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Тадео Ксавьер Энис. Исторический дневник восстания и войны племен гуарани. Tadeo Xavier Henis


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de las Corrientes, como se supo por las cartas del padre, que
inconsideradamente pedia se le diese sepultura eclesiástica, y
los arreos del caballo.

48. Con mas lentitud que lo que convenia, tomaban las armas los
indios, cuando el enemigo amenazaba seriamente. Juntáronse los
capitanes Lorenzistas y Miguelistas, eligieron otra vez otro del
mismo pueblo en el oficio de teniente y supremo capitan, sucesor
de Alejandro que habia sido muerto, y despues del dia de San
Miguel recojieron las tropas. Entretanto llegó un aviso cierto,
que los Portugueses se habian apoderado de las colonias del rio
Yaguy, y que intentaban pasarlo; y que, habiendo hecho señal con
un cañon de los mayores, llamaban á los indios para que
hablasen, se entregasen y sugetasen. Pero ellos en nada menos
pensaban que en esto, porque, apareados todos en uno, reusaban,
ó no querian entregar las tierras de sus antepasados en manos de
un enemigo que les habia sido siempre pernicioso. No obstante
habia cierto fundamento, no sé si verdadero ó falso, que el
teniente de San Lorenzo, quien gobernaba la partida de
presidarios de dicho pueblo en las vecinas estancias, habia
llevado á los reales de Gomez Freire los dos sobredichos
españoles, y que en ellos estaba detenido en rehenes. Mas
despues se supo que habian errado en la parte segunda ó
posterior, porque el dicho teniente, habiendo hablado con los
Portugueses, y habiéndoles ofrecido libremente entrada á sus
tierras, les dió mucho ganado para su alimento, pero con el fin
ó estratagema, que luego que saliese el Portugues á las campañas
abiertas de aquellas tierras, de entre las espesuras del bosque,
cercados por los de San Luis, (porque los indios pueden pelear á
caballo con increible destreza, siendo los del torpes en
este género de milicias) los atacase la caballeria de los indios
en sus tierras, y tambien con número incomparablemente mayor que
los Portugueses, que venian de lejos en caballos cansados con el
hambre y consumidos con los frios, lo que ponia á los indios
iguales en las armas á los Portugueses. Esperaba pues dicho
Lorenzista, que si los sacase á las llanuras de aquellas sus
tierras, los habia de acabar ó derrotar con el ímpetu de su
gente y caballos: pero como casi penetrase el intento Gomez
Freire, se resistió fuertemente, y no quiso salir de entre los
montes y breñas. Cierto indio fugitivo, baqueano de la tierra, y
natural de San Borja, que de muchos años á esta parte se habia
huido de su pueblo, (como suelen los indios malhallados con la
enseñanza, y deseosos de vida mas libre) y habitaba en las
soledades de los bosques que terminan las estancias de los
pueblos, con no pequeña tropa de los de su mismo proceder,
saliendo de cuando en cuando á las vecinas estancias de San
Miguel, arreaba gran número de caballos y ganado, no solo para
su alimento y de los suyos, sino para contratar con los
Portugueses. De cinco años á esta parte, poco mas ó menos,
comenzaron los Miguelistas en las cabezas de sus tierras á
perseguirlo como ladron; y si cierto sacerdote no hubiese
intercedido al capitan de los estancieros, lo hubieran muerto,
como lo tenia bien merecido. Pero dejándolo vivo, lo llevaron á
su pueblo con casi 20 de sus paisanos ó compañeros. Apenas habia
estado en este pueblo un poco de tiempo, cuando en el silencio
de la media noche se fué á incorporar con 60 gentiles de la
nacion Minuana, que poco ha se habia agregado al número de los
catecumenos, y persuadió á muchos que se huyesen; hallándose el
cura á la sazon en ejercicios en el vecino pueblo de Santo Tomé.
“No creais, decia á los Padres, que inmediatamente os han de
llevar con cadenas y grillos á las ciudades de los españoles,
para que seais esclavos de ellos: ¿por ventura no advertis que
os atraen con sus halagos á este fin?” El cura se habia ido á un
pueblo vecino al rio. Habia llegado otro sacerdote, que no
estaba bien impuesto en la lengua, con motivo de confesar á un
indio herido de un tigre. Habia sido enviado antes por los
españoles, y era tan viejo, que desvariaba, sin poder tomar
sueño, con una enfermedad que habia contraido en el camino. A
este decia el embustero, que los españoles venian: “creedme,
añadia, que si esta noche no os escapais, acaso mañana estareis
cautivos.” Finalmente, persuadidos con estas y semejantes
mentiras, se huyeron todos, á excepcion cuando mas de 10 mugeres
y niños, quienes estando ya bien hallados con aquel racional
modo de vivir, compraron de sus padres á precio de lágrimas la
licencia para quedarse. Unos tomaron con teson la huida hasta el
rio Ibicuy ó de Arenas, otros hasta sus orillas, otros se
escondieron por los campos y bosques vecinos á la vista del
pueblo, para ver si sucedia algun mal á los suyos que se habian
quedado. Pero, habiendo vuelto al amanecer el cura, é impuesto
de lo acaecido, recojió á los fugitivos y, por sentencia del
Superior de Misiones, envió ó desterró al pésimo consejero
embuidor al pueblo de la Trinidad, de la otra banda del gran rio
Paraná. Con todo, no bastó esto para que este embustero perverso
no se huyese otra vez, y se refugiase finalmente á los
Portugueses, quienes por estas esclarecidas hazañas lo hicieron
corregidor (ó principal del pueblo, como llaman los españoles)
del pago que habian formado de los paisanos del dicho, y
participantes de su suerte: y así lo recibieron solamente para
que diese dictamenes contra su gente y compatriotas.

