nubes, vistas las orillas del rio, lo hallamos crecido de tal
suerte, que no teniendo en otras ocasiones apenas cinco pasos de
anchura la puente que era indispensable echarle, se debia
estenderlo á sesenta. Se fabricó dicho puente con palos clavados
en el arroyo, afianzados estos pértigos con varas, y sobre estas
se entretejieron otras á lo largo: y así dieron paso á la gente.
Por este puente, fabricado á toda priesa, las cuatro piezas de
artilleria se transportaron primeramente en hombros de los
indios, y despues todo el tren de armas y caballos: hubieras
visto con risa á un muchacho indio pasar á la otra parte su
perro sobre los hombros. Pero la mayor dificultad y trabajo fué
pasar las tropas de caballos, bueyes y vacas, que eran mas de
3,000; porque como el arroyo era rápido, y poblado en el medio
de muchas malezas y arbolillos, á los que nadaban, ó del todo
los arrebataba, ó los enredaba, y tambien los sorbia y ahogaba.
Se echaron pues al arroyo, por una y otra parte, veinte
nadadores, que impelian, arrimaban y forzaban con las voces y
manos á los caballos, mulas y otros animales, hasta tanto, que
todo aquel gran número hubo pasado el rio. Al mediodia estuvo ya
todo el egército en la otra banda, y caminadas aun el mismo dia
dos ó tres leguas, cuando se habia ya campado, 30 Lorenzistas,
que seguian el ejército, lo aumentaron en algo, aunque menos de
lo que se esperaba.
32. Seguíase despues la fiesta de San Marcos, y se invocò el
auxilio de todos los moradores celestiales, con la misa, y
letanias que se acostumbran en la iglesia, dentro del toldo ó
pabellon, porque el mucho heno ó yerba, con la lluvia y
tempestad de toda la noche, impidió la procesion, y porque
todavia amenazaban las nubes un próximo aguacero. Hasta el
mediodia estuvieron separados: mas tomadas las medidas
militares, aunque un denso rocio humedecia la tierra, se
caminaron tres leguas, y quizá cuatro. Esta noche el ejército se
mantuvo en sus reales, porque los exploradores que fueron
enviados antes de ayer no habian vuelto. El mismo supremo
capitan habia determinado ir á buscarlos, y habiéndolos
encontrado despues de entrada la noche, y pedidoles cuenta de lo
que habian visto, ninguna cosa cierta digeron, sino que casi en
este lugar y á la vista estaba el enemigo. Esta noche, y en
adelante, se puso silencio á las trompetas y cajas, para que el
enemigo no sintiese la venida del ejército: tambien la estrella
llamada Sirio serenó la noche, y asimismo el dia siguiente.
33. Al rayar este dia se caminaron casi tres leguas, porque no
se habia de pasar adelante, si no es que incauto el ejèrcito se
acercase demasiadamente al enemigo, y se presentase á su vista:
fijáronse los reales, no en circulo como otras veces, sino en
dos líneas, en órden de batalla, distante solamente dos leguas
de los contrarios. Habiendo sido enviado por el rio Azul arriba,
hácia el norte, algunos que sondasen las aguas, por si acaso se
hallase un vado mas facil, porque en verdad no convenia pasar
por el paso nuevo, ni tampoco por el que tenian fortificado con
centinelas los Portugueses, para que de esta suerte el enemigo
fuese acometido mas inopinadamente, y toda la tropa vadease el
rio sin obstáculo y repugnancia, mas facilidad y desahogo.
Tambien algunos baqueanos fueron por espacio de una legua y
media á esplorar la fortaleza del enemigo, de modo que
distásemos solamente media legua, del otro lado de un rincon ó
ensenada de un bosque. Se conoció, que habia dejado su primera
situacion, y quemadas las primeras cabañas ò ranchos, se habia
situado poco mas arriba, en un collado lleno de monte, el cual,
por la parte que mira y toca los dos rios, Phacido y Azul,
acabando todo en un ángulo con el bosque, mostraba la tierra
hácia la llanura: pero estaba esta fortificada con una estacada
desde una punta del bosque hasta la opuesta: en el medio se
veian palos clavados en la tierra para los ranchos, y algunos
galpones del todo acabados. Se oyó tambien el tiro de una
escopeta, al tiempo que se exploraban estas cosas, mas no se
juzgó fuese señal del enemigo que estuviese vigiando. Tambien se
vió en el campo, de esta parte del rio, entro una alta maciega,
algo que corria velozmente: se sospechó que fuese espia del
enemigo, pero otros mas probablemente la juzgaron avestruz.
