Тадео Ксавьер Энис. Исторический дневник восстания и войны племен гуарани. Tadeo Xavier Henis


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Тадео Ксавьер Энис. Исторический дневник восстания и войны племен гуарани, произошедших на воссточном берегу реки Уругвай в 1754 году.

Tadeo Xavier Henis

DIARIO HISTORICO DE LA REBELION Y GUERRA DE LOS PUEBLOS GUARANIS,
SITUADOS EN LA COSTA ORIENTAL DEL RIO URUGUAY,
DEL AÑO DE 1754.

VERSION CASTELLANA DE LA OBRA ESCRITA EN LATIN POR
EL P. TADEO XAVIER HENIS, DE LA COMPAÑIA DE JESUS.

1836.

DISCURSO PRELIMINAR AL DIARIO DEL P. HENIS.

Los esfuerzos combinados de dos grandes potencias europeas no
bastaron para dar cumplimiento al tratado de 1750, que debia
deslindar sus vastos dominios en América. A las representaciones
respetuosas de los PP. de la Compañia de Jesus, que llevaban á
mal la cesion de sus misiones orientales, sucedieron los
alborotos, que pronto acabaron en una general insurreccion.

Los preliminares de este tratado habian sido ajustados
secretamente con el rey Juan V contra el voto de sus ministros,
que tenian por mucho mas importante la conservacion de la
Colonia del Sacramento, que la adquisicion proyectada en las
màrgenes del Uruguay. Pero Josè I, que se adheria à las miras de
su padre y predecesor, autorizó á Gomez Freyre de Andrade,
Gobernador y Capitan General de Rio Janeiro, para la entrega de
la Colonia; mientras que el Marques de Valdelirios llenaba los
compromisos contraidos por S.M. Católica, segundado por el P.
Altamirano, que venia tambien en clase de comisario.

Luego que se traslucieron en Còrdoba las clàusulas de este
tratado, el P. Barreda, provincial entonces, reuniò una consulta
para exponer al Virey y à la Audiencia los perjuicios que se
inferian à los derechos de la Corona, de la Compañia, y de los
pueblos. El P. Lozano, que fuè encargado de redactar este
oficio, nada omitiò para producir el convencimiento, y el P.
Quiroga, que disfrutaba del concepto de gran _cosmógrafo_, formó
un mapa, en que (segun se dijo) desfigurò el terreno, para hacer
mas irresistibles los argumentos de los consultores.

Estos manejos, y el poder de los PP. Misioneros sobre sus
neòfitos, los expusieron al cargo de haber fomentado, ó
favorecido la insurreccion de los indios. Concurrian á acreditar
esta especie los sucesos del Parà y del Marañon, donde un
comisario del Rey de Portugal, en circunstancias idénticas,
hallò los mismos obstáculos en el norte, que Valdelirios y
Freyre en el sud. No se llegó à empuñar las armas, porque no
habia pueblos que ceder, ni territorio que evacuar; pero se
negaron los auxilios, se trabaron las operaciones, dejando
yermos los parages por donde debian transitar los demarcadores.

Funes, que registró los archivos del vireinato, refiere, que en
la entrevista que tuvo el capitan Zavala con el cacique _Sepé
Tyaragú_ en el pueblo de San Miguel, dijo este "que circulaba en
aquellos pueblos una carta del Gobernador de Buenos Aires,
dirigida al Superior de las Misiones, ordenando à los indios _el
empleo de la fuerza_ en defensa de su territorio, y à no
permitir la entrada à ningun portugues: enfin, que _aquellas
eran las instrucciones que tenian de sus doctrineros_."[1]

Esta declaracion se halla confirmada en varios lugares del
diario de Henis, que descubren el error en que vivian los PP.,
que "los indios harian un gran servicio al Rey, si se defendian,
oponian y resistian con todas sus fuerzas, mientras llegaba de
Europa la providencia que se esperaba."[2]

En el mismo sentido se expresaba el P. Rávago, confesor del
imbecil Fernando VI, asegurando al Superior de los Misiones, que
el Rey, víctima de las intrigas de su consejero Carvajal, autor
del tratado, no se le habia opuesto hasta entonces por
pusilanimidad é ignorancia.

Entretanto la insurreccion, que cundia en los pueblos de
Misiones, no dejaba mas arbitrio que el de la fuerza para
sofocarla. En una junta que se celebró en la isla de Martin
Garcia entre Valdelirios, Gomez Freyre, y Andonaegui, Gobernador
de Buenos Aires, se acordò que, á mas de los cuerpos veteranos
de la guarnicion, se convocarian las milicias de Montevideo,
Santa Fé y Corrientes, á las que se reunirian 1,000 Portugueses
y un competente nùmero de vecinos, para llevar la guerra á los
pueblos insurreccionados.

