad y esta a Pedro
Hernandez Paniagua, por ser persona de la calidad que requiere la
carta de su majestad, y tan principal en aquella tierra de vuesamerced y uno de los que
mucho son entre sus amigos y servidores; y lo
demas que yo en esta puedo decir es, que Espana se altero sobre
como se debrian tomar las alteraciones que en esas partes ha habido despues que el
visorey Blasco Nunez, que Dios perdone, entro
en ellas; y despues de bien mirados y entendidos por su majestad
los paresceres que en esto hubo, le parescio que en las alteraciones
no habia habido hasta agora cosa por que se debiese pensar que se
habian causado por deservirle ni desobedecerle, sino por defenderse los desa provincia
del rigor y aspereza contra el derecho que estaba debajo de la suplicacion, que para su
majestad
tenian dellas interpuesta, y para poder tener tiempo en que su rey
los oyese sobre su suplicacion antes de la ejecucion; y asi parescia
por la carta que vuesamerced a su majestad escribio, haciendole
relacion de como habia aceptado el cargo de gobernador por haberselo encargado el
audiencia en nombre y debajo del sello de su
majestad, y diciendo que en aquello serviria, y que de no lo aceptar seria deservido, y
que por esto lo habia aceptado hasta tanto
que su majestad otra cosa mandase, lo cual vuesamerced, como
bueno y leal vasallo, obedesceria y cumpliria. Y asi, entendido esto por su majestad, me
mando venir a pacificar esta tierra con
la revocacion de las ordenanzas de que para ante el se habia suplicado, y con poder de
perdonar en lo sucedido y de ordenar y tomar el parecer de los pueblos en lo que mas
conviniese al servicio de Dios y bien de la tierra, y beneficio de los pobladores y
vecinos della, y para remediar y emplear los espanoles a quien no se
pudiesen dar repartimientos, enviandolos a nuevos descubrimientos, que es el
verdadero remedio con que los que no tuvieren de comer en lo descubierto lo tengan en
lo que se descubriere, y ganen
honra y riqueza, como lo hicieron los conquistadores de lo descubierto y conquistado.
A vuesamerced suplico mande mirar esta cosa
con animo de cristiano y de caballero y hijodalgo y de prudente,
y con el amor y voluntad que debe y siempre ha mostrado tener al
bien desa tierra y de los que en ella viven, con animo de cristiano,
dando gracias a Dios y a nuestra Senora, de quien es devoto, que
una negociacion tan grave y pesada como es en la que vuesamerced
se metio y hasta agora ha tratado se haya entendido por su majestad y por los demas de
Espana, no por genero de rebelacion ni infidelidad contra su rey, sino por defensa de su
justicia derecha,
que debajo de la suplicacion que para su principe se habia interpuesto tenian, y que
pues su rey, como catolico y justo, ha dado
a vuesamerced y a los desa tierra lo que suyo era y pretendian en
su suplicacion, deshaciendoles el agravio que por ella decian haberseles hecho con las
ordenanzas, vuesamerced de llanamente a
su rey lo suyo, que es la obediencia, cumpliendo en todo lo que
por el se le manda. Pues no solo en esto cumplira con la natural obligacion de fidelidad
que como vasallo a su rey tiene, pero aun tambien con lo que debe a Dios, que en ley de
natura y de escritura y
de gracia siempre mando que se diese a cada uno lo suyo, especial a los reyes la
obediencia, so pena de no poderse salvar el que
con este mandamiento no cumpliere, y lo considere asimesmo con
animo de caballero hijodalgo, pues sabe que este ilustre nombre
le dejaron y ganaron sus antepasados con ser buenos a la corona
real, adelantandose mas en servirla que otros que no merecieron
quedar con nombre de hijosdalgo; y que seria cosa grave que le
perdiese vuesamerced por no ser cuales fueron los suyos, y pusiese nota y obscuridad
en lo bueno de su linaje, degenerando del. Y
pues, despues del alma, ninguna cosa es entre los hombres mas
preciosa (especialmente entre los buenos) que la honra, se ha de
estimar la perdida della por mayor que de otra cosa ninguna, fuera la del alma, por una
persona como vuesamerced, que tan obligado a mirar por ella la dejaron sus mayores y
le obligan sus deudos, cuya honra, juntamente con la de vuesamerced, rescibiria
quiebra, no haciendo el lo que con su rey debe, porque el que a
Dios en la fe o al Rey en la fidelidad no corresponde como es justo, no solo pierde su
fama, mas aun escurece y deshace la de su linaje y deudos. Y asimesmo lo considere
con animo y consideracion de prudente, conosciendo la grandeza de su rey y la poca
posibilidad suya para poder conservarse contra la voluntad de su
principe y que ya que por no haber andado en su corte ni en sus
ejercitos no haya visto su poder y determinacion que suele mostrar contra los que le
enojan, vuelva sobre lo que del ha oido, y
considere quien es el Gran Turco, y como vino en persona con trescientos y tantos mil
hombres de guerra y otra muy gran muchedumbre de gastadores a dar la batalla, y que
cuando se hallo cerca de su majestad junto a Viena entendio bien que no era parte
para darla, y que se perderia si la diese; y se vio en tan gran necesidad, que olvidada su
autoridad, le fue forzado retirarse, y para
poderlo hacer tuvo necesidad de perder tantos mil hombres de caballo que delante echo,
para que, ocupado en ellos su majestad,
no viese ni supiese como se retraia el con la otra parte de su ejercito. He representado
esto, porque entiendo que muchas veces se
mira y tiene en mucho lo que se ve aunque sea poco, y lo que no
se ha visto ni experimentado, por no se advertir, no se entiende ni
tiene en lo que es, aunque sea mucho; y deseo con animo de buen
projimo que vuesamerced y cualesquier otros de los que en esa tierra estan no se
enganasen, teniendo en algo lo que pueden en respecto de quien es el poder de su
majestad, que es tanto, que cuando
se hubiese de venir a allanar esa tierra, no por el camino de clemencia y benignidad que
Dios y su majestad han sido servidos se
tenga en pacificarla, sino por rigor, habria mas necesidad que no
se metiese en esa tierra mas gente de la que para ello fuese menester, por no la destruir,
que no de procurar que fuese la que bastase.
Y tambien debe vuesamerced considerar cuan otra seria la negociacion de aqui adelante
de lo que ha sido hasta agora, porque en lo
pasado los que a vuesamerced se allegaban le eran buenos por el
enemigo con quien lo habia y por la causa que trataba contra el
enemigo, que era Blasco Nunez, a quien cada uno de los que a vuesamerced seguia
tenian por propio enemigo por tener creido que
Blasco Nunez, no solo la hacienda, pero la vida, deseaba quitar a
todos los que le eran contrarios; y cualquiera que se ayudase de
vuesamerced para defenderse de su enemigo era forzado que le
fuese bueno en aquella cosa y por la causa que trataba, porque
cualquiera de los vecinos del Peru que con vuesamerced se junto,
no fue por defender lo de vuesamerced, sino su propio derecho, y
en tanto que para defender su cosa propia uno se ayudase de vuesamerced, forzado es
que le habia de ser bueno, no por ser bueno
a vuesamerced, sino a su propia negociacion; pero de aqui adelante, como a los del
Peru se asegura la vida por el perdon, y la
hacienda por la revocacion de las ordenanzas, y en lugar de un enemigo comun a los
del Peru, se ponga el mas natural amigo que los
espanoles tenemos, que es nuestro rey, al cual tenemos natural
obligacion de amar y guardar lealtad, porque nacimos en ella y
la heredamos de nuestros padres y abuelos y antepasados de mas
de mil y trescientos anos a esta parte, que guardamos este amor y
lealtad a nuestros reyes. Y ha vuesamerced de tener entendido y
pensar que en el estado que ya las cosas tienen y han de tener, de
ninguno se podria fiar, antes de su propio hermano se habria de
recatar, y pensar que habria de poner en vuesamerced las manos;
porque, como el padre y el hermano y cualquier otro tenga mas
obligacion a mirar por su anima y consciencia que no a la vida y
voluntad de su hijo y hermano ni amigo, viendo su hermano que
negando la obediencia a su rey perdia el alma, no solo en esto no
le seguiria, pero le seria contrario, como lo vimos en las comunidades de Espana;
considerando en cuanta mas obligacion era a su
honra y a la de su linaje que no a seguir el querer de vuesamerced,
y dar a entender a su rey y a todo el mundo que su fidelidad y bondad bastaba para
limpiar cualquier mancilla que en su linaje se
hubiese puesto; y se puede pensar que con muy mayor rigor procuraria satisfacerse de
vuesamerced, como estos dias acontescio a
dos hermanos espanoles, los cuales el uno estaba en Roma, y entendiendo alli como el
otro, que residia en Sajonia, era luterano,
vivia muy afrentado, paresciendole que su hermano deshonraba a
el y a su linaje; queriendo remediar esto, se partio de Roma y fue
hasta Sajonia con determinacion de convertir a su hermano, y
cuando no pudiese, matarle, y asi lo hizo; que, despues de haber
procurado mucho quince o veinte dias que con el estuvo que se
convirtiese y quitase la infamia que en su linaje tenia puesta, y no
lo pudiendo acabar, lo mato sin que le estorbase el deudo ni amor
de hermano, ni el temor de perder la vida matando aquel por ser
luterano en pueblo y tierra donde todos lo eran, porque entre buenos este apetito que a
la honra se tiene es tan grande, que vence a
todo deudo y al deseo de vivir, especialmente conosciendo su hermano, que, no solo a
su alma y honra, mas a la conservacion de
la vida y hacienda tenia mas obligacion, que no seguir la voluntad
de vuesamerced, mayormente no siendo esta ordenada como debia;
y conosciendo que siguiendola, no solo perderia el alma y honra,
mas al fin habria de venir a perder la persona y la hacienda; y finalmente, quien mas a
vuesamerced hubiese seguido, teniendose
por ello por mas culpado, y entendiendo que para volver en gracia de su rey, y que no
solo le perdonase, pero aun le hiciese mercedes, le convenia senalarse, seria el que
primero y con mas diligencia procurase faltar a vuesamerced y hacer plato de su
persona; de manera que seria negociacion la que vuesamerced tomase,
queriendo llevar este desasosiego adelante, en que los mas amigos
le serian mas peligrosos, y que ninguna palabra ni sacramento ante Dios ni el mundo
ternia fuerza, pues darla seria feo en ley de
cristiano, y guardarla mucho mas; y no solo los amigos, mas aun
la hacienda, en tal caso le danaria, pues por codicia della le harian
con mas instancia contradicion los que pensasen que les podria
caber parte della. Y considere como el dia que su majestad o el
que sus veces tuviere perdonare a los del Peru, si viniese a meritos de exceptar alguno,
cuan solo y en peligro quedaria el tal exceptado, quedando los otros perdonados y
desagraviados. Y asimesmo le suplico mire y considere esta cosa con el amor que debe
y ha mostrado tener al bien desa tierra y vecinos della, porque con
dar fin a los desasosiegos y alteraciones que hay y ha habido, dejara vuesamerced
encargados a todos los vecinos della por haberles ayudado en que contra el derecho de
sus suplicaciones no se
ejecutasen las ordenanzas, y su majestad haya sido servido de
mandarles oir y desagraviar, como lo ha hecho; y a llevar vuesamerced este
desasosiego adelante, no solo pierde todo el merito
que cerca de los vecinos en lo pasado paresce haber ganado, pues
queriendo que dure el desasosiego despues de haberse conseguido
lo que conviene al bien dellos, daria a entender que, no por el bien
dellos, sino por su propia pretendencia, se puso en lo pasado; pero aun les haria tan
gran dano, que con muy gran razon le ternian
por enemigo, viendo que los queria tener en continua fatiga y inquietud y peligro de sus
vidas y gastos de su haciendas, y que no
los queria dejar gozar dellos con el sosiego de que tienen necesidad
para granjearlas y gozarlas y aprovecharse dellas, conforme a la
merced que su rey les hace; y aun paresce que no con menos causa, sino con mayor, le
podrian tener por tal, cual tuvieron a Blasco Nunez, pues si el les queria quitar las vidas
y haciendas, quien
quisiere tenerlos en continuo desasosiego y fuera de la obediencia
de su principe, parescia quererles hacer perder las almas y honras
y vidas y haciendas. Y tambien es de considerar la causa que se
daria, yendo a esa tierra gente en el numero que ira, de destruir
a ella y a las haciendas que los vecinos della tienen, en gran cargo
de consciencia de los que a esto diesen ocasion, y no solo se haria
este dano y daria vuesamerced causa de ser desamado de los vecinos y mercaderes, y
de las otras personas que en esa tierra tienen
oficios y granjerias, de que se hacen ricos; pero aun a las gentes
baldias y que no tienen repartimientos y otros tratos de que vivir
se haria gran dano, porque, ocupandolos en estas disensiones y desventuras no solo
pierden la vida los que dellos en ellas mueren,
pero aun los que quedan; pues habiendo venido tantas leguas desterrados de sus
naturalezas y a tan diferentes climas y tan destempladas regiones, con tanto riesgo de la
salud, no gastan sus vidas
en aquello para que vinieron, que fue ganar con que vuelvan a sus
tierras ricos y remediados, o vivan en estas honrados; lo cual no
se puede hacer sino yendo a nuevos descubrimientos, pues no caben todos en lo
descubierto. Lo cual no se hace entre tanto que
gastan su tiempo en el ejercicio que traen, que es de tan corto provecho, que si
quisiesen volver a Espana, muchos delos han de buscar para el flete y matalotaje. A
vuesamerced suplico que, aunque
me haya extendido a representar mas cosas de las que son necesarias para que
vuesamerced, como quien es, haga en esta negociacion lo que debe a cristiano y
caballero hijodalgo y a su marcha
prudencia y al amor que a los vecinos desta tierra y a las cosas
della tiene, no se resciba ni atribuya lo que he dicho a desconfianza que yo tengo de la
bondad, cristiandad y fidelidad de vuesamerced, porque cierto, yo no tengo sino entera
confianza, por haber
siempre oido que todas estas partes caben en vuesamerced, sino
que se eche al deseo y amor con que amo, como buen projimo y
servidor de vuesamerced, a los que en esa tierra estan, y deseo su
bien y acrescentamiento, y aborrezco y temo su mal y peligro; y lo
resciba como quien vuesamerced es, de mi como de hombre que
ninguna cosa en esta jornada pretende, sino servir a Dios, procurando la paz que su
benditisimo Hijo tanto nos encomendo, y a mi
rey, cumpliendo su mandado; y cumplir con la obligacion que como projimo a
vuesamerced y a todos los desa tierra tengo, procurandoles que vivan con estado tan
seguro para las almas, honras,
vidas y haciendas como es la paz, pues fuera desto, ninguna cosa
que buena sea para esta vida ni para la otra puede haber. Y con
este celo y amor he sido en esta negociacion el mejor solicitador
que vuesas mercedes todos han tenido, y determine de poner mi
persona en trabajo para sacar del las de vuesas mercedes, y mi vida en peligro por
quitar dellos las suyas, paresciendome que si
acabase esta jornada volveria a Espana alegre, y cuando no, consolado de haber hecho
lo que en mi era para cumplir con Dios en la
deuda de cristiano, y con mi rey en la de vasallo, y con vuesas
mercedes en la de projimo y natural suyo; que si Dios en este trabajo me llevase, me
llevaria sirviendo a el y a mi principe, y procurando de hacer bien y quitar de mal a mis
projimos; y pues tanta fe y amor debe vuesamerced y todos los desa tierra, justo es que
se advierta en lo que digo, que solo en esto quiero de vuesas mercedes el pago de lo
que me deben. Y tambien suplico a vuesamerced cuan afectuosamente puedo que lo que
en esta he dicho lo comunique con personas celosas del servicio de Dios, pues el
parescer y consejo destos es el seguro y sano, y el que se debe seguir sin
sospecha que se de por interes propio ni otro mal respeto. Nuestro
Senor, por su infinita bondad, alumbre a vuesamerced y a todos
los demas para que acierten a hacer en este negocio lo que conviene a sus almas,
honras, vidas y haciendas; y guarde en su santo servicio la ilustre persona de
vuesamerced.–De Panama, a 26 de
septiembre de 546 anos.-Servidor de vuesamerced, que sus manos besa.-El licenciado,
Pedro Gasca.–En el sobreescrito desta
carta decia: “Al ilustre senor Gonzalo Pizarro, en la ciudad de los
Reyes”.
350008 CAPITULO VIII
350009 De lo que proveyo y hizo Gonzalo Pizarro en la ciudad de los Reyes y en toda
la provincia del Peru, sabida la venida del
Presidente
350012 Llegado Gonzalo Pizarro a la ciudad de los Reyes, donde era
su teniente Lorenzo de Aldana (como hemos dicho), le vinieron las
primeras nuevas que Pedro Alonso de Hinojosa habia despachado
cuando supo la venida del Presidente, con la cual rescibio gran turbacion; y
comunicandolo con sus capitanes y gente principal, hubo entre ellos diversos
paresceres, porque unos decian que publica o encubiertamente le enviase a matar, otros
que le trajesen al
Peru, porque venido seria facil cosa hacerle conceder todo lo que
ellos quisiesen, y que cuando esto no hubiese lugar le podrian entretener largo tiempo
con decir que querian juntar todas las ciudades del reino en los Reyes, y llamar alli los
procuradores de todas
partes para que tratasen de recibirle, y que por haber tanta distancia de unos lugares a
otros se podia dilatar esta junta mas de
dos anos, y que entre tanto el Presidente podia estar en la isla de
Puna con soldados de confianza que le guardasen, y asi excusaria
de no avisar a su majestad de desobediencia ninguna, teniendole
siempre suspenso con que la junta se hacia para rescebirle, y que
no se podrian juntar con mas brevedad; y los que mas mansamente aconsejaban era,
que le tornasen a enviar a Espana; y ante todas cosas, se resumio entre ellos que se
enviase procuradores a su
majestad para negociar las cosas de aquel reino y darle cuenta de
las nuevamente succedidas, especialmente para justificar el rompimiento y muerte del
Visorey, echandole siempre la culpa, por haber sido agresor y venidolos a buscar; y
tambien para suplicar a
su majestad proveyese a Gonzalo Pizarro por gobernador de aquella provincia, y que
estos procuradores, para este efecto, llevasen
poderes especiales de las ciudades, y que de camino se informasen
con diligencia en la ciudad de Panama de los poderes que traia
el Presidente, y le requiriesen que no entrase en la tierra hasta que,
informado por ellos su majestad, enviase segunda jusion sobre lo
que fuese servido proveer, y que si con todo esto, el Presidente quisiese pasar le
llevasen a buen recaudo a los Reyes; unos decian que
le matasen en el camino, otros que le diesen un bocado en Panama y matasen a Alonso
de Albarado y otras cosas semejantes, que
por haber pasado en sus ayuntamientos secretos no se certifican.
