Хуан Перес де Монтальбан. Монахиня Альферес. Juan Perez de Montalbаn. LA MONJA ALFÉREZ
Uncategorized October 3rd, 2006
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GUEL de Arauso, abriendo una carta, de
soldado en cuerpo, y va dentro de la carta un retrato. Carta.
Sobrescrito. Lee
MIGUEL: Al Alférez Miguel de Arauso, mi hijo,
en el puerto del Callao en los Reinos del
Perú.
Hijo, valga por testamento
esta carta, pues me tiene a las puertas
de la muerte la afrenta que vuestra hermana
Catalina nos ha hecho ausentándose
ocultamente de San Sabastián. No os lo he
escrito antes aunque ha ya trece años, por
escusaros la pena. Mas ahora por haber
entendido que pasó a esos reinos en traje
de varón, por el deseo de su remedio,
atropelló vuestro sentimiento. Su retrato
es el incluso. Si la suerte o la diligencia
la hallare, noble sois, y cuerdo, y sabréis
lo que habéis de hacer. Dios os guarde. De
San Sebastián, a febrero 20 de 1618 años.
Vuestro padre el Capitán Miguel de Arauso.
¿Cómo es posible que haya yo leído
estos renglones sin haber perdido,
si no la vida el seso?
¡Que se arrojase a tan infame exceso,
mujer que nació noble, cielo santo!
Mas si nació mujer, ¿de qué me espanto?
O carta, que el veneno por los ojos
distes al alma en átomos despojos
de mi furor, al viento
informad de mi grave sentimiento.
Rompe la carta
No os pongan las crueldades de mi suerte
o mi vecina, ya forzosa muerte,
en ajeno poder, para que al suelo
sirváis en mi deshonra de libelo:
y tú, retrato, si también del dueño,
que representas por la semejanza
la fealdad, y engaño no te alcanza,
libra mi honor de tan infame empeño,
verdad me informa, porque conocerla
pueda por ti, si acaso llego a verla.
Mas en diverso traje, y las facciones
ya de los años, del calor, y el frío
mudadas, y en américas regiones,
que son tan dilatadas, desvarío
será el querer buscarla,
ni prometerme que podrán hallarla
cuidado, ingenio, o diligencia alguna.
Encomiéndolo al tiempo, y la fortuna.
Sale el ALFÉREZ el Nuevo Cid, GUZMÁN,
MACHÍN y un SOLDADO
ALFÉREZ: Sepa, señor soldado,
que esta fuerza, es fuero ya asentado,
que paguen los bisoños la patente.
GUZMÁN: Pues yo que no lo soy, no solamente
no tengo de pagarla,
mas de quien me la pida, he de cobrarla,
que soy Alonso de Guzmán.
MACHÍN: ¿Qué es esto?
ALFÉREZ: Sabed, Miguel de Arauso, que el soldado
que miráis, más cerril que desbarbado
nos niega la patente.
GUZMÁN: (¡O santo cielo!
Éste es mi hermano.) Aparte
ALFÉREZ: Diga, ¿en qué se fía?
Más barba, amigo, y menos valentía;
sepa que a mí me llaman por mal nombre
el Nuevo Cid, y él es apenas hombre,
porque es razón que note,
que el vigor se deriva del bigote.
GUZMÁN: Pues porque esté el vigor más en su centro
hecho yo los bigotes hacia dentro,
y basta.
MACHÍN: (Aquí entro yo, que ya se enoja, Aparte
y está dos dedos de sacar la hoja.)
Señor, advierte, que ésta es ley que puso
el uso, y no es estafa lo que es uso.
MIGUEL mira asentamente a don Alonso de GUZMÁN
ALFÉREZ: Es cierto, que jamás la cortesía
militar permitió superchería.
GUZMÁN: Por ese estilo sí mostrarles quiero
que estimo la opinión más que el dinero;
todos conmigo comerán mañana.
ALFÉREZ: Con eso a todos por amigos gana.
SOLDADO: Pues eso quédese así, y ahora un rato
al ocio le sirvamos este plato;
¿jugáis, Alonso de Guzmán?
El SOLDADO saca unos naipes
GUZMÁN: A todo;
pero más a los dados me acomodo.