En estos preparativos se invertieron algunos meses, hasta que á
principios de Mayo del año de 1754 se abriò la campaña, al mando
de Andonaegui, que debia ocupar el punto central de San Nicolas,
mientras Freyre, con otro trozo de tropas que se organizaban en
el Rio Grande, atacaria el pueblo de Santo Angel, situado en el
borde exterior del Yguy-guazù.

Para agotar todos los medios de conciliacion de que podia
hacerse uso sin menoscabo de la autoridad real, se hizo preceder
al ataque un parlamentario, que debia hacer las ùltimas
amonestaciones à los rebeldes, por medio del cura de Yapeyù à
quien fuè dirigido.

Pero el conductor de este oficio tuvo la desgracia de caer en
manos de una partida de sublevados, que lo inmolaron en compañia
de otros cinco hombres que lo escoltaban. Este crímen hizo
imposible todo avenimiento, y el ejèrcito, que habia hecho alto
en las costas del Ygarapey, avanzò hasta el Ibicuy, por caminos
intransitables, y en el rigor del invierno. La falta de pastos,
y la extenuacion que causó en los caballos, obligaron el
ejèrcito español à retroceder hasta el Salto-chico, y este
movimiento retrogrado, al romper las hostilidades, envalentonó à
los indios, que le salieron al frente para hostilizarle.

Por otra parte Gomez Freyre se habia enredado en los bosques del
Yacuì, donde supo la retirada de Andonaegui; mientras los
sublevados, cuyo mayor odio era contra los Portugueses, fueron à
desafiarlos hasta el rio Pardo. Estos ataques parciales, cuya
victoria se atribuian los gefes aliados, acabaron en un
armisticio que no tuvo á menos Gomez Freyre celebrar con los
caciques en su campamento del rio Yacuí.[3]

Irritado por tanta cobardia è impericia, el Brigadier D. Josè
Joaquin de Viana, Gobernador de Montevideo, volò al campamento
de Freyre á instarle para que rompiese cuanto antes estas
treguas vergonzosas. Las palabras de este bizarro oficial
despertaron el valor de sus compañeros, que, bajo su direccion y
auspicios, derrotaron en un primer choque à los indios cerca de
Batovì, en donde el mismo General derribó de un pistoletazo al
famoso caudillo _Sepé_.

Sucedió en el mando de los sublevados el corregidor, ó cacique
del pueblo de Concepcion, Nicolas Nanguirù, mas conocido en la
historia de estos tumultos bajo el nombre de NICOLAS I, que se
dijo haber tomado con el carácter de rey.

Viana, que despues de la accion de Batovì, marchaba al frente de
los españoles y lusitanos en nùmero de 2,500, volviò á arrollar
à los indios al pié del cerro de Caybaté, donde le aguardaban
con cerca de 2,000 combatientes. Al dia siguiente ocupò el
pueblo de San Miguel, ó mas bien sus escombros, por haber sido
desamparado y reducido à cenizas; y desde este punto intimò la
rendicion á los demas pueblos, que todos se sometieron, excepto
el de San Lorenzo, que solo cediò á la fuerza: confirmando con
este último rasgo de obstinacion las sospechas que se tenian
formadas sobre la cooperacion de los misioneros, siendo cura de
este pueblo el mismo P. Tadeo Xavier Henis, autor del diario,
cuyo autógrafo se halló en su escritorio.

De este modo terminó una guerra que inspirò vivas alarmas à las
cortes de Madrid y de Lisboa, acostumbradas á ver obedecidas
ciegamente sus òrdenes, y á mirar à los indìgenas como á la
clase mas abyecta de sus subditos. Despues del gran
levantamiento de los Araucanos al fin de la XVI.'ta centuria,
ningun acto de insubordinacion habia turbado las colonias, cuyo
sosiego se tenia por inalterable. Y realmente la resistencia de
los indios _Guaranís_ no arrancaba de un espíritu de sedicion,
sino de _un sentimiento de fidelidad_ que la hacia mas
obstinada. Así es que el autor del diario, hablando de los
rumores que circulaban en las Misiones durante la lucha,
esclama: _¿Quien creyera que las cosas de los indios estén en
tal estado, que para servir al Rey sea necesario tomar las armas
contra él mismo._[4]

Si los PP. Misioneros fueron autores, ò víctimas de este engaño,
no es facil decidirlo; pero las càbalas que ya empezaban à
urdirse contra la _Compañia_, deben inspirar desconfianzas hácia
todos los cargos que se le hicieron en aquella época. Cierto de
que ellos conservaron hasta el último desenlace la esperanza de
ver anulado el tratado, y continuaron arreglando los pueblos
como si nunca debieran abandonarlos. Cuando las tropas del Rey
entraron en San Luis se trabajaba en rematar los dos hermosos
gnomones que construyeron los PP. en el corredor de su huerta, y
en el pueblo de San Lorenzo quedó á medio dorar el altar de San
Antonio.[5]

Estos pormenores pueden servir para disculpar à los Jesuitas de
la complicidad que se les atribuye, y de un modo mas convincente

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