Demas desto, se acordo que se escribiese una carta con estos mensajeros al Presidente
por los principales vecinos de aquella ciudad, tratando contra la determinacion que traia
con palabras muy
desacatadas y atrevidas. Despues de haber pasado diversas determinaciones sobre
senalar las personas que habian de venir a Espana
por mensajeros, se resumieron en que viniese don fray Hieronimo
de Loaysa, arzobispo de los Reyes, y Lorenzo de Aldana y fray Tomas de San Martin,
provincial de la orden de santo Domingo; aunque al Provincial le tenian por sospechoso
en su opinion, por haber hecho y dicho, asi en sermones publicos como en platicas y
conversaciones privadas, muchas cosas en que lo manifestaba, tuvieron por cosa
conveniente fiarse del y de los demas a quien tenian en la misma posesion, por dar
autoridad a su embajada, y
porque no se hallaran otros en la tierra que se atrevieran a ir a la
presencia real sin escrupulo de haber ofendido gravemente en las
alteraciones pasadas, y temian el castigo dello si aca viniesen. Y
tambien se considero en esta eleccion que, caso que estos mensajeros declarasen en
Espana sus animos contra ellos, si por ventura eran tales como sospechaban, tenian por
cosa conveniente echarlos de la tierar con este titulo, porque estando presentes, si venia
el negocio en riesgo, serian para hacerles mucho dano, por ser personas tan principales
y calificadas. Juntamente con ellos Gonzalo
Pizarro envio a Gomez de Solis, su maestresala. Unos decian que
para llevar ciertos dineros y provision a Hinojosa y su gente, y
otros para que viniese a Espana juntamente con los procuradores. Demas de los cuales,
rogaron al obispo de Santa Marta que
viniese a Espana con la misma embajada, y proveyeron a los unos
y a los otros de dincros para hacer la jornada; y Lorenzo de Aldana se embarco luego a
gran priesa, entre tanto que los demas se
aprestaban, llevando mandado de Gonzalo Pizarro para que con
toda brevedad le avisase del suceso, paresciendole que saliendo como salio Lorenzo de
Aldana del puerto de los Reyes por el mes de
octubre, a mas tardar le vernia el aviso por Navidad, entrante el
ano de 47, y proveyo por tierra muchas postas, asi de cristianos
como de indios para que en llegando la nueva a la costa del Peru
se le llevase con mucha brevedad. Pocos dias despues se embarcaron los obispos, y
llegaron a Panama sin haber en su viaje ninguna contradicion. Ya hemos dicho como
Vela Nunez, hermano del
Visorey, andaba en el campo de Gonzalo Pizarro en prision tan
libre, que le dejaban ir a caza y pasear por el pueblo a mula y sin
armas, habiendosele hecho grandes apercebimientos sobre el sosiego y quietud de sus
pensamientos. Y en este tiempo le succedio
una ocasion que le trajo a perder la vida, en esta forma: que un
soldado llamado Juan de la Torre, natural de Madrid, de quien
arriba hemos hecho mencion, que se paso del Visorey a Gonzalo
Pizarro con Gonzalo Diaz y su gente cuando los enviaron a prender a Pedro de Puelles
y a los vecinos de Guanuco, por cierta industria que tuvo, descubrio en el valle de Hica
un cierto hoyo donde los
indios ofrescian oro y plata, de tiempos muy antiguos, a un idolo
que ellos llamaban Guaca; y afirmase haber sacado de alli mas de
sesenta mil pesos en oro, sin mucha copia de esmeraldas; todo lo
cual entrego al guardian de San Francisco para que se lo guardase, y un dia le dijo en
confesion que deseaba venir a Espana a gozar de aquella prosperidad que su buena
ventura le habia encaminado; pero que, considerando haber sido tan parcial a Gonzalo
Pizarro y haber ofendido a su majestad en casos tan senalados, no
se atrevia a venir hasta hacer a su majestad servicios con que tuviese por bien de
olvidar lo pasado; lo cual tenia pensado emprender desta manera: que se alzaria con uno
de los navios que habia
en el puerto y se iria con todo su dinero a Nicaragua, y alli juntaria gente y armaria un
navio o dos para salir de corso contra Gonzalo Pizarro y su armada, y saltaria en tierra y
haria sus correrias
en los lugares que hallase desembarazados, y que para todo esto,
por no tener el edad ni autoridad, le convenia buscar una persona en que concurriesen
las calidades necesarias a la empresa, que
fuese capitan y cabeza della, y que ninguno se le ofrescia que mas
justa causa tuviese para ello que Vela Nunez, por ser caballero tan
practico en la guerra y que era obligado a desear la venganza del
Visorey, su hermano, y de tantos deudos y amigos como Gonzalo Pizarro le habia
muerto; y que el entregaria su persona y hacienda, y
seria el primero que le obedesciese, y que el hablase a algunos
criados del Visorey que habia en aquella ciudad para llevallos consigo; y rogo al
guardian que todo esto lo comunicase con Vela Nunez, y asi lo hizo; y porque Vela
Nunez temio alguna encubierta,
Juan de la Torre le satisfizo en presencia del guardian, jurando la
verdad de su determinacion sobre una ara consagrada; con lo cual
Vela Nunez acepto el partido; y en comenzando a tratar con algunos criados del
Visorey, no se sabe por que via se descubrio; de
forma que Gonzalo Pizarro le prendio, y habiendose hecho contra el
proceso, le hizo degollar publicamente, diciendo el pregon: “Por
traidor al Rey”. Causo esta muerte grande y general lastima en todo
el reino, por ser Vela Nunez muy virtuoso caballero y bienquisto
do todos. Por este mismo tiempo sucedio que Alonso de Toro, teniente de gobernador
del Cuzco, fue muerto a punaladas por su
mismo suegro sobre ciertas palabras que con el hubo, lo cual sintio mucho Gonzalo
Pizarro por la falta que le habia de hacer, y por
su muerte nombro por teniente del Cuzco a Alonso de Hinojosa,
al cual ya habia elegido el cabildo; y en su tiempo sucedio cierto
motin en el Cuzco, por el cual fueron muertos Lope Sanchez de
Valenzuela y Diego Perez Becerra, promovedores del, y otros fueron desterrados por el
mismo Hinojosa y por Pedro de Villacastin,
alcalde ordinario, que entendieron en la pacificacion de la ciudad.
353026 CAPITULO IX
353027 De lo que sucedio en Panama con la llegada de los embajadores
353028 Siendo senaladas las personas que habian de venir a Castilla a
los negocios de la tierra, Gonzalo Pizarro despacho luego a Lorenzo de Aldana, que era
uno dellos, y le dio los despachos necesarios,
y se tuvo noticia que asi el como algunos de sus capitanes habian
escrito cartas muy desacatadas, caso que nunca parescieron, y se
creyo que, como Lorenzo de Aldana llevaba buena intencion, las
rompio y no quiso indignar los negocios mostrandolas. Llegado a
Panama, se aposento con Hinojosa, porque tenian muy antigua
amistad y algun deudo, y luego fue a besar las manos al Presidente, tratando de cosas
generales en aquella visitacion, sin tocar en
el negocio principal, sin descubrirse en aquellos dos dias; lo cual
hizo como hombre recatado para entender las intenciones de los capitanes; y
teniendolas entendidas, se declaro con el Presidente y
se ofrescio al servicio de su majestad, y en su confianza se acordo
que ya se tratase descubiertamente el negocio con Hinojosa; y tomandole aparte Hernan
Mejia, le trajo a la memoria todas las cosas pasadas, y como estaban en terminos de
ponerse todo remedio
con la venida del Presidente, favoresciendole y sirviendole conforme a la obligacion
que tenian a su majestad, y que si se les pasaba aquella ocasion, podria ser que en
muchos tiempos no la cobrasen; a todo lo cual Hinojosa respondio que el era muy
servidor
del Presidente y le habia dado a entender la intencion que tenia, y
que si su majestad, habiendo oido lo que Gonzalo Pizarro pedia,
no fuese servido de lo proveer, en tal caso el cumpliria la voluntad
de su rey y senor, sin poder caer en nota de traidor; porque a la
verdad Hinojosa (como hombre poco practico en negocios de lo
de la guerra) creia que todo lo pasado llevaba buen titulo, y que
las suplicaciones que se interponian se podian hacer de derecho,
y en seguimiento dellas todas las diligencias necesarias. Y no faltaban letrados que lo
fundaban y sustentaban; y asi, estuvo siempre muy recatado para no exceder en su
cargo, fuera del intento
principal, sin matar ni castigar hombre ninguno ni tomar a nadie
su hacienda, como otros capitanes hacian. Hernando Mejia, entendido el engano en que
estaba, se declaro mas con el, diciendole que,
sabida la voluntad de su majestad, que venia cometida al Presidente, no habia para que
esperar otra nueva declaracion ni respuesta,
y que le hacia saber que toda la gente estaba determinada de hacer
lo que el Presidente mandase, y que el seria el primero; por tanto
que no se dejase enganar, colorando el mal camino en que andaban con paresceres de
letrados que eran de la misma liga, pues no
habia nadie que no entendiese la verdad del negocio. Hinojosa le
pidio termino para responderle otro dia; y asi, le envio a llamar y se
determino de hacer lo que le aconsejaba, y juntos se fueron a la
posada del Presidente, donde Hinojosa se ofrescio a su servicio en
nombre de su majestad, y le entrego la obediencia, y alli fueron
llamados todos los capitanes, y juntos hicieron pleitomenaje de
obedescer al Presidente y tener secreto de lo que pasaba hasta que
les fuese mandado otra cosa; y asi se hizo, sin que los soldados supiesen
descubiertamente lo que pasaba, aunque algunos lo entendian por conjeturas, porque
veian que el Presidente proveia en todos los negocios y que los capitanes iban y venian
a su casa muy a
menudo, y le trataban en publico y en secreto como a superior. Y
viendo el Presidente los inconvenientes que podian suceder de la
dilacion, determino despachar al mismo Lorenzo de Aldana, que
con tres o cuatro navios, y en ellos hasta trescientos hombres, fuese a correr la costa del
Peru y a tomar el puerto de la ciudad de los
Reyes para recoger los servidores de su majestad; porque, sabido
por Gonzalo Pizarro lo que pasaba, no tuviese lugar de proveerse
de espacio nide matar a los que el tenia por sospechosos en favor de
su majcstad como muchas veces entre sus capitanes se trataba; y
asi, con gran presteza fueron despachados cuatro navios, yendo
por general dellos Lorenzo de Aldana y por capitanes Hernando
Mejia y Juan Alonso Palomino y Juan de Illanes. Y para esto se
hizo resena general, y publicamente en ella se entregaron las banderas al Presidente, y
el las torno a los mismos capitanes que las tenian, nombrandolos de nuevo por su
majestad, y dejando por general de todo el ejercito a Hinojosa, como antes lo era; y
embarcaron los trescientos hombres, y se dio paga a los que dellos fue
necesario, y se hicieron a la vela, llevando consigo al provincial de
Santo Domingo, por ser persona tan senalada, que con sola su autoridad bastaba para
que todas las personas dudosas le diesen credito. Asimesmo llevaban muchos traslados
de las proviciones reales y del perdon con orden que si fuese posible no tocasen en
tierra ni fuesen sentidos hasta que llegasen al puerto de los Reyes,
por lo mucho que importaba tomar de sobresalto a Gonzalo Pizarro, aunque esto no se
pudo hacer por la causa que adelante se
dira. Y a esta sazon llego el arzobispo de los Reyes y Gomez de Solis, que holgaron de
todo lo sucedido y se profirieron al favor y servicio del Presidente, el cual envio a don
Juan de Mendoza a la
Nueva-Espana con cartas para el visorey don Antonio de Mendoza,
para que le socorriese con toda la gente que se pudiese juntar en
aquella provincia, y a don Baltasar de Castilla para Guatemala y
Nicaragua para lo mismo, y a otras personas a Santo Domingo,
para que de todas partes le viniese el socorro que fuese posible,
creyendo que habia de ser necesario.
356001 CAPITULO X
356002 De lo que sucedio a Pedro Hernandez Panagua en su mensaje, y de
lo que Gonzalo Pizarro proveyo sabida la entrega de la armada
356004 Pedro Hernandez Paniagua (a quien tenemos dicho que el Presidente despacho
con cartas para Gonzalo Pizarro) llego al Peru al
tiempo que esperaba nuevas de lo que en Panama habia sucedido
con la ida de Lorenzo de Aldana, que fue mediado el mes de enero
del ano 47; y tomando tierra en Tumbez, llego a San Miguel, y un
Villalobos, que alli era teniente por Gonzalo Pizarro, le prendio y
tomo los despachos, y a muy gran priesa los envio a los Reyes por
via de Diego de Mora, que tambien era teniente en Trujillo. visto
todo por Gonzalo Pizarro, despacho una persona de confianza que
trajese consigo a Paniagua, avisandole que no le dejase hablar con
nadie por el camino; el cual fue y le trajo, y dadas sus creencias
y despachos a Gonzalo Pizarro en presencia de todos los capitanes, le mando que dijese
todo lo que se le habia mandado, demas
de las cartas, certificandole que por cosa de las que alli pasase no
rescebiria dano ni perjuicio ninguno. Y apercibiendole con esto
que si fuera de alli trataba con ninguna persona en publico ni en
secreto sobre cosa tocante al Presidente, cualquier indicio bastaria
para le cortar la cabeza; y luego Paniagua declaro osadamente su
embajada; y dicha, le mandaron salir, y hubo algunos votos para
que lo matasen, porque decian que trataba con algunos de quien se
fiaba las cosas de su opinion; y con todo esto, Gonzalo Pizarro no
mostro a ninguno de sus capitanes la carta que el Presidente le
escribio ni la que de su majestad le dieron. Todos sus parciales le
decian que no convenia que el Presidente entrase en el Peru, y algunos en su presencia
decian contra su majestad y contra el palabras muy desacatadas, porque desto mostraba
holgarse Gonzalo
Pizarro; y luego escribio a la villa de Plata al capitan Carvajal para que con brevedad se
viniese a los Reyes, y trajese todo el oro y
plata y arcabuces y otras armas que tenia; lo cual se proveyo, no
tanto porque se entendiese que seria necesario para defensa ni
aparejo ninguno de guerra (pues ni se sabia ni se podia saber la
entrega del armada, ni lo demas sucedido en Panama), como por
remediar las grandes quejas que habia del capitan Carvajal en toda
la tierra, por las muertes y robos que a cada paso hacia. Unos decian que era para
castigarle en su persona, y otros por tomarle mas
de ciento y cincuenta mil pesos suyos que habia robado en aquella
conquista. En este tiempo se trataban las cosas en Lima tan estrechamente, que nadie se
osaba fiar de otro ni decir palabra que tocase a los negocios; porque cualquiera ocasion,
por liviana que
fuese, bastaba para ser muertos. Y ya Gonzalo Pizarro andaba tan recatado, que,
estando enfermo el licenciado Zarate (cuya intencion
habia sentido en muchos negocios ser contra el), aunque tuvo su
hija casada con su hermano, le hizo dar unos polvos para remedio
de su enfermedad, con los cuales, segun se tuvo por cierto y lo dijeron despues algunos
criados de Gonzalo Pizarro, le mato; como
quiera que sea, mostro haberse holgado con su muerte; luego Pedro Hernandez
Paniagua comenzo a negociar su vuelta por medio
del licenciado Carvajal, contra opinion de los otros capitanes, que
no qusieran que saliera de alli, lo cual fuera para el gran peligro,
especialmente si no fuera partido cuando llego la nueva de la entrega del armada, que,
aunque entonces no se sabia en los Reyes, se
tenia dello muy mal concepto, por la mucha tardanza que habia en
venir nuevas de Panama; y con sola esta sospecha, Gonzalo Pizarro
escribio a Pedro de Puelles, que estaba por el en Quito, y a todos los
otros sus capitanes, apercibiendoles que no se descuidasen, y tuviesen a punto su gente.
Y a esta sazon llego el capitan Carvajal de los
Charcas con ciento y cincuenta soldados y trescientos arcabuces y
mas de trescientos mil pesos; y el dia que entro en los Reyes se le
hizo un muy solemne rescibimiento, saliendo en el Gonzalo Pizarro
y todos los de la ciudad, sin faltar ninguno, con mucha musica y
fiesta. Y en aquel tiempo vinieron nuevas de Puerto-Viejo como habian visto los cuatro
navios, y que en reconosciendo la tierra, habian vuelto de otro bordo a la mar, sin tomar
puerto ni proveerse
de cosa ninguna, como los otros navios lo solian hacer ordinariamente; lo cual se tuvo
por mala senal, y que eran de guerra.
357031 CAPITULO XI
357032 Como la armada del Presidente llego al puerto de Trujillo, y la rescibieron
Diego de Mora y otros, reduciendose al servicio de su
majestad.
357035 Desde que Gonzalo Pizarro tuvo las nuevas de los navios que
tenemos dichos, paso algun tiempo que no se pudo certificar mas
de la verdad, o porque ellos se apartaban de tierra cuanto podian,
o porque Diego de Mora, teniente de Gonzalo Pizarro en Trujillo,
retenia las cartas que sobre ello se escrebian. Con lo cual ninguno
en los Reyes podia atinar que cosa fuese, aunque se puso con esto
Gonzalo Pizarro en gran cuidado; y de dia y de noche le hacian guardia los vecinos y
los soldados, como cada uno podia, mostrando
contentamiento, como si de voluntad lo hicieran. Y a este tiempo
Lorenzo de Aldana llego con los navios al puerto que llaman de MalAbrigo, que es
cinco o seis leguas antes de Trujillo. Y como diego
de Mora habia sabido la venida destos navios por el mensajero que
trajo la nueva dellos de Puerto-Viejo, aunque no entendia certificadamente quien venia
en ellos ni para que efecto, con otros muchos
vecinos de la ciudad de Trujillo se embarco en un navio que estaba
en su puerto, llevando muchos bastimentos de armas y comida, con
designio de ir a buscar los navios, y juntarse con ellos a do quier
que los hallase; porque, de cualquier opinion que fuese, lo podia
hacer muy a su salvo, pues siendo de Gonzalo Pizarro, podia decir
que salia a saber nuevas y llevarles bastimentos, y siendo de su majestad, cumplia
mejor su voluntad juntandose sus capitanes con
ellos. Y asi, quiso su ventura que el mismo dia que salieron del
puerto los toparon, y sabida la verdad de la jornada, con gran
placer de todos se juntaron y redujeron en uno; y habiendo proveido Diego de Mora a
toda la armada del refresco necesario,
aquella noche se vinieron al puerto, y sin saltar en tierra, se ordeno que Diego de Mora,
con toda aquella gente, se fuese a la provincia de Caxamalca, para que alli con mas
seguridad pudiesen esperar el tiempo en que fuese necesaria su ayuda, y en el entre
tanto recoger la gente que por alli acudiese; y despacharon mensajeros con cartas y
provisiones para los Chachapoyas y a Guanuco
y a Quito y a las entradas de Mercadillo y Porcel, para que todos
acudiesen al servicio de su majestad. Estas nuevas de lo sucedido
en Trujillo llegaron con mucha brevedad a noticia de Gonzalo Pizarro, por medio de un
fraile de la Merced, que siempre le habia seguido y favorescido, diciendo solamente la
salida de Diego de Mora
y de los vecinos, sin afirmar ni poder saber que se habian juntado
con la armada. Por lo cual Gonzalo Pizarro creyo que se iban a Panama a juntar con el
Presidente, por lo cual proveyo con brevedad
por teniente de aquella ciudad de Trujillo al licenciado Garcia de
Leon, que hasta entonces habia traido consigo, y le envio en un navio con hasta quince
o veinte soldados, a los cuales proveyo de los
indios de todos aquellos que se habian ido con Diego de Mora, y
juntamente envio al comendador de la Merced de aquella ciudad
para que en aquel mismo navio tomase consigo las mujeres de los
huidos, y las llevase a Panama a sus maridos para se las entregar;
y las que habia viudas enviaba senaladas personas con que se casasen; y si no
quisiesen, las llevasen con las otras a Panama; y
aunque para tan desordenada provision se daban diversas razones
y colores, la verdadera era quererse apoderar Gonzalo Pizarro, no
solamente de los indios de los huidos, pero tambien de sus casas
y granjerias, sin que estuviesen presentes las mujeres, que los habian de defender por la
mejor via que pudiesen, o a lo menos, les
habian de dar dellos alimentos y las cosas necesarias. Pues saliendo el licenciado Leon
con el navio, dende a pocos dias toparon con
el armada; y juntandose con ella, se redujeron al servicio de su majestad, unos porque
deseaban esta ocasion mucho tiempo habia,
otros porque no pudieron hacer menos sin que Lorenzo de Aldana
los justiciase; y enviaron al comendador de la Merced, por tierra,
a los Reyes, a hacer saber a Gonzalo Pizarro la razon de su venida,
y para que hablase so este color a las personas particulares en quien
conosciese buena intencion, avisandolos que se saliesen al puerto,
porque siempre acudirian los bateles a recoger gente. Sabido esto
por Gonzalo Pizarro, mando recoger al Comendador, y que no hablase ni tratase en
publico ni en secreto con ninguna persona, mostrando siempre muy gran queja de
Lorenzo de Aldana por la burla que le habia hecho, y diciendo que si el siguiera la
voluntad de
los principales de su campo le hubiera muerto mucho tiempo habia; y todos
publicamente le decian que el tenia la culpa por no lo
haber hecho. Y sabida tan a la clara la venida de la armada, y la
necesidad que tenian de prepararse para la guerra, que esperaban
que entre tanto que la armada subia desde Trujillo a los Reyes, que
aunque la distancia no es mas de ochenta leguas, la navegacion
dellas es de la dilacion que tenemos dicho, Gonzalo Pizarro comenzo a poner en orden
y juntar su gente y meterla debajo de banderas, porque hasta entonces la seguridad que
pensaba tener le habia
hecho descuidar; y asi, nombro nuevos capitanes y les repartio la
gente desta manera: senalo por capitanes de gente de caballo al
licenciado Carvajal y al licenciado Cepeda, porque le parescio que
estos estaban muy prendados en su favor. Y senalo por capitanes
de arcabuceros a Juan de Acosta y Juan Velez de Guevara y a Juan
de la Torre, y por capitanes de piqueros a Hernando Bachicao y a
Martin de Robles y a Martin de Almendras, y proveyose que Francisco de Carvajal
fuese maestre de campo, como hasta alli lo habia
sido, y que tuviese para su guardia cien arcabuceros de los que el
habia traido de los Charcas, que todos estaban bien encabalgados.
Tocaronse atambores para este efecto, y dieronse pregones para que
todos los estantes y habitantes de la ciudad, de cualquier suerte que
fuesen, se recogiesen a las banderas y fuesen a rescebir paga, so pena de muerte. Y
repartieronse las pagas entre los capitanes desta
manera: a los dos capitanes de caballos se dieron cincuenta mil
castellanos para que hiciesen cada uno cincuenta de caballo; demas de los cuales, se
pusieron debajo de sus estandartes muchos
mercaderes y personas pacificas, que, aunque se entendia que no
habian de pelear, se concerto con ellos que se librasen con dar cada uno unas armas y
un caballo, y asi las dieron; y otros que no
las tenian lo reducian a dineros. A Martin de Robles le dieron
veinte y cinco mil castellanos para ciento y treinta piqueros que
recogio, a Hernando Bachicao se dieron otros veinte mil castellanos para ciento y doce
piqueros, a Juan Velez de Guevarra se dieron otros veinte y cinco mil castellanos para
ciento y cuarenta arcabuceros, y otro tanto a Juan de Acosta para otros tantos
arcabuceros, y a Juan de la Torre se dieron doce mil castellanos para cincuenta
arcabuceros con que hacia guardia ordinaria a Gonzalo Pizarro, y a Martin de
Almendras se dieron otros doce mil castellanos para cuarenta y cinco piqueros.
Nombrose por alferez general
del estandarte a Antonio Altamirano, vecino y regidor de la ciudad
del Cuzco, con ochenta de caballo que le guardaban, y dieronsele
doce mil castellanos para socorro de algunas necesidades, porque
la gente de ninguna paga ni socorro tenia necesidad, por ser todos
vecinos y los mas ricos de la tierra. Luego sacaron todos sus banderas y hicieron resena
de la gente. El licenciado Cepeda saco en
su estandarte a nuestra Senora, el licenciado Carvajal puso a Santiago, el capitan
Carvajal saco la misma bandera que trajo en la
guerra de los Charcas; el capitan Guevara saco unos corazones con
una cifra dentro de ellos que decia: “Pizarro”, el capitan Bachicao
saco una cifra, que era una G grande revuelta en una P, que decia:
“Gonzalo Pizarro”, con una corona de rey encima; y asi los otros
de diferentes maneras, y en solo el estandarte habia las insignias
reales. Luego repartieron su guardia y velaron la ciudad de noche
con mucha diligencia; Gonzalo Pizarro entendia por su parte en
dar socorros a muchos soldados que no estaban debajo de bandera,
y a otros que estaban daba ventajas, demas de lo que habian rescebido, de a mil y a dos
mil castellanos, segun los meritos que el
conoscia de cada uno. Hizo resena general, y salio el a pie con la infanteria. Juntaronse
entre todos mil hombres tan bien armados
y aderezados como se han visto en Italia en la mayor prosp eridad,
porque ninguno habia, demas de las armas, que no llevase calzas
y jubon de seda, y muchos de tela de oro y brocado, y otros bordados y recamados de
oro y plata, con mucha chaperia de oro por
los sombreros, y especialmente por frascos y cajas de arcabuces.
