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Хуан Мануэль Инфант Кастильский. Герцог Луканор. Juan Manuel, Infante de Castilla. El Conde Lucanor


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ndo en la manera que vos
yo he dicho, seredes mártir et muy bien aventurado, et aunque non murades
por armas, la buena voluntat et las buenas obras vos farán mártir, et aun los
que mal quisieren dezir, non podrían; ca ya todos veyen que non dexades
nada de lo que devedes fazer de cavallería, mas queredes seer cavallero de
Dios et dexades de ser cavallero del diablo et de la ufana del mundo, que es
falleçedera.
Agora, señor conde, vos he dicho el mío consejo segund me lo pidiestes, de
lo que yo entiendo cómo podedes mejor salvar el alma segund el estado que
tenedes. Et semejaredes a lo que fizo el rey Richalte de Inglaterra en el
sancto et bien fecho que fizo.
Al conde Lucanor plogo mucho del consejo que Patronio le dio, et rogó a
Dios quel’ guisase que lo pueda fazer como él lo dizía et como el conde lo
tenía en coraçón.
Et veyendo don Johan que este exiemplo era bueno, mandólo poner en este
libro, et fizo estos viessos en que se entiende abreviadamente todo el
enxienplo. Et los viesos dizen así:
Qui por cavallero se toviere,
más deve desear este salto,
que non si en la orden se metiere,
o se ençerrasse tras muro alto.
Et la estoria deste exiemplo es ésta que se sigue:
Exemplo IVº
De lo que dixo un genovés a su alma, cuando se ovo de morir
Un día fablava el conde Lucanor con Patronio, su consegero, et contával’
su fazienda en esta manera:
El Conde Lucanor
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-Patronio, loado a Dios, yo tengo mi fazienda assaz en buen estado et en
paz, et he todo lo que me cumple, segund mis vezinos et mis eguales, et por
aventura más.
Et algunos conséjanme que comiençe un fecho de muy grant aventura, et
yo he grant voluntad de fazer aquello que me consejan; pero por la fiança
que en vos he, non lo quise començar fasta que fablase conbusco et vos rogasse
que me consejásedes lo que fiziese en ello.
-Señor conde Lucanor -dixo Patronio-, para que vós fagades en este fecho
lo que vos más cunple, plazerme ía mucho que sopiésedes lo que conteçió a
un genués.
El conde le rogó quel’ dixiesse cómo fuera aquello.
Patronio le dixo:
-Señor conde Lucanor: un genués era muy rico et muy bien andante, segund
sus vezinos. Et aquel genués adolesçió muy mal, et de que entendió
que non podía escapar de la muerte, fizo llamar a sus parientes et a sus
amigos; et desque todos fueron con él, envió por su muger et sus fijos; et
assentósse en un palaçio muy bueno donde paresçía la mar et la tierra; et
fizo traer ante sí todo su tesoro et todas sus joyas, et de que todo lo tovo
ante sí, conmençó en manera de trebejo a fablar con su alma en esta guisa:
-Alma, yo beo que tú te quieres partir de mí, et non sé por qué lo fazes; ca
si tú quieres muger et fijos, bien los vees aquí delante tales de que te deves
tener por pagada; et si quisieres parientes et amigos, ves aquí muchos et
muy buenos et mucho onrados; et si quieres muy grant tesoro de oro et de
plata et de piedras preçiosas et de joyas et de paños et de merchandías, tú
tienes aquí tanto dello que te non faze mengua aver más; et si tú quieres
naves et galeas que te ganen et te trayan muy grant aver et muy grant onra,
veeslas aquí, ó están en la mar que paresçe deste mi palaçio; et si quieres
muchas heredades et huertas, et muy fermosas et muy delectosas, véeslas ó
paresçen destas finiestras; et si quieres cavallos et mulas, et aves et canes
para caçar et tomar plazer, et joglares para te fazer alegría et solaz, et muy
buena posada, mucho apostada de camas et de estrados et de todas las otras
cosas que son ý mester; de todas estas cosas a ti non te mengua nada; et
El Conde Lucanor
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pues tú as tanto bien et non te tienes ende por pagada nin puedes sofrir el
bien que tienes, pues con todo esto non quieres fincar et quieres buscar lo
que non sabes, de aquí adelante ve con la ira de Dios, et será muy nesçio
qui de ti se doliere por mal que te venga.
Et vós, señor conde Lucanor, pues, loado a Dios, estades en paz et con bien
et con onra, tengo que non faredes buen recabdo en abenturar esto et
començar lo que dezides que vos consejan; ca por aventura estos vuestros
consejeros vos lo dizen porque saben que desque en tal fecho vos ovieren
metido, que por fuerça abredes a fazer lo que ellos quisieren et que avredes
a seguir su voluntad desque fuéredes en el grant mester, así como siguen
ellos la vuestra agora que estades en paz. Et por aventura cuidan que por el
vuestro pleito endereçarán ellos sus faziendas, lo que se les non guisa en
cuanto vos vivierdes en asusiego, et conteçervos ía lo que dezía el genués a
la su alma; mas, por el mi consejo, en cuanto pudierdes aver paz et assossiego
a vuestra onra, et sin vuestra mengua, non vos metades en cosa que lo
ayades todo aventurar.
