e estava ý
çerca de’l començó de rogarle quel’ diesse de aquel fígado para un su gato.
Et vós, señor conde Lucanor, si queredes fazer muy grand vuestro daño por
aver dineros et darlos do se deven escusar, dígovos que lo podiedes fazer
por vuestra voluntad, mas nunca lo faredes por el mi consejo.
Al conde plogo de aquello que Patronio dixo, et guardóse ende dallí
adelante, et fallóse ende bien.
Et porque entendió don Johan que este exiemplo era bueno, mandólo escrivir
en este libro et fizo estos viessos que dizen assí.
Si non sabedes qué devedes dar,
a grand daño se vos podría tornar.
Et la istoria deste exiemplo es ésta que se sigue:
Exemplo IXº
De lo que contesçió a los dos cavallos con el león
Un día fablava el conde Lucanor con Patronio, su consegero, en esta guisa:
El Conde Lucanor
26
-Patronio, grand tiempo ha que yo he un enemigo de que me vino mucho
mal, et esso mismo ha él de mí, en guisa que, por las obras et por las voluntades,
estamos muy mal en uno. Et agora acaesçió assí: que otro omne
muy más poderoso que nos entramos va començando algunas cosas de que
cada uno de nos reçela quel’ puede venir muy grand daño. Et agora aquel
mío enemigo envióme dezir que nos aviniéssemos en uno, para nos defender
daquel otro que quiere ser contra nos; ca si amos fuéremos ayuntados,
es çierto que nos podremos defender; et si el uno de nos se desvaría
del otro, es çierto que cualquier de nos que quiere estroir aquel de que nos
reçelamos, que lo puede fazer ligeramente. Et de que el uno de nos fuere
estroído, cualquier de nos que fincare sería muy ligero de estroir. Et yo
agora estó en muy grand duda de este fecho: ca de una parte me temo
mucho que aquel mi enemigo me querría engañar, et si él una vez en su poder
me toviesse, non sería yo bien seguro de la vida; et si grant amor
pusiéremos en uno, non se puede escusar de fiar yo en él, et él en mí. Et
esto me faze estar en grand reçelo. De otra parte, entiendo que si non
fuéremos amigos assí como me lo envía rogar, que nos puede venir muy
grand daño por la manera que vos ya dixe. Et por la grant fiança que yo he
en vos et en el vuestro buen entendimiento, ruégovos que me consejedes lo
que faga en este fecho.
-Señor conde Lucanor -dixo Patronio-, este fecho es muy grande et muy
peligroso, et para que mejor entendades lo que vos cumplía de fazer, plazerme
ía que sopiéssedes lo que contesçió en Túnez a dos cavalleros que bivían
con el infante don Enrique.
El conde le preguntó cómo fuera aquello.
-Señor conde -dixo Patronio-, dos cavalleros que vivían con el infante don
Enrique en Túnes eran entramos muy amigos et posavan siempre en una
posada. Et estos dos cavalleros non tenían más de sendos cavallos, et assí
como los cavalleros se querían muy grand bien, bien assí los cavallos se
querían muy grand mal. Et los cavalleros non eran tan ricos que pudiessen
mantener dos posadas, et por la malquerençia de los cavallos non podían
posar en una posada, et por esto avían a vevir vida muy enojosa. Et de que
esto les duró un tiempo et vieron que non lo podían más sofrir, contaron su
fazienda a don Enrique et pediéronle por merçed que echase aquellos
cavallos a un león que el rey de Túnez tenía.
El Conde Lucanor
27
Don Enrique les gradesçió lo que dezían muy mucho, et fabló con el rey de
Túnez. Et fueron los cavallos muy bien pechados a los cavalleros, et
metiéronlos en un corral do estava el león. Cuando los cavallos se vieron en
el corral, ante que el león saliesse de la casa do yazía ençerrado, començáronse
a matar lo más bravamente del mundo. Et estando ellos en su pellea,
abrieron la puerta de la casa en que estava el león, et de que salió al
corral et los cavallos lo vieron, començaron a tremer muy fieramente et
poco a poco fuéronse legando el uno al otro. Et desque fueron entramos
juntados en uno, estovieron así una pieça, et endereçaron entramos al león
et paráronlo tal a muessos et a coçes que por fuerça se ovo de ençerrar en la
casa donde saliera. Et fincaron los cavallos sanos, que les non fizo ningún
mal el león. Et después fueron aquellos cavallos tan bien avenidos en uno,
que comién muy de grado en un pesebre et estavan en uno en casa muy pequeña.
Et esta avenençia ovieron entre sí por el grant reçelo que ovieron del
león.
