pueblos, lo que no haria sino hubiera esperanza de paz, habiendo
mantenido, y probado muy bien en Roma, que él apenas se creia
capaz de cargar con el peso de esta provincia, estando tan
turbada. Y finalmente corria por entonces cierto rumor, que
habiendo vuelto los exploradores de Yapeyú, los cuales rio abajo
vigiaban los movimientos de los españoles, habian dicho, sin
asegurarlo, que aquel su perseguidor habia sido llevado á Lima,
_nande moangeio hare ogucrhaima Lima yape_. Se espera mas cierta
noticia de esto.
43. Fenecia el mes de Julio, cuando unos correos de Yapeyú,
volando ó corriendo, avisaron que en el salto del Uruguay se
veian 20 lanchas de españoles: que los exploradores cruzeños se
habian encontrado con los exploradores españoles, y que les
habian oido decir, que por mandado de los generales del ejército
se acercaban: que cuatro religiosos, de la familia del Seráfico
Padre San Francisco, habian de venir á Yapeyú, à las fiestas del
gran Padre San Ignacio, á mover con actividad las cosas de la
transmigracion: y habiendo llegado el teniente del corregidor de
San Nicolas, habia traido cartas del Capitan General _D. Nicolas
Ñenguirú_, corregidor de los Concepcionistas, que pedian
socorros militares ó gente armada: se determinó que despues de
la fiesta de la Asumpcion de Nuestra Señora, partiesen las
tropas de cada pueblo. Entretanto, la fama con tres correos
consecutivos consolaba los tristes, porque decia que en los
campos de Yapeyú habia llegado un escuadron de españoles, á un
pequeño pago, llamado de Jesus María, que está situado cerca de
los saltos del Uruguay: pero habiéndolo mandado parar el indio
superior del pago, y que se volviese á sus tierras, y habiendo
afirmado que sus compatriotas de ninguna suerte se habian de
mudar, y que ni los otros pueblos habian de permitir la
transmigracion, ofendidos de la libertad del indio que se
resistia, habiéndolo amarrado, lo llevaron con los suyos al
resto del ejército. Esparcido este rumor por los vecinos
estancieros, los excitó á tomar las armas, y habiendo llamado y
convocado las tropas de Charruas, Minuanes y Guanoas gentiles,
que andaban vagando por estos campos en lo mas intempestivo de
la noche, acometieron á todas las tropas de los españoles: á
algunos despojaron (se dijo que fueron 50), á otros obligaron á
huir, quitaron toda una caballada, y pusieron en libertad á los
prisioneros. Estas cosas sucedian en el Uruguay.
En el rio Phacido, los exploradores Luisistas salieron de su ya
destruida fortaleza, y acercándose á la de los Portugueses,
hicieron huir tres guardas de los caballos, que los apacentaban
junto á la misma fortaleza; y habiéndoles tirado en vano un
cañonazo desde el castillo, quitaron al enemigo una tropa de
14 caballos.
44. De Europa avisaron por Lima, que el confesor del Rey,
vencido al fin de los estímulos de su conciencia, habia
declarado al Monarca _in totum_ el estado de las cosas de los
indios: que se habia horrorizado su Magestad, y que luego al
punto habia mandado juntar el Consejo de los Proceres, y que
habia tambien convocado las Universidades á junta, para que
dijesen y examinasen, si los indios, que sin armas y de su
propio _motu_, por la sola predicacion se habian sujetado, y
rendido á su proteccion sus tierras, y si estos, así libremente
sujetos, pudiesen ser lícitamente despojados de sus tierras, y
algunos otros puntos. Todavia no se sabe el fallo de los
consejeros, pero se espera que la justicia de la causa obligará
á los jueces á dar una justa sentencia.
45. Entretanto, los pueblos situados á la otra banda del
Uruguay, con los de San Nicolas que estan de esta, juntaron á
toda prisa 11 partidas contra los Españoles que se iban
acercando: á saber, los Concepcionistas, las Nicolasistas, los
Tomistas, y finalmente los de la Cruz, los de los Apóstoles, con
los de San Carlos y San José, los de San Xavier, y tambien los
de San Borja: pero, habiendo mudado de parecer, se apresuraban á
unirse á los de Yapeyú. Demas de esto, los de los Martires, que
ahora poco há, persuadidos del cura, se habian resuelto á
marchar, se quedaron atras: así decian, pero falsamente, porque
se fueron despues en canoas por el rio Uruguay. Solo un indio,
único del pueblo de Santa María, que poco há habia sido depuesto
del cargo de capitan de dicho pueblo, con algunos pocos
compañeros, se fué á los reales de los suyos á aumentarlos, no
en número sino en ànimo: se contaban 150 de cada pueblo, y no es
bastantemente cierto si se juntaron tantos ó menos. De los demas
pueblos de la otra banda del Uruguay, se juntaron tropas
auxiliares de 25 hombres de á caballo, y 60 á pié del pueblo de
San Miguel; mas un nuevo caso ó suceso, y otros nuevos avisos,
obligaron á quedar en sus límites.