Habia mucha cantidad de polvora; trato luego que todos los soldados se encabalgasen,
y para este efecto compro todas las yeguas
y machos y caballos que pudo haber, y muchos tomo sin paga. Gastose en toda la costa
numero de mas de quinientos mil castellanos.
Despacho a Martin Silveira para que fuese a la villa de Plata a
traer la gente y dineros que alli habia. Enviio a Antonio de Robles
al Cuzco para traer la gente que alli tenia Alonso de Hinojosa, su
teniente; escribio a Lucas Martin, teniente de Arequipa, que luego
se viniese con la gente de aquella villa; envio a mandar a Pedro
de Puelles, teniente de Quito, que acudiese con la gente de aquella
provincia; despacho para que los capitanes Mercadillo y Porcel,
dejadas las entradas en que entendian, trajesen toda la gente a Lima, y lo mismo el
capitan Saavedra, que era teniente de Guamanga; y desta manera fueron mensajeros a
todas partes, convocando la gente y enviando instrucciones para los capitanes de la
forma
en que la habian de traer, mandando en suma que no dejasen en
todas sus jurisdicciones armas ni caballo ni otro ningun aparejo
que diese ocasion a la gente de acudir al Presidente, justificando
con todos su causa por las mas coloradas razones que el podia,
diciendoles como habiendo el enviado al capitan Lorenzo de Aldana en nombre suyo y
de todo el reino a informar a su majestad
de todo lo sucedido en la tierra, se habia confederado con el Presidente, y venia contra
el con su misma armada, con que se le habia
alzado, la cual le costo mas de ochenta mil castellanos; y que, enviando su majestad al
Presidente para que entendiese en la quietud y sosiego del reino, de su propria autoridad
habia hecho gente,
y venia con toda la que habia podido juntar a castigar los que habian excedido en los
negocios pasados; y que pues todos habian entendido en ellos, mirasen que tanto le iba a
cada uno dellos
como a el, pues no habia habido nadie que no le tocase, y que el
perdon que decian que traia para los que le favoresciesen, era fingido, porque ya que
alguno hubiese, decia que perdonaba lo pasado, lo cual no comprendia la batalla y
muerte del Visorey, pues
sucedio despues de la partida del Presidente; y hasta que su majestad, informado de
todo, proveyese de nuevo, el se determinaba
resistir la entrada al Presidente, cuanto mas que el estaba informado de muchas
personas que se lo habian escrito de Espana, que
su majestad no enviaba al Presidente para quitarle la gobernacion,
salvo a que presidiese en la audiencia real, y que estaba el muy
cierto dello, porque Francisco Maldonado, a quien el habia enviado a su majestad, se lo
habia escrito, y que lo mismo habia dado a
entender el mismo Presidente en la carta que le escribio con Pedro
Hernandez Paniagua, sino que despues sus mismos capitanes le habian enganado y
hechole entrar en la tierra con mano armada; de
lo cual seria su majestad muy deservido cuando lo supiese; y pretendia fundar por estas
y otras razones que el Presidente habia
cometido gran delito en detener los mensajeros, y que por ello se
le podia hacer justamente la guerra.
362014 CAPITULO XII
362015 Como se acordo que el licenciado Carvajal fuese a correr la costa
con cierta gente, y despues no lo enviaron por tenelle por sospechoso
362018 En este tiempo Gonzalo Pizarro y su maestre de campo y otros
que le aconsejaban, determinaron buscar nueva forma para justificar su causa con los
soldados y con el pueblo, y esta fue, que llamando todos los letrados que habia en
aquella ciudad de los Reyes, les propuso el delito que decian haber cometido el
Presidente
en el detenimiento de los navios, y entrar en la tierra con gente de
guerra, contra la comision y mandato que de su majestad traia,
persuadiendoles que seria justo y conforme a justicia hacer proceso contra el Presidente
y contra sus capitanes y los demas que
le seguian; y los letrados, no osando contradecir la voluntad de
Gonzalo Pizarro, concedieron en ella; y asi, se hizo el proceso, y
dende a pocos dias ordeno una sentencia, cuya sustancia era: que,
vistos los delitos que resultaban de aquella informacion contar el
licenciado de la Gasca y sus capitanes, hallaba que le debia condenar y condenaba a
que le fuese cortada la cabeza, y Lorenzo de Aldana y Hinojosa fuesen hechos cuartos;
y desta manera condenaron a cada capitan en el genero de muerte que le parescia; la
cual
sentencia hizo firmar al licenciado Cepeda, oidor, y enviandolo a
firmar a los otros letrados, uno dellos, llamado el licenciado Polo
Hondegardo, natural de Valladolid, fue a Gonzalo Pizarro, y le dijo que no convenia
pronunciarse aquella sentencia, porque podria
ser que sus capitanes que ayudaban al Presidente se quisiesen despues reducir, lo cual
no osarian hacer si supiesen que estaban tan
cruelmente condenados, y que, demas desto, el Presidente era clerigo de misa, y que
incurrian en pena de excomunion mayor los que
firmasen tal sentencia. Y con estas razones se sobreseyo y no se
acabo de despachar. En este tiempo tuvo Gonzalo Pizarro noticia
como los navios de Lorenzo de Aldana eran salidos de Trujillo y
venian la costa arriba, y luego proveyo que Juan de Acosta fuese
con cincuenta arcabuceros de caballo a correr la costa y estorbarles que no tomasen
agua en los puertos; y asi fue hasta la ciudad
de Trujillo, donde estuvo un solo dia, temiendo que Diego de Mora
vernia sobre el desde Caxamalca, y tambien porque supo que los
navios estaban en el puerto de Santa; y determino ir alla, y de su
venida tuvo noticia Lorenzo de Aldana por ciertos espanoles que
en balsas le dieron aviso dello; y hizo una emboscada de ciento y
cincuenta arcabuceros, que estaban escondidos en unos canaverales por donde Juan de
Acosta habia de pasar, de lo cual el iba bien
descuidado si no topara ciertas espias de la armada, y queriendolos
ahorcar, le descubrieron la celada y le avisaron que si, dejando
aquel camino, tomaba el de la mar, toparia algunos marineros que
estaban tomando agua, y los envio presos a Gonzalo Pizarro; y
aunque los de la emboscada lo sintieron, no fueron parte para quitarles la presa, por
estar a pie, y sus contrarios a caballo, y ser
la tierra muy arenosa; y con tanto, se torno Juan de Acosta al
puerto de Guaura, y espero alli lo que Gonzalo Pizarro mandaba,
el cual rescebio muy bien los presos, y les restituyo sus armas y los
mando dar de vestir y posadas, y los asento a cada uno en la compania que quiso, y
dellos tuvo entera relacion de la gente que venia en la armada y de todo lo demas
sucedido en Panama, y de los
socorros por que el Presidente habia enviado a diversas partes de
las Indias; y dellos tambien supo como Lorenzo de Aldana habia
echado en tierra a fray Pedro de Ulloa, fraile dominico, en habito
de lego, para que publicase por todas partes el perdon; y enviandolo a buscar, le
hallaron; y traido a Gonzalo Pizarro, le hizo meter en una sima que tenia hecha junto al
alberca de su huerta, donde habia abundancia de sapos y culebras, hasta que con la
ocasion
de la venida del armada se solto, como adelante se dira. Y luego se
determino que el licenciado Carvajal fuese con trescientos arcabuceros de caballo y con
la gente de Acosta la costa abajo hasta llegar a Caxamalca y deshacer a Diego de Mora.
El licenciado se aderezo para ello, y teniendo toda su gente apercebida para se partir,
otro dia de manana el maestre de campo Carvajal hablo a Gonzalo
Pizarro, y le dijo que en ninguna manera le convenia que el licenciado Carvajal hiciese
aquella jornada, porque no tenia del entera
confianza, y que si hasta entonces le habia seguido era para efecto
de vengarse del Visorey, lo cual ya estaba hecho, para que se acordase que todos sus
hermanos eran criados de su majestad, especialmente el obispo de Lugo, que le servia
en cargos tan preeminentes,
y que no creyese que se atreveria a tener la opinion contraria de
todos ellos, cuanto mas que debia tener memoria como le tuvo
preso sin causa ninguna y puesto en terminos que lo hicieron confesar y hacer
testamento para le matar. Con las cuales razones hizo mudar de parescer a Gonzalo
Pizarro, y en su lugar envio al mismo Acosta, con doscientos y ochenta hombres, que
fuese a hacer
lo que estaba cometido al licenciado Carvajal; y llegado camino
de Trujillo a la Barranca, que es veinte y cuatro leguas de los Reyes, no paso de alli por
lo que adelante se dira. En este tiempo el
capitan Saavedra, teniente de Guanuco, rescibio cartas de Lorenzo
de Aldana, en que le persuadia se redujese al servicio de su majestad; y determinado
hacerlo asi, so color de juntar su gente para
acudir con ella a Gonzalo Pizarro (porque, como esta dicho, le habia enviado a llamar
con Hernando Alonso, vecino de aquella villa), y salio con ellos, diciendoles su
voluntad de ir a servir a su majestad, y todos se ofrescieron a lo seguir, excepto tres o
cuatro,
que se le huyeron y fueron a dar noticia de lo que pasaba a Gonzalo Pizarro, y el envio
treinta soldados con un capitan que destruyese y talase el pueblo; y cuando ellos
llegaron, los indios de la tierra se habian alzado por mandado de sus amigos, y estaban
de guerra, y defendieron la entrada a los espanoles, los cuales se tornaron a los Reyes,
recogiendo las yeguas y ganados que pudieron haber. El capitan Saavedra, con hasta
cuarenta de caballo que le quisieron seguir, llego a Caxamalca, y se junto con Diego de
Mora y
con los demas que estaban alli en servicio de su majestad.
365001 CAPITULO XIII
365002 De como Antonio de Robles fue al Cuzco por teniente, y Diego
Centeno salio de la cueva y junto gente, y fue sobre el y le mato, y tomo la ciudad
365005 Llegado Antonio de Robles al Cuzco, a quien, como arriba tenemos dicho,
Gonzalo Pizarro enviaba por capitan general a aquella ciudad, Alonso de Hinojosa, que
hasta alli lo habia sido, le entrego la jurisdiccion y el ejercito, aunque no pudo dejar de
recebir desabrimiento dello, segun se creyo; Antonio de Robles comenzo a recoger toda
la gente y dineros que pudo, y saliendo con
ella hasta Xaquixaguana, que son cuatro leguas del Cuzco, tuvo
alli nuevas como, despues de haber estado Diego Centeno por mas
de un ano escondido en una cueva (como arriba esta dicho), tuvo
alli noticia de la venida del Presidente y de las cosas mas senaladas que en la tierra
pasaban, por lo cual salio luego y comenzo a
recoger alguna gente de los que con el habian andado, que estaban
escondidos en arcabuzos, por huir de la furia de Gonzalo Pizarro
y de su maestre de campo; y asi, se le juntaron hasta cuarenta
hombres, y algunos dellos en los caballos que habian quedado, y
los demas a pie y no tan bien armados como era necesario, y determino dar un asalto en
el Cuzco con tanto animo como si llevara
quinientos hombres. Los principales que con el iban eran Luis de
Ribera y Alonso Perez de Esquivel y Diego Alvarez y Francisco Negral y Pedro Ortiz
de Zarate y Domingo Ruiz, clerigo (a quien comunmente llamaban el padre vizcaino), y
desta manera camino
hasta llegar cerca del Cuzco. Tuvose por cierto que algunos principales de la ciudad,
por salir de la sujecion de Antonio de Robles,
que era hombre de baja suerte y entendimiento y de poca edad, escribieron a Diego
Centeno que viniese a esta empresa, que ellos le
harian espaldas como tuviese buen suceso; y otros afirmaban que
el mismo Hinojosa, sentido de lo que Gonzalo Pizarro con el habia
hecho, le envio a ofrescer su favor; y debese creer lo uno o lo otro,
porque, a no ser asi, fuera gran temeridad la de Diego Centeno,
acometer a tomar una ciudad en que por lo menos habia quinientos soldados a punto de
guerra, sin los vecinos, que los mas dellos
llevaban las dagas atadas en puntas de varas por falta de lanzas o
picas. Como quier que fuese sabido por Antonio de Robles la venida de Centeno, se
torno al Cuzco y se comenzo a apercebir, y cuando supo que estaba una jornada de alli,
se puso en arma, juntando un escuadron de trescientos hombres en la entrada de la
plaza,
y envio a correr el campo a Francisco de Aguirre, hermano de Perucho de Aguirre, a
quien dijimos haber ahorcado el capitan Carvajal, y el se fue a topar con Diego Centeno,
y alli se junto con el,
dandole relacion de todo lo que pasaba, y en la noche, que fue
vispera de Corpus Christi del ano de 47, le metio por otra calle diferente, por donde
estaba hecho el escuadron, y dieron en el por un
lado con tanto animo como quien iban determinados de vencer o
morir; y como era de noche y el ruido muy grande, no se entendian
los unos ni los otros; tanto, que entre los del Cuzco se mataban
ellos mismos, por no tener espacio de preguntar el nombre. A Diego Centeno le sucedio
bien para este efecto un ardid de que uso,
que fue quitar los frenos a los caballos que llevaba, y echarlos por
la calle donde estaban hecho el escuadron, con indios tras ellos que
los amenazasen; y como iban corriendo a toda furia, primero desbarataron y rompieron
por la gente, que tuviesen lugar de matarlos ni aun de entender si venia alguno encima
dellos. Lo cual parescio mucho a lo que hizo aquel capitan de Cartago, que estando
cercado en un valle, busco salida echando los toros delante y vacas que tenia, con haces
de paja encendida atados y a los cuernos;
finalmente, que Diego Centeno y los suyos pelearon con tanto animo, que los del
Cuzco se desbarataron y huyeron, quedando Centeno con tanta gloria, que pocas veces
se ha visto tan pequeno numero de gente vencer a tantos, especialmente dentro de su
propria
ciudad, que peleaban (como suelen decir los historiadores) por
sus fuegos y altares. Tuvose por cierto que los que primero huyeron fue alguna gente de
Alonso de Hinojosa, a quien el lo habia
asi mandado; pero ni ellos lo dicen, por no confesar su cobardia,
ni Centeno lo admite, por no disminuir la victoria. Luego fue Diego Centeno elegido
por capitan general del Cuzco en nombre de
su majestad, y otro dia corto la cabeza a Antonio de Robles publicamente y repartio
entre la gente hasta cien mil pesos que alli hallo de Gonzalo Pizarro, haciendoles a
todos buen tratamiento. Nombro por capitanes de infanteria a Pedro de los Rios y a Juan
de
Vargas, hermano de Garcilaso, y de gente de caballo al capitan
Negral, y hizo su maestre de campo a Luis de Ribera. Y asi salio
del Cuzco con hasta cuatrocientos hombres la via de la villa de Plata, con intencion de
requerir a Alonso de Mendoza, que alli tenia
la tierra por Gonzalo Pizarro, que se redujese al servicio de su majestad; donde no,
tomar la villa por fuerza de armas. En esta sazon Lucas Martin, a quien Gonzalo Pizarro
envio a Arequipa por
la gente que alli habia, salio para le llevar ciento y treinta hombres a la ciudad de los
Reyes, y cuatro leguas de Arequipa su misma gente le prendio, y tomando por capitan a
Hieronimo de Villegas, siguieron su camino hasta juntarse con Diego Centeno, que
estaba en el Collao, aguardando los conciertos que era ido a tratar Pedro Gonzalez de
Zarate, maestreesc uela del Cuzco, y hallo
que era ya llegado a los Charcas Juan de Silveira, sargento mayor
de Gonzalo Pizarro, a quien tenemos dicho que envio por la gente de aquella provincia,
habiendo ahorcado cinco o seis hombres
en el camino de los que habian seguido a Diego Centeno, y tenia
juntos hasta trescientos hombres, y lo que dellos sucedio se dira
adelante.
367021 CAPITULO XIV
367022 Como Gonzalo Pizarro envio a llamar a Juan de Acosta para que
fuese sobre Diego Centeno al Cuzco, y degollo a Antonio Altamirano y a Lorenzo
Mejia, y el juramento que hizo hacer a los
vecinos de los Reyes
367026 Llegando a Gonzalo Pizarro las nuevas de todo lo sucedido
en el Cuzco, y el alzamiento de Centeno y muerte de Antomio de
Robles, y viendo por algunas conjecturas que para ello tenia, que
la gente de San Miguel habia alzado bandera por su majestad, y
que los capitanes Mercadillo y Porcel se habian juntado con Diego
de Mora en Caxamalca, por manera que no le quedaba sino solamente la gente que
tenia en los Reyes y la de Pedro de Puelles, que
estaba en Quito, de quien el tenia seguridad no le faltaria, determino enviar sobre Diego
Centeno al capitan Juan de Acosta con
la gente que tenia y con la que mas fuese menester, con determinacion de seguirle con
todo el resto de su campo, que eran novecientos hombres, y entre ellos los vecinos mas
principales de la
provincia, y con ellos allanar la tierra de arriba y despues hacer
la guerra a todos los demas, y cuando se viese muy apretado irse
al descubrimiento del rio de la Plata o al de Chili, o a otros muchos que tenian las
entradas por la parte superior de la tierra; y
esto se entendia por diversas muestras que para ello daba, aunque
no mostro tan poco animo que lo dijese a nadie; y asi, envio a llamar a Juan de Acosta;
y como su gente vio tan gran nove dad, se
alborotaron, y huyeron siete o ocho dellos, llevando por cabeza a
Hieronimo de Soria, vecino del Cuzco, y se huyeran muchos mas
si no los previniera cortando la cabeza a Lorenzo Mejia, yerno del
conde de la Gomera, y a otro soldado de quien tuvo sospecha que
se queria ir, y a otros trajo presos a los Reyes; y pocos dias antes
que llegase, paresciendole a Gonzalo Pizarro que Antonio Altamirano, vecino y regidor
de la ciudad del Cuzco y alferez general de
su campo, andaba tibio en los negocios, sin que del supiese contradicion ni sospecha
senalada le hizo dar garrote una noche y despues le ahorco publicamente en el Rollo,
repartiendo todos sus
bienes, porque era de los mas ricos de la tierra; y dio el estandarte real a don Antonio
de Ribera, que poco antes habia venido de
Guamanga con hasta treinta hombres y algunas armas y bestias
que habia recogido de los vecinos que alli quedaron. Pues viendo
Gonzalo Pizarro que sus negocios se empeoraban cada dia, y que
no le quedaba ya mas fuerza de la que tenia en los Reyes, con no
tener pocos dias antes contradicion en todo el reino, y que si venian a noticia de la
gente que le quedaba las provisiones y el perdon y revocacion de ordenanzas que traia el
Presidente (lo cual
hasta entonces no habia querido mostrar a nadie), todos le dejarian, determino buscar la
mejor forma que pudo para asegurarse dellos; y esto fue, que hizo juntar todos los ve
cinos y personas
senaladas en su posada, y les hizo proponer el gran cargo en que
todos le eran por haberse puesto en tantas guerras y trabajos por
defenderles sus haciendas, que tenian y poseian por mano del marques don Francisco
Pizarro, su hermano, y que mirasen cuan justificada tenian su causa por haber enviado
mensajeros a dar cuenta
a su majestad de todo lo sucedido en la tierra para esperar la provision despues de ser
informado de todo; los cuales mensajeros habia detenido el Presidente en Panama, y se
habia concertado con
sus capitanes y tomandole su armada, que le habia costado muy
gran cantidad de pesos de oro; lo cual hacia por su particular interese, pues estaba
notorio que si trajera provision o orden de su
majestad para hacer guerra se la enviara con Pedro Hernandez
Paniagua; y que, no contento con todo aquello, le entraba en su
jurisdiccion y le hacia guerra y echaba por el reino cartas muy
perjudiciales, como era notorio. Por lo cual el tenia determinado
resistir la entrada, lo cual a cada uno de todos convenia como a
el; pues estaba claro que gobernando la tierra por rigor de justicia, habia de tomar
cuenta de tantas batallas y muertes y robos
como habian sucedido; y conforme a esto, tanto interes le iba a
cada uno dellos como a el mismo; y que hasta entonces habian tratado de la defensa de
las haciendas, y que de alli adelante se trataba de las honras y personas y haciendas, y
que a el le habia parescido hacerlos juntar donde estaban, para que, entendido el negocio
y su determinacion, cada uno le diese su parescer sobre lo
que pretendia hacer, libremente, porque el les prometia como caballero hijodalgo, y si
menester era, lo juraba solemnemente, que
no les vernia dano en sus personas ni en sus bienes por cualquier
determinacion que tomasen, salvo dejallos ir libremente donde quisiesen, y que a quien
paresciese seguirle se lo dijese claro, porque
se lo habia de prometer y firmar de su nombre y que les apercibia
que mirase cada uno lo que prometia, porque el que quebrantase
su palabra habiendosela dado, o le viese tibio en los negocios hasta la conclusion de la
guerra contra quien quiera que la hiciese, le
cortaria la cabeza, y que bastaria muy poca sospecha para ello.
