Рамон дель Валье-Инклан. Блеск Богемы. Ramón María del Valle-Inclán. Luces de Bohemia (1920)
Uncategorized September 8th, 2006
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deseaba?
DON GAY: Cumplidamente. Ilustres amigos, en dos meses me he copiado en la Biblioteca Real el único ejemplar existente del Palmerín de Constantinopla.
MAX: ¿Pero, ciertamente, viene usted de Londres?
DON GAY: Allí estuve dos meses.
DON LATINO: ¿Cómo queda la familia Real?
DON GAY: No los he visto en el muelle. Maestro, ¿usted conoce la Babilonia Londinense?
MAX: Sí, Don Gay.
ZARATUSTRA entra y sale en la trastienda, con una vela encendida. La palmatoria pringosa tiembla en la mano del fantoche. Camina sin ruido, con andar entrapado. La mano, calzada con mitón negro, pasea la luz por los estantes de libros. Media cara en reflejo y media en sombra. Parece que la nariz se le dobla sobre una oreja. El loro ha puesto el pico bajo el ala. Un retén de polizontes pasa con un hombre maniatado. Sale alborotando el barrio un chico pelón montado en una caña, con una bandera.
EL PELóN: ¡Vi-va-Es-pa-ña!
EL CAN: ¡Guau! ¡Guau!
ZARATUSTRA: ¡Está buena España!
Ante el mostrador, los tres visitantes, reunidos como tres pájaros en una rama, ilusionados y tristes, divierten sus penas en un coloquio de motivos literarios. Divagan ajenos al tropel de polizontes, al viva del pelón, al gañido del perro, y al comentario apesadumbrado del fantoche que los explota. Eran intelectuales sin dos pesetas.
DON GAY: Es preciso reconocerlo. No hay país comparable a Inglaterra. Allí el sentimiento religioso tiene tal decoro, tal dignidad, que indudablemente las más honorables familias son las más religiosas. Si España alcanzase un más alto concepto religioso, se salvaba.
MAX: ¡Recémosle un Réquiem! Aquí los puritanos de conducta son los demagogos de la extrema izquierda. Acaso nuevos cristianos, pero todavía sin saberlo.
DON GAY: Señores míos, en Inglaterra me he convertido al dogma iconoclasta, al cristianismo de oraciones y cánticos, limpio de imágenes milagreras. ¡Y ver la idolatría de este pueblo!
MAX: España, en su concepción religiosa, es una tribu del Centro de África.
DON GAY: Maestro, tenemos que rehacer el concepto religioso, en el arquetipo del Hombre-Dios. Hacer la Revolución Cristiana, con todas las exageraciones del Evangelio.
DON LATINO: Son más que las del compañero Lenin.
ZARATUSTRA: Sin religión no puede haber buena fe en el comercio.
DON GAY: Maestro, hay que fundar la Iglesia Española Independiente.
MAX: Y la Sede Vaticana, El Escorial.
DON GAY: ¡Magnífica Sede!
MAX: Berroqueña.
DON LATINO: Ustedes acabarán profesando en la Gran Secta Teosófica. Haciéndose iniciados de la sublime doctrina.
MAX: Hay que resucitar a Cristo.
DON GAY: He caminado por todos los caminos del mundo, y he aprendido que los pueblos más grandes no se constituyeron sin una Iglesia Nacional. La creación política es ineficaz si falta una conciencia religiosa con su ética superior a las leyes que escriben los hombres.
MAX: Ilustre Don Gay, de acuerdo. La miseria del pueblo español, la gran miseria moral, está en su chabacana sensibilidad ante los enigmas de la vida y de la muerte. La Vida es un magro puchero; la Muerte, una carantoña ensabanada que enseña los dientes; el Infierno, un calderón de aceite albando donde los pecadores se achicharran como boquerones; el Cielo, una kermés sin obscenidades, a donde, con permiso del párroco, pueden asistir las Hijas de María. Este pueblo miserable transforma todos los grandes conceptos en un cuento de beatas costureras. Su religión es una chochez de viejas que disecan al gato cuando se les muere.
ZARATUSTRA: Don Gay, y qué nos cuenta usted de esos marirnachos que llaman sufragistas,
DON GAY: Que no todas son marimachos. Ilustres amigos, ¿saben ustedes cuánto me costaba la vida en Londres? Tres peniques, una equivalencia de cuatro perras. Y estaba muy bien, mejor que aquí en una casa de tres pesetas.
DON LATINO: Max, vámonos a morir a Inglaterra. Apúnteme usted las señas de ese Gran Hotel, Don Gay.
DON GAY: Saint James Squart. ¿No caen ustedes? El Asilo de Reina Elisabeth. Muy decente. Ya digo, mejor que aquí una casa de tres pesetas. Por la mañana té con leche, pan untado de mantequilla. El azúcar, algo escaso. Después, en la comida, un potaje de carne. Alguna vez arenques. Queso, té… Yo solía pedir un boc de cerveza, y me costaba diez céntimos. Todo muy limpio. Jabón y agua caliente para lavatorios, sin tasa.
ZARATUSTRA: Es verdad que se lavan mucho los ingleses. Lo tengo advertido. Por aquí entran algunos, y se les ve muy refregados. Gente de otros países, que no siente el frio, como nosotros los naturales de España.
DON LATINO: Lo dicho. Me traslado a Inglaterra. Don Gay, ¿cómo no te has quedado tú en ese Paraíso?
DON GAY: Porque soy reumático, y me hace falta el sol de España.
ZARATUSTRA: Nuestro sol es la envidia de los extranjeros.
