pues le dà la fama
eternas edades.
Escuchad la mia,
pues sola es bastante
a mouer a llanto
duros pedernales.
Quando la fortuna
con viento suaue
a mi ilustre casa
diò prosperidades.
El Conde don Iuan
diò en solicitarme,
señor con poder,
y galan con partes.
Mas mis resistencias,
puesto que le amasse,
nada desmintieron
a mis calidades.
Y assi con su firma
se obligò a casarse
conmigo, por verme
a sus ruegos facil.
Diò la buelta entonces
la rueda mudable,
de aquella que ciega
sus dones reparte.
Muriò en el suplicio
mi inocente padre,
lamentable efeto
de la embidia infame.
Mi hermano Fernando,
de quien los diamantes
tiernamente lloran
el fin miserable,
teniendo noticia
de que era mi amante
el Conde, y temiendo
mi afrentoso vltraje,
porque en ningun tiempo
pudiesse gozarme,
venenos preuiene,
que mi vida acaben.
Piadoso me auisa
el mismo, a quien haze
secreto ministro
de tales crueldades.
Y conficionando,
para prepararme,
antidotos fuertes,
que su fuerza atajen.
El mortal licor
mi hermano me trae,
necia medicina
de calamidades.
Beuilo, y fingiendo
entre ansias mortales
despedir la vida,
pude assegurarme.
Que el al mismo punto
de mi casa parte,
a buscar la muerte
que Castilla sabe.
Yo con los temores
de infortunios tales
y con las afrentas
de mi ilustre sangre
la ficcion prosigo,
y para ocultarme,
de Madrid me ausento,
mudo nombre y traje.
Mas tan duras penas,
tan fieros desastres
a no amar al Conde
no fueron bastantes.
Antes lo aumentaron
las aduersidades,
buscando en sus bienes
remedio a mis males.
Que con pena y miedo,
sin honra y sin padres,
por vnico asilo
escogi a mi amante.
Reuelèle el caso,
de mi casa parte,
quando el daua al ayre,
llorando mi muerte,
quexas lamentables.
Con nueuas promesas
boluiò a assegurarme,
engaños agora,
si entonces verdades.
Y assi su poder
mi amor y mis males,
del honor y el alma
le hizieron Alcayde.
Mudose a Segouia
la Corte, y yo, en traje
de villana, sigo
mi adorado amante;
y el para poder
mas libre gozarme,
en esta aldehuela
quiso que habitasse.
Ya son siete Estios,
los que essos crystales
de la sierra han dado
licor a su margen,
despues que en promesas
paga mis verdades,
pena de quien fia
lo que tanto vale.
Estos son mis casos,
mi estado y mi sangre,
si a piedad os mueuen
desuenturas tales,
amparadme humanos,
o fieros matadme,
pues la muerte es puerto
de calamidades.
Ped. Que tu eres doña Ana?
Ana. Diganlo mis males.
Gar. No han visto los siglos
caso mas notable.
Ped. Que al Conde engañoso
tu honor entregaste?
Ana. Desdichas lo hizieron,
que no liuiandades.
A parte.
Ped. Que maquinas formas,
y que enredos hazes,
vil fortuna, solo
en mi mal constante,
para perseguirme?
estoy por sacarle
mi sangre del pecho;
mas bien es que trace
medios que a su honor
den remedios, antes
que a su error castigos;
podeys perdonarme
Garceran, que es fuerça
que a doña Ana ampare.
Gar. Lo mismo pretendo;
que a su hermano y padre
tuue obligaciones
y deui amistades
tan grandes, que dado
que es mi amor tan grande,
morirè, primero
que su ley quebrante.
Ped. Son correspondencias,
a quien soys, yguales;
tu, doña Ana hermosa,
escuchame a parte.
Apartanse.
A mi me han mouido
tus aduersidades,
como a quien se informa
de tu misma sangre.
Quien soy, es forçoso
que agora te calle,
defender tu honor,
pienso que es bastante
para prueua dello,
y para que aguarde
que este beneficio
con otro me pagues.
Ana. Si el honor te deuo,
no ay dificultades,
que por ti no vença.
A parte.
Ped. No es bien declararle
mi intento, que al Conde,
puesto que la agrauie,
adora, y no guarda
secreto vn amante.
Valgame la industria;
doña Ana, ampararme
del Conde pretendo,
para que el me alcance
con el Rey perdon
de las culpas graues,
a que me ha obligado
este oficio infame.
Y para este efeto
quiero que te encargues,
quando el venga a verte,
de hazer auisarme.
Que a sus pies prostrado,
no dudo, si sabe
que por prenda suya
hize respetarte,
que esta obligacion
como noble pague.
Ana. Corto premio pides
de merced tan grande;
pero dime, a donde
embiarè a auisarte?
Ped. En la cruz que al cerro
la cabeça parte,
me busque, o me espere,
quien lleue el mensaje;
y tenga en la mano
por seña este guante,
Dale vn guante.
que siempre a la vista
tendrè, quien le aguarde.
Ana. De mi obligacion
confiado parte.
Ped. Boluelde las joyas.
Ana. El ciclo te guarde;
y tu, Garceran,
pues mi historia sabes,
mi rigor perdona;
que ya que no amante,
quedo agradecida.
Vase, y Florinda.
Gar. Ruego a Dios que alcances
el fin que pretendes;
que el tiempo mudable
no borrò las deudas
que tengo a tu sangre.
