Skip to content

Рамон дель Валье-Инклан. Блеск Богемы. Ramón María del Valle-Inclán. Luces de Bohemia (1920)


| Email This Post Email This Post | Print It Print It |
1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (No Ratings Yet)
Loading ... Loading ...



RUBÉN: Marqués, ¿quiere usted que mañana volvamos para poner una cruz sobre la sepultura de nuestro amigo?
EL MARQUÉS: ¡Mañana! Mañana habremos los dos olvidado ese cristiano propósito.
RUBÉN: ¡Acaso!
En silencio y retardándose, siguen por el camino de LOS SEPULTUREROS, que, al revolver los ángulos de las calles de tumbas, se detienen a esperarlos.
EL MARQUÉS: Los años no me permiten caminar más de prisa.
UN SEPULTURERO: No se excuse usted, caballero.
EL MARQUÉS: Pocos me faltan para el siglo.
OTRO SEPULTURERO: ¡Ya habrá usted visto entierros!
EL MARQUÉS: Si no sois muy antiguos en el oficio, probablemente más que vosotros. ¿Y se muere mucha gente esta temporada?
UN SEPULTURERO: No falta faena. Niños y viejos.
OTRO SEPULTURERO: La caída de la hoja siempre trae lo suyo.
EL MARQUÉS: ¿A vosotros os pagan por entierro?
UN SEPULTURERO: Nos pagan un jornal de tres pesetas, caiga lo que caiga. Hoy, a como está la vida, ni para mal comer. Alguna otra cosa se saca. Total, miseria.
OTRO SEPULTURERO: En todo va la suerte. Eso lo primero.
UN SEPULTURERO: Hay familias que al perder un miembro, por cuidarle de la sepultura, pagan uno o dos o medio. Hay quien ofrece y no paga. Las más de las familias pagan los primeros meses. Y lo que es el año, de ciento, una. ¡Dura poco la pena!
EL MARQUÉS: ¿No habéis conocido ninguna viuda inconsolable?
UN SEPULTURERO: ¡Ninguna! Pero pudiera haberla.
EL MARQUÉS: ¿Ni siquiera habéis oído hablar de Artemisa y Mausoleo?
UN SEPULTURERO: Por mi parte, ni la menor cosa.
OTRO SEPULTURERO: Vienen a ser tantas las parentelas que concurren a estos lugares, que no es fácil conocerlas a todas.
Caminan muy despacio. RUBÉN, meditabundo, escribe alguna palabra en el sobre de una . Llegan a la puerta, rechina la verja negra. EL MARQUÉS, benevolente, saca de la capa su mano de marfil y reparte entre los enterradores algún dinero.
EL MARQUÉS: No sabéis mitología, pero sois dos filósofos estoicos. Que sigáis viendo muchos entierros.
UN SEPULTURERO: Lo que usted ordene. ¡Muy agradecido!
OTRO SEPULTURERO: Igualmente. Para servir a usted, caballero.
Quitándose las gorras, saludan y se alejan. EL MARQUÉS DE BRADOMÍN, con una sonrisa, se arrebuja en la capa. RUBÉN DARíO conserva siempre en la mano el sobre de la donde ha escrito escasos renglones. Y dejando el socaire de unas bardas, se acerca a la puerta del cementerio el coche del viejo MARQUÉS.
EL MARQUÉS: ¿Son versos, Rubén? ¿Quiere usted leérmelos?
RUBÉN: Cuando los haya depurado. Todavía son un monstruo.
EL MARQUÉS: Querido Rubén, los versos debieran publicarse con todo su proceso, desde lo que usted llama monstruo hasta la manera definitiva. Tendrían entonces un valor como las Pruebas de aguafuerte. ¿Pero usted no quiere leérmelos?
RUBÉN: Mañana, Marqués.
EL MARQUÉS: Ante mis años y a la Puerta de un cementerio, no se debe pronunciar la palabra mañana. En fin, montemos en el coche, que aún hemos de visitar a un bandolero. Quiero que usted me ayude a venderle a un editor el manuscrito de mis . Necesito dinero. Estoy completamente arruinado desde que tuve la mala idea de recogerme a mi Pazo de Bradomín. ¡No me han arruinado las mujeres, con haberlas amado tanto, y me arruina la agricultura!
RUBÉN: ¡Admirable!
EL MARQUÉS: Mis se publicarán después de mi muerte. Voy a venderlas como si vendiese el esqueleto. Ayudémonos.