Luego todos le dijeron juntamente que le seguirian y harian todo
lo que les mandase con toda su posibilidad, y que pornian en ello
sus personas y haciendas y vidas; otros, pasando mas adelante,
decian que perderian las animas por su servicio, y todos daban
grandes razones para fundar la justificacion de la guerra, encaresciendo la merced que
Gonzalo Pizarro les hacia en tomar a su
cargo esta empresa; y otros decian otras vanidades y lisonjas, no
dignas de escrebirse, por contentar y asegurar al tirano. Y luego
Gonzalo Pizarro saco escrita en un papel mas a la larga esta proposicion, y hizo que el
licenciado Cepeda jurase al pie della de la
cumplir, y obedescer a Gonzalo Pizarro en todo cuanto le mandase, y se lo mando
firmar, y tras el firmaron todos los demas. Y hecho esto, se acordo que Juan de Acosta
se partiese la via del Cuzco
por la sierra con trescientos hombres, de los cuales fue por maestre de campo Paez de
Soto-Mayor, y por capitan de gente de a caballo Martin Dolmos, y por capitan de
arcabuceros Diego de Gumiel, y
de piqueros Martin de Almendras, y dieron el estandarte a Martin
de Alarcon; y desta manera prosiguio su camino la via del Cuzco contra Diego
Centeno.
370007 CAPITULO XV
370008 De como Juan de Acosta acabo de sacar su gente para el Cuzco, y
de lo que Gonzalo Pizarro hizo en la llegada de los navios del
Presidente al puerto de los Reyes
370011 Teniendo Juan de Acosta su gente en orden y apercebida de
todo lo necesario, la saco de la ciudad de los Reyes, y camino la via
del Cuzco por el camino de la sierra, y en este tiempo Gonzalo Pizarro tuvo nuevas que
la armada de Lorenzo de Aldana habia parecido quince leguas del puerto de los Reyes;
y despues de haber
consultado el negocio con sus capitanes, se acordo que Gonzalo
Pizarro sacase de la ciudad toda la gente y se fuese a poner cerca
de la mar con ella, temiendo que si una vez llegasen los navios al
puerto habria tan grande turbacion en la ciudad por la priesa de
lo que se habia de proveer que ternian lugar los que quisiesen de
irse a embarcar, o que faltaria tiempo para compeler a que saliesen los que estuviesen
sin determinarse; y asi se hizo, dandose
muchos pregones para que ninguno, de cualquier oficio o edad
que fuese, se quedase en la ciudad, so pena de muerte, apercibiendo que habia de cortar
la cabeza a quien se quisiese quedar; y para este efecto iria el delante, y dejaria en la
ciudad al Maestre de
campo con cien arcabuceros para ejecutar la pena de los pregones.
Andaba la gente tan asombrada con el temor de la muerte, que no
se podian entender ni tenian animo para huir; y algunos que hallaron mejor aparejo se
escondieron por los canaverales y cuevas,
enterrando sus haciendas. Y habiendo Gonzalo Pizarro de salir
otro dia con la gente que pudiese llevar, se descubrieron en el puer
to de los Reyes tres velas, con lo cual se alboroto la gente y se comenzo a tocar arma, y
Gonzalo Pizarro salio de la ciudad con todos
los que pudo llevar, y asento su real en medio del camino; por manera que estaba una
legua de la mar y otra de la ciudad, por hacer
rostro a que los de la mar no saltasen en tierra, y impedir que los
suyos no se fuesen a embarcar, y tambien porque no paresciese
que desamparaba la ciudad, y porque antes que se apartase della
queria saber la intencion de Lorenzo de Aldana, y tentar si por negociacion o cautela se
podia tomar la armada, pues no habia otro
remedio para resistirles que no tomasen puerto; porque uno de
los capitanes de Gonzalo Pizarro habia echado a fondo cinco navios que estaban surtos
en el puerto en contradicion de los principales del real; y con esta determinacion se
junto toda la gente de
pie y de caballo en la plaza de los Reyes, y Gonzalo Pizarro salio
con sus banderas tendidas con hasta quinientos y cincuenta hombres, y fue a asentar su
real en el asiento ya dicho, y proveyo que
ocho de caballo se estuviesen en celada junta a la mar, para que
ningun soldado de los navios que hubiese saltado en tierra pudiese
tornar ni echar cartas ni hacer otra diligencia; y asi estuvieron
hasta otro dia, que Gonzalo Pizarro proveyo que Juan Hernandez,
vecino de los Reyes, fuese en una balsa a los navios y dijese a Lorenzo de Aldana que
ie enviase un caballero de los suyos, y que el
se quedaria en rehenes, para tratar la razon de la venida. Y como
Juan Hernandez parescio solo en la costa, luego de la armada enviaron a Juan Alonso
Palomino en un batel, que le rescibio y le
llevo a la nao capitana, donde entendido por Lorenzo de Aldana lo
que queria, envio al capitan Pena, dejando en su poder a Juan
Hernandez; y Gonzalo Pizarro mando que Pena no entrase en el
real hasta de noche, porque no pudiese hablar con nadie; y entrando en su toldo, le dio
el poder del Presidente y el perdon general que su majestad hacia, y la revocacion de las
ordenanzas; y
dijo de palabra lo mucho que aquel reino ganaba en obedescer lo
que su majestad enviaba a mandar, y que su real voluntad no era
que el gobernase, y que para ello enviaba al Presidente con poderes
tan bastantes, sabiendo lo sucedido en la tierra. A lo cual le respondio que p rometia de
hacer cuartos a todos cuantos venian en
el armada, y castigar al Presidente por su atrevimiento; encaresciendole la gran traicion
que le habia hecho en detener sus procuradores, y tambien la de Lorenzo de Aldana en
venir contra el, habiendole el enviado y dado dineros con que fuese a Espana. Y dicho
esto y otras muchas cosas, todos los capitanes se salieron fuera, y Gonzalo Pizarro se
quedo solo con el capitan Pena; y despues
de haber tratado con el muy a la larga sobre la justificacion de
sus negocios, le prometio cien mil castellanos si diese forma como pudiese tomar el
galeon de la armada, en quien estaba toda la
fuerza della. Pena le respondio que no era el persona que por ningun interes habia de
hacer semejante traicion, ni el le deberia cometer sobre ello; y asi, aquella noche le
entregaron a don Antonio
de Ribera para que durmiese en su toldo, sin dejarle hablar con
persona ninguna; y a la manana se torno a la armada, y vino Juan
Fernandez en tierra, con determinacion y promesa de servir a su
majcstad en todo lo que pudiese. Y paresciendole a Lorenzo de
Aldana que todo su buen suceso consistia en traer a noticia de los
soldados el perdon de su majestad, se dio orden como se hiciese
por mandado de Juan Fernandez, con una cautela tan avisada como peligrosa, y esta
fue, que Lorenzo de Aldana le dio todos sus
despachos duplicados, y cartas para algunas personas senaladas
del campo; y escondiendo las unas en los borceguies, trajo las
otras a Gonzalo Pizarro, y tomandolo aparte, le dijo como Lorenzo de Aldana le habia
persuadido que publicase el perdon en el
campo, y que el le habia tomado con todos los otros despachos,
asi para entretener a Lorenzo de Aldana con esperanza que el lo
habia de hacer, como para traerle los despachos y que los viese;
dando a entender Juan Fernandez que no sabia que hasta entonces hubiesen venido a
noticia de Gonzalo Pizarro, ni el lo habia
dicho jamas. Gonzalo Pizarro le agresdecio mucho su buen aviso,
concibiendo del gran credito, y luego tomo todos los despachos, haciendo grandes
amenazas y juramentos de castigar muy asperamente a quien los habia enviado, como lo
habia hecho a los demas
que hasta entonces le habian ofendido; y luego Juan Fernandez,
debajo desta seguridad, pudo dar algunas de las cartas que traia,
y otras hizo perdidizas, por manera que vinieron a noticia y poder
de sus duenos; y asi estuvo Gonzalo en el real miercoles y jueves
siguiente, sin acontescer otra novedad.
372033 CAPITULO XVI
372034 Como se huyeron algunas personas del real de Gonzalo Pizarro, y
de lo que enviando en pos dellos acontescio
372036 Cuando Gonzalo Pizarro salio de los Reyes para ir a asentar
el real en el campo, dejo por alcalde de aquella ciudad a Pedro
Martin de Cicilia, que le habia seguido desde el principio con gran
aficion. Era este Pedro Martin hombre viejo, de edad de setenta
anos, pero muy robusto, recio, cruel y poco temeroso de Dios; villano, natural del lugar
de don Benito, tierra de Medellin. A este
dejo por orden que a cualquiera que hallase haberse quedado en
la ciudad o que se viniese del real, no mostrando licencia suya, luego sin ninguna
dilacion le ahorcase; lo cual el guardo tan precisamente, que a un hombre que topo, aun
no aguardo a ahorcarle, sino que el por su propia mano le dio de punaladas; y traia tras
si
al verdugo cargado de cabestros, jurando que ninguno toparia a
quien no ahorcase; y algunos venian del real con licencia de Gonzalo Pizarro a
proveerse de lo necesario. En este tiempo vinieron
con esta licencia a la ciudad ciertos vecinos a proveerse de lo que
habian menester, los principales de los cuales eran Nicolas de Ribera, regidor y vecino
de los Reyes, y Vasco de Guevara y Hernan
Bravo de Lagunas, y Francisco de Ampuero y Diego Tinoco, y Alonso Ramirez de
Sosa y Francisco de Barrio-Nuevo, y Martin de Meneses y Diego de Escobar, y otros
algunos salieron con sus armas
y caballos la via de Trujillo, y luego que fueron vistos por las espias dieron mandado a
Gonzalo Pizarro, y el proveyo que el capitan Juan de la Torre los siguiese con algunos
arcabuceros a caballo, el cual los siguio por espacio de ocho leguas, hasta que topo
con Vasco de Guevara y Francisco de Ampuero, que se habian quedado en la
retaguardia para dar aviso a los delanteros de lo que sucediese; y ellos, viendose en
aprieto, se defendieron animosamente,
y por ser de noche no los pudieron herir los arcabuceros, y al fin
huyeron. Y como Juan de la Torre y los suyos traian los caballos
cansados de lo mucho que habian corrido en su seguimiento, no
los pudieron alcanzar. Y asi, Juan de la Torre se volvio, considerando que aunque
alcanzase juntos a los huidos, seria el poca parte para danarlos, y que eran personas de
calidad, que antes se dejarian matar que venir en su poder; y volviendose al real, topo
a Hernan Bravo de Lagunas, que, por no salir junto con los demas
o por otra causa, se quedo rezagado, y llevandole a Gonzalo Pizarro, le mando ahorcar.
Y sabiendo de la prision dona Ines Bravo,
mujer de Nicolas de Ribera, uno de los huidos, que era su prima
hermana, llevando consigo a su padre, se fue al real de Gonzalo Pizarro, donde se hinco
de rodillas delante del y le pidio con muchas lagrimas la vida de Hernan Bravo; y
aunque al principio le
fue denegada, despues cargaron tanto los capitanes de Gonzalo Pizarro en el negocio, y
ella hizo tan grande instancia, que al fin le
fue otorgado por ser ella de las mas hermosas y honradas mujeres
de la tierra. Hacese mencion deste paso, asi porque lo merescio
el animo desta senora, como para apuntar que, entre todos los que
hicieron alguna cosa contra Gonzalo Pizarro durante su tirania,
ninguno quedo sin castigo, sabiendolo el, sino solo este Hernan
Bravo. Y acontescio sobre el perdon otro paso digno de ser referido: que un capitan del
mismo Gonzalo Pizarro, llamado Alonso
de Caceres, que se hallo junto a el al tiempo que concedio la vida a
Hernan Bravo, le beso en el carrillo, diciendo a grandes voces:
“|GOh principe del mundo, mal haya quien te negare hasta la muerte!”. Como quiera
que dentro de tres horas el y el mismo Hernan
Bravo y otros algunos se huyeron; lo cual se tuvo por cosa maravillosa, porque parecia
que aun no habia tenido tiempo Hernan
Bravo para respirar del trance en que se habia visto, teniendo la
soga a la garganta. Con la huida desta gente se causo gran alboroto
en el real, porque entre ellos habia personas que habian seguido
a Gonzalo Pizarro desde el principio y metido con el grandes prendas, y en que nunca
se puso sospecha que le habian de faltar; y
con esto Gonzalo Pizarro estaba tan alterado, que no habia nadie
que se osase parar delante; y mando a las guardas que al que tomasen fuera del real le
alanceasen luego; y aquella misma
noche el capitan Martin de Robles envio a avisar a Diego Maldonado, regidor del
Cuzco (llamado comunmente el Rico), que Gonzalo
Pizarro le queria matar, y que asi lo habia consultado con sus capitanes; lo cual el tuvo
por cierto, asi porque fue uno de los que
se pasaron a servir al Visorey desde el Cuzco, como porque, despues de perdonado
sobre esto, yendo con Gonzalo Pizarro a Quito
a la guerra del Visorey, le dio un muy recio tormento sobre sospecha que habia sido en
escribir una carta que se echo a los pies de
Gonzalo Pizarro, en que se le decian muchas verdades de que a el
le peso, como quiera que despues parescieron los que entendieron
en aquel negocio; y tambien por haber muy estrecha amistad entre el y Antonio
Altamirano, a quien Gonzalo Pizarro habia justiciado, como esta dicho; y con esta
credulidad, sin esperar a que le
ensillasen caballo (caso que los tenian muy buenos), y sin decirlo
a ningun criado suyo, se salio luego de su toldo con sola su capa
y espada, con ser hombre de edad, y camino a pie toda la noche
hasta llegar a unos canaverales, donde se pudo esconder, junto a
la mar, tres leguas de donde estaban los navios; y temiendo que
por la manana le irian a buscar, se descubrio a un indio con quien
topo, y le hizo hacer una balsa de solo una haz de pajas, y puesto
en ella con el indio, que remaba con un palo, se fue a los navios
con muy gran peligro de su vida, porque cuando llego ya iba casi
deshecha la paja y a punto de ahogarse. Luego por la manana Martin de Robles fue al
toldo de Diego Maldonado, y como no le hallo,
se fue a Gonzalo Pizarro y le dijo como Diego Maldonado era huido, y que le parescia
que, pues veia la dimi nucion de su campo, debia alzar de alli el real y caminar hacia
donde teni a intento de ir,
sin dar licencia a persona alguna para que fuese a la ciudad, porque todos se huirian; y
por evitar que la gente de la compania de
Martin de Robles no se lo pidiese, el queria ir con algunos dellos
que estaban desproveidos a la ciudad, para que en su presencia se
proveyesen de lo necesario, sin perderlos de vista; y que de camino pensaba ir a sacar
del monasterio de Santo Domingo a Diego
Maldonado, porque le habian dicho que estaba alli retraido, y se
le traeria para que, justiciandole publicamente, nadie se atreviese
a huir. A Gonzalo Pizarro le parecio que Martin de Robles decia
bien y confiandose del por las muchas prendas que habia metido
en aquellos negocios, le mando que asi lo hiciese; y tomando ante
todas cosas los caballos de Diego Maldonado y los suyos propios,
llevo consigo a todos los de su compania de quien el se fiaba, y en
llegando a la ciudad de los Reyes, se salio con hasta treinta de caballo la via de Trujillo,
publicamente, diciendo que iba en busca del
Presidente, y que Gonzalo Pizarro era tirano, y que todos debian
ir a servir a su majestad.
375028 Luego llegaron estas nuevas al campo, donde fue tanto el alboroto que hubo,
que parecia imposible aquel dia no huirse todos
o matar a Gonzalo Pizarro, el cual lo apaciguo lo mejor que pudo,
mostrando tener en poco todos los que se le habian huido, y determino levantar el real
otro dia por la manana, y aquella noche huyo
Lope Martin, vecino del Cuzco, saliendo a vista de todo el real, y
por la manana mando Gonzalo Pizarro que la gente caminase hasta una acequia dos
leguas de alli, y puso muchas guardias y corredores para que nadie se pudiese huir,
paresciendole que toda la
dificultad estaba en sacar la gente doce leguas de la ciudad de los
Reyes; y mando al licenciado Carvajal que estuviese en vela toda
la noche para que nadie se fuese, y cuando sintio que la gente estaba sosegada, el
licenciado Carvajal se fue la vuelta de la ciudad de los
Reyes, y de ahi camino de Trujillo, yendo con el Polo Hondegardo
y Marcos de Retamoso, su alferez, y Pedro Suarez de Escobedo y
Francisco de Miranda y Hernando de Vargas, y otros muchos de
su compania. Y pocas horas despues se fue el capitan Gabriel de
Rojas, a quien Gonzalo Pizarro habia dado el estandarte, por dejar a don Antonio de
Ribera (de quien el mucho se fiaba) en guarda de la ciudad; y con Gabriel de Rojas se
huyeron Gabriel Bermudez y Gomez de Rojas, sus sobrinos, y otras muchas personas de
calidad, sin que nadie lo sintiese, porque estaba desembarazado el
cuartel donde velaba el licenciado Carvajal. Sabido a la manana
por Gonzalo Pizarro lo que pasaba, lo sintio como era razon, especialmente la ausencia
del licenciado Carvajal; haciendo grandes
conjeturas sobre que podria haber sido la causa de su desabrimiento, y culpabase a si
por haberle quitado la jornada adonde envio
a Juan de Acosta, creyendo quedar sentido desde entonces; y arrepentiase mucho por
no haberle casado con dona Francisca Pizatro, su sobrina, hija del Marques, como lo
trato algunas veces, porque con esto le obligaria a nunca dejarle; y los soldados
comenzaron a desmayar con la ida del licenciado Carvajal, considerando
que, pues el se iba, sabiendo todos los secretos de Gonzalo Pizarro y
habiendo metido tantas prendas en su favor, especialmente sobre la
muerte del Visorey, y dejando en el campo mas de quince mil pesos en caballos y oro y
plata, que luego fueron repartidos, que debia estar muy de quiebra el negocio de Pizarro,
asi en la fuerza
como en la justificacion, y los mas determinaban irse; y llego a
tanta rotura el negocio, que otro dia, yendo marchando el campo,
a vista de todos y del mismo Gonzalo Pizarro pusieron las piernas
a los caballos dos soldados, el uno llamado Juan Lopez y el otro
Villadan, dando voces y apellidando la voz de su majestad, y que
muriese Gonzalo Pizarro, que era tirano; lo cual hicieron confiados en llevar buenos
caballos; y era tanto lo que ya se recelaba
Gonzalo Pizarro de todos, que a nadie consintio que los siguiese,
temiendose que todos se le huirian; y asi, se dio gran priesa a caminar por los llanos la
via de Arequipa, huyendosele en el camino
muchos soldados y arcabuceros, caso que en tres o cuatro dias
ahorco hasta diez o doce personas senaladas, de quien tuvo sospecha que se querian ir,
sin dejarlos confesar. Y llego a terminos, que
ya no llevaba mas de doscientos hombres, recelandose siempre no
le diesen alguna arma fingida con que se le acabase de pasar toda
la gente; y asi llego a la provincia de la Nasca, que son cincuenta
leguas de los Reyes.
377004 CAPITULO XVII
377005 Como la ciudad de los Reyes se alzo por su majestad, y lo que sobre esto
sucedio
377007 Habiendo caminado Gonzalo Pizarro con su campo en la forma que tenemos
contado, don Antonio de Ribera y el alcalde Martin Pizarro y Antonio de Leon y otros
algunos vecinos, que por viejos y enfermos se habian quedado en la ciudad con licencia
que
hubieron de Gonzalo Pizarro para ello, dandole sus armas y caballos, sacaron el pendon
de la ciudad de los Reyes, y juntando consigo la gente que pudieron publicamente en la
plaza alzaron la ciudad por su majestad, y pregonaron publicamente las provisiones
del Presidente, que de la mar les enviaron; y luego lo hicieron saber a Lorenzo de
Aldana, el cual se estaba en la mar con todo buen
recado, recogiendo todos los que se le iban a juntar. Y para este
efecto tenia en la costa al capitan Juan Alonso Palomino con cincuenta hombres, y los
bateles a punto para recogerse, siendo necesario; porque siempre temio que Gonzalo
Pizarro revolveria sobre
la ciudad, sabiendo lo que en ella pasaba; y para ser avisado dello
proveyo doce de caballo de los que se habian huido del campo, que
estuviesen en el camino para venir luego a toda furia con cualquiera novedad que
hubiese, y mando que el capitan Alonso de Caceres
estuviese en la ciudad de los Reyes recogiendo la gente; proveyo
que Juan de Illanes subiese en una fragata la costa arriba hasta
echar en tierra en lugar seguro un fraile y un soldado que llevasen
al capitan Diego Centeno los despachos del Presidente, y le hiciesen relacion de todo lo
que en la tierra pasaba, y lo mismo en la
ciudad de Arequipa; y envio por tierra mensajeros, personas practicas, que fuesen a
Arequipa con ciertas cartas particulares para diversas personas, y pasando mas adelante,
llevasen otras al capitan
Alonso de Mendoza y Juan de Silveira; proveyo por medio de los
indios de Jauja, que son del mismo Lorenzo de Aldana, como se
echasen en el real de Juan de Acosta cartas para muchas personas
y traslados del perdon, por manera que en todo el reino se tuviese
por noticia de la clemencia de que su majestad usaba en aquel reino. Casi todas estas
provisiones sucedieron bien, y resulto dellas
el provecho de que adelante se hara relacion. En todo este tiempo
Lorenzo de Aldana no salio de la mar, teniendo consigo los ciento
y cincuenta hombres que trajo en la armada, salvo que desde alli
proveia lo necesario. Y tuvo noticia como se enviaban avisos a Gonzalo Pizarro de todo
lo que pasaba, y cada dia iban y venian corredores para estorbarlo y tomar lengua de lo
que se hacia en el campo. Y un dia trajeron relacion que Gonzalo Pizarro volvia con su
gente, lo cual les puso en gran rebato, y parescio despues haber sido divulgada esta
nueva por el mismo Gonzalo Pizarro y su maestre
de campo a efecto de entretener y embarazar la gente de Lorenzo
de Aldana para que no fuesen tras el, de lo cual el tenia gran temor, porque llevaba tan
poca confianza de los suyos, que cualquier
rebato le parescio que seria parte para huirsele todos; y luego en sabiendolo, visto que
no tenian fuerzas para resistir al enemigo, los
que tenian caballos se fueron la via de Trujillo, y otros se acogieron a las naos y se
escondieron por los canaverales y lugares secretos que hallaban, hasta que despues
supieron de cierto que Gonzalo Pizarro iba prosiguiendo su camino, y aun muy de
priesa; y
luego todos se recogieron a la ciudad, y cada dia venia gente huida, y se tenia nuevas de
lo que pasaba en el real, y la ultima fue
que Gonzalo Pizarro llevaba gran temor que su misma gente le habia de matar, y ponia
grandes guardas en su seguridad y para que
no se huyese nadie, y llevaba tendida la bandera de sus armas solamente; porque, desde
el dia que se huyeron el licenciado Carvajal y Gabriel de Rojas, no consintieron traer
armar reales. Iba matando cada dia y haciendo nuevas crueldades, de lo cual todo
Lorenzo de Aldana daba noticia al Presidente por mar y por tierra,
avisandole cuanto convenia apresurar su venida, por ir tan de caida el enemigo, que con
cualquier novedad se desharia. Y sabido
por Lorenzo de Aldana que Gonzalo Pizarro iba ya ochenta leguas
desviado de la ciudad de los Reyes, a 9 de septiembre de 547 salto
en tierra con todos sus capitanes y gente de la ciudad, y le salieron a rescebir con gran
solemnidad los capitanes y gente de guerra gue habia alli puestos en orden; dejo el
armada a cargo de
Juan Fernandez, alcalde ordinario de la ciudad, con las solemnidades que se requerian;
y el repartio la gente por sus companias,
apercibiendose de todos los pertrechos y armas necesarias; donde
le dejaremos por contar lo que en este tiempo sucedio en el real
de Juan de Acosta.