-Et vós, señor conde Lucanor, si entendedes que aquel vuestro enemigo a
tan grand reçelo de aquel otro de que se reçela, et a tan grand mester a vos
porque forçadamente aya de olbidar cuanto mal passó entre vós et él, et entiende
que sin vos non se puede bien defender, tengo que assí como los
cavallos se fueron poco a poco ayuntando en uno fasta que perdieron el
reçelo et fueron bien seguros el uno del otro, que assí devedes vós, poco a
poco, tomar fiança et afazimiento con aquel vuestro enemigo. Et si fallardes
en él sienpre buena obra et leal, en tal manera que seades bien çierto
que en ningún tiempo, por bien quel’ vaya, que nunca vos verná de’l daño,
estonçe faredes bien et será vuestra pro de vos ayudar porque otro omne
estraño non vos conquiera nin vos estruya. Ca mucho deven los omnes
fazer et sofrir a sus parientes et a sus vezinos porque non sean maltraídos
de los otros estraños. Pero si vierdes que aquel vuestro enemigo es tal o de
tal manera, que desque lo oviésedes ayudado en guisa que saliese por vos
de aquel peliglo, que después que lo suyo fuesse en salvo, que sería contra
vos et non podríades de’l ser seguro; si él tal fuer, faríades mal seso en le
ayudar, ante tengo quel’ devedes estrañar cuanto pudierdes; ca pues viestes
que seyendo él en tan grand quexa, non quiso olvidar el mal talante que vos
avía, et entendiestes que vos lo tenía guardado para cuando viesse su
tiempo que vos lo podría fazer, bien entendedes vós que non vos dexa logar
para fazer ninguna cosa porque salga por vos de aquel grand peliglo en que
está.
El Conde Lucanor
28
Al conde plogo desto que Patronio dixo, et tovo quel’ dava muy buen consejo.
Et porque entendió don Johan que este exiemplo era bueno, mandólo escrivir
en este libro et fizo estos viessos que dizen assí:
Guardatvos de seer conquerido del estraño
seyendo del vuestro bien guardado de daño.
Et la istoria deste exiemplo es ésta que se sigue:
Exemplo Xº
De lo que contesçió a un omne que por pobreza et mengua de otra vianda
comía atramuzes
Otro día fablava el conde Lucanor con Patronio en esta manera:
-Patronio, bien conosco a Dios que me a fecho muchas merçedes, más
quel’ yo podría servir, et en todas las otras cosas entiendo que está la mi
fazienda asaz con bien et con onra; pero algunas vegadas me contesçe de
estar tan afincado de pobreza que me paresçe que quería tanto la muerte
como la vida. Et ruégovos que algún conorte me dedes para esto.
-Señor conde Lucanor -dixo Patronio-, para que vos conortedes cuando tal
cosa vos acaesçiere, sería muy bien que sopiésedes lo que acaesçió a dos
omnes que fueron muy ricos.
El conde le rogó quel’ dixiesse cómo fuera aquello.
-Señor conde Lucanor -dixo Patronio-, de estos dos omnes, el uno dellos
llegó a tan grand pobreza que non fincó en el mundo cosa que pudiese
comer. Et desque fizo mucho por buscar alguna cosa que comiesse, non
pudo aver cosa del mundo sinon una escudiella de atramizes. Et acordándose
de cuando rico era et solía ser, que agora con fambre et con mengua
El Conde Lucanor
29
avía de comer los atramizes, que son tan amargos et de tan mal sabor,
començó de llorar muy fieramente, pero con la grant fambre començó de
comer de los atramizes, et en comiéndolos, estava llorando et echava las
cortezas de los atramizes en pos sí. Et él estando en este pesar et en esta
coita, sintió que estava otro omne en pos de’l et bolbió la cabeça et vio un
omne cabo de’l que estava comiendo las cortezas de los atramizes que él
echava en pos de sí, et era aquél de que vos fablé desuso.
Et cuando aquello vio el que comía los atramizes, preguntó a aquél que
comía las cortezas que por qué fazía aquello. Et él dixo que sopiese que
fuera muy más rico que él, et que agora avía llegado a tan grand pobreza et
en tan grand fanbre quel’ plazía mucho cuando fallava aquellas cortezas
que él dexava. Et cuando esto vio el que comía los atramizes, conortóse,
pues entendió que otro avía más pobre que él, et que avía menos razón porque
lo devíe seer. Et con este conorte, esforçósse et ayudól’ Dios, et cató
manera en cómo saliesse de aquella pobreza, et salió della et fue muy bien
andante.
Et, señor conde Lucanor, devedes saber que el mundo es tal, et aunque
nuestro señor Dios lo tiene por bien, que ningún omne non aya complidamente
todas las cosas. Mas, pues en todo lo ál vos faze Dios merçed et estades
con vien et con onra, si alguna vez vos menguare dineros
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