Cond. Muerto soy, cielo, justo es el castigo
de mis culpas, escucha, ya que muero;
yo contra ti y tu padre fuy testigo,
falso, Fernando, fuy, no verdadero:
orden fue de mi padre, que conmigo
y con el de la embidia el rigor fiero
tan grande fue; perdoname, pues eres
Christiano y muero. Cae dentro.
Ped. Perdonado mueres. Vase.
Sale Chichon tendido, o por debajo del paño.
Chich. Ya ha pasado la tormenta,
si doy credito al silencio;
quedito, si, ya se fue
el Texedor cauallero;
brauas cosas he sabido,
valgate el diablo por Pedro;
que eres Fernando Ramirez?
por Dios que lo dixe luego,
que Texedor tan valiente
ocultaua algun secreto;
ha, Conde, como vn atun
està tendido en el suelo;
pero la llaue le ha echado
por defuera al aposento;
triste de mi, que he de hazer
encerrado con vn muerto?
que gustosa compañia!
temblando estoy; yo confiesso
que fuy siempre con los viuos
gallina, mas con los muertos
soy vn tatara gallina.
Por esta ventana quiero
descolgarme, ya la turba
de los salteadores fieros
hàzia la sierra camina;
de las sabanas del lecho
del triste Conde podrè
hazer escalas al viento;
qua ay tan mal olor aqui,
que me atafago y mareo,
aunque no se de los dos
qual huele mal, yo o el muerto.
Vase.
Dentro ruydo de batalla de Moros, y Christianos, salen los bandoleros.
Ped. Esta es la ocasion, amigos,
en que justamenete espero
que adore vn honroso fin
todos los passados yertos.
Vitorioso el Berberisco
sigue el alcance, y los nuestros
sin orden ya se retiran;
por mil valemos los ciento
en la sierra, donde estamos
exercitados y diestros;
acometamos en orden,
y la fuga reparemos
de los Castellanos; ea,
al Rey a la patria al cielo,
a quien viuiendo ofendimos,
obliguemos oy muriendo.
Gar. Con tan valiente caudillo
y con tan honrado intento
serà vn rayo cada braço,
y vna peña cada pecho.
Corn. Acomete, Capitan,
que todos te seguiremos.
Cam. Restauremos lo perdido.
Xara. Acometamos; a ellos
Salen el Rey, y el Marques armados, con las espadas en las manos.
Marq. Toma vn cauallo, señor,
y salua tu vida.
Rey. A cielos,
defended la causa mia,
pues yo la vuestra defiendo.
Ponense las mascaras los bandoleros.
Ped. Bolued, bolued, Castellanos,
que no los Moros, el miedo
es, quien os vence y os sigue,
bolued, Santiago; a ellos.
Vanse los bandoleros.
Rey. Que esquadra es esta, Marques,
que con los rostros cubiertos
valerosamente embiste
contra el campo Sarraceno?
Marq. Fauor al cielo has pedido,
y te dà fauor el ciclo.
Rey. Bolued, soldados, bolued;
cobren los heroycos pechos
la reputacion perdida.
Marq. Ya sube el Moro sangriento
huyendo por los peñascos,
por donde baxò siguiendo.
Rey. Embestid, Marques, bolued
por mi honor y por el vuestro;
pues por vos y vuestro hijo,
que en vn lance tan estrecho
se ha ocultado, os obligastes
a pelear.
Marq. Sabe el cielo
que estoy de auerle engendrado
tan corrido, que desseo
morir, por no verle viuo,
y viuir, por verle muerto. Vase.
Rey. Partid, que yo de cansado
llamas doy, en vez de aliento;
y sobre esta dura peña
con la vitoria os espero.
Dentro. Vitoria, Castilla.
Rey. Gracias
os hago, señor inmenso,
que de las piedades vuestras
el tesoro aueys abierto.
Sale Chichon con la espada en la mano.
A parte.
Chich. Agora que por la sierra
suben los Moros huyendo,
seguro puedo salir
de entre las peñas, y quiero
participar de la gloria
de los vencedores perros,
de perros os bolueys liebres?
aguardad, que quiere hazeros
Chichon a todos Chichones.