46. Era el dia de la fiesta de la Asumpcion, cuando tres
Luisistas, que poco há con astucia y perfidia habian sido
cautivados en el Rio Verde, (ó como dicen los Portugueses,
_Pardo_, siendo por ellos mas conocido con este nombre) el dia
antes de la fiesta se aparecieron en este puerto, cuando menos
los esperaban. Estos contaban las siguientes cosas, es á saber:
que despues de haber pasado dos semanas de cautiverio en la
fortaleza del Rio Pardo, los llevaban rio abajo en una lancha á
otro fuerte de los Portugueses, situado en la boca del Rio
Grande, y de aquel grande estanque, para que fuesen presentados
al Virey y autor de todos estos males–el iniquísimo Gomez
Freire. Eran 50 los cautivos, custodiados por 15 ó 16
Portugueses que los acompañaban. Por lo que, vista tan pequeña
guardia, y incitados por algunos españoles que iban allí, los
cuales dijeron que los llevaban á matar, conspiraron en matar la
guardia, y ponerse en libertad, y no prevalecieron los pareceres
de algunos que no aprobaban el motin por defecto de armas y
discordia de los ánimos. La última deliberacion fué contra los
Portugueses, y así inopinadamente acometieron à los guardas, que
acaso iban gobernando los remos y velas; y habiendo muerto al
capitan y otros dos soldados (aunque las cartas de Gomez Freire
numeraban diez, como se verá despues) salieron los demas, y
habiendo atacado con armas á los que estaban desarmados,
obligaron á muchísimos á arrojarse al agua. Navegaban por medio
del gran rio, por lo que ahogados algunos por las rápidas olas
de aquel, casi otros 20, que iban nadando, perecieron á
escopetazos. Quedaron vivos solamente 16, (no sé por que causa)
los que fueron llevados á la fortaleza, en donde, habiendo sido
examinados por Gomez Freire, los mandó volverse á sus pueblos,
con cartas llenas de quejas y amenazas. Los dos españoles que
iban presos y encadenados, no sé por que delito, fueron mandados
que acompañasen á los indios, y llevasen las cartas, y trajesen
las respuestas, si viviesen. Los primeros que llegaron con estas
noticias fueron tres Luisistas, despues otros tantos
Lorenzistas; dos Juanistas se quedaron en sus estancias, y así
mismo seis Miguelistas, de los cuales uno enfermó en el castillo
de los Portugueses, de viruelas (peste cruelísima para los
indios): otro murió de la misma enfermedad en las estancias de
San Lorenzo, en donde tambien aquellos dos españoles, como se
pensaba, acabaron la vida, lanceados. Los otros cuatro, porque
no fuese que trajesen la peste al pueblo, se les mandó se
estuviesen en los campos de sus estancias: y ya comenzaba á
cundir, porque, habiéndose muerto algunos Lorenzistas, los
Miguelistas, tomando con ansia los vestidos, trajeron la peste.
47. Demas de esto, avisaron estos recien venidos, que Gomez
Freire habia llegado al rio Verde con 30 piezas, nueve
barquillos, 2,000 soldados y 2,000 caballos: mas parecia del
todo increible este número, aunque lo afirmasen los Portugueses
con la ponderacion que acostumbran los soldados: y que otros
2,000 estaban listos en el Rio Grande ó en los Pinales; los que
se componian de hombres Paulistas, (que tienen propiedad y
costumbre de vender lo que no es suyo, á los que en el país
llaman _Gauderios_). Empero los indios, testigos oculares,
decian que apenas llegaban los soldados al número de 600 ó 700:
lo mismo referian otras cartas de algunos capitanes españoles,
que militaban entre los Portugueses, que no pasaban del número
de 1,150; que muchos caballos se les habian muerto, y
probablemente se les habian de morir todos con la seca; y que
una embarcacion de algunos artilleros se la habia tragado el
mar. Contaron ademas, que entre los soldados se iba entrando la
peste, de camaras de sangre y viruelas; tambien por este tiempo
corria el rumor, y no falso, de que seis españoles habian
llegado de Buenos Aires con nueve cartas, al pago de San Pedro,
que es de los de Yapeyú; mas que los estancieros, habiéndoles
quitados las cartas, habian muerto tres, salvándose los demas
con la huida, y estaba entre los muertos un hijo de un regidor,
que es ahora, y en otro tiempo fué Teniente General de la Ciudad




















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