379003 CAPITULO XVIII
379004 Como Gonzalo Pizarro envio a mandar a Juan de Acosta que se fuese a juntar
con el, y de la gente que se le huyo, y el castigo
que sobre ello hizo, y como fue al Cuzco, y de ahi a Arequipa,
donde se junto con Gonzalo Pizarro
379008 Juan de Acosta salio de la ciudad de los Reyes (como tenemos
contado), caminando por la sierra la via del Cuzco con trescientos
hombres bien aderezados, hasta que en el camino supo la venida
de Gonzalo Pizarro de los Reyes, y luego envio a fray Pedro, fraile
de la Merced, para que le enviase a mandar con el lo que convenia
hacer, y con el mismo fraile Gonzalo Pizarro le envio orden para
que viniese a juntarse con el por cierta parte que le parescio conveniente; y llegado fray
Pedro a Juan de Acosta, le dio el recado
que llevaba juntamente con un Gonzalo Munoz, y le hicieron relacion de todo lo que
habia pasado en el real de Gonzalo Pizarro, y
de la mucha gente que se le habia huido; de lo cual todo no tenia
noticia Juan de Acosta, y aunque lo sabian algunos soldados por
cartas que los indios habian echado en el campo, no lo osaban comunicar unos con
otros; y encargaron los mensajeros a Juan de
Acosta que tuviese secreto hasta juntarse con Gonzalo Pizarro; y
asi, comenzo a publicar nuevas que dijo haberle traido fray Pedro,
fingiendo sucesos prosperos de Gonzalo Pizarro y de la gente que se
le juntaba, y que habia enviado personas de quien el se fiaba, para
que, fingiendo que se huian y iban descontentos, se alzasen con la
armada de Lorenzo de Aldana; pero no pudo encubrirse tanto la
verdad que no viniese a noticia de Paez de Sotomayor, maestre de
campo, y del capitan Martin Dolmos; y sabido por ellos, determinaron cada uno por si
de matar a Juan de Acosta, sin osarse declarar el uno al otro hasta que por ciertos
terminos vinieron a entenderse; y comunicando entre ellos, dieron parte a algunos
soldados
de quien se fiaban, y a la hora concertada que habian de ejecutar
su determinacion supo Sotomayor que Juan de Acosta estaba en
su toldo hablando en secreto con dos capitanes suyos, llamado el
uno Diego Gil y el otro Martin de Almendras, y que tenia doblada
gente de guardia que solia; lo cual le dio ocasion de creer que hubiese venido su
concierto a noticia de Juan de Acosta, por haberse
comunicado con tantos; y temiendose de lo que podria suceder, se
puso a caballo con sus armas, y aviso a mucha priesa a todos los
del concierto y los hizo cabalgar, y a vista de todos salieron del real
hasta treinta y cinco personas, los principales de los cuales eran
Paez de Sotomayor y Martin Dolmos y Martin de Alarcon, alferez
general, y Hernando de Albarado y Alonso Rengel y Antonio de
Avila y Garcia Gutierrez y Martin Monje, y todas las demas personas senaladas y
practicas en la tierra, y asi caminaron la via de
Guamanga. Y viendoles ir Juan de Acosta, envio tras ellos sesenta
arcabuceros de caballo, los cuales, no pudiendoles alcanzar, se volvieron, y Juan de
Acosta hizo informacion, y ahorco algunos que
entendio que sabian del negocio, y otros prendio y con otros disimulo; y desta manera
camino la via del Cuzco, matando siempre
en el campo algunos de quien tenia sospecha y a otros que se querian huir; y llegado al
Cuzco, quito las varas de la justicia que
estaban puestas por Diego Centeno, y dejo alli por alcalde a Juan
Vazquez de Tapia con el recado que le parecio necesario, y continuo su camino la via
de Arequipa para se juntar con Gonzalo Pizarro, y entre tanto se le huyeron otros treinta
hombres dos a dos
y tres a tres, segun les daba lugar la ocasion, y todos se vinieron a
la ciudad de los Reyes a juntar con Lorenzo de Aldana. Llegado
Juan de Acosta doce leguas del Cuzco, se le huyo Martin de Almendras con veinte
hombres de los mejores que el llevaba, y tornando al Cuzco con ellos y con la gente que
alli quedo, fue parte para
quitar las varas a los alcaldes a quien las habia dado Juan de Acosta, y envio preso al
uno dellos a la ciudad de los Reyes, y puso alcaldes por su majestad. Y viendo Juan de
Acosta cuanto se le disminuia cada dia su gente, tuvo por el mejor remedio alargar las
jornadas y ir tan de priesa, que se entendia bien que lo hacia mas
por asegurar su vida que no porque cumpliese a la negociacion;
y asi, llego a Arequipa con solos cien hombres, de trescientos que
habian sacado de los Reyes; y hallo alli a Gonzalo Pizarro con doscientos y cincuenta,
con haber tenido pocos dias antes en la ciudad
de los Reyes, sin otros muchos que tenia derramados por el reino
con diversos capitanes, mil y quinientos hombres; y estaba indeterminable en lo que
haria, porque para esperar no le parecia bastante fuerza, y para huir o esconderse era
demasiada. Y asi, quedara por contar lo que Diego Centeno hizo despues que salio del
Cuzco.
381001 CAPITULO XIX
381002 De como Diego Centeno se junto con el capitan Mendoza, y lo que
sobre ello sucedio.
381004 Estando Diego Centeno en el Collao esperando la respuesta de
la embajada que habia enviado al capitan Alonso de Mendoza con
Pedro Gonzalez de Zarate, maestreescuela del Cuzco, y habiendo
rescebido los despachos del Presidente, los cuales Lorenzo de Aldana le habia
encaminado, tuvo nuevas de todo lo que en la ciudad
de los Reyes habia sucedido, y de la huida de Gonzalo Pizarro, y
como se le habia juntado Juan de Acosta, y lo uno y lo otro envio
de nuevo a hacer saber a Alonso de Mendoza con Luis Garcia de
San Mames, vecino del Cuzco, declarandole particularmente los
poderes y despachos que el Presidente traia, y como, vistos aquellos, y que la voluntad
de su majestad era que Gonzalo Pizarro no
gobernase en el Peru, los mas caballeros y personas senaladas que
con el andaban le habian desamparado, trayendole a memoria las
grandes tiranias y robos y muertes que Gonzalo Pizarro habia hecho, y sobre todo,
haberse declarado contra su rey y senor natural, no obedesciendo sus provisiones ni
admitiendo la persona que
enviaba a gobernar; y que mirase que lo que hasta entonces se habia hecho podia tener
algun color, y de alli adelante ninguna cubierta se le podia dar sin caer en gran infamia y
renombre de traidor siguiendo a Gonzalo Pizarro y a su danada, intencion, y no habia
para que traer a memoria ni tener cuenta con las diferencias
pasadas que habian acontescido en tiempo del capitan Carvajal y
Alonso de Toro, porque todos los rencores y pasiones privadas se
habian de olvidar por hacer un tan senalado servicio a su majestad como se esperaba. Y
con esta embajada, y con la buena intencion que ya don Alonso de Mendoza traia de
seguir el nombre de
su majestad (aunque no venia determinado a que parte habia de
acudir), luego alzo bandera por su majestad, y se hicieron capitulaciones entre el y
Diego Centeno en tal manera, que cada uno se
quedase por general de su gente. Y con esta confederacion salio
Alonso de Mendoza de la villa de Plata con su gente, y por sus jornadas se vino a juntar
con Diego Centeno; en la cual junta de la
una y de la otra parte se hicieron grandes alegrias. Viendose con
tanta pujanza, que tenian mas de mil hombres, acordaron ir a bus
car a Pizarro y tomarle cierto paso para que no se pudiese huir,
porque no les convenia pasar adelante porque habia falta de comi
da y por otros inconvenientes. Y en esta sazon acontescio que ya
casi todos los lugares del Peru, de la ciudad de los Reyes para aba
jo, habian alzado banderas por su majestad, porque el capitan
Juan Dolmos, que era teniente de Puerto-Viejo por Gonzalo Pizarro, al tiempo que vio
pasar los navios de Lorenzo de Aldana por el
puerto de Manta, que es el puerto de aquella provincia, por una
parte envio dello relacion a Gonzalo Pizarro con gran priesa, diciendole que le parescia
mal no haber surgido en el puerto, y que
temia no viniesen de guerra, y por otra parte envio una balsa con
ciertos indios a saber de los capitanes de los navios la razon de su
venida, los cuales fueron y trajeron la relacion de todo con cartas de Lorenzo de Aldana
aconsejandole lo que habia de hacer, las
cuales Juan Dolmos envio al puerto de Santiago de Guayaquil (que
comunmente llamaban la Culata), a Gomez Estacio, que alli era
teniente por Gonzalo Pizarro, haciendole saber que su majestad no
era servido que Gonzalo Pizarro gobernase, y que enviaba a ello al
Presidente; por tanto, que le parescia que todos le debian acudir.
Estacio le respondio que cuando viniese personalmente la persona
que su majestad enviaba el acudiria; pero que entre tanto no entendia hacer novedad,
sino que cada uno se estuviese en su gober
nacion. Oido esto, Juan Dolmos fue con siete o ocho amigos a ver
a Gomez Estacio, so color de tratar con el en presencia el negocio;
y estando un dia descuidado, le dio de punaladas y alzo bandera
por su majestad en ambos pueblos. Llegadas estas nuevas a la ciudad de Quito, y
sabido por Pedro de Puelles, que alli era gobernador, la entrega de la armada y lo demas
que habia sucedido, se comenzo a poner a recado, y Juan Dolmos le envio al capitan
Diego
de Urbina, persuadiendole que se redujese al servicio de su majes
tad; Pedro de Puelles le respondio que, certificandose el que su majestad mandaba que
Gonzalo Pizarro no gobernase, y viendo presente la persona que enviaba para ello,
estaba presto de le acudir;
y pocos dias despues de ser vuelto Diego de Urbina con esta respuesta, Rodrigo de
Salazar, natural de Toledo, de quien Pedro Puelles hacia gran confianza, concertandose
con ciertos soldados amigos suyos, una manana le dio de punaladas y alzo bandera por
su
majestad; y sacando de la ciudad trescientos hombres de guerra,
se vino la vuelta del puerto de Tumbez en busca del Presidente;
por manera que ya no habia en toda la provincia lugar ninguno que
no tuviese la voz de su majestad antes que el Presidente llegase a
la tierra.
383001 LIBRO SETIMO
383002 QUE TRATA DE LA LLEGADA DEL PRESIDENTE A LA
PROVINCIA DEL PERU, Y DE LO QUE HIZO
HASTA EL VENCIMIENTO DE GONZALO
PIZARRO Y DEJAR PACIFICA LA
TIERRA
383007 CAPITULO I
383008 Como el Presidente llego al puerto de Tumbez, y de alli prosiguio
su camino por la sierra contra Gonzalo Pizarro
383010 En este tiempo el Presidente se embarco en Panama con el resto de su ejercito,
habiendose proveido con gran diligencia detodo
lo necesario para su armada, asi de comida como de armas y otras
cosas necesarias, y llevando consigo hasta quinientos hombres,
aporto con buen tiempo al puerto de Tumbez, quedandosele un solo
navio, de que iba por capitan don Pedro de Cabrera, que por no ser
tan buen velero, no pudo tomar la costa del Peru y decayo al puerto de Buenaventura, y
despues por tierra alcanzo al Presidente, a
quien en saltando en tierra, todos escribieron ofresciendose a su
servicio, y dandole cada uno los avisos y medios que le parescian
mas convenientes para el buen suceso del negocio; y a todo respondia el Presidente con
mucha gracia; y de todas partes le acudia tanta gente, que le parescio bastante, sin que
de otras provincias le viniese ningun socorro; y asi, proveyo luego navios a la
Nueva-Espana y Guatemala y Nicaragua y Santo Domingo, dando
relacion del estado de los negocios, y como no habia necesidad que
viniesen los socorros que el habia enviado a pedir creyendo que
serian necesarios. Y hecho esto, proveyo que Pedro Alonso de Hinojosa, su general,
caminase con la gente hasta juntarse con los
capitanes y ejercito que residian en Caxamalca, para que de todos
se hiciese un cuerpo; y Pablo de Meneses fue con el armada por
mar, y el Presidente, con la gente que le parescio necesaria, continuo su camino por los
llanos hasta llegar a la ciudad de Trujillo,
donde de todas partes hallo nuevas de lo sucedido; y teniendo intento de no entrar en la
ciudad de los Reyes hasta dar fin en su
jornada, determino que toda la gente del reino que estaba por su
majestad se fuese a juntar con el al valle de Jauja, que era sitio
conveniente para desde el esperar y acometer los enemigos, y donde habia abundancia
de comida. Y asi, envio a mandar a Lorenzo
de Aldana y a todos los que con el estaban en los Reyes, que se fuesen a Jauja, donde
los esperaria; y el se subio por la sierra, y juntandose con su campo, de que ya estaba
poderado su general Hinojosa, camino con mas de mil hombres que en el habia la via de
Jauja con gran placer y contentamiento de todos, esperando verse
presto libres de la tirania de Pizarro, porque aun los mas principales que le siguieron en
los principios de su tirania estaban tan
escandalizados de ver muertos mas de quinientos hombres principales a horca y
cuchillo, que no tenian una hora de seguridad en
sus vidas.
384023 CAPITULO II
384024 De lo que hizo Pizarro sabida la junta de Diego Centeno y Alonso
de Mendoza
384026 Ya se dijo arriba como llegando Gonzalo Pizarro a la villa
de Arequipa, la hallo despoblada, porque toda la gente della se fue
a juntar con el capitan Diego Centeno despues de la ultima entrada
que hizo en el Cuzco, y alli procuro Gonzalo Pizarro de saber nuevas de todo lo que
pasaba, y supo como Diego Centeno estaba en
el Collao, cerca de la laguna de Titicaca, y se habia confederado y
juntado con Alonso de Mendoza, por manera que con toda la gente del Cuzco y de los
Charcas y Arequipa le estaban guardando el
paso con cerca de mil hombres; y asi se detuvo Gonzalo Pizarro
cerca de veinte dias, esperando al capitan Juan de Acosta con la
gente que traia, hasta que llego con ciento y ochenta hombres,
porque los demas se le huyeron en el camino, y otros muchos ahorco. Y llegado
Gonzalo Pizarro hizo resena de toda su gente, y hallo
que tenia quinientos hombres, y escribio al capitan Diego Centeno
dandole relacion de todo lo sucedido, encareciendole las buenas
obras que le habia hecho, especialmente como al tiempo que mato
a Gaspar Rodriguez y Felipe Gutierrez le hallo a el en la misma culpa y le perdono,
contra parecer de todos sus capitanes; y que el le
haria todo el partido que quisiese porque se viniese a juntar con el,
y que le perdonaria lo pasado, atento que Lope de Mendoza y otros
que habian sido la causa dello habian pagado su yerro. Y con estos
despachos envio a un Francisco Voso, el cual los dio a Diego Centeno y se ofrescio a
servirle, y le aviso como Diego Alvarez, su alferez, se carteaba con Gonzalo Pizarro, al
cual Diego Centeno dejo de
castigar porque ya en aquella sazon el mismo Diego Alvarez lo habia descubierto a
Diego Centeno, diciendo que lo habia hecho por
otros fines; y asi, Diego Centeno respondio a las cartas de Gonzalo
Pizarro con gran comedimiento, agradesciendole sus ofrescimientos, y reconosciendo
las buenas obras que del habia recebido, y diciendo que pensaria satisfacerle de todas
con aconsejarle y pedirle
por merced considerarse el estado de los negocios y la gran merced
que su majestad hacia a el y a todos en perdonarles lo
pasado, y que si quisiese venir a juntarse con el y reducirse al servicio de su majestad le
seria buen intercesor con el Presidente para que le hiciese los mejores y mas honrados
partidos que hubiese
lugar, sin que peligrase su persona ni hacienda; certificandole que
si el negocio tocara a otro cualquiera que no fuera su majestad,
ningun mejor amigo ni ayudador hallara que a el; y otras cosas y
cumplimientos desta calidad; y con este despacho Francisco Voso
se volvio al real de Gonzalo Pizarro, y le salio al camino el capitan
Carvajal, y se informo de todo lo que habia pasado, y le mando que
no dijese que tenia Diego Centeno mas de setecientos hombres; y
llevandole al real, sabida por Gonzalo Pizarro la determinacion de
Diego Centeno, sin querer leer las cartas, las quemo publicamente,
y luego determino partirse con toda su gente la via de los Charcas;
unos decian que con voluntad de excusar la batalla si Diego Centeno le dejaba pasar, y
otros afirmaban que siempre llevo determinacion de romper con el; y asi, se fue derecho
adonde estaban
Diego Centeno y Alonso de Mendoza, llevando siempre el avanguardia el capitan
Carvajal, que ahorco mas de veinte hombres que to
po en el camino, y entre ellos un clerigo de misa llamado Pantaleon, porque habia
llevado ciertas cartas de Diego Centeno, al cual
ahorco con un breviario al cuello y unas escribanias al pescuezo; y
asi caminaron hasta que jueves, que se contaron 19 de octubre del
ano 47, se toparon los corredores de ambos campos y se hablaron,
y volvio cada uno a dar nueva a su general, y Gonzalo Pizarro envio de nuevo un
capellan suyo a requerir a Diego Centeno que lo dejase pasar y no lo necesitase a dar
batalla, protestandole todo el dano que en ella sucediese; al cual capellan el obispo del
Cuzco, que
estaba en el campo de Diego Centeno, mando prender y llevar a su
toldo. Y Diego Centeno proveyo que su campo durmiese aquella noche en escuadron,
caso que el habia mas de un mes que estaba muy
malo de calenturas y sangrando seis veces; de forma que ninguno
penso que escapara, y por esta causa se quedo en el toldo, y aquella noche se determino
en el real de Gonzalo Pizarro que Juan de
Acosta fuese con veinte hombres muy encubiertamente rodeando
hasta meterse en los toldos de Diego Centeno, de donde estaba algo desviado el
escuadron, porque ya tenian noticia de Diego Centeno que estaba mal dispuesto y se
quedaba en la cama; y asi, se
hizo con tanto tiempo, que tomo los centinelas primero que fuese
sentido; y llegando a los toldos, unos negros que los vieron dieron
arma, y Juan de Acosta entonces mando disparar arcabuces, lo cual
puso tan grande alboroto en el real, que muchos del escuadron
acudieron a los toldos, y otros de la gente de Valdivia huyeron, dejando las picas; y al
fin, Juan de Acosta se escapo sin perder ninguno de los suyos, y se torno al real. Otro
dia de manana salieron
los corredores de entrambas partes, y de los reales se pusieron a
vista. El capitan Diego Centeno llevaba poco menos de mil hombres, y entre ellos
doscientos de caballo y ciento y cincuenta arcabuceros, y los demas piqueros. Iba por
maestre de campo Luis de
Ribera, y por capitanes de caballo Pedro de los Rios y Hieronimo
de Villegas y Pedro de Ulloa, y por alferez general Diego Alvarez,
y por capitanes de infanteria Juan de Vargas y Francisco Retamoso, y el capitan Negral
y el capitan Pantoja y Diego Lopez de Zuniga; y por sargento mayor a Luis Garcia de
San Mames. Gonzalo Pizarro llevo por maestre de campo a Francisco de Carvajal, y por
capitanes de gente de caballo al licenciado Cepeda y Juan Velez de
Guevara, y por capitanes de infanteria a Juan de Acosta y a Hernando Bachicao y a
Juan de la Torre. Llevaba trescientos arcabuceros
muy diestros y ochenta de caballo, y los demas, hasta cumplimiento de quinientos
hombres, eran piqueros.