Al conde plogo mucho del consejo que Patronio le dava. Et fízolo así, et
fallóse ende bien.
Et cuando don Johan falló este exiemplo, tóvolo por bueno et non quiso
fazer viessos de nuebo, sinon que puso ý una palabra que dizen las viejas
en Castiella. Et la palabra dize así:
Quien bien se siede non se lieve.
Et la istoria deste exemplo es ésta que se sigue:
Exemplo quinto
De lo que contesçió a un raposo con un cuervo que tenié un pedaço de
queso en el pico
Otra vez fablava el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et díxol’
assí:
El Conde Lucanor
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-Patronio, un omne que da a entender que es mi amigo, me començó a loar
mucho, dándome a entender que avía en mí muchos complimientos de onra
et de poder et de muchas vondades. Et de que con estas razones me falagó
cuanto pudo, movióme un pleito, que en la primera vista, segund lo que yo
puedo entender, que paresçe que es mi pro.
Et contó el conde a Patronio cuál era el pleito quel’ movía; et como quier
que paresçía el pleito aprovechoso, Patronio entendió el engaño que yazía
ascondido so las palabras fremosas. Et por ende dixo al conde:
-Señor conde Lucanor, sabet que este omne vos quiere engañar, dándovos a
entender que el vuestro poder et el vuestro estado es mayor de cuanto es la
verdat. Et para que vos podades guardar deste engaño que vos quiere fazer,
plazerme ía que sopiésedes lo que contesçió a un cuervo con un raposo.
Et el conde le preguntó cómo fuera aquello.
-Señor conde Lucanor -dixo Patronio-, el cuervo falló una vegada un grant
pedaço de queso et subió en un árbol porque pudiese comer el queso más a
su guisa et sin reçelo et sin enbargo de ninguno. Et en cuanto el cuervo assí
estava, passó el raposo por el pie del árbol, et desque vio el queso que el
cuervo tenía, començó a cuidar en cuál manera lo podría levar de’l. Et por
ende començó a fablar con él en esta guisa:
-Don Cuervo, muy gran tiempo ha que oí fablar de vós et de la vuestra
nobleza, et de la vuestra apostura. Et como quiera que vos mucho busqué,
non fue la voluntat de Dios, nin la mi ventura, que vos pudiesse fallar fasta
agora, et agora que vos veo, entiendo que a mucho más bien en vos de cuanto
me dizían. Et porque veades que non vos lo digo por lesonja, también
como vos diré las aposturas que en vos entiendo, también vos diré las cosas
en que las gentes tienen que non sodes tan apuesto. Todas las gentes tienen
que la color de las vuestras péñolas et de los ojos et del pico et de los pies
et de las uñas, que todo es prieto, et por que la cosa prieta non es tan
apuesta como la de otra color, et vós sodes todo prieto, tienen las gentes
que es mengua de vuestra apostura, et non entienden cómo yerran en ello
mucho; ca como quier que las vuestras péñolas son prietas, tan prieta e tan
luzia es aquella pretura, que torna en india, como péñolas de pavón, que es
la más fremosa ave del mundo; et como quier que los vuestros ojos son
prietos, cuanto para ojos, mucho son más fremosos que otros ojos ninguEl
Conde Lucanor
20
nos, ca la propriedat del ojo non es sinon ver, et porque toda cosa prieta conorta
el viso, para los ojos, los prietos son los mejores, et por ende son más
loados los ojos de la ganzela, que son más prietos que de ninguna otra animalia.
Otrosí, el vuestro pico et las vuestras manos et uñas son fuertes más
que de ninguna ave tanmaña como vós. Otrosí, en el vuestro buelo avedes
tan grant ligereza, que vos non enbarga el viento de ir contra él, por rezio
que sea, lo que otra ave non puede fazer tan ligeramente como vós. Et bien
tengo que, pues Dios todas las cosas faze con razón, que non consintría
que, pues en todo sodes tan complido, que oviese en vos mengua de non
cantar mejor que ninguna otra ave. Et pues Dios me fizo tanta merçet que
vos veo, et sé que ha en vos más bien de cuanto nunca de vos oí, si yo pudiesse
oír de vos el vuestro canto, para siempre me ternía por de buena
ventura.
Et señor conde Lucanor, parat mientes que maguer que la entençión del raposo
era para engañar al cuervo, que sienpre las sus razones fueron con
verdat. Et set çierto que los engaños et damños mortales siempre son los
que se dizen con verdat engañ

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