ESCENA ÚLTIMA
La taberna de PICA LAGARTOS: Lobreguez con un temblor de acetileno: DON LATINO DE HISPALIS, ante el mostrador, insiste y tartajea convidando al POLLO DEL PAY-PAY. Entre traspiés y traspiés, da la pelma.
DON LATINO: ¡Beba usted, amigo! ¡Usted no sabe la pena que rebosa mi corazón! ¡Beba usted! ¡Yo bebo sin dejar cortinas!
EL POLLO: Porque usted no es castizo.
DON LATINO: ¡Hoy hemos enterrado al primer poeta de España! ¡Cuatro amigos en el cementerio! ¡Acabóse! ¡Ni una cabrona representación de la Docta Casa! ¿Qué te parece, Venancio?
PICA LAGARTOS: Lo que usted guste, Don Latí.
DON LATINO: ¡El Genio brilla con luz propia! ¿Que no, Pollo?
EL POLLO: Que sí, Don Latino.
DON LATINO: ¡Yo he tomado sobre mis hombros publicar sus escritos! ¡La honrosa tarea! ¡Soy su fideicomisario! Nos lega una social que está a la altura de Los Miserables. ¡Soy su fideicomisario! Y el producto íntegro de todas las obras, para la familia. ¡Y no me importa arruinarme publicándolas! ¡Son deberes de la amistad! ¡Semejante al nocturno peregrino, mi esperanza inmortal no mira al suelo! ¡Señores, ni una representación de la Docta Casa! ¡Eso, sí, los cuatro amigos, cuatro personalidades! El Ministro de la Gobernación, Bradomín, Rubén y este ciudadano. ¿Que no, Pollo?
EL POLLO: Por mí, ya puede usted contar que estuvo la Infanta.
PICA LAGARTOS: Me parece mucho decir que se halló la política representada en el entierro de Don Max. Y si usted lo divulga, hasta podrá tener para usted malas resultas.
DON LATINO: ¡Yo no miento! ¡Estuvo en el cementerio el Ministro de la Gobernanción! ¡Nos hemos saludado!
EL CHICO DE LA TABERNA: ¡Sería Fantomas!
DON LATINO: Calla tú, mamarracho. ¡Don Antonio Maura estuvo a dar el pésame en la casa del Gallo!
EL POLLO: José Gómez, Gallito, era un astro, y murió en la plaza, toreando muy requetebién, porque ha sido el rey de la tauromaquia.
PICA LAGARTOS: ¿Y Terremoto, u séase Juan Belmonte?
EL POLLO: ¡Un intelectual!
DON LATINO: Niño, otra ronda. ¡Hoy es el día más triste de mi vida! ¡Perdí un amigo fraternal y un maestro! Por eso bebo, Venancio.
PICA LAGARTOS: ¡Que ya sube una barbaridad la cuenta, Don Latí! Tantéese usted, a ver el dinero que tiene. ¡No sea caso!
DON LATINO: Tengo dinero para comprarte a ti, con tu tabernáculo.
Saca de las profundidades del carrik un manojo de billetes y lo arroja sobre el mostrador, bajo la mirada torcida del chulo y el gesto atónito de Venancio. EL CHICO DE LA TABERNA se agacha por alcanzar entre las zancas barrosas del curda un billete revolante. La Niña PISA-BIEN, amurriada en un rincón de la tasca, se retira el pañuelo de la frente, y espabilándose fisga hacia el mostrador.
EL CHICO DE LA TABERNA: ¿Ha heredado usted, Don Latí?
DON LATINO: Me debían unas pocas pesetas, y me las han pagado.
PICA LAGARTOS: No son unas pocas.
LA PISA-BIEN: ¡Diez mil del ala!
DON LATINO: ¿Te deben algo?
LA PISA-BIEN: ¡Naturaca! Usted ha cobrado un déci m-o que yo he vendido.
DON LATINO: No es verdad.
LA PISA-BIEN: El 5775.
EL CHICO DE LA TABERNA: ¡Ese mismo número llevaba Don Max!
LA PISA-BIEN: A fin de cuentas no lo quiso, y se lo llevó Don Latí. Y el tío roña aún no ha sido para darme la propi.
DON LATINO: ¡Se me había olvidado!
LA PISA-BIEN: Mala memoria que usted se gasta.
DON LATINO: Te la daré.
LA PISA-BIEN: Usted verá lo que hace.
DON LATINO: Confía en mi generosidad ilimitada.
EL CHICO DE LA TABERNA se desliza tras el patrón, y a hurto, con una seña disimulada, le tira del mandil. PICA LAGARTOS echa la llave al cajón y se junta con el chaval en la oscuridad donde están amontonadas las corambres. Hablan expresivos y secretos, pero atentos al mostrador con el ojo y la oreja. LA PISA-BiEN le guiña a DON LATINO.
LA PISA-BIEN: Don Latí, ¡me dotará usted con esas diez mil del ala!
DON LATINO: Te pondré piso.
LA PISA-BIEN: ¡Olé los hombres!
DON LATINO: Crispín, hijo mío, una copa de anisete a esta madama.
EL CHICO DE LA TABERNA: ¡Va, Don Latí!
DON LATINO: ¿Te estás confesando?
LA PISA-BIEN: Don Latí, ¡está usted la mar de simpático! ¡Es usted un flamenco! ¡Amos, deje de pellizcarme!
EL POLLO: Don Latino, pupila, que le hacen guiños a esos capitales.
LA PISA-BIEN: ¡Si llevábamos el décimo por mitad! Don Latí una cincuenta, y esta servidora de ustedes, seis reales.
DON LATINO: ¡Es un atraco, Enriqueta!
LA PISA-BIEN: ¡Deje usted las espantás para el calvorota! ¡Vuelta a pellizcarme! ¡Parece usted un chivo loco!
EL POLLO: No le conviene a usted esa gachí.
LA PISA-BIEN: En una semana lo enterraba.
DON LATINO: Ya se vería.
EL POLLO: A usted le conviene una mujer con los calores extinguidos.
LA PISA-BIEN: A usted le conviene mi mamá. Pero mi mamá es una viuda decente, y para sacar algo, hay que llevarla a la calle de la Pasa.
DON LATINO: Yo soy un apóstol del amor libre.
LA PISA-BIEN: Usted se ajunta con mi mamá y conmigo, para ser el caballero formal que se anuncia en La Corres. Precisamente se cansó de dar la pelma un huésped que teníamos, y dejó una alcoba, para usted la propia. ¿Adónde va usted, Don Latí?
DON LATINO: A cambiar el agua de las aceitunas. Vuelvo. No te apures, rica. Espérame.
LA PISA-BIEN: Don Latí, soy una mujer celosa. Yo le acompaño.

Share and Enjoy:
  • del.icio.us
  • YahooMyWeb
  • Digg
  • E-mail this story to a friend!
  • Facebook
  • Google
  • Live
  • Technorati
  • Print this article!
  • MySpace
Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Related posts

Post a Comment

You must be logged in to post a comment.