387001 CAPITULO III
387002 Del rompimiento de la batalla que se dio entre Gonzalo Pizarro y
Diego Centeno y sus campos, que comunmente se llama la de
Guarina
387005 Desta manera se fue juntando el un ejercito al otro con buena
orden, con gran musica que Gonzalo Pizarro llevaba de trompetas
y ministriles altos, hasta que habia seiscientos pasos de distancia,
y entonces el capitan Carvajal mando hacer alto a su gente, y la de
Diego Centeno marcho otros cien pasos adelante, y tambien hizo
alto. Y luego del real de Gonzalo Pizarro salieron cuarenta arcabuceros sobresalientes,
y se sacaron del cuerpo del ejercito dos mangas de cada cuarenta arcabuceros a la una
banda y a la otra; Gonzalo Pizarro se puso entre la infanteria y la gente de caballo. Del
real de Diego Centeno salieron treinta arcabuceros sobresalientes,
y empezaron a escaramuzar los unos con los otros. Y viendo Carvajal que el campo de
Diego Centeno estaba parado, pretendiendo sacarle de paso, mando que su gente
marchase diez pasos adelante
con grande espacio; lo cual viendo los de Diego Centeno, hubo algunos dellos que
dijeron que ganaban con ellos honra sus enemigos;
y comenzaron todos a marchar, y el campo de Gonzalo Pizarro se
paro. Y viendo venir los contrarios el capitan Carvajal, mando disparar algunos pocos
arcabuces para provocar al enemigo que disparase de golpe, como lo hizo; y la
infanteria de Centeno comenzo
a marchar a paso largo caladas las picas y a disparar segunda vez
los arcabuceros sin hacer ningun dano, porque habia trescientos
pasos de distancia. Carvajal no permitio que ningun arcabucero
suyo disparase hasta que tuvo los contrarios poco mas de
cien pasos de si, que mando disparar la artilleria; y los arcabuceros, que eran muchos y
muy diestros, de la primera ruciada mataron mas de ciento y cincuenta hombres, y entre
ellos dos capitanes; de suerte que se comenzo a abrir el escuadron, y de la segunda vez
se desbarato de todo punto y comenzaron a huir sin orden,
sin que aprovechasen las voces que el capitan Retamoso daba desde el suelo, donde
estaba herido con dos arcabuces; y viendo la
gente de caballo el desbarate de la infanteria, arremetio con sus
contrarios, en los cuales hicieron mucho dano, y mataron el caballo a Gonzalo Pizarro,
y a el derribaron en el suelo, sin hacerle
otro dano; y Pedro de los Rios y Pedro Ulloa, que estaban determinados de arremeter
con su gente a la infanteria, rodearon al
ejercito por tomar por un lado el escuadron, y dieron en una de
las mangas de los arcabuceros, donde rescibieron mucho dano,
que de los primeros tiros fue muerto Pedro de los Rios y algunos
de los suyos. Y viendo los que que daron en pie desbaratada la infanteria, y casi
tambien la gente de caballo, huyeron todos, cada
uno por do mejor podia. Pizarro camino con buena orden hasta los
toldos de Centeno, matando en el camino cuantos toparon; y tambien de la gente de
Centeno que huyo dieron muchos en el real de
Gonzalo Pizarro, el cual hallaron tan solo, que seguramente podian tomar los caballos y
mulas que alli habian dejado los soldados de la infanteria y huir en ellos, robando el oro
y plata que alli
hallaron. El capitan Hernando Bachicao, al tiempo que los de caballo rompieron,
viendo los suyos desbaratados, huyo hacia la parte de Diego Centeno, creyendo que
estaba por el la victoria; lo cual
no pudo ser tan secreto, que no lo supiese el capitan Carvajal, y
topando con el, le ahorco, llamandole compadre, porque en la verdad lo era, y otras
palabras de burla. Diego Centeno, al tiempo que
se dio la batalla, estaba fuera de ella en una hamaca, que lo llevaban seis indios muy
enfermo y casi sin ningun sentido y en el rompimiento se escapo por la buena diligencia
que sus amigos en ello
pusieron. Y asi se feneci o este recuentro tan sangriento, que de parte de Diego Centeno
murieron de trescientos y cincuenta hombres,
con treinta que el capitan Carvajal justicio despues del vencimiento, y entre ellos a fray
Gonzalo, fraile de la Merced, que era sacerdote, y otros principales. Murio el maestre de
campo Luis de Ribera y los capitanes Retamoso y Diego Lopez de Zuniga, y Negral y
Pantoja, y Diego Alvarez y otros muchos soldados. De parte de
Gonzalo Pizarro murieron hasta cien hombres. El capitan Carvajal,
con ciertos de caballo, fue algunas jornadas la via del Cuzco en seguimiento de los que
huian, especialmente si podian alcanzar al
obispo del Cuzco, de quien tenia muy gran queja porque habia ido
con Diego Centeno y halladose personalmente en la batalla; y no
lo pudiendo alcanzar, ahorco a muchos que topo en el camino, y
entre ellos a un hermano del obispo y a un fraile de Santo Domingo, su conpanero; y
asi, se volvio, y Gonzalo Pizarro repartio la
tierra entre sus soldados, prometiendoles que todo habia de ser
para ellos; y mando recoger y curar los heridos y enterrar algunos
de los muertos; y proveyo que Dionisio de Bobadilla fuese con alguna gente a la villa
de Plata y a las minas a coger todo el oro
y plata que hallase, y Diego de Carvajal, a quien llamaban el Galan, fue a Arequipa a lo
mismo; y Juan de la Torre fue al Cuzco,
donde fueron justiciados Juan Vazquez de Tapia, que era alcalde
ordinario, y el licenciado Martel. Y tambien mando que todos los
que hubiesen sido soldados de Diego Centeno se viniesen a sentar
por lista en sus banderas, so pena de muerte, y perdonolos todo lo
pasado, sino fue a las personas que habian hecho cosas senaladas
en servicios de su majestad; envio a Pedro de Bustincia con cierta
gente que fuese a tomar los caciques de Andaguailas y otros comarcanos para que
proveyesen de comida el campo; y pocos dias
despues Gonzalo Pizarro se vino al Cuzco con mas de cuatrocientos hombres, donde se
comenzo a apercebir de todo lo necesario,
habiendo el y su gente cobrado grande animo y soberbia con el
vencimiento de la batalla de Guarina por haber sido con tanta ventaja y muertes de sus
contrarios, siendo el numero de la gente
desigual.
389016 CAPITULO IV
389017 Como el Presidente junto su gente en el valle de Jauja, y de lo demas que alli
proveyo
389019 Ya se ha contado arriba como el Presidente, no queriendo entrar en la ciudad de
los Reyes, camino por la sierra la via del valle
de Jauja, llevando consigo la gente que habia traido de Tierra-Firme y la que los
capitanes Diego de Mora y Gomez de Albarado y
Juan de Saavedra y Porcel y los demas tenian junta en Caxamalca,
y enviando a mandar al capitan Salazar, que estaba en Quito, que
caminase con la suya hasta se juntar con el; proveyendo, demas
desto, que el capitan Lorenzo de Aldana con la gente de su armada y de la ciudad de los
Reyes saliese en su rastro. Desta manera
llego al valle de Jauja con hasta cien hombres, y fue el primero
que entro en el, y comenzo a percebirse de todas las cosas necesarias, asi de municiones
como de mantenimientos, de que hay abundancia en aquella tierra (como hemos dicho),
y el mismo dia que
llego se juntaron con el el licenciado Carvajal y Gabriel de Rojas,
y luego vinieron Hernan Mejia de Guzman y Juan Alonso Palomino
con sus companias, dejando en los Reyes por justicia mayor al capitan Lorenzo de
Aldana con la gente de su compania, por la necesidad que habia de tener seguro aquel
pueblo y puerto para todos
los fines; y asi, en poco tiempo se juntaron en aquel valle mas de
mil y quinientos hombres; y el Presidente ponia gran diligencia en
juntar fraguas y herreros, y hacer nuevos arcabuces y aderezar los
que estaban hechos, y cortar picas y proveerse de todos generos de
armas; en lo cual entendia con tan destreza como si toda su vida
se hubiera criado en ello, poniendo gran solicitud en visitar el
campo y las obras que en el se hacian, y en curar los soldados enfermos; tanto, que
parecia cosa imposible bastar un solo hombre
a tantas cosas; con lo cual cobro en poco tiempo el amor de toda
la gente. Y en este tiempo le vinieron nuevas del desbarato de Diego Centeno, lo cual
sintio mucho, aunque en lo publico mostraba
no tenerlo en nada, con grande animo, y todos los de su campo esperaban lo contrario
de lo que sucedio; tanto, que muchas veces
habian sido de parescer que el Presidente no juntase ejercito, porque solo el de Diego
Centeno bastaba a desbaratar a Gonzalo Pizarro. Y luego proveyo que los capitanes
Lope Martin y Mercadillo
fuesen con cincuenta hombres a la villa de Guamanga, que esta
treinta leguas mas adelante, para tomar los caminos y saber lo que
hacia el enemigo y recoger la gente que se viniese huyendo del Cuzco; y avinoles
tambien que, teniendo noticia Lope Martin que Pedro de Bustincia estaba en
Andaguairas haciendo lo que arriba tenemos dicho, se adelanto con quince arcabuceros,
y dio una noche
sobre el, y le prendio y ahorco algunos de los que con el iban, y
tornose a Guamanga, y junto consigo todos los caciques de la comarca; y tuvieron
formas para avisar por todas partes de la venida del Presidente, el cual en Jauja comenzo
a ordenar su campo, y
proveyo que el mariscal Alonso de Albarado fuese a la ciudad de
los Reyes a traer la gente que alli habia, y algunas piezas de artilleria de las de la
armada, y ropa y dineros para algunos soldados;
lo cual todo se efectuo en breve tiempo, y fue ordenado el campo
en etsa forma: Pedro Alonso de Hinojosa quedo por general, segun
y de la manera que lo era al tiempo que entrego la armada en Panama. El mariscal
Alonso de Albarado fue nombrado por maestre
de campo, y el licenciado Benito de Carvajal por alferez general,
y Pedro de Villavicencio por sargento mayor. Y por capitanes de
gente de caballo don Pedro de Cabrera y Gomez de Albarado, y
Juan de Saavedra y Diego de Mora, y Francisco Hernandez y Rodrigo de Salazar y
Alonso de Mendoza; por capitanes de infanteria
a don Baltasar de Castilla, Pablo de Meneses, Hernan Mejia de Guzman y Juan Alonso
de Palomino, Gomez de Solis, Francisco Mosquera, don Hernando de Cardenas, el
adelantado Andagoya, Francisco Dolmos, Gomez Darias, el capitan Porcel, el capitan
Pardaver, el capitan Serna. Nombro por capitan de artilleria a Gabriel
de Rojas. Tenia consigo al arzobispo de los Reyes y a los obispos
del Cuzco y Quito, y al provincial de Santo Domingo, fray Tomas
de San Martin, y al provincial de la orden de la Merced, y a otros
muchos religiosos, clerigos y frailes. En la ultima resena que mando hacer hallo que
tenia setecientos arcabuceros y quinientos piqueros y cuatrocientos de caballo, caso que
desde entonces hasta
que llego a Xaquixaguana se recogieron hasta llegar a numero de
mil y novecientos hombres; y asi, salio el campo de Jauja a 29
de diciembre del ano de 47, caminando en buena orden la via del
Cuzco, para tentar por donde habria menos peligro de pasar el rio
de Avancay.
391015 CAPITULO V
391016 De como llego Pedro de Valdivia al real del Presidente, y con el
otros capitanes
391018 Habiendo salido el Presidente del valle de Jauja, llego a su
campo el capitan Pedro de Valdivia, que, como arriba esta dicho,
era gobernador en la provincia de Chili, y habia venido de alla por
mar, para desembarcar en la ciudad de los Reyes, para llevar gente y municion y ropa
con que se acabase de hacer la conquista de
aquella tierra. Y como desembarcando supo el estado de los negocios, se aderezo el y
los que con el venian, porque traian muy gran
abundancia de dineros, y se fue en rastro del Presidente hasta se
juntar con el, lo cual se tuvo a buena dicha, porque aunque con el
Presidente estaba gente y capitanes muy experimentados, ninguno
habia en la tierra que fuese tan practico y diestro en las cosas de
la guerra como Valdivia, ni que asi se pudiese igualar con la destreza y ardides del
capitan Francisco de Carvajal, por cuyo gobierno y industria se habian vencido tantas
batallas por Gonzalo Pizarro, especialmente la que dio en Guarina contra Diego
Centeno,
cuya victoria se atribuyo por todos al conocimiento de la guerra
que Francisco de Carvajal tenia; por lo cual todo el campo del Presidente estaban
atemorizados, y cobraron grande animo con la venida de Valdivia. Tambien llego en
aquella conyuntura el capitan
Diego Centeno, con mas de treinta de a caballo que con el escaparon de la rota de
Guarina; y asi, continuaron su camino padeciendo gran necesidad de comida, hasta
llegar a Andaguairas, donde
el Presidente se detuvo mucha parte del invierno, que fue de muchas y mas recias
aguas, que de dia ni de noche no cesaba de llover; tanto, que los toldos se pudrian por
no haber lugar de enjugarse, y por estar el maiz que comian tierno con la mucha
humedad, adolescieron muchos y algunos murieron del flujo del vientre,
caso que el Presidente tenia especial cuidado de hacer curar los
enfermos por medio de fray Francisco de la Rocha, fraile de la orden de la Santisima
Trinidad, que tenia cargo y por copia mas de
cuatrocientos dellos, y los proveia de medicos y medecinas, como
si estuvieran en un lugar muy bueno y bien proveido y poblado, y
por su buena diligencia convalescieron casi todos; y alli estuvo el
campo hasta que llegaron Valdivia y Centeno, como esta dicho, en
cuya venida se hicieron grandes fiestas y juegos de canas y corrieron sortija, y de ahi
adelante Valdivia comenzo a entender en los
negocios de la guerra, juntamente con el mariscal Alonso de Albarado y el general
Hinojosa; y cuando se reconoscio la primavera y
comenzaron a cesar las aguas, partio el campo de Andaguairas, y
fue asentar en la puente de Avancay, que esta veinte leguas del
Cuzco, donde estuvo aguardando hasta que en el rio de Apurima,
que es doce leguas del Cuzco, se hiciesen puentes para poder pasar. Los enemigos
tenian quebradas todas las puentes de aquel rio,
de forma que parescia imposible poderle pasar si no rodeaban mas
de setenta leguas; y asi, parescio de menos inconveniente procurar
de hacer las puentes; y para desvelar el Presidente los enemigos, y
que no supiesen donde habian de acudir a resistir los reparos, mando traer materiales a
tres lugares para reedificar las puentes, la una
que estaba en el camino real, y la otra en el valle de Cotabamba,
que era doce leguas mas arriba, y la otra en unos pueblos de don
Pedro Portocarrero, que era mucho mas arriba, donde el mismo
don Pedro estaba guardando el paso con cierta gente; y hacianse
desta parte del rio las maromas y criznejas de que tenemos dicho
arriba, en el primer libro, que se cuajan las puentes del Peru, para
que cuando estuviese el campo junto, las ayudasen a echar sobre
las vigas y estantes, porque de otra manera Gonzalo Pizarro y su
gente, defendieran el reparo; y por no saber adonde acudir a la
defensa estuvieron confusos, sin tener guarnicion en ninguna parte,
sino espias que viniesen a dar aviso donde se comenzaba la obra
para acudir luego alli a la defensa; y tuvose tan secreto el lugar
por donde habian de pasar, que ninguno del campo lo supo sino el
Presidente y los que con el entraban en el consejo de la guerra. Y
despues que los materiales estuvieron hechos y aparejados, camino
el campo la via de Cotabamba, que era por donde se habia de pasar
el rio, aunque en el camino habia tan malos pasos y sierras nevadas, que algunos
capitanes lo contradecian, teniendo por mas seguro ir a pasar cincuenta lueguas mas
arriba, aunque el capitan Lope
Martin, que guardaba el paso, decia que por alli en Cotabamba era
mas seguro el paso. Y en esta diferencia el Presidente envio a dar
vista a los capitanes Valdivia y Gabriel de Rojas y Diego de Mora
y Francisco Hernandez Aldana; y traida la relacion de lo que habia,
y como era lo menos peligroso pasar por alli se dio gran priesa el
campo; y cuando Lope Martin supo que llegaba cerca, con algunos
espanoles y indios que consigo tenia comenzo a echar las criznejas de la otra parte, y
cuando tuvieron atadas tres dellas, llegaron
las espias de Gonzalo Pizarro, y sin tener resistencia cortaron las
dos. Cuando esta nueva llego al Presidente y a todo el campo, hubo gran pesar dello,
porque se tuvo por cierto que los de Pizarro
defenderian el paso; y asi, el Presidente, llevando consigo al Arzobispo y a su general y
a Alonso de Albarado, y a Valdivia y a ciertos capitanes de infanteria, se adelanto a gran
priesa hasta llegar
a la puente, y diose orden como pasaron en balsas ciertos capitanes de infanteria con
harto peligro, asi de la furia del agua como
de los enemigos que se creia estar aguardando de la otra parte; y
uno de los primeros que pasaron fue el licenciado Polo Hondegardo, y tras el
comenzaron a pasar soldados y otra gente de escuadron; en lo cual se puso tanta
diligencia, que aquel dia pasaron
mas de cuatrocientos hombres, llevando los caballos a nado, encima dellos atadas sus
armas y arcabuces, caso que se perdieron
mas de sesenta caballos, que con la corriente grande se desataron,
y luego daban en unas penas donde se hacian pedazos sin darles
lugar el impetu del rio a que pudiesen nadar, y en comenzando a
pasar la gente, las espias de Pizarro le fueron a dar mandado dello, y el envio al capitan
Juan de Acosta con hasta doscientos arcabuceros de caballo, para que matasen a todos
cuantos hubiesen
pasado el rio, excepto los que nuevamente hubiesen ido de Castilla. Lo cual
entendiendo los pocos que a la sazon habian pasado,
tomaron un recuesto y hicieron subir en los caballos que consigo
tenian indios y negros, porque casi todos los caballos eran ya pasados, por hallarse mas
desembarazados a la manana; y dandoles
las lanzas, hicieron un buen escuadron, cubriendo las haces de las
primeras hileras con los espanoles; y asi, cuando Juan de Acosta
envio a reconoscer la gente creyo que habia numero tan desigual,
que no los oso acometer y se volvio por mas gente; y entre tanto
el Presidente hizo pasar todo el campo por la puente, que ya estaba acabada de
aderezar, en lo cual se entendio el gran descuido
que Gonzalo Pizarro tuvo en no ponerse tan cerca, que pudiese estorbar la pasada,
porque solos cien hombres que pusiera en cada
paso fuera parte para defenderlo.
394015 CAPITULO VI
394016 De lo que el Presidente hizo despues de pasado el rio hasta dar la
batalla.
394018 Habiendo pasado otro dia siguiente todo el resto del ejercito
del Presidente, sin faltar ninguno, se ordeno que don Juan de Sandoval fuese a
descubrir el campo; y viniendo con relacion que
Gonzalo Pizarro ni su gente no parescian en tres leguas que habia
corrido, el Presidente mando que el general Hinojosa y Pedro de
Valdivia fuesen con ciertas banderas a tomar lo alto de la montana, que habia mas de
legua y media de subida, porque si Gonzalo
Pizarro se adelantaba en hacerlo les pudiera hacer gran dano primero que subiesen; y
asi subieron. Y en este tiempo Juan de Acosta
habia enviado a hacer saber a Gonzalo Pizarro lo que pasaba, para que le proveyese de
trescientos arcabuceros que bastarian para
desbaratar aquella gente que ya habia pasado el rio, antes que todos
acabasen de pasar; y al tiempo que Juan de Acosta se volvia, se le
huyo un Juan Nunez de Prado, de Badajoz, y dio aviso de todo lo
que pasaba y del socorro que Juan de Acosta esperaba; y creyendo
que Gonzalo Pizarro le acudiria con todo su campo, el Presidente,
con mas de novecientos hombres de pie y de caballo que ya tenia
en la cumbre de la montana, estuvo en arma toda la noche; y como
otro dia le llego a Juan de Acosta el socorro, los corredores del
Presidente le vinieron a dar mandado dello, y el proveyo que el
Mariscal tornase al rio para hacer subir el artilleria y recoger y
traer consigo toda la gente; y como antes que el Mariscal volviese
asomaron las banderas de Pizarro, el Presidente, con solos novecientos hombres que
con el estaban, se puso en orden de batalla
para darsela en ocasion; y despues ceso de su intento viendo que
no esperarian la batalla, porque no venian sino solos trescientos
arcabuceros de socorro para Juan de Acosta, el cual se retiro viendo la pujanza de sus
contrarios, y lo hizo saber a Gonzalo Pizarro;
y el Presidente estuvo alli dos o tres dias hasta que la gente y artilleria acabo de subir
aquella gran cuesta, y alli le envio Gonzalo
Pizarro a requerir con un clerigo que deshiciese el ejercito y no hiciese guerra hasta
tener nuevo mandado de su majestad; al cual
clerigo prendio el obispo del Cuzco; y antes desto habia enviado
otro, que de su parte ganase las voluntades del general Hinojosa
y de Alonso de Albarado; y este lo hizo con mas prudencia, que no
quiso volver, antes dejo concertado con un hermano suyo que se
huyese tras el, como lo hizo. El Presidente escribio desde alli a
Gonzalo Pizarro, como lo habia hecho en todo el camino, persuadiendole que se
redujese a la obediencia de su majestad, y enviandole traslado del perdon, y
ordinariamente cuando los corredores
salian llevaban despachos y cartas para Gonzalo Pizarro, y las daban a sus corredores
para que ellos se las entregasen. Y como Gonzalo Pizarro supo que el Presidente habia
pasado el rio con su campo y tomado el alto de la sierra, salio del Cuzco con
novecientos
hombres de pie y de caballo, los quinientos y cincuenta arcabuceros, y con seis piezas
de artilleria, y vino a sentar el real en Xaquixaguana, que era cinco leguas del Cuzco, en
un llano al pie del camino, por donde el real del Presidente habia de bajar de la sierra;
y asento su campo en lugar tan fuerte, que no le podian acometer
sino por una pequena angostura que delante de si tenia; porque a la
una parte tenia el rio y la cienaga, y por la otra la montana, y por
las espaldas una honda cava quebrada; y desde alli, aquellos dos
o tres dias antes que la batalla se diese, salian siempre ciento o
doscientos hombres a trabar escaramuza con otros tantos que salian del campo del
Presidente, que iba marchando hasta hallar lugar seguro donde alojarse; y cuando llego
tan cerca, que los de Pizarro, que estaban en lo bajo, podian bien ver sus contrarios, que
pasaban por lo alto para alojarse mas adelante o en el paraje que
ellos estaban, Gonzalo Pizarro temio que su gente desfalleceria
viendo tanta ventaja en sus contrarios; por lo cual los mando poner detras un cerro que
junto a su campo estaba, fingiendo que lo
hacia porque, viendo el Presidente el buen aparejo y calidad de la
gente que el tenia, no dejase de dar la batalla. Y en habiendo pasado
el Presidente y asentado su campo en un llano a la vista de los
enemigos, Gonzalo Pizarro saco toda su gente por sus escuadrones, sacadas sus mangas
de arcabuceros y en orden para dar la batalla, y comenzo a disparar el artilleria y
arcabuceria para que el
Presidente le viese y oyese; y aquel dia de entrambos campos hubo
espias y corredores, que se topaban unos con otros por la gran niebla que sobrevino. Y
el Presidente, caso que vio al enemigo a punto para dar o esperar la batalla, la quisiera
dilatar, creyendo que
muchos de sus contr arios se le pasarian habiendo para ello tiempo; pero no le daba
lugar el sitio de su alojamiento, por la falta de
comida que en el habia, y por el gran hielo y frio, sin que hubiese
alguna lena para remediarlo, de suerte que no lo podian sufrir; y
aun tambien les faltaba el agua; de todo lo cual ninguna falta padecia el campo de
Gonzalo Pizarro, porque tenian por fuerte el rio
y les venia abundancia del Cuzco, y el sitio era muy templado, porque, caso que
estaban muy cerca del Presidente, los unos estaban
en la sierra y los otros en el valle, como tenemos dicho. Y es tan
notable la diferencia que en esto hay en el Peru, que acontesce cada dia hallarse gente
en la cumbre de una sierra donde es tanto el
frio y hielo y nieve que cae, que no se puede sufrir; y los que estan
en el valle, con menos de dos leguas de distancia, buscan remedios
contra la demasiada calor. Y con todo esto, Gonzalo Pizarro y su
maestre de campo acordaron aquella noche subir secretamente
por tres partes a dar en el campo del Presidente; lo que despues
dejaron de hacer porque se les huyo un soldado llamado Nava, y
creyeron que aquel daria noticia del concierto, como lo hizo. Y este Nava y Juan Nunez
de Prado aconsejaron al Presidente que dilatase lo posible el dar de la batalla, porque la
gente que andaba
con Gonzalo Pizarro de los que escaparon de la rota de Diego Centeno tenian voluntad
de le venir a servir en hallando oportunidad.