49. Este versista embustero, pues, resistió audacísimamente, y
conociendo el génio de los suyos, enseñó que habia que recelar:
mas que con maña y estratagema se debia abrir el camino; y él
mismo contuvo con gran prudencia á los Portugueses, que deseaban
entrar al pago de Santa Tecla, por las tierras de San Miguel,
con un ejército poderoso de valor, armas y caballos, que con su
velocidad y arrebatada carrera los hubiera atropellado. Animaba
tambien este Aquitofel á los sanguinarios enemigos con sus
sazonados y agudos chistes. Y no ignorando el odio antiguo de
los Brasileros, que aborrecen á los pastores de este rebaño, y
para hartar tambien el suyo, se llamaba compañero de ellos, y se
les ofrecia á correr la tierra, y recoger las cabezas de los PP.
que cortasen las espadas vencedoras de Gomez Freire.

50. Los Luisistas, que tenian tomado el paso del rio Phacido,
viéndose desiguales en número y armas al enemigo, y que este
intentaba pasar el rio, por engañarlo en sus esperanzas, y
hacerle creer que se querian entregar, bajo capa de amistad, les
dieron ó regalaron toros y vacas para que comiesen y matasen
para su sustento, mientras volaban correos por los pueblos, y se
juntaban los ejércitos. Pasaron finalmente algunas compañías de
Portugueses, y se decia que 20 canoas se habian ido á pique en
las aguas del rio Guazú, cuando las pasaban, y se acamparon á
sus orillas, entre un espeso monte que teñian por una y otra
parte las riberas: y que tambien se habian fortificado con una
estacada que habian cortado de lo interior del bosque. Aunque
los exploradores aguardaban à los que despacharon hácia afuera,
muchos no volvieron, muriendo sacrificados por las lanzas de los
indios. Primeramente, los Luisistas despedazaron seis: otros
veinte, que llevando frenos iban á juntar caballos, como
viniesen los Miguelistas, tres de ellos quedaron víctimas de su
furor. Por estos se supo que los Portugueses padecian hambre, y
que la gente se desparramaba por los montes, buscando con ansia
para comer, los cogollos de las palmas, y que luego que cazaba
uno algun tigre ú otra fiera, volaban los otros, y se mataban
mútuamente; y que con este género de muerte habian acabado 64.

51. En este intermedio vinieron de los campos de San Juan
algunos gentiles y capitanes bárbaros, y se ofrecieron á sí y á
los suyos por auxiliares, y volviéndose despues, fueron á
recoger sus gentes. De las estancias de San Lorenzo, que estaban
próximas al enemigo, se avisó, que la peste de las viruelas se
aumentaba demasiadamente: por lo cual el cura de este pueblo,
despues de vencidas algunas dificultades de los suyos, y la
resistencia de los de su pueblo, se fué allá á proveer de
medicinas espirituales á los enfermos, é impedir con toda
industria no se extendiese este achaque.

52. Ya habia entrado Octubre, cuando compuestas algunas
discordias y desconfianzas que los indios tenian entre sí mismos
se juntaron finalmente las tropas de los pueblos, y el dia 4 se
presentaron delante del enemigo, y enviándole á Gomez Freire
unas cartas, le declararen la última resolucion, que era
defender valerosamente las tierras de sus antepasados, y por
tanto que se volviese en paz á su casa, y que tuviese para sí
sus cosas, dejándoles á ellos lo que era suyo: y que si él
deseaba tanto la paz (porque como habia informado por varios
correos, queriendo engañar los indios, decia que él jamas habia
venido à hacer la guerra; que queria ser amigo de los indios, y

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