ALFÉREZ: þsanse poco en la región indiana.
GUZMÁN: ¿A qué hemos de jugar?
ALFÉREZ: ¿No es cosa llana,
que en el Perú no saben los tahúres
otro juego mejor que los albures?
Juegan a los naipes sobre un bufete, y MIGUEL aparte
mira atento a GUZMÁN
MACHÍN: Señor soldado, diga por su vida,
¿por acá los que ganan son ingratos?
¿Suelen vender muy caros los baratos?
SOLDADO: Los soldados son gente muy partida.
MACHÍN: Esos son los percances de un crïado,
que está a mirón perpetuo condenado.
MIGUEL: (Dicen que al pastor, cuando ha perdido Aparte
alguna oveja, como está advertido
a buscarla no más, se le semeja
cualquiera voz balido de su oveja.
Que a mí con el cuidado,
que mi perdida hermana me ha causado,
cualquier joven que viere, en quien el sello
no ponga de la edad al rostro el vello,
he de pensar que es ella, y ya el deseo
comienza a ejecutarlo en el que veo,
pues no sólo en la voz, el rostro, y talle
me parece mujer; mas me parece
que las facciones, que su rostro ofrece
las del retrato son, quiero miralle
unas con otras partes confiriendo.
¿Mas qué locura acreditar pretendo?
Si es éste Alonso de Guzmán deshecha
no deja su valor cualquier sospecha.)
GUZMÁN: (Si no es de mi temor esta advertencia, Aparte
suspenso, atento, cuidadoso, y mudo,
me contempla mi hermano, mas no pudo
aunque tenga noticia de mi historia,
conservar de mi rostro su memoria,
las especies después de tanta ausencia;
y más haciendo en mí tal diferencia
la edad, el traje, el brío, y el estado;
en vano me desvela este cuidado.)
MIGUEL: (Si es ella, a recatarse ha de obligarla Aparte
el verme pensativo, descuidarla
disimulando importa, que ocasiones
me darán con el tiempo sus acciones,
yendo con advertencia,
con que de la sospecha haga evidencia.)
Llégase a jugar
ALFÉREZ: Mas al caballo cuatro patacones.
MIGUEL: Conmigo van.
ALFÉREZ: ¡Qué presto vino el siete!
¿Que juegue yo a los naipes? Voto a Cristo.
MIGUEL: So Alférez, ¿no me paga?
ALFÉREZ: Estaba visto.
MIGUEL: No estaba.
ALFÉREZ: Yo lo digo,
y basta.
MIGUEL: ¿Pues conmigo
habla de esta manera?
SOLDADO: No se espante,
que está perdiendo.
MIGUEL: No ha de ser bastante
para que me hable a mí con arrogancia.
ALFÉREZ: Aunque no pierda puedo yo tenerla,
porque yo soy.
MIGUEL: Para conmigo nada.
ALFÉREZ: Yo soy mejor que vos.
GUZMÁN: Mentís, villano.
Dale con la daga en la cabeza GUZMÁN al
ALFÉREZ; sacan todos las espadas
ALFÉREZ: La lengua he de cortaros, y la mano.
MIGUEL: ¿No tengo espada yo, Guzmán? ¿Qué es esto?
¿No veis que es agraviarme
vengarme vos, pudiendo yo vengarme?
GUZMÁN: Hecha donde yo estoy la demasía,
siempre la tomo yo por cuenta mía.
MIGUEL: Esto es hecho, allá va la vizcaína,
que nunca vuelve sin hacer cecina.
Sale el CASTELLANO en cuerpo con
bastón
CASTELLANO: Ah, soldados.
SOLDADO: Éste es el Castellano.
CASTELLANO: Ténganse, o vive Dios.
ALFÉREZ: Obedeceros
es fuerza.
CASTELLANO: Envainen luego los aceros,
y cuéntenme qué es esto.
MIGUEL: Ya no es nada,
sobre palabras desnudé la espada
con el alférez.
Hablan en secreto GUZMÁN y MACHÍN
MACHÍN: Buena la hemos hecho.
GUZMÁN: No pude más, enfurecióme el pecho
la ofensa de mi hermano;











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