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Хуан Мануэль Инфант Кастильский. Герцог Луканор. Juan Manuel, Infante de Castilla. El Conde Lucanor


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a en la primera vegada que con él fablara, et
pues aquel estado era llegado et nol’ cumplía lo quel’ prometiera, que ya
non le fincava logar en que atendiesse de’l bien ninguno. Deste aquexamiento
se quexó mucho el Papa et començól’ a maltraer diziéndol’ que si
más le afincasse, quel’ faría echar en una cárçel, que era ereje et encantador,
que bien sabía que non avía otra vida nin otro ofiçio en Toledo, do él
moraba, sinon bivir por aquella arte de nigromançía.
Desque don Illán vio cuánto mal le gualardonava el Papa lo que por él avía
fecho, espedióse de’l, et solamente nol’ quiso dar el Papa que comiese por
el camino. Estonçe don Illán dixo al Papa que pues ál non tenía de comer,
que se avría de tornar a las perdizes que mandara assar aquella noche, et
llamó a la muger et díxol’ que assasse las perdizes.
Cuanto esto dixo don Illán, fallósse el Papa en Toledo, deán de Sanctiago,
como lo era cuando ý bino, et tan grand fue la vergüença que ovo, que non
sopo quel’ dezir. Et don Illán díxol’ que fuesse en buena ventura et que assaz
avía provado lo que tenía en él, et que ternía por muy mal enpleado si
comiesse su parte de las perdizes.
Et vós, señor conde Lucanor, pues veedes que tanto fazedes por aquel
omne que vos demanda ayuda et non vos da ende mejores gracias, tengo
que non avedes por qué trabajar nin aventurarvos mucho por llegarlo a
logar que vos dé tal galardón como el deán dio a don Illán.
El conde tovo esto por buen consejo, et fízolo assí, et fallósse ende bien.
Et porque entendió don Johan que era éste muy buen exiemplo, fízolo poner
en este libro et fizo estos viessos que dizen assí:
El Conde Lucanor
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Al que mucho ayudares et non te lo conosçiere,
menos ayuda abrás de’l desque en grand onra subiere.
Et la estoria deste exiemplo es ésta que se sigue:
Exemplo XIIº
De lo que contesçió a un raposo con un gallo
El conde Lucanor fablava con Patronio, su consejero, una vez en esta guisa:
-Patronio, vós sabedes que, loado a Dios, la mi tierra es muy grande et non
es toda ayuntada en uno. Et como quier que yo he muchos lugares que son
muy fuertes, he algunos que lo non son tanto, et otrosí otros lugares que
son ya cuanto apartados de la mi tierra en que yo he mayor poder. Et cuando
he contienda con míos señores et con míos vezinos que an mayor poder
que yo, muchos omnes que se me dan por amigos, et otros que se me
fazen consejeros, métenme grandes miedos et grandes espantos et conséjanme
que en ninguna guisa non esté en aquellos míos lugares apartados,
sinon que me acoja et esté en los lugares más fuertes et que son bien dentro
en mi poder; et porque yo sé que vós sodes muy leal et sabedes mucho de
tales cosas como éstas, ruégovos que me consejedes lo que vos semeja que
me cumple de fazer en esto.
-Señor conde Lucanor -dixo Patronio-, en los grandes fechos et muy dubdosos
son muy periglosos los consejos, ca en los más de los consejos non
puede omne fablar çiertamente, ca non es omne seguro a que pueden recodir
las cosas; ca muchas vezes viemos que cuida omne una cosa et recude
después a otra; ca lo que cuida omne que es mal, recude a las vegadas a
bien, et lo que cuida omne que es vien, recude a las vegadas a mal; et por
ende, el que a dar consejo, si es omne leal et de buena entençión, es en muy
grand quexa cuando ha de consejar, ca si el consejo que da recude a bien,
non ha otras gracias sinon que dizen que fizo su debdo en dar buen consejo;
et si el consejo a bien non recude, sienpre finca el consejero con daño et
con vergüença. Et por ende, este consejo, en que ay muchas dubdas et
muchos periglos, plazerme ía de coraçón si pudiese escusar de non lo dar,
El Conde Lucanor
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mas pues queredes que vos conseje, et non lo puedo escusar, dígovos que
querría mucho que sopiésedes cómo contesció a un gallo con un raposo.
El conde le preguntó cómo fuera aquello.