Y asi, estuvo el campo toda la noche en arma, desarmadas las tiendas, padesciendo muy
gran frio, que no podian tener las lanzas en
las manos; y aguardando que amanesciese, y mostrandose el dia a
gran priesa, comenzaron a tocar las trompetas y atambores, porque
muchos arcabuceros de Gonzalo Pizarro iban buscando camino
por una loma para dar en el real, a los cuales salieron al encuentro los capitanes Hernan
Mejia y Juan Alonso Palomino con trescientos arcabuceros, y con ellos Pedro de
Valdivia y el mariscal
Alonso de Albarado, que fueron dandoles tanta priesa hasta que
los hicieron volver. Y entre tanto que pasaba esta escaramuza, el
Presidente con todo el resto del ejercito bajo por detras de aquella loma encubierto,
hacia la parte del Cuzco, caso que para desvelar el enemigo hizo muestra que bajaba por
aquella loma donde
pasaba la escaramuza, con el capitan Pardaver, con treinta arcabuceros y alguna gente
de caballo; y cuando Pedro de Valdivia y el
Mariscal llegaron al cabo de la loma, llamaron al capitan Gabriel
de Rojas para que llevase alli el artilleria; el cual la hizo asentar
y disparar, prometiendo a los artilleros que por cada pelota que
metiesen en el escuadron de Pizarro les daria quinientos pesos de
oro; y se los pago despues a uno que dio en el toldo de Gonzalo
Pizarro, que era muy senalado, y le mato dentro un paje; por lo
cual les hicieron abatir todas las tiendas porque les servian de terreros. En este tiempo,
de parte de Gonzalo Pizarro jugaba tambien el artilleria, y el tenia sus escuadrones en
orden. De caballo
iban por capitanes el mismo Gonzalo Pizarro y el licenciado Cepeda y Juan de Acosta,
y de infanteria el maestre de campo Carvajal
y Juan de la Torre, y Diego Guillen y Juan Velez de Guevara, y
Francisco Maldonado y Sebastian de Vergara, y Pedro de Soria
por capitanes de artilleria; y todos los indios que seguian a Gonzalo Pizarro, que eran
muchos, se salieron del escuadron y se pusieron en la ladera de la cuesta.
397026 CAPITULO VII
397027 De como se dio la batalla de Xaquixaguana, y de lo que en ella
acaescio.
397029 En tanto que la artilleria de ambos campos disparaba, acabo
de bajar al llano todo el campo de su majestad, yendo la gente sin
orden, con la mayor priesa que podia, trotando a pie y los caballos
de diestro, asi porque la aspereza de la tierra no sufria otro cosa,
como por excusar el peligro de la artilleria que no diese en el escuadron, porque jugaba
al descubierto; y asi como iban bajando
se iban poniendo en orden con sus banderas. Hicieronse dos escuadrones de caballo y
dos de infanteria. Del de caballo que iba a la
parte siniestra, eran capitanes Juan de Sayavedra y Diego de Mora,
y Rodrigo de Salazar y Francisco Hernandez Aldana. En el escuadron de la parte
derecha iba el estandarte real, de que era alferez
Benito Suarez de Carvajal, y en su guardia iban los capitanes don
Pedro de Cabrera y Alonso Mercadillo y Gomez de Albarado. Estos dos escuadrones de
caballo llevaban en medio la infanteria,
aunque iba algo delantera. Eran capitanes el licenciado Ramirez,
oidor de los confines, y don Baltasar de Castilla y Gomez de Solis,
y don Hernando de Cardenas y Pablo de Meneses, y Cristobal Mosquera y Miguel de la
Serna, y Diego de Urbina y Hieronimo de Aliaga, y Martin de Robles y Gomez Darias y
Francisco Dolmos, y sin
estos escuadrones, iba a la parte diestra, algo mas delantero, el capitan Alonso de
Mendoza con su compania de caballo, por sobresaliente, y con el iba el capitan Centeno
con harto deseo de vengar
la rota que le sucedio en Guarina. Fue sargento mayor deste campo Pedro de
Villavicencio, natural de Jerez de la Frontera. Iba poniendo en orden la gente Pedro
Alonso de Hinojosa, como general
della, y con el iba el licenciado Cianca, porque el Presidente y el
Arzobispo de los Reyes iban algo delanteros hacia la montana, por
donde bajaba el mariscal Alonso de Albarado y Pedro de Valdivia
con el artilleria y con los trescientos arcabuceros, de que eran capitanes Hernan Mejia y
Juan Alonso Palomino, los cuales, en bajando a lo llano, hicieron de su gente dos
mangas. Hernan Mejia
saco la suya por la parte derecha hacia el rio, y con el se puso el
capitan Pardaver, y hacia la parte izquierda de la montana saco
su manga Juan Alonso Palomino y cuando el artilleria iba bajando
se paso del campo de Gonzalo Pizarro al del Presidente el licenciado Cepeda, oidor que
habia sido del audiencia real, y Garcilaso de
la Vega y Alonso de Piedrahita y otros muchos caballeros y soldados, en alcance de los
cuales salio Pedro Martin de Cicilia con cierta gente, y hirio algunos y alanceo el
caballo de Cepeda, y a el le
hirio de suerte, que si no fuera socorrido por mandado del Presidente, peligrara. Entre
tanto Gonzalo Pizarro se estaba parado en
su campo, creyendo que los enemigos se le habian de ir a meter
en las manos, como lo hicieron en Guarina. El general Hinojosa
camino con su campo paso a paso hasta se poner en un sitio bajo,
a tiro de arcabuz de sus enemigos, donde el artilleria no le podia
coger, que toda pasaba por alto, aunque habian abajado mucho los
carretones. En este tiempo las mangas de arcabuceros de ambos
campos disparaban con gran diligencia, y el Mariscal y Pedro de
Valdivia andaban sobresalientes haciendo dar priesa a sus arcabuceros. El Presidente y
el Arzob ispo, que iban en delantera, fatigaban los artillero s que tirasen a gran priesa,
haciendo mudar los
tiros como era necesario. Y viendo Diego Centeno y Alonso de Mendoza que hacia la
parte donde ellos estaban se huian muchos de
Gonzalo Pizarro, y el mandaba seguirles el alcance, donde peligraban algunos,
parecioles salir con su gente hasta el rio para hacer
reparo a los que se huian, los cuales rogaban mucho al General no
rompiese ni moviese los escuadrones, porque sin ningun riesgo los
desbaratarian y se les pasaria la gente; y en este tiempo acontescio que, como una
manga del escuadron de Pizarro, en que habia
treinta arcabuceros, se hallo tan cerca de sus contrarios, se pasaron al campo de su
majestad, y por enviar tras ellos se comenzaron a desbaratar los escuadrones, huyendo
unos hacia el Cuzco y
otros hacia el Presidente, y algunos de sus capitanes ni tuvieron
animo para huir ni para pelear; y viendo esto Gonzalo Pizarro, dijo: “Pues todos se van
al Rey, yo tambien”; aunque fue publico
que el capitan Juan de Acosta dijo a Gonzalo Pizarro: “Senor, demos en ellos; muramos
como romanos”. A lo cual dicen que respondio Gonzalo Pizarro: “Mejor es morir como
cristianos”. Y viendo cerca de si al sargento mayor Villavicencio, le llamo, y sabiendo
quien era, dijo que se le rendia, y le entrego un estoque
que traia en el ristre, porque habia quebrado su lanza en su misma gente que se le huia.
Y asi, fue llevado al Presidente y paso con
el ciertas razones; y paresciendole aquellas desacatadas, le entrego a Diego Centeno
que le guardase; y luego fueron presos todos
los capitanes, y el maestre de campo Carvajal huyo, y pensado
aquella noche esconderse en unos canaverales, se le metio el caballo en una cienaga,
donde sus mismos soldados le prendieron y
le trajeron preso al Presidente.
399031 CAPITULO VIII
399032 Del alcance que siguio el Presidente a Gonzal o Pizarro y a su campo, y la
justicia que hizo en ellos
399034 Como el Presidente desde el alto donde estaba vio huir hacia
el Cuzco algunos de la retaguardia del enemigo, daba voces a la
gente de caballo que arremetiese, diciendo que los enemigos iban
de huida, y con todo, ninguno salio del escuadron hasta que se
toco la sena del romper, porque estaban muy avisados dello; y
visto ya claro que todos iban huyendo y desbaratados, les siguieron el alcance, hiriendo
y matando o prendiendo a los que alcanzaban. Fueron presos Gonzalo Pizarro y su
maestre de campo Carvajal, y Juan de Acosta y Guevara y Juan Perez de Vergara; murio
alli el capitan Soria. Los soldados arremetieron a saquear el
campo, donde hallaron mucho oro y plata, y caballos y mulas y
acemilas, donde quedaron muchos ricos, a quien cupieron a cinco
y a seis mil pesos de oro. Y era tanta la riqueza que alli se hallo,
que topando un soldado con una acemila cargada, le corto los lazos, y dejando la carga,
se fue con el acemila; y antes que el se
apartase veinte pasos llegaron otros soldados mas diestros, y desliando la carga,
hallaron que toda era de oro y plata, aunque iba
envuelta en mantas de indios por disimular lo que habia, y les valio mas de cinco mil
ducados. Aquel dia reposo alli el campo, porque
iban muy fatigados de tantos dias como habia que no se quitaban las armas. El
Presidente proveyo que los capitanes Hernan
Mejia y Martin de Robles fuesen con su gente al Cuzco a estorbar
que muchos de los soldados que hacia alla habian ido no saqueasen la ciudad ni
matasen gente, porque era tiempo en que cada uno
procuraba vengar sus enemistades particulares so titulo de la victoria, y para que estos
capitanes prendiesen los soldados de Pizarro
que se hubiesen huido. Otro dia siguiente el Presidente cometio
el castigo de los presos al licenciado Cianca, oidor, y a Alonso de
Albarado como maestre de campo suyo, los cuales procedieron
contra Pizarro por sola su confesion, atenta la notoriedad del hecho, y le condenaron a
que le fuese cortada la cabeza, la cual fuese
puesta en una ventana que para ello se hiciese en el rollo publico
de la ciudad de los Reyes, cubierta con una red de hierro y un rotulo encima que dijese
“Esta es la cabeza del traidor Gonzalo Pizarro, que se levanto en el Peru contra su
majestad, y dio batalla
contra su estandarte real en el valle de Xaquixaguana”. Demas desto, le mandaron
confiscar sus bienes y derribarle y sembrarle de
sal las casas que tenia en el Cuzco, poniendo en el solar un padron
con el mismo letrero; el cual se ejecuto aquel mismo dia, muriendo
como buen cristiano. Asi en el tiempo de su prision como en la ejecucion de su muerte
le hizo el capitan Diego Centeno, que le tenia
a cargo, tratar muy honradamente, sin permitir que ninguno le dijese palabra
deshonesta; y al tiempo que lo mataron dio al verdugo toda la ropa que traia, que era
muy rica y de mucho valor, porque tenia una ropa de armas de terciopelo amarillo, casi
toda
cubierta de chaperia de oro, y un chapeo de la misma forma; y
aun porque no le desnudase hasta que le llevasen a enterrar rescato
Centeno al verdugo todo el valor de la ropa, y otro dia le hizo llevar
a enterrar al Cuzco muy honradamente, y la cabeza se llevo a los
Reyes, donde se puso segun la forma de la sentenc ia. Fue descuartizado aquel dia el
Maestre de campo y ahorcados ocho o nueve
capitanes de Gonzalo Pizarro, aunque tambien despues, como iban
prendiendo los demas principales los justiciaban. Luego se fue al
Cuzco con todo su campo, y envio al capitan Alonso de Mendoza
con cierta gente a la provincia de los Charcas a prender algunos a
quien habia enviado alla Gonzalo Pizarro por dineros, y otros que
se habian huido; y entendiendo que toda la mas de la gente habia
de acudir a las minas de Potosi, que son en aquella provincia de
los Charcas, como a lugar mas rico de la tierra, envio por gobernador y capitan general
al licenciado Polo Hondegardo, y para que
tambien castigase los que alli hallase culpados, asi por haber favorecido a Pizarro como
por no haber acudido a servir al Presidente al tiempo que pudieron. Y juntamente con el
envio al capitan Gabriel de Rojas para que tuviese cargo en aquella provincia
de recoger los quintos y tributos de su majestad, y las condenaciones que el
Gobernador hiciese. De lo cual todo en breve tiempo el
licenciado Polo recogio y envio un millon y doscientos mil castellanos, teniendo a su
cargo lo uno y lo otro, porque pocos dias despues de llegado Gabriel de Rojas, fallecio.
Entre tanto el Presidente se estuvo en el Cuzco, ejecutando cada dia nuevas justicias,
segun las culpas hallaba en los presos, a unos descuartizando y ahorcando, y a otros
azotandolos y echandolos a galeras, y proveyendo
otras cosas necesarias y concernientes a la pacificacion y quietud
de la tierra; y usando del poder y comision que de su majestad
tenia, perdono a todos los que se hallaron en aquel valle de Xaquixaguana y
acompanamient o del estandarte real de todas las culpas
que les pudiesen ser imputadas durante la rebelion de Pizarro en
cuanto a lo criminal, reservando el derecho a las partes en cuanto
a los bienes y causas civiles, segun se contenia en su comision. Esta batalla, de que
tanta mencion quedara en aquella provincia perpetuamente, se desbarato lunes de
Cuasimodo, que fue a 9 de abril
del ano de 48.
402001 CAPITULO IX
402002 Del repartimiento que el Presidente hizo de la tierra despues de la
victoria
402004 La victoria habida, y deshechada la tirania de Pizarro, y castigados los que
della resultaron culpados (en la forma que esta
dicho en el capitulo precedente), se proponia otra muy gran dificultad y de mucha
importancia para el sosiego de la tierra, que era
derramar tanta gente de guerra como estaba junta, porque no
sucediesen otros inconveni entes como los pasados, aunque para
hacerlo era necesario mucha prudencia y tiento; y siendo el numero de la gente mas de
dos mil y quinientos, y los repartimientos
ciento y cincuenta, estaba claro que no podia cumplir con ellos con
todos los demandadores, y que habian de quedar casi todos descontentos; y despues de
haberse tratado de la forma que en el derramamiento deste ejercito se ternia, por ser
materia tan peligrosa
y que no sufria dilacion, se acordo que el Presidente y el Arzobispo se saliesen del
Cuzco a la provincia de Apurima, que es doce
leguas, a hacer el repartimiento, llevando consigo solo el secretario por poderlo hacer
con mas libertad y evitar las importunidades de la gente. Y asi se acabo, dando de
comer a los capitanes y
gente mas senalada, segun los meritos y servicios de cada uno, mejorando a unos y
dando de nuevo a otros; y valio la renta que estaba vaca y se repartio mas de un millon
de pesos de oro, porque
(como se puede colegir desta historia) todos los principales repartimientos de la tierra
estaban vacos, porque Pizarro habia
muerto so color de justicia o en batallas a los que los tenian encomendados por su
majestad, y el Presidente habia justiciado a
muchos a quien los habia dado Pizarro, aunque todos los principales tenia en su cabeza
para los gastos de la guerra; y a estas
personas a quien dio las encomiendas impuso pensiones de a tres
y cuatro mil ducados en dinero, mas o menos, segun la renta principal, para repartirlos
entre los soldados, a quien no habia otra
cosa que dar, para que se apercibiesen de armas y caballos y otras
cosas, y enviarlos por diversas partes a descubrir la tierra; y aun
con todos estos cumplimientos que hizo, le parescio al Presidente que seria m- |mas
conveniente y menos peligroso irse el a la ciudad de los Reyes, y el Arzobispo volviese
en su lugar al Cuzco a
publicar el repartimiento y dar los dineros segun la orden que
para ello traia; y asi se efectuo, aunque no dejo de haber grandes
quejas de soldados, fundando cada uno como tenia mas meritos
para conseguir los indios que aquellos a quien se habian encomendado; y no bastaron
los cumplimientos y promesas que sobre esto se hizo el Arzobispo y los otros capitanes,
para que no hubiese
motines y alteraciones entre la gente, los cuales concertaban de
prender al Arzobispo y a los otros principales, y enviar al licenciado Cianca por
embajador al Presidente para que revocase el repartimiento hecho, y hiciese otro de
nuevo desagraviandolos; donde no, que se alzarian con la tierra; y por la buena orden
que en
esto se tuvo, vino a noticia del licenciado Cianca, que alli habia
quedado por justicia mayor, y prendio y castigo los promovedores del motin; y con
esto quedo todo en paz.
403018 CAPITULO X
403019 De como el Presidente envio a prender a Pedro de Valdivia, y de
los gastos que hizo en la guerra desde que llego a Tierra-Firme
hasta que la fenescio.
403022 Antes que el Presidente saliese en la ciudad del Cuzco, por gratificar lo mucho
que Pedro de Valdivia le habia servido en esta
guerra, le confirmo y dio de nuevo la gobernacion de la provincia
de Chili, que hasta entonces habia administrado, y para juntar
gente y proveerce de armas y caballos y otras cosas necesarias, Pedro de Valdivia se
fue a la ciudad de los Reyes por haber alli para ello mejor comodo; y despues que la
hubo aderezado y juntado consigo la gente que pudo, lo embarco todo, y las
naos se hicieron a la vela, y el quedo para irse por tierra hasta Arequipa. Y en este
tiempo dieron noticia al Presidente como entre la
gente que Valdivia llevaba consigo habia recogido ciertos caballeros y soldados que
sobre los negocios de Pizarro habian sido desterrados del Peru, y algunos para las
galeras; sobre lo cual envio
al general Pedro de Hinojosa para le prender, y como le alcanzo
le rogo mucho que se volviese con el al Presidente; y el no lo quiso hacer, confiado en
la gente que llevaba; y creyendo que por causa della Hinojosa no se atreveria a intentar
contra su voluntad, se
descuido de suerte, que con seis arcabuceros que el llevaba acometio a prenderle, y el,
visto que no podia hacer otra cosa, se fue
con el al Presidente, donde, despues que le satisfizo de la culpa
que se le ponia, le hizo quedar los presos que consigo llevaba y alcanzo licencia para
continuar su jornada; y asi dio licencia a todos los demas vecinos que cada uno se fuese
a su casa a descansar y restuararse de sus gastos pasados, y algunos capitanes envio
a descubrir, y el con los que le seguian se fue a la ciudad de los
Reyes, dejando por gobernador de la ciudad del Cuzco al licenciado Carvajal. En este
tiempo llegaron a la villa de Plata ciento y
cincuenta espanoles que venian, con Domingo de Irala, del rio de
la Plata, y subieron tanto por el, hasta que llegaron al descubrimiento de Diego de
Rojas, y de alli determinaron ir al Peru para
pedir gobernador al Presidente; y vista su demanda, les dio por
gobernador al capitan Diego Centeno, que con ellos y con la demas gente que pudiesen
juntar volviese a hacer el descubrimiento y conquista, aunque despues el no pudo ir,
porque, teniendo casi aderezada la jornada, fallecio; y el Presidente nombro en su lugar
otro capitan que fuese a esta conquista del rio de la Plata; este
rio nace de las cordilleras nevadas que estan en el Peru, entre la
ciudad de los Reyes y el Cuzco, donde salen cuatro rios, nombrados
de las primeras provincias por donde pasan, uno se llama Apurima, otro Vilcas, y otro
Avancay y otro Jauja, que sale de una laguna de la provincia que se llama Bombon, que
es la mas llana y
mas alta tierra del Peru, a cuya causa siempre en ella graniza. La
orilla desta gran laguna esta bien poblada de indios, y dentro en
ella hay muchas isletas llenas de juncos y espadanas y otras yerbas, donde los indios
crian sus ganados. En la expedicion desta
guerra de Gonzalo Pizarro que arriba esta contado gasto el Presidente mucha suma de
dineros, asi en hacer pago y socorros a soldados, como en darles armas y caballos y
bastimentos y fletes y
matalotaje y artilleria, y municiones para ella; y con hacerse todo a
la mayor ventaja que fue posible, desde que llego a Tierra-Firme hasta la victoria se
gastaron mas de novecientos mil castellanos, la
mayor parte de los cuales tomo prestados de mercaderes y otras
personas, porque los quintos reales todos los habia tomado y
gastado Gonzalo Pizarro. Y asi, despues de pacificada la tierra, el
Presidente comenzo a recoger todos los dineros que pudo, asi de
los quintos reales como de los bienes confiscados y de las condenaciones de personas,
y de lo restante ajunto mas de millon y medio de ducados de diversas partes de aquella
provincia, aunque la
principal parte se trajo de la provincia de los Charcas (como arriba lo hemos contado),
y todo lo recogio en la ciudad de los Reyes.