MAX: ¿Qué sería de este corral nublado? ¿Qué seríamos los españoles? Acaso más tristes y menos coléricos… Quizá un poco más tontos… Aunque no lo creo.
Asoma la chica de una portera: Trenza en perico, caídas calcetas, cara de hambre.
LA CHICA: ¿Ha salido esta semana entrega d’El Hijo de la Difunta?
ZARATUSTRA: Se está repartiendo.
LA CHICA: ¿Sabe usted si al fin se casa Alfredo?
DON GAY: ¿Tú qué deseas, pimpollo?
LA CHICA: A mí, plin. Es Doña Loreta la del coronel quien lo pregunta.
ZARATUSTRA: Niña, dile a esa señora que es un secreto lo que hacen los personajes de las novelas. Sobre todo en punto de muertes y casamientos.
MAX: Zaratustra, ándate con cuidado, que te lo van a preguntar de Real Orden.
ZARATUSTRA: Estaría bueno que se divulgase el misterio. Pues no habría novela.
Escapa la chica salvando los charcos con sus patas de caña. EL PEREGRINO ILUSIONADO en un rincón conferencia con ZARATUSTRA. MÁXIMO ESTRELLA y DON LATINO se orientan a la taberna de Pica Lagartos, que tiene su clásico laurel en la calle de la Montera.
ESCENA TERCERA
La Taberna de PICA LAGARTOS: Luz de acetileno: Mostrador de cinc: Zaguán oscuro con mesas y banquillos: Jugadores de mus: Borrosos diálogos. - MÁXIMO ESTRELLA y DON LATINO DE HISPALIS, sombras en las sombras de un rincon, se regalan con sendos quinces de morapio.
El Chico de la Taberna: Don Max, ha venido buscándole la Marquesa del Tango.
Un borracho: ¡Miau!
MAX: No conozco a esa dama.
EL CHICO DE LA TABERNA: Enriqueta la Pisa-Bien.
DON LATINO: ¿Y desde cuándo titula esa golfa?
EL CHICO DE LA TABERNA: Desde que heredó del finado difunto de su papá, que entodavía vive.
DON LATINO: ¡Mala sombra!
MAX: ¿Ha dicho si volvería?
EL CHICO DE LA TABERNA: Entró, miró, preguntó y se fue rebotada, torciendo la gaita. ¡Ya la tiene usted en la puerta!
ENRIQUETA LA PISA-BIEN, una mozuela golfa, revenida de un ojo, periodista y florista, levantaba el cortinillo de verde sarga, sobre su endrina cabeza, adornada de peines gitanos.
LA PISA-BIEN: ¡La vara de nardos! ¡La vara de nardos! Don Max, traigo para usted un memorial de mi mamá: Está enferma y necesita la luz del décimo que le ha fiado.
MAX: Le devuelves el décimo y le dices que se vaya al infierno.
LA PISA-BIEN: De su parte, caballero. ¿Manda usted algo más?
El ciego saca una vieja cartera, y tanteando los papeles con aire vago, extrae el décimo de la lotería y lo arroja sobre la mesa: Queda abierto entre los vasos de vino, mostrando el número bajo el parpadeo azul del acetileno. LA PISA-BIEN se apresura a echarle la zarpa.
DON LATINO: ¡Ese número sale premiado!
LA PISA-BIEN: : Don Max desprecia el dinero.
EL CHICO DE LA TABERNA: No le deje usted irse, Don Max.
MAX: Niño, yo hago lo que me da la gana. Pídele para mí la petaca al amo.
EL CHICO DE LA TABERNA: Don Max, es un capicúa de sietes y cincos.
LA PISA-BIEN: ¡Que tiene premio, no falla! Pero es menester apoquinar tres melopeas, y este caballero está afónico. Caballero, me retiro saludándole. Si quiere usted un nardo, se lo regalo.
MAX: Estate ahí.
LA PISA-BIEN: Me espera un cabrito viudo.
MAX: Que se aguante. Niño, ve a colgarme la capa.
LA PISA-BIEN: Por esa pañosa no dan ni los buenos días. Pídale usted las tres beatas a Pica Lagartos.
EL CHICO DE LA TABERNA: Si usted le da coba, las tiene en la mano. Dice que es usted segundo Castelar.
MAX: Dobla la capa, y ahueca.
EL CHICO DE LA TABERNA: ¿Qué pido?
MAX: Toma lo que quieran darte.
LA PISA-BIEN: ¡Si no la reciben!
DON LATINO: Calla, mala sombra.
MAX: Niño, huye veloz.
EL CHICO DE LA TABERNA: Como la corza herida, Don Max.
MAX: Eres un clásico.
LA PISA-BIEN: Si no te admiten la prenda, dices que es de un poeta.
DON LATINO: El primer poeta de Espafia.
EL BORRACHO: ¡Cráneo previlegiado!
MAX: Yo nunca tuve talento. ¡He vivido siempre de un modo absurdo!
DON LATINO: No has tenido el talento de saber vivir.
MAX: Mañana me muero, y mi mujer y mi hija se quedan haciendo cruces en la boca.
Tosió cavernoso, con las barbas estremecidas, y en los ojos ciegos un vidriado triste, de alcohol y de fiebre.
DON LATINO: No has debido quedarte sin capa.
LA PISA-BIEN: : Y ese trasto ya no parece. Siquiera, convide usted, Don Max.
MAX: Tome usted lo que guste, Marquesa.
LA PISA-BIEN: : Una copa de Rute.
DON LATINO: Es la bebida elegante.










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