Despues de visperas, se halló que ya no habia para el sustento
del ejército mas que un poco de cecina cocida, de modo que no
habia víveres sino para un dia, por la ninguna providencia que
acostumbran los indios. Se mandó que al dia siguiente se
depachase un mensagero á traer reses, y que entretanto se
diminuyese la racion á la tropa. Esta disposicion, sinembargo,
no podia ser bastante para que el ejército por algunos dias no
padeciese hambre. En el sitio de la vigia ó atalaya se mantuvo,
con algunos soldados escogidos, el mismo capitan Sepé,
miguelista.
34. Entró la noche con un horrible aspecto hácia el sud: toda
estuvo frigidísima, y tambien el dia siguiente, 27 de Abril: con
todo volvieron los exploradores que habian ido por una y otra
parte. Estos digeron, que no se veia en la frontera movimiento
ninguno del enemigo. Aquellos aseguraron que el vado que se
habia hallado no estaba muy distante de los rios, ni del sitio
del enemigo. Al amanecer, pues, se arrimó hácia allí todo el
ejèrcito, y abriendo camino con las hachas, por medio del
bosque, que está de una y otra parte, se movieron al mediodia
los reales hácia aquel sitio, dejando atras solamente algunos
enfermos, con el custodio de sus almas, ó sacerdote.
35. El dia 28 (Domingo) todo el ejército se ocupó en armar un
puente, tal cual se hizo en el rio Lavatorio, aunque este era
mayor, y necesitó el trabajo de todo un dia. Entretanto,
llevaron todos los caballos á un valle, que con amenidad se
estiende por las riberas del rio Verde, y tambien hicieron pasar
allí al pastor de sus almas, con los demas, para que estuviesen
seguros. Al ponerse la luna, en lo mas intempestivo de la noche,
marcharon contra el pago de los Portugueses, avanzaron á cuatro
casas, mataron dos negros, habièndose escapado en el bosque
inmediato dos portugueses con sus mugeres, los que de allí
fueron á la fortaleza á dar noticia del enemigo que los
acometia: tambien quitaron al enemigo una partida de caballos
que pasteaban en aquel mismo lugar, quedando muerto un
Lorenzista. Demas de esto, al amanecer se acercaron á la
fortaleza, haciéndoles la niebla mas fácil el acceso, y lo que
era de admirar, que estando en otras partes clara sobre el
fuerte, estuvo mas espesa para los que la miraban y asechaban
desde el alto, lo que dió esperanza de victoria. Mas á la
verdad, no sé porque caso ó desgracia, no supo aprovechare de
ella el pueblo. Asaltó una y otra vez, y sufrió por casi dos
horas mas de mil tiros de fusil, y cien de ocho piezas, siendo
dos de las mayores: pero sin daño particular, porque nunca
avanzaron del todo. Mientras el gefe principal de los indios,
valerosamente mandaba y animaba á los suyos, salieron tres
negros por una oculta abertura de la tierra, y uno de ellos
atravesó por el pecho al supremo capitan llamado Alejandro, del
pueblo de San Miguel: no obstante dos de ellos pagaron con la
vida su atrevimiento. Despues, acercándose mas á la artilleria,
y sin cautela, á otro soldado Lorenzista lo mató un balazo: pero
no murieron mas que estos tres. Fué herido gravemente un
Luisista con seis Miguelistas, y su capitan levemente. Creo que
ningun Juanista fuese herido, porque la mayor parte, mientras se
estaba en el conflicto, se mantuvo en la otra parte del rio,
comiendo sus ollas y asados, y el capitan de ellos, entrandose
desde el principio en el bosque, no se sabe donde fué á parar.
Finalmente retrocedieron los nuestros, y por esto, animándose el
enemigo, salió de la fortaleza, en número de 200, trayendo
consigo dos piezas: por lo cual, aturdida la gente, comenzó á
desparramarse, y dejó por despojos al enemigo el mayor cañon
que tenia.
Se llegaron á razones: primeramente dijeron: haya paz entre
nosotros y cese la guerra, porque en nuestros corazones no
abrigamos enemistades contra vosotros, ni poseemos
temerariamente esta tierra, sino por mandado de vuestro Rey, y
del Gobernador que en su lugar las gobierna, y tambien con
consentimiento de vuestros padres, (juzgo que entendian aquel
que de Europa vino á este negocio) y de algunos de vuestra
gente: dejadnos gozar de esta tierra, cuando por otra parte no
nos esperimentais molestos (si es que se puede dar crédito á
estas razones): volvednos tan solamente los caballos que nos
habeis tomado. Sepé, aquel célebre capitan de los Miguelistas,
el cual entonces mandaba la artilleria, y sabia hablar algun
tanto español, y era un poco conocido de uno de los Portugueses,
porque ahora poco èl estuvo en los límites de las tierras de San
Miguel con los demarcadores, se allegó mas cerca, convivado por
ellos à entrar en la fortaleza á tratar de la paz y de los




















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