Sale el Marques retirandose de Pedro, acuchillandose.
Marq. Quien eres, hombre?
Rey. Que es esto?
Marq. Que despues de auer vencido
los Moros, el fuerte azero
contra los Christianos buelues?
Ped. Solo contra ti lo bueluo;
Fernando Ramirez soy.
Rey. Que escucho?
Ped. A quien quiso el cielo
dar vida, porque mostrasse
las lealtades de mi pecho,
dandole vitoria al Rey,
y a ti el castigo sangriento
de los injustos agrauios,
que a mi padre, y a mi has hecho.
A parte.
Rey. Mysterios del cielo son;
no quiero oponerme al cielo.
Chich. El Texedor al Marques
le està dando pan de perro.
Marq. Muerto soy; tente, Fernando,
y pues ya muero, confiesso
que a ti y a tu noble padre
la vida y el honor os deuo;
testimonio os leuantè,
de la embidia vil efeto.
Rey. Basta, Fernando; deten,
pues lo confiessa, el azero.
Ped. Tu Magestad lo ha escuchado,
con esto estoy satisfecho,
y con que su hijo el Conde
ha confessado lo mesmo.
Chich. Dello soy testigo yo,
que debaxo de su lecho,
lo que refiere Fernando,
le vi confessar muriendo.
Ped. Yo, señor, le di la muerte,
por agrauios que me ha hecho,
que su injusta tyrania
me obligò a ser bandolero;
por el y su padre el mio
manchò el trato funesto,
y yo con astuto engaño
librè mi vida, poniendo
mis vestidos a vn cadauer,
con que mi muerte creyeron.
Quitò el honor a mi hermana,
y a mi esposa pretendiendo,
porque lo impedi, en mi rostro
imprimiò los cinco dedos.
Humilde pongo a tus pies
la cabeça, si merezco
pena, quando, siendo noble,
tan justamente me vengo.
Rey. Fernando, a vuestro valor
y al de vuestra gente deuo
la vitoria que oy alcanço;
y quando fueron los vuestros
delitos, y no venganças
tan justas, os diera, en premio
de hazaña tan valerosa,
en mi gracia el lugar mesmo
que os quitò la embidia; lleguen
vuestros soldados, que quiero
conocerlos y premiarlos.
Llegan todos.
Gar. Todos, gran señor, ponemos
a vuestros pies estas vidas,
que leales os siruieron.
Rey. Todos quedareys premiados
de vuestros heroycos hechos;
mas dezid, Fernando, viue
vuestra hermana?
Ped. En esse pueblo
traje aldeano la oculta;
pero ya con el contento
de la vitoria se acercan
los villanos, y con ellos
mi hermana y mi esposa a daros
la norabuena.
Todas.
Ana. Lleguemos
a besar los pies al Rey.
Ped. Llega, esposa, que ya el cielo
dio fin a nuestras desdichas,
y a tus firmezas el premio;
llega, hermana, y a su Alteza,
por la merced que me ha hecho,
besa las reales plantas.
Teod. Humildes besan el suelo,
que honran tus pies, nuestros labios.
Rey. Alçad, que honraros desseo
por esposa y por hermana
de Fernando.
Ped. Y yo con esso,
lo que ofreci Texedor,
cumplirè, Teodora, siendo
Fernan Ramirez, pues eres
de noble sangre, y les deuo
la mano el honor y vida
a tus firmes pensamientos;
y vos, Garceran, pues ya
veys sin mancha el claro espejo
de mi honor: y el de mi hermana
quedo restaurado, siendo
su esposo el Conde; la mano
le dad, si acaso os merezco
por cuñado.
Gar. Si doña Ana
quiere premiar mis desseos,
serà colmada mi dicha,
pues gano en vn punto mesmo
el mas verdadero amigo,
y el mas valeroso deudo.
Ana. Bien merece tanto amor
la mano y alma
Chich. Y con esto
puede Fernando, en albricias,
darme perdon de mis yerros.
Ped. Yo los perdono, con ser
tan grandes, por ver si puedo
obligar assi al Senado
a que perdone los nuestros.
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