-Señor conde -dixo Patronio-, un omne bueno avía una casa en la montaña,
et entre las otras cosas que criava en su casa, criava siempre muchas gallinas
et muchos gallos. Et acaesçió que uno de aquellos gallos andava un día
allongado de la casa por un campo, et andando él muy sin reçelo, violo el
raposo et vino muy ascondidamente, cuidándolo tomar. Et el gallo sintiólo
et subió en un árbol que estava ya cuanto alongado de los otros. Cuando el
raposo entendió que el gallo estava en salvo, pesól’ mucho porque nol’ pudiera
tomar et pensó en cuál manera podría guisar quel’ tomasse. Et entonçe
endereçó al árbol, et començól’ a rogar et a falagar et assegurar que
descendiesse a andar por el campo como solía; et el gallo non lo quiso
fazer. Et desque el raposo entendió que por ningún falago non le podía engañar,
començól’ amenaçar diziéndol’ que, pues de’l non fiava, que él
guisaría cómo se fallasse ende mal. Et el gallo, entendiendo que estava en
su salvo, non dava nada por sus amenazas nin por sus seguranças.
Et de que el raposo entendió que por todas estas maneras non le podía engañar,
endereçó al árbol et començó a roer en él con los dientes et dar en él
muy grandes colpes con la cola. Et el cativo del gallo tomó miedo sin
razón, non parando mientes cómo aquel miedo que el raposo le ponía non
le podía enpeçer, et espantóse de valde et quiso foir a los otros árboles en
que cuidava estar más seguro, que non pudo llegar al monte, mas llegó a
otro árbol.
Et de que el raposo entendió que tomava miedo sin razón fue en pos él; et
assí lo levó de árbol en árbor fasta que lo sacó del monte et lo tomó, et lo
comió.
Et vós, señor conde Lucanor, a menester que, pues tan grandes fechos
avedes a pasar et vos avedes de partir a ello, que nunca tomedes miedo sin
razón, nin vos espantedes de valde por amenazas, nin por dichos de ningunos,
nin fiedes en cosa de que vos pueda venir grand daño, nin grand periglo,
et puñad siempre en defender et en anparar los lugares más postrimeros
de la vuestra tierra; et non creades que tal omne como vós, teniendo gentes
et vianda, que por non seer el lugar muy fuerte, podríedes tomar peligro
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ninguno. Et si con miedo o con reçelo valdío dexardes los lugares de cabo
de vuestra tierra, seguro sed que assí vos irán levando de logar en logar
fasta que vos sacassen de todo; ca cuanto vós et los vuestros mayor miedo
et mayor desmayo mostrássedes en dexando los vuestros logares, tanto más
se esforçarán vuestros contrarios para vos tomar lo vuestro. Et cuando vós
et los vuestros viéredes a los vuestros contrarios más esforçados, tanto
desmayaredes más, et assí irá yendo el pleito fasta que non vos finque cosa
en el mundo; mas si bien porfidiardes sobre lo primero, sodes seguro, como
fuera el gallo si estudiera en el primero árbol; et aun tengo que cumpliría a
todos los que tienen fortalezas, si sopiessen este exiemplo, ca non se
espantarían sin razón cuando les metiessen miedo con engaños, o con
cavas, o con castiellos de madera, o con otras tales cosas que nunca las
farían sinon para espantar a los cercados. Et mayor cosa vos diré porque
beades que vos digo verdat. Nunca logar se puede tomar sinon subiendo
por el muro con escaleras o cavando el muro; pero si el muro es alto, non
podrán llegar allá las escaleras. Et para cavarlo, vien cred que an mester
grand vagar los que lo an de cavar. Et assí, todos los lugares que se toman o
es con miedo o por alguna mengua que an los cercados, et lo demás es por
miedo sin razón. Et çiertamente, señor conde, los tales como vós, et aun los
otros que non son de tan grand estado como vós, ante que comencedes la
cosa, la devedes catar et ir a ella con grand acuerdo, et non lo pudiendo nin
diviendo escusar. Mas, desque en el pleito fuéredes, non a mester que por
cosa del mundo tomedes espanto nin miedo sin razón; siquier devédeslo
fazer, porque es çierto que de los que son en los periglos, que muchos más
escapan de los que se defienden, et non de los que fuyen. Siquier parat
mientes que si un perriello quel’ quiera matar un grand alano, está quedo et
regaña los dientes, que muchas vezes escapa, et por grand perro que sea, si
fuye, luego es tomado et muerto.
Al conde plogo mucho de todo esto que Patronio le dixo, et fízolo assí, et
fallósse dello muy bien.
Et porque don Johan tovo este por buen exiemplo, fízolo poner en este libro,
et fizo estos viessos que dizen assí:
Non te espantes por cosa sin razón,
mas defiéndete bien como varón.
Et la estoria deste exiemplo es ésta que se sigue:
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Exemplo trezeno
De lo que contesçió a un omne que tomava perdizes
Fablava otra vez el conde Lucanor con Patronio, su consegero, et díxole:
-Patronio, algunos omnes de grand guisa, et otros que lo non son tanto, me
fazen a las vegadas enojos et daños en mi fazienda et en mis gentes, et cuando
son ante mí, dan a entender que les pesa mucho

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