Ped. Si quieres pagallas,
y de los combates
que tu vida emulan,
intentas librarte;
huye los peligros,
y ven donde mandes
mi valiente esquadra.
Gar. Pues ya no ay que aguarde
mi abrasado amor,
fuerça es que me ampare
de ti y de tu gente.
Ped. Ven pues, que si valen
industria y valor,
presto pienso darte
de mi amistad firme
mas claras señales.
Cam. Cornejo, por Dios
que echamos buen lance. Vanse.
Salen Chichon con otros dos. 1. 2. de salteadores.
Chich. En esta inculta aspereza
los auemos de encontrar.
1. Temo que te has de turbar.
Chich. Mal sabeys la sutileza
del ingenio de Chichon,
en engañar y fingir,
parias me puede rendir
el Griego astuto Sinon;
no me mandeys pelear,
que lo demas sabrè hazer.
2. A ti toca el disponer,
y a nosotros el obrar.
Chich. El enredo he ya traçado,
de suerte que me creyera
Pedro Alonso, aunque estuuiera
de nuestro intento auisado;
pero aguardad, que he sentido
entre estas peñas rumor.
Salen Camacho, Cornejo, y Xaramillo, con mascaras, apuntando con los arcabuzes.
Cam. Hidalgos, rindan las armas.
Chich. Esperad, que soy Chichon;
si es de vosotros alguno
Pedro Alonso mi señor,
todos somos de la carda,
todo viuiente es ladron;
descubrirse puede el rostro,
que de su fama la voz
traxo a los tres, a aumentar
el numero salteador.
Cam. Bien podemos descubrimos.
Quitanse las mascaras.
Chich. Es Camacho?
Cam. Si, yo soy.
Chich. Es Cornejo?
Cor. Y Xaramillo.
Chich. Y mi amo?
Cam. Aqui quedò
con su querida Teodora;
pero ya vienen los dos.
Salen Pedro, y Teodora de hombre.
Corn. Ya tenemos Capitan,
tres soldados mas.
Ped. Chichon,
en mis manos has caydo.
Chich. Si, mas fue por querer yo
hazer dellas fuerte escudo
contra la persecucion,
que por serte tan fiel,
mi cabeça amenaçò;
pero conoce y recibe
en tu amistad a los dos,
que luego de nuestros casos
te harè larga relacion.
1. Huyendo de la fortuna,
vengo a ampararme de vos,
por dar con tal Capitan
al mismo infierno temor.
Chich. No tiene mas de seys muertes
el amigo.
Ped. Seys?
Chich. Las dos
en el campo cuerpo a cuerpo,
y las quatro de antubion.
2. De vn poderoso enemigo
la ventaja, no el valor
me obliga a buscar defensa
en vuestro fuerte esquadron.
Chich. El que ves, a vn mayorazgo
le dexò, de vn bofeton
hecha la boca Origuela,
que toda la despoblò.
Ped. Con tan valientes soldados
ya me juzgo vencedor,
de quantos Reynos visita
la luz hermosa del sol.
Chich. Es por dicha mi señora,
la que miro?
Teod. Si, Chichon.
Chich. Quien se podrà defender
de tan bello salteador?
Cantan dentro.
Musi. Ya se salen de Segouia
quatro de la vida ayrada,
el vno era Pedro Alonso,
Camacho el otro se llama.
El tercero es Xaramillo,
y Cornejo es el que falta,
todos quatro mata sietes,
valentones de la fama.
Rompiendo los embaraços,
y quitandose las trauas,
a pesar de guardianes,
se escaparon de la jaula.
Pidieron Embaxador,
y dando salto de mata,
fueron a ser gauilanes
del cerro de Guadarrama.
Despoblado està el bureo,
desierta queda la manfla,
la xacarandina triste,
y sin abrigo las hachas.
Las plumas se han atutado,
y aborrascado las varas,
vnas recorren las cueuas,
y otras escriuen las causas.
Triste de aquel que agarraren
los pescadores de caria,
que al son de vna cuerda sola
harà en el ayre mudanças.
Cantando.
Chich. Antes cieguen que tal vean,
quantos oyen lo que cantas.
Ped. Este no nos tiene miedo,
pues que por la sierra passa
cantando seguramente.
Chich. No deue lleuar blanca.
Ped. Salilde al passo los tres,
y venga aqui, que me agrada
el romancillo, y desseo
escuchalle lo que falta;
demas que me ha parecido
correo de apie, y las cartas
quiero ver, que me seran
por ventura de importancia.
Vanse Camacho, Cornejo, Xaramillo.
Cam. Vamos.
Chich. El os ha sentido,
y ya sus pies lleuan alas.
Ped. Seguilde, no le dexeys
de alcançar, aunque a las faldas
llegueys, que con sus crystales
fertiliza Guadarrama;
que pues huye tan ligero,
y tan medroso se guarda,
algo lleua de valor.
Chich. Hombre, eres liebre, eres cabra?
eres pelota de viento?
bolando las peñas passa,
y del bote que dà en vna,
tan ligero en otra salta,
o que son de corço sus pies,
o son los riscos de lana.
Ped. Hijos son del viento mismos
los que le van dando caça;
en vano escaparse intenta.
Chich. Ya, ni aun la vista lo alcança.
Ped. Mientras bueluen con la presa,
concede, prenda del alma
tu regaço a quien te adora.
Teod. Sentemonos, y descansa
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