Puso gran diligencia en proveer que, conforme a las ordenanzas, no
se cargasen los indios, asi porque de los trabajos de las cargas habia perecido gran
numero dellos, como porque con el aparejo que
con estos hallaban los espanoles para caminar, no asentaban en
ningun pueblo, y se andaban ociosos de unas partes a otras, sin
aplicarse a oficios ni a otro genero de trabajo; y demas desto, despues de tener el
Presidente asentada la audiencia real en la ciudad
de los Reyes, comenzo a entender en hacer la tasacion de los tributos que los indios
habian de dar a los espanoles, porque hasta entonces nunca se habia hecho, por causa de
las guerras y revoluciones que en aquella provincia hubo desde que se descubrio, sino
que cada espanol tomaba de su cacique el tributo que le daba, y
otros que no se habian tan templadamente les pedian mucho mas
de lo que les podian dar, y se lo sacaban por fuerza; y algunos que
en esto tenian mas disolucion, los sacaban con tormentos y muertes de algunos indios,
confiados en que por causa de las guerras
no se podria saber, o si se supiese, no serian dello castigados. Y la
tasacion se comenzo a hacer en conformidad de los indios y de los
mas espanoles, informandose el Presidente y oidores de los frutos
que producia la provincia que se tasaba, o si habia en ella minas
de oro o de plata o abundancia de ganado, haciendo la tasacion
teniendo respecto a todo esto y a otras particularidades que se
requerian.
405032 CAPITULO XI
405033 De como el Presidente, dejando asentada las cosas del Peru, se
embarco para Espana, y de lo que en el camino le acontescio
405035 Viendo el Presidente que los negocios del Peru estaban tan
llanos y asentados como hemos contado, y que los soldados y gente de guerra estaban
derramados, habiendose enviado los mas a
la provincia de Chili y a la de Diego de Rojas y a otros descubrimientos y entradas
debajo de sus capitanes, y los demas que quedaron en el Peru se habian aplicado a ganar
de comer cada uno en
el oficio que sabia, y otros tratando en el negocio de las minas; y
considerando asimesmo que la audiencia real y los gobernadores
por ella nombrados hacian justicia sin impedimento ni embarazo
alguno, determino venirse a estos reinos usando de la licencia que
de su majestad habia llevado para que cada y cuando que le paresciese se pudiese venir;
y lo que principalmente le movio fue traer
consigo tanta cantidad de dineros como arriba tenemos dicho que
tenia juntos de la hacienda real, paresciendole que ni ella estaba
segura en parte donde no habia fuerza ni seguridad para guardarse, y que so color de
robarle (si a tales terminos viniera) se podian
levantar nuevas alteraciones en la tierra; y asi, despues que la tuvo
embarcada y aparejadas todas las otras cosas necesarias para su
navegacion, sin dar parte a nadie hasta entonces de su deliberacion, envio a llamar al
cabildo de la ciudad de los Reyes, y les propuso lo que tenia determinado; y aunque
ellos le hicieron un requerimiento proponiendole los inconvenientes que podian suceder
de venirse hasta que su majestad proveyese nuevo presidente o
visorey en la tierra, el respondio satisfaciendoles a todo; y asi, se
fue a embarcar, y desde la nao hizo segundo repartimiento de todos
los indios que habian vacado despues que se habia hecho el primer repartimiento cerca
del Cuzco, que eran muchos y muy senalados, porque habian fallecido en este medio
tiempo Diego Centeno y Gabriel de Rojas y el licenciado Carvajal y otras personas
principales y senaladas en la tierra, aunque por ser tantos los que
pretendian ser proveid os y mejorados, y que no se podia cumplir
con todos, le parescio no esperar a oir las quejas de los que se habian de tener por
agraviados. Y asi, hechas las cedulas de las encomiendas, las dejo senaladas en poder
del secretario de la audiencia, con orden que no las abriese hasta que hubiese ocho dias
que
el estuviese hecho a la vela. Y asi, comenzo a navegar por el mes
de diciembre de 1549 anos, trayendo consigo al provincial de la orden de Santo
Domingo, y a Hieronimo de Aliaga, que fueron nombrados por procuradores de la
provincia para negociar con su majestad las cosas della. Y asimesmo vinieron en su
acompanamiento otros muchos caballeros y personas principales, que venian a residir
de asiento en estos reinos con sus haciendas, y todos llegaron
con buen viaje al puerto de Panama; donde desembarcaron, y dandose toda la priesa
posible en pasar la hacienda de su majestad y
la de los particulares al Nombre de Dios, ellos tambien se vinieron
para aparejar las cosas necesarias para la navegacion de la mar del
Norte, teniendo todos al Presidente el mismo respecto y obediencia que le tenian en el
Peru, tratandolos el muy humana y comedidamente y dando de comer a todos los que
querian ir a su mesa,
caso que esto se hacia a costa de su majestad, porque al tiempo
que el Presidente fue proveido a este cargo, considerando que los
otros gobernadores habian sido notados de alguna codicia, por el
aparejo que en la tierra hay de ser aprovechados, y tambien siendo
advertido que ningun salario se le podia senalar en Espana, segun
lo que hasta entonces se usaba, que fuese competente para tratar
su persona y casa, segun los muchos gastos y carestia de las cosas
que en la tierra hay, no quiso aceptar ningun salario senalado, salvo que pudiese gastar
de la hacienda todo lo que le paresciese
necesario para su costa y mantenimiento y gastos de su casa y criados, llevando cedulas
y recaudos para ello. Lo cual el guardaba tan
estrechamente, que todo cuanto se gastaba y compraba en su casa,
asi de mantenimientos como de otras cosas, se hacia por ante escribano que para ello
estaba diputado, y con fe del se tomaba lo
necesario de la hacienda real.
407022 CAPITULO XII
407023 De lo que sucedio a Hernando y a Pedro de Contreras, que se hallaron en
Nicaragua y vinieron en seguimiento del Presidente
407025 En el tiempo que Pedro Arias Davila goberno y descubrio la
provincia de Nicaragua caso una de sus hijas, llamada dona Maria
de Penalosa, con Rodrigo de Contreras, natural de la ciudad de Segovia, persona
principal y hacendado en ella; y por muerte de Pedro Arias quedo la gobernacion de la
provincia a Rodrigo de Contreras, a quien su majestad proveyo della por nombramiento
de
Pedro Arias, su suegro, atento sus servicios y meritos; el cual la
goberno algunos anos, hasta tanto que fue proveida nueva audiencia que residiese en la
ciudad de Gracias a Dios, que se llama de
los confines de Guatemala y los oidores, no solamente quitaron el
cargo a Rodrigo de Contreras, pero, ejecutando una de las ordenanzas de que arriba esta
tratado, por haber sido gobernador, le
privaron de los indios que el y su mujer tenian, y de todos los que
habia encomendado a sus hijos en el tiempo que le duro el oficio,
sobre lo cual se vino a estos reinos, pidiendo remedio del agravio
que pretendia hebersele hecho, representando para ello los servicios de su suegro y los
suyos propios; y su majestad y los senores
del consejo de las Indias determinaron que se guardase la ordenanza, y confirmaron lo
que estaba hecho por los oidores. Sabido
esto por Hernando de Contreras y Pedro de contreras, hijos de Rodrigo de Contreras,
sintiendose mucho del despecho que su padre
traia en lo que habia venido a negociar, como mancebos livianos,
determinaron de alzarse en la tierra, confiados en el aparejo que
hallaron en un Juan Bermejo y en otros soldados sus companeros,
que habian venido del Peru, parte dellos descontentos porque el
Presidente no les habia dado de comer, remunerandoles lo que le
habian servido en la guerra de Gonzalo Pizarro, y otros que habian
seguido al mismo Pizarro, y por el Presidente habian sido desterrados del Peru. Y estos
animaron los dos hermanos para que emprendiesen este negocio, certificandoles que si
con doscientos o
trescientos hombres de guerra que alli se podian juntar aportasen
al Peru, pues tenian navios y buen aparejo para la navegacion, se
les juntaria la mayor parte de la gente que alla estaba descontenta, por no les haber
gratificado el licenciado de la Gasca sus
servicios, y con esta determinacion comenzaron a juntar gente y arma secretamente, y
cuando se sintieron poderosos para resistir la
justicia comenzaron a ejecutar su proposito; y paresciendoles que
el obispo de aquella provincia habia sido muy contrario a su padre en todos los
negocios que se habian ofrecido, comenzaron por
la venganza de su persona, y un dia entraron ciertos soldados de
su compania adonde estaba el obispo jugando al ajedrez, y le mataron y alzaron
bandera, intitulandose el ejercito de la libertad; y
tomando los navios que hubieron menester, se embarcaron en la
mar del Sur con determinacion de esperar la venida del Presidente,
y prenderle y robarle en el camino, porque ya sabian que se aparejaba para venirse a
Tierra-Firme con toda la hacienda de su majestad, aunque primero les parescio que
deberian ir a Panama, asi
para certificarse del estado de los negocios, como porque desde
alli estarian en tan buen paraje, y aun mejor, para navegar la vuelta del Peru, que desde
Nicaragua; y habiendose embarcado cerca
de trescientos hombres, se vinieron al puerto de Panama, y antes
que surgiesen en el se certificaron de ciertos estancieros que prendieron de todo lo que
pasaba; y como el Presidente era ya llegado
con toda la hacienda real, y con la de otros particulares que traia,
paresciendoles que su buena dicha les habia traido la presa a las
manos, esperaron que anocheciese, y surgieron en el puerto muy
secretamente y sin ningun ruido, creyendo que el Presidente estaba en la ciudad, y que
sin ningun riesgo ni defensa podrian efectuar su intento; aunque, como ya esta dicho,
habia tres dias que,
despues de enviada casi toda la hacienda real, el Presidente y los
de su compania habian pasadose al Nombre de Dios, porque, a estar alli, se tiene por
cierto que corriera gran peligro el y toda la
hacienda, por estar tan seguro y sin recelo de semejante acontecimiento. Y como
supieron estos hermanos la ausencia del Presidente, acudieron ante todas cosas a la casa
de Martin Ruiz de Marchena, en cuyo poder, como tesorero de su majestad, estaba la
caja
de las tres llaves; y prendiendole a el, le robaron hasta cuatrocientos mil pesos que alli
habian quedado en plata baja de su majestad,
por no haber bastado las recuas de la tierra para lo llevar; y llevaron a Marchena y a
Juan de Larez y otros vecinos a la plaza, diciendo que los habian de ahorcar si no les
descubrian donde estaban las armas y el dinero de la tierra, y ningun temor basto para
que se lo descubriesen; y habiendo puesto en sus navios todo el
oro y plata y otras haciendas que robaron, les parescio que todo
su buen suceso consistia en ir con brevedad al Nombre de Dios, y
tomar de sobresalto al Presidente antes que fuese avisado ni se pudiese apercibir para la
defensa; y asi, determinaron salir de la ciudad para hacer la jornada, y que Juan Bermejo
se quedase con cien
hombres en campo, junto a la ciudad de Panama, asentando el real
en un recuesto, a efecto de que pudiese hacer espaldas a la gente
que iba al Nombre de Dios, y recoger la presa que de alla enviasen, y prender y matar a
los que de alla creian que vernian huyendo y desbaratados, asi de la gente del Presidente
como de los mercaderes y vecinos de la tierra; y Pedro de Contreras, su hermano, con
el resto de su campo, caminase para el Nombre de Dios, paresciendoles que bastaba
aquello para tomarlo de sobresalto, aunque les
sucedio muy de otra manera que ellos lo tenian figurado; porque a
la hora que Marchena sintio el negocio despacho dos negros muy
diestros en la tierra, el uno por tierra y el otro por el rio Chagre,
por donde habia ido el Presidente en barcos; porque este rio de
Chagre nace de unas cordilleras de sierra que hay entre Panama
y Nombre de Dios, aguas vertientes a la mar del Sur, y paresciendo que corre hacia
ella, se vuelve despues por unas quebradas a meterse en la mar del Norte por espacio de
catorce leguas, por manera que para poderse navegar de una mar a otra faltan solamente
de romperse aquellas cuatro o cinco leguas, aunque, por ser de sierras y tierra muy
aspera y doblada, se tiene por imposible (como
lo fue), romper tanto menos cantidad de tierra como hay en el Peloponeso, entre el mar
Egeo y el Jonio, donde agora se llama la
Morea; caso que fue tentado por tantos emperadores con la costa
y trabajo que cuentan los historiadores; y asi, desde Panama van
por tierra cinco leguas, hasta una venta que llaman las Cruces, y
alli se embarcan por el rio y van a salir a la mar del Norte, a cinco o seis leguas del
Nombre de Dios. Pues el mensajero que fue por
el rio alcanzo al Presidente antes que llegase al Nombre de Dios, y
siendo avisado de lo que pasaba, lo comunico con el provincial y
con los otros capitanes que iban en su compania, sin mostrar ninguna alteracion de las
que parescia requerir el negocio, aunque
sintio mucho que saliendo a la mar le calmo el viento de manera
que no pudo navegar, y tomo por remedio enviar al capitan Hernan Nunez de Segura
con ciertos negros que le guiasen por tierra
hasta el Nombre de Dios, para apercebir la gente del pueblo y poner en recado la
hacienda real y la de los particulares. Segura camino a pie por donde las guias le
llevaban, aunque con muy gran
trabajo, por causa de los muchos rios, algunos de los cuales, por
tan crecidos, hubo de pasar a nado, y por la dificultad de los arcabucos y anegadizos
que hay, porque no es camino cursado ni por
donde pasa nadie en muchos tiempos. Pues llegado al Nombre de
Dios, hallo que ya se sabia alla el suceso por medio del otro mensajero que habia dado
el mandado por tierra; y asi, estaban ya apercebidos lo mejor que pudieron, sacando en
tierra mucha gente de
los navios que habia en el puerto, que eran nueve o diez. Y ya en
esta sazon llego por mar el Presidente, y con buena industria se
habia acabado de poner en orden la gente, y salieron con el mejor apercebimiento que
les fue posible del Nombre de Dios, la
vuelta de Panama por tierra, yendo por cabeza el Presidente, y en
su lugar Sancho de Clavijo, gobernador por su majestad de aquella
provincia, que acaso habia venido en su acompanamiento desde
Panama por el rio de Chagre.
411001 CAPITULO XIII
411002 Como Hernando y Pedro Contreras fueron vencidos y desbaratados
por la gente de Panama
411004 Habiendo robado estos dos hermanos la ciudad de Panama,
y muerto alguna poca gente que se les puso en resistencia, se acordo (como arriba esta
dicho) que Pedro de Contreras se quedase en
la mar en guarda de los navios y de la presa que se habia hecho, y
para recoger lo que se le enviase, dejandole alguna parte de la
gente que parescio ser necesaria; y que Juan Bermejo con la mitad
de su campo asentase el real en una estancia junto a Panama para
el efecto que esta dicho; y que Hernando de Contreras con el resto
del ejercito, se fuese al Nombre de Dios; y asi se ejecuto todo; y
en viendo Martin Ruiz de Marchena y Juan de Larez, regidor del
Nombre de Dios, que se habia dividido la gente de estos hermanos,
parescioles que serian parte para desbaratar a Juan Bermejo y a
los que con el quedaban; y asi, poniendo en ello diligencia, con
mas brevedad de la que parescia posible recogieron toda la gente
de la ciudad, que andaba huida por el monte, y los negros de las
recuas y estancias, y armandolos lo mejor que pudieron, y dejando en la ciudad alguna
guarda, y tomadas las calles con baluartes de tierra y fagina, porque no saliesen los de
las naos a hacer
nuevos danos o a socorrer a los suyos, ellos salieron en campo
contra Juan Bermejo y su gente, y pelearon los unos y los otros
hasta que Juan Bermejo fue desbaratado, y muertos y presos todos los suyos. Y luego
determino Marchena de irse derecho al
Nombre de Dios, sospechando lo que fue, que, teniendo noticia
Hernando de Contreras en el camino que no solamente los del
Nombre de Dios estaban apercebidos para la defensa, sabida la entrada de Panama,
pero que venian contra el en campo, se habia de
retirar para juntarse con Juan Bermejo, y ver si se sentian fuertes
para la defensa; y si no, embarcarse con la presa. Pues tornandose Hernando de
Contreras a Panama desde el medio camino, y sabido por algunos negros que tomo la
victoria que se habia habido
contra Juan Bermejo y los suyos, y que ejecutando la victoria venia contra el, se
desbarato, y mando a los suyos que cada uno se
fuese por donde mejor les paresciese hasta llegar a la mar, porque
alli les ternia su hermano los bateles en la playa para recogerlos
en la armada; y asi lo hicieron, y el con algunos de los suyos se
desvio del camino real, temiendo encontrar con Marchena; y como
en aquella tierra hay tantas espesuras y rios y arroyos, y el estaba
poco diestro en los pasos, se ahogo en un rio, y algunos de los suyos fueron presos, y
otros nunca mas se supo dellos. Los que escaparon desta rota vivos y de la de Juan
Bermejo fueron llevados
presos a Panama, y teniendolos atados en la plaza, un alguacil
los mato a punaladas con una daga. Sabido por Pedro de Contreras, que estaba en la
mar, el desastrado fin de su gente, paresciendole que no ternia tiempo para hacerse a la
vela, se metio en un
batel el y algunos de los suyos, desamparando las naos y todo cuanto en ellas estaba; y
navego costa a costa hasta saltar en una provincia que se llama Nata, donde nunca mas
se ha sabido que se hizo, aunque se cree que dio en indios de guerra, que por alli hay
muchos, y le mataron. Siendo avisado el Presidente de todos estos sucesos, se volvio
con toda su gente al Nombre de Dios, dando
gracias a nuestro Senor por la senalada merced que le habia hecho
en librarle de un peligro tan no pensado, y que no se habia podido prevenir con
diligencia ni por otro medio alguno, salvo que a
llegar cinco o seis dias antes esta gente le prendieran, y se apoderaban sin riesgo ni
peligro alguno de la mayor presa que nunca
cosarios habian hecho. Pacificado este alboroto, el Presidente se
embarco, poniendo en orden y a punto de guerra los navios en que
traia la hacienda de su majestad, y llego en salvamento a estos reinos sin que le
acontesciese desgracia ninguna, sino fue que un navio que traia a cargo Juan Gomez de
Anaya con cierta parte de la
hacienda de su majestad, se aparto de la compania y arribo al
puerto del Nombre de Dios, aunque despues llego en salvamento a
estos reinos. En entrando el Presidente con su flota por la barra
de Sanlucar, despacho por la posta al capitan Lope Martin que
fuese a Alemana, a dar noticia a su majestad de su venida, la cual
le fue muy agradable nueva, y que puso grande admiracion y espanto en todas aquellas
provincias donde dello se tuvo noticia, por
haber tan buen suceso como nuestro Senor encamino en la buena
ventura de su majestad en negocios que tan dificultosa parecia que
habian de tener la salida. Venido el Presidente a Valladolid, dende
a pocos dias fue proveido del obispado de Palencia, que vaco por
muerte de don Luis Cabeza de Vaca, y su majestad le envio a mandar que se partiese
luego para su corte, para tomar del relacion
particular de todos los negocios en que habia tratado; y el lo cumplio luego, y se partio
de Valladolid, llevando en su compania al
provincial de Santo Domingo y al capitan Hieronimo de Aliaga,
que vinieron por procuradores de la provincia del Peru, y a otros
muchos caballeros y personas senaladas, que pretendian recibir de
su majestad, mercedes y remuneracion de lo que le habian servido
en la pacificacion del Peru, y con todos ellos se embarco el obispo
en Barcelona, en las galeras que le estaban esperando, y llevo en
ellas quinientos mil escudos labrados en reales, que su majestad le
envio a mandar que llevase. Y poco antes desto su majestad proveyo por Visorey del
Peru a don Antonio de Mendoza, que lo era en
la Nueva-Espana, y en su lugar envio a don Luis de Velasco, veedor
general de las guardias de Castilla.

KUPRIENKO